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Firmus Saturninus, Proculus et Bonosus
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Original: Perseus Lat2

Minusculos tyrannos scio plerosque tacuisse aut breviter prae ter isse. nam et Suetonius Tranquillus, emendatissimus et candidissimus scriptor, Antonium Vindicemque 1 tacuit, contentus eo quod eos cursim perstrinxerat, et Marius Maximus 2 Avidium Marci temporibus, Albinum et Nigrum Severi non suis propriis libris sed alienis innexuit. et de Suetonio non miramur, cui familiare fuit amare brevitatem, quid Marius Maximus, homo omnium verbosissimus, qui et mythistoricis se voluminibus implicavit, num ad istam descriptionem curamque descendit? atque contra Trebellius Pollio ea fuit diligentia, ea cura in edendis bonis malisque principibus ut etiam triginta tyrannos uno breviter libro concluderet, qui Valeriani et Gallieni nec multo superiorum aut inferiorum principum 3 4 fuere temporibus, quare nobis 5 quoque, etiamsi non tanta 6 non tamen minima fuerit cura, ut, dictis Aureliano, Tacito et Floriano, Probo etiam, magno ac singulari principe, cum dicendi essent Carus, Carinus et Numerianus, de Saturnino, Bonoso et Proculo et Firmo, qui sub Aureliano fuerat, non faceremus.

Spanish Gemini
1
Sé que la mayoría ha omitido o mencionado brevemente a los tiranos menores. Pues incluso Suetonio Tranquilo, escritor sumamente pulcro y cándido, silenció a Antonio y a Vindex, contento con haberlos rozado de pasada, y Mario Máximo integró a Avidio en los tiempos de Marco, y a Albino y Níger en los de Severo, no en libros propios, sino en los ajenos. Y no nos sorprende lo de Suetonio, a quien le era familiar amar la brevedad, pero¿ acaso Mario Máximo, el hombre más verboso de todos, que incluso se enredó en volúmenes mitohistóricos, descendió a tal descripción y cuidado? Por el contrario, Trebelio Polión tuvo tal diligencia y cuidado al editar a los buenos y malos príncipes que incluso concluyó a los treinta tiranos en un solo libro breve, los cuales fueron de los tiempos de Valeriano y Galieno, o de príncipes no mucho anteriores o posteriores. Por lo cual, nosotros también, aunque no con tanto, no obstante con no mínimo cuidado, tras haber hablado de Aureliano, Tácito, Floriano y también de Probo, un príncipe grande y singular, cuando debíamos hablar de Caro, Carino y Numeriano, no dejamos de hacerlo sobre Saturnino, Bonoso, Próculo y Firmo, quien había estado bajo Aureliano.
2
Pues sabes, mi Baso, cuánta disputa tuvimos hace poco con Marco Fonteyo, amante de las historias, cuando él decía que Firmo, quien había ocupado Egipto en tiempos de Aureliano, había sido un bandolero y no un príncipe; por el contrario, yo, y conmigo Rufio Celso, Ceyonio Juliano y Fabio Sosiano, contendíamos diciendo que él había usado la púrpura y, tras acuñar moneda, había sido llamado Augusto, cuando incluso Severo Arcontio presentó sus monedas, y además, mediante libros griegos y egipcios, lo convenció de que en sus edictos era llamado autokrator. Y para él, que contendía contra nosotros, este fue el único argumento: que decía que Aureliano en su edicto no había escrito que había matado a un tirano, sino que había eliminado de la república a cierto bandolero; como si un príncipe de tan gran nombre debiera llamar dignamente tirano a un hombre de las tinieblas, o como si los grandes príncipes no hubieran llamado siempre bandoleros a aquellos a quienes mataron por invadir la púrpura. Yo mismo, en la vida de Aureliano, antes de conocer todo sobre Firmo, no tuve a Firmo entre los purpurados, sino como a una especie de bandolero; lo cual dije para que nadie pensara que me había olvidado de mí mismo. Pero para no conectar muchas cosas al volumen que prometí brevísimo, vengamos a Firmo.
3
La patria de Firmo fue Seleucia, aunque la mayoría de los griegos transmiten otra, ignorantes de que en ese mismo tiempo hubo tres Firmos: uno prefecto de Egipto, otro dux del límite africano y a la vez procónsul, y este tercero, amigo y socio de Zenobia, quien, incitado por el furor de los egipcios, invadió Alejandría y a quien Aureliano aplastó con la felicidad habitual de sus virtudes. Sobre las riquezas de este se dicen muchas cosas, pues se afirma que equipó su casa con incrustaciones de vidrio insertadas con betún y otros medicamentos, y que poseía tal cantidad de papel que solía decir públicamente que podía alimentar a un ejército con papiro y cola. El mismo mantuvo también una gran alianza con los blemies y con los sarracenos. También envió a menudo naves mercantes a los indios; se dice que él mismo poseyó dos colmillos de elefante de diez pies, de los cuales Aureliano había decidido hacer una silla, añadiendo otros dos, en la que se sentaría un Júpiter de oro y gemas con apariencia de pretexta, para ser colocado en el Templo del Sol, tras consultar los oráculos apeninos, al cual había querido llamar Júpiter Cónsul o Consultor. Pero Carino dio después esos mismos colmillos como regalo a cierta mujer, de quien se narra que hizo un lecho con ellos. A la cual, porque se conoce ahora y nada aprovechará que se sepa entre los posteridad, la callo. Así, el regalo indio, consagrado a Júpiter Óptimo Máximo, parece haberse convertido, por un pésimo príncipe, en instrumento de lujuria y en precio.
4
Sin embargo, Firmo era de estatura gigantesca, ojos saltones, cabello rizado, frente herida, rostro negro, el resto del cuerpo blanco pero velludo y áspero, de modo que muchos lo llamaban Cíclope. Comía mucha carne; se dice que comía un avestruz al día. Bebía poco vino, mucha agua, de mente firmísima, de nervios robustísimos, de modo que vencía a Tritano, de quien Varrón hace memoria. Pues incluso soportó constantemente un yunque colocado sobre su pecho mientras otros lo golpeaban, mientras él mismo, reclinado y supino, curvado sobre las manos, colgaba más que yacía. Sin embargo, tuvo una disputa con los generales de Aureliano para beber, si alguna vez quisieron tentarlo; pues cierto Burburo, del número de los vexilarios, bebedor notabilísimo, cuando lo desafió a beber, se bebió dos cubos llenos de vino puro y estuvo sobrio durante todo el banquete posterior; y cuando Burburo le dijo:¿ Por qué no bebiste los posos?, él respondió: Necio, la tierra no se bebe. Perseguimos cosas leves, cuando deben decirse cosas mayores.
5
Este, pues, tomó el imperio contra Aureliano para defender las partes que quedaban de Zenobia. Pero fue superado cuando Aureliano regresaba de Tracia. Muchos dicen que terminó su vida en el lazo; Aureliano muestra otra cosa en sus edictos; pues cuando lo hubo vencido, ordenó que se propusiera en Roma tal edicto: Aureliano Augusto saluda a su amantísimo pueblo romano. Pacificado por todas partes el orbe de la tierra por donde se extiende, a Firmo, el bandolero egipcio, que hervía con movimientos bárbaros y recogía los restos del oprobio femenino, para no hablar mucho, lo hemos puesto en fuga, sitiado, atormentado y matado. No hay nada, quirites romúleos, que podáis temer; el canon de Egipto, que había quedado suspendido por el bandolero malvado, vendrá íntegro; tened concordia con el senado, amistad con el orden ecuestre, afecto con los pretorianos. Yo haré que no haya ninguna preocupación romana. Dedicaos a los juegos, dedicaos a los circenses, que las necesidades públicas nos retengan a nosotros, que las diversiones os ocupen a vosotros, por lo cual, santísimos quirites, etcétera.
6
Debiste saber que esto es lo que hemos conocido sobre Firmo, pero digno de memoria; pues si quieres conocer las cosas que Aurelio Festivo, liberto de Aureliano, relató detalladamente sobre él, es necesario que leas al mismo, especialmente cuando dice que el mismo Firmo nadó entre cocodrilos, untado con grasas de cocodrilo, y que dirigió un elefante, se sentó sobre un hipopótamo y, sentado, fue transportado por avestruces gigantes y casi voló. Pero¿ qué aprovecha saber esto? Cuando tanto Livio como Salustio callan las cosas leves sobre aquellos cuyas vidas emprendieron. Pues no sabemos qué mulas tuvo Clodio o las mulas de Tito Annio Milón, o si Catilina montó un caballo toscano o sardo, o qué púrpura usó Pompeyo en su clámide; por lo cual pondremos fin a Firmo, viniendo a Saturnino, quien se reivindicó el imperio para sí en las partes de oriente contra Probo.
7
Saturnino era galo de origen, de una estirpe de hombres inquietísimos y siempre ávidos de hacer un príncipe o de imperio. A este, entre los otros generales, porque parecía ser ciertamente un hombre sumamente alto, Aureliano le dio el ducado del límite oriental, prescribiendo sabiamente que nunca viera Egipto; pues pensaba, cuanto vemos, el hombre prudentísimo, en la naturaleza de los galos y temía que, si viera una ciudad perturbada, hacia donde la naturaleza lo llevaba, hacia allí fuera llevado también por la sociedad de los hombres. Pues los egipcios, como bien sabes, son hombres ventosos, furibundos, jactanciosos, injuriosos y, además, vanos, libres, deseosos de novedades hasta las canciones públicas, versificadores, epigramatarios, matemáticos, arúspices, médicos; pues entre ellos hay cristianos, samaritanos y aquellos a quienes los tiempos presentes siempre les desagradan con una libertad enorme. Y para que nadie se enoje conmigo por los egipcios y crea que es mío lo que puse en letras, pondré la epístola de Adriano, sacada de los libros de Flegonte, su liberto, de la cual se descubre profundamente la vida de los egipcios:
8
Adriano Augusto saluda al cónsul Serviano. He aprendido que Egipto, que me alababas, queridísimo Serviano, es toda leve, pendular y volátil a todos los momentos de la fama. Allí, los que veneran a Serapis son cristianos, y están devotos a Serapis los que se dicen obispos de Cristo; nadie allí, archisinagogo de los judíos, nadie samaritano, nadie presbítero de los cristianos, que no sea matemático, arúspice, alipta. El mismo patriarca, cuando viene a Egipto, es obligado por unos a adorar a Serapis, por otros a Cristo; es un género de hombres sediciosísimo, vanísimo, injuriosísimo; una ciudad opulenta, rica, fecunda, en la que nadie vive ocioso. Unos soplan vidrio, otros fabrican papel, todos ciertamente parecen ser tejedores de lino o de cualquier arte; y los gotosos tienen qué hacer, los mutilados tienen qué hacer, los ciegos tienen qué hacer, ni siquiera los quirágricos viven ociosos entre ellos; su único dios es la moneda. A este veneran los cristianos, a este los judíos, a este todos los gentiles; y ojalá la ciudad tuviera mejores costumbres, digna ciertamente de que, por su fecundidad, por su magnitud, mantenga el principado de todo Egipto. A esta le concedí todo, le devolví los antiguos privilegios, añadí nuevos de tal modo que agradecieran mi presencia; finalmente, apenas me fui de allí, dijeron muchas cosas sobre mi hijo Vero, y creo que te has enterado de lo que dijeron sobre Antinoo; no les deseo nada, sino que se alimenten con sus propios polluelos, a los cuales, cómo fecundan, me avergüenza decir. Te he enviado copas versicolores, que me ofreció el sacerdote del templo, dedicadas especialmente a ti y a mi hermana; las cuales quisiera que uses en los días festivos en los banquetes, cuida sin embargo de que nuestro africano no las use con indulgencia.
9
Pensando, pues, esto sobre los egipcios, Aureliano había ordenado que Saturnino no viera Egipto, y con mente divina, pues apenas los egipcios vieron que una gran potestad venía hacia ellos, gritaron inmediatamente:¡ Saturnino Augusto, que los dioses te salven! Y él, lo que no puede negarse, hombre sabio, huyó pronto de la ciudad alejandrina y regresó a Palestina; allí, sin embargo, cuando empezó a pensar que no era seguro para él vivir como privado, depuesta la púrpura, fue vestido con una túnica de mujer tomada de una estatua de Venus, rodeado por soldados, y adorado. Escuché a mi abuelo decir a menudo que él estuvo presente cuando era adorado." Lloraba", decía," y decía:' La república, si no hablo con arrogancia, ha perdido a un hombre necesario; yo ciertamente restauré las Galias, yo devolví África poseída por los moros, yo pacifiqué las Hispanias. Pero¿ qué aprovecha? Todas estas cosas perecieron al haber pretendido el honor una vez'."
10
Y cuando lo animaban, ya sea a la vida o al imperio, los que lo vistieron con la púrpura, discurrió en estas palabras: No sabéis, amigos, qué mal es imperar; espadas pendientes de un pelo amenazan los cuellos, lanzas por todas partes, por todas partes dardos, los mismos guardias son temidos, los mismos compañeros son temidos. No hay comida por placer, no hay viaje por autoridad, no hay guerras por juicio, no hay armas por estudio; añade que toda edad es reprendida en el imperio.¿ Es alguien anciano? Parece inhábil;¿ adolescente? se añade a esto que está loco. Ahora,¿ por qué digo que Probo es amable para todos? A quien, cuando deseáis que yo sea su rival, a quien cedo gustoso y de quien deseo ser general, me arrastráis a la necesidad de la muerte. Tengo el consuelo de la muerte: no podré perecer solo. Marco Salvidieno dice que este fue verdaderamente su discurso, y en verdad no fue poco instruido, pues había trabajado con un retórico en África y había frecuentado las escuelas magistrales en Roma.
11
Y para no avanzar más lejos, debe decirse, lo que pertenece especialmente a este, que algunos se equivocan al pensar que este es el Saturnino que ocupó el imperio en tiempos de Galieno, cuando aquel es otro muy distinto y fue muerto por Probo, que no quería el castigo; se dice, sin embargo, que Probo le envió a menudo cartas clementes y le prometió el perdón, pero que los soldados que habían estado con él no le creyeron. Finalmente, sitiado en cierto castillo por aquellos a quienes Probo había enviado, fue degollado contra la voluntad de Probo. Es largo conectar cada cosa frívola, es odioso decir de qué estatura fue, de qué cuerpo, de qué belleza, qué bebió, qué comió; que otros digan esas cosas que casi no aprovechan nada como ejemplo; volvamos a las cosas que deben decirse.
12
La patria de Próculo fue Albingauno, situado en los Alpes Marítimos, noble en su casa pero con antepasados bandoleros y, por tanto, bastante rico en ganado, esclavos y aquellas cosas que habían arrebatado; se dice finalmente que en el tiempo en que tomó el imperio armó a dos mil de sus esclavos. Su esposa era una virago, que lo precipitó a esta demencia, de nombre Samso, que le fue puesto después, pues antes era llamada Vituriga. Su hijo Herenniano, a quien también, si hubiera cumplido cinco años, pues así hablaba, habría dedicado al imperio; hombre, lo que no puede negarse, también fortísimo, acostumbrado él mismo a los bandidajes, quien sin embargo siempre llevó una vida armada, pues fue tribuno de muchas legiones y realizó hechos valientes; y puesto que las cosas más pequeñas son agradables y tienen algo de gracia cuando se leen, no debe callarse lo que él mismo se jacta en cierta carta suya, la cual es mejor poner que decir mucho sobre ella: Próculo saluda a su pariente Meciano, he capturado cien vírgenes de Sarmacia, de ellas en una noche me acosté con diez; a todas, sin embargo, en lo que estaba en mí, las devolví como mujeres dentro de quince días. Se jacta, como ves, de una cosa inepta y bastante libidinosa, y cree que es tenido entre los fuertes si se endurece con la densidad de sus crímenes.
13
Este, sin embargo, cuando incluso después de los honores militares se comportaba de manera impropia, libidinosa, aunque valientemente, instado por los lugdunenses, que parecían haber sido gravemente golpeados por Aureliano y temían vehementemente a Probo, fue llamado al imperio, casi por juego y broma, como dice Onésimo, lo cual sé que no he encontrado en ningún otro. Pues cuando en cierto banquete se jugaba a los latrunculos, y él mismo había salido diez veces emperador, cierto bufón no innoble dijo:" Ave, Augusto", y traída una lana púrpura, lo vistió sobre sus hombros y lo adoró; de ahí el miedo de los cómplices y de ahí ya la tentación del ejército y del imperio; no obstante, aprovechó algo a los galos, pues aplastó a los alamanes, que entonces todavía eran llamados germanos, no sin esplendor de gloria, luchando nunca de otra manera que como bandolero. Sin embargo, Probo, tras ponerlo en fuga hasta las tierras más lejanas y deseando él venir en auxilio de los francos, de quienes él mismo decía que traía su origen, lo venció y mató, traicionándolo los mismos francos, a quienes les es familiar romper la fe riendo. Sus descendientes actúan incluso ahora entre los albingaunos, quienes suelen decir en broma que no les place ser ni príncipes ni bandoleros. Recuerdo haber aprendido estas cosas dignas de memoria sobre Próculo; vengamos a Bonoso, sobre quien he compuesto cosas mucho menores.
14
Bonoso fue de casa hispana, de origen británico, aunque de madre gala, como él mismo decía, hijo de un retórico, como averigüé por otros, de un pedagogo literario. Perdió a su padre siendo pequeño y, educado por una madre fortísima, no aprendió nada de letras; sirvió primero entre los ordinarios, después entre los equites; llevó rangos, ejerció tribunados, fue dux del límite rético; bebió como nadie. Sobre esto Aureliano decía a menudo:" No nació para vivir, sino para beber", a quien ciertamente tuvo mucho tiempo en honor por causa de la milicia, pues si alguna vez venían legados de los bárbaros de cualquier parte, se les servía a ellos, para embriagarlos y conocer todo de ellos a través del vino; él, por mucho que hubiera bebido, siempre seguro y sobrio y, como dice Onésimo, escritor de la vida de Probo, aún más prudente en el vino. Tenía además una cosa maravillosa, que cuanto bebía, tanto orinaba, y nunca su pecho, vientre o vejiga se cargaban.
15
Este mismo, cuando en cierto tiempo los germanos habían incendiado las naves romanas en el Rin, por miedo a dar cuentas tomó el imperio, y lo mantuvo más tiempo del que merecía. Pues, superado por Probo en un largo y grave combate, terminó su vida en el lazo, cuando ciertamente surgió la broma de que pesaba un ánfora, no un hombre. Dejó dos hijos, a quienes Probo perdonó a ambos, y su esposa también fue tenida en honor y se le prestó salario hasta su muerte. Pues se dice que fue, como decía mi abuelo, una mujer de singular ejemplo y de familia noble, aunque de estirpe gótica; a quien Aureliano le había dado como esposa por eso, para conocer todo de los godos a través de él, pues ella era una virgen real; existen cartas escritas al legado de Tracia sobre estas nupcias y regalos, que Aureliano ordenó dar a Bonoso por causa de las nupcias, las cuales inserté: Aureliano Augusto saluda a Galonio Avito. En cartas anteriores había escrito que colocaras a las nobles góticas cerca de Perinto, con salarios decretados, no para que recibieran individualmente, sino para que siete juntas tuvieran un banquete, pues cuando reciben divididas, ellas toman poco y la república pierde mucho; ahora, sin embargo, puesto que ha placido que Hunila sea dada a Bonoso, le darás según el breve escrito abajo todo lo que ordenamos; celebrarás también las nupcias con gasto público. El breve de los regalos fue: Túnicas con palio de color violeta subsericas, una túnica clavada con oro subserica de una libra, dos interiores de dos colores, y lo demás que conviene a las matronas; a él mismo le darás cien áureos filipeos, mil argénteos antoninianos, diez sestercios de bronce. Recuerdo haber leído esto sobre Bonoso. Y pude ciertamente pasar por alto la vida de estos a quienes nadie buscaba, sin embargo, para que no faltara nada a la fe, me ocupé de intimar también sobre estas cosas que había aprendido. Me quedan Caro, Carino y Numeriano, pues Diocleciano y los que siguen deben ser dichos con un estilo mayor.

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