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Original: Perseus Lat2

Scriptis iam pluribus libris non historico nec diserto sed pedestri adloquio, ad eam temporum venimus seriem, in qua per annos, quibus Gallienus et Valerianus rem publicam tenuerunt, triginta tyranni occupato Valeriano magnis belli Persici necessitatibus exstiterunt, cum Gallienum non solum viri sed etiam mulieres contemptui haberent, ut suis locis probabitur. sed quoniam tanta obscuritas eorum hominum fuit, qui ex diversis orbis partibus ad imperium convolabant, ut non multa de iis vel dici possint a doctoribus vel requiri, deinde ab omnibus 1 historicis, qui Graece ac Latine scripserunt, ita non- nulli praeter eant ut ut eorum nec 2 nomina frequententur, postremo cum tam varie a plerisque super iis nonnulla sint prodita, in unum eos libellum contuli et quidem brevem, maxime cum vel in Valeriani vel in Gallieni vita pleraque de iis dicta nec repetenda tamen satis constet.

Spanish Gemini
1
Habiendo escrito ya varios libros, no con un estilo histórico ni elocuente, sino con un lenguaje llano, he llegado a esa serie de tiempos en la que, durante los años en que Galieno y Valeriano sostuvieron la república, surgieron treinta tiranos, ocupado Valeriano por las grandes necesidades de la guerra persa, mientras que a Galieno no solo los hombres, sino también las mujeres, lo tenían en menosprecio, como se probará en sus respectivos lugares. Pero dado que fue tan grande la oscuridad de aquellos hombres que volaban hacia el imperio desde diversas partes del orbe, que no se puede decir mucho de ellos por parte de los doctos ni tampoco indagar, y además, todos los historiadores que escribieron en griego y latín los pasan por alto de tal manera que ni siquiera sus nombres son frecuentes, y finalmente, puesto que se ha transmitido tanto y tan variado sobre ellos por parte de muchos, los he reunido en un solo libro, y ciertamente breve, sobre todo porque, aunque se hayan dicho muchas cosas sobre ellos en la vida de Valeriano o de Galieno, no obstante, consta suficientemente que no deben repetirse.
2
Este, huyendo de su padre Ciriades, rico y noble, al agobiar al santo anciano con su lujo y sus costumbres perdidas, tras haber saqueado gran parte del oro y también un peso infinito de plata, se dirigió a los persas, y allí, unido y asociado al rey Sapor, habiendo sido instigador de la guerra que se debía infligir a los romanos, arrastró primero a Odomastes y luego a Sapor hacia el suelo romano; tras la captura de Antioquía y Cesarea, mereció el nombre de Cesariano, y desde entonces fue llamado Augusto, mientras sacudía todo el oriente por el terror de sus fuerzas o de su audacia, y aunque había matado a su padre( lo cual otros historiadores niegan que sucediera), él mismo fue asesinado por una traición de los suyos cuando Valeriano ya venía a la guerra persa. Y no se ha confiado a la historia nada más sobre él que parezca digno de memoria, a quien un ilustre refugio, el parricidio, una áspera tiranía y un lujo extremo entregaron a las letras.
3
Este hombre, fortísimo en la guerra, constantísimo en la paz, grave en toda su vida, hasta el punto de que Galieno, estando él en la Galia, le confiaba a su hijo Salonino como a un custodio de su vida, de sus costumbres y de sus actos imperiales. Pero, según afirman la mayoría( lo cual no concuerda con sus costumbres), después rompió su fidelidad y, asesinado Salonino, tomó el imperio. Sin embargo, como la mayoría ha transmitido con más veracidad, dado que los galos odiaban vehementemente a Galieno y no podían soportar que un niño mandara sobre ellos, llamaron emperador a quien gobernaba el imperio encomendado y, enviando soldados, mataron al joven; una vez muerto este, Póstumo fue aceptado con gratitud por todo el ejército y por todos los galos, y se mostró de tal manera durante siete años que restauró las Galias, mientras Galieno se entregaba al lujo y a las tabernas y envejecía en el amor de una mujer bárbara. No obstante, Galieno emprendió una guerra contra él, en la que Galieno fue herido por una flecha, si bien el amor excesivo hacia Póstumo estaba en la mente de todos los pueblos galicanos, porque, habiendo alejado a todas las naciones germánicas, había devuelto al imperio romano a su seguridad original; pero como se comportaba con demasiada severidad, según esa costumbre por la cual los galos siempre están ávidos de novedades, fue asesinado por instigación de Loliano. Si alguien busca el mérito de Póstumo, entenderá el juicio de Valeriano sobre él por esta carta que envió a los galos: Hemos hecho a Póstumo caudillo del límite transrenano y gobernador de la Galia, hombre dignísimo por la severidad de los galos, en cuya presencia no perece el soldado en los campamentos, ni las leyes en el foro, ni los litigios en los tribunales, ni la dignidad en la curia, quien guarda a cada uno lo propio y lo suyo, hombre a quien yo admiro por encima de los demás y que merece por derecho el lugar del príncipe, de quien espero que me daréis las gracias; pero si me engaña la opinión que tengo de él, sabed que no se encuentra en ninguna parte del mundo quien pueda ser aprobado profundamente. A su hijo, llamado Póstumo, le he dado el tribunado de los voconcios, un joven que se mostrará digno de las costumbres de su padre.
4
Sobre este casi no hay nada que decir, salvo que, llamado César por su padre y después Augusto en su honor, se dice que fue asesinado con su padre cuando Loliano, subrogado en el lugar de Póstumo, hubo tomado el imperio que le fue conferido por los galos; fue, sin embargo( lo único digno de memoria), tan elocuente en las declamaciones que se dice que sus controversias fueron insertadas en Quintiliano, a quien la lectura de una sola página demuestra inmediatamente, a primera vista, como el declamador más agudo del género romano.
5
Por su rebelión en la Galia fue asesinado Póstumo, el más fuerte de todos los hombres, cuando, con la Galia ya vacilante, el lujo de Galieno había formado el imperio en su antiguo estado romano; ciertamente este también fue fortísimo, pero por el hecho de la rebelión tuvo menor autoridad entre los galos sobre sus propias fuerzas; fue asesinado, sin embargo, por Victorino, hijo de Vitruvia o Victoria, quien después fue llamada madre de los campamentos y afectada con el nombre de Augusta, cuando ella misma, huyendo por sí sola, había trasladado el peso de tanto poder primero a Mario, luego a Tétrico y a su hijo. Y Loliano, ciertamente, no fue de poca utilidad a la república, pues reformó al estado antiguo muchas ciudades de la Galia y también algunos campamentos que Póstumo había construido durante siete años en suelo bárbaro y que, tras la muerte de Póstumo, habían sido saqueados e incendiados por una repentina irrupción de los germanos. Después fue asesinado por sus propios soldados porque era excesivo en el trabajo. Así, mientras Galieno perdía la república, primero Póstumo en la Galia, luego Loliano, después Victorino y finalmente Tétrico( pues de Mario no decimos nada) fueron defensores del nombre romano. Creo que todos ellos fueron dados por la divinidad para que, mientras esa peste de lujo inaudito era impedida por males, no se diera a los germanos la facultad de poseer el suelo romano, quienes, si hubieran escapado en aquel género como los godos y los persas, con las gentes consintiendo en suelo romano, este venerable imperio del nombre romano habría terminado. La vida de Loliano es oscura en muchas cosas, como también la del propio Póstumo, pero privada; pues vivieron ilustres por su virtud, no por el peso de su nobleza.
6
Póstumo el mayor, al ver que era atacado por las muchas fuerzas de Galieno y que era necesaria la ayuda no solo de soldados sino también de otro príncipe, llamó a Victorino, hombre de industria militar, a la participación del imperio y luchó con él contra Galieno. Y cuando, habiendo empleado enormes auxilios de germanos, hubieron prolongado las guerras durante mucho tiempo, fueron vencidos. Entonces, asesinado también Loliano, solo Victorino permaneció en el imperio, quien él mismo, porque se dedicaba a corromper los matrimonios de los soldados y de los militares, fue golpeado por un actuario, cuya esposa había violado, mediante una facción compuesta en Agrippina, habiendo sido llamado César por su madre Vitruvia o Victoria, quien fue llamada madre de los campamentos, el hijo Victorino, quien él mismo, siendo un niño, fue asesinado inmediatamente cuando su padre era asesinado en Agrippina. Sobre esto, que fue fortísimo y, fuera de la lujuria, el mejor emperador, muchos han dicho muchas cosas, pero creemos suficiente poner una parte de cierto libro de Julio Atheriano, en el que habla así de Victorino: A Victorino, que gobernó las Galias después de Julio Póstumo, no estimo que deba preferirse a nadie, ni a Trajano en virtud, ni a Antonino en clemencia, ni a Nerva en gravedad, ni a Vespasiano en gobernar el erario, ni a Pertinax o Severo en la censura de toda su vida y severidad militar, pero la lujuria y la codicia de la voluptuosidad femenina perdieron todo esto de tal manera que nadie se atreve a poner sus virtudes en las letras, de quien consta por juicio de todos que mereció ser castigado. Por tanto, como los escritores han tenido ese juicio sobre Victorino, me parece haber dicho suficiente sobre sus costumbres.
7
Sobre este no se ha referido nada más a las letras que el hecho de que fue nieto de Victoria e hijo de Victorino y, por su padre o por su abuela, en la misma hora en que Victorino fue asesinado, fue nombrado César e inmediatamente asesinado por los soldados por ira; existen, finalmente, sepulcros alrededor de Agrippina, bajos e impresos en breve mármol, en los que está inscrito el título: Aquí yacen los dos tiranos Victorinos.
8
Asesinados Victorino, Loliano y Póstumo, Mario, de herrero, como se dice, gobernó solo por tres días; sobre esto no sé qué más se pueda buscar, salvo que su brevísimo imperio lo hizo más notable, pues como aquel cónsul que tuvo el consulado sufecto durante seis horas meridionales fue salpicado por Marco Tulio con tal broma: Tuvimos un cónsul tan severo y tan censorio que en su magistratura nadie almorzó, nadie cenó, nadie durmió; parece que también se puede decir esto de él, quien fue hecho emperador un día, al otro día se vio que gobernaba, al tercero fue asesinado. Y fue, ciertamente, un hombre esforzado y elevado por grados militares hasta el imperio, a quien muchos llamaron Mamurio, otros Veturio, como operario que era, herrero. Pero sobre esto demasiado, de quien es suficiente haber añadido esto: que no hubo manos más fuertes ni para golpear ni para empujar, pues parecía haber tenido nervios en los dedos, no venas, pues se dice que incluso rechazó carros que venían con un dedo saludador y que a los más fuertes los afligió con un solo dedo de tal manera que dolían como si hubieran sido golpeados por un golpe de madera o de hierro más obtuso. Trituró muchas cosas con el choque de dos dedos; fue asesinado por cierto soldado quien, habiendo sido alguna vez suyo en el taller de herrería, fue despreciado por el mismo, ya fuera cuando era duque o cuando tomó el imperio; se dice que el asesino añadió estas palabras: Esta es la espada que tú mismo hiciste. Se dice que su primera arenga fue tal: Sé, compañeros de armas, que se me puede objetar mi arte anterior, del cual todos sois testigos, pero que diga cada uno lo que quiera. Ojalá ejercite siempre el hierro, no el vino, no las flores, no las mujercitas, no las tabernas, como hace Galieno, indigno de su padre y de la nobleza de su linaje, perezca. Que se me objete el arte de herrero, mientras las gentes extranjeras reconozcan por sus propias derrotas que he manejado el hierro; me esforzaré, finalmente, para que toda Alamania y toda Germania, con las demás gentes que yacen al lado, piensen que el pueblo romano es una gente de hierro, para que teman especialmente el hierro en nosotros; vosotros, sin embargo, querría que pensarais que habéis hecho príncipe a quien nunca supo manejar nada más que el hierro, lo cual digo porque sé que por parte de esa peste lujuriosísima no se me puede oponer nada más que esto: que he sido artífice de espadas y armas.
9
Siendo cónsules Tusco y Baso, mientras Galieno se entregaba al vino y a las tabernas y se dedicaba a alcahuetes, mimos y meretrices y perdía los bienes de la naturaleza por la continuación del lujo, Ingenuo, que entonces gobernaba las Panonias, fue nombrado emperador por las legiones mesias, queriéndolo los demás de las Panonias, y no parecía que los soldados hubieran consultado mejor para la república en nada que en que, ante la insistencia de los sármatas, fuera creado emperador, quien hubiera podido sanar las cosas fatigadas con su virtud; la causa, sin embargo, de que él mismo arrebatara el imperio entonces fue para no ser sospechoso a los emperadores, porque era fortísimo y necesario para la república y, lo que mueve vehementemente a los que mandan, aceptadísimo para los soldados; pero Galieno, como era un malvado y perdido, así también, cuando la necesidad lo había obligado, era veloz, fuerte, vehemente, cruel; finalmente, habiendo tenido un conflicto, venció a Ingenuo y, una vez asesinado este, se ensañó asperísimamente contra todos los mesios, tanto soldados como ciudadanos. Y no dejó a nadie exento de su crueldad, hasta el punto de ser tan áspero y truculento que dejó muchas ciudades vacías de sexo masculino; se cuenta, ciertamente, que el mismo Ingenuo, capturada la ciudad, se sumergió en el agua y así terminó su vida para no caer en el poder del cruel tirano. Existe, ciertamente, una carta de Galieno que escribió a Céler Veriano, en la que se muestra su exceso de crueldad, la cual interpuse por eso para que todos entendieran que un hombre lujurioso es crudelísimo si la necesidad lo exige: Galieno a Veriano. No me satisfaces si solo has matado a los armados, a quienes también el azar podría haber matado en las guerras; debe ser exterminado todo el sexo masculino, si también los ancianos y los impúberes pudieran ser asesinados sin nuestra reprensión; debe ser asesinado cualquiera que haya querido mal, debe ser asesinado cualquiera que haya hablado mal contra mí, contra el hijo de Valeriano, contra el padre y hermano de tantos príncipes. Ingenuo ha sido hecho emperador; desgarra, mata, despedaza, entiende mi ánimo, enójate con mi mente, yo que he escrito esto con mi mano.
10
Fue del destino público que, en tiempo de Galieno, cualquiera que pudiera saltara hacia el imperio. Regaliano, finalmente, gobernando el ducado en el Ilírico, fue hecho emperador por autores del imperio los mesios, quienes habían sido vencidos antes con Ingenuo, contra cuyos padres Galieno se había ensañado gravemente. Este, sin embargo, hizo muchas cosas fuertemente contra los sármatas, pero fue asesinado por los roxolanos como autores y por los soldados consintiendo, y por el miedo de los provinciales de que Galieno hiciera cosas más graves. Quizás parezca maravilloso si se declara cuál fue el origen de su imperio. Pues ganó los reinos por una broma capital. Pues mientras unos soldados cenaban con él, surgió un vicario del tribuno que dijera:¿ De dónde creemos que viene dicho el nombre de Regaliano? Otro, inmediatamente: Creemos que de reino. Entonces, un escolástico que estaba presente comenzó a declinar como gramaticalmente y a decir: Rex, regis, regi, Regaliano. Los soldados, como es el género de hombres propenso a lo que piensan:¿ Entonces puede ser rey? Otro:¿ Entonces puede regirnos? Otro: Dios te ha impuesto el nombre de rey.¿ Qué más? Con estas palabras, cuando al día siguiente por la mañana hubo salido, fue saludado emperador desde los principios. Así, lo que a otros les confirió la audacia o el juicio, a este se lo confirió la astucia jocosa. Fue, lo que no se puede negar, un hombre siempre probado en la cosa militar y ya antes sospechoso a Galieno porque parecía digno del imperio, de la gente de Dacia, pariente del mismo Decébalo, según se dice; existe una carta del divino Claudio, entonces privado, en la que da gracias a Regaliano, duque del Ilírico, por el Ilírico devuelto, cuando todo perecía por la desidia de Galieno, la cual, habiéndola encontrado en los auténticos, pensé que debía ser insertada; pues era pública. Claudio a Regaliano, muchos saludos. Feliz la república que mereció tenerte a ti, tal hombre, en los campamentos bélicos, feliz Galieno, aunque nadie le cuenta la verdad ni sobre los bienes ni sobre los males; me han traído Bonito y Celso, escoltas de nuestro príncipe, cómo fuiste en el combate cerca de Escupos, cuántas batallas y con qué celeridad terminaste en un solo día. Eras digno de triunfo si existieran los tiempos antiguos. Pero¿ qué más? Recordando a cierto hombre, querría que vencieras con más cautela, querría que me enviaras arcos sármaticos y dos sayos, pero con hebillas, pues yo mismo envié de los nuestros. Con esta carta se muestra lo que Claudio sintió sobre Regaliano, cuyo juicio gravísimo no hay duda de que fue en sus tiempos. Y este hombre no fue promovido por Galieno, sino por su padre Valeriano, como también Claudio y Macriano e Ingenuo y Póstumo y Aureolo, quienes todos fueron asesinados en el imperio cuando merecían el imperio. Pero esto fue maravilloso en el príncipe Valeriano, que todos, a quienesquiera que hizo duques, después llegaron al imperio por testimonio de los soldados, de modo que aparece que el anciano emperador, al elegir a los duques de la república, fue tal cual la felicidad romana, si hubiera podido continuarse fatalmente bajo un buen príncipe, requería. Y ojalá o bien aquellos que habían arrebatado los imperios hubieran podido reinar, o su hijo no hubiera estado más tiempo en el imperio, de cualquier modo nuestra república se habría mantenido en su estado, pero la Fortuna pensó que debía ser demasiado indulgente consigo misma, la cual, junto con Valeriano, trajo buenos príncipes y reservó a Galieno para la república más tiempo del que convenía.
11
Este también, gobernando los ejércitos ilirios en menosprecio de Galieno, como todos en aquel tiempo, obligado por los soldados tomó el imperio, y cuando Macriano con su hijo Macriano venía contra Galieno con muchísimos, tomó su ejército, a algunos corrompidos los añadió a su fidelidad. Y cuando hubo sido hecho desde aquí un emperador válido y Galieno hubo intentado en vano expugnar al hombre fuerte, hizo la paz con él para luchar contra Póstumo. De los cuales muchas cosas se han dicho y se dirán. Este mismo Aureolo, asesinado ya Galieno, lo mató Claudio tras haber tenido un conflicto junto a aquel puente que ahora se llama puente de Aureolo, y allí, como a un tirano, lo dotó de un sepulcro más humilde; existe incluso ahora un epigrama griego en esta forma: Como vencedor de sepulcros, tras muchas batallas del tirano, el ya feliz Claudio acompaña a Aureolo con un regalo mortal y, sobreviviente por derecho, a quien querría vivir, si lo permitiera el amor del egregio soldado, quien negó por derecho la vida a todos los indignos y más a Aureolo. Él, sin embargo, clemente, que guardando los últimos restos del cuerpo, dedica tanto el puente de Aureolo como el túmulo. He puesto estos versos traducidos por cierto gramático de tal manera que guardara la fidelidad, no porque no hubieran podido ser traducidos mejor, sino para que se guardara la fidelidad histórica, la cual pensé que debía ser guardada por encima de los demás, yo que en lo que pertenece a la elocuencia no me preocupo. Pues me propuse llevaros la cosa, no las palabras, sobre todo con tanta copia de cosas como en las vidas de los treinta tiranos a la vez.
12
Capturado Valeriano, durante mucho tiempo el príncipe más ilustre de la ciudad, después el emperador más fuerte, al final el más infeliz de todos, ya sea porque envejeció como anciano entre los persas o porque dejó descendientes indignos, cuando Balista, prefecto de Valeriano, y Macriano, el primero de los duques, entendieron que Galieno era despreciable, buscando también los soldados un príncipe, se retiraron a un lugar buscando qué se debía hacer, y entonces se decidió, estando Galieno lejos y Aureolo usurpando el imperio, que debía ser hecho algún príncipe, y ciertamente el mejor, para que no surgiera ningún tirano. Por tanto, las palabras de Balista( según afirma Meonio Astianacte, quien estuvo presente en el consejo) fueron estas: Tanto mi edad como mi profesión y mi voluntad están lejos del imperio, y yo, lo que no puedo negar, busco un buen príncipe, pero¿ quién es, finalmente, quien pueda llenar el lugar de Valeriano, sino tal cual eres tú, fuerte, constante, íntegro, probado en la república y, lo que pertenece sobre todo al imperio, rico? Arrebata, por tanto, el lugar debido a tus méritos; me usarás como prefecto mientras quieras, tú solo actúa bien con la república para que el orbe romano se alegre de que hayas sido hecho príncipe. A esto Macrianus: Confieso, Balista, que el imperio no es en vano para un prudente. Pues quiero socorrer a la república y apartar esa peste del gobierno de las leyes, pero no es esta la edad en mí; soy anciano, no puedo cabalgar según el ejemplo, debo lavarme más frecuentemente, comer más delicadamente, las riquezas me han retraído hace tiempo del uso de la milicia; deben buscarse algunos jóvenes, y no uno, sino dos o tres fortísimos, que desde diversas partes del orbe humano restauren la república, la cual Valeriano por el destino y Galieno por su género de vida perdieron. Después de esto, Balista entendió que él actuaba de tal manera que parecía pensar en sus hijos, y así lo abordó: Entregamos la república a tu prudencia. Da, por tanto, a tus hijos Macriano y Quieto, fortísimos jóvenes, hechos tribunos hace tiempo por Valeriano, porque, reinando Galieno, por ser buenos, no pueden estar a salvo. Entonces él, cuando se vio entendido: Doy, dijo, las manos, voy a dar al soldado una paga doble de la mía, tú solo préstame el estudio de prefecto y la provisión en los lugares necesarios, ya haré yo que Galieno, el más sórdido de todas las mujeres, entienda a los duques de su padre. Fue hecho, por tanto, emperador con Macriano y Quieto, sus dos hijos, queriéndolo todos los soldados, y comenzó inmediatamente a venir contra Galieno, como fuera, habiendo dejado las cosas en el oriente. Pero cuando llevaba consigo cuarenta y cinco mil soldados, en el Ilírico o en los confines de las Tracias, habiéndose encontrado con Aureolo, fue vencido y asesinado con su hijo. Finalmente, treinta mil soldados pasaron al poder de Aureolo. Domiciano, sin embargo, venció al mismo, el duque más fuerte y vehemente de Aureolo, quien decía que él traía su origen del emperador Domiciano y de Domitila. Sobre Macriano, sin embargo, me parece un sacrilegio pasar por alto el juicio de Valeriano, que él puso en su oración que había enviado al senado desde los confines de Persia, entre otras cosas de la oración del divino Valeriano: Yo, padres conscriptos, llevando la guerra persa, confié toda la república a Macriano y ciertamente por la parte militar; él es fiel a vosotros, él me es devoto, a él lo ama y lo teme el soldado, como quiera que la cosa lo haya exigido, actúa con los ejércitos. Y no son, padres conscriptos, cosas nuevas o inesperadas para nosotros; su virtud fue probada de niño en Italia, de adolescente en la Galia, de joven en Tracia, ya avanzado en África, finalmente envejeciendo en el Ilírico y Dalmacia, cuando en diversas batallas actuaba fuertemente según el ejemplo. A esto se añade que tiene hijos jóvenes dignos del colegio romano, dignos de nuestra amistad, y lo demás.
13
Muchas cosas fueron anticipadas sobre este en el imperio de su padre, quien nunca habría sido hecho emperador si no hubiera parecido que se confiaba a la prudencia de su padre; sobre este claramente se dicen muchas cosas admirables que pertenecen a la fortaleza de la edad juvenil, pero¿ qué valen los destinos o cuánto vale la fortaleza de uno en las guerras? Pues este, vehemente con su prudentísimo padre, por cuyo mérito había comenzado a mandar, fue vencido por Domiciano y despojado de treinta( dije arriba) mil soldados, noble por su madre, solo fuerte por su padre y preparado para la guerra y llegando desde la última milicia al sumo ducado con esplendor sublime.
14
Este, como dijimos, fue hijo de Macriano. Con su padre y su hermano, por juicio de Balista, fue hecho emperador, pero cuando Odaenathus, que ya hace tiempo tenía el oriente, se enteró de que Macriano, padre de Quieto, con su hermano Macriano habían sido vencidos por Aureolo y que los soldados habían pasado a su poder, como si vengara las partes de Galieno, mató al joven con el prefecto Balista hace tiempo. El mismo joven también fue dignísimo del imperio romano, de modo que parecía verdaderamente hijo de Macriano, también hermano de Macriano, quienes dos pudieron gobernar la república en cosas afligidas. No me parece que deba pasar por alto decir sobre la familia de los Macrianos, que florece hasta hoy, lo que siempre tuvieron como especial. Los hombres siempre tuvieron esculpido a Alejandro Magno de Macedonia en anillos y plata, las mujeres también en redecillas y brazaletes y en anillos y en todo género de ornamentos, hasta el punto de que las túnicas y bordes y capas matronales en su familia son hasta hoy, que muestran la efigie de Alejandro con hilos variados. Vimos hace poco a Cornelio Macro, hombre de la misma familia, cuando daba una cena en el Templo de Hércules, ofrecer al pontífice una pátera de electro que tenía en medio el rostro de Alejandro y contenía en el circuito toda la historia con signos breves y menudos, la cual, ciertamente, mandó que fuera circulada a todos los muy deseosos de aquel gran hombre, lo cual puse porque se dice que son ayudados en todo acto suyo quienes llevan a Alejandro expresado ya sea en oro o en plata.
15
Si Odaenathus, príncipe de los palmirenos, capturado Valeriano, fatigadas las fuerzas de la república romana, no hubiera tomado el imperio, las cosas habrían estado perdidas en el oriente. Por lo cual, habiendo tomado primero el nombre real con su esposa Zenobia y su hijo mayor, cuyo nombre era Herodes, y los menores Herenniano y Timolao, habiendo reunido un ejército, partió contra los persas. Primero recibió en su poder a Nísibis y la mayor parte del oriente con toda Mesopotamia, luego obligó al propio rey vencido a huir. Finalmente, persiguió a Sapor y a sus hijos hasta Ctesifonte y, capturadas las concubinas, capturado también un gran botín, se volvió al oriente, esperando que pudiera oprimir a Macriano, quien había comenzado a mandar contra Galieno, pero aquel ya había partido contra Aureolo y contra Galieno. Asesinado este, mató a su hijo Quieto, usurpando Balista, como afirman la mayoría, el reino, para que él mismo no pudiera ser asesinado; compuesto, por tanto, en gran parte el estado del oriente, fue asesinado por su primo Meonio, quien él mismo también había tomado el imperio, con su hijo Herodes, quien él mismo también, tras el regreso de Persia, fue llamado emperador con su padre; creo que el dios estuvo irritado con la república, quien, asesinado Valeriano, no quiso reservar a Odaenathus. Aquel, claramente, con su esposa Zenobia, no solo habría reformado el oriente, que ya había reformado al estado original, sino también todas las partes del orbe entero, hombre acerbo en las guerras y, según hablan la mayoría de los escritores, siempre inclito por una caza memorable, quien desde la primera edad dedicó el sudor del oficio viril a capturar leones y leopardos, osos y otros animales silvestres y quien siempre vivió en los bosques y montes, soportando el calor, las lluvias y todos los males que contienen en sí las voluptuosidades de la caza. Endurecido por las cuales, soportó el sol y el polvo en las guerras persas, no de otra manera también su cónyuge acostumbrada, quien por sentencia de muchos se dice que fue más fuerte que su marido, mujer nobilísima de todas las mujeres orientales y, como afirma Cornelio Capitolino, hermosísima.
16
Herodes, engendrado no por la madre Zenobia sino por una esposa anterior, recibió el imperio con su padre, hombre delicadísimo de todos y totalmente oriental y de lujo griego, para quien había tiendas selladas y pabellones dorados y todas las cosas persas. Finalmente, Odaenathus, usando de su ingenio, todo lo que capturó de concubinas reales, todo lo que capturó de riquezas y gemas, se lo entregó a él, movido por el afecto de la indulgencia paterna. Y Zenobia estaba alrededor de él con ánimo de madrastra, por lo cual lo había hecho más recomendable al padre, y no hay más cosas que se digan sobre Herodes.
17
Este fue primo de Odaenathus y, no llevado por ninguna otra cosa sino por una envidia condenable, mató al mejor emperador, cuando no le objetaba nada más que a su hijo Herodes. Se dice, sin embargo, que primero consintió con Zenobia, quien no podía soportar que su hijastro Herodes fuera llamado príncipe en primer lugar que sus hijos, Herenniano y Timolao, pero este también fue sucísimo. Por lo cual, llamado emperador por error, fue asesinado brevemente por los soldados por los méritos de su lujuria.
18
Sobre este, si gobernó, los escritores dudan entre sí. Muchos, en efecto, dicen que, asesinado Quieto por Odaenathus, se dio perdón a Balista y, sin embargo, que él gobernó, porque no se creía ni a Galieno ni a Aureolo ni a Odaenathus; otros afirman que fue asesinado privado en su campo, que se había comprado junto a Dafne. Muchos dijeron también que él tomó la púrpura para mandar según la costumbre romana y que dirigió un ejército y prometió muchas cosas sobre sí, pero que fue asesinado por aquellos a quienes Aureolo había enviado a capturar a Quieto, hijo de Macriano, a quien decía que era su botín. Fue un hombre insigne, erudito para gobernar la república, vehemente en los consejos, ilustre en las expediciones, singular en la provisión de víveres, tan acepto a Valeriano que lo acompañó con este testimonio en ciertas letras: Valeriano a Ragonio Claro, prefecto del Ilírico y de las Galias, si hay algo de buen fruto en ti, que sé que lo hay, pariente Claro, sigue las disposiciones de Balista. Con ellas informa a la república.¿ Ves cómo él no agobia a los provinciales, cómo mantiene allí los caballos donde hay pastos, cómo manda allí las raciones de los soldados donde hay granos, cómo no obliga al provincial, al poseedor, a dar granos allí donde no tiene, a tener el caballo allí donde no puede pastar? Y no hay ninguna otra provisión mejor que la de que se eroguen en sus lugares las cosas que nacen, para que no agobien a la república ni con vehículos ni con gastos. Galacia abunda en granos, Tracia está llena, el Ilírico está pleno; allí colóquense los infantes, aunque en Tracia también los jinetes pueden invernar sin daño de los provinciales, pues se recoge mucho heno de los campos. Ya el vino, el tocino, ya las demás especies deben darse en aquellos lugares en los que redundan a raudales, todas las cuales son consejos de Balista, quien mandó que de cierta provincia se proporcionara una sola especie, porque redundaba, y que los soldados fueran apartados de ella. Eso es lo que fue decretado públicamente. Hay también otra carta suya en la que da gracias a Balista, en la que enseña que los preceptos de gobernar la república le fueron dados por el mismo, alegrándose de que por su consejo no tuviera ningún adscripticio( es decir, vacante) tribuno, ningún escolta que no hiciera verdaderamente algo, ningún soldado que no luchara verdaderamente. Este hombre, por tanto, acostado en su tienda, se dice que fue asesinado por cierto soldado gregario en gracia de Odaenathus y Galieno. Sobre lo cual yo mismo no he averiguado cosas verdaderas, por el hecho de que los escritores de los tiempos dijeron muchas cosas sobre su prefectura, pocas sobre su imperio.
19
Este hombre militar, al mismo tiempo también floreciente por la gloria de las virtudes civiles, gobernaba el proconsulado de Acaya, honor dado entonces por Galieno, a quien Macriano, temiendo vehementemente, al mismo tiempo porque sabía que era bastante ilustre en todo género de vida, al mismo tiempo porque sabía que era enemigo suyo por la envidia de las virtudes, habiendo enviado a Pisón, hombre de la familia más noble entonces y consular, mandó que fuera asesinado. Valente, cuidándose diligentísimamente y previendo y estimando que no podía ser socorrido de otra manera, tomó el imperio y fue asesinado brevemente por los soldados.
20
Y bien viene a la mente, que, cuando hablamos de este Valente, dijéramos también algo sobre aquel Valente que fue asesinado en tiempos de los príncipes superiores. Pues se dice que fue tío abuelo de este Valente, que gobernó bajo Galieno. Otros dicen solo tío, pero la fortuna fue igual en ambos, pues también aquel, cuando hubo gobernado el Ilírico por pocos días, fue asesinado.
21
Enviado por Macriano para asesinar a Valente, al enterarse de que este preveía el futuro y gobernaba, se retiró a Tesalia y allí, con el apoyo de unos pocos, asumió el imperio; fue llamado Tesálico y murió asesinado por la fuerza. Era un hombre de suma integridad, llamado Frugi en su tiempo, y de quien se decía que descendía de aquella familia de los Pisones a la que Cicerón se había unido para ganar nobleza. Fue muy aceptado por todos los príncipes. Finalmente, el propio Valente, de quien se dice que envió sicarios contra él, habría dicho que no podía justificar su conducta ante los dioses infernales, pues, aunque era su enemigo, había ordenado matar a Pisón, un hombre como el cual la República romana no tenía otro. He insertado gustosamente el senadoconsulto sobre Pisón para dar a conocer su grandeza: El séptimo día antes de las calendas de julio, cuando se anunció que Pisón había sido asesinado por Valente y que el propio Valente había sido muerto por los suyos, Arellio Fusco, consular de primera sentencia, que había sucedido en el lugar de Valeriano, dijo:« Cónsul, consulte». Y habiendo sido consultado, dijo:« Decreto honores divinos para Pisón, padres conscriptos, y confío en que nuestros emperadores Galieno, Valeriano y Salonino lo aprobarán, pues no hubo hombre mejor ni más constante». Tras él, consultados los demás, decretaron una estatua para Pisón entre las triunfales y los carros de cuatro caballos. Pero su estatua es visible, mientras que las cuadrigas que se habían decretado fueron colocadas como si fueran a ser trasladadas a otro lugar y aún no han sido devueltas, pues estuvieron en los lugares donde se edificaron las Termas de Diocleciano, de nombre tan eterno como sagrado.
22
Es propio de este pueblo de los egipcios que, como furiosos y dementes, se dejen llevar por las cosas más triviales hasta los mayores peligros para la República; a menudo, por saludos descuidados, por un lugar no concedido en los baños, por carne y verduras retenidas, por calzado servil y otras cosas semejantes, han llegado hasta el máximo peligro para el Estado en sediciones, de tal modo que se armaron ejércitos contra ellas. Por tanto, con su furor habitual, cuando un día el esclavo de cierto administrador que gobernaba entonces Alejandría fue golpeado por un soldado porque decía que sus sandalias eran mejores que las del militar, la multitud reunida fue a la casa del duque Emiliano y lo persiguió con todo instrumento y furor de sedición; fue golpeado con piedras, atacado con hierro, y no faltó ningún arma de sedición, por lo cual, obligado, Emiliano asumió el imperio, sabiendo que de cualquier modo debía morir. El ejército egipcio estuvo de acuerdo con él, sobre todo por el odio a Galieno, y no le faltó vigor para gobernar la República, pues recorrió la Tebaida y todo Egipto y, en la medida de lo posible, alejó a las tribus bárbaras con firme autoridad. Finalmente, fue llamado Alejandro o Alejandrino( pues esto también se considera incierto) por el mérito de sus virtudes. Y cuando preparaba una expedición contra los indios, enviado el duque Teodoto por orden de Galieno, pagó su pena, y se dice que fue estrangulado en la cárcel al modo de los antiguos cautivos. No creo que deba callar lo que, al hablar de Egipto, sugirió la antigua historia, así como también el hecho de Galieno, quien, al querer conceder el poder proconsular a Teodoto, fue prohibido por los sacerdotes, quienes dijeron que no era lícito que los fasces consulares entraran en Alejandría, hecho del cual sabemos que también Cicerón se acuerda cuando habla contra Gabinio; finalmente, hoy existe el recuerdo de la costumbre practicada. Por lo cual, es necesario saber que Herenio Celso, vuestro pariente, cuando desea el consulado, no le es lícito lo que desea. Pues se dice que en Menfis, en una columna de oro, está escrito en letras egipcias que Egipto solo sería libre cuando hubieran llegado a él los fasces romanos y la toga pretexta de los romanos, lo cual se encuentra en Próculo el gramático, hombre muy docto de su tiempo, cuando habla de las regiones extranjeras.
23
El mejor de los generales del tiempo de Galieno, pero elegido por Valeriano, fue Saturnino. Este también, al no poder soportar la disolución de Galieno, que pasaba la noche en público, y al dirigir a los soldados no por el ejemplo de su emperador sino por el suyo propio, asumió el imperio de manos de los ejércitos; era un hombre de singular prudencia, notable gravedad, vida amable y victorias conocidas en todas partes incluso por los bárbaros. Se dice que este, el día en que fue vestido por los soldados con el manto imperial, habiendo convocado una asamblea, dijo:« Compañeros de armas, habéis perdido a un buen general y habéis hecho a un mal príncipe». Finalmente, habiendo hecho muchas cosas con energía en el imperio, por ser más severo y grave con los soldados, fue asesinado por aquellos mismos por quienes había sido hecho emperador. Es distintivo de él que ordenó a los soldados que se recostaran en los banquetes con mantos— pesados en invierno, transparentes en verano— para que no quedaran al descubierto las partes inferiores.
24
Muerto Victorino y su hijo, su madre Victoria o Vitruvia exhortó al imperio a Tétrico, senador del pueblo romano que gobernaba el mando en la Galia, pues era, como dicen muchos, pariente suyo, y lo hizo llamar Augusto y a su hijo lo nombró César. Y habiendo Tétrico realizado muchas cosas con éxito y habiendo gobernado durante mucho tiempo, vencido por Aureliano, al no poder soportar la insolencia y procacidad de sus soldados, se entregó voluntariamente al príncipe más grave y severo. Finalmente, se cita un verso suyo, que había escrito furtivamente a Aureliano:« Arráncame, invicto, de estos males». Por lo cual, como Aureliano no pensaba fácilmente en nada simple, suave o tranquilo, llevó en triunfo a un senador del pueblo romano y consular, que había gobernado todas las Galias por derecho de mando, al mismo tiempo que a Zenobia, esposa de Odenato, con los hijos de Odenato, Hereniano y Timolao. Sin embargo, vencido por la vergüenza, el hombre demasiado severo hizo a aquel a quien había triunfado corrector de toda Italia, es decir, de Campania, Samnio, Lucania, Brucio, Apulia, Calabria, Etruria y Umbría, Piceno y Flaminia y de toda la región de la annona, y permitió que Tétrico no solo viviera, sino que permaneciera en la más alta dignidad, llamándolo a menudo colega, a veces compañero de armas y, en ocasiones, incluso emperador.
25
Este pequeño fue llamado César por Victoria, cuando ella fue nombrada madre de los campamentos por el ejército, quien también, llevado en triunfo con su padre, desempeñó después todos los honores senatoriales con su patrimonio intacto, el cual, en efecto, envió a sus descendientes, como dice Arellio Fusco, siempre distinguido; mi abuelo contaba que le era familiar y que nadie le fue preferido por Aureliano o después por otros príncipes. La casa de los Tétricos existe todavía hoy en el Monte Celio entre dos bosques frente al Iseo Metelino, hermosísima, en la que Aureliano está pintado otorgando a ambos la toga pretexta y la dignidad senatorial, recibiendo de ellos el cetro, la corona y la cíclade. La pintura es de mosaico, y se dice que, cuando la dedicaron, los dos Tétricos invitaron al propio Aureliano a un banquete.
26
Ya da vergüenza seguir contando cuántos tiranos hubo bajo Galieno por el vicio de esa peste, si es que había en él tal lujo que merecía muchísimos rebeldes y tal crueldad que era temido con razón. Con tal crueldad se actuó también contra Trebeliano, príncipe en Isauria, cuando los mismos isaurios buscaban un jefe para sí, a quien, aunque otros llamaron archipirata, él mismo se llamó emperador, e incluso ordenó acuñar moneda. Construyó un palacio en la fortaleza de Isauria. Este, en efecto, cuando se hubo retirado a los lugares más íntimos y seguros de los isaurios, protegido por las dificultades de los lugares y las montañas, gobernó durante algún tiempo entre los cilicios, pero fue derrotado y muerto por el general de Galieno, Camsisoleo, de nación egipcia, hermano de Teodoto que había capturado a Emiliano; sin embargo, después los isaurios, por miedo a que Galieno se ensañara con ellos, no pudieron ser llevados a la igualdad por ninguna humanidad de los príncipes; finalmente, después de Trebeliano, son considerados como bárbaros; pues en medio del suelo del nombre romano, su región está encerrada como una frontera por un nuevo género de guardias, defendida por los lugares, no por los hombres, pues no son gallardos en estatura, ni graves en virtud, ni instruidos en armas, ni prudentes en consejos, sino seguros solo por esto, que al estar situados en lugares elevados no pueden ser abordados, a quienes el divino Claudio casi había llevado a esto, a que, apartados de sus lugares, los colocara en Cilicia, dispuesto a dar a uno de sus más amigos toda la posesión de los isaurios, para que no surgiera de ella después ninguna rebelión.
27
Odenato, al morir, dejó dos niños pequeños, Hereniano y su hermano Timolao, en cuyo nombre Zenobia, usurpando el imperio para sí, mantuvo la República durante más tiempo del que convenía a una mujer, exhibiendo a los niños con el atuendo de emperador romano, vestidos de púrpura y llevándolos a las asambleas, a las que ella asistía varonilmente, proclamándose entre otras cosas Dido, Semíramis y Cleopatra, príncipe de su género, pero sobre el final de estos es incierto; pues muchos dicen que fueron asesinados por Aureliano, muchos que murieron por su propia muerte, si es que los descendientes de Zenobia permanecen todavía hoy en Roma entre los nobles.
28
Sobre este pensamos que son dignas de mención las cosas que se dijeron sobre su hermano, pero hay una sola cosa que lo separa de su hermano, que fue de tal ardor por los estudios romanos que se dice que en poco tiempo alcanzó lo que el gramático le había enseñado, pudiendo incluso llegar a ser el mayor retórico de los latinos.
29
Ocupadas las partes galas, las orientales, e incluso el Ponto, las Tracias y el Ilírico, mientras Galieno se entrega a la glotonería y dedica su vida a los baños y a los alcahuetes, los africanos también, bajo la instigación de Vibio Pasieno, procónsul de África, y Fabio Pomponiano, duque del límite líbico, llamaron emperador a Celso, adornado con el manto de la diosa Celestial. Este, siendo un particular, puesto entre los tribunos en África, vivía en sus campos, pero con tal justicia y magnitud de cuerpo que parecía digno del imperio, por lo cual, creado por cierta mujer, llamada Galiena, prima de Galieno, fue asesinado al séptimo día de su imperio y, por tanto, apenas fue incluido entre los príncipes oscuros. Su cuerpo fue consumido por los perros, instigados por los siccenses, que habían guardado fidelidad a Galieno, y con un nuevo género de injuria, su imagen fue alzada en una cruz mientras la multitud se burlaba, como si el propio Celso pareciera estar clavado en el patíbulo.
30
Ya se ha consumido todo pudor, si es que, fatigada la República, se ha llegado hasta el punto de que, actuando Galieno de la manera más vil, incluso las mujeres gobernaran de la mejor manera. Y, en efecto, una extranjera, de nombre Zenobia, de quien ya se ha dicho mucho, que se jactaba de descender de la estirpe de las Cleopatras y los Ptolomeos, después de su marido Odenato, con el manto imperial echado sobre los hombros, adornada con el atuendo de Dido, habiendo aceptado incluso la diadema, en nombre de sus hijos Hereniano y Timolao, gobernó durante más tiempo del que el sexo femenino permitía, si es que, gobernando todavía Galieno la República, la mujer soberbia obtuvo el cargo real y, estando Claudio ocupado en las guerras góticas, apenas vencida y triunfada por Aureliano, cedió a los derechos romanos. Existe una carta de Aureliano que da testimonio de la mujer cautiva. Pues, al ser reprendido por algunos porque el hombre más valiente había triunfado sobre una mujer como si fuera un general, envió cartas al senado y al pueblo romano defendiéndose con esta declaración:« Oigo, padres conscriptos, que se me reprocha no haber cumplido una tarea varonil al triunfar sobre Zenobia. No alabarían lo suficiente aquellos que me reprenden si supieran qué mujer es ella, cuán prudente en los consejos, cuán constante en las disposiciones, cuán grave con los soldados, cuán generosa cuando la necesidad lo exige, cuán severa cuando la severidad lo pide. Puedo decir que es mérito suyo que Odenato venciera a los persas y, habiendo puesto en fuga a Sapor, llegara hasta Ctesifonte. Puedo asegurar que la mujer fue de tal temor para los orientales y los pueblos de los egipcios que ni los árabes, ni los sarracenos, ni los armenios se movían. Y yo no le habría conservado la vida si no hubiera sabido que había sido de gran provecho para la República romana, al conservar para sí o para sus hijos el imperio de oriente. Por tanto, que se guarden para sí los venenos de sus propias lenguas aquellos a quienes nada agrada, pues si vencer y triunfar sobre una mujer no es decoroso,¿ qué dicen de Galieno, en cuyo desprecio esta gobernó bien el imperio?¿ Qué dicen del divino Claudio, santo y venerable general, quien se dice que permitió que ella gobernara porque él mismo estaba ocupado en las expediciones góticas? Y esto con cautela y prudencia, para que, mientras ella conservaba las fronteras orientales del imperio, él mismo realizara con más seguridad lo que había instituido». Este discurso indica qué juicio tuvo Aureliano sobre Zenobia. Se dice que su castidad fue tal que ni siquiera conoció a su marido sino para intentar la concepción. Pues, una vez que había tenido relaciones, esperaba a la menstruación y se contenía si estaba embarazada; si no, daba de nuevo la oportunidad para buscar hijos. Vivió con pompa real. Fue adorada más al modo persa, banqueteó al modo de los reyes de los persas. Al modo de los emperadores romanos, salió a las asambleas con casco, con una franja púrpura con gemas colgando por el borde inferior, sujeta también en el medio con una caracola como si fuera una fíbula femenina, a menudo con el brazo desnudo. Tenía el rostro algo oscuro, de color moreno, ojos de una vivacidad extraordinaria, negros, de espíritu divino, de una belleza increíble. Tal blancura en los dientes que muchos pensaban que tenía perlas, no dientes. Voz clara y varonil. Severidad, cuando la necesidad lo exigía, de tiranos; clemencia de buenos príncipes, cuando la piedad lo requería. Generosa con prudencia, conservadora de tesoros más allá del modo femenino, usó vehículo carpentario, raramente litera, más a menudo caballo; se dice, sin embargo, que caminó frecuentemente tres o cuatro mil pasos con los soldados de infantería. Cazó con el deseo de los españoles, bebió a menudo con los generales, aunque por lo demás era sobria; bebió también con los persas y armenios para vencerlos. Usó vasos de oro con gemas para los banquetes, ya usados por Cleopatra. En el servicio tuvo eunucos de edad avanzada, muchachas muy raras; había ordenado a sus hijos hablar en latín, de modo que hablaran en griego difícilmente o raramente. Ella misma no conocía el latín del todo, pero hablaba con la vergüenza contenida; hablaba también egipcio de modo perfecto, tan experta en la historia alejandrina y oriental que se dice que la había resumido; el latín, sin embargo, lo había leído en griego. Cuando Aureliano la hubo capturado y, llevada a su presencia, la llamó así:«¿ Qué es esto, Zenobia?¿ Te has atrevido a insultar a los emperadores romanos?», se dice que ella respondió:« Reconozco que tú eres emperador, que vences, pero a Galieno, a Aureolo y a los demás príncipes no los consideré tales. Creyendo que Victoria era semejante a mí, deseó entrar en consorcio del reino, si la oportunidad de los lugares lo permitía». Fue llevada, pues, en triunfo con tal aspecto que nada pareció más pomposo al pueblo romano, ya adornada al principio con gemas enormes, de modo que sufría por el peso de los adornos. Pues se dice que la mujer más valiente se resistió muchísimas veces, diciendo que no podía soportar el peso de las gemas; además, sus pies estaban atados con oro, sus manos también con cadenas de oro, y no faltaba el vínculo de oro en el cuello, que un bufón persa llevaba delante. A esta le fue concedida la vida por Aureliano, y se dice que vivió con sus hijos ya al modo de una matrona romana, dada a sí misma una posesión en Tíbur, que todavía hoy se llama Zenobia, no lejos del palacio de Adriano y del lugar que tiene por nombre Conchas.
31
No era un asunto tan digno como para que también Vitruvia o Victoria fuera enviada a las letras, si las costumbres de Galieno no hicieran que incluso las mujeres fueran consideradas dignas de memoria. Victoria, en efecto, cuando vio a su hijo y a su nieto asesinados por los soldados, a Póstumo, luego a Loliano, también a Mario, a quien los soldados habían nombrado príncipe, asesinados, exhortó al imperio a Tétrico, de quien se habló más arriba, para que se atreviera siempre a una acción varonil; fue distinguida además con este título, que se decía madre de los campamentos; se acuñaron sus monedas de bronce, oro y plata, cuya forma existe todavía hoy entre los tréveros, la cual, en efecto, no vivió mucho tiempo, pues, reinando Tétrico, como dicen muchos, fue asesinada; como otros aseguran, consumida por necesidad fatal. Estas son las cosas que parecía que debían decirse sobre los treinta tiranos, a quienes he reunido en un solo volumen para que, si contara cada cosa de cada uno, no nacieran fastidios indignos y cosas que el lector no pudiera soportar. Ahora vuelvo al príncipe Claudio. Sobre quien me parece que debe editarse un volumen especial, aunque breve, por el mérito de su vida, añadido su hermano, hombre singular, de modo que al menos se refieran pocas cosas sobre una familia tan santa y tan noble. Con estudio puse a las mujeres en medio para escarnio de Galieno, de quien la República romana no sufrió nada más prodigioso, añadiendo también ahora dos tiranos como fuera de número, porque eran de otro tiempo, uno que fue en tiempos de Maximino, otro que fue en tiempos de Claudio, para que las vidas de los treinta tiranos se contuvieran en este volumen. Te ruego, tú que has recibido ya el libro completo, que lo tomes a bien y añadas voluntariamente estos a tu volumen, los cuales yo, del mismo modo que a Valente antes a este volumen, así después de Claudio y Aureliano había destinado añadirlos a aquellos que estuvieron entre Tácito y Diocleciano. Pero la diligencia de tu erudición, recordando la historia, evitó mi error. Te agradezco, pues, que la bondad de tu prudencia haya completado mi título; nadie dirá en el Templo de la Paz que he puesto a mujeres entre los tiranos, es decir, tiranas o tiranías, como ellos suelen decir de mí con risa y broma. Tienen el número completo dado a mis letras desde los arcanos de la historia. Pues se añadirán Tito y Censorino, de los cuales uno, como dije, estuvo bajo Maximino, el otro bajo Claudio, quienes ambos fueron asesinados por los mismos soldados por quienes habían sido vestidos con la púrpura.
32
Enseña Dexipo, y no calla Herodiano y todos los que transmitieron tales cosas para que fueran leídas por la posteridad, que Tito, tribuno de los moros, que había sido dejado entre los particulares por Maximino, por miedo a una muerte violenta, como dicen ellos, pero contra su voluntad y obligado por los soldados, como aseguran muchos, gobernó, y que este, a los pocos días después de vengada la deserción que el consular Magno había preparado para Maximino, fue asesinado por sus propios soldados. Gobernó, sin embargo, seis meses. Fue este hombre de los primeros digno de alabanza hacia la República en casa y fuera, pero en el imperio poco afortunado. Otros dicen que fue hecho príncipe por los arqueros armenios, a quienes Maximino, como a los alejandrinos, odiaba y había ofendido, y no te sorprendas de que haya tanta variedad sobre un hombre cuyo nombre apenas se reconoce; la esposa de este fue Calpurnia, mujer santa y venerable del linaje de los Cesoninos, es decir, de los Pisones, a quien nuestros antepasados adoraron como sacerdotisa unívira entre las mujeres más sagradas, cuya estatua vimos todavía en el Templo de Venus, acrolita pero dorada. Se dice que esta tuvo perlas de Cleopatra, esta una fuente de cien libras de plata, de la cual muchos poetas hicieron memoria, en la que se mostraba expresada la historia de sus antepasados. Me parece haber avanzado más lejos de lo que el asunto requería, pero¿ qué haré? La ciencia es verbosa por la facilidad de la naturaleza. Por lo cual volveré a Censorino, hombre noble pero que se dice que gobernó siete días, no tanto para bien como para mal de la República.
33
Hombre claramente militar y de antigua dignidad en la curia, dos veces cónsul, dos veces prefecto del pretorio, tres veces prefecto de la ciudad, cuatro veces procónsul, tres veces consular, legado pretorio por segunda vez, cuatro veces edilicio, tres veces cuestor, desempeñó también fuera de orden la legación persa, y también la sármata. Después de todos los honores, sin embargo, cuando vivía en su campo siendo anciano y cojeando de un pie por una herida que había recibido en la guerra persa en tiempos de Valeriano, fue hecho emperador y, por broma de los bufones, llamado Claudio. Y como se comportaba con mucha gravedad y no podía ser soportado por los soldados debido a su disciplina censoria, fue asesinado por aquellos mismos por quienes había sido hecho. Existe su sepulcro cerca de Bolonia, en el que están grabados con grandes letras todos sus honores; en el último verso, sin embargo, se añadió:« Feliz en todo, el más infeliz de los emperadores». Existe su familia, frecuentada con el nombre de los Censorinos, cuya parte buscó las Tracias por odio a las cosas romanas, parte Bitinia. Existe también una casa hermosísima, añadida a las Gentes Flavias, que se dice que fue antiguamente del príncipe Tito. Tienes el número completo de los treinta tiranos, a quienes excusabas con los malvados, pero con buen ánimo. Da ahora a cualquiera el librito, escrito no tan elocuentemente como fielmente, y no me parece haberme prometido elocuencia, sino el asunto, pues estos libritos que he editado sobre la vida de los príncipes no los escribo sino que los dicto, y los dicto con tal prisa que, si yo mismo prometo algo o tú pides algo, lo presionas de tal modo que no tengo facultad para respirar.

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