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Commodus Antoninus
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Original: Perseus Lat2

De Commodi Antonini parentibus in vita Marci Antonini satis est disputatum. ipse autem natus est apud Lanuvium eum fratre Antonino gemino pridie kal. Sept. patre patruoque consulibus, ubi et avus maternus dicitur natus. Faustina cum esset Commodo cum fratre praegnans, visa est in somnis serpentes parere, sed ex his unum ferociorem. cum autem peperisset Commodum atque Antoninum, Antoninus quadrimus elatus est, quem parem astrorum cursu Commodo mathematici promittebant. mortuo igitur fratre Commodum Marcus et suis praeceptis et magnorum atque optimorum virorum erudire conatus est. habuit litteratorem Graecum Onesicratem, Latinum Capellam Antistium; orator ei Ateius Sanctus fuit. Sed tot disciplinarum magistri nihil ei profuerunt. tantum valet aut ingenii vis aut eorum qui in aula institutores habentur, nam a prima statim pueritia turpis, improbus, crudelis, libidinosus, ore quoque pol- 1 2 lutus et constupratus 3 fuit. iam in his artifex, quae stationis imperatoriae non erant, ut calices fingeret, saltaret, cantaret, sibilaret, scurram denique et gladiatorem perfectum ostenderet, auspicium crudelitatis apud Centumcellas dedit anno aetatis duodecimo. nam eum tepidius forte lautus esset, balneatorem in fornacem conici iussit; quando a paedagogo, cui hoc iussum fuerat, vervecina pellis in fornace consumpta est, ut fidem poenae de foetore nidoris impleret. Appellatus est autem Caesar puer cum fratre suo Vero. 4 quarto decimo aetatis anno in collegium

Spanish Gemini
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Sobre los padres de Cómodo Antonino ya se ha discutido suficientemente en la vida de Marco Antonino. Él mismo nació en Lanuvio, junto con su hermano gemelo Antonino, el día anterior a las calendas de septiembre, siendo cónsules su padre y su tío, lugar donde también se dice que nació su abuelo materno. Cuando Faustina estaba embarazada de Cómodo y de su hermano, tuvo sueños en los que daba a luz serpientes, pero una de ellas era más feroz. Tras dar a luz a Cómodo y a Antonino, Antonino murió a los cuatro años, a quien los matemáticos prometían un curso astral igual al de Cómodo. Muerto, pues, su hermano, Marco intentó educar a Cómodo tanto con sus propias enseñanzas como con las de hombres grandes y excelentes. Tuvo como maestro de letras griegas a Onesícrates, y de latinas a Capela Antistio; su orador fue Ateyo Sancto. Pero tantos maestros de disciplinas no le sirvieron de nada. Tanto puede la fuerza del ingenio o la de aquellos que son tenidos como preceptores en la corte, pues desde su más tierna infancia fue vil, malvado, cruel, libidinoso, y también impuro y corrompido de boca. Ya experto en artes que no correspondían a la dignidad imperial, como modelar copas, bailar, cantar, silbar y, en fin, mostrarse como un bufón y un gladiador perfecto, dio muestras de su crueldad en Centumcellae a los doce años de edad. Pues, como se hubiera bañado con demasiada tibieza, ordenó que el bañero fuera arrojado al horno; cuando, por orden del pedagogo a quien se le había encomendado esto, se consumió una piel de oveja en el horno para cumplir la pena con el hedor del tufo. Fue llamado César siendo niño junto con su hermano Vero. A los catorce años de edad fue admitido en el colegio
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de sacerdotes. Fue cooptado entre los trossuli, los príncipes de la juventud, cuando tomó la toga; aún con la pretexta infantil dio un congiario y él mismo presidió en la Basílica de Trajano. Se vistió con la toga el día de las nonas de julio, día en que Rómulo no apareció en la tierra, y en el mismo tiempo en que Casio se rebeló contra Marco. Partió hacia Siria y Egipto recomendado a los soldados junto con su padre y regresó con él a Roma. Después de esto, obtenida la dispensa de la ley annaria, fue hecho cónsul y, junto con su padre, fue llamado emperador el día cinco antes de las calendas de diciembre, siendo cónsules Polión y Apro, y celebró el triunfo con su padre, pues esto también lo habían decretado los padres. Partió también con su padre a la guerra germánica. No pudo soportar a los custodios de su vida, que eran hombres más honestos, y retuvo a los peores, y a los que fueron apartados los echó de menos hasta enfermar; restituidos estos por la debilidad de su padre, hizo tabernas y lupanares siempre en el palacio palatino y nunca escatimó ni en pudor ni en gastos. En su casa practicó el juego de azar, reunió a mujercitas de formas más refinadas como esclavas prostitutas bajo la apariencia de lupanares y burla de la castidad, imitando a los mercachifles de plaza. Se compró caballos de carreras. Dirigió carros con atuendo de auriga, convivió con gladiadores y se comportó como un ministro de alcahuetes, de modo que creerías que nació para la ignominia más que para el lugar al que la fortuna lo elevó.
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Destituyó a los ministros de mayor edad de su padre, expulsó a los amigos ancianos, intentó en vano seducir por su impudicia al hijo de Salvio Juliano, que estaba al frente de los ejércitos, y desde entonces tendió trampas a Juliano; expulsó a los más honestos ya sea por ultraje o por un honor indignísimo, fue llamado por los mimos como si hubiera sido corrompido y deportó repentinamente a los mismos para que no aparecieran. Incluso la guerra que su padre casi había terminado, la abandonó, sometiéndose a las leyes de los enemigos, y regresó a Roma. Cuando regresó a Roma, habiendo colocado a su amante Saótero detrás de él en el carro, triunfó de tal manera que lo besaba públicamente con frecuencia, volviendo el cuello hacia atrás. Incluso en la orquesta hizo lo mismo, y mientras bebía hasta el amanecer y se entregaba a los excesos con las fuerzas del imperio romano, por la tarde también revoloteaba por tabernas y lupanares. Envió a gobernar las provincias a hombres que eran cómplices de sus crímenes o recomendados por criminales. Llegó a tal punto el odio del senado que él mismo se ensañó cruelmente contra la ruina de tan alto orden y, de despreciado, se volvió cruel.
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La vida de Cómodo obligó a Cuadrato y a Lucila a tramar planes para su asesinato, no sin el consejo del prefecto del pretorio Tarrutenio Paterno; se le dio la tarea de ejecutar la muerte a Claudio Pompeyano, su pariente, quien, al entrar ante Cómodo con la espada desenvainada, habiendo tenido la oportunidad de hacerlo, prorrumpió en estas palabras:' El senado te envía este puñal', reveló el crimen como un insensato y no lo cumplió, participando muchos con él en la causa. Después de esto, fueron ejecutados primero Pompeyano y Cuadrato, luego Norbana y Norbano y Paralio; y su madre y Lucila fueron enviadas al exilio. Entonces los prefectos del pretorio, al ver que Cómodo había caído en tal odio por causa de Saótero, cuya potencia el pueblo romano no podía soportar, sacaron a Saótero del palacio con astucia bajo pretexto de un sacrificio y, al regresar a sus jardines, lo mataron por medio de los frumentarios. Esto, en verdad, fue más grave para Cómodo que lo ocurrido a sí mismo; pero a Paterno, autor de este asesinato y, según parecía, cómplice e interventor de la muerte preparada de Cómodo, para que la conjura no fuera castigada más ampliamente, lo apartó de la administración de la prefectura instigado por Tigidio mediante el honor del laticlavo. Pocos días después lo acusó de conjura, diciendo que la hija de Paterno había sido prometida al hijo de Juliano para que el imperio fuera transferido a Juliano, por lo cual mató a Paterno, a Juliano y a Vitruvio Segundo, el más íntimo de Paterno, quien se había encargado de las cartas imperiales. Además, toda la casa de los Quintilios fue extinguida, porque se decía que Sexto, hijo de Condiano, había escapado a la deserción fingiendo su muerte; también fueron ejecutados Vitrasia Faustina, Velio Rufo y el consular Egnacio Capitón, mientras que los cónsules Emilio Junco y Atilio Severo fueron enviados al exilio, y se ensañó de diversas maneras contra muchos otros.
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Después de esto, Cómodo nunca salió fácilmente en público ni permitió que se le comunicara nada que Perennis no hubiera tratado antes. Perennis, sin embargo, conociendo bien a Cómodo, encontró la manera de ser él mismo poderoso, pues persuadió a Cómodo de que él mismo se ocupara de sus placeres, mientras que el mismo Perennis se encargaba de las preocupaciones. Lo cual Cómodo aceptó alegremente, viviendo, pues, bajo esta ley, él mismo con trescientas concubinas, que había reunido de entre la selección de matronas y prostitutas por la belleza de su forma, y otros trescientos muchachos exoletus, a quienes había reunido igualmente de entre la plebe y la nobleza por la fuerza y el dinero, juzgando por la belleza, se entregaba a bacanales en el palacio entre banquetes y baños. Entre tanto, con atuendo de víctima, inmoló víctimas, luchó en la arena con gladiadores de cámara, a veces con espadas brillantes. Entonces, sin embargo, Perennis se arrogó todo para sí, mató a quienes quiso, despojó a muchos, subvirtió todas las leyes, acumuló todo el botín en su seno; él mismo, Cómodo, mató a su hermana Lucila después de haberla enviado a Capri, y luego, habiendo corrompido, según se dice, a sus otras hermanas, unió a sus abrazos a la prima de su padre y puso el nombre de su madre a una de sus concubinas. A su esposa, a quien sorprendió en adulterio, la expulsó, y una vez expulsada la relegó y después la mató; ordenaba que sus propias concubinas fueran corrompidas ante sus ojos, y no carecía de la infamia de los jóvenes que se abalanzaban sobre él, corrompido en cada parte de su cuerpo y por su boca en ambos sexos. Fue asesinado en ese tiempo también Claudio, como si fuera por bandidos, cuyo hijo entró una vez ante Cómodo con un puñal, y muchos otros senadores fueron asesinados sin juicio, también mujeres ricas, y algunos fueron acusados por Perennis en las provincias por sus riquezas, despojados o incluso asesinados. A aquellos a quienes les faltaba la acusación de un crimen fingido, se les reprochaba el no haber querido escribir a Cómodo como heredero.
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En ese tiempo, Perennis atribuía a su hijo los éxitos logrados en Sarmatia por otros generales; sin embargo, este Perennis, que tanto pudo, de repente, porque en la guerra británica había puesto al frente de los soldados a hombres de rango ecuestre apartando a los senadores, traicionada la causa por los legados del ejército, fue llamado enemigo y entregado a los soldados para ser despedazado, en cuyo lugar de poder sustituyó a Cleandro de entre los cubicularios. Ciertamente, después de la muerte de Perennis y de su hijo, anuló muchas cosas como si no hubieran sido hechas por él, restaurando todo como estaba, y esta penitencia por sus crímenes no pudo mantenerla más de treinta días, haciendo cosas más graves a través de Cleandro de las que había hecho a través del mencionado Perennis. Y en el poder, ciertamente, Cleandro había sucedido a Perennis, pero en la prefectura, Níger, de quien se dice que fue prefecto del pretorio solo por seis horas. Pues los prefectos del pretorio eran cambiados por horas y días, haciendo Cómodo todas las cosas peores de lo que había hecho antes. Marcio Cuarto fue prefecto del pretorio durante cinco días; los sucesores de estos fueron retenidos o asesinados según el arbitrio de Cleandro, a cuyo gesto incluso libertos fueron elegidos para el senado y entre los patricios, y entonces por primera vez hubo veinticinco cónsules en un solo año, y todas las provincias fueron vendidas. Cleandro vendía todo por dinero; a los llamados del exilio los adornaba con dignidades, rescindía las sentencias judiciales. Quien tanto pudo por la estupidez de Cómodo, que a Burro, marido de la hermana de Cómodo, que reprendía y comunicaba a Cómodo lo que se hacía, lo llevó a la sospecha de aspirar al reino y lo mató, siendo asesinados igualmente muchos otros que defendían a Burro. El prefecto Ebutiano también fue asesinado entre estos; en cuyo lugar el mismo Cleandro, con otros dos que él mismo había elegido, fue hecho prefecto, y entonces por primera vez hubo tres prefectos del pretorio, entre los cuales un liberto, que fue llamado' a pugione'.
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Pero también a Cleandro se le impuso finalmente un fin de vida digno, pues cuando por sus intrigas Arrio Antonino había sido asesinado con crímenes fingidos en favor de Atalo, a quien había condenado en el proconsulado de Asia, y Cómodo no pudo soportar entonces esa impopularidad con el pueblo enfurecido, fue entregado a la plebe para su castigo, cuando también Apolausto y otros libertos áulicos fueron asesinados igualmente. Cleandro, entre otras cosas, también corrompió a sus concubinas, de las cuales tuvo hijos, que después de su muerte fueron asesinados junto con sus madres. En su lugar fueron sustituidos Juliano y Regilo, a quienes también castigó después; asesinados estos, mató a Servilio y a Dulio Silano con los suyos, pronto a Ancio Lupo y a los Petronios Mamertino y Sura, y al hijo de Mamertino, Antonino, nacido de su hermana. Y después de ellos, a seis de los cónsules a la vez: Alio Fusco, Celio Félix, Luceyo Torcuato, Larcio Eurupiano, Valerio Basiano, Pactumeyo Magno con los suyos, y en Asia a Sulpicio Craso, procónsul, y a Julio Próculo con los suyos, y al consular Claudio Lucano, y a la prima de su padre, Faustina Annia, en Acaya, y a otros infinitos. Había destinado también a otros catorce para ser asesinados, cuando sus gastos no podían sostener las fuerzas del imperio romano.
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Entre tanto, mientras el senado se burlaba de él, al haber designado cónsul al adúltero de su madre, fue llamado Pío; cuando hubo asesinado a Perennis, fue llamado Félix; entre las muchísimas matanzas de muchos ciudadanos, como un nuevo Sila, el mismo Cómodo, aquel Pío, aquel Félix, se dice que incluso fingió una conjura contra sí mismo para matar a muchos, y no hubo ninguna otra deserción aparte de la de Alejandro, quien después se mató a sí mismo y a los suyos, y la de su hermana Lucila. Cómodo fue llamado también Británico por los aduladores, cuando los britanos incluso habían querido elegir un emperador contra él; fue llamado también Hércules Romano, porque había matado fieras en Lanuvio en el anfiteatro, pues era esta su costumbre, matar bestias en casa. Tenía además tal demencia que quiso que la ciudad romana fuera llamada colonia Comodiana, furor que se dice le fue infundido entre los halagos de Marcia; quiso también conducir cuadrigas en el Circo, salió en público vestido con la dalmática y así dio la señal para que salieran las cuadrigas, y en el tiempo en que informó al senado sobre hacer a Roma Comodiana, no solo el senado aceptó esto gustosamente por burla, según se entiende, sino que incluso se llamó a sí mismo Comodiano, llamando a Cómodo Hércules y dios.
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Simuló que también iría a África para exigir los gastos de viaje, y los exigió y los convirtió en banquetes y juegos de azar. Mató a Motileno, prefecto del pretorio, con veneno en higos. Recibió estatuas con el atuendo de Hércules, y se le inmoló como a un dios. Había preparado además matar a muchos. Lo cual fue revelado por un niño pequeño, que arrojó de la habitación una tablilla en la que estaban escritos los nombres de los que debían ser asesinados. Cultivó los ritos de Isis, hasta el punto de raparse la cabeza y llevar a Anubis. Ordenó a los que servían a Belona que se cortaran el brazo en primavera por afán de crueldad. Obligaba a los isíacos a golpearse el pecho con piñas hasta la muerte en primavera; cuando llevaba a Anubis, golpeaba gravemente las cabezas de los isíacos con la boca del simulacro. Con la maza no solo golpeó a leones con vestimenta femenina y piel de león, sino también a muchos hombres; a los débiles de pies y a aquellos que no podían caminar, los formó a modo de gigantes, de tal manera que desde las rodillas fueran cubiertos con trapos y lienzos como si fueran dragones, y a estos los atravesó con flechas. Profanó los ritos mitraicos con un homicidio, cuando allí se suele decir o fingir algo para dar apariencia de miedo.
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También fue niño, glotón e impúdico. De joven infamó a todo tipo de hombres que estaban con él, y fue infamado por todos. Arrojaba a los que se burlaban de él a las fieras. Incluso ordenó que fuera arrojado a las fieras a aquel que había leído el libro de Tranquilo que contenía la vida de Calígula, porque había tenido el mismo día de nacimiento que Calígula. Si alguien, ciertamente, había predicho que quería morir, ordenaba que este fuera precipitado contra su voluntad. En las bromas también era pernicioso. Pues a aquel a quien veía tener como gusanillos entre los cabellos negros que encanecían, poniéndole un estornino, que creía que perseguía a los gusanos, le dejaba la cabeza supurada por los golpes de su boca. A un hombre gordo le abrió el vientre por el medio para que sus intestinos se derramaran repentinamente. Llamaba monópodos y luscinios a aquellos a quienes les había quitado un ojo o roto un pie. Además, acabó con muchos por todas partes, a unos porque se habían encontrado con él con atuendo bárbaro, a otros porque eran nobles y hermosos; tuvo en sus delicias a hombres llamados con nombres de partes vergonzosas de ambos sexos, a quienes aplicaba más gustosamente sus besos. Tuvo también a un hombre con el pene prominente más allá de la medida de los animales, al que llamaba Onón, queridísimo para él, a quien enriqueció y puso al frente del sacerdocio del Hércules rústico.
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Se dice que a menudo mezcló excrementos humanos con los alimentos más preciosos y que no se abstuvo de probarlos, burlándose de otros, como pensaba. Mostró en una bandeja de plata a dos jorobados retorcidos rociados con mostaza y a los mismos los ascendió y enriqueció inmediatamente. Empujó a su prefecto del pretorio, Juliano, vestido con la toga, ante su séquito, a una piscina. A quien también ordenó bailar desnudo ante sus concubinas agitando címbalos con rostro deformado; raramente llamó a banquetes tipos de legumbres cocidas debido a la continuación de su lujo; se bañaba siete y ocho veces al día y comía en los mismos baños. Visitaba los templos de los dioses profanado por estupros y sangre humana. Imitó también al médico, para extraer sangre a los hombres con escalpelos mortales. Los aduladores llamaban a los meses en su honor: en lugar de agosto, Cómodo; en lugar de septiembre, Hércules; en lugar de octubre, Invicto; en lugar de noviembre, Exsuperatorio; en lugar de diciembre, Amazonio, por su propio signo. Fue llamado Amazonio por el amor a su concubina Marcia, a quien amaba pintada como una amazona, por la cual él mismo quiso salir a la arena romana con atuendo amazónico. También se sometió al certamen gladiatorio y recibió los nombres de los gladiadores con tal alegría como si recibiera triunfos. Siempre entró en el ludus y, cuantas veces entraba, ordenaba que se indicara en los monumentos públicos; se dice que luchó setecientas treinta y cinco veces. Nombrado entre los césares el cuarto día antes de los idus de octubre, que después llamó herculeas, siendo cónsules Pudente y Polión, llamado Germánico en los idus herculeos
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siendo cónsules Máximo y Orfito, fue admitido en todos los colegios sacerdotales como sacerdote el día trece antes de las calendas de las invictas, siendo cónsules Pisón y Juliano, partió hacia Germania el día catorce antes de las calendas de las elias, como llamó después, siendo cónsules los mismos, tomó la toga viril, llamado emperador junto con su padre el día cinco antes de las calendas exsuperatorias, siendo cónsules Polión y Apro por segunda vez, triunfó el día diez antes de las calendas de enero, siendo cónsules los mismos, partió por segunda vez el día tres antes de las nonas comodias, siendo cónsules Orfito y Rufo, dado para siempre por el ejército y el senado para ser conservado en la casa palatina comodiana el día once antes de las calendas romanas, siendo cónsul Presente por segunda vez. Meditando por tercera vez sobre la partida, fue retenido por el senado y su pueblo. Se hicieron votos por él en las nonas pías, siendo cónsul Fusciano por segunda vez; entre tanto, se refiere en las letras que luchó bajo su padre trescientas sesenta y cinco veces. Asimismo, después, que alcanzó tantas palmas gladiatorias, ya sea vencidos los reciarios o asesinados, que llegó a mil. De fieras diversas, sin embargo, mató con su propia mano, de tal manera que mató elefantes, muchos miles. Y esto lo hizo ante la mirada frecuente del pueblo romano.
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Era, sin embargo, fuerte para esto, otras veces débil y enfermizo, con un defecto también prominente entre las ingles, de tal manera que el pueblo romano reconocía su tumor a través de las vestiduras de seda. Se escribieron muchos versos sobre él, de los cuales incluso se gloría Mario Máximo en su obra; de tal fuerza fue para acabar con las fieras que atravesó a un elefante con una lanza y traspasó el cuerno de un órix con un bastón y con golpes individuales acabó con muchos miles de fieras enormes. Fue de tal desvergüenza que, sentado en el anfiteatro o en el teatro con vestimenta femenina, bebió públicamente muchísimas veces. Sin embargo, fueron vencidos bajo él, mientras él vivía así, los moros por medio de legados, vencidos los dacios, las panonias también fueron pacificadas; en Britania, en Germania y en Dacia, rechazando su imperio los provinciales, todas estas cosas fueron calmadas por los generales. El mismo Cómodo era lento y negligente en suscribir, de tal manera que suscribía muchos libelos con una sola forma, mientras que en muchísimas cartas escribía solo' Vale', y todas las cosas eran hechas por otros, quienes también se dice que se embolsaron las condenas,
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por esta negligencia, sin embargo, mientras los que entonces gobernaban la cosa pública devastaban también la annona, surgió incluso una gran escasez en Roma, aunque no faltaban frutos, y a aquellos que devastaban todo, Cómodo los mató y proscribió después. Él mismo, en verdad, simulando un siglo de oro comodiano, propuso la baratura, de la cual hizo mayor penuria. Muchos bajo él redimieron con dinero tanto la pena ajena como su propia salvación. Vendió también la diversidad de los suplicios, las sepulturas y las disminuciones de los males, y mató a unos por otros; vendió también provincias y administraciones, mientras que aquellos por medio de quienes vendía recibían una parte, y otra parte Cómodo. Vendió a algunos incluso las muertes de sus enemigos; vendieron bajo él también los resultados de los litigios los libertos. No soportó mucho tiempo a los prefectos Paterno y Perennis, de tal manera, sin embargo, que ninguno de los prefectos que él mismo había hecho cumplió tres años, a la mayoría de los cuales mató ya sea con veneno o con espada, y cambió a los prefectos de la ciudad con la misma facilidad.
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Mataba gustosamente a sus cubicularios, aunque siempre había hecho todo por el gesto de ellos. Eclecto, el cubiculario, cuando vio que mataba tan fácilmente a los cubicularios, se le adelantó y participó en la facción de su muerte. Tomó armas de espectador gladiatorio, cubriendo sus hombros desnudos con un paño púrpura. Tenía además la costumbre de ordenar que todo lo que hacía de manera vergonzosa, impura, cruel, gladiatoria o alcahueta, fuera indicado en las actas de la ciudad, como testifican los escritos de Mario Máximo. Llamó también al pueblo romano comodiano, ante el cual, estando presente muchísimas veces, luchó como gladiador; ciertamente, como el pueblo había favorecido a menudo al que luchaba como a un dios, creyéndose burlado, ordenó que el pueblo romano fuera asesinado en el anfiteatro por los soldados de la flota que llevaban las velas, y había ordenado incendiar la ciudad, como si fuera su colonia. Lo cual habría sucedido si Laeto, prefecto del pretorio, no hubiera disuadido a Cómodo. Fue llamado, ciertamente, entre otros nombres triunfales, también seiscientas veinte veces Palus Primus Secutorum.
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Los prodigios de su imperio, tanto pública como privadamente, fueron estos: apareció una estrella con cabellera. Se vieron huellas de los dioses en el foro saliendo. Y antes de la guerra de los desertores, el cielo ardió. Y una repentina calina y tiniebla surgió en el Circo en las calendas de enero; y antes de la luz habían estado también aves incendiarias y funestas; desde el palacio él mismo se trasladó al monte Celio a las casas Vectilianas, negando que pudiera dormir en el palacio. El Jano gemino se abrió por su propia voluntad, y el simulacro de mármol de Anubis fue visto moverse. La estatua de bronce de Hércules sudó en la Minucia durante muchos días. Un búho fue descubierto también sobre su habitación tanto en Roma como en Lanuvio. Él mismo, sin embargo, se hizo un prodigio no leve; pues cuando hubo metido la mano en la herida de un gladiador asesinado, se la limpió en su cabeza, y contra la costumbre ordenó que los espectadores asistieran al munus con paenula, no con toga, lo cual solía ser para los funerales, presidiendo él mismo con vestiduras oscuras. Su casco fue llevado dos veces a través de la puerta Libitinense. Dio un congiario al pueblo de setecientos veinticinco denarios a cada uno; con todos los demás fue muy tacaño, porque había disminuido el erario por los gastos de lujo. Añadió muchos juegos circenses más por capricho que por religión y para enriquecer a los dueños de las facciones.
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Incitados por esto, aunque demasiado tarde, el prefecto Quinto Emilio Laeto y su concubina Marcia tramaron una conjura para matarlo. Primero le dieron veneno; como esto no funcionaba, lo estrangularon por medio de un atleta con el que solía ejercitarse. Tenía una forma de cuerpo justa, con rostro insípido, como suelen tener los ebrios, y lenguaje incondito, con el cabello siempre teñido e iluminado con virutas de oro, quemándose el cabello y la barba por miedo al barbero. El senado y el pueblo pidieron que su cuerpo fuera arrastrado con un garfio y arrojado al Tíber, pero después, por orden de Pertinax, fue trasladado al monumento de Adriano. De sus obras, aparte del baño que Cleandro había hecho en su nombre, no existe ninguna, pero el senado borró su nombre grabado en obras ajenas. Tampoco terminó las obras de su padre; instituyó una flota africana que fuera de auxilio si por casualidad hubieran cesado los trigos alejandrinos. Ridículamente llamó también a Cartago Alejandría Comodiana togada, cuando también había llamado a la flota africana Comodiana Hercúlea. Añadió ciertamente algunos ornamentos al Coloso, que después fueron todos quitados. Quitó la cabeza del Coloso, porque era de Nerón, y puso la suya y escribió el título a la manera acostumbrada, de tal manera que no omitió aquel Gladiatorio y Afeminado. Sin embargo, Severo, emperador grave y hombre de su nombre, por odio, según parece, del senado, lo devolvió entre los dioses, añadiendo un flamen, que él mismo se había preparado en vida, el Herculáneo Comodiano. Dejó tres hermanas supervivientes, para que se celebrara su nacimiento. Severo lo instituyó.
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Las aclamaciones del senado después de la muerte de Cómodo fueron graves; pero para que se supiera cuál fue el juicio del senado sobre Cómodo, he insertado las mismas aclamaciones de Mario Máximo y la sentencia del senado consulto: Que se retiren los honores al enemigo de la patria. Que se retiren los honores al parricida. Que el parricida sea arrastrado. Enemigo de la patria, parricida, que el gladiador sea descuartizado en el spoliarium. Enemigo de los dioses, verdugo del senado, enemigo de los dioses, parricida del senado; enemigo de los dioses, enemigo del senado, el gladiador al spoliarium. El que mató al senado, que sea puesto en el spoliarium; el que mató al senado, que sea arrastrado con el garfio; el que mató a los inocentes, que sea arrastrado con el garfio. Enemigo, parricida, verdaderamente, verdaderamente. El que no perdonó a su propia sangre, que sea arrastrado con el garfio. El que iba a matarte, que sea arrastrado con el garfio. Con nosotros temiste, con nosotros estuviste en peligro. Para que estemos a salvo, Júpiter óptimo máximo, salva para nosotros a Pertinax. Por la fe de los pretorianos felizmente, por las cohortes pretorianas felizmente, por los ejércitos romanos felizmente, por la piedad del senado felizmente. Que el parricida sea arrastrado. Rogamos, Augusto, que el parricida sea arrastrado. Esto rogamos, que el parricida sea arrastrado. Escucha César: los delatores al león, escucha César: Sperato al león, por la victoria del pueblo romano felizmente, por la fe de los soldados felizmente, por la fe de los pretorianos felizmente, por las cohortes pretorianas felizmente. Las estatuas del enemigo por todas partes, las estatuas del parricida por todas partes, las estatuas del gladiador por todas partes, que las estatuas del gladiador y del parricida sean retiradas. Que el asesino de ciudadanos sea arrastrado. Que el parricida de ciudadanos sea arrastrado. Que las estatuas del gladiador sean retiradas. Estando tú a salvo, estamos a salvo y seguros, verdaderamente, verdaderamente, ahora verdaderamente, ahora dignamente, ahora verdaderamente, ahora libremente. Ahora estamos seguros; miedo a los delatores, para que estemos seguros, miedo a los delatores, para que estemos a salvo, los delatores del senado, el garrote para los delatores. Estando tú a salvo, los delatores al león, imperando tú, el garrote para los delatores.
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Que la memoria del parricida gladiador sea abolida, que las estatuas del parricida gladiador sean retiradas. Que la memoria del impuro gladiador sea abolida. El gladiador al spoliarium. Escucha César: que el verdugo sea arrastrado con el garfio. Que el verdugo del senado sea arrastrado con el garfio según la costumbre de los antepasados. Más cruel que Domiciano, más impuro que Nerón, así hizo, así que sufra, que se conserven las memorias de los inocentes. Restituye los honores de los inocentes, rogamos. Que el cadáver del parricida sea arrastrado con el garfio. Que el cadáver del gladiador sea arrastrado con el garfio. Que el cadáver del gladiador sea puesto en el spoliarium. Pide, pide: todos opinamos que debe ser arrastrado con el garfio. El que mató a todos, que sea arrastrado con el garfio. El que mató a toda la edad, que sea arrastrado con el garfio. El que mató a ambos sexos, que sea arrastrado con el garfio. El que no perdonó a su propia sangre, que sea arrastrado con el garfio. El que profanó los templos, que sea arrastrado con el garfio. El que destruyó los testamentos, que sea arrastrado con el garfio. El que despojó a los vivos, que sea arrastrado con el garfio. Servimos a los esclavos. El que exigió precios por la vida, que sea arrastrado con el garfio. El que exigió precios por la vida y no guardó la fe, que sea arrastrado con el garfio. El que vendió al senado, que sea arrastrado con el garfio. El que quitó la herencia a los hijos, que sea arrastrado con el garfio. Los índices del senado, los delatores del senado, los subornadores de esclavos del senado, y tú temiste con nosotros; sabes todas las cosas y conoces a los buenos y a los malos, sabes todas las cosas, enmienda todas las cosas; por ti temimos.¡ Oh, nosotros felices, imperando tú verdaderamente! Habla sobre el parricida, habla, pide. Rogamos tu presencia, los inocentes no han sido enterrados. Que el cadáver del parricida sea arrastrado, el parricida desenterró a los enterrados; que el cadáver del parricida sea arrastrado.
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Y cuando por orden de Pertinax, Livio Laurensis, procurador del patrimonio, se lo hubo dado al cónsul designado Fabio Cilón, el cadáver de Cómodo fue enterrado durante la noche. El senado aclamó:¿ Con qué autor lo enterraron? Que el parricida enterrado sea desenterrado, que sea arrastrado. Cincius Severus dijo: Injustamente fue enterrado. Como pontífice digo, este colegio de pontífices lo dice, puesto que he repasado las cosas alegres, ahora me volveré a las necesarias: opino que las estatuas que aquel, que no vivió sino para la ruina de los ciudadanos y para su propia deshonra, obligó a decretar en su honor, deben ser abolidas, las cuales deben ser abolidas de todas partes, y el nombre debe ser borrado de todos los monumentos privados y públicos, y los meses deben ser llamados con los nombres con los que eran llamados, cuando por primera vez aquel mal se abatió sobre la cosa pública.

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