Apotheosis
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Original: Perseus Lat2
Hymnus de trinitate Est tria summa Deus, trinum specimen, vigor unus. corde Patris genita est Sapientia, Filius ipse est; Sanctus ab aeterno subsistit Spiritus ore. tempore nec senior Pater est, nec numine maior, nam sapiens retro semper Deus edidit ex se, per quod semper erat, gignenda ad saecula verbum, edere sed verbum Patris est, at cetera verbi, adsumptum gestare hominem, reparare peremptum, conciliare Patri, dextraque in sede locare. Spiritus ista Dei conplet, Deus ipse: fideles in populos charisma suum diffundere promptus, et patris et Christi virtutem in corpora transfert.
Spanish Gemini
1
Himno sobre la Trinidad. Dios es tres en lo supremo, una esencia trina, un solo vigor. La Sabiduría fue engendrada del corazón del Padre, es el mismo Hijo; el Espíritu Santo subsiste desde la eternidad de la boca del Padre. El Padre no es anterior en el tiempo ni mayor en divinidad, pues Dios, sabio desde siempre, engendró de sí mismo, por quien siempre existía, el Verbo destinado a las edades; pero es propio del Padre engendrar al Verbo, mientras que es propio del Verbo asumir al hombre, reparar al perdido, reconciliarlo con el Padre y colocarlo a la diestra en el trono. El Espíritu de Dios completa esto, siendo él mismo Dios: pronto a difundir su carisma entre los pueblos fieles, transfiere a los cuerpos la virtud tanto del Padre como de Cristo.
2
Prefacio.¿ Es esta la verdadera secta? Te consulto, Maestro:¿ observamos la fe correcta?¿ O acaso no nos guardamos de los dogmas viperinos y, sin saberlo, nos deslizamos? Es difícil distinguir el estrecho camino de la salvación entre senderos tortuosos; tantos son los cruces de los pérfidos, pulidos por errores, que se entrelazan en desvíos oblicuos con órbitas tejidas aquí y allá. Si alguien, errante y vagabundo, sigue estos caminos, abandonando la senda recta, caerá de bruces en la fosa de un hoyo oculto, que cavó la mano hostil, la mano de los ladrones que acecha a los viajeros que siguen un camino desviado.¿ Qué no tramará la libido de la mente humana?¿ Qué no picará de los males? Desafían el estado del Dios omnipotente con disputas calumniosas, diseccionan la fe con minuciosas ambigüedades, según quien sea más perverso en su lengua; desatan y atan los nudos de las cuestiones mediante silogismos retorcidos.¡ Ay de las astucias capciosas de los sofistas!¡ Ay de la astucia versátil! La regla recta rompe los nudos tenaces, siendo hostil a los que discuten. Por eso Dios eligió a los necios del mundo, para que la sofística se derrumbe, y de los débiles subyugó a los fuertes, para que el creer fuera sencillo. He aquí la piedra fijada en nuestro tropiezo, en la cual choca la vanidad; es señal para quien se guarda, escándalo para quien no se guarda: a uno lo derriba, al otro lo dirige, mientras el ciego, al intentar más cosas con paso incierto, incurre en lo que tiene delante. Solo la antorcha de la fe debe anteponerse a los pasos, para que las huellas sean rectas. Sin embargo,¿ qué enemigo golpea, arrastra y pisotea a los que vagan en las tinieblas, que devora salvajemente el grano esparcido en el camino mismo de los caminantes, que interpola los alegres cultivos de Cristo añadiendo cizaña rival? El colono permite que estas, fértiles por la leche del veneno, crezcan en hierba, no sea que, al arrancar la fibra vana, destruya también el tallo espigado. Espera, pues, a que la madurez engañosa y la del trigo hiervan, para dar al bieldo lo que ha sido seleccionado para los graneros y quemar el desecho en el fuego; pero es importante conocer las semillas de la cizaña que matan la cosecha.
3
Son muchas las cosas, pero diré pocas, para que los dogmas terribles de relatar no manchen la lengua católica mal expuesta. Aquel, expulsando al Padre del trono, lo empuja al estrecho habitáculo del cuerpo humano, y no teme exponerlo a la muerte y fijarlo en el duro madero.¿ Es Dios pasible? Cuya especie e imagen nunca fue vista por nadie: pues no es fácil que esa majestad sea comprendida ni por el sentido, ni por los ojos, ni por la mano. La célebre sentencia del gran Juan está presente, nunca testificada que Dios haya podido ser visto. Aquel Padre, a quien ninguna mirada violenta penetró con el filo de una visión ardiente desde lejos, que no se revistió con la forma de hombre, y no templa la inmensidad de la Deidad con la boca o el modo asumido. O bien la piedad del libro evangélico debe ser despreciada ya por ti, blasfemo, o nunca fue vista la visión intacta del Padre bienaventurado, no mezclable con lo caduco. Pero, sin embargo, también hay una especie del Padre que es lícito ver, pronta a encontrarse alguna vez con los ojos humanos, a la cual, aunque la intuición embotada pudo acercarse nublada con un espejo glauco y una mirada húmeda, cualquiera de los hombres que se recuerda haber visto a Dios, vio al Hijo infundido por él; pues el Hijo es esto, lo que, brillando desde el Padre, se prestó a ser inspeccionado a través de especies que el hombre pueda comprender con la vista. Pues la mera majestad es infinita, y no entra en la mirada, a menos que se modere con alguna forma. Esto vio Abram, príncipe de noble linaje, huésped humano, cuando ya entonces Cristo se dignó visitar las tierras, habiendo irradiado la divinidad en una figura triple. Esto trataron los brazos de Jacob al luchar; el mismo dador de la ley divina, mandado a acercarse de frente, quien estuvo cara a cara con la amistad conferida y unió palabras en sagrados coloquios, sintió que veía a Cristo en la efigie de carne. Pero, buscando cosas mayores, tendió su ánimo a través de votos no concedidos al hombre, esforzándose más que lo mortal por ver a Cristo sin cuerpo, tal como era. Finalmente, después de los mutuos intercambios de muchas palabras, y después de la visión del presente Ser y sus largas compañías, dijo:' Te ruego que me sea lícito ahora, Dios óptimo, conocerte'. Respondió el Señor:' No te daré a ti, sino a los justos, ver mis espaldas'.¿ Qué más claro, que el Verbo no puede ser visto sin asumir una cara ajena, pero que puede serlo, cuando él quiere, el mismo que nunca, habiendo sido visto el Padre por ojos terrenales, se muestra en nuestro hábito, y a menudo moderado, inducido en especies angélicas o mortales, para que pueda ser visto bajo una imagen? Este es el Verbo que, vibrado por la boca benigna del Padre, asumió una forma frágil del cuerpo virginal. De ahí que la figura del hombre, no puesta aún bajo la carne de Moisés, hubiera señalado la efigie de nuestra cara, porque cuando Dios, forzado por la virtud del Verbo, iba a asumir un cuerpo, devolvía la misma cara. Pero, sin embargo, también se vio la zarza excitada por la llama a arder. Dios revoloteaba entre las espinas agudas, y el fuego inofensivo agitaba las cabelleras vulnerantes, para que fuera ejemplo de que Dios iba a deslizarse en los miembros espinosos, que los crímenes tejen con densas estacas y los pecados llenan erizados de malos dolores. Pues el arbusto vicioso, en un tronco inculto, había comenzado a derramar lujo con ramas inicuas en jugo deshonesto y ataba nudos a través de agudas puntas. Era posible ver las hojas estériles brillar de repente, y, encendidas las hojas, ver a Dios resplandecer ampliamente con gran ímpetu, sin dañar los tejidos espinosos, lamer los frutos sangrientos y las manzanas ensangrentadas, estrechar las vitales semillas del madero mortífero, puesto que las tristes culpas son purgadas con la sangre que la zarza retorcida produce con densos tormentos. Por tanto, nada fue visto sino lo que debía ser visto bajo la carne, luz imagen de Dios, Verbo Dios y Dios fuego, que llena el pecado espinoso de nuestro cuerpo; pues el progenitor de la luz, el sembrador del Verbo, autor y fuego, es creído fuera de los ojos, como enseña el apóstol autor, quien niega que la fuente de la Deidad sea accesible a la intuición:' Creedme, nadie ha visto a Dios, creedme, nadie'. Dios es visible desde la fuente, no la fuente misma de Dios es visible; puede ser visto el que nace, pero no puede ser visto el que no es nacido: se oculta ese rostro del Padre de donde Dios, que se prestó visible alguna vez, formando en sí mismo algo tal como lo que siguió la pasión, que reclama el cuerpo para sí; pues ardua es la fuerza impasible, puesto que la naturaleza del fuego superior no sabe descender a penas horribles, ni acepta ser atormentada por angustias humanas, pura, serena, brillante, libre de movimiento líquido, y no sometida a nadie, como dominadora de las cosas, a quien no hay principio desde el tiempo, sino que sobre todo tiempo y antes del día está la majestad con el Padre supremo, es más, el ánimo del Padre y la razón, vía de los consejos, que no hecha por mano ni creada por la voz del que manda, produjo el imperio eructado desde el profundo paterno; a esta, pues, no la cortan los azotes, no la rocían esputos con salivas, no la molesta la palma con bofetadas repetidas, ni las heridas de los clavos la agitan perforada en la cruz; esta carne es la del hombre, que la mujer embarazada dio a luz bajo la ley del útero, sin la ley del marido. Aquel sufre hambre, bebe hiel y sorbe vinagre, aquel teme la cara de la muerte, aquel tiembla ante el dolor. Decid, doctores sacrílegos, que contendéis que el trono fue dejado desierto por el Padre supremo en aquel tiempo en que Dios se deslizó en los miembros frágiles:¿ por tanto, el Padre sufrió?¿ Qué no se atrevería el mal error?¿ Él mismo, concebido de sangre virginal, creció?¿ Él mismo distendió el vientre de la virgen pudorosa?¿ Y ya es falsa la página del libro divino que habla de que el Verbo fluyó en la figura de la carne? Pero no, el que es Padre del Verbo no es tenido por hecho carne. Fija tu paso, Escritura; nada móvil y dudoso es decoroso haber afirmado: el Padre es a quien no es lícito a nadie ver; el Padre es quien nunca fue visto en el mundo, ni brilló ante los ojos entre las luces mundanas. Envió al Verbo conspicuo, y recibió al enviado cuando quiso: con el Verbo apretó las entrañas de la virgen pura, y con el Verbo construyó los miembros pueriles; él mismo, ciertamente, presente en las tierras con virtud y divinidad, está siempre presente en cualquier lugar, y ninguna parte falta de la majestad del Padre; en ninguna parte está ausente el Dios progenitor, sino que siempre está presente a través del Verbo; y de ahí Cristo dice a Felipe:' Tanto tiempo estoy ya contigo,¿ y niegas conocer al Padre, a quien percibes en mí?'. Es don del Padre invisible dar a luz al Hijo visible, a través de quien el Padre mismo pueda ser visto, no solo a los ojos de los santos, sino a los ciegos privados de luz; hablo de los ciegos, cuya negra desidia no sabe ponderar la verdad en el corazón oscuro, a quien si niegas que sea claro para los mortales, habla, pues, a quién ve el tirano desde la torre de Babilonia paseando lejos entre llamas inocuas, pisando los fuegos rápidos con los hermanos no quemados; ciertamente dice:' Oh nobles,¿ tres hombres aceptaron las vastas hogueras en los hornos jadeantes? He aquí, uno añadido atraviesa riendo los fuegos vaporíferos. Ese es el Hijo de Dios; y confieso y, vencido, adoro. Retirad las antorchas burladas, y sustraed las teas tibias; se enfría el ardor del azufre encendido. El Hijo( no hay duda) hace estos milagros de las cosas, a quien veo, Dios mismo, certísima prole de Dios, manda a los inmensos ardores y doma las iras, insultando a la pira servil, y comprime los furores pecosos y obliga a enfriarse la rabia de las llamas; la aura cálida, mandada a no tocar los senos bárbaros, pasa de largo y atraviesa silbando los tenues vestidos; el mismo vapor teme ir a través de las tiaras asirias, no sea que el cabello suelto sobre los hombros se ensucie con humo amargo'. Dice esto, y ordena callar los varios cantos, órganos, sambucas, cítaras, cañas y trompetas. La estúpida superstición calló, la voz festiva descansó, que celebraba mal el oro de la imagen conspicua. Los cánticos de los hombres santos resuenan ya solos, alabando con triple concierto al rey del cielo, que hizo el mar, que hizo las tierras, que hizo las lúcidas estrellas, y cubrió a sus alumnos seguros en medio de los fuegos. Siempre el Verbo del Padre omnipotente desciende en auxilio para salvar al hombre, siempre cuidó de mezclar las cosas mortales consigo mismo por amor propio, para que la carne, que debía ser asociada y llenada por el Señor perenne, que entonces llevaba una vida degenerada y animal, cambiara por ejemplo del señor, y a través de miembros similares se acostumbrara a ver al consorte de la cara terrenal, y a conocer a su participante como por rehén de la vista, y a acercarse poco a poco al Cristo consanguíneo. Por tanto, el hombre animal de antaño, ahora el Espíritu lo trasladó a la naturaleza de la semilla superior, infundiendo al mismo Dios que vivifica las cosas mortales. Ahora la nueva materia, consolidada por el soplo de la piel, pero materia nuestra sin embargo, sacada de la virgen, se despoja de los principios corrompidos de la antigua vida, tomando el bien inmortal por su propio soplo; ese hijo del hombre, pero ese Hijo del Tronante, ya solo mira el rostro del Padre y lo ve a él mismo. Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo muestra, nuestro mediador y del omnipotente. Finalmente, concluiré para que sean compendios de la suma: no descendió el Padre a la carne, sino que la carne asumida ascendió al trono del Padre, el Nacido corrió a través de ambos. Cede, profanador de Cristo, cede ya, Sabelio, y tú, insano negador del Padre y del Nacido,¿ no violas al Padre mientras rehúsas conocer al Nacido? Puesto que no hay progenitor, a menos que exista el hijo, ni puedes llamar padre a quien defraudas de su germen, pero tal vez quieras despojar a Dios del honor de la piedad patria, contento con el nombre desnudo, que es Dios, y quites el decoro del Padre y la fuerza del linaje.¿ Quién, recostado en el ídolo entre mil sacrificios y venerando a los dioses ridículos con sal, césped e incienso, no piensa que hay un Dios supremo y solo sobre todas las cosas? Aunque consagre altares humeantes a Saturnos, Junones y Citereas, y a otros portentos, sin embargo, cuantas veces miró al cielo, constituyó todo derecho en un solo Dios, a quien sirva la inmensa razón de las virtudes instruida por varios ministros.¿ Qué gente es tan estúpida en sus ánimos, tan bárbara en sus lenguas, o qué superstición tan sórdida, que prefiera al Anubis caniforme y ladrador al trono del cielo? Nadie da el trono a las diosas Cloacina o Epona sobre los astros, aunque pague la acerra fétida y con manos sacrílegas rebusque la mola y las entrañas. Consulta los delirios del barbudo Platón, consulta también los que sueña el cínico hircoso y los nervios que Aristóteles tejió con tortuosa vértigo; a todos estos, aunque el laberinto dudoso y el error los lleve circunflejos, aunque ellos mismos suelan prometer una gallina o un gallo, para que el dios clínico se digne mostrarse justo con los moribundos, cuando sin embargo se llega a la norma de la razón y del arte, concluyen los sentidos turbios y los argumentos litigiosos con modos fragosos en un solo numen, a cuyo arbitrio la esfera móvil y redonda se vuelva, y las estrellas vagas guarden sus cursos; no lo recibe la naturaleza del hombre, a menos que sea cuadrúpedo y mire las cosas celestiales con rostro erguido, no lo recibe para que niegue que el régimen supremo prevalece; esto mismo lo sintió para sí el arúspice de Numa en silencio, lo siente el semifer y el escoto, peor que el perro soldado, pero nosotros, que ya dos veces vimos al Señor con libros y cuerpo, antes por la fe, luego por la carne y la sangre de frente, y quienes, escudriñando con los dedos las crudas heridas de las costillas, probadas por los volúmenes de los vates con la cruz como testigo, escudriñamos las lagunas de las manos con vista dudosa y conocimos al eterno rey Jesús, creemos que es impío abjurar ante Dios el título y el nombre paterno, quien produjo al rey de sí mismo, no rey del pueblo de los partos o de los romúlidas, sino rey de la razón suprema, media e ínfima, y por tanto señor de las cosas y rey sobre todas las cosas, tiene el medio de la carne, el sumo del Padre, y el ínfimo de la Estigia. Fluye hacia abajo por estos grados y de nuevo se revuelve en sí mismo; es Dios, es también hombre; se hace muerto y es el mismo Dios. Recorre todos los deberes de la naturaleza inclinada, para que hacia arriba, replicada al regazo del Padre, reporte lo que había muerto, y suba también los mismos miembros. Cuando los órganos de los antiguos vates habían cantado que esto sería, nosotros, experimentados con los ojos, manos, encuentro, voz y coloquio, finalmente entendimos los comienzos de los antiguos héroes y los oráculos patefactos al ver a Cristo. Esta es nuestra salvación, de aquí vivimos, de aquí somos animados. Esto seguimos: nunca, quitado el nombre del Nacido, llamar al Padre, y nunca sin el nombre del Padre conocer al Dios Nacido, nunca, a menos que el Espíritu Santo y uno esté presente, llamar al Nacido y al Padre; así, sin embargo, constan estas tres cosas, de modo que no separe por el conducto, no haga tres, sino que en estas tres subsista un solo Dios. Ni el Padre mismo, sin embargo, es quien es el Hijo, para que, porque sabemos que el nacido es del innato, sea verdaderamente Padre y la prole sea verdaderamente nacida, ni el Hijo mismo sea progenitor de sí mismo. Es sumamente ridículo y fútil que, nacido de sí mismo o sobre- nacido, haya sido de repente nueva materia de nacer para sí mismo, y se haya editado a sí mismo Dios voluntariamente y se haya hecho a sí mismo nacido para sí mismo; nada falso o mendaz fingen los vocablos divinos; quien es Padre, es Padre engendrando, luego el Hijo es Hijo de esto, porque es engendrado por el autor Padre supremo, pero él mismo también supremo; pues no es menor ni diferente del Padre. De donde en ambos la forma de la obra es indiscreta,¿ a menos que el Hijo generoso tuviera toda la fuerza de la majestad patria, y eso fuera Dios progenitor, lo que es el Hijo? Proceden más allá escudriñando qué es ese mismo engendrar, si es lícito tender los sentidos humanos hasta el secreto, que previene todos los tiempos y días antiguos, y el principio sobre él mismo emerge y, lo que sea que el hombre pueda buscar, lo transita. Como es difícil el camino de conocer las semillas de los principios,¿ qué se dará al mortal para inquirir qué hizo Dios más allá del principio, o de qué modo editó el Verbo, que carece de todo principio? Solo sabemos esto, que se transmite que es Dios, a quien el no engendrado progenitor engendró, uno y uno, íntegro íntegro, no comenzado pero sin embargo nacido, y coeterno hacia atrás del Padre y nacido del Padre, pero ni el Padre fue cortado, para que el Hijo fuera parte del Padre, ni la sustancia extendiéndose se produjo tractivamente y disminuyó algo de la numen pleno, mientras la porción cambiada produce un nuevo Nacido. No es convertible ni demutable nunca Dios, ni engendrando se sustrae algo a sí mismo, sino que todo y de todo es Dios, luz de luz;¿ cuándo, sin embargo, la luz está sin luz?¿ Cuándo la luz refulgente carece de fulgor?¿ Cuándo es que el fuego producido disminuye el fuego?¿ Cuándo el Padre y Dios y luz no es Dios y Padre de la luz? Quien, si no fue Padre alguna vez, y engendró al Nacido tarde después de los tiempos, se hace nuevo, y progresa a un nuevo derecho; lejos de que progrese alguna vez el pleno, que no necesita incremento. Y Dios y progenitor y luz y gloria siempre fue él, ni después se confirió a sí mismo ser Padre; así sucede que creamos al Cristo eterno con el Padre, nacido de aquel autor, a quien ningún autor precedió. Si tú dudas de estos misterios de Cristo Nacido, perdido, no eres de la plebe católica, sino uno del rebaño turífero, venerador de Deucaliones, devoto al mojón, unctor del tronco de higuera.¿ Por qué más bien no escudriñas los signos de Dios en la misma fuente de la antigüedad, recorres los archivos del primer escritor, a quien no un padre estúpido o un abuelo augur, ni la fábula de la vieja fama, ni la nodriza charlatana, ni la corneja locuaz y estridente con clangor de sago enseñaron la cosa de Dios, sino que, producido él mismo de frente, Dios mismo, manso, imbuyó al mortal tembloroso con coloquio amigo y revelóse a sí mismo y sus sumas cosas? Sin duda, el doctísimo escritor recuerda en aquel principio del mundo no solo, ni sin Cristo, haber formado el Padre el plasma de la nueva factura. Dice:' Hizo Dios condensando al hombre, y le dio los rostros de Dios'.¿ Qué otra cosa es sino decir' no estaba solo, y Dios asistía a Dios que actuaba', cuando el Señor hacía el plasma bajo la imagen del Señor? Cristo es forma del Padre, nosotros forma e imagen de Cristo; somos condidos en la cara del Señor por bondad paterna, con Cristo viniendo a nuestra cara después de los siglos. Puedo extraer muchos ejemplos de los libros sagrados, si no te refugias, que te enseñen que la fuerza de la majestad no está puesta solo en el Padre, sino que Cristo es Dios con el Padre, como dice aquel mismo genealogista:' Del Señor, el Señor llovió llama sobre los sodomitas'.¿ Qué Señor, de qué Señor, si solo el Padre mira desde la torre sideral o arde en iras? El Hijo, Señor, esparcía la ira armada del Señor Padre con fuegos: ambos son un solo rayo. Si esto, entendido así, hubiera regado los oídos judaicos para que pudieran tocar las fibras estúpidas, habrían escuchado al Señor de las virtudes, que había venido para salvar a las ovejas que perecían; pero de los oídos todo el ornato había fluido, y el Bahal cocido ya había fingido la cabeza y había despojado a las orejas de su honor. El guía del pueblo pecador está presente desde el monte del fulgurante resplandor y el coloquio de Dios, y trae las tablas cortadas por el dedo tembloroso a las tiendas ciegas, pero el pueblo cae de bruces, no para ver a Cristo escrito a través de enigmas en la efigie de la ley profunda,¡ infeliz, que, cegada por la luz, cubrió los ojos temerosos y veló la cara con el vestido apretado! Pero nosotros, rechazado el velo, vemos a Cristo de frente y contemplan a Dios con rostro abierto, ni yacemos bajo la ley grave con la frente deprimida, sino que reconocemos el rayo de la ley con boca sublime.¡ Ay, árbol antes frondoso con ramas felices, ay, raíz oleaginosa antaño con bayas grasas! He aquí que para ti, insertado el oleastro, reverdece ahora el tronco y se viste con la corteza del libro externo; ya ten piedad de ti mismo. El sarmiento del olivo silvestre no se jacta exultante de un estirpe ajeno, sino que aconseja que, memorioso de tu propio linaje, te deshabitúes de entristecer las cabelleras con ungüento amargo, y no envidies, en la estirpe ínfima, a las ramas enviadas a las cumbres altas; blasfemas al Señor, gente ingratísima, a Cristo. Di tu pascua, di,¿ de cuya sangre es la fiesta tan solemne para ti?¿ Qué cordero de un año es finalmente sacrificado? Ese es sagrado para ti con los años que vuelven, pero sagrado en el ganado. Es estúpido creer así lo sagrado, tocar los postes supremos con la sangre del que bala, lascivear con coros, comer el ázimo de flor de harina, cuando las costumbres se hinchan con el crimen de lo fermentado; no sabes, imprudente, fingirte nuestra pascua, y pintar en los surcos preducidos de la ley antigua todo el sacramento que la verdadera pasión retiene, la pasión que defiende nuestra frente con sangre y unta la casa corpórea con la boca señalada. Esta huye la plaga egipcia con las tormentas excluidas, esta resuelve el reino feral del rey fario, y de la densa granizada de la potestad mundana arrebata a Abraham con su estirpe y gente fiel. El linaje de Abraham es el verdadero, a quien la sangre en la boca es creída e inscrita y enrojece, a quien Dios es visto en el mundo con fe no dudosa, Dios verdadero del Padre. Él vio a Dios, visto pronto lo creyó: pero tú, posteridad de la carne, viendo todas las cosas carnalmente, llevas la obra de la carne bajo la ley, que el espíritu interior llena; pues ni la ley cárnea fluyó del cielo, que tú cultivas con la carne, sino que, preñada de Cristo y destinada a parir mi esperanza en el vientre,¿ qué esperanza, sino la luz nutricia del numen y el advenimiento del Señor, a quien la primera fe de Abram había visto, y el Padre nos había prometido antaño que debía ser percibido por los ojos y probado por la voz de la ley? Y no solo de la ley; pues¿ qué letra ya no tiene a Cristo, o qué armarios de escritores no celebran los milagros con nuevos libros llenos de la alabanza de Cristo? El estilo hebreo lo compone, la copia ática lo compone, y la elocuencia de la tercera lengua ausonia lo compone. Pilato ordena sin saber:' Ve, escriba, distribuye en versículos tripartitos qué potestad está subfija, que el título sea triple en la frente de la cruz, que la Judea leyendo reconozca en triple lengua y la Grecia sepa y la dorada Roma venerada lo recorra'. Lo que sea que la trompeta curva, resonando en el aire hueco, retumbe, lo que sea que el inmenso espíritu vomite desde el arcano hausto, lo que sea que la casta lira, lo que sea que la tortuga resulte, lo que los órganos mezclan consonantes con cañas dispares, lo que los antros rivales devuelven con voces de pastores, celebra a Cristo, suena a Cristo, todas las cosas, incluso las mudas animadas con cuerdas santas, hablan de Cristo.¡ Oh nombre predulce para mí!¡ Luz y decoro y esperanza y mi presidido, oh descanso cierto de los trabajos, blando sabor en la boca, olor fragante, fuente regada, amor casto, bella especie, sincera voluptuosidad! Si la gente sorda niega para sí tantos pregones sobre ti, tantas voces de las cosas y elementos tan grandes mensajeros de alegría entrar por los oídos estúpidos, escuche el energúmeno insano del monstruo bacante, que el demonio rabioso grita entre las entrañas capturadas, y crea las cosas miserables a las suyas. Es torturado Apolo golpeado por el nombre de Cristo, ni puede soportar los rayos del Verbo; lo agitan al miserable tantos azotes de lengua, cuantos milagros de Dios de Cristo resuenan. Entona el antístite del Señor:' Huye, serpiente astuta, desnúdate de los miembros, y suelta las espiras latentes, mancipio de Cristo, ladrón corruptísimo, molestas. Desiste, Cristo está presente, vengador del cuerpo humano: no es lícito que arrebates el despojo, al cual Cristo se ha adherido. Pulsado vete, licor ventoso; Cristo ordena, sal'. Entre estas voces medias, el Cilenio ardiente aúlla, y Júpiter suspira los fuegos conocidos; he aquí que la legión feroz corre a los cerdos gerasenos, y después de múltiples cadenas bajo la roca del busto, emite gemidos de penas con largos gruñidos. Había clamado, pero desde la boca del hombre:' Reconocemos, Jesús nacido de Dios, nacido de cetros y germen de David, qué eres, qué vienes; con qué virtud nos repeles sabemos, y yacemos por el terror de tu advenimiento'.¿ Esta voz, Judea, no llegó a tus oídos? Llegó, pero no penetró la mente necesitada de luz, y excluida desde las primeras puertas huyó. Escuchó el advenimiento del Señor, a quien el vespero de los soles ibéricos tiene, y quien nuevo recibe los ortos rosados. La voz evangélica relajó las escíticas pruinas con el Verbo penetrante, las hircanas brumas también ferviente disolvió, para que el río, despojado del hielo, ya más blando, fluya desde la roca caucásica el Hebro rodopeyo; se amansaron los getas, y la ferocidad ensangrentada del gelono mezcla alegremente copas exangües sedienta de vino, para libar sagradas bebidas de la sangre de Cristo; conoce también la plaga pérfida del moro de Atlante antaño haber dado reyes crinados a los altares de Cristo, desde que el Espíritu apretó el vientre mortal, ese Espíritu Dios, Dios y se vistió con el cuerpo de la madre y creó al hombre de la virginidad; los antros délficos callaron con suertes condenadas, la cortina no rige los trípodes, no espuma el fanático jadeante las fatas editadas en los libros sibilinos, la mentirosa Dodona perdió los insanos vapores, las muertas ya Cumas mudas lloran los oráculos, ni Hammon refiere respuestas en las Sirtes libias. Los mismos Capitolios Rómulos lloran a Cristo brillando como Dios para sus príncipes, y los templos destruidos haber caído por el imperio de los duques; ya la púrpura suplicante se tiende a los atrios del Cristo rector de los Eneadas, y el dominador supremo adora el vexilo de la cruz. Sin embargo, de todos los príncipes no faltó uno, siendo yo niño, como recuerdo, ductor fortísimo en armas, fundador también de leyes, celebérrimo por boca y mano, consultor de la patria, pero no consultor de la religión que debía tenerse, amante de trescientos mil dioses. Pérfido él para con Dios, aunque no pérfido para el orbe, inclinar la cabeza augusta ante los pies de Minerva fictil y lamer las suelas de Juno, revolverse a las plantas de Hércules, encerar las rodillas de Diana, es más, someter la frente al yeso apolíneo o sahumar el caballo de Pólux con entrañas ardientes. Por casualidad, sacrificando, aplacaba a Hécate con mucha sangre; allí habían estado las manadas de vacas que debían ser golpeadas con las hachas de los pontífices en las fiestas, y el ciprés tortuoso sombreaba a las becerras coronadas con la frente atada. Y ya el anciano, con el cuchillo insertado, había descerrajado las entrañas, y con manos ensangrentadas trataba las fibras temblorosas con letal frío, y el intérprete astuto notaba en números y fin los últimos pulsos del alma en el corazón tibio: cuando de repente exclama el sacerdote en medio de los sacrificios, pálido:' He aquí qué hago; mayor, rey óptimo, mayor numen no sé cuál intervino en nuestros altares de lo que puedan sufrir las copas espumantes con leche, la sangre de las reses sacrificadas, verbena, coronas; veo las sombras convocadas desde lejos dispersarse, la aterrorizada Perséfone vuelve los pasos atrás con las antorchas extinguidas, fugitiva con el látigo arrastrado, nada hace el murmullo arcano, nada aprovechan los cármenes tesalios, ninguna hostia revoca a los manes turbados;¿ no ves cómo el fuego languidece en los turíbulos fríos, cómo la brasa se vuelve perezosa en las cenizas? He aquí que el ministro palatino no vale para retener la pátera, los bálsamos destilan de la diestra elidida, y el flamen mismo se admira de que sus laureles cedan en la cima, y la víctima frustra el hierro incierto; no sé quién ciertamente de los cristícolas se ha deslizado aquí de los jóvenes; este género de hombres tiembla la ínfula y todo el pulvinar de los dioses, lejos esté el lavado y el untado; que la bella Proserpina vuelva con los sacrificios reformados'. Dijo, y exangüe cae, y, como si viera al mismo Cristo amenazando con el rayo desenvainado, el príncipe mismo también, exánime, puesto el diadema, palidece y mira alrededor a los que están de pie, si algún alumno del crisma marcaría las sienes con el madero inscrito, quien hubiera turbado los susurros zoroastrianos. Un armígero del cuneo de los muchachos de cabellos rubios, custodio del lado purpúreo, es sorprendido uno, y no niega, y arroja las astas gemadas con doble hierro y confiesa que lleva el signo de Cristo. El príncipe saltó pávido, derribado el antístite, huyendo del sacelo marmóreo sin que nadie lo acompañara, mientras la cohorte temblorosa y olvidada del señor levanta las caras supinas al cielo e invoca a Jesús.¿ Ya pesa el hecho?¿ Ya se arrepiente? He aquí para ti a Cristo, infeliz Judea, Dios, quien soltando los sábados terrenales tomó los sábados eternos para los mortales, brilló para las gentes, prebrilló para los reyes, posee el orbe, obligó a la Roma dominadora del imperio a cederle y subyugó los simulacros de los dioses tarpeios; aprende de tus males, miserable, por qué vindicador finalmente la vana superstición y la ley hecha carnalmente es castigada, cuya virtud te pisotea vengadora.¿ Yacen destruidas las piedras salomónicas edificadas con metal por mano? Yace ese noble templo,¿ por qué yace? Porque la diestra del artífice solublemente construyó ese cemento resoluble; justamente fue disuelto y yace, puesto que todo lo pulido vuelve a la nada. Lo que acepta ser hecho, acepta alguna vez perecer; si quieres aprender la fuerza contra nuestro templo, es aquel que ningún artífice ajustando fabrilmente compuso, que ningún abeto o pino labrado tejió, que nunca creció con mármol cortado; cuyo peso, sublime, no apoyado por ninguna columna, colgó con el arco curvado sobre arte tenue, sino hecho por el Verbo del Señor; no con voz sonora, sino con el Verbo, que siempre existía. El Verbo se hizo carne. Este templo es eterno, este no tiene fin, este, queriendo expugnar, buscaste con azotes, cruz, hiel; destruido yacía con penas molestas: sea, pues de la matriz de la madre tenía lo que sería destruido, pero lo que por muerte breve fue disuelto por parte materna, la tercera luz lo devuelve vivo por la majestad del Padre; viste a mi templo, del cual soy guardado por su munimen, ir en alto acompañado por los coeternos angélicos, las cumbres de aquellas puertas eternas lo suspenden, y a través de las torres inaccesibles de las escaleras la gloria se levanta y el camino cándido brilla en los grados supremos, pero tus holocaustos amontonados entierran la ruina; qué mereces, Tito enseñó, enseñaron las acies pompeyanas con rapiñas, por las cuales tus miembros, extirpados, son llevados a través de todas las plagas de las tierras y del mar. Saldrás vagabundo aquí y allá, el judío vaga flotando, después de que, arrancado de la sede patria, paga el suplicio por la matanza, y salpicado con la sangre de Cristo negado, paga los pecados cometidos.¡ He aquí a dónde fluyó la virtud de los antiguos abuelos! La nobleza, dilapidada de los antiguos fieles, se erige, pero ya no noble; ella, cautiva, sospecha la fe reciente, tanta fuerza hay en la credulidad nueva; la gente infiel antes, pero vencida negadora de Cristo, triunfa confesando a Cristo, sometida al imperio habiendo sorteado señores fieles. Hay quienes instituyen el dogma cognado al furor judaico siguiendo a Cristo con razón media, solo esto, que es verdadero hombre, pero afirman que no es Dios desde el cielo; confiesan con piedad, niegan con majestad: celebran lo sagrado por la alabanza de las costumbres, quitan lo sumo de la naturaleza superior. Toda obra egregia, por la cual la solercia potente brilla, es del ingenio o del vigor: aquello florece con corazón agudo, esto sobresale con fuerzas duras. Ambas cosas son mortales para el hombre; pues los ingenios canos envejecen y los siglos consumen los brazos vigorosos. Nosotros no seguimos esto en la virtud y la alabanza perenne del Señor: seguimos lo que germina de la tierra sin semilla alguna, lo que no toma principio de la mancha viril; un fuego tierno lo siembra, no la carne ni la sangre paterna ni el placer impuro; la virtud divina desposa a la doncella intacta con un soplo sincero a través de sus entrañas castas; la novedad inaudita del nacimiento ordena que se crea que Cristo, así formado, es Dios; la virgen sin esposo se desposa con el espíritu, no siente el vicio del amor, la pubertad permanece sellada; grave por dentro e incólume por fuera, floreciente de una fertilidad púdica, ya madre, pero virgen sin embargo, madre ignorante del varón.¿ Por qué te resistes?¿ Por qué sacudes tu cabeza vacía, incrédulo? El ángel anuncia con boca santa que esto sucederá:¿ te place creer y abrir el oído a las palabras angélicas? La misma virgen sagrada creyó la advertencia del ministro resplandeciente y por eso, crédula, concibió a Cristo; pues Cristo se acerca a los que creen, desprecia con honor desdeñoso al pecho dudoso bajo una fe vacilante, la virginidad y la fe pronta beben a Cristo en el seno del corazón y lo guardan en sus entrañas intactas para darlo a luz, cree lo que el ángel enviado del trono del Padre comienza a decir. O, si tu oído no capta la voz líquida del astro, escucha lo que clama la mujer anciana, embarazada por su esposo, creyendo y finalmente sobria.¡ Fe admirable! El niño interceptado en el útero senil saluda al Señor virgen desde la boca materna, y el primer niño, aún no nacido, anuncia ya al nuestro; pues el pequeño aún no sabía balbucear para sí y abría su boca parlanchina a Dios, a Cristo. Ofreced los dichos secretos; dad, abrid el libro que el santo Isaías vomitó mientras Dios le inspiraba. Es grato examinar y recorrer los surcos de la caña que aquella mano dorada trazó con signos astrales; idos de aquí, mientras adoro sumiso los ápices resplandecientes, mientras venero llorando y mientras fijo dulces besos; los gozos conciben lágrimas, los gozos dan llanto. Llega el día prometido que este versículo había dicho que vendría, cuando la virgen parturienta, con el esposo como testigo sin duda, a quien corresponde el cuidado de la pudicia, dio a luz, e hizo que yo viera a mi Emmanuel.¿ Es ya nuestro Dios? El hombre se mueve y está con nosotros y prueba su nombre y con su boca presente ilumina el verso oscuro para los siglos antiguos.¿ Es Dios, cuyas cunas veneró el oriental, ofreciendo suplicante al regazo de la virgen, en pañales infantiles, los platos reales en bandejas doradas?¿ Qué mensajero tan alado y tan semejante al rápido austro llegó a los pueblos de la Aurora y a la lejana Bactria, anunciando a las horas que se regocijaban que había brillado el día en que Cristo tierno pendía de un pecho inmaculado? Dicen:' hemos visto a este niño ser llevado a través de los astros, y arder sobre los antiguos trazos de las constelaciones'. Se quedó rígido, temblando, el astrólogo nocturno en la cumbre caldea, al ver que la Serpiente había cedido, que el León había huido, que Cáncer había contraído sus pies en el orden de la mañana, que el Novillo, domado con los cuernos rotos, mugía, y que el astro del Macho Cabrío se marchitaba con sus vellos desgarrados; de aquí se desliza, expulsado, el Niño de la Hidra, de allí las Flechas, la huida separa a los Gemelos errantes, la impúdica Virgen sale a los amantes silenciosos en la bóveda del mundo, y los otros fuegos que cuelgan en las nubes horribles temieron al nuevo Lucifer: la rueda lívida del sol se detiene, y siente la destrucción que ya está por suceder, y que debe cubrirse en medio del día con un manto glauco, y que el esplendor del cielo perecerá en la noche diurna, cubriendo el orbe su cabeza con tinieblas repentinas.¿ No habría de colmar a este con dones de mirra, incienso y oro? Sé a quién veo, qué dones devolver.¿ No habría de venerar a este, que visto en el cielo y hallado en la tierra como rey y Dios, modera ambos especímenes de la naturaleza, y rompiendo los reinos infernales desde el túmulo, ordena a los sepultados que se levanten con él? Habita el cielo, interviene en las tierras, rompe el Tártaro oculto, es la fe verdadera; Dios es, quien está todo en todas partes.¿ Acaso la mente o la lengua engañaron a los hombres en vano?¿ Acaso dieron dones frustrantes por casualidades fortuitas o dedicaron su voto bajo un honor ciego?¿ Qué causa o razón, además, para inclinar el cuello ante los pies de María y la cuna del pequeño niño, si solo era mortal, y la suma potestad no llenaba sus tiernos miembros con soplos divinos? Pero ya deja a los magos, el incienso, el oro, los dones de mirra, que enseñaron al verdadero Dios, los pesebres, los pañales, el regazo adorado de la madre ardiendo con la antorcha del astro: que la misma virtud de los hechos y las palabras maravillosas hablen de Dios, veo a los vientos insanos calmarse de repente cuando Cristo lo ordena, veo a los mares que luchan con grandes torbellinos extenderse en un mármol tranquilo por el imperio de Cristo, veo al torrente, cuando es pisado, sufrir su espalda con un líquido que se solidifica. Él mismo camina sobre las ondas fluidas con plantas brillantes y afirma sus huellas sobre el flujo presionado, él mismo increpa a los notos, y ordena calma a los soplos,¿ quién ordenaría a los vientos salvajes' id, callad en vuestras cárceles y salid del amplio ponto', si no fuera el mismo creador de los aquilones, poderoso en el cielo? El Bóreas nevado y el Euro lluvioso reconocen al señor de las nubes y poderoso de las tempestades, y barren el invierno excitado mientras el cielo sereno observa,¿ quién holló las aguas del piélago?¿ Quién, paseando con pasos impresos a través de los vados glaucos, recorrió el camino húmedo sin sumergirse, suspendido y con el pie seco, sino el hacedor del agua marina, que antaño el Espíritu, derramado sobre el rostro paterno, revoloteaba sobre las aguas aún no discretas ni encerradas en una orilla cierta? El líquido sostuvo el paso del Señor, y careciendo de movilidad, se subyugó para usos sólidos.¿ Por qué recordaré los hechos ilustres y diversos de Cristo Dios? Los cuales, examinados más profundamente, oh negador de la majestad, sin dudar, tú mismo confesarás que es numen. Untó los ojos ciegos y devolvió la luz al fango, tocando con los dedos la tierra humedecida con saliva sagrada: la noche cubierta tuvo el remedio de barro, la humedad aplicada eliminó las tinieblas, además mostró en qué lavatorio debía purgarse la calígine, Siloé derrama los líquidos en varios momentos, y no exhala el flujo siempre, sino que en turno distinguido recibe el lago grandes tragos. Las huestes de los languidecientes tienen sed de la esperanza de la fuente ávara, para lavar las manchas de sus miembros con un nado puro. Mientras tanto, esperan con afán los roncos borbotones de la piedra pómez que rocía y cuelgan del margen seco, Cristo ordena que este barro impuesto sea lavado en la fuente y quiere que el rostro resplandezca con luz infundida. Pues sabía que se había formado a sí mismo la figura con barro antes de las tinieblas, y que había añadido el remedio de su propia boca al nuevo Adán, a quien había formado primero. Pues sin el soplo divino del Señor supremo la tierra estaba seca, no apta para ninguna medicina antes: pero después de que el Espíritu líquido roció la tierra virgen con la boca celestial, aquella es medicable. De allí extrae el jugo y con lenta humedad unta la salud, e infunde el día lavada con el bautismo. El ciego está presente con los ojos ya rehechos por la boca de Cristo y clama que ha tomado la luz del barro y de los fluidos brillantes, y muestra al autor a través de las ciudades estupefactas, al autor de la luz y dador de los días, que no desdeñó mostrar el purgante del agua médica bajo su propio cuerpo a los enfermos errantes, de muchos miles relataré poquísimos, repasaré sumariamente lo que el orbe entero no contiene. Ordena que cinco panes y dos peces sean puestos en el desierto para alimento de las gentes, que por casualidad, sin que el hambre los llamara, rodeaban al maestro cercado por todas partes, e ignorantes de la comida habían rechazado las aldeas, los castillos, el mercado, las ciudades, los mercados y las asambleas y las urbes, contentos de alimentarse con la doctrina amplia, muchos banquetes de hombres hierven sobre el heno extendido, los compañeros entraron en cien lechos a la vez, y las huestes se infunden a través de innumerables mesas, para ser saciadas— cree ya que es Dios— con dos pececillos y pocos panes creciendo mediante los fragmentos. Cuando los banquetes son consumidos, los platos amontonados rebosan, llenan doce canastos con los montones de migajas después de la cena; el comensal crudo suda la acumulación del vientre, y el ministro gime bajo la carga.¿ Quién puede acumular banquetes en grandes cantidades siendo pequeños?¿ Quién, sino quien creó el cuerpo y el alimento y todo el cuerpo de la nada, sin existir materia, creó el mundo? No como el escultor acostumbra a vivir la masa extraída de la escoria del bronce, sino que Dios omnipotente formó el orbe sin semilla, nada era todo lo que es: se ordenó que esa nada procediera y fuera y se hiciera nueva, y pronto creciera. Lo pequeño de la nada fue primero, los incrementos añadidos a lo pequeño aumentaron todo con modos plenos. Por tanto yo, cuando veo crecer así con las manos de Cristo los pequeños alimentos de los hombres,¿ puedo dudar de que a través de él las pequeñas especies de las cosas y los elementos del mundo crecieron primero de la nada, pequeños y luego grandes poco a poco, que vemos consumados a partir de los pequeños? Y para que después de los alimentos de los hombres no perecieran hollados, ni quedaran abandonados para los lobos o las zorras o los pequeños ratones como presa sin ningún guardián, se pusieron doce, que guardaran amontonados los bienes de Cristo mostrados lejos en canastas pesadas. Pero,¿ por qué relato estas cosas con voz vacilante, indigno de cantar las cosas santas? Procede del sepulcro, Lázaro, di cuya voz oíste bajo la tierra profunda, qué fuerza penetró los escondrijos de la muerte, que, cuando Cristo te llama desde el profundo negro inmerso para que vuelvas, como si estuvieras cerca oyes,¿ y no te retrasas en venir?¿ Qué Caribdis tan cercana une los reinos de las tinieblas distantes por un límite tenue a los superiores?¿ Dónde están los tristes Ténaros arrojados de cabeza al vasto caos, y aquel río escondido que hace rodar incendios en orillas insaciables? Ante las puertas del túmulo, que las piedras inmensas habían condenado con duro obstáculo construidas sobre rocas cavadas, está el Señor y llama el nombre del amigo frío, y no hay demora, el horror funerario, removidas las rocas, vomita las exequias vivas con el cadáver caminando, soltad ya, hermanas, las ataduras que huelen alegremente, solo el olor del aroma esparcido exhala el aliento, y el aire no trae hedor de la podredumbre corpórea, el decoro antiguo despierta en el espejo los ojos sueltos que goteaban sanie, y la púrpura teñida de rubor viste poco a poco las mejillas putrefactas,¿ quién pudo infundir el alma en los miembros fluidos? Sin duda quien dio los miembros, quien sopló la vena húmeda de la matriz de barro, a quien la gleba podrida atrajo colores sanguíneos con el humor infectado. Oh muerte, ya mansa ante las leyes que escuchan, oh muerte antes sorda, ya docta en seguir lo que sea que se ordene,¿ a quién se le permitió tanto de ti? Convicta confiesa que es Dios, quien solo te arrebata a mí, Jesús. Esconde a los negadores de Cristo, nadie envidia, escóndelos; usa tu suerte de ser retenidos en la noche perpetua con los blasfemos, libera a la plebe de los justos capturada, que saben decir que Cristo es hombre y Dios de tal manera que el verdadero y sumo Dios lleva cosas mortales. Él mismo lleva la obra que construyó, y no se avergüenza el hacedor de llevar lo que engendró, hablo del cuerpo y de la fuerza del alma. Había formado esto con los dedos, había soplado el alma con la boca. Dios asume al hombre entero, porque todo es de él, y redime todo lo que había tomado, trayendo de vuelta todo, lo que sea que es el hombre, esto de los túmulos, pero aquello del abismo. Ocurre aquí el disertador dudoso y objeta eso,¿ acaso la fe acepta que la sustancia inspirada por el soplo de Dios sienta tormento, y que busque lo profundo del infierno y sea cocida en el baratro del polo? Cree que el alma no es Dios, pero cree que es mayor que todas las cosas creadas, cree también que ella misma fue creada, pues fue formada por la boca de Dios, que no era antes, pero formada hermosísima en su hábito y pintada con cosas divinas, y llena de Dios y semejante al que crea, no obstante ella misma no es Dios, puesto que no es generación, sino factura de Dios; solo el Hijo brilló del corazón del Padre; verdadero, verdadero Dios aquel. Se le confirió al alma, para que de repente, la que no era, fuera. Aquel es coeterno del Padre y siempre en él, y no hecho sino nacido tiene todo lo que es paterno, esta es semejante como una sombra de Dios. Así habló el hacedor, meditando construir al hombre de ambos grupos conjuntamente semejante a sí; pero la sombra no tiene lo que el cuerpo sólido, cuya imitación está en la sombra, y una cosa es lo verdadero, otra la simulación de lo verdadero. Es semejante en que no se consume por siglos algunos, en que es sabia y capaz de lo justo y reina de las cosas, manda, ve antes, pondera, previene, comienza, artífice de palabras y costumbres y equipada con mil artes y docta en recorrer el cielo con el sentido, el creador configuró el alma semejante a sí en estas cosas, en las demás disímil: ciertamente es fácil comprender esta, que el modo y la especie determinan, pero Dios inmenso y superfuso sobre todas las cosas no tiene en sí nada extremo, para que pueda ser cerrado o tenido por el sentido, la virtud permanece incomprensible, a la cual le falta la línea última, que el espacio no mensurable tiende, por tanto el alma hecha, menor que el gran hacedor y mayor que las otras y mandando sobre todas, la corrupción podrida concibe la turbia naciendo de la carne, y mezclada entre los miembros que se pudren participa de su propia hez; se hace mezclada entonces la naturaleza de pecar con el barro con el soplo simple, pero tal vez, porque el alma fluyó de la boca del Señor, niegues que es compuesta y hecha, como si fuera parte de Dios, lo cual es un crimen decirlo, que arrastre culpas inmundas olvidada y cayendo condenada al fondo entre en el caos abierto, sea esa cosa de Dios, no lo niego; sin embargo, esa parte no debe decirse de ninguna manera de Dios, que comenzó en el tiempo, ni debe pensarse anterior o más vieja que el primer plasma. Pues entonces veo que fue hecha, cuando entró en la casa del corazón amigo y ella misma, huésped del barro reciente, se sentó reciente en la sala fraternal. Aquella ciertamente es el soplo del Señor, pero el espíritu y la fuerza no es plena de Dios, enviada con tanto moderamiento cuanto el que sopla quiso guardar el tenor de soplar. Es imposible mirar los profundos de Sabaot, pero el hombre es espejo de la Deidad: en el cuerpo aprendas la cosa no corpórea, hábil con Cristo intérprete que muestra al Padre propio en el cuerpo mortal, mira qué vapores varios derramamos de la boca, cuantas veces respiramos los aires del alma soplable, ahora el calor exhalado exhala un soplo tibio, soplando nieblas que rocían de las fauces húmedas; cuando place, el espíritu existe tenue en el frío del soplo y el aire silba. Añade también el soplo distinto que la tibia musical concibe: o aquel es parco con modulación presionada, o sublima el bombazo túmido con soplo largo, o rompe los módulos roncos, o susurra suavemente, o produciendo sonidos agudos arrastrando el exiguo, o subyuga el murmullo tierno con voz menuda, cuando ves que puedes esto en el cuerpo mortal,¿ por qué no crees que pudo haber infundido el alma que quiso? La cual, como la sopló y derramó condensándola con modos prescritos, es necesario que sea hecha. Finalmente sabe mucho, pero no sabe todo la fuerza de nuestra alma, saber lo cierto y prever lo ordenado. Ya a quien le es inherente un modo cierto y a quien le es negado saber todo, es factura; pues se prueba que fue fundada y aumentada, recoge de lo semejante, si es esta factura, ciertamente la mano del Señor creó el cuerpo mortal y compuso el barro con los dedos,¿ acaso la mano de Dios está dispuesta articuladamente?¿ Acaso la palma?¿ Acaso también cerrar las uñas flexibles o tender la palma abierta? Esa es la figura de nuestra mano, que no tiene en sí el Señor incircunscrito; pero la forma entregada es la que daría intelecto a las almas humanas, para que a través de la especie corpórea se diga que ha plasmado la efigie del cuerpo. Así es plasmada a su vez la cosa soplable con el soplo incorpóreo, y se dice que es obra de la boca, a través de la cual la forma tenue del alma construida resplandeció y se sintió hecha con don rudo. Si nuestra carne no es factura de la mano, tampoco el alma es factura de la boca, comenzada con el soplo y el aliento y llevada a algún lugar; pues todo lo que la hora natal produce, el lugar lo recibe; y cualquier lugar que puede contener algo, es pequeño, y no derramado sobre todas las cosas; y lo que es tan pequeño que se sitúa en una sede cierta ya puede vacilar; y lo que ha vacilado está dentro de la naturaleza del vicio; finalmente lo vicioso recae en la triste pena: Dios, créanme, no es esto. O, si es la majestad del alma, muestren qué es lo que inunda con nueva gracia a la que ha caído y está desprovista de Cristo, y el Espíritu Santo la ennoblece justificada con el bautismo, y añade el decoro de la esclava, que faltó, lo cual porque se presta por los méritos y se niega a la mente, absurdamente se dice que es Dios o parte de Dios, que bebe ahora el bien divino y sumo de la fuente perenne con obediencia, ahora lo pierde por culpa o crimen, y a veces recibe el suplicio, a veces libre pisa,¿ te maravillas de que peque el alma, que obtuvo habitar la casa forzada por la carne, cuando peca también el mismo ángel, que no sabe ir al hospedaje caduco de la rejilla que se pudre? Peca porque él mismo también fue hecho, no engendrado: de cualquier modo que sea hecho, eso solo lo sabe el hacedor Señor: baste para mí creer que es hecho. Solo el creador del orbe carece de mancha de pecado, Dios ingenito y genito, Padre y nacido del Padre, solo y exceptuado de admitir el tormento triste actúa inviolado, ni siente nada de amargo, di que el alma está exenta de la cruz y del dolor, si la conociste inmune de culpa y vacía de crimen, la que vale pecar, vale también sucumbir a la pena. Ella misma ciertamente fue sincera mientras es fundada antaño, la que conferida hizo revivir el barro rudo, como recibiendo los primeros hábitos de la semilla líquida de la naturaleza y expresada en el sereno superior, pero pronto, cuando se le ordenó ser tejida en el campo preñado, demasiado halagada por los dulces halagos se enfrió y ensució el fuego precioso de los revolcaderos, mientras transgrediendo el derecho puesto de Dios lo pisa impía, esta es la primera naturaleza del alma, así fundada simple cayó en el vicio a través de las sucias alianzas de la carne, de allí teñida con el mal pecado del príncipe Adán infectó a todo el género de los hombres que brota de allí, y la infancia de las almas tiene en el orto las manchas innatas del primer hombre, ni nadie nace inocente. Sin embargo, el error deberá evitarse, para que no se crea que la fuente de las almas se transfiere a la prole por la traducción de la carne al ejemplo de la sangre, a la cual la vena está tejida con propagación. No las almas engendran almas, sino que la naturaleza derrama su obra por ley latente, por la cual los vasitos pequeños respiren y la chispa vital esté presente en los reunidos. La cual aunque infundida penetre siempre nuevo el nuevo figmento, aquella vieja sin embargo se dice que es del crimen de los abuelos, puesto que está concretada con el veterno no lavado. De allí vuelve la segunda generación y de allí se lava la inmundicia de la naturaleza, y de nuevo renacemos por dentro rociados, para que el alma resplandeciente se despoje del viejo Adán. La cual porque arrastra la materia del pecado asociada del fomento de la carne, y no menos ella misma es incentivo del pecado para la compañera, la pena vengadora implica a ambas reas pecando bajo una mente, y quema a las socias de pecar con tormentos iguales, de estas cruces nos libera Cristo, único portador de la madre incorrupta y del cuerpo inocuo. Jesús indujo la naturaleza expuesta a la pena, pero no la naturaleza expuesta a los contactos de los vicios, y por eso nada debió a la pena el intemerado, carente de fraude, libre de toda aspersión de culpas.¿ Qué haría la cruel satélite del pecado, la pena, en los miembros de Cristo?¿ Qué podría la muerte del hombre sin crimen? Sin duda caerían con intentos vacíos y sin nervios sin el fomento del pecado. La muerte se alimenta de culpa; quien no tiene culpa, alimentado por el mismo defecto consume la muerte vana. Así la muerte fue consumida en el cuerpo del Señor Cristo, así pereció, mientras la árida no tiene el pasto acostumbrado. Sospecha por lo tanto al único numen inculpable, virtud del Padre y de Cristo, y ya deja de inflar la envidia de nuestra alma, porque sea Dios o pequeña porción de Dios, cuando no sea lícito cortar algo con Cristo y resecar una parte de Dios o arrancar solo el numen, pleno para sí siempre y en sí. Es digno de esfuerzo exponer la sombra del dogma nebuloso, que los átomos tenues instituyen con compage menuda, pero cae vana y se deshace con el viento semejante, ni se sostiene a sí misma en el flujo vano. El maniqueo dice que Dios sobrevoló aéreo sin cuerpo verdadero, fantasma mentiroso y efigie hueca del cuerpo, no teniendo nada contrectable, y primero mira si conviene asignar algo simulado a Dios, cuya gloria mera no recibe nada de falso, este fingiéndose ser hombre con miembros falaces se fingiría con arte ventoso y doloso, mintiendo tantas veces, cuando decía' doy perdón a las enfermedades inveteradas, y a la vez remito los pecados:¿ es el Hijo del hombre, quien pueda expulsar la peste de la carne y relajar y soltar los nexos de los crímenes: levántate valiente, levántate inocuo, ya toma el lecho:¿ esto ordeno yo, Hijo del hombre?'¿ Parece digno quien sea testigo para sí y se conozca a sí mismo y a sus cosas carneas?¿ Qué? Cuando amonestaba a los discípulos con boca ya previsora, qué iba a sufrir el Hijo del hombre,¿ no confesaba que él era hombre verdadero con la virtud paterna? Lo cual si no creo, engañó, si requieres, maniqueo, qué es la naturaleza de Dios, todo lo que es, es verdadero. Pues si hace algo mendaz, ni es Dios: el uso divino no admite el error. Objetas al eterno Señor que vino a nosotros resbaladizo, simulando otra cosa de la que el verdadero tenía, enmudece, furor; muerde tú mismo tu lengua, perro improbo, consumiendo las palabras con el paladar lacerado. Mateo se opone al que ladra y refuta la rabia, quien nota todo el género de la estirpe carnal hasta el Cristo corpóreo, descendiendo a través de seis veces siete nombres de varones y tejiendo la vena de la sangre alta desde los antepasados a través de los estirpes con hilo largo. El séptimo viene a la semana sexta a añadir este número Cristo, quien completa el año plácido que remite todas las cosas enredadas con múltiples contratos, y levantando al hombre de la muerte del hombre, pues el barro mortal era imperfecto entonces: el varón solo está presente perfecto e íntegro Jesús, a quien nada faltó de los siete siete, desde el cual perfeccionara el género mortal con virtud perenne. Este es aquel para nosotros que completa los séptimos sábados, para que nuestra carne finalmente asociada a Dios descanse, la cual los sábados dos veces tres atormentaban con males nocivos. Corramos por los grados conocidos y sigamos la progenie de los reyes: encontrarás que Cristo fluyó de la carne de los padres de los hombres, quien sea de la semilla de David, heredero de la sangre a contar por la estirpe recensida.¿ Qué? Cuando Lucas, el que habla cosas santas, revolviendo el germen, lleva la serie hacia arriba, subiendo a través del cuerpo del nieto y recorriendo el curso a través de los antepasados antiguos, sube siete veces diez a los ortos y dos( pues envió otros tantos doctores al orbe); los grados descendidos naciendo, los retejió volviendo hasta el ápice del cuerpo terreno Adán. De allí la Deidad padre recibe lo suyo y lo nuestro mezclado, y se hace Adán hijo del Dios sumo a través de Cristo. Resta que finjas la gente aérea desde el origen, los próceres aéreos, Leví, Judá, Simeón, David aéreo, los cuerpos de los grandes reyes aéreos, y el mismo vientre de la virgen fecunda hinchado con aire falaz y nubes y nube; que se desvanezca la sangre soplable, que los huesos se deshagan blandos, que perezca la textura de los nervios volantes; que el notorio inútil quite todo lo que fue hecho, que las auras tenues dispersen, que sea fábula lo que somos todos,¿ y qué hace Cristo si no me asume?¿ O a quién libera débil si desdeña acercarse a la carga de la carne y teme los monumentos de sus propias manos?¿ Considera indigno adquirir el cuerpo de barro, quien no consideró indigno antaño para sí mismo tratar el barro, cuando componía el vaso en el campo no visceral aún, sino con el gluten del barro inerte y bajo el pulgar podrido llevaba los miembros impresos? Tanto amor de la tierra, tanta es la dilección de nosotros, se digna comprender la gleba blanda de la tierra muy grasa con los dedos divinos, ni considera los contagios sucios de la masa que se adhiere, había ordenado que la luz se hiciera, se hizo como había ordenado; todas las cosas editadas por el orden imperante arrastraron nuevas formas: solo el hombre mereció recibir el rostro formable por la diestra del Señor, y nacer por el grupo hacedor de la Deidad,¿ hacia dónde pues tanta indulgencia nos ocurrió en nuestro barro, que tratado por las manos del Señor se hiciera sagrado con arte honrada, noble ya por el tacto mismo? Puesto que Dios había decretado mezclar a Cristo con el suelo incorrupto, tuvo por digno lo que quería formar con dedos santos y esconder la prenda cara. La naturaleza ciertamente destruida de la tierra forzada abandonó la forma, y cedió obnoxiosa a la muerte: pero la naturaleza de Dios nunca a ser disuelta quiso que la tierra caduca viciada primeramente por nuestro uso fuera suya, para que ya no fuera viciable. Cristo es nuestra carne: se disuelve para mí y surge para mí; me disuelvo por mi muerte, resurjo por la virtud de Cristo. Cuando muere Cristo, cuando es sepultado llorosamente, me veo: cuando ya remeable está presente desde el túmulo, veo a Dios. Si es fantasma de mis miembros, y es fantasma de Dios; es necesario que Cristo sea mentiroso en ambos, si Cristo sabe engañar con la especie. Si no es hombre verdadero, a quien la muerte misma prueba hombre, ni es Dios verdadero, a quien la gloria de la obra produce ser Dios. O cree que muere, o refuta que está presente, y niega al verdadero Cristo con doble razón. Pues qué magnífico, si no ha muerto Jesús, y vuelve? Aquella virtud de Dios es memorable, para que muerto vuelva a los superiores y surja sepultado. Quien quiera decir que Cristo es Dios, diga que el mismo es hombre, para que su majestad no pierda las fuerzas. Conozco que mi cuerpo surge en Cristo.¿ Por qué me ordenas desesperar? Vendré por los caminos por los que él vuelve hollada la muerte: lo que creemos, esto es. Y vendré todo; pues ni menor ni otro que el que ahora soy seré restituido. El rostro, el vigor y el color mismo, que ahora vive, será, ni me vomitará la fosa del sepulcro abierto defraudado ni por diente ni por uña. Quien ordena que vuelva, no devolverá nada débil; pues si la debilidad vuelve, no es instauración. Lo que el azar arrebató, lo que la enfermedad, lo que el dolor consumió, lo que la vejez voraz truncó con el veterno que devasta, todo volverá reparado en los miembros que vuelven. Pues la muerte vencida debe la fe, para que no devuelva algo corto por fraude del sepulcro, aunque ya haya devorado cuerpos cortos; sin embargo la debilidad y la violencia de la enfermedad era virtud de la muerte: devolverá lo que había sorbido particuladamente de cualquier modo, para que no todo el muerto no vuelva, si falta algo del cuerpo pleno, expulsen el miedo del corazón, mis miembros, y crean que ustedes mismos volverán con Cristo Dios; pues él los lleva y los revoca consigo, ríanse de las enfermedades amenazantes, desprecien los casos infligidos, escupan los túmulos inmundos; vayan a donde Cristo provoca surgiendo.