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Valeriani Duo
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Original: Perseus Lat2

Sapori regi regum vel soli 1: Si scirem posse aliquando Romanos penitus vinci, gauderem tibi de victoria, quam praefers. sed quia vel fato vel virtute gens illa plurimum potest, vide ne, quod senem imperatorem cepisti et id quidem fraude, male tibi cedat et posteris tuis. cogita quantas gentes Romani ex hostibus suas fecerint, a quibus saepe victi sunt. audivimus certe quod Galli eos vicerint et ingentem illam civitatem incenderint ; certe Romanis serviunt, quid Afri? eos non vicerunt? certe serviunt Romanis, de longioribus exemplis et fortasse So Salm.; Saporis rex regum uel solus P; Velsolus Peter Hohl. inferioribus nihil dico. Mithradates Ponticus totam Asiam tenuit; certe victus est, certe Asia Romanorum est. si meum consilium requiris, utere occasione pacis et Valerianum suis redde, ego gratulor felicitati tuae, ; si tamen illa uti tu scias.

Spanish Gemini
1
Al rey de reyes Sapor, solo: Si supiera que los romanos pueden ser derrotados por completo alguna vez, me alegraría por la victoria que pregonas. Pero dado que, ya sea por el destino o por su valor, ese pueblo es sumamente poderoso, ten cuidado de que el haber capturado a un emperador anciano, y además mediante engaño, no resulte en un mal para ti y para tus descendientes. Piensa en cuántos pueblos han hecho suyos los romanos a partir de sus enemigos, por quienes a menudo fueron vencidos. Ciertamente hemos oído que los galos los vencieron e incendiaron aquella inmensa ciudad; sin embargo, sirven a los romanos.¿ Qué hay de los africanos?¿ No los vencieron? Ciertamente sirven a los romanos; no hablo de ejemplos más lejanos y quizás menos importantes. Mitrídates del Ponto dominó toda Asia; ciertamente fue vencido, ciertamente Asia es de los romanos. Si buscas mi consejo, aprovecha la ocasión de paz y devuelve a Valeriano a los suyos; yo me felicito por tu fortuna, si es que sabes cómo aprovecharla.
2
Velenus, rey de los cadusios, escribió así: He recibido con gratitud los auxilios que me fueron devueltos íntegros e indemnes. Pero no me alegro lo suficiente por la captura de Valeriano, príncipe de príncipes; me alegraría más si fuera devuelto. Pues los romanos son más temibles cuando son vencidos. Actúa, pues, como conviene a un hombre prudente, y no te dejes inflamar por la fortuna, que a muchos ha engañado. Valeriano tiene tanto a un hijo emperador como a un nieto César,¿ y qué decir de todo ese orbe romano que se levantará contra ti en su totalidad? Devuelve, pues, a Valeriano y haz la paz con los romanos, que también nos beneficiará a nosotros debido a los pueblos del Ponto.
3
Artavasdes, rey de los armenios, envió a Sapor la siguiente carta: Participo de tu gloria, pero temo que no hayas vencido tanto como sembrado guerras. A Valeriano lo reclaman su hijo, su nieto, los generales romanos, toda la Galia, toda África, toda Hispania, toda Italia y todos los pueblos que están en el Ilírico, en Oriente y en el Ponto, que están de acuerdo con los romanos o son de los romanos. Por tanto, has capturado a un solo anciano, pero has hecho que todos los pueblos del orbe terrestre sean tus enemigos acérrimos, y quizás también los nuestros, que enviamos auxilios, que somos vecinos y que siempre sufrimos mientras ustedes luchan entre sí.
4
Los bactrianos, los iberos, los albanos y los tauroscitas no aceptaron las cartas de Sapor, sino que escribieron a los generales romanos prometiendo auxilios para liberar a Valeriano de su cautiverio. Pero mientras Valeriano envejecía entre los persas, Odenato de Palmira, tras reunir un ejército, devolvió el Estado romano casi a su estado original. Capturó los tesoros del rey y también lo que los reyes partos tienen por más valioso que sus tesoros: sus concubinas. Por ello, Sapor, temiendo más a los generales romanos por el miedo a Balista y a Odenato, se retiró rápidamente a su reino, y este fue, por el momento, el fin de la guerra pérsica.
5
Estas cosas son dignas de conocerse sobre Valeriano, cuya vida loable durante sesenta años había ascendido a tal gloria que, tras haber desempeñado brillantemente todos los honores y magistraturas, se convirtió en emperador, no, como suele ocurrir, por el tumultuoso concurso del pueblo ni por el estrépito de los soldados, sino por derecho de sus méritos y casi por un sentir unánime de todo el orbe. En fin, si se hubiera dado a todos el poder de expresar su juicio sobre a quién querían como emperador, no se habría elegido a otro. Y para que sepas cuánta fuerza tuvieron los méritos públicos de Valeriano, expondré los senadoconsultos mediante los cuales todos pueden advertir qué opinó siempre de él la orden más augusta. Siendo cónsules los dos Decios, el sexto día antes de las calendas de noviembre, cuando por cartas imperiales se celebraba el senado en el Templo de Cástor y se procedía a las opiniones de cada uno sobre a quién debía conferirse la censura( pues los Decios habían dejado eso en manos del poder del amplísimo senado), en cuanto el pretor proclamó:¿ Qué os parece, padres conscriptos, sobre la elección del censor?, y hubo pedido su opinión al que era entonces príncipe del senado, estando ausente Valeriano( pues él se encontraba entonces en campaña con Decio), todos dijeron a una sola voz, interrumpiendo la costumbre de dar la opinión: La vida de Valeriano es la censura. Que él juzgue sobre todos, quien es mejor que todos; que él juzgue sobre el senado, quien no tiene ningún crimen; que él emita sentencia sobre nuestra vida, a quien nada se le puede reprochar. Valeriano fue censor desde su primera infancia. Valeriano fue en toda su vida censor, senador prudente, senador modesto, senador grave, amigo de los buenos, enemigo de los tiranos, enemigo de los crímenes, enemigo de los vicios; a este censor aceptamos todos, a este queremos imitar todos, primero en linaje, noble por su sangre, de vida intachable, ilustre por su doctrina, singular en sus costumbres, ejemplo de la antigüedad. Una vez dichas estas cosas repetidamente, todos añadieron su asentimiento, y así se levantó la sesión.
6
Cuando Decio recibió este senadoconsulto, convocó a todos los cortesanos, ordenó que se llamara incluso al propio Valeriano y, tras leer el senadoconsulto en la asamblea de los hombres más importantes, dijo: Felicidades, Valeriano, por el sentir de todo el senado, es más, por los ánimos y corazones de todo el orbe humano; asume la censura que te ha conferido la república romana, que solo tú mereces, para juzgar sobre las costumbres de todos, para juzgar sobre nuestras costumbres; tú estimarás quiénes deben permanecer en la Curia, tú devolverás el orden ecuestre a su antiguo estado, tú pondrás límite a los censos, tú consolidarás, dividirás y establecerás los impuestos, tú revisarás los asuntos públicos; se te dará la autoridad para redactar leyes, a ti te corresponde juzgar sobre los rangos de los soldados; tú velarás por las armas; tú juzgarás sobre nuestro Palacio, sobre los jueces, sobre los prefectos más eminentes; exceptuando, en fin, al prefecto de la ciudad de Roma, exceptuando a los cónsules ordinarios y al rey de los sacrificios y a la virgen máxima de las vestales( si es que permanece incorrupta), emitirás sentencias sobre todos; sin embargo, incluso aquellos sobre quienes no puedes juzgar se esforzarán por complacerte. Esto dijo Decio, pero la opinión de Valeriano fue de este tenor: No me obligues, te lo ruego, santísimo emperador, a esta necesidad de que yo juzgue sobre el pueblo, sobre los soldados, sobre el senado, sobre todo el orbe, sobre jueces, tribunos y generales; estas son las razones por las que ustedes ostentan el nombre de Augusto; entre ustedes reside la censura, un particular no puede cumplir esto. Pido, pues, dispensa de ese honor para el cual mi vida es insuficiente, insuficiente es mi confianza, y al cual los tiempos se oponen de tal manera que la naturaleza humana no busca la censura de los hombres.
7
Podría exponer muchos otros senadoconsultos y juicios de los príncipes sobre Valeriano, si no fuera porque la mayoría les son conocidos y porque me daría vergüenza ensalzar más profundamente a un hombre que fue superado por una cierta necesidad fatal. Ahora volveré a Valeriano el menor.
8
Valeriano el joven, nacido de madre distinta a la de Galieno, distinguido por su figura, loable por su modestia, ilustre por su erudición para su edad, muy agradable en sus costumbres y ajeno a la disolución de su hermano, fue llamado César por su padre ausente y, como dice Celestino, Augusto por su hermano; no tiene nada digno de mención en su vida, salvo que nació noblemente, fue educado de la mejor manera y murió miserablemente. Y puesto que sé que muchos se equivocan al leer el título de emperador de Valeriano en el sepulcro y piensan que se ha devuelto el cuerpo de aquel Valeriano que fue capturado por los persas, para que no se infiltre ningún error, he considerado que debe ponerse por escrito que este Valeriano fue sepultado cerca de Milán con el título añadido por orden de Claudio: Valeriano emperador. No creo que deba buscarse nada más, ni sobre el Valeriano mayor ni sobre el menor. Y puesto que temo exceder la medida del volumen si publico, adjuntos a este libro, a Galieno, hijo de Valeriano, sobre quien ya hubo mucho y quizás demasiado discurso en su vida, o a Salonino, hijo también de Galieno, quien fue llamado tanto Salonino como Galieno en la historia de su tiempo, pasemos ahora a otro volumen, como se ordena. Pues siempre nos hemos entregado a ustedes y a la fama, a la cual no podemos negar nada.

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