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Sallust (I BC)Hist Lep.p1 · spanish-geminiMore by Sallust (I BC)
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Original: Perseus Lat2

'Clementia et probitas vostra, Quirites, quibus per ceteras gentis maxumi et clari estis, plurumum timoris mihi faciunt advorsum tyrannidem L. Sullae, ne, quae ipsi nefanda aestumatis, ea parum credundo de aliis circumveniamini — praesertim quom illi spes omnis in scelere atque perfidia sit neque se aliter tutum putet, quam si peior atque intestabilior metu vostro fuerit, quo captis libertatis curam miseria eximat — aut, si provideritis, in tutandis periculis magis quam ulciscundo teneamini. satellites quidem eius, homines maxumi nominis, optumis maiorum exemplis, nequeo satis mirari, qui dominationis in vos servitium suom mercedem dant et utrumque per iniuriam malunt quam optumo iure liberi agere: praeclara Brutorum atque Aemiliorum et Lutatiorum proles, geniti ad ea, quae maiores virtute peperere, subvortunda. nam quid a Pyrrho, Hannibale Philippoque et Antiocho defensum est aliud quam libertas et suae quoique sedes, neu quoi nisi legibus pareremus? quae cuncta scaevos iste Romulus quasi ab externis rapta tenet, non tot exercituum clade neque consulum et aliorum principum, quos fortuna belli con- sumpserat, satiatus, sed tum crudelior, quom plerosque secundae res in miserationem ex ira vortunt. quin solus omnium post memoriam humani generis supplicia in post futuros conposuit, quis prius iniuria quam vita certa esset, pravissumeque per sceleris immanitatem adhuc tutus fuit, dum vos metu gravioris serviti a repetunda libertate terremini.

Spanish Gemini
Lep.p1
Vuestra clemencia y probidad, ciudadanos, por las cuales sois grandes y célebres entre los demás pueblos, me causan el mayor temor ante la tiranía de L. Sila, no sea que, al considerar vosotros mismos nefandas tales acciones, seáis engañados por creer demasiado poco de los demás; especialmente cuando toda su esperanza reside en el crimen y la perfidia, y no se considera seguro de otro modo que si fuera más perverso y detestable que vuestro miedo, mediante el cual, una vez capturados, la miseria os priva de la preocupación por la libertad; o bien, si habéis previsto el peligro, os veáis más ocupados en protegeros de los riesgos que en vengarlos. En cuanto a sus satélites, hombres de gran nombre y de los mejores ejemplos de sus antepasados, no puedo dejar de asombrarme de que entreguen su propia servidumbre como recompensa por el dominio sobre vosotros, y prefieran ambos estados a través de la injusticia antes que vivir libres bajo el mejor derecho: ilustre descendencia de los Brutos, los Emilios y los Lutacios, nacidos para destruir aquello que sus antepasados ganaron con su virtud. Pues,¿ qué otra cosa fue defendida por Pirro, Aníbal, Filipo y Antíoco sino la libertad y los hogares de cada uno, y que no obedeciéramos a nadie más que a las leyes? Todo esto lo posee ese Rómulo salvaje como si fuera un botín arrebatado a extranjeros, no saciado por la matanza de tantos ejércitos ni de cónsules y otros jefes a quienes la fortuna de la guerra había consumido, sino más cruel entonces cuando la prosperidad convierte a la mayoría de la ira a la compasión. Es más, él solo, desde que se tiene memoria del género humano, ha ideado castigos para los que han de nacer, para quienes la injuria sería anterior a la vida misma, y ha permanecido hasta ahora protegido de la manera más perversa por la inmensidad de su crimen, mientras vosotros, por miedo a una servidumbre más grave, os sentís intimidados para reclamar vuestra libertad.
Lep.p2
Es necesario actuar y salir al paso, ciudadanos, para que vuestros despojos no estén en manos de ellos; no hay que dilatarlo ni preparar auxilios con votos; a menos que, por ventura, esperéis que ya haya hastío o vergüenza de la tiranía de Sila y que él, habiendo ocupado el poder mediante el crimen, lo abandonará de manera más peligrosa. Pero él ha llegado a tal punto que no estima nada glorioso si no es seguro, y considera honesto todo lo que sirva para retener el dominio. Por tanto, aquella quietud y ocio con libertad, que muchos hombres probos preferían antes que el trabajo con honores, ya no existen; en esta época hay que servir o mandar, hay que tener miedo o causarlo, ciudadanos. Pues,¿ qué queda más allá?¿ Qué cosas humanas o divinas permanecen sin mancillar? El pueblo romano, hace poco moderador de las naciones, despojado de su imperio, de su gloria y de su derecho, falto de actividad y despreciado, no tiene ni siquiera el sustento de los esclavos. Una gran parte de los aliados y del Lacio, a quienes habíais otorgado la ciudadanía por muchos y egregios hechos, son impedidos por un solo hombre, y pocos satélites han ocupado los hogares patrios de la plebe inocente como recompensa por sus crímenes. Las leyes, los juicios, el tesoro, las provincias, los reyes, todo está en manos de uno solo; en fin, la licencia sobre la vida y la muerte de los ciudadanos. Al mismo tiempo habéis visto sacrificios humanos y sepulcros manchados con sangre civil.¿ Les queda a los hombres otra cosa que reparar la injuria o morir con virtud? Puesto que la naturaleza ha establecido un mismo fin para todos, ya sea cercados por el hierro, y nadie espera la necesidad extrema sin atreverse a nada, salvo con ánimo afeminado.
Lep.p3
Pero yo soy un sedicioso, como dice Sila, yo que me quejo de las recompensas de los disturbios, y un deseoso de guerra, yo que reclamo las leyes de la paz; ciertamente porque no estaréis a salvo ni suficientemente protegidos en el imperio de otro modo que si Vettius Picens y el escriba Cornelius malgastan lo que otros bien ganaron, a menos que aprobéis todos la proscripción de inocentes por sus riquezas, el tormento de hombres ilustres, la ciudad devastada por la huida y las matanzas, los bienes de los ciudadanos miserables vendidos o regalados como si fueran un botín cimbrio. Pero me objeta las posesiones de los bienes de los proscritos. Lo cual es, en verdad, lo más grave de sus crímenes, que ni yo ni nadie en absoluto estábamos suficientemente seguros si actuábamos rectamente. Y aquellos bienes que entonces compré por miedo, habiendo pagado su precio legalmente, sin embargo, los devuelvo a sus dueños, pues no es mi intención que haya botín alguno de los ciudadanos. Bastante habrán sido aquellas cosas que toleramos, contraídas por la rabia, con ejércitos romanos trabando combate entre sí y las armas vueltas desde los extranjeros contra nosotros mismos. Que sea este el fin de todos los crímenes y ultrajes; de los cuales Sila no solo no se arrepiente, sino que los cuenta entre su gloria y, si pudiera, los habría cometido con mayor avidez.
Lep.p4
Y ya no temo lo que penséis de él, sino cuánto os atrevéis, no sea que, esperando unos a otros un jefe, seáis capturados antes, no por sus recursos, que son fútiles y corruptos, sino por vuestra desidia, a la cual se le permite ir a arrebatar y, cuanto más te atreves, tanto más pareces afortunado. Pues, aparte de sus satélites manchados,¿ quién desea lo mismo o quién no desea que todo cambie, excepto la victoria?¡ Ciertamente los soldados, con cuya sangre se ganaron riquezas Tarula y Scirtus, los peores de los esclavos!¿ O aquellos a quienes fue preferido Fufidius en la obtención de magistraturas, una esclava infame, el deshonor de todos los honores? Por tanto, la mayor confianza me la da el ejército vencedor, al cual, a través de tantas heridas y trabajos, no se le ha buscado nada más que un tirano. A menos que, por ventura, hayan partido para derrocar la potestad tribunicia, fundada por sus antepasados mediante las armas, para arrebatar para sí mismos las leyes y los juicios: una recompensa ciertamente egregia, cuando, relegados a los pantanos y bosques, comprendieron que su ultraje y envidia eran los premios en manos de unos pocos.¿ Por qué, pues, avanza con tanto séquito y ánimo? Porque la prosperidad es un refugio maravilloso para los vicios, los cuales, una vez derribados, será tan despreciado como ha sido temido; a menos que sea bajo la apariencia de concordia y paz, nombres que ha dado a su crimen y parricidio. Y dice que no hay otra forma de salvar la república y terminar la guerra, sino que permanezca la plebe expulsada de sus campos, el botín civil más amargo, y el derecho y el juicio de todas las cosas en sus manos, lo que fue del pueblo romano. Si entendéis que esto es paz y orden, aprobad los mayores disturbios y ruinas de la república, asentid a las leyes impuestas, aceptad el ocio con servidumbre y entregad el ejemplo a la posteridad para que la república sea capturada a cambio de la sangre de los suyos. Aunque para mí, a través de este sumo imperio, ya se había buscado bastante para el nombre de mis antepasados, para mi dignidad e incluso para mi protección, sin embargo, no fue mi intención hacer fortuna privada, y me pareció preferible una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila. Si aprobáis esto, estad presentes, ciudadanos, y con el favor de los dioses seguid a M. Emilio, cónsul, guía y autor, para recuperar la libertad.'

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