Adversus Hermogenem
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Original / primary: Spanish Gemini
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Solemos prescribir contra los herejes, por mor de brevedad, basándonos en la posteridad. Pues en la medida en que la regla de la verdad es anterior, la cual incluso anunció las herejías futuras, en esa misma medida las doctrinas posteriores, es decir, las herejías, serán prejuzgadas por la regla más antigua de la verdad que las anunciaba como futuras. La doctrina de Hermógenes, sin embargo, es tan novedosa; en fin, hasta el día de hoy es un hombre mundano, y por naturaleza también hereje, incluso turbulento, que considera la locuacidad como elocuencia, la impudicia como constancia y juzga que maldecir a cada uno es un deber de buena conciencia. Además, pinta ilícitamente, se casa asiduamente, defiende la ley de Dios en la lujuria, la desprecia en el arte, es doblemente falsario, tanto con el cauterio como con el estilo, totalmente adúltero, tanto en su predicación como en su carne. Si algo apesta también por el contagio de los nombres: ni siquiera el mismo Hermógenes, el apostólico, perseveró en la regla. Pero allá él con su persona, mi cuestión es con su doctrina. No parece reconocer a otro Dios que a Cristo; sin embargo, hace otro al reconocerlo de otra manera. Es más, elimina todo lo que es Dios, al no querer que Él haya hecho todas las cosas de la nada. Pues, habiéndose convertido de cristiano a filósofo, de la Iglesia a la Academia y al Pórtico, tomó de allí la materia para ponerla junto a Dios, la cual también habría existido siempre, sin haber sido engendrada ni hecha, sin tener principio ni fin en absoluto, de la cual Dios habría hecho todas las cosas después.
2
Esta primera sombra, claramente sin luz, la coloreó aquel pintor con pésimos argumentos, preestableciendo que Dios hizo todas las cosas de sí mismo, o de la nada, o de algo, para que, cuando demuestre que no pudo haberlas hecho ni de sí mismo ni de la nada, confirme a partir de ahí que las hizo de algo, y que, por tanto, ese algo fue la materia. Niega que Él haya podido hacerlas de sí mismo, porque todo lo que Dios hubiera hecho de sí mismo habrían sido partes de Él; además, Dios no se divide en partes, por ser indivisible, inmutable y siempre el mismo, en cuanto Dios. Por lo demás, si las hubiera hecho de sí mismo, habrían sido algo de Él. Pero todo lo que se hiciera y lo que hiciera, habría que considerarlo imperfecto, porque se haría de una parte y haría de una parte. O si el todo hubiera hecho el todo, habría tenido que ser y no ser el todo al mismo tiempo, porque tendría que ser el todo para hacerse a sí mismo, y no ser el todo para ser hecho de sí mismo. Esto, además, es dificilísimo. Pues si fuera, no sería hecho, pues ya sería; pero si no fuera, no haría, porque no sería nada. Aquel, sin embargo, que siempre es, no es hecho, sino que Él es por los siglos de los siglos. Por tanto, no hizo las cosas de sí mismo, pues no era de tal condición que pudiera hacerlas de sí mismo. Asimismo, sostiene que no pudo hacerlas de la nada, definiendo a Dios como bueno y óptimo, quien desea hacer cosas buenas y óptimas tanto como Él mismo lo es; es más, que no desea ni hace nada que no sea bueno y óptimo. Por tanto, todas las cosas habrían tenido que ser hechas por Él como buenas y óptimas, según su propia condición. Sin embargo, se encuentran cosas malas hechas por Él, ciertamente no por arbitrio ni por voluntad; porque si fuera por arbitrio y voluntad, no haría nada incongruente e indigno de sí mismo. Por lo tanto, lo que no hizo por su arbitrio, debe entenderse que fue hecho por el vicio de alguna cosa, sin duda, de la materia.
3
Añade también otra cosa: que Dios siempre fue Dios y también siempre Señor, nunca no Señor. Por lo demás, de ninguna manera pudo haber sido siempre Señor, al igual que siempre Dios, si no hubiera existido algo desde siempre, de lo cual fuera siempre Señor. Por tanto, la materia existió siempre con Dios Señor. Me apresuraré a destruir esta conjetura suya desde ahora, en la medida en que pensó añadirla para los que no entienden, para que sepa que los demás argumentos también se entienden tanto como se refutan. Decimos que el nombre de Dios estuvo siempre junto a Él y en Él, pero el de Señor no siempre. Pues la condición de ambos es diferente. Ciertamente, Dios es el nombre de su sustancia, es decir, de la divinidad; Señor, en cambio, no es de la sustancia, sino de la potestad. La sustancia existió siempre con su nombre, que es Dios; después vino la mención de Señor, al añadirse la cosa. Pues desde que comenzaron a existir aquellas cosas sobre las que ejercía la potestad del Señor, desde entonces, por la adición de la potestad, fue hecho y llamado Señor, porque Dios también es Padre y Dios es Juez, aunque no por ello es siempre Padre y Juez porque sea siempre Dios. Pues ni pudo ser Padre antes del Hijo, ni Juez antes del delito. Hubo, sin embargo, un tiempo en que no existió ni el delito ni el Hijo, que hicieran a Dios Juez y Padre. Así también, el Señor no existió antes de aquellas cosas de las que fuera Señor, sino solo Dios, que habría de serlo en algún momento; así como Padre por el Hijo, como Juez por el delito, así también Señor por aquellas cosas que habría hecho para que le sirvieran.¿ Te parezco sofista, Hermógenes? La Escritura nos patrocina hábilmente, pues distinguió ambos nombres para Él y los mostró en su tiempo. Pues, en efecto, nombra inmediatamente a' Dios', que era lo que siempre había sido:' En el principio creó Dios el cielo y la tierra', y a continuación, mientras hacía aquello de lo que habría de ser Señor, pone solo' Dios':' y dijo Dios', y' hizo Dios', y' vio Dios', y todavía en ninguna parte' Señor'. Pero cuando terminó todas las cosas, y sobre todo al hombre, que propiamente iba a entender a Dios como Señor y ya iba a llamarlo así, entonces añadió también el nombre de Señor:' y tomó el Señor Dios al hombre que formó', y' mandó el Señor Dios a Adán'. Desde entonces es Señor, quien antes era solo Dios, desde que tuvo de quién serlo. Pues para sí mismo era Dios, pero para las cosas, entonces Dios y Señor. Por tanto, en la medida en que piense que la materia existió siempre porque Él siempre fue Señor, en esa misma medida constará que no existió nada, porque consta que el Señor no siempre fue Señor. Añadiré yo también, para los que no entienden, de los cuales Hermógenes es el último exponente, y ciertamente retorceré contra él lo que proviene de su propia alforja. Pues, cuando niega que la materia haya sido engendrada o hecha, encuentro que tampoco en este caso el nombre de Señor le corresponde a Dios respecto a la materia. La cual, al ser libre, es necesario que, al no tener origen, no tuvo autor, lo que significaba que no debía nada a nadie y, por tanto, no servía a nadie. Así pues, desde que Dios ejerció su potestad sobre ella, haciéndola a partir de la materia, desde entonces la materia, al sufrir al Señor Dios, demuestra que Él no fue tal durante tanto tiempo como no existió esto.
4
Desde aquí, en fin, comenzaré a retractar sobre la materia, porque la compara con Dios, como no engendrada, como no hecha, como propuesta sin principio y sin fin. Pues,¿ qué otro censo de Dios sino la eternidad?¿ Qué otro estado de la eternidad sino el haber sido siempre y el haber de ser, por la prerrogativa de no tener principio ni fin? Si esto es propio de Dios, será solo de Dios, de quien es propio; porque si se atribuye también a otro, ya no será propio de Dios, sino común con aquel a quien también se atribuye. Pues aunque hay quienes son llamados dioses, ya sea en el cielo o en la tierra, por nombre, para nosotros, sin embargo, hay un solo Dios Padre, de quien provienen todas las cosas; por lo cual, con mayor razón, debe ser entre nosotros solo de Dios lo que es propio de Dios; y, como dije, ya no sería propio, porque sería de otro. Pero si es Dios, es necesario que sea único, para que sea de uno solo.¿ O qué será único y singular, sino aquello a lo que nada se igualará?¿ Qué será principal, sino lo que está sobre todas las cosas, sino lo que está antes de todas las cosas y de quien provienen todas las cosas? Dios tiene esto por ser el único, y por tenerlo solo, es uno. Si otro también lo tuviera, habrá tantos dioses como los que tengan lo que es de Dios. Así, Hermógenes introduce dos dioses, al introducir una materia igual a Dios. Pero es necesario que Dios sea uno, porque lo que es supremo es Dios; pero no será supremo sino lo que sea único; pero no podrá ser único aquello a lo que algo se iguale; y la materia se igualará a Dios cuando se considera eterna.
5
Pero Dios es Dios, y la materia es materia. Como si la diversidad de nombres resistiera a la comparación, si se reivindica el mismo estado. Que la naturaleza sea diversa, que la forma no sea la misma, con tal de que la razón de su estado sea una sola. Dios es innato:¿ acaso no es innata también la materia? Dios es eterno:¿ acaso no es eterna también la materia? Ambos sin principio, ambos sin fin, ambos también autores de la universalidad, tanto el que hizo como de la que hizo. Pues no puede dejar de considerarse también a la materia como autora de todas las cosas, de la cual consiste la universalidad.¿ Cómo responderá?¿ Que la materia no se compara inmediatamente con Dios si tiene algo de Dios, porque al no tenerlo todo no concurre en la plenitud de la comparación?¿ Quién dejó a Dios más, para que no parezca que le ha dado todo lo de Dios a la materia? O, dice,¿ de qué manera, teniendo la materia esto, se salvan en Dios tanto la autoridad como la sustancia, por las cuales es considerado solo, primero, autor y Señor de todas las cosas? La verdad, sin embargo, exige así defender a un solo Dios, de modo que sea solo suyo todo lo que es suyo. Pues así será suyo, si fuera solo suyo, porque a partir de esto no puede admitirse otro Dios, mientras a nadie le es lícito tener algo de Dios. Entonces, dices,¿ acaso nosotros no tenemos algo de Dios? Es más, tenemos y tendremos, pero de Él, no de nosotros mismos. Pues también seremos de Dios, si merecemos ser suyos, de quienes predicó:' Yo dije, vosotros sois dioses', y' Dios se puso en la asamblea de los dioses'; pero por su gracia, no por nuestra propiedad, porque Él es el único que hace dioses. Pero hace propio de la materia lo que tiene con Dios. O si recibió de Dios lo que es de Dios, digo el orden de la eternidad,¿ puede creerse que tiene algo con Dios y que ella no sea Dios?¿ Qué es, sin embargo, cuando él confiesa que ella tiene algo con Dios y quiere que sea solo de Dios lo que no niega que la materia tiene?
6
Dice que se salva en Dios el ser solo, primero, autor de todas las cosas y Señor de todas las cosas y no comparable a nadie: por medio de lo cual esto es, lo atribuye también a la materia. Aquel Dios ciertamente testificará sobre los dioses y jurará a veces por sí mismo que no hay otro como Él, pero Hermógenes lo hará mentiroso. Pues también la materia será como Dios, infecunda, innata, sin tener principio ni fin. Dios dirá:' Yo soy el primero', pero¿ cómo el primero, cuya materia es coetánea? Pues entre coetáneos y contemporáneos no hay orden. O también la materia es primera.' Extendí', dice,' el cielo yo solo'. Pero no solo; pues lo extendió con aquella de la que también lo extendió. Cuando propone que la materia existió salvaguardando el estado de Dios, mira no sea que nosotros devolvamos que Dios existió salvaguardando el estado de la materia. Sin embargo, el estado de ambos es común. Por tanto, se salvará también el de la materia, de modo que ella también fue sola, pero con Dios, porque también Dios fue solo, pero con ella, y ella misma primera con Dios, porque también Dios fue primero con ella, pero también ella incomparable con Dios, porque también Dios es incomparable con ella, y autora con Dios y señora con Dios. Así, al tener la materia algo y no todo, Hermógenes no le dejó a Él nada que no hubiera conferido también a la materia, de modo que no se compare la materia con Dios, sino más bien Dios con la materia. Y así, cuando reivindicamos para Dios lo que es propio de Él: haber sido siempre, sin principio, sin fin, y haber sido el primero, y solo, y autor de todas las cosas, si también le corresponden a la materia, pregunto:¿ qué poseyó la materia de diverso y ajeno a Dios y, por ello, privado, por lo cual no se compararía con Dios? En la cual, si se enumeran todas las cosas propias de Dios, prejuzgan suficientemente sobre la comparación restante.
7
Si sostiene que la materia es menor e inferior a Dios y, por tanto, diversa de Él y, por tanto, incomparable a Él, como a un mayor, como a un superior, prescribo que no cabe ninguna disminución ni humillación en lo que es eterno e innato, porque esto hace también a Dios tan grande como es, no menor ni más sujeto a nadie, es más, mayor y más sublime que todas las cosas. Pues así como las demás cosas, que nacen o se hacen y por tanto no son eternas, una vez opuestas al fin, por el cual también al principio, admiten aquellas cosas que Dios no admite, digo la disminución y la sujeción, porque son nacidas y hechas, así también Dios no las admite por eso, porque no fue ni nacido ni hecho en absoluto. Y el estado de la materia es tal. Por tanto, de dos eternos, como innatos, como infecundos, Dios y la materia, por la misma razón de un estado común, al tener ambos aquello que no admite ser disminuido ni sujeto, es decir, la eternidad, no decimos que ninguno sea menor o mayor que el otro, ni más humilde o superior, sino que ambos están en pie de igualdad, igualmente grandes, igualmente sublimes, de una felicidad sólida y perfecta, que se considera eternidad. Pues no seremos cercanos a la opinión de las naciones, que, si alguna vez son obligadas a confesar a Dios, sin embargo, quieren también a otros debajo de Él. La divinidad, sin embargo, no tiene grado, por ser única. La cual, si estará también en la materia, como igualmente innata, infecunda y eterna, estará presente totalmente en ambos lados, porque en ninguna parte podrá ser menor que sí misma.¿ Cómo, pues, se atreverá Hermógenes a discernir y así sujetar la materia a Dios, lo eterno a lo eterno, lo innato a lo innato, la autora al autor, diciendo que tiene:' y yo soy primera, y yo antes de todas las cosas, y yo de quien provienen todas las cosas; fuimos iguales, fuimos al mismo tiempo, ambos sin principio, sin fin, ambos sin autor, sin señor.¿ Quién me sujeta a Dios, contemporáneo y coetáneo? Si porque se dice Dios, tengo también mi nombre. O yo soy Dios o Él es materia, porque ambos somos lo que es el otro.¿ Nuestro?'
8
Pensando, pues, que no ha comparado la materia con Dios, a la cual, ciertamente, sujeta a Él, es más, incluso la antepone a Dios y sujeta más bien a Dios a la materia, cuando quiere que Él haya hecho todas las cosas de la materia. Pues si usó de ella para las obras del mundo, ya se encuentra también que la materia es superior, la cual le suministró la abundancia para obrar, y Dios parece sujeto a la materia, de cuya sustancia necesitó. Pues nadie hay que no necesite de aquello de lo que usa; nadie hay que no esté sujeto a aquel de quien necesita para poder usar; así también nadie hay que, al usar de lo ajeno, no sea menor que aquel de quien usa, y nadie, que presta usar de lo suyo, no sea en esto superior a aquel a quien presta usar. Por tanto, la materia misma ciertamente no necesitó de Dios, pero se prestó a necesitar de Dios, rico, opulento y liberal, menor, creo, e inválido y menos idóneo para hacer de la nada lo que quiere. Un gran beneficio, en verdad, le confirió a Dios, para que tuviera hoy por quien Dios fuera conocido y llamado omnipotente, a no ser que ya no sea omnipotente, si no es también potente para esto, para sacar todas las cosas de la nada. Ciertamente, también se prestó algo a sí misma la materia, para que ella también pueda ser reconocida con Dios como coigual a Dios, es más, incluso como ayudante, a no ser que solo Hermógenes la conoció, y los patriarcas de los herejes, los filósofos. Pues a los profetas y apóstoles les estuvo oculto hasta ahora, creo que también a Cristo.
9
No puede decir que Dios usó de la materia como Señor para las obras del mundo; pues no pudo ser Señor de una sustancia coigual. Pero quizás usó de ella precariamente, y hasta tal punto precariamente, no por dominio, que, cuando la conocía como mala, aun así soportó usar de la mala, ciertamente por necesidad de su mediocridad, por la cual no valía para usar de la nada, no por potestad, puesto que si hubiera tenido dominio absoluto sobre la materia, a la que conocía como mala, antes la habría convertido en buena, como Señor y bueno, para así usar de lo bueno, no de lo malo. Pero porque es bueno, pero no Señor, por eso, al usar de la que tuvo tal cual, mostró su necesidad cediendo a la condición de la materia, a la cual, si hubiera sido Señor, habría enmendado. Así, pues, debe responderse a Hermógenes, cuando defiende que Dios usó de la materia por dominio, y de una cosa no suya, es decir, no hecha por Él. Ya, por tanto, el mal proviene de Él, quien es, si no autor del mal, porque no es hacedor, ciertamente es permisor, porque es dominador. Pero si la materia no es suya, por lo cual el mal no será de Dios, entonces usó de lo ajeno o usó precariamente, por ser necesitado de ella, o incluso por injuria, por ser más fuerte que ella. Pues de estas tres maneras se toman las cosas ajenas: por derecho, por beneficio, por ímpetu, es decir, por dominio, precariamente, por la fuerza. No bastando el dominio, que elija Hermógenes qué le conviene a Dios, si haber hecho todas las cosas de la materia precariamente o por la fuerza.¿ No habría considerado Dios mejor que no se hiciera nada en absoluto que hacerlo precariamente o por la fuerza, y ciertamente de lo malo?¿ No habría considerado, incluso si la materia hubiera sido óptima, igualmente indecoroso para sí usar de lo ajeno, aunque fuera bueno? Por tanto, se esforzó por causa de su gloria, para mostrarse deudor de una sustancia ajena, y ciertamente no buena.
10
Entonces, dice,¿ debería haber hecho de la nada, para que los males también se imputaran a su arbitrio? Grande, a fe mía, la ceguera de los herejes por este tipo de argumentación, cuando por eso quieren que se crea en otro Dios bueno y óptimo, porque consideran al creador como autor del mal, o proponen la materia junto con el creador, para deducir el mal de la materia, no del creador, cuando ningún Dios en absoluto se libraría de esta cuestión, de modo que no pueda parecer autor del mal quienquiera que sea aquel que, aunque no hizo el mal, sin embargo, de quienquiera y de dondequiera que sea, permitió que se hiciera. Escuche, pues, también Hermógenes, mientras distinguiremos en otro lugar sobre la razón del mal, mientras tanto también que no ha hecho nada con esta inyección suya. Pues he aquí, aunque no es autor, sino que se encuentra que Dios es asentidor del mal, quien soportó el mal de la materia durante tanto tiempo antes de la constitución del mundo, el cual, como bueno y émulo del mal, debería haber enmendado. Pues o pudo enmendarlo, pero no quiso, o no quiso, ciertamente. Pero no pudo. Dios es débil, si pudo y no quiso, es malo también Él, porque favoreció al mal, y así ya se tiene al autor de él, el cual, aunque no lo instituyó, porque, sin embargo, si no hubiera querido que existiera, no existiría, Él mismo ya hizo que existiera lo que no quiso que no existiera. Lo cual es ciertamente más vergonzoso: si quiso que existiera lo que Él mismo no quiso haber hecho, actuó contra sí mismo, cuando quiso que existiera lo que no quiso haber hecho y no quiso haber hecho lo que quiso que existiera. Como si quisiera que el bien existiera y como si no quisiera haber hecho el mal. Lo que no hizo, lo juzgó como mal; al soportarlo, lo pronunció como bien. Al soportar el mal en lugar del bien y no erradicarlo más bien, se encontró que es su defensor, mal, si por voluntad, vergonzosamente, si por necesidad. O Dios será siervo del mal o amigo, al haberse relacionado con el mal de la materia, y mucho más al haber obrado incluso de su mal.
11
Y, sin embargo,¿ de dónde nos persuade Hermógenes que la materia es mala? Pues no podrá no decir que es malo aquello a lo que atribuye el mal. Pues definimos que no puede admitir disminución y sujeción lo que es eterno, para ser considerado inferior a otro coeterno. Así también ahora, ni decimos que el mal le corresponde a ella, porque ni por esto podría ser sujeta, lo cual de ninguna manera puede ser sujeto, porque es eterno. Pero cuando por otra parte consta que el sumo bien es lo que es eterno, como Dios, por lo cual solo Él es Dios, mientras es eterno, así también bueno, mientras es Dios,¿ cómo estará el mal en la materia, la cual, como eterna, es necesario creer que es el sumo bien? O si lo que es eterno podrá ser también capaz de mal, podrá creerse esto también en Dios, y sin causa se ha esforzado por transferir el mal de Dios, si le corresponde también a lo eterno, al corresponderle a la materia. Ya, en verdad, si lo que es eterno puede creerse que es mal, el mal será invencible e insuperable, como eterno. Y, sin embargo,¿ nos esforzamos en vano por quitar el mal de nosotros mismos? Entonces también Dios manda y ordena esto en vano; es más, también Dios constituye el juicio en vano, al ir a castigar con injusticia a aquellos contra quienes el mal tiene fin, cuando su presidente, el diablo, se haya ido al fuego que preparó para él Dios y sus ángeles, relegado primero al pozo del abismo, cuando la revelación de los hijos de Dios haya redimido a la condición del mal, ciertamente sujeta a la vanidad, cuando, restaurada la inocencia y la integridad de la condición, los rebaños se hayan puesto de acuerdo con las bestias y los niños hayan jugado con las serpientes, cuando el Padre haya puesto a los enemigos bajo los pies del Hijo, ciertamente a los obreros del mal. Por tanto, si el fin le corresponde al mal, es necesario que le haya correspondido también el principio. Será materia que tiene principio, al tener también el fin del mal. Pues lo que se atribuye al mal, se computa según el estado del mal.
12
Ea, pues, creamos que la materia es mala y pésima, ciertamente por naturaleza, así como creemos que Dios es bueno y óptimo, igualmente por naturaleza. Además, será necesario considerar la naturaleza como cierta y fija, tanto perseverando en el mal en la materia como en el bien en Dios, es decir, inconvertible e inmutable, porque, si la naturaleza se demudará en la materia de mal en bien, podrá demudarse también en Dios de bien en mal. En este lugar dirá alguien:' Entonces,¿ no se suscitarán hijos de Abraham de las piedras, y las crías de víboras no darán fruto de penitencia, y los hijos de la ira no se harán hijos de la paz, si la naturaleza no será mudable?'. Temerariamente mirarás a estos ejemplos, oh hombre. Pues no corresponden a la causa de la materia, que es innata, aquellas cosas que son nacidas, las piedras, las víboras y los hombres; pues la naturaleza de estos, al tener institución, podrá tener cesación. Pero ten a la materia como eterna de una vez, determinada, como infecunda, como innata, y por eso debe creerse de naturaleza inmutable e incorregible, incluso según la propia sentencia de Hermógenes, la cual opone, cuando niega que Dios haya podido hacer de sí mismo, porque no se demuda lo que es eterno. Al perder, ciertamente, lo que había sido, mientras se hace por demudación lo que no era, así no ser eterno. Por tanto, que Dios eterno no puede ser otra cosa que lo que es siempre. Esta definición también yo la repercutiré merecidamente contra él. Reprendo igualmente a la materia, cuando de ella se hacen cosas buenas, incluso óptimas, por Dios:' y vio Dios que eran buenas', y las bendijo Dios, ciertamente como óptimas, no ciertamente como malas y pésimas. Por tanto, la materia admitió demudación, y si es así, perdió el estado de eternidad; en fin, murió su forma. Pero la eternidad no puede perderse, porque si no puede no perderse, no es eternidad. Por tanto, tampoco pudo haber admitido demudación, porque si es eternidad, de ninguna manera puede demudarse.
13
Y se buscará, cuando de ella se hicieron cosas buenas, las cuales de ninguna manera se hicieron por demudación, de dónde proviene la semilla del bien y de lo óptimo en las cosas malas y pésimas. Ciertamente, ni el árbol bueno da frutos malos, porque ni Dios es sino bueno, ni el árbol malo da buenos, porque ni la materia es sino pésima. O si le daremos también algo de germen bueno, ya no será de naturaleza uniforme, es decir, mala en todo y tanto, sino doble, es decir, de naturaleza mala y buena, y se buscará de nuevo si en la misma pudo convenir el bien y el mal, la luz y las tinieblas, lo dulce y lo amargo. O si pudo haber concurrido la diversidad de ambos, del bien y del mal, y haber sido la materia de naturaleza doble, fértil en frutos de ambos, ya ni las cosas buenas se atribuirán a Dios, como ni las malas se le imputarán, sino que ambas especies, tomadas de la propiedad de la materia, pertenecerán a la materia. Por lo cual no deberemos ni la gracia de los bienes a Dios ni la envidia de los males, porque no obró nada de su propio ingenio. Por lo cual se probará manifiestamente que ha desertado de la materia.
14
Pues incluso si se dijera que, aunque por ocasión de la materia, sin embargo, produjo cosas buenas por su propio arbitrio, como si hubiera encontrado el bien de la materia, aunque esto también sea vergonzoso, ciertamente cuando produce también males de la misma, o bien, al no producir estos ciertamente por su propio arbitrio, sirve a la materia, no teniendo otra cosa que hacer que producir de lo malo. Involuntariamente, ciertamente. Como bueno, y por necesidad, como involuntariamente, y por servidumbre, como por necesidad.¿ Qué es, pues, más digno, que haya fundado los males por necesidad o por voluntad? Si ciertamente los fundó por necesidad, si de la materia; por voluntad, si de la nada. Pues ya te esfuerzas sin causa para que Dios no sea constituido autor de los males, porque incluso si los hizo de la materia, se le imputarán a Él, quien los hizo, en la medida en que los hizo, como si los hubiera hecho de la nada, y no importa de dónde los haya hecho. Claramente importa de dónde los haya hecho, para que los haya hecho de donde más le convenía. Pero más le convenía haberlos hecho por voluntad que por necesidad, es decir, de la nada más bien que de la materia. Es más digno creer que Dios es libre, incluso autor de los males, que siervo. Cualquier potestad le corresponde más que la pequeñez. Así también, si concluyéramos que la materia ciertamente no tuvo nada de bien, pero Dios, si produjo algo de bien, lo produjo por su propia virtud, surgirán igualmente otras cuestiones. Primero, si el bien no estuvo en absoluto en la materia, el bien no fue hecho de la materia, lo cual la materia ciertamente no tuvo. Después, si no de la materia, ya entonces fue hecho de Dios. Si ni de Dios, ya entonces fue hecho de la nada. Pues esto es lo que queda según la disposición de Hermógenes.
15
Además, si el bien no fue hecho de la materia, porque no estaba en ella, como en la mala, ni de Dios, porque nada pudo ser hecho de Dios, como define Hermógenes, se encuentra que el bien fue hecho ya de la nada, como hecho de nada, como ni de la materia ni de Dios. Y si el bien de la nada,¿ por qué no también el mal? Es más,¿ por qué no todas las cosas de la nada, si algo de la nada? A no ser que la virtud divina fuera insuficiente para producir todas las cosas, la cual produjo algo de la nada. O si de la materia mala procedió el bien, porque ni de la nada ni de Dios, seguirá que procedió de la conversión de la materia contra la conversión negada de lo eterno. Así, de dondequiera que consistió el bien, ya Hermógenes negará que de allí pudo consistir. Es necesario, sin embargo, que haya procedido de alguno de aquellos de los que negó que pudo proceder. Por lo demás, si por eso el mal no de la nada, para que no se haga de Dios, de cuyo arbitrio parecerá haber sido hecho, sino de la materia, para que sea de ella, de cuya sustancia habrá sido hecho, y aquí, como dije, Dios será tenido por autor del mal, quien, cuando con la misma virtud y voluntad debería haber producido todas las cosas buenas de la materia o solo cosas buenas, no produjo todas las cosas buenas, sino también malas, ciertamente o queriendo que fueran malas, si podía hacer que no fueran, o no pudiendo hacer todas las cosas buenas, si quiso y no hizo, mientras no importa si por debilidad el Señor fue autor del mal o por voluntad. O¿ cuál fue la razón para que, cuando hizo cosas buenas como bueno, produjera también malas como no bueno?¿ Por qué no produjo solo las cosas congruentes consigo mismo?¿ Qué necesidad había de cuidar también el negocio de la materia al producir su obra, produciendo también el mal? Solo para que fuera conocido como bueno por el bien,¿ pero la materia para que no fuera conocida como mala por el mal? Más habría florecido el bien sin el soplo del mal. Pues también Hermógenes ataca las argumentaciones de algunos que dicen que los males fueron necesarios para la iluminación de los bienes, para ser entendidos por sus contrarios. Por tanto, o ni por eso hubo lugar para producir el mal, o si alguna otra razón exigió que fuera introducido,¿ por qué no pudo ser introducido también de la nada, excusando la misma razón al Señor para que no fuera considerado autor del mal, la cual ahora, cuando obra males de la materia, excusa, si es que excusa? Hasta tal punto en todas partes y por todos lados es compelida la cuestión allí donde no quieren quienes, al no examinar ni distinguir la razón misma del mal, cómo atribuyen eso a Dios o lo separan de Dios, objetan a Dios con destrucciones más numerosas y más indignas.
16
Por tanto, en la preparación de este artículo, y quizás para ser reconsiderado en otro lugar, defino ciertamente que el bien y el mal, que él hizo a partir de la materia, deben atribuirse o bien a Dios, o bien a la materia misma de la que los hizo, o a ambos a cada uno, puesto que ambos están obligados entre sí, el que hizo y de lo que hizo, o el uno al otro; pues no existe un tercero fuera de la materia y Dios. Además, si ambos fueran de Dios, Dios parecería ser también el autor del mal; pero Dios, como bueno, no será autor del mal: si ambos fueran de la materia, la materia parecería ser también matriz del bien; pero la materia, en su totalidad, no será matriz del bien: si ambos fueran de ambos, en esto también la materia sería comparada con Dios y ambos serían iguales, partícipes por igual del mal y del bien; pero la materia no debe ser igualada a Dios, para no crear dos dioses: si el uno fuera del otro, es decir, el bien de Dios y el mal de la materia, ni el mal se atribuiría a Dios ni el bien a la materia; pero Dios, al hacer tanto los bienes como los males a partir de la materia, los hace con ella. Si esto es así, no sé con qué argumento puede escapar Hermógenes, quien no considera a Dios autor del mal, a pesar de que, de cualquier modo, creó el mal a partir de la materia, ya sea por voluntad, por necesidad o por razón. Además, si el que hizo es el autor del mal, claramente la materia es cómplice por la sugerencia de la sustancia, excluida ya la causa de introducir la materia. Pues, no obstante, Dios se muestra autor del mal a través de la materia, si la materia fue asumida precisamente para que Dios no pareciera autor del mal. Excluida, pues, la materia, al excluirse su causa, resta que conste que Dios hizo todas las cosas de la nada. Veremos si también las malas, cuando aparezca cuáles son las malas, y si son malas entretanto aquellas que tú piensas. Pues es más digno que las haya producido por su propio arbitrio, produciendo estas también de la nada, que por un prejuicio ajeno, si las hubiera producido de la materia. La libertad, no la necesidad, corresponde a Dios. Prefiero que haya querido crear los males por sí mismo a que no haya podido no crearlos.
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La condición del único Dios reclama esta regla: no es único de otro modo, sino porque es el único. No es el único de otro modo, sino porque nada hay con él. Así también será el primero, porque todas las cosas están después de él: así todas las cosas están después de él, porque todas son de él: así son de él, porque son de la nada, para que también a él le conste la razón de la Escritura:¿ Quién conoció la mente del Señor?¿ O quién fue su consejero?¿ O a quién consultó?¿ O quién le mostró el camino de la inteligencia y de la ciencia?¿ Quién le dio algo y le será retribuido? Nadie, ciertamente; porque ninguna fuerza, ninguna materia, ninguna naturaleza de otra sustancia estaba presente con él. Además, si trabajó a partir de algo, es necesario que de esa misma cosa haya recibido tanto el consejo como el tratado de la disposición, como el camino de la inteligencia y de la ciencia. Pues tuvo que trabajar según la cualidad de la cosa y según el ingenio de la materia, no según su propio arbitrio, hasta el punto de que hizo incluso los males según la naturaleza no suya, sino de la sustancia.
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Si la materia es necesaria para Dios para las obras del mundo, como pensó Hermógenes, Dios tuvo una materia mucho más digna e idónea, no para ser estimada por los filósofos, sino para ser comprendida por los profetas: su sabiduría, ciertamente. Esta, en fin, es la única que conoció la mente del Señor. Pues¿ quién conoce lo que es de Dios y lo que está en él, sino el espíritu que está en él? La sabiduría, sin embargo, es espíritu. Esta fue su consejera, ella misma es el camino de la inteligencia y de la ciencia; de ella hizo, haciendo a través de ella y haciendo con ella. Cuando preparaba el cielo, dice, yo estaba presente con él, y cuando hacía fuertes sobre los vientos las nubes que están arriba y cómo ponía firmes las fuentes de lo que está bajo el cielo, yo estaba componiendo con él. Yo era aquella en quien se deleitaba; diariamente me deleitaba en su persona, cuando él se deleitaba al haber terminado el orbe, y se deleitaba en los hijos de los hombres.¿ Quién no recomendaría más bien a esta como fuente y origen de todas las cosas, materia verdaderamente de materias, no sometida por su situación, no diversa por su estado, no inquieta por su movimiento, no informe por su hábito, sino inserta, propia, compuesta y decorosa, de la cual Dios pudo haber tenido necesidad, necesitando más de lo suyo que de lo ajeno? En fin, como sintió que era necesaria para las obras del mundo, inmediatamente la crea y genera en sí mismo: El Señor, dice, me creó al principio de sus caminos para sus obras: antes de los siglos me fundó, antes de que hiciera la tierra, antes de que se colocaran los montes; antes de todas las colinas me generó, y antes del abismo fui engendrada. Reconozca, pues, Hermógenes que por eso también se predica que la sabiduría de Dios fue nacida y creada, para que no creyéramos que algo es innato e increado fuera de Dios solo. Pues si lo que está dentro del Señor, lo que fue de él y en él, no fue sin principio, es decir, su sabiduría, nacida y creada desde entonces, desde que comenzó a agitarse en la mente de Dios para disponer las obras del mundo, mucho más no cabe que haya existido sin principio nada que haya estado fuera del Señor. Si, en verdad, esa misma sabiduría es el Verbo de Dios, y sin el Verbo no fue hecho nada, así como nada fue dispuesto sin la sabiduría,¿ cómo es posible que para el Hijo de Dios, Verbo unigénito y primogénito, algo haya sido más antiguo que el Padre y, de este modo, ciertamente más noble, y mucho menos, siendo innato, más fuerte y, siendo ingénito, más válido? Porque lo que, para existir, no necesitó de ningún autor, será mucho más sublime que aquello que, para existir, tuvo algún autor. Por consiguiente, si el mal es innato, es decir... el Verbo de Dios— pues eructó, dice, mi corazón un Verbo óptimo—, no sé si del bien puede derivarse el mal, lo más fuerte de lo débil, como lo innato de lo nacido. Así también, bajo este nombre, Hermógenes antepone la materia a Dios, anteponiéndola al Hijo— pues el Hijo es el Verbo, y Dios es el Verbo, y: Yo y el Padre somos uno—, a menos que el Hijo soporte con ánimo ecuánime que se le anteponga a él la materia, que es igualada al Padre.
19
Pero también apelaré al instrumento original de Moisés, de donde la parte contraria intenta apoyar sus presunciones contra su voluntad, para que no parezca que no se instruye de donde debe. Por tanto, tomó para sí ocasiones de ciertas palabras, como es costumbre de los herejes torcer todas las cosas simples. Pues también al principio mismo, en el que Dios hizo el cielo y la tierra, quieren que haya sido algo como sustantivo y corpulento, que pueda interpretarse como materia. Nosotros, sin embargo, cuando reclamamos la propiedad para cada vocablo, decimos que' principio' es un comienzo y que convino ponerlo así para las cosas que comienzan a hacerse. Pues nada, que tiene que hacerse, puede existir sin un comienzo, que es para él el principio mismo, mientras comienza a hacerse. Así,' principio' o' comienzo' es una palabra de la iniciación, no el nombre de alguna sustancia. Ahora bien, si las obras principales de Dios son el cielo y la tierra, que Dios hizo antes que todas las cosas... como principio de las suyas, puesto que son las primeras que fueron hechas, con razón la Escritura comienza así: En el principio hizo Dios el cielo y la tierra, de la misma manera que habría dicho:' Al final Dios hizo el cielo y la tierra', si lo hubiera hecho después de todas las cosas. O si el principio es alguna sustancia, también el fin será alguna materia. Claramente será lícito también que algo sustantivo sea principio de otra cosa que vaya a ser a partir de él, como la arcilla es principio de la vasija, como la semilla es principio de la hierba. Pero cuando usamos así el vocablo de principio, como nombre de origen, no como nombre de orden, añadimos también la mención de la cosa misma, específicamente, que queremos que sea principio de otra cosa. Por lo demás, si pusiéramos así, por ejemplo:' En el principio hizo el alfarero la palangana o la urna', ya no significará materia el principio— pues no llamé arcilla al principio—, sino el orden de la obra, porque el alfarero hizo primero la palangana y la urna antes que el resto, para luego hacer lo demás.[ El vocablo de principio pertenecerá a la ordenación de las obras, no al origen de las sustancias.] Puedo también interpretar de otro modo el principio, aunque no fuera de la cosa; pues también en griego el vocablo de principio, que es' arché', abarca no solo lo ordenador, sino también lo potestativo, de donde también llaman' arcontes' a los príncipes y magistrados. Por tanto, según esta significación también,' principio' se tomará por principado y potestad. Pues en el principado y en la potestad hizo Dios el cielo y la tierra.
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Pero para que la voz griega no signifique otra cosa que principio y el principio no abarque otra cosa que comienzo, tenemos también a aquella que reconoce el comienzo, la cual dice: El Señor me creó( principio de sus caminos) para sus obras. Pues si por la sabiduría de Dios fueron hechas todas las cosas, también Dios, al hacer el cielo y la tierra en el principio, es decir, en el comienzo, los hizo en su sabiduría. En fin, si el principio significara materia, la Escritura no habría instruido así: En el principio hizo Dios, sino' a partir del principio'; pues no habría hecho en la materia, sino a partir de la materia. Sobre la sabiduría, sin embargo, pudo decirse: En el principio. Pues en la sabiduría hizo primero, en la cual, pensando y disponiendo, ya había hecho, puesto que, incluso si hubiera tenido que hacer a partir de la materia, antes en la sabiduría[ pensando y disponiendo ya había hecho. Puesto que incluso si] era' principio de los caminos', porque el pensamiento y la disposición son la primera operación de la sabiduría, a partir del pensamiento de quien instituye el camino para las obras. Reclamo para mí esta autoridad de la Escritura también por esto, que, mostrando tanto a Dios que hizo como a las cosas que hizo, no testifica de igual modo de dónde hizo. Pues como en toda operación hay tres cosas principales: quién hace, qué se hace y de qué se hace, deben darse tres nombres en la narración legítima de la obra: la persona del hacedor, la especie de lo hecho, la forma de la materia. Si no se menciona la materia, donde se mencionan tanto las obras como el operador de las obras, aparece que operó de la nada. Pues, en consecuencia, se mencionaría de qué, si hubiera operado a partir de algo. En fin, usaré el Evangelio como suplemento del instrumento antiguo, en el cual debería haberse mostrado aún más que Dios hizo todas las cosas a partir de alguna materia, puesto que allí también se revela por quién hizo todas las cosas. En el principio era el Verbo— en cuyo principio, ciertamente, Dios hizo el cielo y la tierra— y el Verbo estaba junto a Dios, y Dios era el Verbo. Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él no se hizo nada. Cuando, por tanto, aquí se manifiesta tanto el hacedor, es decir, Dios, como lo hecho, es decir, todas las cosas, y por quién, es decir, el Verbo,¿ no habría exigido el orden que se profesara de dónde fueron hechas todas las cosas por Dios a través del Verbo, si hubieran sido hechas a partir de algo? Así, lo que no fue, la Escritura no pudo profesarlo, y al no profesarlo, probó suficientemente que no fue, porque lo habría profesado si hubiera sido.
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Por tanto, dices, si tú prejuzgas que todas las cosas fueron hechas de la nada porque no se relató manifiestamente que algo fuera hecho de una materia precedente, mira no sea que la parte contraria sostenga que todas las cosas fueron hechas de la materia porque, de igual modo, no se significó abiertamente que algo fuera hecho de la nada. Claramente, algunas cosas pueden ser fácilmente retorcidas, pero no inmediatamente admitidas por igual, donde hay diversidad de causa. Pues digo que, aunque la Escritura no pronunció abiertamente que todas las cosas fueron hechas de la nada, así como tampoco de la materia, no hubo tanta necesidad de significar abiertamente que todas las cosas fueron hechas de la nada, cuanta habría habido si hubieran sido hechas de la materia, puesto que lo que se hace de la nada, por el mismo hecho, mientras no se muestra que fue hecho de algo, se manifiesta que fue hecho de la nada, y no corre el peligro de ser considerado hecho de algo, cuando no se demuestra de qué fue hecho. Lo que, sin embargo, se hace de algo, a menos que esto mismo se declare abiertamente que fue hecho de algo, mientras se muestra de qué fue hecho, correrá el peligro de parecer primero hecho de la nada, porque no se menciona de qué fue hecho, y luego, aunque sea de tal condición que no pueda no parecer hecho de algo, correrá el peligro de parecer hecho de otra cosa muy distinta de aquella de la que fue hecho, mientras no se propone de dónde fue hecho. Así, si Dios hizo todas las cosas de la nada, la Escritura pudo no haber añadido que las hizo de la nada. Debió haber declarado de todas formas que las hizo de la materia, si es que las hubiera hecho de la materia; porque aquello tenía que entenderse en su totalidad, incluso si no se significara, pero esto último quedaría en duda si no se significara.
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Y así, el Espíritu Santo estableció esta razón de su Escritura, de modo que, cuando algo se hace de algo, relata tanto lo que se hace como de dónde se hace. Que la tierra, dice, produzca hierba de heno, que siembra semilla según su género y según su semejanza, y el árbol frutal que hace fruto, cuya semilla está en él según su semejanza. Y fue hecho así. Y la tierra produjo hierba de heno que siembra semilla según su género, y el árbol frutal que hace fruto, cuya semilla está en él según su semejanza. Y de nuevo: Y dijo Dios: produzcan las aguas seres de almas vivientes y aves que vuelan sobre la tierra por el firmamento del cielo. Y fue hecho así. E hizo Dios los grandes cetáceos y toda alma de animales que se arrastran, que produjeron las aguas según su género. Asimismo después: Y dijo Dios: produzca la tierra alma viviente según su género, cuadrúpedos y reptiles y bestias de la tierra según su género. Si, por tanto, Dios, al sacar otras cosas de las cosas ya hechas, muestra a través del profeta y dice qué sacó de dónde— aunque podamos estimar de dónde fueron sacadas, mientras no sea de la nada; pues ya se habían hecho algunas cosas de las cuales podrían parecer sacadas—, si el Espíritu Santo dedicó tanto cuidado a nuestra instrucción para que supiéramos qué procedió de dónde,¿ no nos habría hecho partícipes también sobre el cielo y la tierra significando de qué las operó, si su origen consistiera en alguna materia, para que no pareciera tanto más que las operó de la nada, cuanto que aún no se había hecho nada de lo cual pareciera haber operado? Por tanto, así como muestra de dónde fueron sacadas las cosas que fueron sacadas de algo, así confirma que las cosas de las cuales no muestra de dónde fueron sacadas, fueron sacadas de la nada. Por tanto: En el principio hizo Dios el cielo y la tierra, adoro la plenitud de la Escritura, por la cual me manifiesta tanto al hacedor como lo hecho; en el Evangelio, en verdad, encuentro aún más al ministro y árbitro del hacedor, el Verbo. Pero si todas las cosas fueron hechas de alguna materia subyacente, no lo he leído en ninguna parte hasta ahora. Que el taller de Hermógenes enseñe que está escrito. Si no está escrito, que tema aquel' ay' destinado a los que añaden o quitan.
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Pero también argumenta a partir de lo siguiente, porque está escrito: La tierra, sin embargo, era invisible e informe, pues también el nombre de tierra lo reduce a materia, porque la tierra es lo que fue hecho de ella, y' era' lo dirige a esto, como si siempre hubiera existido atrás, innata e ingénita, invisible y ruda, porque quiere que la materia haya sido informe, confusa e incondicionada. Estas opiniones suyas las refutaré una por una; pero entretanto quiero responderle así: supongamos que en estos artículos se demuestra la materia:¿ acaso, sin embargo, porque existía antes de todas las cosas y de tal manera, la Escritura significa que algo fue hecho de ella? Y, sin embargo, no significa nada tal. Haya existido la materia, tanto como quiera para sí o más bien para Hermógenes: pudo haber existido y, sin embargo, Dios no haber hecho nada de ella, o porque no convenía que Dios necesitara de algo, ciertamente porque tampoco se muestra que haya hecho nada de la materia. Sin causa, pues, habría existido, dices. No, ciertamente, no tan sin causa. Pues aunque el mundo no fue hecho de ella, la herejía sí fue hecha, y ciertamente esta es más impudente, porque la herejía no fue hecha de la materia, sino que la herejía hizo más bien a la materia misma.
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Vuelvo ahora a los artículos individuales, a través de los cuales pensó que se significaba la materia, y primero reclamaré sobre los nombres. Pues leemos uno de estos, que es el de la tierra, el otro no lo encontramos, que es el de la materia. Pregunto, pues, cuando la denominación de materia no existe en la Escritura, cómo se le acomoda también la apelación de tierra, conocida en otro género de sustancia. Cuanto más debería haber existido también la denominación de materia, seguida también de la apelación de tierra, para que supiera que tierra es un nombre común con la materia, para no reclamarlo solo para aquella sustancia de la cual es propio y en la cual es más conocido, o para no poder comunicarlo a cualquier otra especie, si quisiera. Pues cuando no existe el vocablo propio de esa cosa a la cual se adscribe el vocablo común, cuando no aparece a qué se adscribe, podrá adscribirse a cualquier otra. Así Hermógenes, incluso si mostrara que la materia está nombrada, debería probar que la misma también es llamada tierra, para reclamar así ambos vocablos para ella.
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Quiere, pues, que se propongan dos tierras en esa Escritura. Una, la que Dios hizo en el principio, otra de la que hizo, de la cual se haya dicho: La tierra, sin embargo, era invisible e informe. Ciertamente, si pregunto a cuál de las dos debe acomodar el nombre de tierra, se dirá que esta, que fue hecha, derivó el vocablo de aquella de la que fue hecha, porque es más verosímil que la descendencia sea llamada por el origen que el origen por la descendencia. Si esto es así, se nos envuelve otra cuestión, si conviene que esta tierra, que Dios hizo, haya derivado el sobrenombre de aquella de la que hizo. Pues oigo en Hermógenes y en los demás herejes materialistas que aquella tierra ciertamente era informe, invisible y ruda, pero veo que esta nuestra obtuvo forma, aspecto y cultivo de Dios, por tanto, hecha algo distinto de lo que era aquella de la que fue hecha. Además, no pudo ser hecha algo distinto y ser asociada en el nombre con aquella de cuya condición se había apartado. Si el nombre propio de aquella materia fue tierra, esta, que no es materia, es decir, hecha algo distinto, no admite tampoco el nombre de tierra, ajeno y extraño a su estado. Pero la materia hecha, es decir, esta tierra,¿ tuvo con su origen consorcio de nombre así como de género? No tanto. Pues también a la vasija, aunque hecha de arcilla, ya no la llamaré arcilla sino vasija, y al electro, aunque federado de oro y plata, no lo llamaré ni plata ni oro sino electro. De cuyo hábito lo que se desvía, igualmente se aleja de su nombre, por la propiedad de la apelación así como de la condición. Pero que haya pasado del estado de aquella tierra[ es decir, de la materia, esta tierra, o es evidente por el hecho de que esta recibió en el Génesis el testimonio de bueno: y vio Dios que era bueno, aquella, sin embargo, en Hermógenes se computa en el origen y causa de los males. Por último, si esta es tierra porque también aquella,¿ por qué no también materia esta, porque también aquella? Es más, también el cielo y todas las cosas, si consisten de materia, deberían haber sido llamadas tierra y materia. Suficiente es esto sobre el nombre de tierra, en el cual quiso que se entendiera la materia. Nombre que todos saben que es de un solo elemento, primero por naturaleza, luego por enseñanza de la Escritura, a menos que haya que creer en aquel Sileno ante el rey Midas que afirmaba sobre otro orbe, según Teopompo. Pero también refiere que hay muchos dioses.
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Nosotros, sin embargo, tenemos un solo Dios y una sola tierra, la que Dios hizo en el principio. Cuyo orden, comenzando la Escritura a recorrer, declara primero que fue hecha, luego expone su cualidad; así como también profesó que el cielo fue hecho primero: En el principio hizo Dios el cielo, luego sobrepone su disposición y separó entre el agua que estaba debajo del firmamento y la que estaba sobre el firmamento, y llamó Dios al firmamento cielo, el mismo que había hecho en el principio. En consecuencia, también sobre el hombre...: e hizo Dios al hombre, a imagen de Dios lo hizo, luego relata cómo lo hizo: y formó Dios al hombre del limo de la tierra y sopló en su rostro aliento de vida, y fue hecho el hombre en alma viviente. Y ciertamente así conviene comenzar la narración: prefijar primero, después proseguir; nombrar, luego describir. De lo contrario, vano sería si de aquella cosa de la cual no había hecho mención previa, es decir, la materia, ni siquiera el nombre, de repente promulgara la forma y el hábito, antes narrara cómo era, que mostrara si era, deformara la figura, ocultara el nombre. Pero,¿ cuánto más creíble es que la Escritura añadió la disposición de aquella cosa cuya institución y al mismo tiempo nominación prefijó?¡ Qué sentido tan íntegro, en fin: En el principio hizo Dios el cielo y la tierra, la tierra, sin embargo, era invisible e informe; la cual, ciertamente, Dios hizo, de la cual la Escritura había hablado precisamente! Pues también el' sin embargo' mismo, como una hebilla de partícula conjuntiva, ha sido puesto para la conexión de la narración:' la tierra, sin embargo'. Pues con esta palabra vuelve a aquella de la que había hablado arriba, y ata el sentido. Hasta tal punto, quita de aquí' sin embargo', y la trabazón está suelta, de modo que entonces pueda parecer dicho de otra tierra: la tierra era invisible e informe.
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Pero tú, levantando las cejas más alto, con un movimiento de cabeza y acomodando el dedo, y como lanzándolo hacia atrás:' era', dices; como si siempre hubiera sido, ciertamente innata e ingénita, y por eso materia que debe creerse. Pero yo, sin ningún halago de pronunciación, responderé simplemente que de toda cosa se puede decir' era', incluso de aquella que fue hecha, que nació, que alguna vez no fue y que no es materia. Pues todo lo que tiene ser, de donde lo tiene, ya sea por principio o sin principio, por este mismo hecho, porque' es', también se dirá que' era'. A quien le compete la primera posición del verbo en la definición, a la misma le recorrerá también la declinación del verbo en la relación.' Es' es la cabeza de la definición.' Era' hace la de la relación. Estas son las sutilezas y refinamientos de los herejes, que tuercen la simplicidad de las palabras comunes en una cuestión. Gran cuestión es, ciertamente, si era la tierra, la cual fue hecha. Ciertamente hay que discutir si le compete haber sido invisible e informe a la que fue hecha, o a aquella de la que fue hecha, para que sea de la misma el' era', de la cual también lo que era.
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Y, sin embargo, no solo probaremos que este hábito le competía a esta tierra, sino que a aquella otra no le competía. Pues si la materia desnuda estaba sometida a Dios, sin ningún elemento que obstruyera, puesto que aún no había nada fuera de ella misma y Dios, ciertamente no podía ser invisible, porque aunque quiera que las tinieblas hayan estado en la sustancia de la materia, a cuyo artículo deberemos responder en su orden, incluso para el hombre las tinieblas son visibles— pues esto mismo, que son tinieblas, se ve—, mucho más para Dios. Y ciertamente, si fuera invisible, de ninguna manera se conocería su cualidad.¿ De dónde, pues, se enteró Hermógenes de que aquella era informe, confusa e inquieta, que permanecía oculta como invisible? O si esto fue revelado por Dios, debe probarlo. Así también, si pudo decirse ruda, reclamo. Pues ciertamente rudo es aquello que es imperfecto. Ciertamente, no puede ser imperfecto sino lo que fue hecho; pues lo que es menos hecho, es imperfecto. Ciertamente, dices. Por tanto, la materia, que no fue hecha en absoluto, no pudo ser imperfecta; la que no fue imperfecta, tampoco fue ruda. No teniendo principio, porque no fue hecha, careció también de rudimento. Pues el rudimento es un accidente del principio. La tierra, sin embargo, que fue hecha, mereció también ser llamada ruda. Pues inmediatamente tan pronto como fue hecha, tuvo lugar de imperfecta, antes de la perfección.
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Puesto que Dios consumó todas sus obras, desplegando de algún modo el mundo con elementos primero incultos. Luego, como dedicándolo, adornado. Pues no llenó inmediatamente la luz con el esplendor del sol, y las tinieblas no las templó inmediatamente con el consuelo de la luna, y el cielo no lo señaló inmediatamente con astros y estrellas, y los mares no los frecuentó inmediatamente con bestias, y la tierra misma no la dotó inmediatamente con variada fecundidad; sino que primero le confirió el ser, luego suplió el no ser en el vacío. Pues así también Isaías: no en vano, dice, la hizo, sino para ser habitada. Después, pues, de que fue hecha, siendo también futura perfecta, entretanto era invisible e ruda, ruda ciertamente por esto mismo, porque invisible, de modo que ni para la vista era perfecta, al mismo tiempo que por lo demás aún no estaba instruida, invisible, en verdad, como cubierta aún por las aguas como por un baluarte de humor genital, cuya forma también se produce su afín, nuestra carne. Pues también David canta así: del Señor es la tierra y su plenitud, el orbe de la tierra, y todos los que habitan en él; él sobre los mares lo fundó y sobre los ríos lo preparó. Pues segregadas las aguas en un seno más cóncavo, se hizo más brillante la tierra seca, que antes estaba cubierta por las aguas. Desde entonces, pues, se hace también visible diciendo Dios: júntese el agua en una congregación, y véase la tierra seca.' Véase', dice, no' hágase'. Pues ya había sido hecha, pero, invisible hasta entonces, esperaba ser vista.' Tierra seca', sin embargo, lo que iba a ser para ella por el divorcio del humor, ya tierra: y llamó Dios a la tierra seca tierra, no materia. Así también, habiendo obtenido después la perfección, deja de ser considerada ruda, cuando Dios pronuncia: produzca la tierra hierba de heno que siembra semilla según su género y según su semejanza, y el árbol frutal que hace fruto, cuya semilla está en él según su semejanza. Asimismo: produzca la tierra alma viviente según su género, y cuadrúpedos y reptiles y bestias de la tierra según su género. Llenó, pues, su orden la Escritura divina. Pues a la que había predicho invisible e ruda, le devolvió tanto la visión como la perfección. Pero no de otro modo la materia era invisible e ruda. Por tanto, la materia será después visible y perfecta. Quiero, pues, ver la materia; pues se hizo visible. Quiero también reconocerla perfecta, para que de ella también recoja la hierba de heno y de ella el árbol frutal y de ella los animales para mi uso. Pero la materia, ciertamente, en ninguna parte, la tierra, en verdad, es decir, esta, está presente. Esta veo, de esta disfruto, desde que dejó de ser invisible e ruda. Sobre la cual, muy manifiestamente, Isaías: esto dice el Señor, que hizo el cielo, este Dios, que demostró la tierra y la hizo. Ciertamente demostró la misma que también hizo.¿ Cómo la demostró? Ciertamente diciendo: véase la tierra seca.¿ Por qué ordena que sea vista, sino porque antes no se veía, para que así también no la hubiera hecho en vano al hacerla visible, y así habitable? Y así, por todas las cosas, se nos prueba que esta, que habitamos, es la misma que fue hecha por Dios y mostrada, y que no fue otra la ruda e invisible que la que fue hecha y mostrada. Y así: la tierra, sin embargo, era invisible e ruda, pertenece a aquella que Dios preparó con el cielo.
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Así también lo siguiente parecerá instruir la conjetura de Hermógenes: y las tinieblas sobre el abismo y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas, como si también esto mostrara argumentos de aquella masa de sustancia confusa. Y, sin embargo, definiendo una por una las tinieblas, el abismo, el espíritu de Dios, las aguas, tal relación de elementos ciertos y distintos no hace que se estime nada confuso ni incierto en la confusión. Esto, ciertamente, más: cuando les atribuye sus propios lugares, las tinieblas sobre el abismo, el espíritu sobre las aguas, negó la confusión de las sustancias, cuya disposición al demostrar, demostró también la distinción. Vano, en fin, que la materia, que se introduce como informe, se asegure que es informe a partir de tantos vocablos de formas. No habiéndose expuesto qué es ese cuerpo de confusión, que ciertamente debe creerse único, si es informe. Pues uniforme es lo que es informe. Y lo informe, además, que por la variedad está confuso, es necesario que tenga una sola especie, lo cual no tiene, mientras nada de muchas tiene una sola especie. Por lo demás, o tenía en sí la materia esas especies, a partir de cuyos vocablos debía entenderse, digo las tinieblas y el abismo y el espíritu y las aguas, o no las tenía: si las tenía,¿ cómo se introduce no teniendo formas? Si no las tenía,¿ de dónde se reconoce?
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Pero también se buscará este argumento: que la Escritura, al decir que Dios hizo en el principio el cielo y la tierra, significó solo estos, y nada semejante sobre las especies mencionadas arriba, y que, por tanto, aquellas que no se significan como hechas pertenecen a la materia increada. Responderemos también a este escrúpulo. La divina Escritura expondría suficientemente si hubiera encomendado las cumbres mismas de las cosas hechas por Dios, el cielo y la tierra, que tienen ciertamente sus propios fundamentos, los cuales podrían entenderse en las mismas cumbres. Los fundamentos del cielo y de la tierra fueron entonces primero las tinieblas y el abismo, y el espíritu y las aguas. Pues bajo la tierra estaban el abismo y las tinieblas. Si, en efecto, el abismo está debajo de la tierra, y las tinieblas sobre el abismo, sin duda tanto las tinieblas como el abismo están debajo de la tierra. Al cielo, en cambio, subyacían el espíritu y las aguas. Pues si las aguas estaban sobre la tierra, que la había cubierto, y el espíritu sobre las aguas, igualmente tanto el espíritu como las aguas estaban sobre la tierra. Lo que estaba sobre la tierra, eso estaba ciertamente bajo el cielo. Y así como la tierra incubaba y abarcaba el abismo y las tinieblas, así también el cielo incubaba y abarcaba al espíritu y a las aguas. Y así, no es nuevo que se nombre solo aquello que contiene, como suma, mientras que en ello se entienda también lo que es contenido, como parte. He aquí, si digo:' la ciudad construyó el teatro y el circo; la escena, sin embargo, era de tal y tal manera, y las estatuas estaban sobre el euripo, y un obelisco se alzaba sobre todo':¿ porque no haya declarado también que estas especies fueron hechas por la ciudad, no serán de ella junto con el circo y el teatro?¿ O acaso no añadí que estas especies también fueron hechas porque estaban en aquellas que había predicho como hechas, y podían entenderse que estaban en aquellas en las que estaban? Pero que este ejemplo sea vano, por ser humano: tomaré otro de la autoridad de la Escritura misma. Dios, dice, hizo al hombre de la tierra y sopló en su rostro aliento de vida, y el hombre fue hecho en alma viviente. Aquí nombra su rostro, pero ni siquiera dijo que este mismo fue hecho por Dios; sin embargo, habla después de la piel, los huesos, la carne, los ojos, el sudor y la sangre, cosas que tampoco significó entonces como hechas por Dios.¿ Qué responderá Hermógenes?¿ Acaso los miembros del hombre pertenecerán también a la materia, porque no se mencionan como hechos nominalmente?¿ O es que estos también se cuentan en la fabricación del hombre? Del mismo modo, los miembros del cielo y de la tierra eran el abismo y las tinieblas, el espíritu y las aguas. Pues en los cuerpos los miembros son hechos, y en los cuerpos los miembros son nombrados. No hay elemento que no sea miembro de aquel elemento por el cual es contenido. Todos los elementos, sin embargo, son contenidos por el cielo o por la tierra.
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Esto respondería en nombre de la Escritura presente, en la medida en que aquí parece encomendar la fabricación solo de los cuerpos del cielo y de la tierra. Sabía que habría quienes reconocieran voluntariamente los miembros en los cuerpos, y por eso usó un compendio; sin embargo, previó también a los torpes y a los insidiosos que, disimulando un entendimiento tácito, exigirían la palabra de fabricación como significatoria también para los miembros mismos. Por tanto, también a causa de ellos enseña en otros lugares que las especies individuales fueron hechas. Tienes a la Sabiduría diciendo:' antes del abismo fui engendrada'. Para que creas que el abismo también fue engendrado, es decir, hecho, pues también hacemos hijos, aunque los engendremos. No importa si el abismo fue hecho o nacido, mientras se le dé un comienzo, el cual no se le daría si estuviera sujeto a la materia. Sobre las tinieblas, en cambio, el Señor mismo dice por Isaías:' yo, que construí la luz y creé las tinieblas'. Sobre el espíritu, igualmente, Amós:' que consolida el trueno y crea el espíritu y anuncia a los hombres a su Cristo', mostrando que ese espíritu fue creado, el cual se contaba entre las tierras creadas, que se movía sobre las aguas, equilibrador, soplador y animador de la universalidad. No, como algunos piensan, que se signifique a Dios mismo como espíritu, porque Dios es espíritu; pues ni las aguas serían suficientes para sostener al Señor. Sino que dice ese espíritu del cual también consistieron los vientos, como dice por Isaías:' porque el espíritu salió de mí, y todo aliento yo lo hice'. Asimismo, sobre las aguas, la misma Sabiduría:' y cómo ponía firmes las fuentes que están bajo el cielo. Yo estaba modulando con él'. Cuando, en verdad, probamos que también esas especies fueron hechas por Dios, aunque en el Génesis solo se nombran sin mención de fabricación, se responderá quizás desde la parte contraria que ciertamente fueron hechas, pero de la materia. Como el estilo, ciertamente de Moisés:' y las tinieblas sobre el abismo y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas', suena a la materia misma. Las otras Escrituras, sin embargo, demuestran en disperso qué especies fueron hechas de la materia. Por tanto, así como la tierra de la tierra,¿ así también el abismo consistió del abismo, y las tinieblas de las tinieblas, y el espíritu y las aguas del espíritu y de las aguas? Pero, como dijimos arriba, no pudo haber sido informe la materia si tenía especies; para que también otras fueran hechas de ellas; a menos que no sean otras, sino ellas mismas de sí mismas— puesto que no cabe que hayan sido diversas las que se declaran con los mismos nombres—, con lo cual la operación divina podría parecer ociosa, si hizo lo que ya existía, cuando sería más generoso hacer lo que no estaba hecho que si se hicieran. Por tanto, para concluir: o Moisés significó la materia al escribir:' y las tinieblas sobre el abismo y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas'— pero cuando estas especies se demuestran en otro lugar como hechas por Dios, debieron demostrarse igualmente como hechas de la materia que Moisés había antepuesto—, o si Moisés significó esas especies y no la materia, pregunto dónde se ha demostrado la materia.
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Pero mientras Hermógenes encuentra eso entre sus colores— pues entre las Escrituras de Dios no pudo encontrarlo—, es suficiente que conste que todas las cosas fueron hechas por Dios y no consta que fueran hechas de materia. La cual, incluso si hubiera existido, habríamos creído que también fue hecha por Dios, porque obtendríamos que nada es innato excepto Dios. Hasta este punto hay lugar para la retractación, hasta que, provocada ante las Escrituras, falte la exhibición de la materia. La suma es expedita: no encuentro nada hecho sino de la nada, porque reconozco que lo que encuentro hecho no existía. Incluso si algo fue hecho de algo, tiene su censo de lo hecho, como de la tierra la hierba y los frutos y los ganados y la figuración del hombre mismo, como de las aguas las almas nadadoras y voladoras. Podré llamar materias a tales orígenes de las cosas producidas de estas, pero también ellas hechas por Dios.
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Por lo demás, que todo consistió de la nada lo persuadirá finalmente aquella disposición divina que va a reducir todas las cosas a la nada. Puesto que también el cielo se enrollará como un libro, es más, no existirá en ninguna parte junto con la tierra misma, con la cual fue hecho en el principio:' el cielo y la tierra pasarán', dice;' el primer cielo y la primera tierra pasaron, y no se encontró lugar para ellos', porque, ciertamente, lo que termina también pierde su lugar. Así también David:' las obras de tus manos son los cielos; y ellos perecerán'. Pero incluso si los cambiará como a un manto, y serán cambiados, y ser cambiado es perecer respecto al estado anterior, el cual, mientras son cambiados, pierden. Y las estrellas ciertamente caerán del cielo, como la higuera pierde sus frutos verdes cuando es sacudida por un viento fuerte, los montes, en verdad, se derretirán como cera ante la presencia del Señor, cuando se levante, ciertamente, para quebrantar la tierra. Pero también, dice,' secaré los pantanos, y buscarán agua y no la encontrarán'; incluso el mar hasta aquí. Todas estas cosas, aunque alguien piense que deben interpretarse de otro modo, espiritualmente, no podrá, sin embargo, quitar la verdad de que sucederán tal como están escritas. Pues si hay figuras, es necesario que consistan de cosas existentes, no de cosas vacías, porque nada puede ofrecer de lo suyo para una semejanza, a menos que sea lo mismo que ofrece para tal semejanza. Vuelvo, por tanto, a la causa, definiendo que todas las cosas fueron producidas de la nada para llegar a la nada. Pues de lo eterno, es decir, de la materia, Dios no habría hecho nada perecedero. Ni habría fundado cosas menores de mayores, a quien más le conviene producir mayores de menores, es decir, de lo perecedero lo eterno, lo cual también promete a nuestra carne, de cuya virtud y poder quiso haber colocado ya en nosotros esta prenda, para que creamos que él también suscitó la universalidad de la nada, como si estuviera muerta, la cual ciertamente no existía, para que existiera.
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Por lo demás, sobre el estado de la materia, aunque no hay que retractar— pues primero era necesario que constara que existe—, sin embargo, como si hubiera constado, debe perseguirse el orden por el cual conste más que no existe, cuyo estado restante tampoco consiste, al mismo tiempo que Hermógenes reconozca sus contradicciones. Primero, dice, nos parece que la materia es corporal; pero con una razón recta y exquisita se encuentra que no es ni corporal ni incorporal.¿ Qué es esa razón recta que no anuncia nada recto, es decir, nada cierto? Pues, si no me equivoco, toda cosa es necesario que sea o corporal o incorporal, para conceder mientras tanto que hay algo incorporal, al menos respecto a las sustancias, cuando la sustancia misma es el cuerpo de cada cosa. Ciertamente, después de corporal e incorporal no hay un tercero. Vamos ahora, que sea también un tercero, que esa razón recta hermogeniana haya descubierto, que hace que la materia no sea ni corporal ni incorporal:¿ dónde está?¿ Cuál es?¿ Cómo se llama?¿ Qué se describe?¿ Qué se entiende?¿ Acaso solo esto anunció la razón, que la materia no es ni corporal ni incorporal?
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Pero he aquí que subyace lo contrario, o quizás le ocurre otra razón, anunciando que la materia es en parte corporal y en parte incorporal.¿ Entonces, para que no sea ni lo uno ni lo otro, debe considerarse materia? Pues será corporal e incorporal, contra la declaración de esa razón recta, que claramente no da razón de su sentencia, así como tampoco da otra. Pues quiere que sea corporal la materia, de la cual se produzcan los cuerpos, pero incorporal su movimiento desordenado.' Pues si', dice,' fuera solo cuerpo, nada incorporal aparecería en ella, es decir, el movimiento; si, en cambio, hubiera sido totalmente incorporal, ningún cuerpo se haría de ella'.¡ Cuán más recta es esta razón! A no ser que, si trazas líneas tan rectas, Hermógenes, como razonas, el pintor no es más torpe que tú. Pues,¿ quién te concede asignar el movimiento a la segunda parte de la sustancia, cuando no es una cosa sustancial, porque tampoco es corporal, sino un accidente, si acaso, de la sustancia y del cuerpo, como el acto y el pulso, como el desliz y la caída, así también el movimiento? Pues ya sea que algo se mueva por otro o por sí mismo, su acto es el movimiento; ciertamente no es parte de la sustancia, como tú haces que el movimiento sea una sustancia incorporal de la materia. En fin, todas las cosas se mueven o por sí mismas, como los animales, o por otros, como los inanimados; sin embargo, no diremos que ni el hombre ni la piedra son corporales e incorporales. Porque tenga cuerpo y movimiento, sino una sola forma para todos de mera corporalidad, que es cosa de la sustancia. Si algunos incorporales les acompañan, o actos o pasiones u oficios o sus deseos, no los contamos como porciones.¿ Por qué, pues, hace porción de la materia disponerla en movimiento, que no pertenece a la sustancia, sino al hábito de la sustancia?¿ Qué, pues, si te hubiera placido introducir una materia inmóvil, acaso la inmovilidad parecería una segunda parte de la forma? Así, por tanto, tampoco el movimiento. Pero sobre el movimiento se podrá hablar en otro lugar.
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Ahora, en efecto, veo que vuelves de nuevo a aquella razón que te acostumbró a no anunciar nada cierto. Pues así como no infieres que la materia es ni corporal ni incorporal, así tampoco alegas que es ni buena ni mala y, por consiguiente, superargumentando:' pues si', dices,' fuera buena, la que siempre había sido esto, no desearía la composición de Dios: si fuera de naturaleza mala, no habría aceptado la traslación a mejor, ni Dios le habría aplicado nada de su composición, siendo de tal naturaleza; pues habría trabajado en vano'. Estas palabras son tuyas, de las cuales debiste haberte acordado en otro lugar, para no inferir nada contrario a ellas. Pero puesto que en lo pasado retractamos algo sobre la ambigüedad del mal y del bien sobre la materia, ahora responderé a tu presente y única proposición y argumentación. Y no diré que también aquí debiste haber pronunciado algo cierto, o buena o mala o alguna tercera cosa, sino que ni siquiera aquí guardaste lo que te plugo pronunciar. Pues rescindes lo que pronunciaste, ni buena ni mala, porque, cuando dices:' si fuera buena, no desearía ser compuesta por Dios', muestras que es mala, y cuando añades:' si fuera de naturaleza mala, no admitiría la traslación a mejor', muestras que es buena. Y así has constituido un fin del bien y del mal a la que pronunciaste ni buena ni mala. Pero para refutar también la argumentación con la que pensaste que confirmarías tu proposición, opongo también esto: si la materia hubiera sido siempre buena,¿ por qué no habría deseado ser reformada a mejor? El bien no desea lo que o no espera o no capta el progreso, para que de bueno se haga mejor. Igualmente, si hubiera sido de naturaleza mala,¿ por qué no habría podido ser convertida por Dios, como por el más poderoso, como por aquel que puede convertir también la naturaleza de las piedras en hijos de Abraham? Por tanto, ciertamente no solo comparas a Dios con la materia, sino que también lo sometes, por quien la naturaleza de la materia pudo haber sido vencida y domada a mejor. Pero también negarás que confesaste en otro lugar que la naturaleza es mala, la cual aquí no quieres que sea mala.
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Sobre la situación de la materia trato lo que también sobre el modo traduce tu perversidad. Haces que la materia subyazca a Dios y, ciertamente, el lugar a él, que está debajo de Dios. Por tanto, la materia está en un lugar. Si está en un lugar, entonces está dentro de un lugar: si está dentro de un lugar, entonces es determinada por el lugar dentro del cual está: si es determinada, tiene una línea extrema, la cual tú, en cuanto pintor propiamente, reconoces que es el fin de toda cosa cuya línea extrema existe. Por tanto, la materia no será infinita, la cual, mientras está en un lugar, es determinada por el lugar. Y mientras es determinada por él, sufre que él sea su línea extrema. Pero tú la haces infinita diciendo:' es infinita, sin embargo, por el hecho de que siempre es'. Y si alguno de tus discípulos quisiera argumentar, como si quisieras que se entienda infinita en tiempo, no solo en cuerpo. Y sin embargo, las consecuencias muestran que es corporalmente infinita, como corporalmente inmensa e incircunscrita.' De donde', dices,' no se fabrica toda, sino sus partes'. Hasta tal punto es infinita en cuerpo, no en tiempo, y te contradices haciendo que sea infinita en cuerpo, cuando al asignarle un lugar la incluyes dentro de un lugar y de la línea extrema del lugar. Pero, sin embargo, por qué Dios no la formó toda, no lo sé, a menos que sea porque es débil o envidioso. Por tanto, busco la mitad de ella, la cual no fue formada toda, para conocer cómo fue toda. Pues Dios debió haber hecho público el ejemplar de la antigüedad para gloria de la obra.
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Sea ahora definitoria, como te parece más recto, por sus demutaciones y traslaciones, sea también comprensible,' como la que es fabricada', dices,' por Dios', y dispartible, porque también es convertible y demutable—' pues sus demutaciones', dices,' la muestran dispartible'—: y aquí has caído de tus líneas, que usaste respecto a la persona de Dios, prescribiendo que Dios no la hizo de sí mismo, porque no podría venir a partes quien es eterno y permanece por siempre y, por esto, inmutable e indivisible. Si la materia también se cuenta con la misma eternidad, no teniendo ni principio ni fin, por la misma razón no podrá sufrir dispartición y demutación, al igual que Dios. Puesta en la compañía de la eternidad, es necesario que participe con él tanto de las fuerzas como de las leyes y condiciones de la eternidad. Igualmente, cuando dices:' sus partes, sin embargo, tienen todas a la vez de todas, para que el todo se distinga de las partes', ciertamente quieres que se entiendan aquellas partes que fueron producidas de ella, las cuales hoy vemos nosotros.¿ Cómo, pues, tienen todas de todas, ciertamente de las antiguas, cuando las que hoy se ven tienen de otro modo que como fueron las antiguas?
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Dices que la materia fue reformada a mejor, ciertamente de lo peor,¿ y quieres que lo mejor traiga ejemplares de lo peor? La cosa estaba confusa, ahora, en verdad, está compuesta,¿ y quieres que de lo compuesto se ofrezca lo incompuesto? Ninguna cosa es espejo de otra cosa, es decir, no es coigual; nadie se miró ante el barbero como una mula en lugar de un hombre, a menos que alguien piense que en esta construcción del mundo, ya dispuesta y compuesta, responde la materia informe e inculta.¿ Qué hay hoy informe en el mundo, qué hubo antes especificado en la materia, para que el mundo sea espejo de la materia? Cuando el mundo está en manos de los griegos bajo el nombre de adorno,¿ cómo presenta la imagen de la materia inornada, para que digas que todo de ella se conoce por sus partes? Ciertamente, de ese todo será también esto, que no vino a la deformación; y arriba declaraste que no fue fabricada toda. Por tanto, ni siquiera esto rudo y confuso e incompuesto puede reconocerse en las cosas pulidas y distintas y compuestas, las cuales ni siquiera conviene llamar partes de la materia, cuando se apartaron de su forma, divididas por la mutación.
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Vuelvo al movimiento, para mostrarte resbaladizo en todas partes: el movimiento de la materia fue incondito y confuso y turbulento.' Pues así', dices,' opones la semejanza de una olla que hierve por todas partes'.¿ Y cómo en otro lugar es afirmado por ti de otro modo? Pues cuando quieres introducir que la materia no es ni buena ni mala:' por tanto', dices,' la materia subyacente, teniendo un movimiento de igual momento, no se inclina mucho ni al bien ni al mal'. Si es de igual momento, ya no es un movimiento turbulento ni de caldero, sino compuesto y temperado, ciertamente el que, agitado a su arbitrio entre el bien y el mal, sin embargo, no inclinado ni precipitado a ninguna de las dos partes, manteniendo la balanza media, como dicen, se movía con un ímpetu equilibrado. Esto, dirás, no es, esta turbulencia y pasividad no es, sino moderación y modestia y justicia de la mutación que no se inclina a ninguna parte. Claramente, si se inclinara más hacia aquí y hacia allá o hacia uno de los dos, entonces merecería ser denotada de falta de armonía y desigualdad y turbulencia. Además, si el movimiento no era más propenso ni al bien ni al mal, ciertamente se movía entre el bien y el mal, para que también por esto aparezca que la materia es determinable, cuyo movimiento, no propenso ni al mal ni al bien, por el hecho de que no se inclinaba a ninguno de los dos, se contaba entre ambos y por este nombre era determinado por ambos. Pero también haces que el bien y el mal estén en un lugar, cuando dices que el movimiento de la materia no fue propenso a ninguno de ellos. Pues la materia, que estaba en un lugar, no desviándose ni hacia aquí ni hacia allá, no se desviaba a los lugares en los que estaban el bien y el mal. Al dar, sin embargo, lugar al bien y al mal, los haces corporales, haciéndolos locales, porque lo que tiene lugar es previo a que sean corporales. En fin, los incorporales no tienen lugar propio, a menos que sea en el cuerpo cuando le suceden al cuerpo. Al bien, sin embargo, y al mal, no se desviaba la materia para que, como corporales o locales, no se desviara. Por tanto, te equivocas si quieres que el bien y el mal no sean sustancias. Pues haces sustancias a las que asignas lugares; los lugares, sin embargo, los asignas cuando suspendes el movimiento de la materia de ambas regiones.
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Dispersaste todas las cosas, para que no brillara cuán contrarias son entre sí desde cerca. Pero yo recogeré cada una y las compararé. Aseguras que el movimiento de la materia es incondito y añades que ella sigue la informidad; después, en otro lugar, que desea ser compuesta por Dios.¿ Desea la formación la que sigue la informidad?¿ O sigue la informidad la que desea la formación? No quieres parecer igualar a Dios con la materia, y sometes que ella tiene comunión con Dios.' Pues es imposible', dices,' que no teniendo ella algo común con Dios, sea adornada por él'. Y sin embargo, si tenía algo común con Dios, no deseaba ser adornada por él. Parte, ciertamente, de Dios por la comunión.¿ O también Dios podía ser adornado por la materia, teniendo él mismo algo común con ella? Incluso en esto sometes a Dios a la necesidad, si hubo algo en la materia por lo cual él la formara. Lo común, sin embargo, entre ellos haces que sea que se muevan por sí mismos y siempre se muevan.¿ Qué le atribuyes menos a la materia que a Dios? Todo el consorcio de la divinidad será esto: libertad y eternidad del movimiento. Pero Dios se mueve de modo compuesto, la materia de modo incondito. Sin embargo, divino igualmente( ambos), con movimiento igualmente libre y eterno. Y sin embargo, le das más a la materia, a la cual le fue permitido moverse así, como no le fue permitido a Dios.
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Sobre el movimiento también notaré esto. Pues según la semejanza de la olla:' así era', dices,' el movimiento de la materia antes de ser dispuesta: concreto, inquieto, inadprehensible por la excesiva lucha'. Después sometes:' se detuvo, sin embargo, en la composición de Dios y tuvo un movimiento incondito aprehensible por la lentitud del movimiento incondito'. Arriba atribuyes lucha al movimiento, aquí lentitud. Ahora, acepta cuántas veces caes sobre la naturaleza de la materia. Arriba dices:' si, sin embargo, la materia fuera de naturaleza mala, no habría aceptado la traslación a mejor, ni Dios le habría acomodado algo de composición; pues habría trabajado en vano'. Definiste, por tanto, dos sentencias: que la materia no era de naturaleza mala ni que su naturaleza pudo ser convertida por Dios. Inmemorable de esto, después infieres:' pero cuando aceptó la composición de Dios y fue adornada, cesó de su naturaleza'. Si fue reformada a bien, ciertamente fue reformada de mal, y si por la composición de Dios cesó de su naturaleza, la naturaleza del mal cesó. Por tanto, también fue de naturaleza mala antes de la composición y pudo dejar de ser de su naturaleza después de la reformación.
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Pero también cómo haces que Dios opere, sigue que lo muestre. Claramente te apartas de los filósofos; pero, sin embargo, también de los profetas. Pues los estoicos quieren que Dios haya recorrido la materia así como la miel a través de los panales. Pero tú' no', dices,' al pasar a través de ella hace el mundo, sino solo apareciendo y acercándose a ella, así como hace algo el acoro solo apareciendo y la piedra imán solo acercándose'.¿ Qué tiene de parecido Dios fabricando el mundo y el acoro hiriendo el ánimo o el imán atrayendo el hierro? Pues aunque Dios apareció a la materia, pero no la hirió, lo que el acoro al ánimo, aunque se acercó, pero no se adhirió a ella, lo que el imán al hierro. Supón ahora que tus ejemplos compiten: ciertamente si apareciendo y acercándose a la materia Dios hizo de ella el mundo, ciertamente hizo de aquello de lo que apareció y de lo que se acercó. Por tanto, cuando no había hecho antes, ni había aparecido a ella ni se había acercado.¿ Y a quién es creíble que Dios no haya aparecido a la materia, o como consustancial a la suya por la eternidad?¿ Que haya estado lejos de ella a quien creemos que está en todas partes y aparece en todas partes, a quien también los inanimados e incorporales cantan alabanzas ante Daniel?¡ Qué gran lugar este, en el que Dios distaba tanto de la materia que ni aparecía ni se acercaba antes de la construcción del mundo! Creo que peregrinó hacia ella desde lejos, cuando primero quiso aparecerle y acercársele.
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Pero, en verdad, los profetas y los apóstoles no transmiten así que el mundo fue hecho por Dios, apareciendo solo y acercándose a la materia, porque ni siquiera nombraron materia alguna, sino primero la sabiduría creada, el principio de los caminos en sus obras, después también el sermón producido, por el cual todas las cosas fueron hechas y sin el cual nada fue hecho. En fin, por su sermón fueron confirmados los cielos y por su espíritu todas sus virtudes. Esta es la diestra de Dios y ambas manos, por las cuales operó y construyó: pues las obras de tus manos, dice, son los cielos, por las cuales también midió: midió el cielo y con el palmo la tierra. No adules así a Dios, que quieras que él solo con la vista y solo con el acceso haya producido tantas y tales sustancias y no las haya instituido con sus propias fuerzas. Pues así también Jeremías encomienda: Dios, haciendo la tierra en su valentía, preparando el orbe en su inteligencia, y con su sentido extendió los cielos. Estas son sus fuerzas, con las cuales, esforzándose, fundó todo esto. Mayor es su gloria si trabajó. En fin, el séptimo día descansó de sus obras. Ambos a su manera. O si apareciendo solo y acercándose hizo este mundo,¿ acaso, cuando lo hubo hecho, dejó de aparecer de nuevo y cesó de acercarse? Y sin embargo, Dios comenzó a aparecer más y a ser encontrado en todas partes, desde que fue hecho el mundo. Ves, pues, cómo por la operación de Dios consisten todas las cosas, por la valentía del que hace la tierra, por la inteligencia del que prepara el orbe y por el sentido del que extiende el cielo, no apareciendo solo ni acercándose, sino aplicando tantos esfuerzos de su ánimo, la sabiduría, la valentía, el sentido, el sermón, el espíritu, la virtud, que no le eran necesarios, para que solo apareciendo y acercándose hubiera sido prefecto. Estas, sin embargo, no son no sé qué sensuales de la materia, sino suyas, son sus invisibles, las cuales, según el apóstol, desde la institución del mundo se ven por sus hechos. Pues,¿ quién conoció el sentido del Señor? De lo cual exclama:¡ oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría, que sus juicios son inescrutables y sus caminos ininvestigables!¿ Qué saben más estas cosas que: que de la nada todas las cosas fueron hechas! Donde ni pueden ser encontradas ni investigadas sino solo por Dios, de lo contrario, ininvestigables, si de la materia[ son investigadas y no encontradas]. Por tanto, en cuanto constó que no hubo materia alguna, de esto también, que ni siquiera conviene que haya sido tal cual se introduce, en tanto se prueba que todas las cosas fueron hechas por Dios de la nada... a menos que Hermógenes, describiendo el mismo estado de la materia, en el que él mismo está, incondito, confuso, turbulento, de movimiento dudoso y precipitado y ferviente, mientras muestra el documento de su arte, él mismo se pintó.