Gordiani Tres
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Original: Perseus Lat2
Fuerat quidem consilium, venerabilis Auguste, ut singulos quosque imperatores exemplo multorum libris singulis ad tuam Clementiam destinarem. nam id multos fecisse vel ipse videram vel lectione conceperam. sed improbum visum est vel Pietatem tuam multitudine distinere librorum vel meum laborem plurimis voluminibus occupare, quare tres Gordianos hoc libro conexui, consulens et meo labori et lectioni tuae, ne cogereris plurimos codices volvendo unam tamen paene historiam lectitare. sed ne ego, qui longitudinem librorum fugi multitudinemque verborum, in eam incurrisse videar, quam me urbane declinare contingo, iam rem adgrediar.
Spanish Gemini
1
Había sido mi intención, venerable Augusto, dedicar a tu Clemencia un libro por cada uno de los emperadores, siguiendo el ejemplo de muchos; pues había visto que otros lo habían hecho o lo había aprendido mediante la lectura. Pero me pareció impropio distraer a tu Piedad con una multitud de libros o consumir mi propio esfuerzo en demasiados volúmenes; por ello, he reunido en este libro a los tres Gordianos, velando tanto por mi trabajo como por tu lectura, para que no te vieras obligado, al desenrollar tantos códices, a leer casi una sola historia. Pero para que yo, que he evitado la longitud de los libros y la multitud de palabras, no parezca haber incurrido en aquello que me esfuerzo por evitar con elegancia, voy a abordar ya el asunto.
2
Los Gordianos no fueron dos, como dicen algunos escritores ignorantes, sino tres, y esto pudieron aprenderlo gracias a las enseñanzas de Arriano, escritor de historia griega, y también de Dexipo, autor griego, quienes, aunque brevemente, trataron todos los hechos con fidelidad. De ellos, Gordiano el mayor, es decir, el primero, nació de padre Mecio Marulo y madre Ulpia Gordiana; tuvo origen paterno del linaje de los Gracos y materno del emperador Trajano. Con padre, abuelo y bisabuelo cónsules, y con suegro, consuegro, otro consuegro y dos consuegros más que fueron cónsules, él mismo fue un cónsul riquísimo y poderosísimo, poseedor de la casa pompeyana en Roma y con tantas tierras en las provincias como ningún otro particular. Tras el consulado, que ejerció junto a Alejandro, fue enviado al proconsulado de África por decreto del senado.
3
Pero antes de hablar de su imperio, diré pocas cosas sobre sus costumbres. Cuando el Gordiano del que hablamos era joven, escribió poemas que aún existen, y precisamente todos aquellos que escribió Cicerón, es decir, el Mario, el Arato, las Alcíones, el Uxorio y el Nilo. Los escribió, de hecho, para que los poemas de Cicerón parecieran demasiado antiguos. Escribió además, del mismo modo que Virgilio la Eneida, Estacio la Aquileida y muchos otros la Alejandriada, la Antoniniada, es decir, describiendo en treinta libros, con versos muy elocuentes, la vida, las guerras y los hechos públicos y privados de Antonino Pío y Antonino Marco. Y esto, siendo aún un niño. Más tarde, cuando creció, declamó controversias en el Ateneo, incluso ante sus propios emperadores. Ejerció una cuestura magnífica; durante su edilidad, ofreció al pueblo romano doce espectáculos, es decir, uno cada mes, a su propia costa, de tal modo que a veces presentaba quinientas parejas de gladiadores, y nunca menos de ciento cincuenta. Presentó cien fieras libias en un solo día y mil osos en otro. Existe su memorable selva, que fue pintada en la casa rostrada de Cneo Pompeyo, la cual fue suya, de su padre y de su bisabuelo, y que vuestro fisco confiscó en tiempos de Filipo; en dicha pintura se conservan aún doscientos ciervos palmados mezclados con británicos, treinta caballos salvajes, cien ovejas salvajes, diez alces, cien toros chipriotas, trescientos avestruces moros pintados, treinta onagros, ciento cincuenta jabalíes, doscientos íbices y doscientos gamos. Todo esto lo concedió al pueblo para que lo tomara el día del espectáculo, que era el sexto que ofrecía.
4
Ejerció una pretura noble y, tras la jurisdicción, inició su primer consulado con Antonino Caracalla y el segundo con Alejandro. Tuvo dos hijos: aquel consular que fue llamado Augusto junto con él y que pereció en la guerra cerca de Cartago en África, y una hija, Mecia Faustina, que se casó con Junio Balbo, varón consular. En sus consulados fue más ilustre que los cónsules de su tiempo, hasta el punto de que Antonino le envidiaba, admirando a veces sus pretextas, otras el laticlavo, y otras los juegos circenses más allá de lo que permitía el rango imperial. Fue el primer particular romano en tener su propia túnica palmada y toga picta, cuando antes incluso los emperadores las recibían del Capitolio o del Palatino. Distribuyó cien caballos sicilianos y cien capadocios entre las facciones, con el permiso de los emperadores, y por ello fue muy querido por el pueblo, que siempre se conmueve con tales cosas. Cordus dice que en todas las ciudades de Campania, Etruria, Umbría, Flaminia y Piceno, ofreció a su costa juegos escénicos y juveniles durante cuatro días. Escribió también elogios en prosa de todos los Antoninos que le precedieron, y amaba tanto a los Antoninos que, como dicen muchos, se añadió a sí mismo el nombre de Antonino, aunque la mayoría afirma que el de Antonio. Ya es bastante conocido que distinguió a su hijo, de nombre Gordiano, con el signo de Antonino, cuando, ante el prefecto del erario, lo registró según la costumbre romana e insertó su nombre en los actos públicos.
5
Tras el consulado, fue hecho procónsul de África con el apoyo de todos aquellos que deseaban que el imperio de Alejandro fuera tenido y considerado ilustre también en África mediante la dignidad proconsular. Existe una carta del propio Alejandro en la que agradece al senado que haya destinado a Gordiano como procónsul a África. Este es su ejemplo:« No podríais haber hecho nada más grato ni más dulce para mí, padres conscriptos, que enviar a Antonino Gordiano como procónsul a África, varón noble, magnánimo, elocuente, justo, continente, bueno, etcétera». De esto se desprende cuán gran hombre fue Gordiano en aquel tiempo; fue amado por los africanos como ningún procónsul antes, hasta el punto de que unos lo llamaban Escipión, otros Catón, y muchos Mucio, Rutilio o Lelio. Existe su aclamación, que fue recogida por escrito por Junio. Pues cuando un día leía un hecho imperial y había comenzado por los procónsules Escipiones, se aclamó:«¡ Al nuevo Escipión, al verdadero Escipión, al procónsul Gordiano!». Escuchó esto y otras cosas con frecuencia.
6
Era de estatura romana, de canicie decorosa y rostro imponente, más sonrosado que pálido, de cara bien ancha, y de mirada, boca y frente respetables. De complexión física algo robusta. Sus costumbres eran tan moderadas que no se puede decir que hiciera nada con codicia, inmodestia o exceso. Amó singularmente a sus afectos: a su hijo y a su nieto más allá de lo habitual, y a su hija y a su nieta con devoción. A su suegro, Annio Severo, le mostró tanto respeto que creía haberse trasladado a su familia como si fuera su hijo; nunca se bañó con él, nunca se sentó en su presencia antes de la pretura, y cuando era cónsul, o bien permanecía siempre en su casa, o, si estaba en la casa pompeyana, acudía a él por la mañana o por la tarde. Era parco en el vino, muy parco en la comida, pulcro en el vestir, y aficionado a bañarse, hasta el punto de que se bañaba cuatro o cinco veces al día en verano, y dos en invierno. Dormía mucho, hasta el punto de que, si por casualidad comía en casa de amigos, dormía incluso sin pudor en los triclinios. Lo que parecía hacer por naturaleza, no por embriaguez o lujo.
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Pero sus buenas costumbres no le sirvieron de nada, pues viviendo esta vida venerable, siempre ocupado con Platón, Aristóteles, Tulio, Virgilio y los demás antiguos, sufrió un final distinto al que merecía. Pues cuando, en tiempos de Maximino, hombre salvaje y truculento, gobernaba África como procónsul, habiendo recibido ya de parte del senado a su hijo como legado consular, y cuando cierto racional actuaba con más dureza contra muchos africanos de lo que el propio Maximino permitía, proscribiendo a muchos, matando a otros y reclamando para sí todo más allá de su cargo de procurador, siendo luego contenido por el procónsul y el legado, y amenazando con la destrucción a los mismos varones nobles y consulares, los africanos no pudieron soportar tales injurias insolentes y, primero, mataron al propio racional tras unirse a ellos muchos soldados. Una vez muerto este, cuando el mundo entero ardía de odio contra Maximino, comenzaron a pensar cómo apaciguar la sedición surgida entre los maximinianos y los campesinos o africanos. Entonces, cierto Mauricio, un decurión poderoso entre los africanos, cerca de Tisdro, habló en su campo con un discurso muy noble ante la plebe urbana y rústica, como si estuviera en una asamblea:
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« Gracias a los dioses inmortales, ciudadanos, porque nos han dado la ocasión, y ciertamente necesaria, de proveer contra el hombre más furioso, Maximino. Pues nosotros, que hemos matado a su procurador, semejante a él en costumbres y vida, no podemos salvarnos a menos que hagamos un emperador. Por tanto, si os parece bien, puesto que no está lejos el nobilísimo varón procónsul con su hijo, el legado consular, a quienes esa peste ha amenazado con la muerte, quitando la púrpura de los estandartes, los declararemos emperadores y, añadiendo las insignias, los confirmaremos según el derecho romano». Entonces se aclamó:« Es justo, es equitativo. Gordiano Augusto, que los dioses te protejan. Gobierna felizmente, gobierna con tu hijo». Hecho esto, se acudió rápidamente a la ciudad de Tisdro, y se encontró al venerable anciano, tras su jurisdicción, descansando en su lecho; este, rodeado por la púrpura, se arrojó al suelo y fue levantado a la fuerza. Y como no podía hacer otra cosa, para evitar el peligro que le amenazaba de forma dudosa por parte de los maximinianos y necesaria por parte de sus partidarios, el anciano permitió ser llamado emperador.
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Tenía ya ochenta años y, como hemos dicho, había gobernado antes muchas provincias; estaba tan recomendado al pueblo romano por sus actos que parecía digno de todo el imperio. Gordiano no sabía nada de la muerte del racional. Pero cuando se enteró del asunto, ya cercano a la muerte y temiendo más por su hijo, prefirió tener causas honestas para morir que ser entregado a las cadenas y a la cárcel de Maximino. Por tanto, una vez llamado Gordiano emperador, los jóvenes que fueron autores de este hecho derribaron las estatuas de Maximino, rompieron sus imágenes y borraron su nombre públicamente. Llamaron al propio Gordiano« Africano»; algunos añaden que el sobrenombre de África le fue dado a Gordiano no porque hubiera comenzado a imperar en África, sino porque traía su origen de la familia de los Escipiones. En muchos libros, sin embargo, encuentro que tanto este Gordiano como su hijo fueron llamados emperadores y apellidados Antoninos, mientras que en otros, Antonios. Después de esto, se llegó a Cartago con pompa real y haces laureados, y el hijo, legado del padre, fue investido con igual potestad, siguiendo el ejemplo de los Escipiones, como es autor Dexipo, escritor de historia griega. A continuación, se envió una legación a Roma con cartas de los Gordianos indicando lo que había sucedido en África, la cual fue recibida con gratitud por Valeriano, príncipe del senado, quien después imperó. Se enviaron también cartas a amigos nobles para que, como hombres poderosos, aprobaran el asunto y se hicieran más amigos de lo que ya eran.
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Pero el senado recibió con tal gratitud a los emperadores creados contra Maximino que no solo aprobaron estos hechos, sino que eligieron a veinte varones, entre los cuales estaban Máximo o Pupieno y Clodio Balbino. Ambos fueron creados emperadores después de que los dos Gordianos fueran asesinados en África. El senado había creado a esos veinte precisamente para que dividieran entre ellos las regiones itálicas para defenderlas contra Maximino en nombre de los Gordianos. Entonces llegaron a Roma legaciones de Maximino prometiendo la abolición de lo pasado. Pero venció la legación de los Gordianos, que prometía todos los bienes, de tal modo que se creyó en ella, pues prometía un enorme estipendio a los soldados y tierras y donativos al pueblo. Y se creyó tanto más en los Gordianos que en los Maximinos que cierto Vitaliano, que estaba al frente de los soldados pretorianos, fue asesinado por orden del senado por un cuestor y soldados muy audaces, porque se había comportado cruelmente antes, y entonces se temía más su inhumanidad, amiga y familiar de las costumbres de Maximino. Sobre su muerte se cuenta esta anécdota: se falsificaron cartas de Maximino, selladas como si fueran con su anillo, y se enviaron soldados con el cuestor para llevarlas, añadiendo que había ciertas cosas que debían decirse en secreto más allá de las cartas. Por tanto, buscaron un largo pórtico, y mientras él preguntaba qué era lo que debía decirle en secreto, instándole a que primero inspeccionara el sello de la epístola, mientras lo consideraba, fue asesinado. Luego se persuadió a los soldados de que Vitaliano había sido asesinado por orden de Maximino. Terminadas las cosas, en el campamento se expusieron tanto las cartas como los rostros de los Gordianos.
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Es importante que el decreto del senado por el cual los Gordianos fueron llamados emperadores y Maximino enemigo sea difundido por escrito. En un día de senado no legítimo sino convocado, el cónsul, reunido ya en casa con los pretores, ediles y tribunos de la plebe, vino a la Curia; el prefecto de la ciudad, a quien le olía algo y que no había recibido las cartas públicas, se abstuvo de la reunión. Pero fue provechoso, pues el cónsul, antes de las aclamaciones habituales, antes de que se dijera algo felizmente contra Maximino, dijo:« Padres conscriptos, los dos Gordianos, padre e hijo, ambos ex cónsules, uno vuestro procónsul, el otro vuestro legado, han sido llamados emperadores por gran decisión de los africanos. Demos, pues, gracias a la juventud de Tisdro, gracias al pueblo cartaginés, siempre fiel a su voto; nos han liberado de una bestia inhumana, de esa fiera.¿ Por qué escucháis con miedo?¿ Por qué miráis alrededor?¿ Por qué vaciláis? Esto es lo que siempre habéis deseado. Maximino es un enemigo; los dioses harán que deje de serlo, y experimentemos con alegría la felicidad y prudencia del anciano Gordiano, y la virtud y constancia del joven». Tras esto, leyó las cartas de los Gordianos enviadas al senado y a él mismo, y entonces el senado aclamó:« Dioses, gracias a vosotros, hemos sido liberados de los enemigos, que así seamos liberados profundamente. Juzgamos a Maximino como enemigo. Consagramos a Maximino con su hijo a los dioses infernales. Llamamos a los Gordianos Augustos. Reconocemos a los Gordianos como príncipes. Que los dioses conserven a los emperadores del senado, veamos a los nobles emperadores vencedores, que Roma vea a nuestros emperadores; quien mate a los enemigos públicos, merece recompensa».
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Dice Junio Cordus que el decreto del senado fue tácito, y explicaré brevemente qué es y por qué se llamó así: en absoluto, el ejemplo de decreto senatorial tácito no es hoy otra cosa que aquel mediante el cual vuestra Clemencia, convocando a los mayores a las estancias interiores, dispone aquello que no debe ser publicado para todos. Sobre lo cual soléis incluso hacer jurar que nadie escuche ni entienda nada antes de que el asunto esté completado. Esta costumbre, sin embargo, la encontraron las necesidades públicas entre los antiguos, de modo que, si por casualidad amenazaba alguna fuerza de los enemigos que obligara a buscar consejos humildes o a decidir algo que no fuera oportuno decir antes de realizar, o si no querían que algo llegara a los amigos, se hacía un decreto senatorial tácito, de tal modo que ni escribas, ni siervos públicos, ni censuales participaran en esos actos; los senadores se encargaban de todo, los senadores cumplían los oficios de todos los censuales y escribas, para que nada fuera traicionado. Se hizo, pues, un decreto senatorial tácito para que el asunto no llegara a Maximino.
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Pero inmediatamente, como son las mentes de los hombres, al menos de aquellos que se avergüenzan de no ser reconocidos por sí mismos en lo que saben, y que se consideran humildes si no traicionan lo confiado, Maximino se enteró de todo, hasta el punto de que recibió una copia del decreto senatorial tácito, lo cual nunca antes había sucedido. Existe, finalmente, una carta suya al prefecto de la ciudad como esta:« He leído el decreto senatorial tácito de esos príncipes nuestros, que tú, prefecto de la ciudad, tal vez no sepas que se hizo, pues ni siquiera estuviste presente. Te he enviado una copia para que supieras cómo gobernar la cosa pública romana». No se puede narrar la conmoción que tuvo Maximino cuando escuchó que África se había rebelado contra él; pues, al conocer la autoridad del senado, parecía enfurecerse, chocando contra las paredes, rasgando sus vestiduras, agarrando la espada, como si pudiera matar a todos. El prefecto de la ciudad, recibidas las cartas, habló con más dureza al pueblo y a los soldados, diciendo que Maximino ya había sido asesinado. De lo cual hubo mayor alegría, y de inmediato fueron destruidas las estatuas e imágenes de aquel que había sido juzgado enemigo. El senado usó, ciertamente, durante la guerra, la potestad que debía, pues ordenó matar a los delatores, calumniadores, procuradores y toda esa escoria de la tiranía maximiniana, y fue poco lo que el senado había juzgado; fue juicio del pueblo que los asesinados fueran despedazados y arrojados a la cloaca. Entonces también el prefecto de la ciudad, Sabino, varón consular, fue golpeado con garrotes, asesinado y abandonado en público.
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Cuando Maximino se enteró de esto, exhortó inmediatamente a los soldados con este tipo de arenga:« Consagrados compañeros de armas, más aún, mis compañeros de infortunio y aquellos con quienes muchos de vosotros servís verdaderamente conmigo, mientras nosotros defendemos la majestad romana de Germania, mientras nosotros salvamos el Ilírico de los bárbaros, los africanos han mostrado su fe púnica; pues nos han hecho emperadores a dos Gordianos, de los cuales uno está tan roto por la vejez que no puede levantarse, y el otro tan perdido por el lujo que tiene la debilidad por vejez. Y por si esto fuera poco, ese noble senado ha reconocido el hecho de los africanos, y aquellos por cuyos hijos portamos las armas, estos han establecido veinte varones contra nosotros y han pronunciado todas las sentencias como contra enemigos. Más aún, actuad como conviene a hombres, hay que apresurarse a la ciudad, pues también veinte varones consulares han sido elegidos contra nosotros, a quienes debemos resistir nosotros actuando valientemente y vosotros luchando felizmente». Maximino mismo reconoció las mentes lentas de los soldados y sus ánimos poco entusiastas con esta arenga; finalmente, escribió de inmediato a su hijo, que le seguía de lejos, para que se apresurara, no fuera que los soldados pensaran algo contra él en su ausencia. Junio Cordus publicó un ejemplo de la carta como este:« Te refiere mi escolta Tincanio lo que he sabido que ha sucedido tanto en África como en Roma, te refiere cuáles son las mentes de los soldados. Te ruego que te apresures cuanto puedas, no sea que la turba militar haga algo más, como suele; lo que temo lo oirás de aquel a quien te envié».
15
Mientras esto sucedía, en África, contra los dos Gordianos, cierto Capeliano, veterano licenciado, que siempre había sido adversario de Gordiano incluso en la vida privada y que ya gobernaba a los moros por orden de Maximino, reunidos los moros y una mano tumultuaria, tras recibir un sucesor de Gordiano, se dirigió a Cartago, hacia quien todo el pueblo de los cartagineses se inclinó con fe púnica. Gordiano, sin embargo, deseando probar la fortuna de la guerra, envió contra Capeliano y los maximinianos a su hijo, ya de mayor edad, de cuarenta y seis años, a quien entonces había tenido en lugar de legado, como dijimos, varón sobre cuyas costumbres hablaremos en su lugar. Pero como en la materia militar Capeliano era más audaz y Gordiano el joven no estaba tan ejercitado, pues se veía retrasado por los deleites de la nobleza, trabada la batalla, es vencido y asesinado en la misma guerra.
16
Se dice, además, que cayó tal multitud del bando de Gordiano en la guerra que, aunque se buscó durante mucho tiempo el cuerpo de Gordiano el joven, no pudo ser encontrado. Hubo, además, una tempestad inmensa, algo raro en África, que disipó el ejército de Gordiano antes de la batalla de tal modo que los soldados se volvieron menos aptos para el combate, y así la victoria de Capeliano fue fácil. Cuando Gordiano el mayor se enteró de esto, como no tenía defensa en África, y el miedo a Maximino y la fe púnica le apremiaban, y Capeliano insistía con mucha fuerza, y el duelo fatigaba su mente y su ánimo, puso fin a su vida con un lazo. Este fue el final de los dos Gordianos, a quienes el senado llamó a ambos Augustos y después los incluyó entre los divos.
17
Este hijo de Gordiano el anciano, procónsul de África, que junto con su padre fue llamado Augusto tanto por los africanos como por el senado, fue ilustre por sus letras y costumbres, además de por su nobleza, la cual, según algunos, derivó de los Antoninos, y según la mayoría, de los Antonios. Si bien otros desean que esto sea un argumento para probar la calidad de su linaje, el hecho de que Gordiano el mayor fuera llamado Africano con el sobrenombre de los Escipiones, que tuviera la casa pompeyana en la ciudad, que siempre fuera llamado con el sobrenombre de los Antoninos, y que él mismo quisiera que su hijo Antonio fuera significado en el senado; cada una de estas cosas parece designar familias. Pero yo sigo a Junio Cordus, quien dice que la nobleza de los Gordianos se formó a partir de todas estas familias. Por tanto, nació el primero de su padre de Fabia Orestila, bisnieta de Antonino, de donde parecía tocar también la familia de los Césares, y en los primeros días de su nacimiento fue llamado Antonino; poco después, en el senado, se publicó el nombre de Antonio, y luego comenzó a ser tenido comúnmente como Gordiano.
18
Fue de estudios de gravísima opinión, conspicuo en su forma, de memoria singular, de bondad insigne, hasta el punto de que siempre en las escuelas, si alguno de los niños era azotado, él no podía contener las lágrimas. Fue demasiado acepto y querido por Sereno Samónico, quien fue el mejor amigo de su padre y su preceptor, hasta el punto de que Sereno Samónico, al morir, le dejó a Gordiano el menor todos los libros de su padre, que se calculaban en sesenta y dos mil. Esto lo elevó al cielo, pues, dotado con la abundancia y esplendor de tal biblioteca, llegó a la fama de los hombres por el decoro de las letras. Obtuvo la cuestura bajo el patrocinio de Heliogábalo, debido a que la lascivia del joven, aunque no lujuriosa ni infame, fue predicada ante el lujurioso emperador. Ocupó la pretura urbana bajo el patrocinio de Alejandro, en la cual fue de tal grado en la jurisdicción que mereció inmediatamente el consulado, que su padre había recibido tarde. En tiempos de Maximino o del mismo Alejandro, fue enviado como legado al proconsulado de su padre, y allí sucedieron las cosas que se han dicho arriba.
19
Fue más aficionado al vino, siempre, sin embargo, condimentado de cualquier parte, a veces con rosa, a veces con almáciga, a veces con ajenjo y otras cosas con las que la gula se deleita más; parco en la comida, de modo que terminaba en un instante tanto el almuerzo, si almorzaba, como la cena. Muy aficionado a las mujeres; pues se dice que tuvo decretadas para sí veintidós concubinas, de todas las cuales dejó tres o cuatro hijos, y fue llamado el Príamo de su tiempo, a quien el vulgo, bromeando, porque era más propenso por naturaleza, llamaba a menudo Príapo, no Príamo. Vivió entre deleites, en jardines, en baños, en los bosques más amenos, y su padre no lo despreció, diciendo muy a menudo que algún día moriría pronto en la mayor claridad, y sin embargo, nunca degeneró de los buenos por su fortaleza de vida, y siempre estuvo entre los ciudadanos más ilustres y no faltó a la consulta de la cosa pública. Finalmente, incluso el senado lo llamó Augustísimo con mucho gusto y puso en él la esperanza pública; muy culto en el vestir, querido por sus siervos y por todos los suyos. Cordus dice que nunca quiso tener esposa, mientras que Dexipo piensa que su hijo es Gordiano tercero, quien después de esto, junto con Balbino y Pupieno o Máximo, obtuvo el imperio siendo aún un niño.
20
Cuando Gordiano el anciano consultaba alguna vez a un matemático sobre la genitura de este, se dice que aquel respondió que este sería hijo de emperador, padre de emperador y él mismo emperador. Y cuando Gordiano el anciano se reía, cuentan que el matemático mostró la constelación y dictó sobre libros antiguos, de modo que probó que había dicho la verdad, quien ciertamente predijo con obstinada constancia y verdad tanto al anciano como al joven el día y el género de muerte y los lugares en los que iban a perecer, cosas que se dice que Gordiano el anciano narró después en África, ya emperador y cuando no temía nada, e incluso dijo sobre su propia muerte y la de su hijo y sobre el género de muerte. Cantaba además versos el anciano, cuando veía a su hijo Gordiano, estos muy a menudo:« Los hados mostrarán este a las tierras solo, y no permitirán que sea más allá. Demasiado poderosa os pareció, dioses, la estirpe romana, si estos hubieran sido dones propios». Existen dichos tanto en prosa como en versos de Gordiano el joven, que hoy son frecuentados por sus allegados, no grandes, no mínimos, sino medios y que parecen ser de un hombre ingenioso pero lujurioso y que abandona su propio ingenio.
21
Fue muy ávido de frutas y legumbres, de modo que, siendo muy parco en el resto de los alimentos, siempre devoraba algo de fruta fresca. Muy aficionado a las bebidas frías y no bebía fácilmente durante el verano sino frías y cuantas más mejor, y era de cuerpo vasto, por lo que era más urgido a las frías. Hemos encontrado estas cosas dignas de memoria sobre Gordiano el joven; pues no debemos decir tales cosas que Junio Cordus compuso ridícula y estúpidamente sobre los placeres domésticos y otras cosas ínfimas, las cuales, quien quiera saber, que lea al propio Cordus, quien dice incluso qué siervos tuvo cada uno de los príncipes y qué amigos y cuántas capas o cuántas clámides. Cuyo conocimiento no sirve para nada, si es que los historiadores deben poner en la historia aquellas cosas que deben ser evitadas o seguidas. Ciertamente, lo que no consideré que debía omitirse, porque pareció maravilloso, leído en Vulcacio Terenciano, quien también escribió la historia de su tiempo, lo puse por escrito: que Gordiano el anciano representaba el rostro de Augusto de tal modo que parecía mostrar también su voz, costumbre y estatura, mientras que el hijo parecía muy similar a Pompeyo, aunque se niegue que Pompeyo fuera de cuerpo obeso; el nieto, sin embargo, cuyas imágenes vemos incluso ahora, traía el rostro de Escipión Asiático, lo cual no creí que debiera callarse por la admiración de sí mismo. GORDIANO TERCERO
22
Tras la muerte de los dos Gordianos, el senado, temeroso y temiendo más vehementemente a Maximino, de los veinte varones que había elegido para defender la cosa pública, llamó Augustos a Pupieno o Máximo y a Clodio Balbino, ambos ex cónsules. Entonces el pueblo y los soldados pidieron al pequeño Gordiano, que tenía, como afirman muchos, once años, como algunos, trece, como dice Junio Cordus, dieciséis( pues afirma que pereció en el vigésimo segundo año), que fuera llamado César; y arrebatado al senado y luego puesto en la asamblea, cubierto con el atuendo imperial, fue nombrado César. Este nació, como afirman más, de la hija de Gordiano, como uno o dos( pues no pude encontrar más), del hijo que pereció en África. Gordiano, hecho César, fue educado junto a su madre y, cuando, extinguidos los Maximinos, Máximo y Balbino también fueron asesinados por una sedición militar, quienes habían imperado durante dos años, Gordiano, el joven que hasta entonces había sido César, fue llamado Augusto por los soldados, el pueblo, el senado y todas las gentes con inmenso amor, inmenso estudio y gratitud; era amado, sin embargo, por mérito de su abuelo y de su tío o padre, quienes ambos tomaron las armas por el senado y por el pueblo romano contra Maximino y perecieron por muerte militar o necesidad. Después de esto, los veteranos vinieron a la Curia para saber qué se había hecho, de los cuales dos entraron en el Capitolio, cuando allí se reunía el senado, y fueron asesinados ante el mismo altar por Galicano, ex cónsul, y Mecenas, ex general; y surgió una guerra intestina, cuando estaban armados incluso los senadores, ignorando los veteranos que Gordiano el joven sostenía solo el imperio.
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Dexipo, ciertamente, asevera que Gordiano tercero nació del hijo de Gordiano. Pero después de que se estableció entre los veteranos también que solo Gordiano imperaba, se consolidó la paz entre el pueblo, los soldados y los veteranos, y este fue el final de la guerra intestina, cuando se le otorgó el consulado al niño Gordiano, pero un indicio de que Gordiano no imperaría mucho tiempo fue que ocurrió un eclipse de sol, de modo que se creyó que era de noche y no se podía hacer nada sin luces encendidas; después de esto, sin embargo, el pueblo romano se dedicó a los placeres y deleites, para mitigar aquellas cosas que habían sido hechas ásperamente. Siendo cónsules Venusto y Sabino, se inició una facción en África contra Gordiano tercero bajo el mando de Sabiniano; a quien Gordiano, sitiado por el gobernador de Mauritania por los conjurados, oprimió de tal modo que todos vinieron a Cartago para entregarlo, confesando sus crímenes y pidiendo perdón por sus maldades. Terminada, pues, la preocupación en África, siendo Gordiano ya cónsul por segunda vez junto con Pompeiano, nació la guerra pérsica. Cuando también el joven Gordiano, antes de partir a la guerra, tomó como esposa a la hija de Misiteo, varón muy docto. A quien, por causa de su elocuencia, consideró digno de su parentesco y lo hizo prefecto de inmediato, después de lo cual el imperio ya no parecía pueril y despreciable, si es que era ayudado por los consejos del mejor suegro, y él mismo sabía un poco por su parte y no era vendido por los eunucos y ministros áulicos de su madre, ya sea por ignorancia o por connivencia.
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Existe, finalmente, una carta de su suegro a él y del propio Gordiano a su suegro, por la cual se entiende que su siglo fue enmendado y perfeccionado más diligentemente con la ayuda del suegro, cuyo ejemplo es este:« A mi señor, hijo y Augusto, Misiteo, suegro y prefecto: es un placer que hayamos escapado de la grave mancha de los tiempos, por la cual, a través de los eunucos y de aquellos que te parecían amigos( pero eran enemigos vehementes), todo se vendía, y tanto más cuanto que la enmienda te es más grata, de modo que, si hubo vicios, quede suficientemente claro que no fueron tuyos, mi venerable hijo; pues nadie pudo soportar que se dieran prefecturas militares con el apoyo de los eunucos, que se negara el premio a los trabajos, o que fueran asesinados o liberados según el capricho y el dinero aquellos a quienes no convenía, que se vaciara el erario por aquellos que diariamente frecuentaban insidiosamente las facciones iniciadas para que fueras engañado, mientras los peores entre ellos tenían consejos para sugerirte, expulsaban a los buenos, insinuaban a los detestables, y finalmente vendían todas tus historias. Gracias, pues, a los dioses, porque, queriéndolo tú mismo, el asunto ha sido enmendado. Es un placer, ciertamente, ser suegro de un buen príncipe y de aquel que busca todo y quiere saber todo y que ha expulsado a los hombres por quienes antes fue vendido como si estuviera en una subasta».
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Carta de Gordiano al propio Misiteo: El emperador Gordiano Augusto a su padre y prefecto Misiteo: si los dioses omnipotentes no protegieran el imperio romano, incluso ahora, por medio de eunucos comprados, seríamos vendidos como si estuviéramos en una subasta. En fin, ahora por fin comprendo que ni los Feliciano debieron ser puestos al frente de las cohortes pretorianas, ni la cuarta legión debió ser confiada a Serapamón, y, por no enumerarlo todo, que no debí hacer muchas cosas que hice; pero gracias a los dioses, pues gracias a tus consejos, tú que no vendes nada, aprendí cosas que, encerrado, no podía saber.¿ Qué podía hacer, cuando mi madre nos vendía y, tras consultar con Gaudiano, Reverendo y Montano, alababa o vituperaba a algunos y, con el consentimiento de ellos como si fueran testigos, aprobaba lo que había dicho? Padre mío, quisiera que escucharas la verdad: es un desgraciado el emperador ante quien se ocultan las verdades, pues, como él mismo no puede caminar en público, es necesario que escuche y confirme lo que ha oído o lo que ha sido corroborado por muchos. Por estas cartas se comprendió que el joven fue enmendado y corregido por los consejos de su suegro. Algunos dicen que la carta de Misiteo fue griega, pero en este sentido; sin embargo, su gravedad y santidad valieron tanto que, a partir de un origen muy oscuro, más allá de la nobleza de sus actos, hizo también de Gordiano un príncipe ilustre.
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Hubo un terremoto tan grave durante el reinado de Gordiano que ciudades enteras, con sus poblaciones, perecieron por la apertura de la tierra. Debido a esto, se celebraron enormes sacrificios por toda la ciudad y por todo el mundo. Cordus dice, en efecto, que tras consultar los libros sibilinos y celebrar todo lo que allí se ordenaba, el mal mundial fue apaciguado. Sedado el terremoto, siendo cónsules Pretextato y Ático, Gordiano abrió el Jano gemino, que era señal de guerra declarada, y partió contra los persas con un ejército inmenso y tanto oro que fácilmente vencería a los persas, ya fuera con auxiliares o con soldados. Hizo el camino hacia Mesia y, en el mismo despliegue, destruyó, puso en fuga, expulsó y apartó a todos los enemigos que había en Tracia. Desde allí, a través de Siria, llegó a Antioquía, que ya estaba en poder de los persas; allí luchó en frecuentes batallas y venció, haciendo retroceder a Sapor, rey de los persas. Y después de Artaxata, recuperó Antioquía, Carras y Nísibis, que
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estaban todas bajo el imperio de los persas. El rey de los persas, ciertamente, temió tanto al príncipe Gordiano que, aunque estaba equipado con sus propias tropas y las nuestras, retiró voluntariamente las guarniciones de las ciudades y las devolvió intactas a sus ciudadanos, de tal manera que no tocó nada que perteneciera a sus fortunas. Pero todo esto fue realizado por Misiteo, suegro de Gordiano y prefecto del pretorio. Finalmente, se logró que los persas, que ya eran temidos en Italia, regresaran a su reino mientras Gordiano luchaba, y que la república romana retuviera todo el oriente. Existe un discurso de Gordiano al senado en el que, escribiendo sobre sus gestas, da enormes gracias a su prefecto y suegro Misiteo. He incluido una parte para que conozcas la verdad a partir de ella: Después de esto, padres conscriptos, lo que se ha hecho mientras estábamos en camino y lo que se ha llevado a cabo en todas partes, digno de triunfos individuales, incluso a los persas, para resumir mucho en poco, los hemos alejado de los cuellos de los antioquenos, que ya llevaban atados con hierro persa, y hemos apartado a los reyes de los persas y sus leyes. Luego devolvimos Carras y las demás ciudades al imperio romano. Llegamos hasta Nísibis y, si los dioses favorecen, llegaremos hasta Ctesifonte. Que viva mucho tiempo Misiteo, prefecto y padre nuestro, bajo cuya guía y disposición hemos realizado esto y realizaremos lo restante. Es vuestro deber, por tanto, decretar suplicaciones, encomendarnos a los dioses y dar gracias a Misiteo. Tras leerse esto en el senado, se decretaron cuadrigas de elefantes para Gordiano, como quien había vencido a los persas, para que triunfara con un triunfo persa; a Misiteo, en cambio, una cuadriga de seis caballos, un carro triunfal y un título de este tipo: Al eminente Misiteo, padre de los príncipes, prefecto del pretorio y de toda la ciudad, tutor de la república, el senado y el pueblo romano le han devuelto el favor.
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Pero esa felicidad no pudo ser más larga, pues Misiteo, según dicen la mayoría, murió por las artes de Filipo, quien fue nombrado prefecto del pretorio después de él, o, como otros dicen, por enfermedad, siendo heredera la república romana, de modo que todo lo que había sido suyo pasara a los ingresos de la ciudad. La capacidad de gestión de este hombre en la república fue tal que nunca hubo una ciudad fronteriza importante que pudiera sostener al ejército del pueblo romano y al príncipe que no tuviera almacenado para todo el año vinagre, trigo, tocino, cebada y paja; las ciudades menores, unas para treinta días, otras para cuarenta, algunas para dos meses, y como mínimo, para quince días. Él mismo, cuando era prefecto, inspeccionaba siempre las armas de los soldados, no permitió que ningún anciano sirviera, ni que ningún niño recibiera raciones; recorría todos los campamentos y sus fosos, y a menudo vigilaba incluso por las noches. Era amado por todos porque amaba de tal modo a la república y al príncipe que los tribunos y los jefes lo temían y amaban hasta tal punto que ni querían pecar ni pecaban en absoluto. Se dice que Filipo lo temía vehementemente por muchas razones y que, por ello, preparó una emboscada contra su vida a través de los médicos, y de este modo: como Misiteo sufría de una descarga intestinal y los médicos le ordenaron tomar una poción para detener el vientre, se dice que, tras cambiar lo que se había preparado, se le dio aquello que lo soltara más. Y así expiró.
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Muerto él, siendo cónsules Arriano y Papo, fue nombrado prefecto del pretorio en su lugar Filipo el Árabe, nacido de origen humilde pero soberbio, quien no supo contenerse en la novedad y enormidad de su fortuna, de tal modo que inmediatamente tramó una emboscada contra Gordiano, quien lo había acogido en lugar de un padre, a través de los soldados, la cual fue de este tipo: Misiteo había tenido en todas partes, como dijimos, tantas provisiones que la administración romana no podía tambalearse; pero, por las artes de Filipo, primero fueron desviados los barcos de grano, luego los soldados fueron llevados a lugares donde no podían ser abastecidos; de ahí que inmediatamente volvió a los soldados hostiles contra Gordiano, sin que ellos comprendieran que el joven había sido engañado por las artes de Filipo. Pero Filipo añadió también esto: difundió el rumor entre los soldados de que Gordiano era un adolescente, que no podía gobernar el imperio, que era mejor que gobernara quien pudiera dirigir al soldado, quien conociera la república; corrompió además a los jefes, y se logró que Filipo fuera pedido abiertamente para el imperio. Los amigos de Gordiano se resistieron al principio con mucha vehemencia, pero como los soldados eran vencidos por el hambre, el imperio fue confiado a Filipo, y los soldados ordenaron que Filipo, como su tutor, gobernara junto al mismo Gordiano.
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Asumido, pues, el imperio, como Filipo se comportaba con mucha soberbia contra Gordiano, y este se reconocía a sí mismo como emperador, hijo de emperadores y hombre de la familia más noble, y no podía soportar la maldad de un hombre innoble, se quejó ante los jefes y soldados, estando presente el prefecto Mecio Gordiano, su pariente, en el tribunal, esperando que el imperio pudiera serle arrebatado a Filipo, pero con esta queja no logró nada, pues lo había acusado de ser poco agradecido, olvidando sus beneficios. Y cuando pidió el apoyo de los soldados, habiendo cortejado abiertamente a los jefes, quedó en minoría ante todos por la facción de Filipo. Finalmente, al verse considerado inferior, pidió que el imperio fuera al menos igual entre ellos, y no lo consiguió. Después pidió ser tenido en lugar de César, y tampoco lo obtuvo; pidió también estar en lugar de prefecto para Filipo, lo cual también le fue negado. Sus últimas súplicas fueron que Filipo lo tuviera como jefe y le permitiera vivir, a lo cual Filipo casi había consentido, él mismo en silencio pero actuando todo a través de sus amigos con gestos y consejos. Pero cuando reflexionaba sobre el amor del pueblo romano y del senado hacia Gordiano, y de toda África, Siria y todo el orbe romano, y como era noble, nieto e hijo de emperadores, y había liberado a toda la república de guerras graves, podía suceder que, cambiada en cualquier momento la voluntad de los soldados, el imperio fuera devuelto a Gordiano si lo reclamaba; como las iras de los soldados contra Gordiano eran vehementes por causa del hambre, ordenó que fuera llevado fuera de su vista, despojado y asesinado, lo cual, aunque al principio fue pospuesto, después se cumplió como ordenó. Así, Filipo obtuvo el imperio impíamente, no por derecho.
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Gordiano gobernó durante seis años. Y mientras esto sucedía, Argunt, rey de los escitas, devastaba los reinos vecinos, sobre todo porque se había enterado de que Misiteo había muerto, bajo cuyo consejo se había gobernado la república. Filipo, sin embargo, para no parecer que había obtenido el imperio por crueldad, envió cartas a Roma en las que escribió que Gordiano había muerto por enfermedad y que él había sido elegido por todos los soldados, y no faltó que el senado fuera engañado sobre estos asuntos que desconocía. Llamado, pues, Filipo príncipe y nombrado Augusto, colocó al joven Gordiano entre los dioses. Fue un joven alegre, hermoso, amable, grato a todos, agradable en la vida, noble en las letras, de modo que no le faltaba nada al imperio salvo la edad; fue amado por el pueblo, el senado y los soldados antes de la facción de Filipo como ningún otro príncipe. Cordus dice que todos los soldados lo llamaron hijo, que todo el senado lo llamó hijo, que todo el pueblo llamó a Gordiano su delicia. En fin, Filipo, cuando lo hubo asesinado, no quitó sus imágenes, ni bajó sus estatuas, ni borró su nombre, sino que, llamándolo siempre divino incluso ante los mismos soldados con quienes había hecho la facción, lo veneró con ánimo serio y astucia extranjera.
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La casa de los Gordianos existe aún hoy, la cual este Gordiano adornó hermosamente. Su villa en la Vía Prenestina tiene doscientas columnas en el tetrástilo, de las cuales cincuenta son de Caristo, cincuenta claudianas, cincuenta de Sínnada y cincuenta númidas, de igual medida; en ella hay tres basílicas centenarias y el resto conveniente a esta obra, y termas como no hay otras fuera de la ciudad, como entonces, en ninguna parte del mundo. El senado decretó esto para la familia de Gordiano: que sus descendientes estuvieran siempre exentos de tutelas, legaciones y necesidades públicas, a menos que ellos quisieran. No existen obras de Gordiano en Roma salvo algunos ninféos y baños. Pero los baños fueron para particulares y fueron adornados por él para uso privado. Había proyectado un pórtico en el Campo de Marte bajo la colina de mil pies, de modo que por la otra parte se hiciera un pórtico igualmente de mil pies, y entre ellos quedara un espacio de quinientos pies; que en ese espacio hubiera jardines a ambos lados, frecuentados por laurel, mirto y boj, y en el medio un pavimento de piedra con pequeñas columnas colocadas a ambos lados y estatuillas a lo largo de mil pies, lo cual sería un deambulatorio, de modo que en la cabecera hubiera una basílica de quinientos pies; había pensado además, con Misiteo, hacer termas de verano con su nombre detrás de la basílica, de modo que pusiera las de invierno al principio de los pórticos, para que ni los jardines ni los pórticos estuvieran sin uso. Pero todas estas cosas están ahora ocupadas por posesiones, jardines y edificios de particulares.
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Hubo bajo Gordiano en Roma treinta y dos elefantes, de los cuales él mismo había enviado doce, Alejandro diez, alces diez, tigres diez, leones mansos sesenta, leopardos mansos treinta, belbos, es decir, hienas, diez, mil pares de gladiadores fiscales, seis hipopótamos, un rinoceronte, diez argoleontes, diez camelopardales, veinte onagros, cuarenta caballos salvajes y otros animales innumerables y diversos de este tipo; todo lo cual Filipo dio o mató en los juegos seculares. Preparaba, sin embargo, todas estas fieras, tanto las mansas como las salvajes, para el triunfo persa. Este voto público no valió nada, pues Filipo exhibió todo esto en los juegos seculares, funciones y circenses, cuando celebró el milésimo año en su consulado y el de su hijo. Lo que se ha transmitido a la memoria sobre C. César, Cordus escribe que también le sucedió a Gordiano, pues todos los que lo atacaron con la espada( que se dice fueron nueve), después, muertos los Filipo, se dice que se mataron con su propia mano y con sus propias espadas, las mismas con las que lo habían herido a él.
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Esta fue, pues, la vida de los tres Gordianos, que todos fueron llamados Augustos, habiendo muerto dos en África y el tercero en los confines de Persia. Los soldados hicieron un sepulcro para Gordiano cerca del campamento de Circesio, en los confines de Persia, añadiendo un título de este tipo en letras griegas, latinas, persas, judías y egipcias, para que fuera leído por todos: Al divino Gordiano, vencedor de los persas, vencedor de los godos, vencedor de los sármatas, expulsor de las sediciones romanas, vencedor de los germanos, pero no vencedor de los Filipo. Esto parecía haber sido añadido porque en los campos de Filipos había sido vencido por los alanos en una batalla tumultuaria y se había retirado, y también porque parecía haber sido asesinado por los Filipo; se dice que Licinio destruyó este título en el tiempo en que obtuvo el imperio, cuando quería parecer que traía su origen de los Filipo. He seguido todo esto, Constantino máximo, para que no faltara nada a tu conocimiento que pareciera digno de saberse.