1
La vida de Antonino Diadumeno, el niño a quien el ejército proclamó emperador junto con su padre Opilio Macrino tras el asesinato de Basiano por la facción macriniana, no contiene nada memorable, salvo que fue llamado Antonino y que se produjeron prodigiosos presagios de un imperio que no habría de durar, como así ocurrió. Pues, en cuanto se supo por las legiones que Basiano había sido asesinado, una inmensa tristeza se apoderó de los corazones de todos, al considerar que no tenían a un Antonino en la República y al pensar que con él perecería el Imperio romano. Cuando esto fue anunciado a Macrino, ya emperador, temiendo que el ejército se inclinara hacia alguno de los Antoninos— de los cuales había muchos entre los jefes que eran parientes de Antonino Pío—, ordenó inmediatamente que se preparara una asamblea y llamó a su hijo, este niño, Antonino. La asamblea:« Veis, compañeros de armas, tanto a mí, ya de edad avanzada, como a Diadumeno, el niño a quien, si los dioses lo permiten, tendréis por príncipe durante mucho tiempo. Comprendo, además, el inmenso deseo que permanece entre vosotros por el nombre de Antonino; por tanto, dado que, por la condición de la fragilidad humana, no parece que me quede mucho de vida, nombro a este niño Antonino, con vuestro consentimiento, para que os represente a Antonino durante mucho tiempo». Se aclamó:« Macrino emperador, que los dioses te protejan. Antonino Diadumeno, que los dioses te protejan. Hace tiempo que todos pedimos a un Antonino. Júpiter óptimo máximo, vida para Macrino y Antonino. Tú sabes, Júpiter, que Macrino no puede ser vencido; tú sabes, Júpiter, que Antonino no puede ser vencido. Tenemos a Antonino, lo tenemos todo. Los dioses nos han dado a Antonino; Antonino es digno de su padre, digno del imperio».
2
El emperador Macrino dijo:« Tened, pues, compañeros de armas, tres áureos por el imperio, cinco áureos por el nombre de Antonino y las promociones habituales, pero duplicadas. Los dioses harán que esto suceda más a menudo. Daremos, además, cada cinco años lo que hoy hemos pensado». Después de esto, el propio niño Diadumeno Antonino, emperador, dijo:« Os doy las gracias, compañeros de armas, porque me habéis honrado tanto con el imperio como con el nombre, si es que me habéis considerado a mí y a mi padre dignos de ser llamados emperadores romanos y de que nos confiarais la República. Mi padre se ocupará de que no falte nada al imperio, y yo me esforzaré por no faltar al nombre de los Antoninos. Sé, en efecto, que he asumido el nombre de Pío, de Marco y de Vero, a quienes es muy difícil satisfacer. Mientras tanto, sin embargo, por causa del imperio y por causa del nombre, prometo todo lo que mi padre ha prometido, y otro tanto, con los honores duplicados, tal como el venerable padre Macrino, aquí presente, ha prometido». Herodiano, el escritor griego, pasando por alto esto, dice que el niño fue llamado César por los soldados y que fue asesinado junto con su padre. Tras celebrarse esta asamblea, se acuñó inmediatamente moneda en Antioquía con el nombre de Antonino Diadumeno; la de Macrino se pospuso hasta la orden del senado. También se enviaron cartas al senado en las que se indicaba el nombre de Antonino. Por ello, se dice que el senado aceptó gustoso ese imperio, aunque otros piensen que se hizo por odio a Antonino Caracalla. Ciertamente, el emperador Macrino había preparado dar al pueblo capas de color rojizo en honor de su hijo Antonino, que se llamarían antoninianas, tal como las de Basiano se llamaron caracallas, alegando que su hijo debía ser llamado Paenuleo o Paenulario mejor que Basiano fuera llamado Caracalla. También prometió un donativo mediante un edicto antoniniano, como el propio edicto podrá indicar. Palabras del edicto:« Quisiera, ciudadanos, que estuviéramos ya presentes; vuestro Antonino os daría el donativo de su nombre; además, grabaría a los niños antoninianos y a las niñas antoninianas, que propagarían la gloria de un nombre tan grato; y el resto».
3
Hecho esto, ordenó que se hicieran insignias y estandartes antoninianos en el campamento e hizo simulacros de Basiano de oro y plata, y durante siete días se celebró una suplicación en nombre de Antonino. El niño era el más hermoso de todos, de estatura algo alargada, cabello rubio, ojos negros, nariz recta, mentón bien formado para toda belleza, boca dispuesta a los besos, naturalmente fuerte, aunque más delicado en el ejercicio. En cuanto recibió las vestiduras de púrpura y escarlata y las demás insignias militares del imperio, brilló como si fuera sideral y celestial, de modo que era amado por todos gracias a su belleza. Esto es lo que hay que decir sobre el niño. Ahora vengamos a los presagios del imperio, que son prodigiosos tanto en otros como, especialmente, en este.
4
El día en que nació, su padre inspeccionó las púrpuras— entonces era por casualidad procurador del erario mayor— y ordenó que las que aprobó como brillantes fueran llevadas a la habitación en la que, dos horas después, nació Diadumeno. Los niños suelen nacer marcados por una membrana natural, que las parteras arrebatan y venden a abogados crédulos, pues se dice que los leguleyos se ayudan con esto; pero este niño no tuvo membrana, sino una diadema fina, pero tan fuerte que no pudo romperse, con fibras que se cruzaban a modo de nervio de arco. Dicen, en fin, que fue llamado niño Diademado, pero cuando creció, fue llamado Diadumeno por el nombre de su abuelo materno, aunque el nombre de Diadumeno no se alejaba mucho de aquel signo de Diademado. Cuentan que en el campo de su padre nacieron doce ovejas púrpuras, de las cuales solo una era variada. El mismo día en que nació, consta que un águila le trajo poco a poco una pequeña paloma real, la puso en la cuna mientras dormía y se retiró sin hacerle daño.
5
En la casa de su padre anidaron unos pantagatos. En los días en que nació, los matemáticos, tras recibir su carta astral, exclamaron que él era hijo del emperador y emperador, como si su madre hubiera sido adúltera, lo cual mantenía el rumor. A este mismo, un águila le llevó una membrana mientras caminaba por el campo y, al producirse el griterío de los acompañantes del niño, la puso sobre la estatua del rey en un monumento real que estaba junto a la villa en la que entonces se encontraba su padre, de modo que se ajustó a su cabeza. Muchos consideraron esto como un presagio y adecuado para la muerte, pero el resultado mostró que era claro. Además, nació en el natalicio de Antonino y a la misma hora y con signos casi coincidentes con los de Antonino Pío. Por eso, los matemáticos dijeron que él sería hijo de emperador y emperador, pero no por mucho tiempo. El día en que nació, dado que era el natalicio de Antonino, se dice que una mujer pariente exclamó:« Que sea llamado Antonino», pero Macrino temió y, como nadie de su linaje era conocido por este nombre, se abstuvo del nombre imperial, al mismo tiempo que ya había circulado el rumor sobre la fuerza de su nacimiento. Muchos han consignado en sus escritos estos y otros presagios, pero sobre todo aquel en el que, cuando Diadumeno estaba en la cuna, un león, tras romper sus cadenas, como dicen algunos, se había escapado y, al llegar a su cuna, lamió al niño y lo dejó intacto, mientras que la nodriza, al arrojarse sobre el león, murió al ser mordida, pues era la única que por casualidad se encontraba en el recinto en el que yacía el infante.
6
Estas son las cosas que parecen dignas de mención en Antonino Diadumeno, cuya vida habría unido a las gestas de su padre si el nombre de los Antoninos no me hubiera obligado a publicar una exposición especial de su vida infantil. Y, en verdad, el nombre de los Antoninos era tan amable en aquellos tiempos que quien no se apoyaba en ese nombre no parecía merecer el imperio; de ahí que algunos piensen que también Severo, Pertinax y Juliano debían ser honrados con los prenombres de los Antoninos, y de ahí que después piensen que los dos Gordianos, padre e hijo, fueron llamados Antoninos. Pero una cosa es cuando se adopta un prenombre y otra cuando se impone el nombre mismo; pues Pío tuvo el verdadero nombre de Antonino y el cognomen de Pío; Marco tuvo el verdadero nombre de Verísimo, pero, al ser este suprimido y abolido, recibió no el prenombre, sino el nombre de Antonino. Vero, en cambio, tuvo el nombre de Cómodo, y al ser este abolido, recibió no el prenombre, sino el nombre de Antonino. Marco, por su parte, llamó Antonino a Cómodo y así lo publicó en los registros públicos el día de su natalicio. Ya es bastante evidente que Caracalla Basiano, incluso por causa de un sueño que Severo había tenido, al sentir que se le había predicho a Antonino como sucesor, finalmente en el año decimotercero lo llamó Antonino, cuando se dice que también le añadió la potestad imperial. De Geta, en cambio, a quien muchos niegan que fuera llamado Antonino, consta suficientemente que fue llamado así por la misma razón que Basiano, para que sucediera a su padre Severo, lo cual no ocurrió en absoluto. Después de esto, consta suficientemente que el propio Diadumeno fue llamado Antonino para que fuera recomendado al ejército, al senado y al pueblo romano, dado que había un inmenso deseo por Basiano Caracalla.
7
Existe una carta de Opilio Macrino, padre de Diadumeno, en la que se jacta no tanto de haber llegado al imperio, siendo el segundo del imperio, como de haberse convertido en padre del nombre antoniniano, que no había sido más ilustre en aquellos tiempos ni siquiera el de los dioses. Antes de insertar esta carta, me place incluir unos versos dichos sobre Cómodo, quien se había llamado Hércules, para que todos entiendan que el nombre de los Antoninos era tan ilustre que ni siquiera el nombre de los dioses parecía añadirse a él adecuadamente. Versos dichos sobre Cómodo Antonino:« Cómodo desea tener el nombre de Hércules, no piensa que el de los Antoninos sea bueno, carente de derecho humano y de imperio, esperando incluso que ser dios es más ilustre que ser príncipe de un nombre egregio; este no será dios ni tampoco hombre alguno». Estos versos, compuestos por no sé qué griego, fueron traducidos al latín por un mal poeta, los cuales consideré que debían insertarse para que todos supieran que los Antoninos fueron más valorados que los dioses por el amor de tres príncipes, por los cuales la sabiduría, la bondad y la piedad fueron consagradas: en Antonino la piedad, en Vero la bondad, en Marco la sabiduría. Vuelvo ahora a la carta de Macrino Opilio:« Macrino a Nonia Celsa, su esposa. Qué bien hemos obtenido, mi esposa, carece de valoración, y quizás pienses que hablo del imperio; no es gran cosa eso que la fortuna ha concedido incluso a los indignos. Me he hecho padre de Antonino; tú te has hecho madre de Antonino. Oh, nosotros dichosos, oh, casa afortunada, preclara alabanza ahora por fin de un imperio feliz. Que los dioses lo hagan, y la buena Juno a quien veneras, que él también imite el mérito de Antonino, y que yo, que soy padre de Antonino, parezca digno ante todos».
8
Por esta carta se juzga cuánta gloria parecía haber obtenido al ser llamado hijo Antonino. Sin embargo, este fue asesinado junto con su padre en el decimocuarto mes de su imperio debido al gobierno incivil y áspero de su padre, no por su propio nombre; aunque también encuentro que este fue cruel más allá de su edad con muchos, como enseñan las cartas ordenadas por este mismo a su padre. Pues cuando algunos incurrieron en la sospecha de deserción y Macrino los castigó cruelmente estando el hijo por casualidad ausente, y este se enteró de que los autores de la deserción habían sido asesinados, pero que los cómplices, cuyo jefe era el de Armenia y asimismo el legado de Asia y de Arabia, habían sido liberados por su antigua familiaridad, se dice que se dirigió a su padre con estas cartas, enviando otras iguales también a su madre, cuyo ejemplo consideré que debía insertarse por causa de la historia:« De hijo Augusto a padre Augusto: No parece, padre mío, que hayas mantenido tus costumbres en nuestro amor, tú que reservaste a los cómplices de la tiranía pretendida, esperando que te fueran más amigos si los perdonabas, o que debían ser liberados por su antigua familiaridad. Lo cual ni debió hacerse ni aprovechará. Pues, en primer lugar, ya no pueden amarte, ulcerados por las sospechas; después, son enemigos más crueles los que, olvidados de la antigua familiaridad, se unieron a tus mayores enemigos; añade que todavía tienen ejércitos. Si no te mueve la gloria de tan grandes cosas, mira a Ascanio que surge y a las esperanzas del heredero Julo, a quien se debe el reino de Italia y la tierra romana. Deben ser golpeados si quieres estar seguro, pues, por vicio del género humano, no faltarán otros mientras estos sean salvados». Algunos atribuyen esta carta a él mismo, otros a su maestro Celiano, antiguo retórico africano, de la cual aparece cuán áspero habría sido el joven si hubiera vivido.
9
Existe otra carta dirigida a la madre por el mismo, tal como esta:« Nuestro señor y Augusto no te ama ni se ama a sí mismo, pues conserva a sus enemigos. Actúa, pues, para que Arabianus, Tuscus y Gellius sean atados al poste, para que, si hubiera ocasión, no la dejen pasar». Y, según dice Lollius Urbicus en la historia de su tiempo, se dice que estas cartas, reveladas por el notario a aquel niño, le perjudicaron mucho ante los soldados, pues, cuando asesinaron a su padre, algunos quisieron salvarlo, pero apareció un chambelán que leyó estas cartas a la asamblea de los soldados. Asesinados, pues, ambos y llevadas sus cabezas en una pica, el ejército se inclinó hacia Marco Aurelio Antonino por el cariño al nombre; este se decía que era hijo de Basiano Caracalla, pero era sacerdote del templo de Heliogábalo, el hombre más impuro de todos y quien, por un cierto destino, deformó el Imperio romano, sobre el cual, ciertamente, como hay muchas cosas, disertaré en su lugar.