Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
De tuenda sanitate praecepta
Plutarch (plutarch)Prae 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/plutarch" aria-label="More works by Plutarch (plutarch)"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1
MOSCION: Ayer, Zeuxipo, rechazaste a Glauco, el médico, que quería filosofar con vosotros. ZEUXIPO: No lo rechacé, querido Mosción, ni él quería filosofar, sino que yo huí y temí darle un asidero a quien busca pelea. Pues, en medicina, según Homero, el hombre vale por muchos otros, pero no es benévolo con la filosofía, sino que siempre tiene algo áspero y difícil en sus palabras. Y ahora se dirigía contra nosotros, gritando desde lejos que no era una tarea pequeña ni razonable que nos hubiéramos atrevido a confundir los límites al hablar sobre la dieta saludable. Pues decía que los límites de los filósofos y de los médicos son como los de ciertos misios y frigios, y desgarraba con su boca algunas cosas dichas por nosotros no con seriedad, pero tampoco sin utilidad. MOSCION: Pero yo, Zeuxipo, sería un oyente gustoso de estas y de las otras cosas. ZEUXIPO: Es que eres filósofo por naturaleza, Mosción, y te irritas con el filósofo que no ama la medicina, y te indignas si cree que le conviene más ser visto ocupándose de geometría, dialéctica y música que deseando buscar y aprender qué mal y qué bien se ha producido en el cuerpo. Y sin embargo, verías allí más espectadores donde se reparte algo teórico a los que se reúnen, como en Atenas; pero de las artes liberales, la medicina no tiene nada menos refinado, extraordinario y agradable, y ofrece una gran teoría a los que aman aprender sobre la salvación y la salud. Así que no hay que acusar de transgresión de límites a los filósofos que hablan sobre temas de salud, sino si, sin eliminar por completo los límites, creen que deben disfrutar juntos en un mismo espacio, persiguiendo a la vez lo agradable y lo necesario en el discurso. MOSCION: Pero dejemos a Glauco, Zeuxipo, que por su solemnidad quiere ser autosuficiente y no necesitar de la filosofía; tú, en cambio, exponnos todos los argumentos o, si quieres, primero aquellos de los que dijiste que Glauco se agarraba no muy seriamente.
2
ZEUXIPO: Decía, pues, nuestro compañero haber oído a alguien decir que mantener las manos siempre calientes y no descuidar que se enfríen no es poco para la salud, y que, por el contrario, el enfriamiento de las extremidades, al empujar el calor hacia el interior, produce una especie de hábito o ejercicio de fiebre; mientras que girar hacia afuera, junto con el calor, atraer y distribuir la materia es saludable. Por tanto, si estamos realizando alguna actividad con las manos y usándolas, debemos aplicar ese mismo movimiento allí y retener el calor; pero cuando estamos ociosos de tales tareas, no debemos permitir en absoluto que el frío llegue a las extremidades.
3
ZEUXIPO: Esta fue una de las cosas de las que se rieron; la segunda, creo, es sobre los alimentos que ofrecéis a los enfermos. Pues aconsejaba tocarlos y probarlos de vez en cuando, acostumbrándose a ellos durante la salud y no temblando como los niños ni odiando esa dieta, sino haciéndola poco a poco manejable para los apetitos y familiar, para que al enfermar no nos disgustemos con los alimentos como si fueran medicinas, ni nos aflijamos al tomar algo simple, sin condimento y sin aroma. De ahí que nunca debamos evitar ir a comer sin lavarnos, ni beber agua habiendo vino, ni beber caliente en verano habiendo nieve cerca, dejando de lado las abstinencias ostentosas y sofísticas y la jactancia sobre tales abstinencias, y acostumbrando nosotros mismos en silencio al apetito a ser obediente a lo conveniente con facilidad, y eliminando del alma desde lejos la pequeñez sobre esto en las enfermedades y el lamentarse, gimiendo como si desde placeres grandes y queridos se hubiera sido expulsado a una dieta innoble y humilde. Pues bien dicho está: elige la vida mejor, y la costumbre la hará agradable; y es útil para quien prueba cada cosa por partes, pero sobre todo, al introducir la costumbre en los regímenes corporales más saludables, prepararla benévola, conocida y familiar a la naturaleza, recordando lo que algunos sufren y hacen en las enfermedades, irritándose y disgustándose cuando se les ofrece agua caliente, un caldo o pan, llamando a esto impuro y desagradable, y a quienes los obligan, impuros y difíciles. A muchos también los mató el baño, no teniendo al principio ningún gran mal sino el no poder ni soportar probar alimento sin lavarse; entre ellos estaba el emperador Tito, según dicen quienes lo cuidaron.
4
ZEUXIPO: Además, se dijo algo así: que siempre son más saludables para el cuerpo las cosas más sencillas, pero que sobre todo deben evitarse las harturas, las borracheras y los placeres cuando se tiene entre manos una fiesta próxima o una recepción de amigos, o se espera un banquete real, de un jefe o una compañía inevitable, preparando el cuerpo ligero y ágil en la calma, como ante un viento y una ola que se acercan. Pues es difícil en las reuniones y muestras de afecto guardarse a uno mismo en la moderación y en lo habitual sin parecer a todos cargante y pesado con una desagradable molestia. Para que, pues, no haya fuego sobre fuego, como dicen, una hartura sobre otra y un vino puro sobre otro, hay que imitar con seriedad lo que Filipo bromeó ingeniosamente; era así: un hombre lo invitó a cenar en el campo como si estuviera con pocos, luego, al ver que traía a muchos, se turbó al no haber preparado mucho. Filipo, dándose cuenta, enviaba a cada uno de los amigos ordenándoles dejar espacio para el pastel, y ellos, obedeciendo y esperando, se ahorraban lo que estaba servido. Así pues, bastó la cena para todos. De este modo hay que prepararse para las compañías necesarias, guardando espacio en el cuerpo para el condimento, el pastel y, por Zeus, para la borrachera, y llevando a esto un apetito fresco y deseoso.
5
ZEUXIPO: Y si de repente nos sobrevienen necesidades de estar pesados y mal dispuestos, llamándonos jefes o apareciendo extranjeros, y por vergüenza tenemos que ir al mismo lugar que los que están bien y beber con ellos, ahí es donde más hay que estar preparados contra la vergüenza y la timidez que tanto dañan a los hombres, diciendo las palabras del Creonte trágico:" Me es mejor ahora enemistarme contigo, extranjero, que, habiéndome ablandado, gemir mucho después". Pues temer la reputación de rústico y arrojarse a una pleuresía o frenesí es propio de alguien verdaderamente rústico y que no tiene juicio ni sabe tratar con los hombres sin copa y sin grasa. Pues la negativa, si tiene tacto y gracia, no será menos agradable que la compañía; y si alguien que ofrece un banquete, como si fuera un sacrificio, se abstiene él mismo de probarlo ante la copa y la mesa, bromeando y diciendo algo sobre sí mismo con entusiasmo y afecto a la vez, parecerá más agradable que el que se emborracha y come con los demás. Se recordó de los antiguos a Alejandro, que tras mucha bebida se avergonzó de contradecir a Medio que lo invitaba y se arrojó de nuevo desde el principio al vino puro, de lo cual pereció; y de los de nuestro tiempo, a Régulo el pancraciasta. Pues al invitarlo Tito César al baño al amanecer, llegó y se bañó con él, y habiendo bebido una vez, según dicen, le sobrevino una apoplejía y murió inmediatamente. Glauco nos proponía esto entre risas como cosas de pedagogos; de las otras cosas no estaba muy dispuesto a oír, ni nosotros a contárselas a él. Tú, en cambio, examina cada una de las cosas dichas.
6
ZEUXIPO: Primero, Sócrates, al exhortar a guardarse de los alimentos que persuaden a comer sin tener hambre, y de las bebidas que persuaden a beber sin tener sed, no prohibió simplemente usar estas cosas, sino que enseñaba a usarlas cuando se necesitan y a clasificar lo agradable de ellas en lo necesario, como los que hacen de los espectáculos algo militar en las ciudades. Pues lo agradable es propio de la naturaleza mientras sea parte de lo que nutre, y hay que disfrutar de lo agradable teniendo aún hambre de lo necesario, pero no despertar privadamente otros apetitos estando libres de los comunes. Pues así como para Sócrates el baile no era un ejercicio desagradable, así a quien el pastel y el fruto seco le son cena y alimento, menos se daña; pero hay que guardarse sobre todo de arrebatar tales cosas cuando la naturaleza está moderada y llena. Y hay que guardarse de la afición al placer y la glotonería en esto no menos que de la falta de gusto y la ambición, pues también estas a menudo persuaden a comer sin tener hambre y a beber algunas cosas sin tener sed, sugiriendo fantasías totalmente innobles y vulgares, como:" es absurdo no disfrutar de algo raro y costoso estando presente", como ubres o setas italianas o pastel de Samos o nieve en Egipto. Pues estas cosas, sin duda, a menudo inducen a usar lo famoso y raro, como si fueran llevados por la grasa de la vana gloria y obligando al cuerpo a participar sin necesidad alguna, para poder contárselo a otros, envidiados por el disfrute de cosas tan difíciles de conseguir y extraordinarias. Y lo mismo sufren con mujeres famosas. Pues a veces descansan en paz con las propias, que son bellas y aman, pero habiendo pagado dinero a Friné o a Lais, despiertan y llaman al desenfreno hacia el placer, por vana gloria, incluso teniendo el cuerpo mal y perezoso para la unión. Friné misma, al menos, decía, ya mayor, que vendía el poso más caro por la fama.
7
ZEUXIPO: Es algo grande y maravilloso si, aceptando para el cuerpo solo los placeres que la naturaleza necesita, o mejor aún, si luchando contra la mayoría de ellos contra los apetitos, posponiéndolos y apenas tratando con los necesarios, o como dice Platón, cediendo incluso cuando muerde y tensa, los dejamos inofensivos. Pero no hay forma de que los deseos que descienden del alma al cuerpo y lo fuerzan a servir a las pasiones de aquella y a levantarse junto con ellas no dejen daños muy fuertes y grandes sobre placeres débiles y oscuros. Y de ninguna manera debe el cuerpo ser movido hacia placeres por deseo del alma; pues el principio ocurre contra la naturaleza. Y así como los tocamientos de las axilas no proporcionan a la mente una risa propia, ni suave, ni benévola, sino parecida a un espasmo y difícil, así, a su vez, todos los placeres que el cuerpo tiene al ser pinchado y turbado por el alma son extáticos, perturbadores y ajenos a su naturaleza. Cuando, pues, se presente alguno de los disfrutes raros o famosos, hay que ambicionar más las abstinencias que los disfrutes, recordando que, como decía Simónides, nunca se arrepintió de haber callado, pero sí muchas veces de haber hablado, así a nosotros nunca nos pesó haber rechazado un condimento ni haber bebido agua en lugar de Falerno. Pero, al contrario, no solo no hay que forzar a la naturaleza, sino que, incluso si al necesitarlo se ofrece algo de tales cosas, hay que apartar el apetito hacia lo sencillo y habitual por costumbre y ejercicio. Pues si hay que cometer injusticia, dice el tebano, no hablando correctamente, es mejor cometerla por la tiranía; nosotros, en cambio, decimos que, si hay que ambicionar algo, es mejor hacerlo por la templanza en favor de la salud. No obstante, también la pequeñez y la tacañería obligan a algunos, reprimiendo y extenuando los deseos en casa, a hartarse y disfrutar de los costosos en casa de otros, como si se aprovisionaran sin medida desde territorio enemigo; luego se van mal dispuestos, teniendo como provisión para el día siguiente la indigestión de la glotonería. Crates, pues, creyendo que por el lujo y la extravagancia no menos se arraigan las sediciones y las tiranías en las ciudades, aconsejaba bromeando:" no aumentes el plato antes de las lentejas para no arrojarnos a la sedición"; y que cada uno se exhorte a sí mismo a no aumentar el plato antes de las lentejas ni a pasar en absoluto del berro y la aceituna al pastel y al pescado para no arrojar al cuerpo a la sedición, a las perturbaciones y a las diarreas por la hartura. Pues lo sencillo domina el apetito dentro de las medidas naturales, mientras que las artes de los cocineros y creadores y esos astutos condimentos y salsas, según el cómico, siempre trasladan los límites del placer hacia adelante y alteran lo conveniente. Y no sé de qué manera, mientras nosotros aborrecemos y nos disgustamos de las mujeres que traman filtros y hechizos contra los hombres, dejamos que los alimentos y condimentos casi encanten y envenenen a los asalariados y esclavos. Si, pues, parece más amargo lo dicho por Arcesilao contra los adúlteros y desenfrenados, que no hay diferencia entre ser un cinaedo por detrás o por delante, no es inapropiado para los sujetos. Pues,¿ qué diferencia hay, en verdad, entre aplicar satíricos para mover y excitar al desenfrenado hacia los placeres, o acostumbrar al gusto con olores y salsas a necesitar siempre, como los que tienen sarna, picores y cosquilleos?
8
ZEUXIPO: En otro momento, pues, habrá que hablar quizás sobre los placeres, mostrando lo bello y solemne que es la templanza por sí misma; pero el discurso actual es sobre muchos y grandes placeres. Pues ni acciones, ni esperanzas, ni viajes, ni ocupaciones nos quitan y destruyen tantos placeres como las enfermedades. De ahí que no convenga en absoluto despreciar la salud a quienes más persiguen el placer. Pues las enfermedades proporcionan a muchos filosofar y, por Zeus, dirigir ejércitos y reinar, pero los placeres corporales y algunos disfrutes ni siquiera tienen origen en la enfermedad, y los que lo tienen, traen un poco de lo propio y no puro, sino mezclado con mucho de lo ajeno y magullado como tras una tempestad y un invierno. Pues no está Cipris en las harturas, sino más bien en la calma y serenidad de la carne, y Cipris termina en placer, y el comer y el beber; la salud, en cambio, da a los placeres, como la calma a los alción, un origen y un parto seguro y bello. Pues elegantemente parece haber dicho Pródico que el mejor de los condimentos es el fuego; pero más verdaderamente diría uno que la salud es el condimento más divino y agradable; pues los alimentos cocidos, asados y digeridos no devuelven ninguna alegría ni gracia a los enfermos, a los que tienen resaca o náuseas, mientras que un apetito puro y sincero hace que todo sea agradable y apetecible para el cuerpo sano, como dijo Homero, y conveniente.
9
ZEUXIPO: Y puesto que, como decía Demades que los atenienses, siendo guerreros inoportunamente, nunca votaban la paz sin vestidos negros, así nosotros nunca recordamos una dieta sencilla y sobria sin quemaduras y cataplasmas, y al encontrarnos en esto presionamos mucho las faltas, oponiéndonos a la memoria y, como la mayoría, culpando ahora a los aires, ahora a las tierras como enfermizas, eliminando de la causa la incontinencia y la afición al placer, como Lisímaco, atrapado por la sed entre los getas y habiéndose entregado con el ejército, luego al beber agua fría dijo:"¡ Oh dioses, por qué pequeño placer perdimos una gran felicidad!", así hay que referir en las enfermedades a nosotros mismos que por beber agua fría, o por un baño inoportuno, o por una compañía, destruimos muchos de nuestros placeres y perdimos bellas acciones y ocupaciones agradables. Pues el mordisco que proviene de tales reflexiones ensangrenta la memoria, de modo que, como una cicatriz que permanece en la salud, nos hace más cautelosos con la dieta; pues el cuerpo sano por naturaleza no tiene grandes deseos, ni desobedientes, ni inusuales, ni difíciles de forzar, sino que hay que tener confianza ante los apetitos que se desbordan y saltan sobre los disfrutes, como si tuvieran algo ligero e infantil en el quejarse y lloriquear, y luego cesan al levantarse la mesa sin acusar ni ser injustos, sino al contrario, esperando el mañana limpios, alegres y no pesados ni con náuseas. Como, sin duda, dijo Timoteo tras haber cenado el día anterior en la Academia con Platón una cena musical y sencilla, que los que cenaron con Platón también están agradables para el día siguiente. Se dice también que Alejandro, al despedir a los cocineros de Ada, dijo que siempre tiene mejores consigo, para el almuerzo el caminar nocturno, y para la cena la poca comida.
10
ZEUXIPO: No ignoro que los hombres tienen fiebre también por fatigas, por quemaduras y por enfriamientos. Pero así como los olores de las flores son débiles por sí mismos, pero mezclados con aceite adquieren fuerza y tono, así a las causas y principios externos les proporciona como esencia y cuerpo la abundancia subyacente. Sin esto, nada es difícil, sino que se desvanecen y se disuelven fácilmente, recibiendo la sangre fina y el espíritu puro el movimiento; pero en la abundancia y el residuo, como lodo que se agita, hace todo impuro, difícil y difícil de eliminar. Por eso no hay que hacer como los capitanes inexpertos que, por glotonería, cargan mucho y desde entonces siguen achicando y sacando el mar, cargando y pesando el cuerpo para luego volver a limpiar y lavar, sino mantenerlo ágil, para que, incluso si alguna vez es presionado, como un corcho, por su ligereza, se recupere.
11
ZEUXIPO: Sobre todo hay que prevenir en las pre- pasiones y pre- sensaciones. Pues no todas las enfermedades llegan en silencio según Hesíodo, ya que Zeus prudente quitó la voz, sino que la mayoría tiene como anunciadores, precursores y heraldos la indigestión y la dificultad de movimiento. Pesadeces y fatigas, dice Hipócrates, indican espontáneamente la enfermedad por abundancia, al parecer, al tener dentro tensión y obstrucción del espíritu que rodea los nervios. Pero, sin embargo, estando el cuerpo casi él mismo resistiéndose y arrastrándose hacia la camilla y el descanso, unos, por glotonería y afición al placer, se lanzan a los baños y se apresuran a las libaciones, como aprovisionándose para un asedio y temiendo que la fiebre los alcance sin almorzar, mientras que otros, más elegantes, no caen en esto, pero muy neciamente, avergonzándose de confesar la resaca o la indigestión y de pasar el día con ropa, al levantarse otros e ir al gimnasio y llamarlos, se desvisten y hacen lo mismo que los sanos. A la mayoría, una esperanza que tiene como defensora la incontinencia y la blandura, los persuade y los induce a ir levantándose temerariamente hacia la costumbre, como si fueran a expulsar el vino con vino y la resaca con resaca, y a disiparla. Contra esta esperanza, pues, hay que oponer la cautela de Catón, que dice aquel hombre que hay que hacer pequeñas las cosas grandes y eliminar por completo las pequeñas, y que es mejor soportar la carencia por vacío y el descanso que jugársela empujándose al baño y a la cena. Pues si hay algo, dañará no haberse guardado ni detenido; si no hay nada, no dañará haberse contraído con el cuerpo y haberse vuelto más limpio. Pero aquel infantil, que teme ser visto por los amigos y los criados estando mal por hartura o resaca, avergonzándose de confesar la indigestión hoy, mañana confesará catarro, fiebre o cólico; avergonzándose, llevarías muy mal la pobreza, pero mucho peor la indigestión, la pesadez y la hartura de un cuerpo arrastrado al baño como un barco podrido y que no estanca al mar. Pues, sin duda, algunos que navegan en invierno se avergüenzan de pasar el tiempo en la orilla; luego, al zarpar, están muy mal gritando y con náuseas; así, en sospecha y pre- pasión del cuerpo, considerando innoble pasar un día en la cama y no poner mesa, yacen muy mal muchos días siendo purgados, recibiendo cataplasmas y halagando a los médicos y tratándolos, pidiendo vino o agua fría, soportando hacer y decir muchas cosas absurdas e innobles por el dolor y el miedo. Y, ciertamente, a los que no se dominan por los placeres, sino que se inclinan o son llevados por los deseos, es bueno enseñarles y recordarles que los placeres toman la mayor parte del cuerpo.
12
ZEUXIPO: Y así como los lacedemonios, dando vinagre y sal al cocinero, le ordenan buscar lo demás en la víctima, así en el cuerpo lo mejor de los condimentos es lo que se ofrece, siempre que se ofrezca a uno sano y limpio. Pues dulce o costoso es cada una de estas cosas por fuera y por sí misma, pero agradable es por naturaleza en el que se alegra y junto con el que se alegra, estando conforme a la naturaleza; pero en los descontentos, los que tienen resaca y los que están mal dispuestos, todo pierde su gracia y su sazón. Por eso no hay que mirar si el pescado está fresco, ni si el pan está limpio, ni si el baño está caliente, ni si la cortesana es hermosa, sino a uno mismo, si no tiene náuseas, ni está turbio, ni rancio, ni alterado. Si no, como si unos juerguistas borrachos entraran en una casa de luto, no proporcionaron afecto ni placer, sino que causaron llantos y lamentos, así los placeres, los condimentos, los baños y el vino, mezclados en un cuerpo que está mal y contra la naturaleza con los que no están establecidos y están corrompidos, mueven y perturban la flema y la bilis y los descolocan, y no devuelven nada agradable de forma notable ni disfrutable, nada como esperábamos.
13
ZEUXIPO: La dieta, pues, muy precisa y dicha" con uña", hace al cuerpo totalmente miedoso y peligroso, y corta el orgullo del alma misma, que sospecha de toda acción y de toda ocupación, no menos en los placeres que en los trabajos, y no camina hacia nada temeraria y valientemente. Hay que, como una vela, no contraer el cuerpo estando en calma y presionarlo mucho, ni usarlo relajadamente y despreciarlo al estar en sospecha, sino ceder y hacerlo ligero como se ha dicho, y no esperar indigestiones y diarreas, ni calenturas ni entumecimientos, por los cuales algunos apenas, como por mensajeros o convocadores, estando la fiebre ya a las puertas, se contraen turbados, sino prevenir desde lejos antes del invierno, como cuando sopla el bóreas sobre el cabo marino.
14
ZEUXIPO: Pues es absurdo prestar atención cuidadosamente a los graznidos de los cuervos y a los cloqueos de las gallinas y a los cerdos que se enfurecen sobre la basura, como dijo Demócrito, tomándolos como señales de vientos y lluvias, y no prevenir ni guardarse de los movimientos, oleajes y pre- pasiones del cuerpo, ni tener señales en uno mismo de que se acerca y va a haber invierno. De ahí que no solo sobre la comida ni sobre los ejercicios hay que guardar el cuerpo para que no toque estas cosas de forma inusual, con desgana y sin entusiasmo, o, al contrario, esté sediento y hambriento como no es natural, sino también guardarse de que el sueño no sea continuo ni suave, sino que tenga irregularidades y sobresaltos, y de la extrañeza de los sueños, si las fantasías no son legales ni habituales, acusando abundancia o espesor de humores o perturbación de espíritu dentro. Y ya los movimientos del alma indican que el cuerpo está en peligro de enfermedad. Pues a menudo sobreviven desánimos y miedos irracionales sin nada evidente, apagando de repente las esperanzas; y se vuelven también coléricos, agudos y pequeños en sus penas con las iras, y lloran y se angustian cuando vapores malos y exhalaciones amargas se mezclan, como dice Platón, con los períodos del alma. Por eso hay que observar a quienes les ocurre esto y recordar que es una causa corporal que necesita de alguna supresión o mezcla.
15
ZEUXIPO: Es muy útil también, al visitar a los amigos enfermos, preguntar por las causas, no hablando sofísticamente ni curiosamente de objeciones, interrupciones y generalidades, ni exhibiendo la experiencia de nombres y letras médicas, sino escuchando no de pasada estas cosas vulgares y comunes, abundancia, insolación, fatiga, insomnio, sobre todo la dieta que usaba al tener fiebre. Luego, como Platón solía decir al irse ante las faltas ajenas:"¿ No seré yo acaso así?", así poner bien las cosas propias en las ajenas, y guardarse y recordar cómo no caer en las mismas ni él mismo, al caer en la cama, cantará deseando la preciada salud, sino que, sufriendo otro, señalará para sí mismo que vale mucho estar sano y que hay que conservar esto prestándose atención y ahorrándose. No es peor también examinar la propia dieta; pues si nos encontramos habiendo estado en bebidas y comidas o en algunas fatigas y otros desórdenes, y el cuerpo no da ninguna sospecha ni pre- sensación, aun así hay que guardarse y prevenir, estando de relaciones y fatigas con descanso y tranquilidad, y tras vino y compañía con beber agua, sobre todo habiendo usado alimentos pesados y carnosos o variados, comer poco y no dejar ninguna abundancia de residuo en el cuerpo. Pues estas mismas cosas por sí mismas son causa de muchas enfermedades, y añaden materia y fuerza a las otras causas. De ahí que se haya dicho muy bien que la falta de hartura de comida, la falta de pereza de fatigas y la conservación de la esencia del semen son lo más saludable; pues también la incontinencia en las relaciones, al disolver sobre todo la fuerza por la que se trabaja el alimento, produce más residuo y abundancia.
16
ZEUXIPO: Volviendo, pues, a retomar desde el principio sobre cada cosa, primero sobre los ejercicios que convienen a los amantes de las letras, decimos que, así como el que dijo que no hay que escribir sobre los dientes a los que viven junto al mar enseñó la necesidad, así también a los amantes de las letras diría uno que no hay que escribir sobre los ejercicios. Pues la necesidad diaria del discurso que se realiza a través de la voz es un ejercicio maravilloso no solo para la salud sino también para la fuerza, no de lucha ni que engorda y densifica lo externo como un edificio, sino que produce en las partes más vitales una fuerza interior y un tono verdadero. Que el espíritu da fuerza lo demuestran los aliptas, ordenando a los atletas resistir a los masajes y oponerse tensando siempre las partes del cuerpo que se moldean y palpan; la voz, siendo movimiento del espíritu, no superficialmente, sino fortaleciéndose como en fuentes alrededor de las entrañas, aumenta el calor y adelgaza la sangre, y limpia toda vena y abre toda arteria, y no permite que se produzca una constitución y coagulación de humedad residual como un sedimento en los vasos que reciben y procesan el alimento. Por eso hay que hacerse sobre todo habituales y compañeros de este ejercicio, hablando constantemente, y si hay alguna sospecha de que el cuerpo está más necesitado o más fatigado, leyendo y levantando la voz. Pues lo que es el balanceo para el ejercicio, eso es la lectura para la disertación, moviendo suavemente la voz como en un vehículo de un discurso ajeno y disipándola con suavidad. La disertación, en cambio, añade lucha y fuerza, poniéndose el alma junto con el cuerpo. Sin embargo, hay que guardarse de los gritos apasionados y espasmódicos; pues las proyecciones y tensiones irregulares del espíritu producen desgarros y espasmos. Tras haber leído o disertado, hay que usar un masaje aceitoso y cálido antes del paseo y ablandar la carne, haciendo, en la medida de lo posible, un contacto de las entrañas y suavizando y disipando el espíritu hasta las extremidades. Que la medida de la cantidad del masaje sea lo que es agradable a la sensación y no doloroso. Pues quien ha establecido así la perturbación profunda y la tensión del espíritu, usa el residuo sin dolor, y si alguna inoportunidad o necesidad impide el paseo, no hay problema; pues la naturaleza ha recuperado lo propio. De ahí que no haya que hacer navegación ni parada en una posada por pretexto de silencio, ni aunque todos se rían. Pues donde no es vergonzoso comer, tampoco es vergonzoso ejercitarse, sin duda; sino que es más vergonzoso temer y avergonzarse de marineros, arrieros y posaderos que se ríen no del que juega a la pelota y lucha contra la sombra, sino del que habla, si a la vez enseña, busca, aprende y recuerda ejercitándose. Pues Sócrates decía que para el que se mueve mediante el baile, una casa de siete lechos es suficiente para ejercitarse, y para el que se ejercita mediante el canto del discurso, un gimnasio suficiente y todo lugar, estando de pie o acostado, lo proporciona. Solo hay que guardarse de esto, de no tensar la voz más ásperamente sabiendo que tenemos hartura, lascivia o fatiga, lo que sufren muchos de los oradores y sofistas, unos por gloria y ambición, otros por salarios o competiciones políticas, siendo llevados a luchar contra lo conveniente. Nigro, el nuestro, siendo sofista en Galacia, resultó haber tragado una espina de pescado. Apareciendo otro sofista de fuera y declamando, temiendo dar la impresión de haber cedido, declamó estando la espina aún clavada; habiéndose producido una gran inflamación y dura, no soportando el dolor, aceptó una incisión profunda desde fuera. La espina, pues, fue extraída a través de la herida, pero la herida, al volverse difícil y reumática, lo mató. Pero esto, uno podría recordarlo después oportunamente.
17
ZEUXIPO. Por otra parte, utilizar baños fríos después del ejercicio es más una muestra de ostentación y juventud que algo saludable. Pues esa supuesta insensibilidad ante el exterior y dureza del cuerpo que parece producir, causa un mal mayor en el interior, al obstruir los poros, contraer los humores y congelar las exhalaciones que siempre buscan relajarse y disiparse. Además, quienes se bañan con agua fría se ven obligados a volver a esa dieta estricta y reglamentada que evitamos, cuidándose siempre de no transgredirla, pues cualquier error se paga caro de inmediato. En cambio, el baño caliente ofrece mucha indulgencia. No resta tanto vigor y fuerza como beneficia la salud, al proporcionar un entorno propicio para la digestión y suavidad; y para aquellos que escapan a la digestión, siempre que no permanezcan totalmente crudos y suspendidos, prepara disoluciones indoloras y suaviza los cansancios de forma imperceptible. Sin embargo, cuando la naturaleza ofrece una sensación de que el cuerpo está moderadamente dispuesto y en condiciones, debe dejarse de lado el baño. Es mejor el ungüento junto al fuego si el cuerpo necesita calor, pues así conserva su propia temperatura. El sol, por su parte, no permite usarlo ni más ni menos, sino según esté templado el aire. Esto es suficiente respecto a los ejercicios.
18
ZEUXIPO. Al llegar a la comida, si algo sirven los argumentos anteriores con los que seducimos y calmamos los apetitos, hay que aconsejar algo distinto a continuación; pero si, como si se hubieran soltado de unas cadenas, resulta difícil controlarse y luchar contra un estómago que no tiene oídos, como decía Catón, hay que ingeniárselas para hacer más ligera la cantidad mediante la calidad de los alimentos. Los alimentos sólidos y muy nutritivos, como las carnes, los quesos, los higos secos y los huevos cocidos, deben consumirse con precaución— pues es una tarea constante evitarlos—, y hay que centrarse en los ligeros y livianos, como la mayoría de las verduras, las aves y aquellos pescados que no son grasos. Pues consumiendo tales cosas se puede complacer a los apetitos sin presionar al cuerpo. Sobre todo, hay que temer las indigestiones causadas por las carnes; pues pesan mucho de inmediato y dejan un residuo perjudicial después. Lo mejor es acostumbrar al cuerpo a no necesitar comer carne; pues la tierra ofrece muchas cosas no solo abundantes para la nutrición, sino también para el bienestar y el disfrute, proporcionando algunas para consumirlas directamente sin complicaciones, y otras que, mezcladas y preparadas de diversas formas, resultan deliciosas. Pero dado que la costumbre se ha convertido en cierto modo en una segunda naturaleza, no se debe recurrir al consumo de carne para saciar el apetito, como lobos o leones, sino utilizarla como un apoyo y refuerzo de la alimentación, mezclándola con otros alimentos y guisos que son más naturales para el cuerpo y menos embotadores para la parte racional del alma, que se enciende a partir de una materia sencilla y ligera.
19
ZEUXIPO. De los líquidos, la leche no debe usarse como bebida, sino como alimento, pues posee una fuerza densa y muy nutritiva. Respecto al vino, hay que hablarle como Eurípides a Afrodita:« Sé amable conmigo, sé moderado, y no me abandones»; pues es la más útil de las bebidas, el más dulce de los remedios y el más agradable de los acompañamientos, si se logra la mezcla adecuada para el momento más que la adecuada para el agua. Y el agua, no solo la que se mezcla con el vino, sino también la que se bebe sola entre medias de lo mezclado, hace que la mezcla sea menos dañina. Por tanto, hay que acostumbrarse en la dieta diaria a beber también dos o tres vasos de agua, haciendo más suave la fuerza del vino y habituando al cuerpo a la ingestión de agua, para que, cuando sea necesario, no se sienta extraño ni la rechace. Pues sucede que algunos se inclinan más hacia el vino cuando más necesitan beber agua. En efecto, tras haberse expuesto al sol, tras haber sentido frío, tras haber hablado con vehemencia o reflexionado con intensidad, y en general después de los esfuerzos y las luchas, creen que deben beber vino como si la naturaleza exigiera un bienestar para el cuerpo y un cambio tras las fatigas. Pero la naturaleza no exige bienestar— si es que alguien llama bienestar al placer—, sino que exige un cambio que sitúe al cuerpo en el punto medio entre el placer y el esfuerzo. Por eso, en estos casos hay que reducir la comida y eliminar el vino por completo o tomarlo muy diluido, intercalándolo y diluyéndolo con agua. Pues, al ser punzante y agudo, intensifica las perturbaciones del cuerpo, y hace más ásperas y exacerba las partes golpeadas que necesitan consuelo y suavidad, que es lo que el agua proporciona principalmente. Pues incluso si no tenemos sed, si bebemos agua caliente después de los esfuerzos, las tensiones y los calores,¿ no sentimos una relajación y suavidad en nuestro interior? La humedad del agua es suave y no pulsa, mientras que la del vino tiene un gran ímpetu y una fuerza que no es benévola ni humana con las afecciones recientes. Y si alguien teme las asperezas y amarguras que algunos dicen que la falta de comida genera en el cuerpo, o si, como los niños, considera terrible no tener la mesa puesta antes de tener fiebre por sospecha, la ingestión de agua es un término medio armonioso. Pues a menudo sacrificamos libaciones sin vino al propio Dioniso, acostumbrándonos bien a no buscar siempre el vino puro. Minos incluso eliminó la flauta y la corona del sacrificio por tristeza. Y sin embargo, sabemos que un alma triste no sufre ni por coronas ni por flautas; pero no hay cuerpo tan fuerte que, estando perturbado e inflamado, el vino no le haya hecho daño al caer sobre él.
20
ZEUXIPO. Dicen que los lidios, durante la hambruna, pasaban el día comiendo cada dos días, y luego jugaban a los dados; pero un hombre amante de las letras y de las musas, en un momento que requiere una cena más lenta, no deja que su estómago saquee un diagrama, un pequeño libro o una lira que tenga a mano, sino que, desviando y trasladando continuamente su pensamiento de la mesa hacia estas cosas, ahuyentará a las arpías de los apetitos con las Musas. Pues si el escita, cuando bebe, a menudo toca su arco y pulsa la cuerda, llamando a su espíritu que se relaja por la embriaguez,¿ temerá un hombre griego a quienes se ríen de él, cuando con letras y libros libera suavemente y relaja un deseo irrazonable e implacable? Pues de los jóvenes en Menandro, que son acechados durante la bebida por el proxeneta que introduce cortesanas bellas y costosas, cada uno, como dice,« inclinado sobre sí mismo, masticaba los dulces, guardándose y temiendo mirar»; pero los amantes de las letras tienen muchas y bellas y dulces visiones y distracciones, si es que de otro modo no pueden contener lo cínico y bestial de los apetitos cuando la mesa está servida. Y las voces de los que se ungen y los discursos de los maestros de gimnasia que dicen cada vez que filosofar durante la cena corrompe la alimentación y pesa en la cabeza, eso hay que temerlo cuando estemos a punto de analizar al indio o discutir sobre el argumento dominante durante la cena. Pues dicen que el corazón de la palmera, siendo dulce, es de los que causan fuertes dolores de cabeza; y la dialéctica como postre en la cena no es dulce en absoluto, pero es fuertemente causante de dolor de cabeza y cansancio. Y si no nos dejan buscar otra cosa que filosofar o leer durante la cena, de entre las cosas que en lo bello y útil tienen una parte atractiva por el placer y dulce, les pediremos que no molesten, sino que se vayan a discutir estas cosas al xisto y a las palestras con los atletas, a quienes, apartándolos de los libros y acostumbrándolos siempre a pasar el día entre bromas y bufonadas, como decía el elegante Aristón, los han hecho grasientos y pétreos como las columnas del gimnasio. Nosotros mismos, obedeciendo a los médicos, aconsejamos tomar siempre un término medio entre la cena y el sueño y no, tras haber amontonado los alimentos en el cuerpo y haber oprimido el aliento, cargar la digestión inmediatamente con la comida cruda y hirviente, sino proporcionar un respiro y relajación, tal como los que consideran necesario mover los cuerpos después de la cena no lo hacen con carreras ni pancracio, sino con paseos suaves y danzas armoniosas; así también nosotros pensaremos que es necesario llevar las almas después de la cena sin asuntos, ni preocupaciones, ni combates sofísticos que terminen en una rivalidad ostentosa o competitiva. Sino que hay muchos problemas físicos ligeros y plausibles, y muchos que tienen reflexiones éticas y esto, en efecto, es lo que agrada al ánimo, como dijo Homero, y no es contradictorio. Algunos llamaron, no sin agrado, a las ocupaciones en las investigaciones históricas y poéticas« segundos platos» para hombres amantes de las letras y de las musas. Y hay narraciones indoloras y mitologías, y escuchar algo sobre la flauta y la lira y hablar de ello es más ligero que escuchar a la lira misma sonando y a la flauta. La medida del momento es cuando la comida se asienta suavemente y, al respirar conjuntamente, la digestión se vuelve dueña y superior.
21
ZEUXIPO. Y dado que Aristóteles cree que el paseo después de cenar aviva el calor, mientras que el sueño, si duermen inmediatamente, lo sofoca, y otros creen que la quietud hace mejores las digestiones, mientras que el movimiento perturba las asimilaciones, y esto ha convencido a unos a pasear inmediatamente después de la cena y a otros a permanecer quietos, parecería que ambos se ocupan adecuadamente si quien calienta y contiene el cuerpo después de la cena, no deja que su pensamiento se hunda ni se quede ocioso inmediatamente, sino que, como se ha dicho, disipa ligeramente el aliento y lo vuelve sutil al hablar de algo y escuchar cosas agradables que no muerden ni pesan.
22
ZEUXIPO. Pero los vómitos y las purgas intestinales mediante fármacos, remedios inmundos para la saciedad, no deben provocarse sin gran necesidad, como hace la mayoría, que llena el cuerpo para vaciarlo y, a su vez, lo vacía para llenarlo contra la naturaleza, sufriendo no menos por las saciedades que por las carencias, o más bien, en general, considerando la saciedad como un obstáculo para el disfrute y la carencia como un espacio siempre preparado para los placeres. Pues lo perjudicial en esto es evidente; ya que ambos proporcionan perturbaciones y desgarros al cuerpo. Y un mal propio del vómito es que aumenta y alimenta la insaciabilidad; pues los hambres se vuelven, como los torrentes que son golpeados, ásperos y barrancosos, y arrastran la comida por la fuerza siempre rabiosos, no pareciéndose a apetitos que necesitan alimentos, sino a inflamaciones de fármacos y cataplasmas. De donde los placeres son agudos e incompletos y tienen mucho pulso y frenesí en los disfrutes que los atrapan, y les suceden tensiones y golpes de los poros y de los alientos, sin esperar las evacuaciones naturales, sino flotando sobre los cuerpos como barcos sobrecargados, que necesitan descarga de carga, no de excrementos. Y las perturbaciones en el vientre inferior mediante la farmacopea, al corromper y derretir lo subyacente, producen más excremento del que extraen. Por tanto, así como si alguien, agobiado por una multitud de habitantes en una ciudad, la llenara de árabes y escitas advenedizos, así algunos se equivocan totalmente al expulsar los excrementos habituales y naturales introduciendo desde fuera en el cuerpo algunos granos de Cnido y escamonea y otras fuerzas incompatibles y salvajes, que necesitan más purificación que la capacidad de purgar la naturaleza. Lo mejor, pues, es hacer que el cuerpo, mediante una dieta moderada y sensata, sea siempre autosuficiente y proporcionado respecto a las saciedades y evacuaciones; pero si alguna vez sobreviene la necesidad, los vómitos deben hacerse sin farmacopea ni curiosidad, sin perturbar nada, sino soltando sin complicaciones solo lo que es necesario para evitar la indigestión por el exceso. Pues así como las telas lavadas con detergentes y sustancias relajantes se desgastan más que las lavadas con agua, así los vómitos con fármacos dañan y corrompen el cuerpo. Y al estar el vientre obstruido, ningún fármaco es como algunos alimentos que, al dar disposiciones suaves y disolver suavemente, cuya experiencia es habitual para todos y su uso indoloro. Y si esto no obedece, hay que aceptar más días de ingestión de agua o ayuno o enema que farmacopeas perturbadoras y destructivas, a las que la mayoría se inclina fácilmente, como mujeres desenfrenadas que usan abortivos y destructivos para volver a llenarse y disfrutar.
23
ZEUXIPO. Pero a estos hay que dejarlos; los que, por el contrario, son demasiado precisos y, mediante ayunos críticos periódicos, enseñan erróneamente a la naturaleza que no lo necesita a necesitar una contracción y a hacer necesaria la sustracción innecesaria en un momento que exige una costumbre buscada. Pues es mejor utilizar tales castigos de forma libre para el cuerpo, sin que haya ninguna premonición ni sospecha, y tener la otra dieta, como se ha dicho, siempre obediente a los cambios que ocurren, no esclavizada ni atada a una sola forma de vida que se ha acostumbrado a ser llevada hacia ciertos momentos o números o periodos. Pues no es seguro, ni fácil, ni político, ni humano, sino parecido a la vida de una ostra o de un tronco, este inmutable y forzado estado en las comidas, abstinencias, movimientos y quietudes, al establecerse a sí mismos en una vida sombría, ociosa, monótona, sin amigos y sin gloria, muy lejos de la vida política y contrayéndose, al menos según mi opinión.
24
ZEUXIPO. Pues la salud no es un premio a la ociosidad y a la falta de acción, que son, en efecto, los mayores males que acompañan a las enfermedades, y no se diferencia en nada de quien guarda los ojos sin mirar y la voz sin hablar, el que cree salvar la salud mediante la inutilidad y la quietud; pues nadie podría usar su salud para nada mejor que para muchas acciones humanas, como tú dices. Por tanto, no debe considerarse que la ociosidad sea saludable, si destruye el fin de la salud, y ni siquiera es verdad que quienes llevan una vida tranquila gocen de mejor salud; pues ni Jenócrates gozaba de mejor salud que Foción, ni Teofrasto que Demetrio, y a Epicuro y a los que rodeaban a Epicuro no les sirvió de nada para la celebrada estabilidad del cuerpo la huida de toda ambición de acción. Sino que también con otros cuidados debe salvarse para el cuerpo el estado natural, ya que toda vida admite tanto la enfermedad como la salud. Sin embargo, también a los políticos hay que aconsejarles lo contrario de lo que Platón aconsejaba a los jóvenes. Aquel, al terminar la lección, solía decir:« Vamos, ved cómo vais a emplear bien el ocio, muchachos»; nosotros, en cambio, aconsejaríamos a los que se dedican a la política que utilicen los esfuerzos para cosas bellas y necesarias, no extendiendo el cuerpo por cosas pequeñas ni triviales, como la mayoría que sufre por cosas fortuitas, desgastándose con insomnios, vagabundeos y carreras hacia nada útil ni elegante, sino injuriando a otros, envidiando, compitiendo o persiguiendo glorias estériles y vacías. Pues creo que Demócrito dijo especialmente a estos que, si el cuerpo demandara al alma por maltrato, no se libraría. Pues quizás también Teofrasto dijo algo verdadero al decir, en metáfora, que el alma paga un gran alquiler al cuerpo. Sin embargo, el cuerpo disfruta de más males que el alma cuando no se usa según la razón ni se cuida como corresponde; pues cuando se encuentra en sus propias afecciones, luchas y afanes, descuida el cuerpo. Jasón, por su parte, no sé qué le pasó al decir que había que cometer pequeñas injusticias para realizar grandes actos justos; nosotros, en cambio, aconsejaríamos razonablemente al político que sea perezoso en las cosas pequeñas, que descanse y se tome un respiro en ellas, si quiere no tener el cuerpo agotado, embotado o desfalleciente para las acciones bellas y grandes, sino cuidado como en un dique seco durante el ocio, para que de nuevo, cuando el alma lo lleve a las necesidades, corra como un potro sin domar junto al caballo.
25
ZEUXIPO. Por eso, cuando las circunstancias lo permitan, hay que recuperarse sin escatimar al cuerpo ni sueño, ni almuerzo, ni el descanso que guarda el límite medio entre el disfrute y el sufrimiento, límite que la mayoría no guarda y desgasta el cuerpo con los cambios como al hierro que se templa, cuando se tensa y se presiona fuertemente con los esfuerzos, para luego derretirse y disolverse sin medida en los placeres, y luego, de nuevo, tras los placeres y el vino, ser conducido, disuelto y blando, al ágora, a la corte o a algún asunto que requiere una diligencia ardiente y tensa. Heráclito, al sufrir de hidropesía, ordenó al médico que hiciera una sequía tras la lluvia; pero la mayoría se equivoca totalmente cuando, al encontrarse en fatigas, esfuerzos y carencias, entrega los cuerpos para que se humedezcan y se derritan sobre todo con los placeres, y luego, tras los placeres, como si se volvieran atrás, los tensan. Pues la naturaleza no busca tal compensación del cuerpo. Sino que el alma desenfrenada y servil, tras los esfuerzos, como los marineros, es llevada por la insolencia hacia los placeres y disfrutes y, tras los placeres, de nuevo empujada hacia trabajos y ganancias, no deja que la naturaleza alcance el estado y la calma que más necesita, sino que la desplaza y perturba debido a la irregularidad. Los que tienen juicio, en cambio, no ofrecen placeres a un cuerpo que sufre; pues no los necesitan en absoluto ni se acuerdan de tales cosas, teniendo el pensamiento puesto en la belleza de la acción, y al alegrarse el alma o al estar ocupada, oscurecen los otros deseos. Pues lo que dicen que dijo Epaminondas en broma, habiendo muerto un hombre bueno de enfermedad durante los asuntos de Leuctra:«¡ Por Heracles, qué ocio tuvo el hombre para morir en medio de tantos asuntos!», esto es lo que realmente se puede decir de un hombre que tiene entre manos una acción política o una reflexión filosófica;¿ qué ocio tiene este hombre ahora para volar, emborracharse o ser lascivo? Al volver de las acciones, en la quietud, depositan el cuerpo y lo hacen descansar, guardándose y huyendo de los esfuerzos inútiles y, aún más, de los placeres innecesarios como enemigos de la naturaleza.
26
ZEUXIPO. Escuché a Tiberio César decir una vez que un hombre que ha superado los sesenta años y tiende la mano a un médico es ridículo. A mí me parece que esto se dijo con demasiada arrogancia, pero que lo otro es verdad: que cada uno no debe ser ignorante de la peculiaridad de sus pulsos— pues muchas son las diferencias en cada uno—, ni ignorar la complexión que tiene el cuerpo de calor y sequedad, ni aquello con lo que, al usarlo, es natural que se beneficie o se perjudique. Pues es insensible a sí mismo y vive ciego y sordo en el cuerpo quien aprende estas cosas de otro y pregunta al médico si goza de mejor salud en verano o en invierno, y si acepta más fácilmente los líquidos o los secos, y si tiene el pulso naturalmente denso o ralo; pues es útil saber tales cosas y fácil, siempre que se prueben y se conviva con ellas. De las comidas y bebidas, conviene conocer las útiles más que las agradables, y ser más experto en las que sientan bien al estómago que en las que son sabrosas, y en las que no perturban la digestión más que en las que cosquillean fuertemente el gusto. Pues preguntar al médico qué es difícil de digerir o fácil de digerir para uno mismo y qué es estreñimiento o laxante no es menos vergonzoso que preguntar qué es dulce, qué es amargo y qué es astringente. Pero ahora corrigen a los cocineros, percibiendo con experiencia dónde hay más dulce de lo debido, o salado, o astringente; ellos mismos, en cambio, ignoran qué, mezclado con el cuerpo, será ligero, indoloro y útil. De donde el aderezo del caldo no suele fallarles, pero al aderezarse a sí mismos de forma vil y mala todos los días, proporcionan muchos problemas a los médicos. Pues no consideran que el caldo más dulce sea el mejor, sino que mezclan también cosas amargas y picantes; pero en el cuerpo introducen muchos y excesivos placeres, ignorando unas cosas y no recordando otras, que la naturaleza añade un placer indoloro y sin arrepentimiento a las cosas saludables y útiles. Pero también hay que recordar esto, lo que es connatural y adecuado al cuerpo, y lo contrario en los cambios según la estación y en las otras circunstancias, sabiendo adaptar adecuadamente la dieta a cada uno.
27
ZEUXIPO. Pues todos los contratiempos de mezquindad y servilismo que la mayoría toma respecto a la recolección de frutos y los cuidados penosos, comprobando con insomnios y carreras lo podrido y oculto del cuerpo, no es digno de temer que les ocurra a hombres amantes de las letras y políticos, ante quienes se ha planteado nuestro discurso; sino que hay que guardar otra mezquindad más aguda en letras y estudios, por la cual se ven obligados a descuidar y desatender el cuerpo, muchas veces desfalleciendo, no cediendo, sino forzándose a competir y terminar junto a lo mortal con lo inmortal y lo nacido de la tierra con lo olímpico. Luego, como decía el buey a la camella, su compañera de esclavitud, que no quería aliviar la carga,« también a mí y a todo esto llevarás después de poco», lo cual sucedió cuando él murió, así le sucede al alma: al no querer relajar y soltar un poco cuando el cuerpo sufre y lo necesita, después de poco, al sobrevenir una fiebre o un mareo, al abandonar los libros, los discursos y las lecciones, se ve obligada a enfermar y sufrir junto con él. Correctamente, pues, Platón aconsejó no mover el cuerpo sin el alma ni el alma sin el cuerpo, sino guardar una especie de equilibrio de yunta, porque el cuerpo ayuda y sufre junto con el alma, rindiéndole el mayor cuidado y tratamiento, y considerando que la bella y amable salud es lo más bello de los bienes que da, al dar lo que es libre de obstáculos para la adquisición de la virtud y su uso tanto en discursos como en acciones.

Intertext edge

Open linked passage

Note