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Original: Perseus Lat2

Certum est quod Sallustius Crispus quodque Marcus Cato et Gellius historici sententiae modo in litteras rettulerunt, omnes omnium virtutes tantas esse quantas videri eas voluerint eorum ingenia qui unius cuiusque 1 facta descripserint. inde est quod Alexander Magnus Macedo, cum ad Achillis sepulchrum venisset, graviter ingemescens Felicem te, inquit, iuvenis, qui talem praeconem tuarum virtutum repperisti, Homerum intellegi volens, qui Achillem tantum in virtutum studio fecit 2 quantum ipse valebat ingenio. Quorsum haec pertineant, mi Celsine, fortassis requi- 3 4 ris. Probum principem, cuius imperio oriens, occidens, meridies, septentrio omnesque orbis partes in totam securitatem 5 redactae sunt, scriptorum inopia iam paene nescimus, occidit, pro pudor! tanti viri et talis historia qualem non habent bella Punica, non terror Gallicus, non motus Pontici, non Hispaniensis astutia. sed non patiar ego ille, a quo dudum solus Aurelianus est expeditus, cuius vitam quantum potui persecutus, Tacito Florianoque iam scriptis non me ad Probi facta conscendere, si vita suppetet, omnes qui supersunt usque ad Maximianum Diocletianumque dicturus. neque ego nunc facultatem eloquentiamque polliceor sed res gestas, quas perire non patior.

Spanish Gemini
1
Es un hecho que Salustio Crispo, Marco Catón y el historiador Gelio han consignado en sus escritos que las virtudes de todos los hombres son tan grandes como el ingenio de quienes describieron sus actos quiso que parecieran. De ahí que Alejandro Magno de Macedonia, al llegar ante la tumba de Aquiles, suspirara profundamente y dijera:« Dichoso tú, joven, que encontraste un heraldo de tus virtudes tan grande», refiriéndose a Homero, quien hizo a Aquiles tan grande en el estudio de las virtudes como lo permitía su propio ingenio. Quizás te preguntes, mi querido Celsino, a qué viene esto. Debido a la escasez de escritores, casi desconocemos ya a un príncipe probo bajo cuyo imperio el oriente, el occidente, el mediodía, el septentrión y todas las partes del orbe fueron reducidas a una seguridad total;¡ qué vergüenza!, ha muerto un hombre tan grande y una historia tal como no la tienen las guerras púnicas, ni el terror gálico, ni los movimientos pónticos, ni la astucia hispana. Pero yo, aquel por quien hace tiempo fue liberado el solo Aureliano, y cuya vida he seguido tanto como he podido, no permitiré, tras haber escrito ya sobre Tácito y Floriano, no ascender a los hechos de Probo, si la vida me alcanza, para relatar todo lo que resta hasta Maximiano y Diocleciano. Y no prometo ahora facultad ni elocuencia, sino los hechos realizados, que no permito que perezcan.
2
He utilizado, para no faltar en nada a nuestra queridísima familiaridad, principalmente libros de la Biblioteca Ulpia, en mi época en las Termas de Diocleciano, y también de la Casa Tiberiana; he usado además los registros de los escribas del Pórtico Porfirético, así como las actas del senado y del pueblo. Y puesto que para recopilar los hechos de tal hombre me ayudó mucho la efeméride del galo Turdulo, hombre honestísimo y sincerísimo, no debía callar el beneficio de un amigo anciano.¿ Quién conocería, al fin y al cabo, a Cneo Pompeyo, resplandeciente con tres triunfos— el de la guerra pirática, el de la sertoriana y el de la mitridática— y sublime por la majestad de tantas hazañas, si Marco Tulio y Tito Livio no los hubieran consignado en sus escritos?¿ Acaso las tinieblas no poseerían y cubrirían a Publio Escipión el Africano, o mejor dicho, a todos los Escipiones, ya fueran Lucios o Nasicas, si no hubieran existido historiadores nobles e innobles como sus encomiadores? Sería largo seguir todo lo que, incluso callando nosotros, debe ser aprovechado como ejemplo de este tipo. Solo quiero dejar constancia de que he escrito el hecho, el cual, si alguien quiere, puede demostrarlo con mayor honestidad y un estilo más elevado. Y, en verdad, mi intención no fue imitar a Salustios, Livios, Tácitos, Trogo y a todos los hombres más elocuentes al disertar sobre la vida de los príncipes y sus tiempos, sino a Mario Máximo, Suetonio Tranquilo, Fabio Marcelino, Gargilio Marcial, Julio Capitolino, Elio Lampridio y los demás que transmitieron a la memoria estos y otros hechos no tan elocuentemente como verazmente; pues soy uno de los curiosos, lo que no puedo negar, incitado por vosotros, que, aunque sabéis mucho, deseáis saber mucho más, y para no hablar más tiempo de lo que concierne a mi propósito, tomaré a un príncipe grande y preclaro, tal como nuestra historia no conoce.
3
Probo, oriundo de Panonia, de la ciudad de Sirmio, de madre más noble que padre, con un patrimonio moderado y una afinidad no muy grande, brilló por sus virtudes tanto en la vida privada como en la de emperador. Según algunos han consignado, el padre de Probo se llamaba Máximo, quien, tras haber dirigido las filas con gran honestidad, alcanzó el tribunado y murió en Egipto, dejando atrás a su esposa, a su hijo y a su hija. Muchos dicen que Probo fue pariente de Claudio, el mejor y más santo de los príncipes, lo cual, debido a que solo ha sido referido por uno de los griegos, lo dejaremos en suspenso; sin embargo, digo una cosa que recuerdo haber leído en una efeméride: que Probo fue enterrado por su hermana Claudia. Siendo joven, Probo se hizo tan famoso por sus fuerzas corporales que, por juicio de Valeriano, recibió el tribunado casi imberbe; existe una carta de Valeriano a Galieno en la que alaba a Probo, aún joven, y lo propone como ejemplo para todos. De lo cual aparece que nadie llegó jamás a la suma de las virtudes siendo ya maduro, a menos que, de niño, formado en un semillero de virtudes más generoso, hubiera realizado algo ilustre.
4
Carta de Valeriano: Valeriano padre a su hijo Galieno, Augusto a Augusto. Siguiendo mi juicio, que siempre tuve sobre el joven Probo, y el de todos los hombres de bien que dicen que es un hombre de su nombre, le he conferido el tribunado, dándole seis cohortes sarracenas y confiándole también auxiliares galos junto con aquella tropa de persas que nos entregó el sirio Artabasis. Te pido, hijo queridísimo, que tengas en tanto honor a ese joven, a quien quiero que todos los niños imiten, cuanto sus virtudes y méritos requieren por el debido esplendor de su mente. Otra carta sobre el mismo al prefecto del pretorio con salario: Valeriano Augusto a Mulvio Galicano, prefecto del pretorio. Quizás te sorprendas de que yo haya hecho tribuno a un imberbe contra la opinión del divino Adriano, pero no te sorprenderás mucho si piensas en Probo; es un joven verdaderamente probo; pues nunca, cuando pienso en él, me ocurre otra cosa que su nombre, el cual, si no tuviera nombre, podría haber tenido el cognomen. Por tanto, ordenarás que se le dé, puesto que es de fortuna mediana, para que su dignidad sea ayudada con incrementos: dos túnicas rojas, dos mantos galos con fíbula, dos túnicas interiores con bordes, una bandeja de plata de diez libras con espejos, cien áureos antoninianos, mil argénteos aurelianos, diez mil de bronce filipeos; asimismo, en salario diario: una libra de carne de buey, seis libras de carne de cerdo, diez libras de carne de cabra, un pollo cada dos días, un sextario de aceite cada dos días, diez sextarios diarios de vino viejo con tocino, pan de campaña, vinagre, sal, legumbres y leña en cantidad suficiente. Además, le proporcionarás alojamiento como se hace con los tribunos de las legiones.
5
Y esto es lo que declaran las cartas. Ahora, lo que se pudo recoger de la efeméride: cuando, ya tribuno, tras cruzar el Danubio en la guerra sármata, realizó muchas acciones valerosas, fue condecorado públicamente en una asamblea con cuatro lanzas puras, dos coronas vallares, una corona cívica, cuatro estandartes puros, dos brazaletes de oro, un collar de oro y una pátera sacrificial de cinco libras. En aquel tiempo liberó de manos de los cuados a Valerio Flaccino, un joven noble, pariente de Valeriano. De ahí que Valeriano le otorgara la corona cívica, con estas palabras pronunciadas ante la asamblea:« Recibe, Probo, los premios por la república, recibe la corona cívica por tu pariente». En aquel tiempo le añadió la tercera legión, bajo un testimonio de este tipo. Carta sobre la tercera legión: Tus hazañas, Probo queridísimo, hacen que parezca que te entrego ejércitos mayores demasiado tarde, aunque los entrego pronto; recibe bajo tu mando a la tercera legión Félix, que yo hasta ahora no he confiado a nadie que no fuera ya veterano; a mí, sin embargo, me fue confiada en el tiempo en que quien me la confiaba me veía ya canoso con felicitación, pero yo en ti no espero a la edad, puesto que resplandeces por tus virtudes y destacas por tus costumbres. He ordenado que se te den vestiduras triples, he duplicado tu salario y te he nombrado vexillarius.
6
Sería largo, si recorriera las hazañas de tan gran hombre, lo que hizo como privado bajo Valeriano, bajo Galieno, bajo Aureliano y Claudio, cuántas veces escaló un muro, destruyó una empalizada, mató a un enemigo en combate cuerpo a cuerpo, mereció los dones de los príncipes y devolvió la república a su antiguo estado por su virtud. La carta de Galieno dada a los tribunos enseña quién era Probo: Galieno Augusto a los tribunos de los ejércitos ilirios. Aunque la necesidad de la fatal guerra pérsica retuvo a mi padre, tengo sin embargo al pariente Aurelio Probo, con quien trabajando puedo estar seguro; si él hubiera estado presente, aquel tirano, que ni siquiera debe ser nombrado, nunca habría usurpado el imperio; por lo cual quiero que todos vosotros obedezcáis sus consejos, pues ha sido aprobado tanto por el juicio de mi padre como por el del senado. Quizás no parezca un gran juicio el de Galieno, un príncipe más blando, pero, lo que no se puede negar, ni siquiera un disoluto se entrega a nadie más que a aquel cuya fidelidad y virtudes estima que le serán provechosas. Pero sea, que la carta de Galieno se aparte;¿ qué decir del juicio de Aureliano? Quien entregó a Probo los decumanos, los más valientes de su ejército y con los que él mismo había realizado grandes cosas, bajo un testimonio de este tipo: Aureliano Augusto saluda a Probo; para que sepas cuánto te estimo, toma a mis decumanos, que Claudio me confió, pues estos son los que, por una cierta prerrogativa de felicidad, no saben tener otros jefes que a los futuros príncipes. De lo cual se entendió que Aureliano tuvo en mente que, si algo le sucedía a él, sabiendo y siendo prudente, haría a Probo príncipe.
7
Ya sería largo insertar los juicios de Claudio y de Tácito sobre Probo, aunque se dice que Tácito, cuando se le ofrecía el imperio en el senado, dijo que Probo debía ser hecho príncipe, pero yo no encontré el senadoconsulto mismo. El propio emperador Tácito, sin embargo, envió la primera carta de este tipo a Probo: Tácito Augusto a Probo. El senado me ha hecho príncipe por voluntad del prudente ejército, sin embargo, debes saber que ahora la república ha recaído más sobre tus hombros; todos sabemos quién y cuán grande eres, lo sabe el senado; acude, pues, a nuestras necesidades, defiende a la república para tu familia, como sueles; nosotros, por decreto de todo el oriente, te hemos hecho un salario quíntuple, hemos duplicado tus ornamentos militares, hemos decretado contigo el consulado para el año próximo; pues te espera, por tus virtudes, la palmata capitolina. Algunos dicen que para Probo eso fue un presagio del imperio, lo que escribió Tácito:« Te espera la palmata capitolina». Pero en este sentido se escribía siempre a todos los cónsules.
8
El amor de los soldados hacia Probo fue siempre inmenso. Pues nunca permitió que el soldado pecara; más aún, a menudo apartó a Aureliano de una grave crueldad; él mismo se acercó a cada manípulo, examinó las vestiduras y el calzado, y si hubo algún botín, lo dividió de tal manera que no se reservó nada más que armas y pertrechos. Es más, cuando, tras un saqueo, ya fuera de los alanos o de alguna otra tribu— es incierto—, se encontró un caballo no hermoso ni grande, del que, según decían los cautivos, se decía que corría cien mil pasos al día, de modo que podía continuar durante ocho o diez días, y todos creían que Probo se reservaría tal animal para sí, dijo primero:« Este caballo conviene más a un soldado fugitivo que a uno valiente». Luego ordenó a los soldados que metieran sus nombres en una urna, para que alguien, elegido por sorteo, lo recibiera; y como había en el ejército otros cuatro soldados llamados Probo, ocurrió por casualidad que el primero que salió fuera un Probo, aunque el nombre del propio jefe Probo no había sido metido; pero como aquellos cuatro soldados contendían entre sí y cada uno defendía el sorteo para sí, ordenó agitar la urna de nuevo, pero también de nuevo salió el nombre de Probo; y como lo hubiera hecho por tercera y cuarta vez, a la cuarta salió el nombre de Probo. Entonces todo el ejército dedicó aquel caballo al jefe Probo, queriéndolo incluso los mismos soldados cuyos nombres habían salido.
9
Luchó también contra los marmáridas en África valerosamente y los venció, y desde Libia pasó a Cartago y la liberó de rebeliones. Luchó también en combate singular contra un tal Aradio en África y lo derribó, y, porque había visto a un hombre valientísimo y pertinacísimo, lo honró con un sepulcro inmenso, que aún existe, un túmulo elevado hasta doscientos pies por los soldados, a quienes nunca permitió estar ociosos. Existen en Egipto sus obras, que construyó mediante los soldados en muchísimas ciudades; en el Nilo, sin embargo, hizo tantas cosas que él solo ayuda al impuesto del grano; construyó puentes, templos, pórticos y basílicas con el trabajo de los soldados, abrió muchas bocas de ríos, secó muchísimas marismas y en ellas estableció cosechas y campos; luchó también contra los palmirenos que defendían Egipto por parte de Odenato y Cleopatra, primero felizmente, después temerariamente, de modo que casi fue capturado; pero después, recuperadas las fuerzas, redujo Egipto y la mayor parte del oriente bajo el poder de Aureliano.
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Puesto que brillaba con tantas y tan grandes virtudes, al morir Tácito fatalmente y al arrebatar Floriano el imperio, todos los ejércitos orientales lo hicieron emperador; no es una historia inepta ni inelegane saber cómo Probo asumió el imperio. Cuando llegó la noticia a los ejércitos, entonces por primera vez los soldados tuvieron el ánimo de adelantarse a los ejércitos itálicos, para que el senado no diera de nuevo un príncipe; pero cuando entre los soldados había conversación sobre quién debía ser, y los tribunos los arengaban por manípulos en el campo, diciendo que había que buscar a un príncipe valiente, santo, modesto, clemente, probo, y esto se decía en muchos círculos, como suele suceder, como por un impulso divino, desde todas partes se aclamó:«¡ Probo Augusto, que los dioses te salven!». Luego, el concurso y el tribunal de césped, y fue llamado emperador, adornado incluso con el manto púrpura, que fue ofrecido de la estatua del templo, y de allí conducido al palacio, reacio y resistiéndose, y diciendo a menudo:« No os conviene, soldados, no haréis bien conmigo, pues yo no puedo adularos». Su primera carta, dada a Capitón, prefecto del pretorio, fue tal:« Nunca deseé el imperio y lo acepté a regañadientes; no me es lícito deponer una cosa tan odiosa; debo desempeñar el papel que el soldado me impuso; te pido, Capitón, que así disfrutes conmigo a salvo la república, que prepares en todas partes para el soldado la annona, los suministros y lo que sea necesario; yo, en cuanto de mí dependa, si gobiernas todo rectamente, no tendré otro prefecto». Conocido, pues, que Probo imperaba, los soldados mataron a Floriano, que había arrebatado el imperio como si fuera hereditario, sabiendo que nadie podía imperar más dignamente que Probo; así, sin ninguna molestia, le fue entregado el imperio de todo el orbe por juicio tanto de los soldados como del senado.
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Y puesto que hemos hecho mención del senado, hay que saber qué escribió él mismo al senado y qué le respondió a su vez la amplísima orden: Primera oración de Probo al senado:« Recta y ordenadamente, padres conscriptos, se hizo el año pasado que vuestra clemencia diera un príncipe al orbe de la tierra, y ciertamente de entre vosotros, que sois los príncipes del mundo y siempre lo habéis sido y lo seréis en vuestros descendientes; y ojalá Floriano hubiera querido esperar eso y no se hubiera reivindicado el imperio como si fuera hereditario; vuestra majestad lo habría hecho a él o a cualquier otro; ahora, puesto que él arrebató el imperio, a nosotros nos fue conferido el nombre de Augusto por los soldados, y fue reivindicado incluso contra él por los soldados más prudentes, lo que había sido usurpado. Os pido que juzguéis sobre mis méritos, estando dispuesto a hacer lo que vuestra clemencia ordene». Asimismo, el senadoconsulto: El día 3 de las nonas de febrero, en el Templo de la Concordia, entre otras cosas, el cónsul Elio Scorpiano dijo:« Habéis oído, padres conscriptos, las letras de Aurelio Valerio Probo;¿ qué os parece sobre esto?». Entonces se aclamó:« Probo Augusto, que los dioses te salven. Desde hace mucho digno, valiente y justo, buen conductor, buen emperador, ejemplo de milicia, ejemplo de imperio. Que los dioses te salven. Defensor de la república, impera felizmente, maestro de la milicia, impera felizmente, que los dioses te guarden con los tuyos; el senado ya te eligió antes, posterior en edad a Tácito, anterior a los demás; te damos gracias porque asumiste el imperio, protégenos, protege a la república. Bien te confiamos a quienes antes salvaste; tú, Francicus, tú, Gothicus, tú, Sarmaticus, tú, Parthicus, tú, todo; y antes siempre fuiste digno del imperio, digno de triunfos, actúa felizmente, impera felizmente».
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Después de esto, Manlio Statiano, que entonces tenía la primera opinión, habló así:« Gracias a los dioses inmortales y ante todos, padres conscriptos, a Júpiter Óptimo, que nos dieron un príncipe tal como siempre deseábamos; si pensamos rectamente, no debemos buscar a Aureliano, ni a Alejandro, ni a los Antoninos, ni a Trajano, ni a Claudio. Todo está constituido en un solo príncipe: ciencia de la cosa militar, ánimo clemente, vida venerable, ejemplar de cómo llevar la república y prerrogativa de todas las virtudes; en verdad,¿ qué parte del mundo hay que él no haya aprendido venciendo? Testigos son los marmáridas, vencidos en suelo de África; testigos los francos, abatidos en las marismas intransitables; testigos los germanos y alamanes, alejados lejos de las orillas del Rin; y ya,¿ qué hablo de los sármatas, qué de los godos, qué de los partos y persas y de todo el tracto póntico? En todas partes florecen las insignias de la virtud de Probo; sería largo decir cuántos reyes de grandes naciones puso en fuga, cuántos jefes mató con su mano, cuánto es el armamento que él mismo tomó siendo privado; qué gracias le dieron los príncipes superiores, testigos son las letras insertadas en los monumentos públicos; dioses buenos,¡ cuántas veces fue donado con dones militares!¡ Qué alabanzas de los soldados mereció! Joven, el tribunado; no mucho después de la juventud, recibió el mando de las legiones. Júpiter Óptimo Máximo, Juno Regina y tú, Minerva, protectora de las virtudes, tú, Concordia del orbe, y tú, Victoria Romana, dad esto al senado y al pueblo romano, dadlo a los soldados, dadlo a los aliados y a las naciones extranjeras:¡ que impera como ha luchado! Decreto, pues, padres conscriptos, con los votos de todos coincidiendo, el nombre imperatorio, el nombre cesareano, el nombre augusto; añado el imperio proconsular, la reverencia de padre de la patria, el pontificado máximo, el derecho de la tercera relación, la potestad tribunicia». Después de esto se aclamó:« Todos, todos».
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Recibido, pues, este senadoconsulto, en su segunda oración permitió a los padres que ellos mismos conocieran de las apelaciones de los grandes jueces, crearan procónsules, dieran legados a los procónsules, dieran derecho pretorio a los presidentes, consagraran con senadoconsultos propios las leyes que Probo emitiera. Inmediatamente después, si algunos de los asesinos de Aureliano habían sobrevivido, los castigó con diverso género, aunque más suave y moderadamente de lo que antes el ejército y después Tácito habían castigado. Luego castigó también a los que habían hecho emboscadas a Tácito. Perdonó a los aliados de Floriano, porque no parecía que hubieran seguido a algún tirano, sino al hermano de su príncipe; recibió después a todos los ejércitos europeos, que habían hecho a Floriano tanto emperador como lo habían matado. Hechas estas cosas, con un ejército inmenso se dirigió a las Galias, que todas habían sido turbadas tras la muerte de Póstumo y poseídas por los germanos tras la muerte de Aureliano. Realizó allí batallas tan grandes y tan felizmente que recuperó de los bárbaros sesenta ciudades nobilísimas a través de las Galias; luego, todo el botín, con el que ellos, además de las riquezas, se envanecían hasta la gloria, y cuando ya vagaban seguros en nuestra orilla, es más, por todas las Galias, tras haber matado a casi cuatrocientos mil que habían ocupado el suelo romano, removió a los restantes más allá del río Nicer y el Elba, les quitó tanto botín bárbaro como ellos mismos habían arrebatado a los romanos. Contra las ciudades romanas puso campamentos en suelo bárbaro y allí colocó a los soldados,
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hizo campos, graneros, casas y annona para todos los transrenanos, es decir, para aquellos a quienes colocó en guardia, y nunca se dejó de luchar, pues diariamente le eran traídos cabezas de bárbaros, ya a un áureo por cada una, hasta que nueve régulos de diversas naciones vinieron y se postraron a los pies de Probo, a quienes él primero ordenó rehenes, que fueron dados inmediatamente, luego grano, finalmente también vacas y ovejas. Se dice que les ordenó más estrictamente que no usaran espadas, esperando la defensa romana, si debían ser vengados por alguien. Pero pareció que eso no podía hacerse a menos que el limes romano se extendiera y Germania se convirtiera en toda una provincia; mayormente, sin embargo, consintiendo los mismos reyes, se castigó a aquellos que no devolvieron fielmente el botín; recibió además dieciséis mil reclutas, a quienes dispersó por diversas provincias, de modo que intercalara cincuenta o sesenta entre los números o soldados limitáneos, diciendo que el romano debe ser sentido, no visto, cuando es ayudado con auxiliares bárbaros.
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Compuestas, pues, las cosas en la Galia, envió tales letras al senado:« Doy gracias a los dioses inmortales, padres conscriptos, porque vuestros juicios sobre mí han comprobado. Ha sido subyugada toda Germania por donde se extiende ampliamente; nueve reyes de naciones diversas han yacido suplicantes y postrados a mis pies, es más, a los vuestros. Todos los bárbaros ya aran para vosotros, ya siembran para vosotros y luchan contra las naciones interiores. Decretad, pues, suplicaciones según vuestra costumbre, pues cuatrocientos mil enemigos han sido muertos, y dieciséis mil armados nos han sido ofrecidos, y setenta ciudades nobilísimas han sido liberadas del cautiverio de los enemigos, y todas las Galias han sido liberadas profundamente. Las coronas de oro que me ofrecieron todas las ciudades de las Galias, las he dedicado a vuestra clemencia, padres conscriptos. Consagradlas con vuestras manos a Júpiter Óptimo Máximo y a los demás dioses y diosas inmortales. Todo el botín ha sido recuperado, capturado también otro, y ciertamente mayor de lo que había sido arrebatado antes; los campos galicanos son arados con bueyes bárbaros y los yugos germánicos cautivos ofrecen sus cuellos a nuestros cultivadores, se alimentan para el sustento de nuestras naciones los ganados de diversas especies, el ganado caballar ya es fecundado para nuestra caballería, los graneros están llenos de grano bárbaro;¿ qué más? A ellos les dejamos solo el suelo, nosotros poseemos todo lo suyo. Habíamos querido, padres conscriptos, hacer un nuevo presidente de Germania, pero esto lo hemos pospuesto para votos más plenos. Lo cual, ciertamente, creemos que contribuye, cuando la divina providencia ha secundado más ricamente a nuestros ejércitos».
16
Después de esto se dirigió al Ilírico; antes de que viniera, dejó las Recias tan pacíficas que no dejó allí ni siquiera la sospecha de ningún terror; en el Ilírico aplastó a los sármatas y a las demás naciones de tal manera que recuperó casi sin guerra todo lo que ellos habían arrebatado. Extendió luego el viaje a través de las Tracias y a todos los pueblos géticos, aterrorizados por la fama de sus hechos y presionados por la potencia del antiguo nombre, los recibió en rendición o en amistad. Hechas estas cosas, se dirigió al oriente y, en el viaje, capturado y muerto un potentísimo ladrón llamado Palfuerio, liberó toda Isauria, restituyendo a los pueblos y ciudades las leyes romanas. Entró en los lugares de los bárbaros que están entre los isauros, ya sea por terror o por urbanidad. Cuando los hubo recorrido, dijo esto:« Es más fácil que los ladrones sean apartados de estos lugares que eliminados». Donó a los veteranos todos aquellos lugares que se acceden estrechamente como privados, añadiendo que sus hijos, desde el año decimoctavo, solo los varones, fueran enviados a la milicia, para que nunca aprendieran a robar.
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Pacadas, finalmente, todas las partes de Panfilia y de las demás provincias que son vecinas de Isauria, giró el viaje hacia el oriente. Sometió también a los blemies, cuyos cautivos envió a Roma, los cuales ofrecieron un espectáculo maravilloso de sí mismos ante el pueblo romano atónito. Además, devolvió al derecho romano Copto y Ptolemaida, ciudades arrebatadas a la servidumbre bárbara. De lo cual obtuvo tanto provecho que los partos enviaron legados a él confesando el temor y pidiendo la paz, a quienes él, recibido más soberbiamente, envió a casa más temerosos. Se dice también que la carta de él, rechazados los dones que el rey había enviado, a Narseo fue tal:« Me asombra que hayas enviado tan pocas cosas de todas las que serán nuestras; ten por ahora todas esas de las que te alegras. Las cuales, si nosotros deseáramos tener, sabemos cómo debemos poseerlas». Recibidas estas letras, Narseo quedó muy aterrorizado, y especialmente porque supo que Copto y Ptolemaida fueron liberadas por los blemies, que las habían tenido, y que fueron muertos hasta la aniquilación aquellos que habían sido antes terror para las naciones.
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Hecha, pues, la paz con los persas, volvió a las Tracias y estableció en suelo romano a cien mil bastarnos, que todos guardaron la fidelidad. Pero cuando también hubo trasladado a muchos otros de otras naciones, es decir, de los gépidos, greutungos y vándalos, todos ellos rompieron la fidelidad y, ocupado Probo por guerras tiránicas, vagaron por casi todo el orbe a pie y navegando, y no trajeron poca molestia a la gloria romana. A los cuales, ciertamente, él oprimió en diversas ocasiones y con diversas victorias, volviendo pocos a casa con gloria, porque habían escapado de las manos de Probo; esto hizo Probo con los bárbaros. Pero tuvo también no leves movimientos tiránicos, pues también a Saturnino, que había arrebatado el imperio del oriente, lo superó con diversos géneros de batallas y conocida virtud; vencido el cual, hubo tanta quietud en el oriente que, como decían vulgarmente, nadie oía ratones rebeldes. Luego, cuando Próculo y Bonoso habían arrebatado el imperio cerca de Agripina en la Galia y ya se reivindicaban para sí las Britanias, las Hispanias y las provincias de la Galia bracata, los venció ayudándose a sí mismos los bárbaros. Y para que no busques más ni sobre Saturnino ni sobre Próculo ni sobre Bonoso, los insertaré en su propio libro, hablando poco sobre los mismos, como es debido, es más, como exige la necesidad. Una cosa ciertamente hay que saber: que todos los germanos, cuando fueron pedidos para ayuda por Próculo, prefirieron servir a Probo que imperar con Bonoso y Próculo. A todos los galos y a los hispanos y a los britanos les permitió desde entonces que tuvieran vides y elaboraran vino. Él mismo plantó el monte Alma en el Ilírico, cerca de Sirmio, cavado por mano militar, con vides elegidas.
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Dio a los romanos también placeres, y ciertamente insignes, habiéndose dado también congiarios. Triunfó sobre los germanos y los blemies, llevó ante el triunfo drungos de todas las naciones hasta de cincuenta hombres, dio una cacería en el Circo amplísima, de modo que el pueblo lo arrebatara todo. El género de espectáculo, sin embargo, fue tal: árboles fuertes arrancados de raíz por los soldados, unidos con vigas a lo largo y a lo ancho, fueron puestos para la pelea; luego, tierra echada encima y todo el Circo plantado a modo de bosque reverdeció por la gracia del nuevo verdor. Luego, enviados por todas las entradas mil avestruces, mil ciervos, mil jabalíes; ya gamos, íbices, ovejas salvajes y los demás animales herbívoros, cuantos pudieron ser alimentados o encontrados; luego, introducidos los populares, cada uno arrebató lo que quiso; editó al día siguiente en el Anfiteatro, en una sola misión, cien leones melenudos, que excitaban truenos con sus rugidos. Los cuales todos fueron muertos desde las partes traseras, no ofreciendo un gran espectáculo, por el cual eran muertos. Pues no era aquel ímpetu de las bestias que suele ser al salir de las jaulas; fueron muertos además muchos, que no querían dirigir, con flechas; editados luego cien leopardos libios, luego cien sirios; editadas cien leonas y trescientos osos a la vez; de todas las cuales fieras consta que el espectáculo fue más grande que grato. Editados además trescientos pares de gladiadores, luchando muchos blemies, que habían sido llevados por el triunfo, muchos germanos y sármatas, algunos también ladrones isauros.
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Terminados los cuales, preparando la guerra pérsica, cuando hacía el viaje a través del Ilírico, fue muerto por sus soldados mediante emboscadas. Las causas de matarlo fueron estas: primero, porque nunca permitió que el soldado estuviera ocioso, si es que realizó muchas obras con mano militar, diciendo que el soldado no debe comer la annona gratuita; a esto añadió un dicho grave para ellos:« Si alguna vez sucede, saludable para la república, en breve los soldados no serán necesarios».¿ Qué había concebido en su ánimo quien decía esto?¿ Acaso no había subyugado a todas las naciones bárbaras a pie y había hecho ya romano todo el mundo?« En breve», dijo,« no tendremos soldados necesarios».¿ Qué es otra cosa que decir:« Ya no habrá soldado romano»? En todas partes reinará, todo lo poseerá la república segura. El orbe de la tierra no fabricará armas, no proporcionará annona, los bueyes se tendrán para el arado, el caballo nacerá para la paz, no habrá guerras, no habrá cautividad, en todas partes paz, en todas partes leyes romanas, en todas partes nuestros jueces.
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Progreso más lejos en el amor del mejor emperador de lo que el discurso pedestre desea, por lo cual añadiré aquello que principalmente apresuró la fatal necesidad para tan gran hombre. Pues cuando hubo llegado a Sirmio y deseaba que el suelo patrio fuera fecundado y dilatado, puso a muchos miles de soldados a la vez para secar una marisma, preparando una fosa inmensa, por la cual, echadas las narices en el Savus, secaría lugares que aprovecharían a los sirmienses. Movidos por esto, los soldados lo mataron mientras huía a una torre ferrada, que él mismo había construido altísima por causa de la vigilancia, en el año quinto de su imperio; después, sin embargo, un sepulcro inmenso con túmulos elevados hicieron todos los soldados por igual con un título de este tipo grabado en mármol:« Aquí yace el emperador Probo, verdaderamente probo, vencedor de todas las naciones bárbaras, vencedor también de los tiranos».
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Comparando yo con otros emperadores al príncipe Probo, con casi todos los jefes romanos, en cuanto fueron valientes, en cuanto clementes, en cuanto prudentes, en cuanto admirables, entiendo que este hombre fue o igual o, si no se opone la envidia furiosa, mejor; pues en el quinquenio de su imperio realizó tantas guerras por todo el orbe de la tierra, y ciertamente por sí mismo, que es admirable cómo acudió a todas las batallas; muchas cosas hizo con su mano, instituyó jefes preclarísimos, pues de su disciplina fueron Caro, Diocleciano, Constancio, Asclepiodoto, Anibaliano, Leónidas, Cecropio, Pisoniano, Hereniano, Gaudioso, Ursiniano y los demás, a quienes nuestros padres admiraron y de quienes algunos fueron buenos príncipes. Compare ahora, quien quiera, los veinte años de Trajano y Adriano, compare casi otros tantos de los Antoninos. Pues,¿ qué hablaré de Augusto, en cuyos años de imperio apenas se puede vivir? A los malos príncipes, sin embargo, los callo; la misma voz de Probo, clarísima, indica qué esperaba poder hacer, quien dijo que en breve los soldados no serían necesarios.
23
Él, en verdad, consciente de sí mismo, no temió a los bárbaros, no temió a los tiranos.¿ Qué felicidad habría brillado después si bajo aquel príncipe no hubiera habido soldados? Ningún provincial daría annona, no se erogarían estipendios de las largiciones, la república romana tendría tesoros eternos, nada sería gastado por el príncipe, nada sería devuelto por el poseedor; prometía, ciertamente, un siglo de oro, no habría campamentos, en ninguna parte se oiría el lituo, las armas no debían ser fabricadas. Ese pueblo de militantes, que ahora atormenta a la república con guerras civiles, araría, se dedicaría a los estudios, sería instruido en las artes, navegaría. Añade que nadie sería muerto en la guerra. Dioses buenos,¿ qué tanto os ofendió la república romana, a la cual quitasteis tal príncipe? Vayan ahora, los que preparan soldados para las guerras civiles, armen las diestras de los hermanos para la muerte de los germanos, exhorten a los hijos a las heridas de los padres y deroguen la divinidad a Probo, la cual nuestros emperadores juzgaron prudentemente que debía ser consagrada con rostros, adornada con templos y celebrada con juegos circenses.
24
Los descendientes de Probo, ya sea por odio o por temor a la envidia, huyeron de los asuntos romanos y establecieron su hogar en Italia, en los alrededores de Verona, el Benaco y el Lario, y en esas regiones. Ciertamente, algo que no pude pasar por alto: cuando la imagen de Probo situada en Verona fue alcanzada por un rayo, de tal modo que su toga pretexta cambió de color, los arúspices respondieron que los descendientes de esta familia alcanzarían tal renombre en el senado que todos desempeñarían los más altos honores. Pero hasta ahora no hemos visto a nadie, aunque sus descendientes parecen tener eternidad, no medida. El senado recibió la muerte de Probo con gran pesar, al igual que el pueblo, y cuando se anunció que Caro gobernaba— un hombre bueno, ciertamente, pero muy alejado de las costumbres de Probo—, tanto el senado como el pueblo se estremecieron a causa de su hijo Carino, quien siempre había vivido de la peor manera; pues cada uno temía a un príncipe más severo, pero temían aún más a un heredero depravado. Esto es lo que hemos conocido sobre Probo o lo que hemos considerado digno de mención. Ahora, en otro libro, y ciertamente breve, hablaremos de Firmo, Saturnino, Bonoso y Próculo, pues no era apropiado que una cuadriga de tiranos se mezclara con un buen príncipe; después, si la vida lo permite, comenzaremos a exponer la historia de Caro junto con sus hijos.

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