De Sera Numinis Vindicta
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Original / primary: Spanish Gemini
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Tras decir esto, Epicuro, oh Cintes, se marchó antes de que nadie pudiera responder, justo cuando llegábamos al final de la estoa. Nosotros, tras quedarnos un momento en silencio y mirarnos unos a otros, asombrados por la extravagancia del hombre, reanudamos nuestro paseo tal como lo hacíamos antes. Entonces, Patrocleas fue el primero en hablar:«¿ Qué hacemos?¿ Les parece que dejemos la investigación o que respondamos al discurso como si el que lo pronunció estuviera presente y a la vez ausente?». Timón intervino:« Si alguien lanza una flecha y se marcha, no está bien dejar el proyectil clavado; pues Brásidas, al parecer, tras extraer la lanza de su cuerpo, golpeó con ella al que la lanzó y lo mató. Para nosotros, desde luego, no es ninguna tarea difícil defendernos de quienes lanzan contra nosotros discursos absurdos o falsos; basta con que los expulsemos nosotros mismos antes de que la opinión se arraigue».«¿ Qué es, pues», dije yo,« lo que más les ha inquietado de lo dicho? Porque el hombre, sin orden alguno, arrojaba muchas cosas a la vez, y otras las traía de cualquier parte, como si estuviera lleno de cierta ira y reproche contra la providencia».
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Patrocleas dijo:« La lentitud y la demora de la divinidad en el castigo de los malvados me parece lo más terrible; y ahora, bajo el efecto de estas palabras, me siento como si fuera nuevo en esta opinión, pues desde hace mucho me indignaba al oír a Eurípides decir:' tarda, pues la naturaleza de lo divino es así'. Y, sin embargo, no hay nada en lo que menos convenga que Dios sea negligente con los malvados, cuando ellos mismos no son negligentes ni tardos en hacer el mal, sino que se lanzan a las injusticias impulsados por sus pasiones con los impulsos más rápidos. Y, ciertamente, el defenderse de lo sufrido, como dice Tucidides, al estar lo más cerca posible, bloquea inmediatamente el camino a quienes se dejan llevar por una maldad que fluye sin freno. Pues nada es tan perjudicial como que la justicia se retrase, pues debilita al agraviado con la desesperanza y lo humilla, mientras que aumenta la audacia y el atrevimiento del malvado; en cambio, los castigos que sobrevienen inmediatamente a los actos audaces son también un freno para futuras injusticias, y en ellos reside sobre todo el consuelo para los que han sufrido. Como a mí, a menudo me molesta recordar lo que dijo Biante; pues, al parecer, le dijo a un malvado que no temía que no fuera a recibir castigo, sino que él mismo no llegara a verlo.¿ Qué beneficio obtuvieron los mesenios, ya aniquilados, del castigo de Aristócrates, quien, tras traicionar la batalla en la Fosa y permanecer oculto durante más de veinte años, reinando todo ese tiempo sobre los arcadios, fue castigado más tarde al ser descubierto?¿ Acaso ellos ya no existían?¿ O qué consuelo trajo a los orcomenios, que perdieron a sus hijos, amigos y parientes traicionados por Licisco, la enfermedad que, muchos años después, se apoderó de él y consumió su cuerpo, mientras él, al bañarse y sumergirse en el río, juraba y maldecía que se pudriera, habiendo sido él quien los traicionó y agravió? Pues ni siquiera a los hijos de los hijos de aquellos que fueron degollados les tocó ver los arrojamientos de los cuerpos malditos y los destierros de los cadáveres en Atenas. De ahí que Eurípides sea absurdo al usar estos versos para disuadir de la maldad:' La Justicia no se acercará a ti, no temas, para golpearte en el hígado, ni a ningún otro mortal injusto, sino que, avanzando en silencio y con paso lento, atrapará a los malvados cuando llegue el momento'. Pues no es otra cosa, sino esto mismo, lo que los malvados probablemente se exhortan y se recomiendan unos a otros para regocijarse en sus transgresiones, ya que la injusticia ofrece su fruto inmediato, maduro y evidente, mientras que el castigo llega tarde y mucho después del disfrute».
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Tras exponer esto Patrocleas, Olimbico intervino y dijo:« Pero eso, oh Patrocleas,¿ qué tan absurdo es en las ocupaciones y demoras de la divinidad respecto a estos asuntos, que la lentitud despoja de credibilidad a la providencia, y el hecho de que el mal no siga a cada injusticia de los malvados, sino que, al situarlo más tarde en el lugar de la desgracia y llamarlo calamidad en lugar de castigo, no obtienen ningún beneficio, pues se afligen por lo que sucede pero no se arrepienten de lo hecho? Pues, al igual que el golpe y el pinchazo que persiguen inmediatamente el tropiezo y el error de un caballo lo corrigen y lo reconducen a lo debido, mientras que los desgarros, tirones y golpes posteriores parecen ocurrir más por otra causa que por enseñanza, por lo que tienen lo que duele sin educar; así, la maldad que es azotada y contenida al ser castigada por cada uno de sus tropiezos y caídas, sería más reflexiva, humilde y temerosa ante Dios, como ante un juez que no se retrasa en los asuntos y pasiones humanas; pero la Justicia que, según Eurípides, cae sobre los malvados con paso tranquilo y lento, y como sucede, tiene algo de errante, tardío y desordenado, más propio del azar que de la providencia. De modo que no veo qué utilidad hay en esos molinos de los dioses que se dice que muelen tarde, y que hacen que la justicia sea tenue y el miedo a la maldad se desvanezca».
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Dicho esto, y estando yo sumido en mis pensamientos, Timón dijo:«¿ Debo añadir yo también el colofón a la aporía, o dejaré que él luche primero contra esto?».«¿ Por qué», dije yo,« es necesario traer la tercera ola y anegar aún más el discurso, si no es capaz de rechazar ni evitar las acusaciones anteriores? Primero, pues, comenzando como desde el hogar paterno, por la reverencia hacia lo divino de los filósofos de la Academia, nos eximiremos de hablar como si supiéramos algo sobre esto. Pues es más que hablar de músicos siendo incultos, o de asuntos militares sin haber servido, el examinar los asuntos divinos y demoníacos, siendo hombres, como inexpertos que intentan comprender la mente de los expertos a partir de la opinión y la conjetura según lo verosímil. Pues no es tarea de un profano razonar sobre un médico, como por qué no operó antes sino después, o por qué no bañó ayer sino hoy; pero sobre los dioses es fácil para un mortal decir algo firme, excepto que, conociendo perfectamente el momento oportuno para la curación de la maldad, ofrece el castigo como medicina a cada uno, sin tener una medida común de magnitud ni un tiempo único y el mismo para todos. Pues que la curación del alma, llamada justicia y rectitud, es la mayor de todas las artes, lo atestiguó, entre otros diez mil, Píndaro, llamando al dios que gobierna y es señor de todo' el mejor de los artistas', como creador de la justicia, a quien corresponde definir cuándo, cómo y hasta qué punto debe castigarse a cada uno de los malvados. Y Platón dice que Minos, hijo de Zeus, fue discípulo de este arte, como si no fuera posible acertar en lo justo ni percibir al que acierta sin haber aprendido ni adquirido la ciencia. Pues ni siquiera las leyes que los hombres establecen tienen lo razonable de forma simple y siempre evidente, sino que algunos de los mandatos parecen incluso completamente ridículos; por ejemplo, en Lacedemonia, los éforos, al entrar en el cargo, proclaman inmediatamente que no se dejen crecer el bigote, y que obedezcan las leyes para que no sean severas con ellos; los romanos, a quienes liberan, les ponen una pequeña paja sobre sus cuerpos; y cuando escriben testamentos, dejan a unos como herederos y a otros les venden los bienes, lo cual parece irracional. Pero lo más irracional es lo de Solón, que el que no se une a ninguna de las partes en una sedición de la ciudad sea privado de sus derechos. Y, en general, uno podría decir muchas absurdidades de las leyes sin tener la razón del legislador ni comprender la causa de cada una de las cosas escritas.¿ Qué tiene, pues, de extraño si, siendo así los asuntos humanos difíciles de contemplar, no es fácil decir, respecto a los dioses, con qué razón castigan a unos después y a otros antes de los que cometen errores?».
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Esto no es una excusa para huir, sino una petición de indulgencia, para que el discurso, mirando como hacia un puerto y refugio, se eleve con más confianza ante la aporía. Pero consideren primero que, según Platón, Dios, poniéndose a sí mismo como ejemplo en medio de todas las cosas bellas, concede la virtud humana, que es una asimilación de algún modo a él, a quienes son capaces de seguir a Dios. Pues incluso la naturaleza de todas las cosas, siendo desordenada, tuvo este principio de cambiar y convertirse en cosmos, por semejanza y participación en la idea y virtud de lo divino. Y este mismo hombre dice que la naturaleza encendió la vista en nosotros para que el alma, acostumbrándose a amar y apreciar lo decoroso y ordenado mediante la contemplación de lo que se mueve en el cielo, aborrezca las pasiones inarmónicas y errantes, y huya de lo que sucede al azar, como origen de toda maldad y transgresión. Pues no hay nada de lo que el hombre esté destinado a disfrutar más de Dios que el establecerse en la virtud mediante la imitación y la búsqueda de los bienes y bellezas que hay en él. Por eso impone el castigo a los malvados con tiempo y lentamente, no porque él mismo tema algún error al castigar rápidamente o por arrepentimiento, sino para eliminar nuestra naturaleza salvaje y violenta en los castigos, y enseñarnos a no saltar sobre los que nos han ofendido con ira, ni cuando el ánimo arde y se agita más, saltando por encima de la razón como si satisfaciéramos la sed o el hambre, sino imitando su mansedumbre y demora, teniendo como consejero el tiempo que menos nos llevará al arrepentimiento, para aplicar la justicia. Pues, como decía Sócrates, usar agua turbia por falta de templanza es un mal menor que, estando el razonamiento turbio y lleno de ira y locura, antes de calmarse y volverse puro, llenarse de un castigo de un cuerpo afín y de la misma naturaleza. Pues el defenderse no está tan cerca de lo sufrido como decía Tucídides, sino que, al estar lo más lejos posible, recibe lo que corresponde. Pues así como el ánimo, según Melantio, hace cosas terribles al desplazar la razón, así también el razonamiento hace lo justo y moderado al poner la ira y el ánimo fuera del camino. De ahí que se amansen también con ejemplos humanos, al oír que Platón, levantando el bastón contra el niño, permaneció mucho tiempo, como él mismo dijo, castigando su propia ira, y Arquitas, al enterarse de una transgresión y desorden de unos sirvientes en el campo, al darse cuenta de que él mismo estaba más apasionado y duro con ellos, no hizo nada más que decir al marcharse:'¡ Qué suerte que estoy enfadado con ustedes!'. Si, pues, los discursos de hombres recordados y las acciones contadas eliminan lo duro y vehemente de la ira, mucho más es razonable que nosotros, viendo a Dios, en quien no hay miedo ni arrepentimiento de ninguna cosa, sin embargo, posponiendo el castigo y esperando el tiempo, nos volvamos prudentes en tales asuntos y consideremos que la mansedumbre y la moderación son una parte divina de la virtud, que Dios demuestra corrigiendo a pocos con el castigo, y beneficiando y amonestando a muchos con la lentitud».
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En segundo lugar, pues, pensemos esto: que las justificaciones de los hombres, que solo tienen la tarea de devolver el dolor, se detienen en que el autor del mal sufra, y no llegan más allá; por eso, como perros, vigilan los pecados y persiguen las acciones paso a paso; pero es razonable que Dios, de cualquier alma enferma que toque con la justicia, vea también las pasiones, si en algún punto se inclinan hacia el arrepentimiento, y dé tiempo a aquellos en quienes la maldad no está destinada a arraigar de forma pura e inmutable. Pues, como sabe qué parte de virtud llevan consigo las almas al ir hacia la generación, y cuán fuerte e indeleble es lo noble que hay en ellas, y que la maldad brota contra la naturaleza al corromperse por la crianza y la mala compañía, y luego, al ser curada, recupera en algunos la disposición adecuada, no presiona el castigo por igual en todos; sino que lo incurable lo eliminó y cortó inmediatamente de la vida, como algo siempre perjudicial para otros y para sí mismo al convivir con la maldad; pero a aquellos en quienes el error probablemente ocurrió más por ignorancia del bien que por elección de lo vergonzoso, les da tiempo para cambiar. Y si persisten, también a ellos les entrega la justicia; pues no teme, ciertamente, que escapen. Observa cuántos cambios han ocurrido en el carácter y la vida de los hombres; por lo cual el' modo' de cambiar de uno se llamó' carácter' y' costumbre', ya que la costumbre se adentra en él y prevalece sobre todo al tocarlo. Creo, pues, que los antiguos llamaron a Cécrope' de doble naturaleza', no como dicen algunos, que de un rey bueno se convirtió en un tirano salvaje y serpentino, sino al contrario, que al principio era tortuoso y temible, y luego gobernó con mansedumbre y humanidad. Y si esto es incierto, al menos conocemos a Gelón e Hierón los sicilianos, y a Pisístrato, hijo de Hipócrates, que, habiendo obtenido tiranías con maldad, las usaron para la virtud, y habiendo llegado al poder ilegalmente, se convirtieron en gobernantes moderados y beneficiosos para el pueblo, proporcionando unos mucha buena legislación y cuidado de la tierra, y haciendo a los ciudadanos mismos sobrios y trabajadores en lugar de lujosos y charlatanes; y Gelón, además, habiendo luchado excelentemente y vencido en una gran batalla a los cartagineses, no hizo la paz con ellos, que la pedían, antes de incluir también esto en los tratados: que dejarán de sacrificar a sus hijos a Crono. En Megalópolis, Lidiadas era tirano, pero en plena tiranía cambió y, disgustado por la injusticia, devolvió las leyes a los ciudadanos, y luchando contra los enemigos por la patria, cayó gloriosamente. Y si alguien hubiera matado al tirano Milcíades en el Quersoneso antes, o hubiera perseguido y capturado a Cimón por convivir con su hermana, o hubiera privado a la ciudad de Temístocles por las cosas en las que se entregaba a la lascivia y la insolencia por el ágora, como más tarde hizo con Alcibíades,¿ acaso no habrían perecido para nosotros los Maratones, los Eurimedontes, el hermoso Artemisio, donde los hijos de los atenienses pusieron la brillante base de la libertad? Pues las grandes naturalezas no producen nada pequeño, ni lo vehemente que hay en ellas permanece ocioso por su agudeza y actividad, sino que se agitan en la tormenta antes de llegar al carácter estable y firme. Así pues, como el inexperto en agricultura no apreciaría una tierra al verla llena de matorrales espesos y plantas salvajes, y con muchas fieras, corrientes y mucho barro, pero para el que ha aprendido a discernir y juzgar, estas mismas cosas indican la fuerza y todo lo que muestra la suavidad de la tierra; así, las grandes naturalezas brotan primero con muchas cosas absurdas y viles, de las cuales nosotros, al no soportar inmediatamente lo duro y punzante, creemos que debemos cortar y podar; pero el mejor juez, viendo incluso desde ahí lo bueno y noble, espera la edad y el momento colaborador de la razón y la virtud, en el que la naturaleza da su fruto propio».
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Esto, pues, es así; pero¿ no les parece que algunos de los griegos hicieron bien en copiar la ley de Egipto, que ordena guardar a la mujer embarazada, si es condenada a muerte, hasta que dé a luz?« Ciertamente», dijeron. Dije entonces:« Y si alguien no lleva hijos, sino que es capaz de sacar a la luz del sol con el tiempo y revelar una acción o un consejo secreto, habiendo denunciado algún mal oculto o siendo consejero de una idea salvadora o descubridor de una necesidad urgente,¿ no es mejor el que esperó el castigo por lo útil que el que lo eliminó antes?».« Para mí, sí», dije. Y Patrocleas nos dijo:« Correctamente», dije.« Pues observa: si Dionisio hubiera recibido castigo al principio de su tiranía, ningún griego habitaría Sicilia, que fue devastada por los cartagineses, del mismo modo que los griegos no habitarían Apolonia, ni Anactorio, ni la península de los léucades, si Periandro no hubiera sido castigado después de mucho tiempo. Y creo que también para Casandro hubo una demora en la justicia, para que Tebas fuera habitada de nuevo. Y de los extranjeros que tomaron este templo, la mayoría, al cruzar con Timoleón a Sicilia, cuando vencieron a los cartagineses y derrocaron las tiranías, perecieron ellos mismos miserablemente después. Pues, ciertamente, la divinidad usó a algunos como verdugos de otros malvados, como verdugos públicos, y luego los destruyó, como creo que a la mayoría de los tiranos. Pues así como la hiel de hiena y el cuajo de foca, siendo fieras inmundas, tienen algo útil para las enfermedades, así, habiendo arrojado Dios a algunos que necesitaban mordedura y castigo una amargura de tirano difícil de aplacar y una dureza de gobernante severa, no eliminó lo que dolía y perturbaba antes de sanar y purificar lo que estaba enfermo. Tal fue Falaris para los acragantinos; y Mario para los romanos. Y a los sicionios, el dios les advirtió explícitamente que necesitaban un azote de la ciudad, porque arrebataron a Telitias, un niño que era coronado en los Pitios, a los cleoneos, y lo despedazaron como si fuera su propio ciudadano. Pero para los sicionios, Ortágoras, al convertirse en tirano, y después de él los de Mirón y Clístenes, pusieron fin a la lascivia; pero los cleoneos, al no obtener la misma curación, han llegado a la nada. Y oyen también a Homero decir:' De un padre mucho peor nació un hijo mejor en toda virtud'; aunque aquel hijo de Copreo no ofreció ninguna obra brillante ni destacada; pero el linaje de Sísifo, de Autólico y de Flegias floreció en glorias y virtudes de grandes reyes. Y Pericles nació en Atenas de una casa maldita; y Pompeyo Magno en Roma fue hijo de Estrabón, cuyo cadáver el pueblo romano arrojó y pisoteó por odio.¿ Qué tiene, pues, de extraño si, como un agricultor no corta el espino si no obtiene el espárrago, ni los libios queman el arbusto antes de recoger de él el ládano, así Dios no elimina una raíz malvada y dura de un linaje ilustre y real antes de que nazca de ella el fruto adecuado? Pues era mejor que se perdieran diez mil bueyes y caballos de Ífito para los focenses, y que se fuera más oro y plata de Delfos, que el que no nacieran ni Odiseo, ni Asclepio, ni los otros de padres malos y malvados, habiéndose convertido en hombres buenos y de gran beneficio».
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«¿ Y no crees que es mejor que los castigos ocurran en el momento y modo adecuados que rápida e inmediatamente? Como es el caso de Calipo, quien, con la misma daga con la que, pareciendo amigo, mató a Dión, fue asesinado él mismo por sus amigos; y el caso de Mityo el argivo, que, al ser asesinado durante una sedición, una estatua de bronce cayó sobre el asesino de Mityo en el ágora, habiendo espectadores, y lo mató. Y conoces, supongo, los asuntos de Beso el peonio y Aristón el oiteo, el jefe de mercenarios, oh Patrocleas».«¡ Por Zeus, no!», dijo,« pero deseo aprender».« Aristón», dije,« habiendo quitado el adorno de Erifila que estaba allí, lo trajo como regalo a su mujer, dándoselo los tiranos; y su hijo, enfurecido con su madre por alguna causa, prendió fuego a la casa y los quemó a todos juntos. Y Beso, al parecer, habiendo matado a su propio padre, permaneció oculto mucho tiempo, pero más tarde, al ir a cenar con unos extranjeros, pinchó con su lanza un nido de golondrinas y lo derribó, destruyendo a los polluelos. Y al decir los presentes, como es natural:' Hombre,¿ qué te ha pasado para hacer una obra tan extraña?', dijo:'¿ Acaso no llevan tiempo testificando falsamente contra mí y gritando que he matado a mi padre?'. Y los presentes, asombrados por el discurso, lo denunciaron al rey, y al probarse el hecho, Beso pagó el castigo».
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« Pero esto», dije,« decimos nosotros, suponiendo, como se ha considerado, que hay alguna demora en el castigo para los malvados; pero el resto debemos considerar que lo escuchamos de Hesíodo, quien dice que el castigo de la injusticia no es un seguidor, como dice Platón, sino un coetáneo que crece junto a ella desde el mismo lugar y raíz; pues dice que el mal consejo es el peor para quien lo aconseja; y quien prepara males para otro, los prepara para su propio hígado. Pues se dice que la cantárida tiene en sí misma el remedio mezclado por cierta antipatía, pero la maldad, al engendrar lo que duele y castiga en sí misma, no da el castigo por injusticia después, sino en la misma insolencia; y cada uno de los malvados lleva su propia cruz en el cuerpo de los castigados; pero la maldad construye los instrumentos de castigo sobre sí misma, siendo una terrible creadora de una vida que tiene lamentos con vergüenza, muchos miedos, pasiones severas, arrepentimientos y perturbaciones incesantes. Pero algunos no se diferencian en nada de los niños, que, al ver a los malvados en los teatros a menudo con túnicas de oro y clámides de púrpura, coronados y bailando la pírrica, los admiran y se asombran como si fueran felices, hasta que son vistos siendo pinchados, azotados y lanzando fuego desde esa vestimenta florida y costosa. Pues la mayoría de los malvados, al estar revestidos de grandes casas, cargos y poderes evidentes, no se dan cuenta de que están siendo castigados hasta que son degollados o arrojados por un precipicio; lo cual uno no llamaría castigo, sino fin y consumación del castigo. Pues así como Platón dice que Herodico el selimbriano, al caer en tisis, una enfermedad incurable, y ser el primero de los hombres en mezclar la gimnasia con la medicina, hizo larga la muerte para sí mismo y para los que sufrían igual, así también los malvados, cuantos creyeron escapar del golpe inmediato, no después de más tiempo, sino en más tiempo, pagan un castigo más largo, no más tardío; pues no fueron castigados al envejecer, sino que envejecieron siendo castigados. Y hablo de mucho tiempo para nosotros, ya que para los dioses todo intervalo de la vida humana es nada; y el' ahora' y no' hace treinta años' es como si fuera' al atardecer' y no' por la mañana' el torturar o colgar al malvado, sobre todo estando custodiado en la vida como en una cárcel que no tiene salida ni escape, con muchos banquetes, negocios, dones, favores y juegos en medio, como si en una prisión estuvieran jugando a los dados o a las tabas, con la soga colgando sobre la cabeza».
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« Y, sin embargo,¿ qué impide decir que tampoco los encarcelados para morir son castigados hasta que alguien les corte el cuello, ni el que ha bebido la cicuta y luego va de un lado a otro esperando que el peso se apodere de sus piernas antes de que la insensibilidad que une el apagamiento y la rigidez lo alcance, si consideramos el momento final del castigo como castigo y dejamos de lado los sufrimientos, miedos, expectativas y arrepentimientos intermedios, con los que cada uno de los malvados que ha cometido una injusticia está atrapado, como si no dijéramos que un pez que ha tragado el anzuelo ha sido capturado hasta que lo veamos siendo asado por los cocineros o cortado? Pues cada uno que ha cometido una injusticia está atrapado por la justicia, y el dulzor de la injusticia lo ha devorado inmediatamente como un cebo, pero teniendo la conciencia clavada y pagando, se agita como un atún que ha picado en el mar. Pues aquella audacia y el atrevimiento de la maldad es fuerte y pronta hasta las injusticias, luego, al fallar la pasión como el viento, cae débil y humilde ante los miedos y las supersticiones; de modo que, ante lo que sucede y ante la verdad, se modela el sueño de Clitemnestra que cuenta Estesícoro, diciendo algo así:' A ella le pareció que venía un dragón con la cabeza manchada de sangre, y de él apareció el rey Plisténida'. Pues también las visiones de sueños, los fantasmas diurnos, los oráculos y las bajadas, y lo que tuvo la apariencia de realizarse por causa de Dios, trae tormentas y miedos a los que están así dispuestos. Como dicen que Apolodoro vio una vez en sueños que era desollado por los escitas y luego cocido, y que el corazón desde el caldero decía:' Yo soy la causa de esto para ti'; y de nuevo, que sus hijas, ardientes y quemándose en sus cuerpos, corrían en círculo a su alrededor. Y a Hiparco, hijo de Pisístrato, poco antes de su muerte, que Afrodita le arrojaba sangre desde una copa al rostro; y los amigos de Ptolomeo Cerauno lo veían siendo llamado a juicio por Seleuco, con buitres y lobos juzgando, y repartiendo mucha carne a los enemigos. Y Pausanias, habiendo mandado llamar a Cleonice, una virgen libre en Bizancio, por insolencia para tenerla durante la noche, y luego, al acercarse ella, matándola por una perturbación y sospecha, la veía a menudo en sueños diciéndole:' Ve más cerca de la justicia; la insolencia es un gran mal para los hombres'. Y al no cesar el fantasma, al parecer, navegó al psicopompeo, en Heraclea, y con algunos ritos de purificación y libaciones invocaba el alma de la joven; y al aparecer, dijo que cesará de sus males cuando esté en Lacedemonia; y al llegar, murió inmediatamente».
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« De modo que, si no hay nada para el alma después de la muerte, sino que la muerte es el fin de toda gracia y castigo, uno diría más bien que la divinidad usa a los malvados que son castigados rápidamente y mueren con suavidad y negligencia. Pues incluso si alguien dijera que no hay otro mal para la vida y el tiempo de los malvados, al ser puesta a prueba la injusticia, algo sin fruto y sin gracia, y que no aporta nada bueno ni digno de esfuerzo tras muchos y grandes combates, la percepción de ellos trastorna el alma. Como cuentan, supongo, que Lisímaco, forzado por la sed y entregando su cuerpo y su poder a los getas, al beber una vez que estuvo bajo su control, dijo:'¡ Ay de mi maldad, que por un placer tan breve me he visto privado de un reino tan grande!'. Y, sin embargo, es muy difícil resistirse a la necesidad natural de una pasión; pero cuando un hombre, tras realizar una obra injusta y terrible por codicia de dinero, o por envidia de gloria y poder político, o por algún placer de unión, luego, al soltar la pasión su sed y locura, ve con el tiempo que las pasiones vergonzosas y temibles de la injusticia permanecen, y nada útil, ni necesario, ni beneficioso,¿ no es razonable que le sobrevenga a menudo el razonamiento de que, por una gloria vana o por un placer innoble y sin gracia, habiendo trastornado lo más bello y grande de lo justo entre los hombres, ha llenado su vida de vergüenza y perturbación? Pues, como decía Simónides bromeando, que encontraba siempre llena la caja de plata y vacía la de las gracias, así los malvados, viendo la maldad en sí mismos, encuentran la de placer inmediatamente vacía de gracia y desprovista de buena esperanza, y llena siempre de miedos, penas, memoria desagradable, sospecha hacia el futuro y desconfianza hacia el presente. Pues, como escuchamos decir a Ino en los teatros, arrepintiéndose de lo que hizo:' Mujeres amigas,¿ cómo podría habitar desde el principio las casas de Atamante sin haber hecho nada de lo realizado?'. Esto es razonable que el alma de cada uno de los malvados lo repase en sí misma y razone cómo, al salir de la memoria de las injusticias y expulsar la conciencia de sí misma y volverse pura, viviría otra vida desde el principio. Pues no hay nada valiente, ni sin arrogancia, ni estable y firme en lo que el malvado elige, a menos que, por Zeus, digamos que los que cometen injusticias son sabios; pero donde la codicia y el amor al placer son objeto de disputa, y la envidia pura habita con la enemistad o la malicia, allí encontrarás también la superstición acechando, y la debilidad ante el esfuerzo, y la cobardía ante la muerte, y el cambio rápido de impulsos, y la vanidad ante la gloria por arrogancia; y temen a los que los censuran, y recelan de los que los alaban como si fueran agraviados por el engaño, y sobre todo a los que luchan contra los malos porque alaban a los que parecen buenos, con entusiasmo. Pues lo duro en la maldad, como en el hierro vil, es quebradizo y lo que resiste es fácil de romper. De ahí que, con mucho tiempo, al comprenderse a sí mismos, se afligen, se disgustan y se rechazan a sí mismos y a su propia vida. Pues, ciertamente, el vil, al devolver un depósito, al avalar a un conocido, al contribuir a la patria con gloria y ambición, no está inmediatamente en arrepentimiento ni se aflige por lo hecho debido a lo cambiante y errante de su juicio, y algunos, al ser aplaudidos en los teatros, gimen inmediatamente, al deslizarse la ambición hacia la avaricia; pero los que sacrifican hombres por tiranías y conspiraciones, como Apolodoro, y los que privan de dinero a sus amigos, como Glauco, hijo de Epicides, no se arrepentían, ni se odiaban, ni se afligían por lo sucedido. Yo, pues, si es lícito decirlo, no creo que los que cometen actos impíos necesiten ningún castigador, ni de los dioses ni de los hombres, sino que su vida, corrompida y totalmente perturbada por la maldad, es suficiente».
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Pero observad el argumento, dije, no sea que avance más allá de lo oportuno, y Timón dijo que tal vez se refería al futuro y a la longitud que le quedaba, pues ya levanto, como un reserva, la última dificultad, dado que con las primeras ha luchado moderadamente. Pues lo que Eurípides reprocha y dice con franqueza ante los dioses, que vuelven sobre los descendientes las faltas de los progenitores, considera que también debemos reprochárselo a quienes callan entre nosotros. Pues si los que cometieron los actos ya pagaron la pena, no hay necesidad de castigar a los que no cometieron injusticia, donde ni siquiera es justo castigar dos veces a los autores por los mismos hechos; o si por negligencia, al dejar pasar el castigo, lo cobran tarde de los inocentes en los malvados, no comprenden bien lo injusto de lo tardío. Por ejemplo, se dice que Esopo llegó allí, teniendo oro de Creso para sacrificar al dios espléndidamente y distribuir cuatro minas a cada uno de los delfios; pero habiendo surgido, al parecer, cierta ira y disputa con los de allí, realizó el sacrificio, pero envió el dinero de vuelta a Sardes, como si los hombres no fueran dignos de ser beneficiados; y los que se confabularon contra él, lo mataron bajo la acusación de sacrilegio, empujándolo desde aquella roca que llaman Hiampia. A partir de esto, se dice que la divinidad, irritada contra ellos, les trajo esterilidad de la tierra y toda clase de enfermedades extrañas, de modo que, recorriendo las panegirias griegas, pregonaban y llamaban siempre al que quisiera tomar venganza de ellos en nombre de Esopo. En la tercera generación llegó el samio Iadmón, que no tenía parentesco alguno con Esopo, pero era descendiente de quienes lo compraron en Samos; y habiendo pagado los delfios ciertas penas a este, se libraron de los males. Y dicen que desde entonces el castigo de los sacrílegos se trasladó de la Hiampia a Nauplia. Y ni siquiera los que aman mucho a Alejandro, entre los cuales estamos nosotros, lo elogian por haber arrasado la ciudad de los branquidas y destruido toda edad debido a la traición cometida contra el templo de Mileto por sus antepasados. Y Agatocles, el tirano de los siracusanos, incluso burlándose con risa de los corcireos que preguntaban por qué saqueaba su isla, dijo:'¡ Por Zeus!, porque vuestros padres acogieron a Odiseo'. Y cuando los itacenses se quejaban igualmente de que sus soldados tomaban sus ovejas, dijo:' Vuestro rey, al venir a nosotros, cegó además al pastor'.¿ Acaso no es, pues, más absurdo que estos Apolo, si destruye a los feneatas de ahora, habiendo obstruido el baratro e inundado toda su tierra, porque hace mil años, como dicen, Heracles arrancó el trípode adivinatorio y lo llevó a Feneo?¿ Y al indicar a los sibaritas la liberación de los males, cuando aplaquen con tres destrucciones la ira de la Hera de Leucadia? Y, ciertamente, no hace mucho tiempo desde que los locrios han dejado de enviar a las vírgenes a Troya, las cuales, incluso desnudas y con los pies descalzos, como esclavas, al amanecer barrían alrededor del altar de Atenea, sin velo, y si llegaba la pesada vejez, debido a la incontinencia de Áyax.¿ Dónde, pues, tienen esto lo razonable y lo justo? Pues tampoco elogiamos a los tracios porque tatúan hasta hoy a sus propias mujeres, castigando a Orfeo; ni a los bárbaros de los alrededores del Erídano, que visten de negro por el luto de Faetón, como dicen. Y creo que sería aún más ridículo si, habiendo descuidado los hombres de aquel entonces, cuando Faetón fue destruido, los que nacieron cinco o diez generaciones después del suceso comenzaran a cambiar su vestimenta por él y a estar de luto. Y, sin embargo, esto solo tiene necedad, pero nada terrible ni irremediable; pero las iras de los dioses,¿ con qué lógica, al sumergirse de repente como algunos ríos, luego se elevan más tarde sobre otros y terminan en calamidades extremas?
13
Y cuando se detuvo por primera vez, temiendo yo que volviera a traer desde el principio más y mayores absurdos, le pregunté inmediatamente:' Bien', dije,'¿ acaso consideras que todo esto es verdadero?'. Y él:'¿ Y si no dijo todo, sino algunas cosas, no crees que el argumento tiene la misma dificultad?'.' Quizás', dije yo,' y para los que tienen mucha fiebre, ya sea que estén cubiertos con una manta o con muchas, el calor es el mismo y parecido, sin embargo, para consuelo, quitar la cantidad; pero si no quieres, deja esto; aunque la mayoría parecen mitos y ficciones; pero recuerda las recientes Teoxenias y aquella hermosa porción que, al quitarla, proclaman que la reciban los descendientes de Píndaro, cómo te pareció el asunto solemne y agradable.¿ Y quién no diría que se complacería con la gracia de este honor, que arcaíza tan helénica y sencillamente, si no tiene forjado un corazón negro con fría llama, según el propio Píndaro?'.' Dejo, pues', dije,' un pregón similar a este en Esparta, el que se proclama después del cantor lesbio en honor y memoria de Terpandro el antiguo; pues el argumento es el mismo. Pero vosotros, ciertamente, pretendéis tener más que otros, siendo del linaje de los Ofeltíadas entre los beocios y entre los focenses por Daifanto, y a mí me asististeis y colaborasteis primero, cuando, al salvar junto con los Licormas y Satileos el honor y la coronación patrios de los Heráclidas, decía que es necesario que los honores y las gracias sean firmes para los nacidos de Heracles, de los cuales él mismo, habiendo beneficiado a los griegos, no obtuvo la gracia ni la recompensa dignas'.' De un hermoso certamen', dijo,' nos has recordado, y muy digno de la filosofía'.' Deja, pues', dije,' oh amigo, este ardor de la acusación, y no lleves a mal si algunos son castigados habiendo nacido de malos o malvados, ni te alegres ni elogies cuando se honra la nobleza. Pues es necesario, si salvamos la gracia en el linaje de la virtud, pensar razonablemente que el castigo no debe desfallecer ni abandonar ante las injusticias, sino correr junto a aquella, devolviendo lo que corresponde según el mérito'. Pero el que ve con agrado que los descendientes de Cimón sean honrados en Atenas, y se aflige y se indigna cuando los descendientes de Lacares o Aristón son expulsados, es demasiado blando y negligente, o más bien, totalmente propenso a la culpa y difícil con la divinidad; reprochando, si los hijos de un hombre injusto y malvado parecen prosperar de generación en generación, y reprochando de nuevo, si los linajes de los viles son cortados y desaparecen, culpando al dios igualmente si los hijos de un padre bueno actúan mal, e igualmente si los de uno malvado.
14
Y que esto, dije, quede como contrapeso para ti contra aquellos demasiado amargos y acusadores. Tomando de nuevo, como el principio de un hilo en la oscuridad y con muchos giros y extravíos en el argumento sobre el dios, guiémonos a nosotros mismos con cautela, poco a poco, hacia lo verosímil y probable, ya que ni siquiera en lo que nosotros mismos hacemos podemos hablar con seguridad; por ejemplo,¿ por qué ordenamos que los hijos de los que han muerto de tisis o hidropesía se sienten mojando los pies en agua hasta que el cadáver sea quemado? Pues parece que así la enfermedad no se traslada ni se acerca a ellos. O, de nuevo,¿ por cuál causa, cuando una cabra toma el eringio en la boca, todo el rebaño se detiene hasta que el cabrero se acerca y lo saca? Otras fuerzas también tienen contactos y transmisiones increíbles en rapidez y longitud, pasando a través de unos a otros. Pero nosotros nos maravillamos de los intervalos en los tiempos, no de los que ocurren en los lugares. Y, sin embargo, sería más maravilloso si, habiendo tenido un mal su origen en Etiopía, Atenas se llenó de él y Pericles murió y Tucídides enfermó, que si, habiendo sido malvados los delfios y los sibaritas, la justicia, llevada por el aire, pasó a los hijos. Pues las fuerzas tienen ciertas referencias desde los extremos hasta los primeros y conexiones; cuya causa, aunque sea ignorada por nosotros, cumple en silencio lo que le es propio.
15
No obstante, las iras públicas de las ciudades tienen a mano el argumento de la justicia. Pues la ciudad es una cosa única y continua, como un ser vivo que no se aparta de sí mismo por los cambios según la edad ni se vuelve otro a partir de otro con el tiempo, sino que es siempre compasivo y familiar consigo mismo, y asume toda causa y gracia de lo que hace o hizo en común, hasta que la comunidad que crea y une con los entrelazamientos mantenga la unidad. Pero dividir muchas ciudades por el tiempo, o más bien hacerlas infinitas, es semejante a hacer a un hombre muchos, porque ahora es más viejo, antes era más joven y más arriba era un adolescente. Más bien, en general, esto se parece a los argumentos de Epicarmo, de los cuales surgió el argumento del' creciente' para los sofistas; pues el que tomó hace tiempo la deuda, ahora no debe nada al haberse convertido en otro; y el que fue invitado a cenar ayer, llega hoy sin invitación; pues es otro. Y, sin embargo, las edades producen mayores cambios en cada uno de nosotros que en común en las ciudades; pues uno podría reconocer, viendo Atenas en el año trigésimo, que las costumbres y movimientos actuales, y los juegos y seriedades y gracias e iras del pueblo, se parecen mucho a los antiguos; pero apenas alguien podría reconocer la forma de un hombre conocido o amigo al encontrarse después de tiempo; y los cambios de las costumbres, al ser fácilmente alterados por toda palabra, esfuerzo, pasión y ley, tienen una extrañeza y novedad admirables para quien siempre está con ellos. Pero se dice que el hombre es uno hasta el final desde el nacimiento, y exigimos que la ciudad que permanece igual esté sujeta a los oprobios de los antepasados, por cuyo derecho participa también de la gloria y el poder de aquellos; o nos olvidaremos al arrojar todas las cosas al río de Heráclito, en el cual dice que no se puede entrar dos veces por mover y alterar todo, cambiando la naturaleza.
16
Y si la ciudad es una cosa única y continua, existe, supongo, también un linaje que depende de un principio único y que refiere cierta fuerza y comunidad que se ha extendido, y lo engendrado no se ha separado del engendrador como una obra hecha; pues ha nacido de él, no por él; de modo que tiene algo y lleva una parte de aquel en sí mismo, siendo castigado y honrado apropiadamente. Y si no pareciera que bromeo, diría que una estatua de Casandro, al ser fundida por los atenienses, sufre cosas más injustas, y el cuerpo de Dionisio, al ser exiliado después de la muerte por los siracusanos, o sus descendientes pagando la pena. Pues en la estatua no hay nada de la naturaleza de Casandro, y el alma de Dionisio ha abandonado al cadáver; pero en Niseo y Apolócrates y Antípatro y Filipo y los demás hijos de los malvados, lo más importante ha nacido y está presente, no silencioso ni ocioso, sino que viven con él, se alimentan, se administran y piensan. Y no hay nada terrible ni absurdo si, siendo de aquellos, tienen lo de aquellos; y, en general, como en la medicina lo útil y justo es, y es ridículo el que afirma que es injusto quemar el pulgar de los que sufren de la cadera, y raspar el epigastrio cuando el hígado se ha vuelto ulceroso, y, en el caso de los bueyes, si se debilitan en las pezuñas, untar las puntas de los cuernos; así, el que considera que el castigo es otra justicia distinta a la que cura la maldad, y se indigna si alguien refiere la curación de unos a otros, como los que dividen la vena para aliviar la oftalmía, no parece ver más allá de la sensación ni recordar que también un maestro de niños, al castigar a uno, amonestó a otros, y un general, al eliminar a uno de una decena, los corrigió a todos. Y así, no solo parte a través de otra parte, sino también alma a través de alma, ocurren ciertas disposiciones, daños y correcciones más que cuerpo a través de cuerpo; pues allí, al parecer, debe ocurrir la misma pasión y el mismo cambio, pero aquí el alma, guiada por las fantasías, según el confiar y temer, está dispuesta a ser peor o mejor.
17
Y mientras yo seguía hablando, interrumpiendo Olimpico, dijo:' Parece, por tu argumento, que propones una gran hipótesis: la persistencia del alma'.' Y vosotros', dije,' la concedéis, o más bien la habéis concedido; pues como el dios distribuye según el mérito para nosotros, el argumento ha avanzado desde el principio hasta aquí'. Y él dijo:'¿ Entonces crees que se sigue, del hecho de que los dioses observan y distribuyen cada una de nuestras cosas, que las almas existen, ya sea totalmente inmortales o persistiendo algún tiempo después de la muerte?'.' No, buen hombre', dije,' sino que el dios es tan pequeño y vanidoso, de modo que, no teniendo nosotros nada divino en nosotros ni parecido de alguna manera a aquel, y duradero y firme, sino marchitándonos totalmente y decayendo en poco tiempo, como dijo Homero, como las hojas, se preocupa tanto, como las mujeres que cuidan y atienden los jardines de Adonis en ciertos tiestos, haciendo brotar almas efímeras en carne tierna y que no recibe una raíz fuerte de vida, para luego extinguirse inmediatamente por cualquier pretexto; y si quieres, dejando a los otros dioses, observa a este nuestro de aquí, si te parece, sabiendo que las almas de los difuntos perecen inmediatamente, exhalando de los cuerpos como nieblas o humos, ofrecer muchos sacrificios de los fallecidos y exigir grandes dones y honores para los muertos, engañando y embaucando a los que creen. Pues yo no renunciaría a la persistencia del alma, a menos que alguien, como Heracles, quitando el trípode de la Pitia, destruya el oráculo. Pero hasta que se profeticen muchas cosas así, incluso en nuestros días, como dicen que se profetizó a Corax el naxio, no es santo condenar a muerte al alma'. Y Patrocleas dijo:'¿ Qué fue lo profetizado o quién es este Corax? Pues para mí tanto el asunto como el nombre son extraños'.' De ninguna manera', dije,' sino que yo soy el culpable por haber usado un sobrenombre en lugar del nombre. Pues el que mató a Arquíloco en la batalla se llamaba Calondes, al parecer, pero tenía Corax como sobrenombre. Y habiendo sido expulsado al principio por la Pitia por haber matado a un hombre sagrado de las Musas, luego, habiendo usado ciertas súplicas y propiciaciones con justificación, se le ordenó ir a la morada de Tettix para aplacar el alma de Arquíloco. Y esto era el Ténaro; pues dicen que Tettix el cretense, al llegar con una flota, fundó una ciudad y habitó junto al psicopompeo. E igualmente, habiendo sido profetizado a los espartanos aplacar el alma de Pausanias, los psicagogos fueron enviados desde Italia y, habiendo sacrificado, apartaron el espectro del templo'.
18
Uno solo, pues, es el argumento, dije, que confirma la providencia del dios y a la vez la persistencia del alma humana, y no es posible dejar uno eliminando el otro. Y siendo el alma después de la muerte, es más probable que se le rindan honores y castigos; pues lucha como un atleta durante la vida; y cuando termina de luchar, entonces obtiene lo que le corresponde. Pero las gracias o ciertos castigos que recibe allí, estando por sí misma, por lo que ha vivido, no son nada para nosotros los vivos, sino que son incrédulos y pasan desapercibidos; pero los que pasan a través de los hijos y a través del linaje, evidentes para los que han nacido aquí, disuaden y reprimen a muchos de los malvados. Y que no hay otro castigo más vergonzoso y doloroso que ver a los que sufren males por sí mismos a causa de sí mismos, y que nadie podría convencer a un alma de un hombre impío y transgresor, después de la muerte, al ver no estatuas ni honores, sino hijos o amigos o linaje propio sufriendo grandes desgracias por su causa y pagando la pena, de volverse injusto y desenfrenado ante los honores de Zeus, tengo también un argumento que decir, habiéndolo escuchado recientemente, pero temo que les parezca un mito; por lo tanto, uso solo lo verosímil'.' De ninguna manera', dijo Olimpico,' sino expón también aquel'.' Y siendo lo mismo lo que los otros necesitan, dejad', dije,' que yo devuelva al argumento lo verosímil; y más tarde, si parece, moveremos el mito, si es que es un mito'.
19
Pues Bión dice que el dios que castiga a los hijos de los malvados es más ridículo que un médico que medica a un hijo por una enfermedad del abuelo o del padre. Pero las cosas son en parte diferentes y en parte semejantes y parecidas. Pues uno no detiene a otro de una enfermedad siendo tratado, ni nadie ha mejorado de los que sufren de los ojos o tienen fiebre al ver a otro siendo ungido o emplastado; pero los castigos de los malvados se muestran a todos por esto, porque, al realizarse la justicia según la razón, es obra detener a otros siendo castigados a través de otros. Pero lo que se compara por Bión se le escapó en cuanto a lo que se busca; pues ya, habiendo caído un hombre en una enfermedad miserable, aunque no incurable, y luego, por incontinencia y debilidad, habiendo entregado el cuerpo al mal y habiéndose corrompido, un médico o un pariente o un entrenador o un amo bueno, habiéndolo notado, al imponer una dieta austera y quitar manjares y pasteles y bebidas y mujeres, y habiendo usado medicinas constantes y trabajado el cuerpo con ejercicios, lo dispersó y lo envió, no dejando que la pequeña semilla de un gran mal avanzara hacia la magnitud.¿ Pues no exhortamos así, exigiendo prestar atención a nosotros mismos y guardarnos y no descuidar a los que han nacido de padres o madres enfermizos, sino expulsar inmediatamente el principio mezclado, siendo móvil y resbaladizo, adelantándonos?' Ciertamente', dijeron.' No es, pues, absurdo', dije,' sino necesario, ni hacemos una cosa ridícula sino útil, aplicando ejercicios y dietas y medicinas a los hijos de epilépticos y melancólicos y gotosos, no porque estén enfermos, sino para que no enfermen; pues el cuerpo que nace de un cuerpo malvado no es digno de ningún castigo, sino de curación y vigilancia; la cual, si alguien, porque quita los placeres y trae mordedura y dolor, la llama castigo por cobardía y debilidad, hay que dejarlo estar.¿ Acaso, pues, el cuerpo descendiente de un cuerpo vil es digno de curar y vigilar, y la semejanza congénita de maldad que brota y renace en el carácter joven hay que dejarla y esperar y diferir, hasta que, derramada en las pasiones, se haga evidente y muestre el fruto malvado de la mente, como dice Píndaro?'
20
¿ O en esto el dios no es más sabio que Hesíodo, que ordena y aconseja no engendrar descendencia habiendo regresado de una tumba desdichada, sino de un banquete de inmortales, como si la generación no solo recibiera maldad o virtud, sino también dolor y alegría y todo lo demás, para llevar a la procreación a los alegres y dulces y expansivos? Pero aquello no es según Hesíodo ni obra de sabiduría humana, sino de dios, el ver y sentir las semejanzas de pasiones y las diferencias, antes de que se hagan evidentes al caer en grandes injusticias por las pasiones. Pues de los osos, incluso siendo pequeños, y de los hijos de los lobos y de los monos, se manifiesta inmediatamente el carácter congénito, sin ser ocultado ni emplastado por nada; pero la naturaleza del hombre, al arrojarse a costumbres y doctrinas y leyes, oculta lo vil y a menudo imita lo bueno, de modo que, o bien borrar totalmente y escapar de la mancha congénita de la maldad, o bien pasar desapercibido mucho tiempo, envolviéndose a sí misma la astucia como una funda, y pasar desapercibida para nosotros, que apenas sentimos la maldad como por un golpe o mordedura de cada una de las injusticias, o más bien, en general, pensando que se vuelven injustos cuando cometen injusticias, desenfrenados cuando cometen actos de insolencia y cobardes cuando huyen, como si alguien pensara que el aguijón nace en los escorpiones cuando golpean, y el veneno en las víboras cuando muerden; pensándolo neciamente; pues no nace y aparece al mismo tiempo cada uno de los malvados, sino que tiene la maldad desde el principio, pero usa, al apoderarse de la ocasión y el poder, el ladrón para robar y el tiránico para transgredir. Pero el dios, supongo, ni ignora la disposición y naturaleza de cada uno, ya que es natural que sienta más el alma que el cuerpo, ni espera a que la violencia esté en las manos y la desvergüenza en la voz y la incontinencia en los genitales para castigar; pues no se defiende del que ha cometido injusticia habiendo sufrido mal, ni se irrita con el que ha arrebatado siendo violentado, ni odia al adúltero siendo insultado, sino que, por causa de la curación, castiga a menudo al adúltero y al codicioso y al injusto, eliminando la maldad como una epilepsia antes de que se apodere.
21
Y nosotros, hace poco, nos indignábamos como si los malvados pagaran la pena tarde y lentamente; pero ahora, porque incluso antes de que algunos cometan injusticias, corta su hábito y disposición, reprochamos, ignorando que a menudo lo futuro y lo oculto de lo que ha sucedido es peor y más temible que lo evidente, y no pudiendo calcular las causas por las cuales es mejor dejar a algunos incluso habiendo cometido injusticias, y a otros, incluso pensando, adelantarse; como, sin duda, las medicinas no convienen a algunos que están enfermos, pero a otros les son útiles y, sin estar enfermos, están en situación más peligrosa que aquellos. De donde los dioses no vuelven todas las faltas de los progenitores sobre los descendientes, sino que, si de un vil nace uno bueno, como uno sano de uno enfermizo, es liberado del castigo del linaje, habiéndose convertido, por así decirlo, en un injerto de la maldad. Pero al joven que se refiere a la semejanza de un linaje miserable le corresponde, supongo, recibir como deudas de herencia el castigo de la maldad. Pues Antígono no pagó penas por Demetrio, ni Fileo por Augeas, ni Néstor por Neleo; pues eran buenos, aunque nacidos de malos; pero de aquellos cuya naturaleza amó y aceptó lo congénito, de estos la justicia, persiguiendo la semejanza de la maldad, los persiguió. Pues como las verrugas y manchas y pecas de los padres, habiendo desaparecido en los hijos, surgieron más tarde en los nietos y bisnietos; y una mujer griega, habiendo dado a luz un bebé negro, luego, siendo juzgada por adulterio, descubrió que era de la cuarta generación de un etíope; y de los hijos de Pitón de Nisibis, que ha muerto recientemente, diciendo que pertenecía a los espartanos, uno sacó una marca de lanza en el cuerpo, habiendo surgido y emergido después de tanto tiempo como desde el fondo la semejanza con el linaje; así, a menudo, las costumbres y pasiones del alma las ocultan los primeros nacimientos y las sumergen, pero más tarde, alguna vez, y a través de otros, la naturaleza floreció y devolvió lo propio hacia la maldad y la virtud.
22
Y cuando, habiendo dicho esto, callé, Olimpico, sonriendo, dijo:' No te elogiamos para que no parezca que dejamos pasar el mito, como si el argumento fuera suficiente para la demostración, sino que daremos la decisión entonces, cuando escuchemos también aquel'.' Así pues', dije,' que el solesio Tespesio, hombre pariente y amigo de aquel Protógenes que nació entre nosotros, habiendo vivido en mucha incontinencia el primer tiempo, luego habiendo perdido rápidamente la hacienda, se volvió malvado durante algún tiempo también por la necesidad, y buscando la riqueza por arrepentimiento, sufría el mismo mal que los incontinentes, que, teniendo mujeres, no las guardan, pero, habiéndolas dejado, intentan de nuevo estar con otras injustamente. No absteniéndose, pues, de nada vergonzoso que llevara al disfrute o ganancia, reunió en poco tiempo no mucha hacienda, pero sí mucha fama de maldad. Y sobre todo lo difamó una profecía traída de Anfíloco; pues, habiendo enviado, al parecer, preguntaba al dios si viviría mejor el resto de la vida; y aquel respondió que viviría mejor cuando muriera. Y, en cierto modo, esto le ocurrió después de no mucho tiempo. Pues, habiendo caído desde cierta altura sobre el cuello, no habiendo ocurrido herida sino solo un golpe, murió, y al tercer día, ya alrededor de los mismos funerales, revivió. Y habiéndose fortalecido rápidamente y estando en sí mismo, hizo una transformación de vida increíble; pues ni los cilicios conocían a otro que se hubiera vuelto más justo en los contratos en aquellos tiempos, ni más santo hacia la divinidad, ni más doloroso para los enemigos ni más firme para los amigos; de modo que incluso los que se encontraban con él deseaban escuchar la causa de la diferencia, no creyendo que la ordenación hacia el carácter tan grande hubiera ocurrido por casualidad, lo cual era verdadero, como él mismo contaba a Protógenes y a los amigos igualmente sensatos.
23
Pues cuando lo que piensa salió del cuerpo, como lo que sufriría un timonel arrojado desde un barco al fondo al principio, así estuvo por el cambio; luego, habiéndose elevado un poco, le pareció respirar todo y mirar alrededor desde todas partes, como si el alma hubiera abierto un solo ojo. No veía nada de lo anterior, sino las estrellas inmensas y distantes entre sí en una multitud inmensa, emitiendo una luz maravillosa en el color y teniendo tono; de modo que el alma, montada suavemente como en calma, se movía fácil y rápidamente por todas partes en la luz. Y dejando pasar la mayoría de las visiones, dijo que las almas de los difuntos que subían desde abajo hacían una burbuja de fuego al apartarse el aire, luego, rompiéndose suavemente la burbuja, salían teniendo forma humana, pero ligeras en volumen, y moviéndose no de la misma manera, sino unas saltaban con una ligereza maravillosa y se disparaban hacia arriba en línea recta, otras girando como los husos a la vez en círculo; y a veces inclinándose hacia abajo y a veces hacia arriba, se movían con un movimiento mixto y perturbado, y con mucho tiempo y apenas se restablecían. A la mayoría, pues, no sabía quiénes eran; pero viendo a dos o tres conocidos, intentaba acercarse y hablarles; pero ellas ni oían ni estaban en sí mismas, sino fuera de sí y aterrorizadas, huyendo de toda visión y contacto, vagaban primero ellas por sí mismas, luego, encontrándose con muchas dispuestas de manera similar y entrelazándose, se movían sin criterio hacia todas las direcciones y emitían voces ininteligibles, como alaridos mezclados con lamento y miedo. Otras, desde arriba, en la cima de lo que rodea, se veían brillantes y acercándose a menudo unas a otras por benevolencia, y evitando a aquellas ruidosas, indicaban, al parecer, con la contracción hacia sí mismas lo que les desagradaba, y con la extensión y expansión lo que les alegraba y aceptaban.
24
Allí dijo haber visto a una de un pariente, aunque no claramente; pues había muerto siendo aún niño; pero aquella, acercándose, dijo:' Salve, Tespesio'. Y habiéndose maravillado él y dicho que no es Tespesio sino Arideo; dijo que antes sí, pero que de ahora en adelante Tespesio.' Pues ni siquiera has muerto, sino que por cierto destino de los dioses has venido aquí con lo que piensa; pero la otra alma la has dejado como un ancla en el cuerpo; y que sea para ti, ahora y después, símbolo el que las almas de los muertos ni hacen sombra ni parpadean'. Habiendo escuchado esto, Tespesio ya se concentró más en sí mismo para razonar, y mirando fijamente vio que una línea tenue y sombría se balanceaba junto a él, mientras que aquellos estaban iluminados en círculo y eran transparentes, aunque no todos de la misma manera; sino unos, como la luna llena más pura, emitían un color liso y continuo y uniforme; de otros, escamas que recorrían o cardenales raros; otros, totalmente variados y absurdos a la vista, como los que están tatuados con manchas negras; otros, teniendo rasguños obtusos.
25
Contaba, pues, cada cosa el pariente de Tespesio— pues nada impide tanto llamar a las almas por el nombre de los hombres— que Adrastea, hija de Necesidad y Zeus, está establecida sobre todos como vengadora suprema de las injusticias; y de los malvados no ha habido ninguno tan grande ni tan pequeño que, habiendo pasado desapercibido, haya escapado o, habiendo forzado, a otra y otra pena le corresponde al guardián y ejecutor de las tres; pues a los que son castigados inmediatamente en el cuerpo y a través de los cuerpos, los maneja un castigo rápido, de una manera suave y que deja pasar muchas de las cosas que necesitan purificación; a aquellos cuyo trabajo de curación sobre la maldad es mayor, a estos el daimon los entrega a la Justicia después de la muerte; a los totalmente incurables, habiendo rechazado la Justicia, la tercera y más salvaje de las ministras de Adrastea, la Erinia, persiguiéndolos mientras vagan y huyen de uno a otro, los hizo desaparecer miserable y cruelmente a todos y los hundió en lo inefable e invisible. Y de las otras justicias, dijo que la que es por el Castigo en la vida se parece a la de los bárbaros. Pues como en Persia, de los que son castigados, les quitan las vestiduras y las tiaras y los azotan, y ellos suplican dejar de llorar; así los castigos a través de riquezas y a través de cuerpos no tienen un contacto agudo ni se apoderan de la maldad misma, sino que la mayoría son para la gloria y para la sensación de ellos.
26
Quien llegue allí desde aquí desenfrenado e impuro, a este, la Justicia, tras apoderarse de su alma, desnuda y manifiesta, al no tener dónde ocultarse, esconderse o cubrir su maldad, sino siendo visto por todas partes, por todos y en todo, lo mostró primero a sus padres, si es que los tiene, o a sus antepasados, siendo un ser detestable e indigno; pero si ellos son viles, tras verlos castigados y ser visto por ellos, es juzgado durante mucho tiempo, siendo despojado de cada una de sus pasiones mediante dolores y sufrimientos que superan en magnitud e intensidad a los que se padecen a través de la carne, tanto como la realidad es más clara que el sueño. Cicatrices y cardenales quedan en cada una de las pasiones, en unos más persistentes y en otros menos. Observa, dijo, estos colores variados y de todo tipo de las almas: el sombrío y sucio, ungüento de la bajeza y la codicia; el sanguinolento y encendido, de la crueldad y la amargura; donde hay un tono azulado, de ahí se ha desgastado apenas cierta incontinencia respecto a los placeres; la mala intención que reside junto con la envidia suelta este color violáceo y purulento, como las sepias sueltan la tinta. Pues allí, la maldad de la psique, al ser transformada por las pasiones y transformar el cuerpo, hace brotar los colores, mientras que aquí es el fin de la purificación y el castigo, una vez que estos han sido limpiados, para que el alma se vuelva totalmente luminosa y de un solo color. Mientras esto persiste, ocurren ciertas recaídas de las pasiones que tienen pulsaciones y saltos, en algunas tenues y que se extinguen rápidamente, en otras intensamente vigorosas. Aquellas que son castigadas una y otra vez recuperan el estado y la disposición adecuados, mientras que a otras, la violencia de la ignorancia y el aguijón del amor al placer las arrastró de nuevo a cuerpos de animales; pues una, por debilidad de la razón y por pereza de contemplar, se inclinó hacia la generación por su parte práctica; la otra, necesitada de un instrumento por ser desenfrenada, desea coser sus deseos a los goces y elevarse junto con el cuerpo; pues allí no hay nada más que una sombra incompleta y un sueño de placer que no tiene plenitud.
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Tras decir esto, lo guiaba rápidamente, atravesando un lugar inmenso, como parecía, con facilidad y sin extraviarse, como si fuera llevado por las alas de los rayos de luz; hasta que, al llegar a una especie de gran abismo que se extendía hacia abajo, fue abandonado por la fuerza que lo transportaba; y veía a las otras almas sufriendo lo mismo allí; pues, contrayéndose como las aves y siendo arrastradas en círculo, rodeaban el abismo, pero no se atrevían a cruzarlo directamente, aunque por dentro se veía, al igual que las cuevas báquicas, adornado con toda clase de vegetación, verdor y hierbas floridas; exhalaba una brisa suave y apacible que traía olores de un placer maravilloso y una mezcla, tal como el vino produce en los que se embriagan; pues las almas, banqueteando con los aromas, se disolvían y se mostraban afectuosas unas con otras; y el lugar estaba ocupado en círculo por bacanales, risas y toda musa de los que juegan y se deleitan. Decía que por aquí ascendió Dioniso a los dioses y llevó a Sémele más tarde; y que el lugar se llamaba del Olvido. Por lo cual, no dejaba que Tespésio se detuviera, aunque él quería, sino que lo arrastraba por la fuerza, enseñándole al mismo tiempo y diciendo cómo la parte racional se deshace y se humedece por el placer, mientras que la parte irracional y corporal, al ser regada y encarnada, produce el recuerdo del cuerpo, y del recuerdo arrastra el deseo y el anhelo hacia la generación, la cual es llamada así por ser una inclinación hacia la tierra, al estar el alma pesada por la humedad.
28
Tras recorrer otro camino igual de largo, le pareció ver una gran crátera, y en ella se vertían corrientes, una más blanca que la espuma del mar o la nieve, otra como el color púrpura que florece en el arcoíris, y otras teñidas con tintes distintos que tenían su propio brillo desde lejos; pero al acercarse, aquella crátera, al desvanecerse más lo que la rodeaba y atenuarse los colores, dejó lo más florido excepto la blancura. Veía a tres daimones sentados juntos en forma de triángulo, mezclando las corrientes con ciertas medidas. El guía de almas de Tespésio decía entonces que Orfeo llegó hasta aquí cuando buscaba el alma de su mujer, y que, al no recordar bien el discurso, divulgó entre los hombres una falsedad, diciendo que había un oráculo común en Delfos de Apolo y de la Noche; pues dijo que la Noche no comparte nada con Apolo, sino que este es un oráculo común de la noche y de la Luna, que no termina en ninguna parte de la tierra ni tiene una sede única, sino que es errante por todas partes sobre los hombres con sueños y fantasmas; pues de aquí los sueños, mezclándose, como ves, con lo engañoso y variado, toman lo simple y verdadero y lo dispersan.
29
El de Apolo, dijo, no lo viste ni serás capaz de verlo; pues lo terrenal del alma no se eleva más arriba ni se relaja, sino que se tensa al estar unido al cuerpo. Y al mismo tiempo intentaba, acercándolo, mostrarle la luz que, según decía, se apoyaba desde el trípode a través de los senos de Temis hacia el Parnaso. Y deseando verlo, no lo vio por el resplandor, sino que escuchó al pasar una voz aguda de mujer que expresaba en verso otras cosas y el tiempo, al parecer, de su propia muerte. El daimon decía que la voz era de la Sibila; pues ella cantaba sobre los acontecimientos futuros mientras era llevada en la cara de la luna. Queriendo, pues, escuchar más, fue empujado por el impulso de la luna hacia el lado opuesto, como en los remolinos, y escuchó poco; entre lo cual estaba lo relativo al monte Vesubio y la destrucción que ocurriría en Dicearquia por el fuego, y un pequeño fragmento sobre el gobernante de entonces, que, siendo noble, dejaría la tiranía por enfermedad.
30
Después de esto se dirigieron a la visión de los castigados. Al principio solo tenían aspectos penosos y lastimeros; pero cuando Tespésio encontró, sin esperarlo, a amigos, familiares y conocidos siendo castigados, quienes, soportando sufrimientos terribles y castigos vergonzosos y dolorosos, se lamentaban ante él y lloraban; finalmente vio a su propio padre emergiendo de un abismo lleno de marcas y cicatrices, tendiéndole las manos y no permitiéndole callar, sino siendo obligado a confesar por los que estaban al frente de los castigos, que, habiéndose vuelto impuro respecto a unos extranjeros que tenían oro, los destruyó con venenos y, habiendo pasado inadvertido para todos allí, al ser desenmascarado aquí, algunas cosas ya las había sufrido y otras era llevado a sufrirlas. No se atrevía a suplicar o interceder por su padre debido al estupor y al miedo, y queriendo dar media vuelta y huir, ya no veía a aquel guía amable y familiar, sino que era empujado hacia adelante por otros seres de aspecto temible, como si fuera necesario pasar por allí de esa manera. Observaba que la sombra de los que se habían vuelto manifiestamente malvados y castigados allí ya no era tratada con dureza ni de la misma manera, ya que era penosa respecto a la parte irracional y pasional; pero a aquellos que vivieron rodeados de una apariencia y reputación de virtud con una maldad oculta, a estos otros que los rodeaban los obligaban penosa y dolorosamente a volver hacia fuera lo que estaba dentro del alma, retorciéndose contra natura y doblándose, como las escolopendras marinas que, al tragar el anzuelo, se vuelven del revés; a algunos los desollaban y desplegaban, mostrando que estaban purulentos y variados, teniendo la maldad en la parte racional y soberana. Decía haber visto otras almas, como las víboras, entrelazadas de dos en dos, de tres en tres y más, devorándose unas a otras por el rencor y la maldad de lo que sufrieron en vida o hicieron. Había también lagos contiguos, uno de oro hirviente, otro de plomo muy frío y otro áspero de hierro; y ciertos daimones estaban al frente, como los herreros, tomando con instrumentos y sumergiendo por turnos a las almas de los malvados por insaciabilidad y codicia. Pues en el oro, tras volverse encendidas y transparentes por el ardor, las sumergían en el plomo; y al congelarse allí y volverse duras como el granizo, las trasladaban de nuevo al hierro; allí se volvían terriblemente negras, y al quebrarse por la dureza y romperse, cambiaban sus formas; luego, de nuevo, eran llevadas al oro, soportando, según decía, dolores terribles en los cambios.
31
Decía que las que más sufrían de todas eran las que ya parecían haber sido liberadas del castigo y luego eran capturadas de nuevo; estas eran aquellas sobre las cuales la pena recaía en algunos descendientes o hijos. Pues cuando alguno de ellos llegaba y se encontraba con ellos, se abalanzaba con ira, gritaba y mostraba las señales de los sufrimientos, reprochando y persiguiendo para que huyeran. Y queriendo ocultarse, pero no pudiendo, los verdugos los perseguían rápidamente hacia el castigo, y los apresuraban desde el principio, lamentándose por conocer de antemano el castigo. Decía que a algunas les estaban unidas muchas almas de los descendientes a la vez, como abejas o murciélagos, agarradas simplemente y chillando por el recuerdo y la ira de lo que sufrieron por su causa.
32
Al ver él al final a las almas que se volvían hacia una segunda generación, siendo dobladas por la fuerza hacia animales de todo tipo y transformadas por los que creaban esto con ciertos instrumentos y golpes, unos uniendo todas las partes, otros retorciéndolas, y algunos alisándolas y haciéndolas desaparecer por completo, para que encajaran en otros caracteres y vidas; en estas apareció el alma de Nerón, que ya estaba en mal estado y atravesada por clavos encendidos. Y habiendo preparado para esta los creadores una forma de víbora pindárica, en la cual, tras ser gestada y devorar a la madre, viviría, decía que de repente brilló una gran luz, y que de la luz surgió una voz que ordenaba cambiar a otro género más manso, habiendo preparado algún animal cantor alrededor de pantanos y lagos; pues de lo que había hecho mal ya había pagado las penas; y se le debía algo bueno por parte de los dioses, porque liberó al género más excelente y más amado por los dioses de los súbditos, Grecia.
33
Hasta aquí, pues, fue espectador; pero cuando estaba a punto de regresar, se llenó de todo tipo de males por el miedo, pues una mujer que lo tomó, admirable en forma y tamaño, dijo:« Ven aquí, para que recuerdes mejor cada cosa». Y una varilla, como los pintores, encendida, le acercaba, mientras otra lo impedía. Él, de repente, como si fuera arrastrado por una flauta por un soplo muy vigoroso y violento, cayó sobre su cuerpo y abrió los ojos casi desde el mismo monumento.