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Casi al mismo tiempo después de Pertinax, quien fue asesinado por instigación de Albino, fueron proclamados emperadores Juliano en Roma por el senado, Septimio Severo por el ejército en Iliria, Pescenio Níger en Oriente y Clodio Albino en la Galia. Herodiano afirma que Clodio fue César de Severo, pero como uno y otro se indignaban de que el otro mandara, y ni los galos ni los ejércitos germanos podían soportar que los otros tuvieran su propio príncipe, todo se vio turbado por todas partes. Clodio Albino era de familia noble, aunque de Hadrumeto, en África, razón por la cual se apropiaba de aquel vaticinio que dijimos en la vida de Pescenio que se aplicaba a Severo, pues no quería que se entendiera como« el peor blanco»( Pessimus Albus), lo cual estaba contenido en el mismo verso que la alabanza de Severo y la aprobación de Pescenio Níger. Pero antes de disertar sobre su vida o su muerte, debo decir también aquello que lo hizo noble.
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Pues a este mismo le había enviado cartas Cómodo en una ocasión, cuando le daba a Albino un sucesor, en las que le ordenaba ser César; he incluido una copia:« El emperador Cómodo a Clodio Albino: ya te he enviado otras cartas públicamente sobre tu sucesión y tu honor, pero esta, familiar y privada, escrita toda, como ves, de mi propia mano, te otorga la facultad de que, si fuera necesario, te presentes ante los soldados y asumas el nombre de César, pues oigo que tanto Septimio Severo como Nonio Murco hablan mal de mí ante los soldados, para que se aseguren la administración de la guardia augusta. Tendrás además, cuando lo hagas, libre potestad de repartir estipendios hasta tres áureos, porque sobre esto también he enviado cartas a mis procuradores, las cuales recibirás tú mismo selladas con el sello amazónico y, cuando sea necesario, se las darás a los administradores para que no dejen de escucharte cuando quieras disponer del erario. Ciertamente, para añadirte algún distintivo de la majestad imperial, tendrás la facultad de usar el manto de púrpura en el presente, y cuando estés conmigo, tendrás también la púrpura, pero sin oro, porque así lo recibió de Adriano, quien lo adoptó, mi bisabuelo Vero, que murió siendo niño».
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Al recibir estas cartas, no quiso en absoluto hacer lo que se le ordenaba, viendo que Cómodo era odioso por sus costumbres, con las que había perdido la república y se había deshonrado a sí mismo, y que debía ser eliminado en cualquier momento, y temiendo que él mismo fuera asesinado por igual. Existe, en fin, aquel discurso suyo en el que, cuando aceptó el imperio— y ciertamente consolidado por la voluntad de Severo, según algunos—, hace memoria de este asunto, cuyo ejemplo es este:« Que fui llevado al imperio contra mi voluntad lo prueba también el hecho de que desprecié a Cómodo cuando me regalaba el nombre de César; pero hay que obedecer tanto a vuestra voluntad como a la de Severo Augusto, porque creo que bajo un hombre óptimo y un varón fuerte la república puede ser bien gobernada». Y no se puede negar, como dice también Mario Máximo, que esta fue la intención inicial de Severo: que, si algo le sucedía, sustituirlo por Pescenio Níger y Clodio Albino. Pero después, preocupado por sus hijos ya mayores y envidiando el afecto hacia Albino, cambió de opinión y los aplastó a ambos en la guerra, movido sobre todo por las súplicas de su esposa. En fin, Severo lo designó cónsul, lo cual ciertamente no habría hecho si no fuera un hombre óptimo, siendo él diligente en la elección de magistrados.
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Pero para volver a él, Albino, como dije, era oriundo de Hadrumeto, pero noble entre los suyos y descendiente de familias romanas, a saber, los Postumios, los Albinos y los Ceyonios. Esta familia, Constantino máximo, es hoy también nobilísima y ha sido aumentada y debe ser aumentada por ti, la cual creció muchísimo a través de Galieno y los Gordianos. Sin embargo, él nació en un hogar modesto, con un patrimonio muy escaso, de padres honestos, su padre Ceyonio Postumo y su madre Aurelia Mesalina, y fue el primer hijo de sus padres. Como al nacer era blanquísimo, lo cual es contrario a la costumbre de los niños, que suelen estar sonrosados al nacer, fue llamado Albino, lo que indica ser verdad una carta del padre enviada a Elio Basiano, entonces procónsul de África, pariente, por lo que parece, de ellos mismos. Carta de Ceyonio Postumo a Elio Basiano:« Me ha nacido un hijo el 26 de noviembre, tan blanco desde el primer momento en todo el cuerpo que superaba al lienzo con el que fue recogido, por lo cual lo entregué a la familia de los Albinos, que me es común contigo, imponiéndole el nombre de Albino. Haz que ames a la república, a ti y a nosotros, como haces».
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Pasó, pues, toda su infancia en África, educado medianamente en letras griegas y latinas, pues ya entonces tenía un ánimo militar y soberbio; pues se dice que en las escuelas cantaba muy a menudo entre los niños:« Tomo las armas, loco, y no hay suficiente razón en las armas», repitiendo« Tomo las armas, loco». Se dice que le ocurrieron muchos signos de imperio cuando nació, pues nació un buey blanco con los cuernos totalmente teñidos de púrpura. Se dice que estos, sin embargo, estuvieron mucho tiempo depositados en el templo de Apolo de Cumas por el mismo, ya siendo tribuno, porque, cuando le consultaba el vaticinio sobre su destino, se dice que le fue respondido con estos versos:« Este caballero detendrá la cosa romana en medio de un gran tumulto, abatirá a los púnicos y al galo rebelde». Y en la Galia, ciertamente, consta que domó a muchas naciones, pero él mismo sospechaba que lo de« abatirá a los púnicos» estaba predicho sobre Severo, porque Septimio era africano. Hubo también otro signo de futuro imperio, pues, como la familia cesariana tenía esta particularidad de que los niños de su casa se bañaran en artesas de carey, al nacer el niño le fue traída a su padre una tortuga enorme como regalo de un pescador; él, hombre culto, aceptando el presagio, recibió gustoso la tortuga, ordenó que fuera cuidada y que se dedicara a los baños infantiles del niño, esperando que se hiciera noble también por esto. Como era raro ver águilas en los lugares donde nació Albino, en el séptimo día, a la hora del banquete que se dedicaba a la celebración del niño, cuando se le ponían los nombres, siete aguiluchos fueron traídos de los nidos y colocados como por juego alrededor de la cuna del niño. El padre no rechazó este presagio y ordenó que las águilas fueran alimentadas y cuidadas diligentemente. Se añadió el presagio de que, cuando sus niños de familia eran envueltos en cintas rojizas, como por casualidad las cintas rojizas que la madre embarazada había preparado estaban lavadas y húmedas, fue envuelto con la cinta púrpura de la madre; de donde, por broma de la nodriza, se le puso también el nombre de Porfirio. Estos y otros fueron los signos del futuro imperio, que quien quiera conocer, que lea a Elio Cordo, quien persigue todas las trivialidades sobre este tipo de presagios.
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Adolescente, pues, se dedicó inmediatamente a la milicia y se dio a conocer a los Antoninos a través de Lolio Sereno, Bebio Meciano y Ceyonio Postumiano, sus parientes. Fue tribuno de los jinetes dálmatas; mandó también la legión de los cuartanos y la de los primanos; mantuvo fielmente los ejércitos bitinios en el tiempo en que Avidio se rebelaba; después, trasladado por Cómodo a la Galia, en la que, tras derrotar a las naciones transrenanas, hizo célebre su nombre tanto entre los romanos como entre los bárbaros. Inflamado por estas cosas, Cómodo le ofreció el nombre de César, la facultad de repartir estipendios y el uso del manto de púrpura. De todo esto él se abstuvo prudentemente, diciendo que Cómodo buscaba a quienes o perecieran con él o a quienes él mismo pudiera matar con alguna causa. Por gracia de la cuestura fue hecho edil, cargo en el que no estuvo más de diez días, porque era enviado apresuradamente al ejército; después ejerció la pretura bajo Cómodo de forma famosísima. Pues se dice que Cómodo exhibió combates en los juegos de este tanto en el foro como en el teatro. Fue declarado cónsul por Severo en el tiempo en que se había preparado para sustituirlo junto con Pescenio.
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Llegó al imperio ya de edad más avanzada y mayor que Pescenio Níger, como dice el propio Severo en su vida, pero, vencido Pescenio, como deseara conservar el imperio para sus hijos y viera el enorme amor del senado hacia Clodio Albino, por ser varón de antigua familia, envió cartas a él a través de algunos con sumo amor y sumo afecto, en las que le exhortaba a que, puesto que Pescenio Níger había sido asesinado, él mismo gobernara fielmente la república con él, cuyo ejemplo muestra Cordo:« El emperador Severo Augusto a Clodio Albino César, hermano amantísimo y deseadísimo, salud. Vencido Pescenio, enviamos cartas a Roma, que el senado, amantísimo de ti, recibió gustoso. Te ruego que gobiernes la república con el mismo ánimo con el que has sido elegido hermano de mi ánimo, hermano del imperio. Basiano y Geta te saludan. Nuestra Julia te saluda a ti y a tu hermana. A tu pequeño Pescenio Princo le enviaremos regalos dignos de su rango y del tuyo. Quisiera que retuvieras los ejércitos para la república y para nosotros, mi unánime, mi queridísimo, mi amantísimo».
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Y estas cartas, ciertamente, las entregó a guardaespaldas fidelísimos, a quienes ordenó que entregaran la carta públicamente, pero que después dijeran que querían sugerir muchas cosas en secreto que pertenecían a los asuntos bélicos, a los secretos de los campamentos y a la fidelidad áulica; pero cuando hubieran llegado a un lugar secreto como para decir los mandatos, cinco de los más fuertes lo matarían con puñales ocultos bajo la vestimenta. Y la fidelidad de ellos no faltó. Pues cuando llegaron ante Albino y entregaron la carta, leída esta, al decir que debían sugerir algunas cosas más secretamente y pedir un lugar apartado de todos los testigos, y al no permitir que nadie se acercara a la larguísima columnata mientras avanzaba con Albino bajo el pretexto de que no se revelaran los mandatos, Albino comprendió las emboscadas; en fin, cediendo a sus sospechas, los entregó a tormentos, quienes al principio negaron durante mucho tiempo, pero después, vencidos por la necesidad, confesaron las cosas que Severo les había ordenado. Entonces, ya revelados los asuntos y abiertas las emboscadas, comprendiendo Albino que las cosas que sospechaba eran claras, reunido un ejército ingente contra Severo y sus generales,
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vino, y en el primer conflicto tenido contra los generales de Severo fue superior, pero después el propio Severo, tras haber conseguido en el senado que Albino fuera juzgado como enemigo, marchó contra él y luchó con gran acritud y valentía en la Galia, no sin variedad de fortuna. En fin, cuando preocupado consultaba a los augures, le fue respondido, como dice Mario Máximo, que Albino caería en su poder, pero ni vivo ni muerto, lo cual también sucedió. Pues cuando se hubo trabado la batalla final, muertos innumerables de los suyos, muchos puestos en fuga y muchos incluso rendidos, Albino huyó y, como dicen muchos, se golpeó a sí mismo; como dicen otros, golpeado por su esclavo, fue llevado semivivo ante Severo. De donde se confirmó el augurio que había sido predicho antes; muchos dicen, además, que fue por los soldados, que buscaban el favor de Severo con su muerte. Albino tuvo, como dicen algunos, un hijo; como dice Máximo, dos. A estos les dio primero el perdón, pero después los mató con su madre y ordenó que fueran arrojados al río; su cabeza cortada la paseó en una pica y la envió a Roma, con cartas enviadas al senado en las que se burló de que hubieran amado tanto a Albino como para colmar de gran honor a sus parientes y especialmente a su hermano. Se dice que el cuerpo de Albino yació ante el pretorio de Severo durante muchísimos días hasta el hedor, y desgarrado por los perros fue arrojado al río.
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Sobre sus costumbres se dicen cosas variadas, y el propio Severo habla de él diciendo que era torpe, malicioso, malvado, deshonesto, codicioso y lujurioso. Pero esto en tiempo de guerra o después de la guerra, cuando ya no se podía creer en él como si fuera un enemigo, cuando él mismo le había enviado frecuentes cartas como a un amiguísimo, y muchos pensaban bien de Albino, y el propio Severo quiso que fuera llamado su César y, cuando pensaba en un sucesor, lo tuvo a él primero ante sus ojos. Existen, además, cartas de Marco sobre este mismo, que dan testimonio tanto de sus virtudes como de sus costumbres, de las cuales no fue absurdo insertar una enviada a los prefectos sobre su nombre:« Marco Aurelio Antonino a sus prefectos, salud. A Albino, de la familia de los Ceyonios, hombre africano pero que no tiene mucho de los africanos, yerno de Plautila, le he dado dos cohortes alares para que las mande. Es un hombre ejercitado, de vida seria, de costumbres graves; creo que será provechoso para los asuntos del campamento, ciertamente sé bien que no será perjudicial. Le he decretado un salario doble, vestimenta militar sencilla pero de su rango, y un estipendio cuádruple. Exhortadle a que se muestre a la república, pues tendrá la recompensa que merezca». Hay también otra carta, en la que el mismo Marco escribió sobre este mismo en tiempos de Avidio Casio, cuyo ejemplo es este:« Es loable la constancia de Albino, que mantuvo gravemente a los ejércitos que desertaban cuando huían hacia Avidio Casio. Y si no hubiera estado él, todos lo habrían hecho; tenemos, pues, un varón digno del consulado, a quien sustituiré en el lugar de Casio Papirio, quien me ha sido anunciado casi exánime. Lo cual, entretanto, no quiero que sea publicado por ti, para que no llegue ni al propio Papirio ni a sus afectos, y no parezca que hemos sustituido a un cónsul en lugar de uno vivo».
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Y estas cartas, pues, indican que Albino fue un varón constante, y sobre todo aquello de que envió dinero para restaurar aquellas ciudades que Níger había arruinado, para ganarse más fácilmente a sus habitantes. Cordo, que persigue tales cosas en sus volúmenes, dice que fue glotón, y de tal manera que consumía tantas frutas como la razón humana no permite. Pues dice que comió quinientos higos secos, que los griegos llaman calistrutias, en ayunas, y cien melocotones de Campania, diez melones de Ostia, veinte libras de uvas de Labico, cien currucas y cuatrocientos ostiones; dice, ciertamente, que era parco en vino, lo cual niega Severo, quien asegura que estaba ebrio incluso en la guerra. Nunca se entendió con los suyos, ya sea por la embriaguez, como dice Severo, o por la acritud de sus costumbres. Fue odiosísimo para su esposa, injusto con sus esclavos, atroz con los soldados, pues a menudo incluso a centuriones ordinarios, cuando la calidad de la causa no lo exigía, los llevó a la cruz, ciertamente los azotó con varas muchísimas veces y nunca perdonó las faltas. En el vestir fue elegantísimo, en el banquete sucísimo y solo atento a la abundancia, mujeriego entre los primeros amantes, siempre ignorante del vicio contra natura y perseguidor de tales cosas, peritísimo en el cultivo de los campos, de tal modo que incluso escribió las Geórgicas; algunos dicen que las Milesias son del mismo, cuya fama no se considera innoble, aunque estén escritas medianamente.
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Fue amado por el senado tanto como ningún otro príncipe, en odio especialmente a Severo, a quien los senadores odiaban vehementemente por su crueldad. En fin, vencido él, muchísimos senadores fueron asesinados por Severo, quienes habían sido o parecían ser de su partido. En fin, cuando lo hubo asesinado cerca de Lugdunum, ordenó inmediatamente que se buscaran las cartas, para encontrar a quiénes había escrito él mismo o quiénes le habían respondido, e hizo que todos aquellos cuyas cartas encontró fueran juzgados como enemigos por el senado; y no perdonó a estos, sino que los mató a ellos mismos, confiscó sus bienes y los devolvió al erario público. Existe una carta de Severo, que muestra su ánimo, enviada al senado, cuyo ejemplo es este:« Nada más grave me puede suceder, padres conscriptos, que el hecho de que Albino tuviera vuestro juicio antes que Severo. Yo he traído granos a la república, yo he llevado muchas guerras por la república, yo he traído al pueblo romano tanto aceite como apenas tuvo la naturaleza, yo, asesinado Pescenio Níger, os liberé de males tiránicos; ciertamente me habéis devuelto un gran favor, una gran gratitud; a uno de los africanos, y ciertamente de Hadrumeto, fingiendo que descendía de la estirpe de los Ceyonios, lo habéis ensalzado hasta tal punto que queríais tenerlo como príncipe siendo yo príncipe, estando a salvo mis hijos.¿ Faltaba, os ruego, en tan gran senado a quien debierais amar, quien os amara? Habéis ensalzado a su hermano con honores, de él esperáis consulados, de él preturas, de él las insignias de cualquier magistratura. No me devolvéis la gratitud que vuestros mayores prestaron contra la facción pisoniana, que asimismo por Trajano, que hace poco contra Avidio Casio; a aquel fingido y preparado para todo tipo de mentiras, que mintió también sobre su nobleza, me lo habéis preferido. Es más, incluso debió ser escuchado en el senado Estatilio Corfuleno, quien pensaba que debían decretarse honores a Albino y a su hermano, a quien le sobró esto, que siendo hombre noble decretara honores y triunfo para él sobre mí. Fue mayor el dolor porque muchos de vosotros pensasteis que debía ser alabado como hombre culto, cuando él, ocupado en ciertas niñerías de viejas, envejecía entre las Milesias Púnicas de su Apuleyo y juegos literarios». De aquí aparece con cuánta severidad castigó a la facción pesceniana o clodiana. Todas estas cosas, ciertamente, están puestas en su vida. Quien quiera saberlas con más diligencia, que lea a Mario Máximo sobre los escritores latinos, y sobre los escritores griegos a Herodiano, quienes dijeron la mayoría de las cosas conforme a la verdad.
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Fue de estatura alta, de cabello rizado y ensortijado, de frente ancha y blancura admirable, de tal modo que muchos piensan que de ahí recibió el nombre, de voz femenina y casi al sonido de los eunucos, de movimiento fácil, de ira grave, de furor tristísimo, variado en la lujuria, pues a menudo deseaba el vino, frecuentemente se abstenía, conocedor de las armas en absoluto, de modo que no mal se le llamaba el Catilina de su tiempo. No creemos que sea inoportuno mostrar las causas por las que Clodio Albino mereció el amor del senado. Cuando mandaba los ejércitos británicos por orden de Cómodo y se había enterado de que este había sido asesinado, aunque falsamente, cuando le había sido ofrecido el nombre de César por el propio Cómodo, se presentó ante los soldados y usó este discurso:« Si el senado del pueblo romano tuviera aquel su antiguo imperio, y la cosa pública no consistiera en el poder de uno solo, los destinos públicos no habrían llegado a los Vitelios ni a los Nerones ni a los Domicianos, en el imperio consular aquellas nuestras naciones de los Ceyonios, Albinos y Postumios, de las cuales vuestros padres, que ellos mismos habían oído de sus abuelos, aprendieron mucho. Y ciertamente el senado añadió África al imperio romano. El senado sometió la Galia y las Hispanias, el senado dio leyes a los pueblos orientales, el senado tentó a los partos; los habría sometido, si la fortuna de la república no hubiera dicho entonces a un príncipe tan avaro para el ejército romano. César sometió las Britanias, ciertamente un senador, aunque todavía no dictador. Este mismo Cómodo,¿ cuánto mejor habría sido si hubiera temido al senado? Y hasta Nerón, ciertamente, valió la autoridad del senado, que no temió condenar a un príncipe sórdido e impuro, cuando se dictaron sentencias contra él, quien entonces tenía el poder de vida y muerte y el imperio. Por lo cual, compañeros de armas, yo no quiero el nombre de César que Cómodo me ofreció.¡ Ojalá los dioses hicieran que ni siquiera otros lo quisieran! Que el senado mande, que divida las provincias, que el senado nos haga cónsules,¿ y qué digo el senado? Vosotros mismos y vuestros padres; pues seréis vosotros mismos senadores».
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Este discurso fue llevado a Roma estando todavía vivo Cómodo. Lo cual exasperó a Cómodo contra Albino, e inmediatamente envió como sucesor a Junio Severo, uno de sus compañeros de contubernio. Al senado, sin embargo, le agradó tanto que lo honró con admirables aclamaciones estando ausente, tanto vivo Cómodo como después de asesinado, de tal modo que algunos fueron incluso instigadores de Pertinax para que lo asociara consigo, y ante Juliano la autoridad de él mismo valió muchísimo para asesinar a Pertinax. Para que se entienda que esto es verdad, he insertado la carta de Cómodo enviada a sus prefectos del pretorio, en la que manifestó su intención sobre el asesinato de Albino:« Aurelio Cómodo a sus prefectos, salud. Creo que habéis oído, primero, que es falso que yo fuera asesinado por consejo de los míos, después, el discurso de Clodio Albino tenido ante mis soldados, en el que se recomienda mucho al senado, y eso, como vemos, no en vano, pues quien niega que deba haber un solo príncipe en la república y quien afirma que toda la república debe ser gobernada por el senado, ese busca para sí el imperio a través del senado. Tened cuidado, pues, diligentísimamente; pues ya sabéis que el hombre debe ser evitado por vosotros, los soldados y el pueblo». Cuando Pertinax hubo encontrado estas cartas, se esforzó por publicarlas para odio de Albino. Por lo cual, Albino fue instigador ante Juliano para asesinar a Pertinax.