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Adversus Praxean
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Original / primary: Spanish Gemini
1
El diablo ha imitado la verdad de diversas maneras. A veces ha pretendido socavarla defendiéndola. Proclama a un único Dios, creador omnipotente del mundo, para crear una herejía a partir de la unidad. Dice que el mismo Padre descendió a la virgen, que el mismo nació de ella, que el mismo sufrió; en fin, que el mismo es Jesucristo. La serpiente se ha equivocado, pues al tentar a Jesucristo después del bautismo de Juan, lo abordó como Hijo de Dios, seguro de que el Hijo tenía a Dios, incluso por las mismas Escrituras sobre las cuales construía entonces la tentación:' Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes'; asimismo:' Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí; pues escrito está que mandó a sus ángeles acerca de ti'— ciertamente al Padre—' para que te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra piedra'.¿ O acaso reprochará a los evangelios una mentira diciendo:' Que se las arreglen Mateo y Lucas, pero yo me acerqué al mismo Dios, yo mismo tenté al omnipotente; por eso me acerqué y por eso tenté. De lo contrario, si fuera el Hijo de Dios, nunca me habría dignado tentarlo'? Pero, en realidad, él es mentiroso desde el principio, y si ha sobornado a algún hombre de los suyos, como a Praxeas, es porque este, el primero de Asia, trajo este género de perversidad al suelo romano, hombre por lo demás inquieto, y además inflado por la jactancia del martirio debido al simple y breve tedio de la cárcel; cuando, incluso si hubiera entregado su cuerpo para ser quemado, no habría logrado nada, al no tener el amor de Dios, cuyos carismas también atacó. Pues el mismo, entonces, obligó al obispo romano, que ya reconocía las profecías de Montano, Prisca y Maximila, y que por ese reconocimiento traía la paz a las iglesias de Asia y Frigia, a revocar las cartas de paz ya emitidas y a desistir del propósito de recibir los carismas, al afirmar falsedades sobre los mismos profetas y sus iglesias y defender las autoridades de sus predecesores. Así, Praxeas gestionó en Roma dos negocios del diablo: expulsó la profecía e introdujo la herejía, ahuyentó al Paráclito y crucificó al Padre. Las cizañas de Praxeas habían brotado también aquí, sembradas mientras muchos dormían en la simplicidad de la doctrina; luego, denunciadas por quien Dios quiso, parecieron incluso arrancadas. En fin, el doctor anterior se había retractado de su enmienda, y el documento permanece entre los psíquicos, entre quienes se realizó entonces el asunto. Desde entonces, silencio. Y a nosotros, ciertamente, el reconocimiento y la defensa del Paráclito nos separó después de los psíquicos. Pero aquellas cizañas habían esparcido su semilla por todas partes entonces. Aquello se ocultó durante algún tiempo mediante una hipocresía de astuta vivacidad y ahora ha brotado de nuevo. Pero también será erradicado de nuevo, si el Señor lo quiere, en este viaje; si no, en su día serán recogidas todas las cosechas adúlteras y, junto con los demás escándalos, serán quemadas en el fuego inextinguible.
2
Por tanto, después de un tiempo, se predica que el Padre nació y el Padre sufrió, el mismo Dios Señor omnipotente, Jesucristo. Nosotros, en cambio, siempre y ahora más, como más instruidos por el Paráclito, el guía de toda verdad, creemos ciertamente en un único Dios, bajo esta dispensación, sin embargo, que llamamos oikonomia, para que del único Dios haya también un Hijo, su Verbo, que procedió de él, por quien todas las cosas fueron hechas y sin el cual nada fue hecho. Creemos que este fue enviado por el Padre a la virgen y nació de ella, hombre y Dios, hijo del hombre e Hijo de Dios, y llamado Jesucristo; que este sufrió, murió y fue sepultado según las Escrituras, resucitado por el Padre y llevado al cielo, sentado a la derecha del Padre, y que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos; quien desde allí envió, según su promesa, al Espíritu Santo, el Paráclito, santificador de la fe de aquellos que creen en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Que esta regla ha corrido desde el principio del evangelio, incluso antes que todos los herejes anteriores, y mucho más antes que el reciente Praxeas, lo probará tanto la misma posteridad de todos los herejes como la misma novedad del reciente Praxeas. Por lo cual, de igual modo, contra todas las herejías, ya desde ahora queda prejuzgado que es verdadero lo que es primero, y es adúltero lo que es posterior. Pero, a salvo esta prescripción, en todas partes, sin embargo, por causa de la instrucción y fortificación de algunos, debe darse lugar también a las retractaciones, para que no parezca que cada perversidad es condenada sin ser examinada, sino prejuzgada, especialmente esta, que se cree poseedora de la mera verdad, mientras piensa que no se debe creer en un único Dios de otra manera que si dice que él mismo es el Padre, el Hijo y el Espíritu; como si no fuera así también uno todas las cosas, mientras que de uno provienen todas las cosas, mediante la unidad de sustancia, y sin embargo se guardara el sacramento de la oikonomia, que dispone la unidad en la trinidad, dirigiendo a tres, al Padre, al Hijo y al Espíritu— tres, sin embargo, no en estado, sino en grado; no en sustancia, sino en forma; no en poder, sino en especie—, pero de una sola sustancia, de un solo estado y de un solo poder, porque es un solo Dios, de quien se computan estos grados, formas y especies en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Cómo soportan el número sin división, lo demostrarán los tratados siguientes.
3
Pues los sencillos, por no decir imprudentes e ignorantes, que son siempre la mayor parte de los creyentes, puesto que la misma regla de fe traslada de los muchos dioses del siglo al único y verdadero Dios, al no entender que se debe creer en un único Dios pero con su oikonomia, se asustan, porque presumen que la oikonomia, el número y la disposición de la trinidad, es una división de la unidad, cuando la unidad, derivando de sí misma la trinidad, no es destruida por ella, sino administrada. Por tanto, ya pregonan que nosotros predicamos dos y tres, mientras que ellos se presumen adoradores de un solo Dios, como si la unidad recogida irracionalmente no hiciera una herejía y la trinidad sopesada racionalmente no constituyera la verdad.' Mantenemos la monarquía', dicen, y así expresan vocalmente el sonido mismo incluso los latinos, y con tanta destreza que pensarías que entienden la monarquía tan bien como la enuncian. Pero yo, si he aprendido algo de ambas lenguas, sé que monarquía no significa otra cosa que un imperio singular y único; sin embargo, no prescribe que la monarquía, por ser de uno, signifique que aquel de quien es no tenga un hijo, o que se haya hecho hijo a sí mismo, o que no administre su monarquía a través de quienes él quiera. Y, sin embargo, no digo que ninguna dominación sea tan propia de uno, tan singular, tan monarquía, que no sea administrada también a través de otras personas cercanas, a quienes ella misma haya previsto como oficiales para sí. Pero si también hubiera un hijo de aquel cuya es la monarquía, no por ello se divide inmediatamente y deja de ser monarquía si se toma como partícipe a su hijo, sino que sigue siendo principalmente de aquel de quien se comunica al hijo, y mientras es de él, sigue siendo monarquía, la cual es contenida por dos tan unidos. Por tanto, si también la monarquía divina es administrada a través de tantas legiones y ejércitos de ángeles, como está escrito:' Mil veces cien mil estaban ante él, y mil veces cien mil aparecían ante él', y no por ello dejó de ser de uno, para que deje de ser monarquía, porque es procurada a través de tantos miles de virtudes:¿ cómo es que Dios parece sufrir división y dispersión en el Hijo y en el Espíritu Santo, que han obtenido el segundo y tercer lugar, siendo tan consortes de la sustancia del Padre, lo cual no sufre en el número de tantos ángeles, y ciertamente tan ajenos a la sustancia del Padre?¿ Consideras que los miembros, las prendas, los instrumentos y la misma fuerza y todo el censo de la monarquía son su destrucción? No es correcto. Prefiero que te ejercites en el sentido del asunto antes que en el sonido de la palabra. Pues la destrucción de la monarquía debes entenderla cuando se introduce otra dominación de su propia condición y estado propio, y por ello rival; cuando se introduce otro dios contra el Creador; entonces sí, mal, cuando son varios, según los valentinianos y pródicos: entonces es para la destrucción de la monarquía, cuando es para la destrucción del Creador.
4
Por lo demás, yo que no deduzco al Hijo de otra parte, sino de la sustancia del Padre, que no hace nada sin la voluntad del Padre, que ha obtenido todo el poder del Padre,¿ cómo puedo destruir la monarquía de la fe, que, entregada por el Padre al Hijo, se conserva en el Hijo? Que esto me sea dicho también respecto al tercer grado, porque no considero que el Espíritu provenga de otra parte que del Padre a través del Hijo. Mira, pues, no sea que tú destruyas más bien la monarquía, tú que trastornas su disposición y dispensación constituida en tantos nombres, en cuantos Dios quiso. Y, de hecho, permanece en su estado, aunque se introduzca la trinidad, de modo que incluso ha de ser restituida al Padre por el Hijo, puesto que el apóstol escribe sobre el fin último:' Cuando entregue el reino a Dios y al Padre. Pues es necesario que él reine hasta que Dios ponga a sus enemigos bajo sus pies'— ciertamente según el salmo:' Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies'—' cuando, sin embargo, todas las cosas le hayan sido sometidas, excepto aquel que le sometió todas las cosas, entonces también él mismo será sometido a aquel que le sometió todas las cosas, para que Dios sea todo en todos'. Vemos, pues, que no perjudica a la monarquía, aunque hoy esté en el Hijo, porque también está en su estado en el Hijo y con su estado será restituida al Padre por el Hijo. Así, nadie la destruirá por este nombre, si admite al Hijo, a quien consta que le fue entregada por el Padre y por quien en algún momento será restituida al Padre. Con este único capítulo de la epístola apostólica hemos podido ya mostrar que el Padre y el Hijo son dos, además de por los nombres de Padre e Hijo, también por el hecho de que quien entregó el reino y a quien lo entregó, y asimismo quien sometió y a quien sometió, son necesariamente dos.
5
Pero como quieren que los dos sean uno, para que se considere que el mismo es Padre e Hijo, es necesario examinar también todo lo relativo al Hijo, si es, quién es y cómo es, y así el asunto mismo reivindicará su forma, apoyándose en las Escrituras y en sus interpretaciones. Algunos dicen que también el Génesis comienza así en hebreo:' En el principio Dios hizo para sí un Hijo'. Para que esto no sea firme, otros argumentos me llevan a la misma disposición de Dios, por la cual existió antes de la constitución del mundo hasta la generación del Hijo. Pues antes de todas las cosas, Dios estaba solo, él mismo era para sí mundo, lugar y todas las cosas; solo, sin embargo, porque no había nada más fuera de él. Por lo demás, ni siquiera entonces estaba solo; pues tenía consigo lo que tenía en sí mismo, es decir, su propia razón. Pues Dios es racional, y la razón estaba primero en él y así de él todas las cosas. Esta razón es su propio sentido, a la cual los griegos llaman logos, palabra con la cual también llamamos al sermón, y por eso ya está en uso entre los nuestros, por simplicidad de interpretación, decir que el sermón estaba en el principio junto a Dios, cuando es más apropiado considerar que la razón es más antigua, porque Dios no es racional desde el principio por el sermón, sino que es racional incluso antes del principio, y porque el mismo sermón, consistiendo en la razón, muestra que esta es anterior como su sustancia. Sin embargo, aun así, no hay diferencia. Pues aunque Dios aún no había enviado su sermón, lo tenía igualmente con la misma razón y en la misma razón dentro de sí mismo, pensando tácitamente y disponiendo consigo lo que pronto iba a decir a través del sermón. Pues pensando y disponiendo con su razón, hacía que la razón fuera sermón, la cual trataba con el sermón. Para que entiendas esto más fácilmente, reconócelo en ti mismo, como imagen y semejanza de Dios, que tú también tienes en ti mismo la razón, tú que eres un animal racional, hecho no solo por un artífice racional, sino también animado de su misma sustancia. Mira, cuando conversas tácitamente contigo mismo con la razón, esto mismo se realiza dentro de ti, al encontrarse ella contigo con el sermón ante cada movimiento de tu pensamiento, ante cada pulso de tu sentido. Cualquier cosa que pienses, es sermón; cualquier cosa que sientas, es razón. Es necesario que lo digas en el ánimo, y mientras lo dices, experimentas al sermón como interlocutor, en el cual está esta misma razón con la que piensas al hablar con él, a través de quien piensas al hablar. Así, el sermón es de algún modo un segundo en ti.¿ Cuánto más plenamente se realiza esto en Dios, de quien tú también eres considerado imagen y semejanza, que tiene en sí mismo incluso al callar la razón, y en la razón el sermón? Por tanto, puedo haber establecido no temerariamente que entonces Dios, antes de la constitución del universo, no estaba solo, teniendo en sí mismo, por consiguiente, la razón, y en la razón el sermón, al cual había hecho segundo de sí mismo al agitarlo dentro de sí.
6
Esta fuerza y esta disposición del sentido divino se muestra en las Escrituras también bajo el nombre de Sofía. Pues,¿ qué es más sabio que la razón o el sermón de Dios? Por tanto, escucha también a la Sofía como una segunda persona creada:' El Señor me creó al principio de sus caminos para sus obras, antes de que hiciera la tierra, antes de que se colocaran los montes; antes de todos los collados me engendró', condensando y engendrando ciertamente en su sentido. Luego, reconócela presente en la misma operación:' Cuando preparaba el cielo', dice,' yo estaba allí con él; y cómo hacía fuertes sobre los vientos las nubes que están arriba, y cómo ponía seguros sus fuentes, las que están bajo el cielo, yo estaba con él ajustando, yo era en quien se deleitaba; diariamente, sin embargo, me recreaba en su persona'. Ya, tan pronto como Dios quiso sacar a las sustancias y especies propias las cosas que había dispuesto dentro de sí con la razón y el sermón de la Sofía, produjo al mismo sermón primero, teniendo en sí a sus socias indivisibles, la razón y la Sofía, para que a través de él fueran hechas todas las cosas, por quien habían sido pensadas y dispuestas, es más, hechas ya, en cuanto al sentido de Dios. Pues esto les faltaba, que fueran conocidas y tenidas también abiertamente en sus especies y sustancias.
7
Entonces, pues, también el mismo sermón toma su especie y ornato, sonido y voz, cuando dice Dios:' Hágase la luz'. Esta es la natividad perfecta del sermón, mientras procede de Dios. Creado por él primero para el pensamiento en nombre de la Sofía:' El Señor me creó al principio de sus caminos para sus obras', luego engendrado para el efecto:' Cuando preparaba el cielo, yo estaba allí con él', desde entonces, haciéndose Padre para sí, de quien al proceder se hizo Hijo, primogénito, como engendrado antes de todas las cosas, y unigénito, como engendrado solo de Dios, propiamente del vientre de su corazón, según lo que el mismo Padre testifica:' Mi corazón ha eructado un sermón excelente'. A quien después, deleitándose, se deleita igualmente en su persona:' Tú eres mi Hijo', dice,' yo hoy te he engendrado', y:' Antes del lucero te engendré'. Así también el Hijo, desde su propia persona, profesa al Padre en nombre de la Sofía:' El Señor me creó al principio de sus caminos para sus obras; antes de todos los collados me engendró'. Pues si aquí ciertamente la Sofía parece decir que fue creada por el Señor para sus obras y caminos, pero en otro lugar se muestra a través del sermón que todas las cosas fueron hechas y sin él nada fue hecho, como también de nuevo:' Por su sermón fueron confirmados los cielos y por su espíritu todas sus fuerzas', ciertamente por ese espíritu que estaba en el sermón, aparece que es una y la misma fuerza, ahora en nombre de la Sofía, ahora en apelación de sermón, la que recibió el principio de los caminos en las obras de Dios y la que confirmó el cielo, por la cual todas las cosas fueron hechas y sin la cual nada fue hecho. Y no más sobre esto, como si no fuera el mismo sermón, tanto en nombre de la Sofía como de la razón y de todo ánimo y espíritu divino, el que se hizo Hijo de Dios, de quien al salir fue engendrado. Entonces, dices,¿ das que el sermón es alguna sustancia, construida por la tradición del espíritu y de la Sofía? Claramente. Pues no quieres que tenga sustancia en la realidad mediante la propiedad de la sustancia, para que no pueda parecer una cosa y una persona, y así el segundo constituido por Dios tome el hacer dos, al Padre y al Hijo, a Dios y al sermón. Pues,¿ qué es, dices, el sermón, sino voz y sonido de la boca y, como enseñan los gramáticos, aire golpeado, inteligible al oído, por lo demás un no sé qué vacío e inane e incorpóreo? Pero yo no digo que de Dios haya podido salir nada inane y vacío, para que no sea proferido de lo inane y vacío, ni carecer de sustancia lo que procedió de tanta sustancia y creó tantas sustancias; pues él mismo creó también las cosas que fueron hechas por él.¿ O cómo es que no es nada él mismo, sin quien nada fue hecho, para que lo inane haya operado cosas sólidas y lo vacío cosas llenas y lo incorpóreo cosas corporales? Pues aunque a veces puede hacerse algo diferente de aquello por lo que se hace, nada, sin embargo, puede hacerse por lo que es vacío e inane.¿ Si es una cosa vacía e inane el sermón de Dios, que ha sido llamado Hijo?¿ Que él mismo ha sido llamado Dios?' Y el sermón estaba junto a Dios, y Dios era el sermón'. Está escrito:' No tomarás el nombre de Dios en vano'. Este ciertamente es el que, constituido en la figura de Dios, no consideró un robo ser igual a Dios.¿ En qué figura de Dios? Ciertamente en alguna, no, sin embargo, en ninguna. Pues,¿ quién negará que Dios es cuerpo, aunque Dios es espíritu? Pues el espíritu es cuerpo de su género en su propia figura. Pero si también aquellas cosas invisibles, cualesquiera que sean, tienen junto a Dios tanto su cuerpo como su forma, por los cuales son visibles solo para Dios,¿ cuánto más lo que ha sido emitido de su propia sustancia no será sin sustancia? Cualquier sustancia que haya sido, pues, la del sermón, esa digo que es persona y a ella reivindico el nombre de Hijo y, mientras reconozco al Hijo, defiendo al segundo desde el Padre.
8
Aquí, si alguien pensara que introduzco alguna probolé, es decir, una prolación de una cosa de otra, lo que hace Valentín, produciendo un Eón tras otro de un Eón, primero te diré: no por ello la verdad no usa esta palabra y la cosa y su censo, porque también la herejía la use; es más, la herejía más bien tomó de la verdad lo que construiría para su mentira.¿ Fue proferido el sermón de Dios o no? Fija aquí tu paso conmigo. Si fue proferido, reconoce la probolé de la verdad, y que la herejía se las arregle si ha imitado algo de la verdad. Ya ahora se pregunta quién y cómo usa alguna cosa y su palabra. Valentín distingue y separa sus probolas del autor y las pone tan lejos de él que el Eón no conoce al Padre; en fin, desea conocerlo y no puede, es más, casi es devorado y disuelto en la sustancia restante. Entre nosotros, sin embargo, solo el Hijo conoce al Padre y él mismo ha expuesto el seno del Padre y ha oído y visto todas las cosas junto al Padre y las cosas que le fueron mandadas por el Padre, esas también habla; ni cumplió su voluntad, sino la del Padre, la cual conocía de cerca, es más, desde lo íntimo. Pues,¿ quién conoce las cosas que están en Dios, sino el espíritu que está en él? El sermón, sin embargo, está construido por el espíritu, y por decirlo así, el cuerpo del sermón es el espíritu. El sermón, por tanto, está siempre en el Padre, como dice:' Yo en el Padre', y siempre junto a Dios, como está escrito:' Y el sermón estaba junto a Dios', y nunca separado del Padre, o distinto del Padre, porque:' Yo y el Padre somos uno'. Esta será la probolé de la verdad, guardiana de la unidad, por la cual decimos que el Hijo fue proferido por el Padre, pero no separado. Pues Dios profirió al sermón, tal como también enseña el Paráclito, como la raíz el arbusto, y la fuente el río, y el sol el rayo. Pues también estas especies son probolas de aquellas sustancias de las que proceden. Y no dudaría en decir que el Hijo es el arbusto de la raíz, y el río de la fuente, y el rayo del sol, porque todo origen es padre y todo lo que es proferido del origen es progenie, mucho más el sermón de Dios, que también propiamente recibió el nombre de Hijo. Sin embargo, ni el arbusto se distingue de la raíz, ni el río de la fuente, ni el rayo del sol, así como tampoco el sermón de Dios. Por tanto, según la forma de estos ejemplos, profeso que digo dos, a Dios y a su sermón, al Padre y a su Hijo. Pues también la raíz y el arbusto son dos cosas, pero unidas; y la fuente y el río son dos especies, pero indivisas; y el sol y el rayo son dos formas, pero coherentes. Todo lo que sale de algo es necesario que sea segundo de aquello de lo que sale, no por ello, sin embargo, está separado. Pero donde hay un segundo, hay dos, y donde hay un tercero, hay tres. Pues el tercero es el Espíritu de Dios y del Hijo, como el tercero de la raíz es el fruto del arbusto, y el tercero de la fuente es el arroyo del río, y el tercero del sol es la punta del rayo. Nada, sin embargo, se aliena de la matriz, de la cual deriva sus propiedades. Así, la trinidad, corriendo desde el Padre por grados concertados y conexos, no obstruye en nada a la monarquía y protege el estado de la oikonomia.
9
Mantén en todas partes esta regla que he profesado, por la cual testifico que el Padre, el Hijo y el Espíritu no están separados el uno del otro, y así reconocerás qué y cómo se dice. Pues he aquí que digo que otro es el Padre, y otro el Hijo, y otro el Espíritu— cualquier ignorante o perverso recibe mal este dicho, como si sonara diversidad y de la diversidad extendiera la separación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; sin embargo, digo esto por necesidad, cuando sostienen que el mismo es Padre, Hijo y Espíritu, adulando a la oikonomia de la monarquía—, no, sin embargo, otro el Hijo del Padre por diversidad, sino por distribución; ni otro por división, sino por distinción, porque no son lo mismo el Padre y el Hijo, o uno otro por módulo. Pues el Padre es toda la sustancia, el Hijo, sin embargo, es derivación y porción del todo, como él mismo profesa:' Porque el Padre es mayor que yo'. De quien también es cantado como menor en el salmo,' un poco menor que los ángeles'. Así también el Padre es otro que el Hijo, mientras es mayor que el Hijo, mientras es otro el que engendra, otro el que es engendrado, mientras es otro el que envía, otro el que es enviado, mientras es otro el que hace, otro por quien se hace. Bien, que también el Señor, al usar esta palabra en la persona del Paráclito, no significó división, sino disposición:' Pues rogaré', dice,' al Padre, y enviará otro abogado para vosotros, el Espíritu de verdad', así otro de sí el Paráclito, como nosotros otro Hijo del Padre, para mostrar el tercer grado en el Paráclito, como nosotros el segundo en el Hijo por la observancia de la oikonomia. El mismo hecho de que se llamen Padre e Hijo,¿ no es uno otro que el otro? Pues ciertamente todas las cosas que se llaman, esto serán, y lo que serán, esto se llamarán, y la diversidad de palabras no puede mezclarse en absoluto, porque tampoco las cosas de las que serán las palabras. Es, es, no, no; pues lo que es más que esto, es del mal.
10
Así, como el Padre, también el Hijo es, y como no son lo mismo el día y la noche, tampoco el Padre y el Hijo son lo mismo, para que ambos sean uno y cada uno el otro, lo que quieren estos vanísimos monarquianos.' Él mismo', dicen,' se hizo Hijo a sí mismo'. Y, sin embargo, el Padre hace al Hijo y el Hijo al Padre, y los que se hacen de uno u otro, de ninguna manera pueden hacerse a sí mismos, para que el Padre se haga Hijo a sí mismo y el Hijo se preste a sí mismo como Padre. Lo que Dios instituyó, él mismo también lo guarda. Es necesario que el Padre tenga un Hijo para ser Padre, y el Hijo un Padre para ser Hijo. Otra cosa es, sin embargo, tener, otra ser. Por ejemplo, para que yo sea marido, debo tener esposa, no seré yo mismo mi propia esposa. Así también, para que sea Padre, tendré un Hijo, no seré yo mismo mi propio Hijo, y para que sea Hijo, tendré un Padre, no seré yo mismo mi propio Padre. Pues si tengo las cosas que me hacen, entonces seré: Padre, si tengo un Hijo; Hijo, si tengo un Padre. Por otra parte, si yo mismo fuera algo de ellos, ya no tengo lo que yo mismo seré: ni Padre, porque yo mismo seré Padre, ni Hijo, porque yo mismo seré Hijo. En cuanto, sin embargo, debo tener uno de estos y ser el otro, en tanto, si fuera ambos, no seré el otro, mientras no tengo el otro. Pues si yo mismo fuera el Hijo, que también es Padre, ya no tengo un Hijo, sino que yo mismo soy el Hijo. Al no tener un Hijo, mientras yo mismo soy el Hijo,¿ cómo seré Padre? Pues debo tener un Hijo para ser Padre. No soy, pues, el Hijo, porque no tengo un Padre, que hace al Hijo. Igualmente, si yo mismo soy el Padre, que también es el Hijo, ya no tengo un Padre, sino que yo mismo soy el Padre. Al no tener un Padre, mientras yo mismo soy el Padre,¿ cómo seré el Hijo? Pues debo tener un Padre para ser el Hijo. No seré, pues, el Padre, porque no tengo un Hijo, que hace al Padre. Este será todo el ingenio del diablo, excluir uno del otro, mientras que al concluir ambos en uno bajo el favor de la monarquía, hace que no se tenga ninguno, de modo que ni el Padre sea, quien ciertamente no tiene un Hijo, ni el Hijo sea, quien igualmente no tiene un Padre; mientras que, siendo Padre, no será Hijo, así mantienen la monarquía quienes no contienen ni al Padre ni al Hijo. Pero nada es difícil para Dios:¿ quién no sabe esto? Y:' Las cosas imposibles para el siglo son posibles para Dios':¿ quién lo ignora? Y:' Dios eligió las cosas necias del mundo para confundir a los sabios': leemos todas las cosas.' Por tanto', dicen,' no fue difícil para Dios hacerse a sí mismo Padre e Hijo contra la forma entregada a las cosas humanas. Pues tampoco fue difícil para Dios que una estéril diera a luz contra la naturaleza, así como tampoco una virgen'. Claramente, nada es difícil para Dios. Pero si usamos tan abruptamente esta sentencia en nuestras presunciones, podremos fingir cualquier cosa sobre Dios. Como si lo hubiera hecho, porque pudo hacerlo. No obstante, porque puede hacer todas las cosas, no por ello se debe creer que él hizo también lo que no hizo, sino que hay que investigar si lo hizo. Dios pudo, si hubiera querido, haber instruido al hombre con alas para volar, lo cual concedió a los milanos; no obstante, porque pudo, no por ello lo hizo inmediatamente. Pudo también haber extinguido inmediatamente a Praxeas y a todos los herejes por igual; no obstante, porque pudo, no los extinguió. Por esta razón, habrá algo difícil para Dios, es decir, cualquier cosa que no haya hecho, no porque no haya podido, sino porque no haya querido. Pues el poder de Dios es querer, y el no poder es no querer. Lo que, sin embargo, quiso, y pudo y mostró. Por tanto, porque si hubiera querido hacerse Hijo a sí mismo, pudo, y porque si pudo, lo hizo, entonces probarás que él pudo y quiso, si pruebas que lo hizo.
11
Deberás probar tan abiertamente a partir de las Escrituras, como nosotros probamos, que Él hizo de su propia Palabra su Hijo. Pues si nombra a un hijo, y el hijo no será otro que el que salió de Él mismo, y la Palabra salió de Él mismo, este será el Hijo, no aquel de quien salió. Pues Él mismo no salió de sí mismo. Además, haces que Él haya salido de sí mismo, lo cual, aunque Dios pudo haberlo hecho, no lo hizo. O bien, presenta una prueba, la cual exijo que sea similar a la mía, es decir, que muestre así en las Escrituras al mismo Hijo y al Padre, de la misma manera que entre nosotros se demuestran distintamente el Padre y el Hijo; distintamente, digo, no divididamente. Así como yo presento lo dicho por Dios:' Mi corazón ha eructado una palabra excelente', tú igualmente opón en contra que Dios dijo en algún lugar:' Mi corazón me ha eructado una palabra excelente', para que Él mismo sea quien eructó y lo que eructó, y Él mismo quien produjo y quien fue producido, si Él es tanto la Palabra como Dios. He aquí que yo propongo que el Padre dijo al Hijo:' Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy'. Si quieres que crea que Él mismo es el Padre y el Hijo, muestra que se pronunció así en otro lugar:' El Señor dijo a sí mismo: Yo soy mi Hijo, yo me he engendrado hoy'; por consiguiente también:' Antes del lucero me he engendrado'; y:' El Señor me creó como principio de sus caminos para sus obras, pero antes de todos los collados me engendró', y si hay otras cosas de este modo.¿ A quién temía Dios, Señor del universo, para pronunciar así, si la cosa era así?¿ O temía que no se le creyera si se hubiera pronunciado simplemente a sí mismo como Padre y como Hijo? Sin embargo, temió una sola cosa: mentir— temiendo a sí mismo y a su propia verdad— y por ello, creyendo que Dios es veraz, sé que no pronunció de otra manera a como dispuso, ni dispuso de otra manera a como pronunció. Tú, además, lo harías mentiroso, falaz y engañador de esta fe si, siendo Él mismo su propio Hijo, le diera a otro la persona de hijo, cuando todas las Escrituras muestran tanto la demostración como la distinción de la Trinidad, de las cuales se deduce nuestra prescripción de que no puede ser visto como uno y el mismo quien habla, de quien se habla y a quien se habla, porque ni la perversidad ni la falacia convienen a Dios, de modo que, siendo Él mismo a quien hablaba, hablara a otro más bien y no a sí mismo. Recibe, pues, también otras voces del Padre sobre el Hijo a través de Isaías:' He aquí mi Hijo, a quien elegí, mi amado en quien me complací; pondré mi espíritu sobre Él, y anunciará el juicio a las naciones'. Recibe también las dirigidas a Él mismo:' Es grande para ti que seas llamado mi Hijo para establecer las tribus de Jacob y para convertir la dispersión de Israel; te he puesto como luz de las naciones, para que seas salvación hasta el extremo de la tierra'. Recibe ahora también las voces del Hijo sobre el Padre:' El espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ungió para evangelizar a los hombres'. Asimismo, al Padre en el salmo:' Dios, Señor, no me abandones hasta que anuncie tu brazo a toda la generación venidera'; asimismo en otro:' Señor,¿ por qué se han multiplicado los que me oprimen?'. Pero también casi todos los salmos, que sostienen la persona de Cristo, representan al Hijo hablando al Padre[ es decir, a Cristo hablando a Dios]. Observa también al Espíritu hablando en tercera persona sobre el Padre y el Hijo:' Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies'; asimismo a través de Isaías:' Esto dice el Señor a mi Señor Cristo'; asimismo a través del mismo al Padre sobre el Hijo:' Señor,¿ quién creyó a nuestro anuncio, y a quién fue revelado el brazo del Señor? Anunciamos sobre Él: como un niño, como una raíz en tierra sedienta, y no había en Él forma ni gloria'. Estas son pocas de muchas. Pues no pretendemos desarrollar todas las Escrituras, cuando incluso en los capítulos individuales están atestiguando la plena majestad y autoridad. Tenemos un encuentro mayor en las retractaciones. Así, pues, con estas pocas, aunque manifiestamente, se expone la distinción de la Trinidad: pues es Él mismo quien pronuncia, el Espíritu, y el Padre, a quien pronuncia, y el Hijo, de quien pronuncia. Así también las demás cosas que ahora se pronuncian por el Espíritu al Padre sobre el Hijo o al Hijo, ahora al Hijo sobre el Padre o al Padre, constituyen a cada persona en su propiedad.
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Si todavía te escandaliza el número de la Trinidad como si no estuviera conectada en una unidad simple, pregunto:¿ cómo el único y singular habla en plural:' Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza', cuando debería haber dicho:' Haré al hombre a mi imagen y semejanza', como único y singular? Pero también en lo siguiente:' He aquí que Adán ha sido hecho como uno de nosotros'.¿ Engaña o juega, para que, siendo uno, solo y singular, hablara en plural?¿ O acaso hablaba a los ángeles, como interpretan los judíos, porque ni ellos mismos reconocen al Hijo?¿ O porque Él mismo era Padre, Hijo y Espíritu, por eso, mostrándose plural, hablaba pluralmente a sí mismo? Más bien, porque ya se adhería a Él[ el Hijo], la segunda persona, su Palabra, y la tercera, el Espíritu en la Palabra, por eso pronunció pluralmente' hagamos',' nuestra' y' nosotros'. Pues con aquellos con quienes hacía al hombre y a quienes hacía semejante— al Hijo, ciertamente, que iba a revestirse de hombre, y al Espíritu, en verdad, que iba a santificar al hombre—, hablaba como con ministros y árbitros de la unidad de la Trinidad. Finalmente, la Escritura siguiente distingue entre las personas:'( Y creó) Dios al hombre, a imagen de Dios lo creó'.¿ Por qué no' a su propia imagen', si era uno quien hacía y no había otro a cuya imagen hacía? Pero había otro a cuya imagen hacía, es decir, la del Hijo, quien, habiendo de ser hombre más cierto y verdadero, había hecho que el hombre, que entonces iba a ser formado del limo, fuera llamado imagen y semejanza de la verdad. Pero también en las obras anteriores del mundo,¿ cómo está escrito? Primero, ciertamente, sin que el Hijo apareciera aún:' Y dijo Dios: Hágase la luz, y fue hecha', es decir, la misma Palabra, la luz verdadera que ilumina al hombre que viene a este mundo, y por Él también la luz mundana. Desde entonces, sin embargo, estando presente y administrando la Palabra Cristo, Dios quiso que se hiciera, y Dios hizo:' Y dijo Dios: Hágase el firmamento, y Dios hizo el firmamento';' Y dijo Dios: Hágase las lumbreras, y Dios hizo la lumbrera mayor y la menor'. Pero también las demás cosas, ciertamente, las hizo el mismo que las anteriores, es decir, la Palabra de Dios, por quien todas las cosas fueron hechas y sin quien nada fue hecho. Quien, si Él mismo es también Dios según Juan:' Dios era la Palabra', tienes dos: uno que dice que se haga, otro que hace. Pero cómo debes entender' otro', ya lo he profesado: en nombre de persona, no de sustancia, para distinción, no para división. Por lo demás, aunque mantengo en todas partes una sola sustancia en tres coherentes, sin embargo, debo decir' otro' por necesidad de sentido a aquel que ordena y a aquel que hace. Pues ni ordenaría si Él mismo hiciera mientras ordenaba, que se hiciera por aquel a quien entonces ordenaba, o se ordenaría a sí mismo si fuera uno, o lo haría sin orden, porque no habría esperado a ordenarse a sí mismo.
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Por tanto, dices, si Dios dijo y Dios hizo, si otro Dios dijo y otro hizo, se predican dos dioses. Si eres tan obstinado, piénsalo mientras tanto; y para que pienses esto aún más, recibe también que en el salmo se dicen dos dioses:' Tu trono, oh Dios, es por los siglos; vara de tu reino; amaste la justicia y odiaste la iniquidad: por eso te ungió, oh Dios, tu Dios'. Si habla a Dios, y a un Dios ungido por Dios, afirma también aquí dos dioses. De ahí también Isaías a la persona de Cristo:' Y los sabeos, dice, hombres elevados, pasarán hacia ti y detrás de ti seguirán encadenados de manos y ante ti adorarán, porque en ti está Dios; pues tú eres nuestro Dios, y no lo sabíamos, el Dios de Israel'. Y aquí, en efecto, al decir' Dios en ti' y' tú Dios', propone dos: quien estaba en Cristo y Él mismo. Es más, que también en el Evangelio encontrarás lo mismo:' En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y Dios era la Palabra': uno, quien estaba, y otro, junto a quien estaba. Pero también leo el nombre de Señor en dos:' Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra'. Y Isaías dice esto:' Señor,¿ quién creyó a nuestro anuncio, y a quién fue revelado el brazo del Señor?'. Pues habría dicho' tu brazo', no' del Señor', si no quisiera que se entendiera al Señor Padre y al Señor Hijo. Incluso aún más antiguo, el Génesis:' Y llovió el Señor sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego del cielo desde el Señor'. O niega que esto esté escrito, o¿ quién eres tú para no pensar que debe aceptarse tal como está escrito, especialmente lo que no tiene sentido en alegorías y parábolas, sino en definiciones ciertas y simples? Pero si de aquellas, de las cuales, quienes entonces no soportaban que el Señor se mostrara como Hijo de Dios, para no creer que Él era Dios, recuerda tú con ellos que está escrito:' Yo dije: Vosotros sois dioses e hijos del Altísimo', y:' Se puso Dios en la asamblea de los dioses', para que, si la Escritura no temió llamar dioses a los hombres, hechos hijos de Dios por la fe, sepas que ella con mucho más derecho confirió ese nombre de Dios al verdadero y único Hijo de Dios.' Por tanto', dices,' te provocaré a que hoy también, por la autoridad de esas Escrituras, prediques constantemente dos dioses y dos señores'. Lejos de nosotros. Pues nosotros, que examinamos tanto los tiempos como las causas de las Escrituras por la gracia de Dios, principalmente del Paráclito, no discípulos de hombres, definimos ciertamente dos, el Padre y el Hijo, y ya tres con el Espíritu Santo— según la razón de la economía, que hace el número, para que, como vuestra perversidad infiere, no se crea que el Padre mismo nació y sufrió, lo cual no es lícito creer, puesto que no ha sido transmitido así—, sin embargo, nunca pronunciamos de nuestra boca dos dioses y dos señores, no como si no fueran también el Padre Dios, y el Hijo Dios, y el Espíritu Dios, y cada uno Señor, sino porque por eso antiguamente se predicaban dos dioses y dos señores, para que, cuando hubiera venido Cristo, fuera reconocido tanto Dios como llamado Señor, porque es Hijo de Dios y del Señor. Pues si se encontrara una sola persona tanto de Dios como del Señor en las Escrituras, merecidamente Cristo no habría sido admitido al nombre de Dios y del Señor— pues nadie más era predicado fuera del único Dios y Señor— y habría sucedido que el Padre mismo parecería haber descendido, porque se leía un solo Dios y un solo Señor, y toda su economía se vería ensombrecida, la cual ha sido prevista y dispensada para materia de fe. Pero cuando vino Cristo y fue reconocido por nosotros, que Él mismo, quien había hecho el número antiguamente, hecho segundo por el Padre y tercero con el Espíritu, también el Padre, manifestado más plenamente a través de Él, el nombre de Dios y del Señor ha sido reducido ya a la unión, para que, como las naciones pasaban de la multitud de ídolos al único Dios, también se estableciera la diferencia entre los adoradores de una sola y de una múltiple divinidad. Pues también convenía que los cristianos brillaran en el mundo como hijos de la luz, adorando y nombrando a un solo Dios y Señor, luz del mundo. Por lo demás, si por la conciencia, con la que sabemos que el nombre de Dios y del Señor conviene tanto al Padre como al Hijo y al Espíritu, llamáramos dioses y señores, habríamos extinguido nuestras antorchas, incluso más tímidos ante los martirios, a los cuales se abriría ocasión de escapar, jurando inmediatamente por dioses y señores, como ciertos herejes, cuyos dioses son muchos. Por tanto, no diré dioses ni señores en absoluto, sino que seguiré al apóstol, para que, si el Padre y el Hijo debieran ser nombrados por igual, llame al Padre Dios y nombre a Jesús Cristo Señor. Pero solo a Cristo podré llamar Dios; como el mismo apóstol:' De quienes es Cristo, quien es, dice, Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos'. Pues también al rayo del sol lo llamaré sol por separado; pero nombrando al sol, de quien es el rayo, no llamaré inmediatamente al rayo sol. Pues ni haré dos soles. Sin embargo, contaré tanto al sol como a su rayo como dos cosas y dos especies de una sola e indivisa sustancia, tanto como a Dios y a su Palabra, tanto como al Padre y al Hijo.
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Todavía nos asiste aquella regla a nosotros que defendemos dos, al Padre y al Hijo, que determinó al Dios invisible. Pues cuando Moisés en Egipto había deseado la visión del Señor diciendo:' Si, pues, he hallado gracia ante ti, manifiéstate a mí, para que te vea con conocimiento: No puedes ver mi rostro, dice; pues el hombre no verá mi rostro y vivirá', es decir: morirá quien lo vea. Sin embargo, encontramos que Dios fue visto por muchos y, sin embargo, ninguno de ellos que lo habían visto murió, visto ciertamente[ Dios] según la capacidad de los hombres, no según la plenitud de la divinidad. Pues también los patriarcas son referidos como habiendo visto a Dios, como Abraham y Jacob, y los profetas, como Isaías, como Ezequiel, y sin embargo no murieron. Por tanto, o debieron morir si lo habían visto— pues nadie verá a Dios y vivirá— o, si vieron a Dios y no murieron, la Escritura miente al decir que Dios dijo:' Si el hombre viera mi rostro, no vivirá'. O, si la Escritura no miente, y no presenta a Dios ni invisible ni visible, entonces será otro el que era visto, porque no puede definirse como el mismo el invisible que era visto, y será consecuente que entendamos al Padre invisible por la plenitud de la majestad, y reconozcamos al Hijo visible por el modo de la derivación, así como no nos es lícito contemplar el sol, en cuanto a la suma misma de la sustancia que está en los cielos, pero toleramos su rayo con los ojos por la temperatura de la porción que se extiende desde allí a la tierra. Aquí, por el contrario, alguien querrá sostener que también el Hijo es invisible, como Palabra, como Espíritu, y mientras defiende una sola condición del Padre y del Hijo, confirmar más bien que el Padre y el Hijo son uno y el mismo. Pero hemos dicho que la Escritura patrocina la diferencia mediante la distinción de visible e invisible. Ahora también añadirán a la argumentación que, si el Hijo hablaba entonces a Moisés, Él mismo pronunció que su rostro no es visible para nadie, porque, ciertamente, Él mismo fue el Padre invisible en el nombre del Hijo. Y por esto quieren que se acepte al mismo como visible e invisible, de la misma manera que al mismo como Padre e Hijo, puesto que también un poco antes, antes de que niegue su rostro a Moisés, está escrito que el Señor habló a Moisés cara a cara, como si alguien hablara a su amigo, no menos que Jacob:' Yo vi, dice, a Dios cara a cara'. Por tanto, el visible y el invisible son el mismo; y porque el mismo es ambos, por eso también Él mismo es el Padre invisible, en cuanto que el Hijo es visible. Como si, en verdad, la exposición de la Escritura que hacemos nosotros no correspondiera al Hijo, separado del Padre en su visibilidad. Pues decimos que también el Hijo es invisible en su propio nombre, en cuanto Palabra y Espíritu de Dios, por la condición de la sustancia[ ya ahora y porque Dios es Palabra y Espíritu de Dios], pero que fue visible antes de la carne del modo en que dice a Aarón y a María:' Y si hubiera un profeta entre vosotros, en visión seré conocido por él y en sueño hablaré con él', no como a Moisés:' Boca a boca hablaré con él, en especie', es decir, en verdad, y no en enigma, es decir, no en imagen; así como también el apóstol:' Ahora vemos como por un espejo en enigma, pero entonces cara a cara'. Por tanto, cuando guarda para Moisés su visión y el coloquio cara a cara para el futuro— pues esto se cumplió después en el retiro del monte, como leemos en el Evangelio que Moisés fue visto hablando con Él—, aparece que siempre antiguamente en espejo y enigma y visión y sueño fue visto Dios, es decir, el Hijo de Dios, tanto a los profetas y patriarcas como al mismo Moisés todavía. Y Él mismo, ciertamente, el Señor, si acaso hablaba cara a cara, no obstante, no para que también el hombre viera su rostro, a menos que fuera en espejo, en enigma. Finalmente, si el Señor hubiera hablado así a Moisés, que también Moisés conociera su rostro de cerca,¿ cómo inmediatamente y allí mismo desea ver su rostro, el cual, porque lo había visto, no desearía?¿ Cómo igualmente el Señor niega que su rostro pueda ser visto, el cual había mostrado, si es que lo había mostrado?¿ O cuál es el rostro de Dios, cuya visión se niega? Si era el que fue visto—' Vi, dice Jacob, a Dios cara a cara, y mi alma fue salvada'—, otro debe ser el rostro que, si se ve, mata.¿ O acaso el Hijo ciertamente era visto— aunque de cara, pero esto mismo en visión y sueño y espejo y enigma, porque la Palabra y el Espíritu no pueden ser vistos sino en forma imaginaria—, pero llama a su rostro al Padre invisible?¿ Porque es Padre?¿ No será el rostro del Hijo el nombre de la autoridad, que obtiene engendrado por el Padre? Pues¿ no conviene también decir de alguna persona mayor:' Ese hombre es mi rostro', y:' Me presta su rostro'?' El Padre', dice,' es mayor que yo'. Por tanto, el rostro del Hijo será el Padre. Pues también,¿ qué dice la Escritura?' Su espíritu es la persona Cristo Señor'. Por tanto, si Cristo es la persona del espíritu paterno, merecidamente, de quien era persona el espíritu, es decir, del Padre, pronunció que su rostro era el suyo, por la unidad, ciertamente. Cosa maravillosa, ciertamente, si el Padre puede ser aceptado como rostro del Hijo, quien es su cabeza. Pues la cabeza de Cristo es Dios.
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Si no resolviera este artículo con cuestiones de la Escritura antigua, tomaría del Nuevo Testamento la confirmación de nuestra interpretación, para que no defiendas igualmente en el Padre lo que reputo en el Hijo. He aquí que tanto en los Evangelios como en los apóstoles descubro a Dios visible e invisible bajo una distinción manifiesta y personal de la condición de ambos. Exclama de algún modo Juan:' A Dios nadie lo vio jamás', ciertamente ni antiguamente; pues eliminó la cuestión del tiempo diciendo que Dios nunca fue visto. Confirma también el apóstol sobre Dios:' A quien nadie de los hombres vio, pero ni puede ver', ciertamente porque morirá quien lo vea. Los mismos apóstoles testifican que ellos mismos vieron y tocaron a Cristo. Además, si Él mismo es Cristo, Padre e Hijo,¿ cómo es visto e invisible? Ante esta diversidad de visto e invisible que debe conferirse a uno,¿ quién, por el contrario, no argumentará rectamente que ambos fueron dichos, visible ciertamente en la carne, invisible en verdad antes de la carne, para que el mismo sea el Padre invisible antes de la carne que el Hijo visible en la carne? Pero si el mismo es invisible antes de la carne,¿ cómo se encuentra que fue visto también antiguamente antes de la carne? Igualmente, si el mismo es visible después de la carne,¿ cómo también ahora es pronunciado invisible por los apóstoles? A menos que sea porque otro, a quien, visto antiguamente en enigma, la carne hizo más plenamente visible, es decir, la Palabra, que también fue hecha carne.¿ Otro, a quien nadie vio jamás, el Padre ciertamente, de quien es la Palabra? Finalmente, examinemos a quién vieron los apóstoles.' Lo que vimos', dice Juan,' lo que oímos, con nuestros ojos vimos, y nuestras manos tocaron sobre la Palabra de vida'. Pues la Palabra de vida fue hecha carne. Oída y vista y tocada, porque es carne, quien antes de la carne era solo Palabra, en el principio junto a Dios Padre, no[ Dios] Padre.[ Junto a la Palabra]. Pues aunque Dios es la Palabra, pero, porque es Dios de Dios, junto a Dios, porque con el Padre, junto al Padre.' Y vimos su gloria, como del unigénito del Padre'. Ciertamente del Hijo, ciertamente visible, glorificado por el Padre invisible. Y por eso, puesto que había llamado a la Palabra de Dios Dios, para no ayudar a la presunción de los adversarios, como si hubieran visto al Padre mismo, para distinguir entre el Padre invisible y el Hijo visible, añade por abundancia:' A Dios nadie lo vio jamás'.¿ A qué Dios?¿ A la Palabra? Pero:' Vimos y oímos y tocamos sobre la Palabra de vida', se ha dicho antes.¿ Pero a qué Dios? Ciertamente al Padre, junto a quien la Palabra era Dios.' El unigénito Hijo, quien está en el seno del Padre, Él mismo lo explicó'. Él mismo fue oído y visto y, para que no se creyera que era un fantasma, también tocado. A este también vio Pablo, y sin embargo no vio al Padre.'¿ Acaso', dice,' no vi a Jesús?'. Pero a Cristo, si Él mismo también lo llamó Dios:' De quienes son los padres, y de quienes es Cristo según la carne, quien es Dios sobre todas las cosas bendito por los siglos', muestra también Él mismo al Hijo Dios visible, es decir, la Palabra de Dios, porque quien fue hecho carne fue llamado Cristo. Sobre el Padre, sin embargo, a Timoteo:' A quien nadie de los hombres vio, pero ni puede ver', exagerando más:' Quien solo tiene la inmortalidad y habita una luz inaccesible', de quien también había dicho arriba:' Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al solo Dios', para que también atribuyéramos al Hijo lo contrario: mortalidad, accesibilidad, a quien atestigua muerto según las Escrituras y visto por él mismo últimamente, por la luz ciertamente accesible, aunque ni él mismo la experimentó sin peligro de la luz, ni Pedro y Juan y Santiago sin razón,[ y locura, quienes] creo, habrían muerto allí mismo, si no hubieran sufrido la gloria del Hijo, sino visto al Padre. Pues nadie verá a Dios y vivirá. Si estas cosas son así, consta que siempre fue visto desde el principio quien fue visto al final, y que no fue visto al final quien tampoco fue visto desde el principio, y así que son dos, el visto y el invisible. Por tanto, el Hijo fue visto siempre, y el Hijo conversó siempre, y el Hijo obró siempre, por autoridad y voluntad del Padre, porque el Hijo nada puede hacer por sí mismo, a menos que vea al Padre haciendo, en el sentido ciertamente haciendo. Pues el Padre actúa con sentido, el Hijo, que está en el sentido del Padre, viendo perfecciona. Así todas las cosas fueron hechas por el Hijo y sin Él nada fue hecho.
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Y no pienses que solo las obras del mundo fueron hechas por el Hijo, sino también las que fueron realizadas por Dios desde entonces. Pues el Padre, que ama al Hijo y entregó todas las cosas en su mano, ciertamente ama desde el principio y entregó desde el principio, desde que la Palabra estaba junto a Dios y Dios era la Palabra. A quien le fue dada toda potestad por el Padre en los cielos y en la tierra;' el Padre no juzga a nadie, sino que todo juicio entregó al Hijo', desde el principio, sin embargo. Pues diciendo toda potestad y:' todo juicio y todas las cosas fueron hechas por Él y todas las cosas entregadas en su mano', no permite ninguna excepción de tiempo, porque todas las cosas no serán, si no todas hubieran sido de tiempo. Por tanto, el Hijo es quien también desde el principio juzgó, derribando la torre más soberbia y dispersando las lenguas, castigando al orbe entero con la violencia de las aguas. Lloviendo sobre Sodoma y Gomorra fuego y azufre, Dios de Dios. Pues Él mismo también descendió siempre a los coloquios humanos, desde Adán hasta los patriarcas y profetas, en visión, en sueño, en espejo, en enigma, preparando su orden desde el principio, siempre a quien iba a perseguir al final. Así siempre aprendía, y Dios, a conversar en la tierra con los hombres, no otro que la Palabra, que iba a ser carne; aprendía, sin embargo, para preparar la fe para nosotros, para que creyéramos más fácilmente que el Hijo de Dios descendió al siglo, cuando también antiguamente conociéramos que tal cosa fue realizada. Pues por nosotros, tal como están escritas, así también fueron realizadas, en quienes han llegado los fines de los siglos. Así también conocía ya entonces los afectos humanos, habiendo de asumir también las sustancias mismas del hombre, carne y alma, preguntando a Adán como si no supiera:'¿ Dónde estás, Adán?'; arrepintiéndose de haber hecho al hombre, como si no previera; tentando a Abraham, como si ignorara qué hay en el hombre; ofendido, reconciliado con los mismos, y si hay otras cosas que los herejes aprehenden como indignas de Dios para la destrucción del Creador, ignorando que estas cosas convenían al Hijo, quien también iba a sufrir las pasiones humanas y la sed y el hambre y las lágrimas y la misma natividad y la misma muerte, por esto disminuido por el Padre un poco por debajo de los ángeles. Pero las cosas que los herejes ciertamente ni siquiera atribuirán que convienen al Hijo de Dios, tú las induces al Padre mismo, como si Él mismo se hubiera disminuido por nosotros, cuando la Escritura dice que uno fue disminuido por otro, no Él mismo por sí mismo. Pero si otro es quien era coronado con gloria y honor, otro quien coronaba, coronaba ciertamente el Padre al Hijo. Por lo demás,¿ qué es que aquel Dios omnipotente invisible, a quien nadie de los hombres vio ni puede ver, aquel que habita la luz inaccesible, aquel que no habita en hechos por manos, de cuya visión la tierra tiembla, los montes se derriten como cera, que agarra todo el orbe con la mano como un nido, para quien el cielo es trono y la tierra estrado, en quien todo lugar, no Él mismo en lugar, que es la línea extrema del universo, aquel altísimo, haya paseado en el paraíso al atardecer, buscando a Adán, y haya cerrado el arca después de la entrada de Noé, y haya descansado junto a Abraham bajo la encina, y haya llamado a Moisés desde la zarza ardiente, y haya aparecido cuarto en el horno del rey de Babilonia? Aunque es llamado Hijo del hombre y en imagen y espejo y enigma ciertamente también estas cosas, ni siquiera debieron ser creídas sobre el Hijo de Dios, si no estuvieran escritas, tal vez no debieron ser creídas sobre el Padre, aunque escritas, a quien estos llevan al vientre de María y ponen en el tribunal de Pilato y esconden en los monumentos de José. De aquí, pues, aparece el error de ellos. Pues ignorando que desde el principio todo el orden de la disposición divina ha transcurrido por el Hijo, creen que el Padre mismo fue visto y conversó y obró y sufrió sed y hambre— contra el profeta que dice:' Dios eterno no tendrá sed ni hambre en absoluto:¿ cuánto más no morirá ni será sepultado?'— y así, que un solo Dios ha hecho siempre, es decir, el Padre, lo que fue realizado por el Hijo.
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Existimaron más fácilmente que el Padre vino en nombre del Hijo que el Hijo en el del Padre, diciendo el mismo Señor:' Yo vine en nombre de mi Padre', asimismo al mismo Padre:' Tu nombre manifesté a los hombres', diciendo también la Escritura:' Bendito el que viene en nombre del Señor', ciertamente el Hijo en nombre del Padre. Pero el nombre del Padre: Dios omnipotente, Altísimo, Señor de las virtudes, Rey de Israel, quien es. En la medida en que las Escrituras enseñan así, decimos que estas cosas también convinieron al Hijo y que en estas vino el Hijo y en estas obró siempre y así las manifestó en sí mismo a los hombres.' Todas las cosas', dice,' del Padre son mías'.¿ Por qué no también los nombres? Cuando, pues, lees Dios omnipotente y Altísimo y Dios de las virtudes y Rey de Israel y quien es, mira no sea que por estas se demuestre también el Hijo, por su derecho Dios omnipotente, como Palabra de Dios omnipotente y porque recibió la potestad de todas las cosas, Altísimo, porque fue exaltado por la diestra de Dios, como Pedro predica en los Hechos, Señor de las virtudes, porque todas las cosas le están sujetas por el Padre, Rey de Israel, porque le cayó propiamente la suerte de esta gente, asimismo quien es, puesto que muchos[ hijos] son llamados y no son. Si, sin embargo, quieren que también el nombre del Padre sea de Cristo, lo oirán en su lugar. Mientras tanto, aquí me sea pronta la respuesta contra lo que también presentan de la Apocalipsis de Juan:' Yo soy el Señor, quien es y quien fue y quien viene, omnipotente', y dondequiera en otro lugar no piensan que la apelación de Dios omnipotente convenga también al Hijo. Como si quien ha de venir no fuera omnipotente, cuando también el Hijo del omnipotente es tan omnipotente como Dios Hijo de Dios.
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Pero para que no perciban fácilmente esta comunión de nombres paternos en el Hijo, las Escrituras los perturban cuando establecen que Dios es único, como si no hubiera propuesto también a dos dioses y dos señores, tal como demostramos arriba. Por tanto, dicen:' puesto que encontramos dos y uno, ambos son uno y el mismo, tanto el Hijo como el Padre'. Sin embargo, la Escritura no corre peligro de que tú la socorras con tu argumentación para que no parezca contradecirse. Tiene su lógica tanto cuando establece que Dios es único como cuando muestra a dos, el Padre y el Hijo, y se basta a sí misma. Es evidente que el Hijo es nombrado por ella. Pues, a salvo el Hijo, rectamente puede haber determinado que Dios es único, de quien es Hijo. Pues no deja de ser único aquel que tiene un Hijo, ciertamente bajo su propio nombre, siempre que es nombrado sin el Hijo. Pero es nombrado sin el Hijo cuando se determina principalmente como la primera persona, que debía proponerse antes del nombre del Hijo, porque el Padre es conocido antes y el Hijo es nombrado después del Padre. Por tanto, el Padre es el único Dios, y no hay otro fuera de él. Al afirmar esto, él mismo no niega al Hijo, sino a otro dios. Por lo demás, el Hijo no es otro distinto del Padre. En fin, examina las secuencias de tales pronunciamientos y encontrarás que su definición pertenece casi siempre a los hacedores y adoradores de ídolos, para que la unidad de la divinidad expulse la multitud de dioses falsos, teniendo, no obstante, al Hijo. Cuanto más indivisible e inseparable del Padre, tanto más debe ser reputado en el Padre, aunque no sea nombrado. Y, sin embargo, si lo hubiera nombrado, lo habría separado, diciendo así:' no hay otro fuera de mí, excepto mi Hijo'. Pues habría hecho al Hijo otro, a quien habría exceptuado de los otros. Imagina que el sol dijera:' Yo soy el sol, y no hay otro fuera de mí, excepto mi rayo':¿ no habrías señalado la vanidad, como si el rayo no fuera reputado en el sol? Por tanto, que no hay otro dios fuera de sí mismo, esto es a causa de la idolatría tanto de las naciones como de Israel; también a causa de los herejes, quienes, así como las naciones fabrican ídolos con las manos, ellos los fabrican con palabras, es decir, otro dios y otro Cristo. Por tanto, incluso cuando se pronunciaba como uno, el Padre se ocupaba del Hijo, para que no se crea que Cristo ha venido de otro dios, sino de aquel que había predicho:' Yo soy Dios y no hay otro fuera de mí', quien se muestra como único, pero con el Hijo, con quien extendió el cielo solo.
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Si algunos también toman este dicho suyo como argumento de singularidad,' extendí', dice,' el cielo solo', en cuanto a las otras virtudes solo, preparando contra las conjeturas de los herejes, que quieren que el mundo haya sido construido por ángeles y potestades diversas, quienes también hacen al mismo creador o un ángel o alguien ignorante, adornado para otras cosas que están fuera, como las obras del mundo. O si así extendió el cielo solo,¿ cómo presumen estos herejes en sentido perverso, como si no se admitiera la singularidad, esa Sabiduría que dice:' cuando preparaba el cielo, yo estaba allí con él'? Y Isaías dijo:'¿ quién conoció el sentido del Señor y quién fue su consejero?'. Ciertamente, aparte de la Sabiduría, que estaba con él, sin embargo, en él mismo, y con él componía todas las cosas, no ignorando lo que hacía. Pero aparte de la Sabiduría, dice aparte del Hijo, quien es, según el apóstol, la Sabiduría y la Virtud de Dios, el único que conoce el sentido del Padre. Pues,¿ quién conoce lo que hay en Dios, sino el Espíritu que está en él? No el que está fuera de él. Por tanto, estaba aquel que no solo hacía a Dios, a menos que solo de los otros. Pero también se rechaza el Evangelio, que dice que todas las cosas fueron hechas por el Verbo de Dios y sin él nada fue hecho. Si no me equivoco, también está escrito en otra parte:' por su palabra fueron afirmados los cielos, y por su espíritu toda su virtud'. Y el Verbo, la virtud y la Sabiduría de Dios, él mismo será el Hijo. Así, si todas las cosas son por el Hijo, extendiendo también el cielo por el Hijo, no lo extendió solo, a menos que por esa razón por la cual solo de los otros. Y así, inmediatamente habla del Hijo:'¿ quién otro derribó las señales de los ventrílocuos y las adivinaciones del corazón, volviendo atrás a los sabios y desvaneciendo su consejo?', estableciendo las palabras de su Hijo. Diciendo ciertamente:' este es mi Hijo amado, a él escuchad'. Así, añadiendo al Hijo, él mismo es el intérprete de cómo extendió el cielo solo, es decir, solo con el Hijo, así como uno con el Hijo. Por consiguiente, también será voz del Hijo:' extendí el cielo solo'. Porque por el Verbo fueron confirmados los cielos, porque por la Sabiduría que asistía al Verbo fue preparado el cielo y todas las cosas fueron hechas por el Verbo, compete también que el Hijo solo extendió el cielo, quien solo ministró a la operación del Padre. El mismo será quien diga:' yo el primero, y en lo venidero yo soy'. Primero ciertamente de todas las cosas el Verbo:' en el principio era el Verbo', en cuyo principio fue proferido por el Padre. Por lo demás, el Padre, no teniendo principio, como no proferido por nadie, como innato, no puede ser visto como primero. Quien fue solo siempre, no pudo tener orden. Por tanto, si por eso pensaron que se debe creer que el mismo es Padre e Hijo, para defender que Dios es uno, está a salvo la unión de aquel que, siendo uno, tiene también un Hijo, igualmente comprendido él mismo por las mismas Escrituras. Si no quieren que el Hijo sea reputado como segundo respecto al Padre, para que el segundo no haga que se digan dos dioses, hemos mostrado también que en la Escritura se relatan dos dioses y dos señores: y, sin embargo, para que no se escandalizaran por esto, dimos la razón por la cual no se dicen dos dioses ni dos señores, sino por la cual el Padre y el Hijo son dos, y esto no por separación de sustancia, sino por disposición, cuando proclamamos al Hijo indivisible e inseparable del Padre, y no otro por estado, sino por grado, quien, aunque se diga Dios, cuando se nombra singular, no por ello hace dos dioses, sino uno, por esto mismo, que también tiene que ser llamado Dios por la unidad del Padre.
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Pero todavía hay que esforzarse en refutar sus argumentaciones, si extraen algo de las Escrituras para su opinión, no queriendo mirar las otras cosas, que también ellas guardan la regla, y ciertamente a salvo el estado de la unión de la divinidad y de la monarquía. Pues así como en los antiguos no sostienen otra cosa que:' yo soy Dios y no hay otro fuera de mí', así en el Evangelio defienden la respuesta del Señor a Felipe:' yo y el Padre somos uno' y:' quien me ha visto, ha visto al Padre' y' yo en el Padre y el Padre en mí'. Quieren que todo el instrumento de ambos testamentos ceda ante estos tres capítulos, cuando conviene entender los pocos según los muchos. Pero esto es propio de todos los herejes. Pues porque son pocos los que pueden encontrar en la selva, defienden los pocos contra los muchos y aceptan los posteriores contra los anteriores. La regla, sin embargo, de toda cosa constituida desde el principio, prescribe en los anteriores y en los muchos, y ciertamente también en los posteriores y en los pocos.
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Mira, pues, cuántas cosas te prescriben también en el Evangelio antes de la consulta de Felipe y antes de toda tu argumentación. Y en primer lugar, el mismo prefacio del evangelista Juan demuestra lo que había sido atrás aquel que había de hacerse carne:' en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba ante Dios, y el Verbo era Dios; este estaba en el principio ante Dios; todas las cosas fueron hechas por él y sin él nada fue hecho'. Pues si no es lícito aceptar estas cosas de otra manera que como están escritas, sin duda se muestra otro que fue desde el principio, otro ante quien estuvo, otro el Verbo de Dios, otro Dios— aunque también el Verbo es Dios, pero en cuanto Hijo de Dios, no en cuanto Padre—, otro por quien todas las cosas, otro de quien todas las cosas. Pero cómo digamos' otro', ya lo hemos expuesto a menudo: por lo cual decimos' otro', es necesario que no sea el mismo; pero' no el mismo' no como separado: otro por disposición, no por división. Este, pues, se hizo carne, no aquel de quien era el Verbo. La gloria de este fue vista como la del único del Padre, no como la del Padre. Este único explicó el seno del Padre. No el Padre su propio seno. Pues precede:' a Dios nadie lo vio jamás'. El mismo es designado también como Cordero de Dios por Juan, no aquel de quien se dice. Ciertamente siempre Hijo de Dios, pero no aquel de quien es Hijo. Esto lo sintió Natanael inmediatamente, así como en otra parte Pedro:' tú eres el Hijo de Dios'. Esto también él mismo confirma que ellos lo sintieron rectamente, respondiendo a Natanael:'¿ porque dije: te vi bajo la higuera, por eso crees?', y afirmando que Pedro era bienaventurado, a quien no la carne ni la sangre le habían revelado lo que había sentido, sino el Padre que está en los cielos. Con cuyo dicho estableció la distinción de ambas personas: la del Hijo en la tierra, a quien Pedro había reconocido como Hijo de Dios, y la del Padre que está en los cielos, quien le había revelado a Pedro lo que Pedro había reconocido. Cuando entró en el templo, llama al templo del Padre, como Hijo. Cuando dice a Nicodemo:' así', dice,' amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna'. Y de nuevo:' pues no envió Dios a su Hijo al mundo para que juzgue al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él; el que crea en él no es juzgado; el que no crea en él ya ha sido juzgado, porque no creyó en el nombre del único Hijo de Dios'. Juan, sin embargo, cuando preguntaban quién era Jesús, por qué bautizaba:' el Padre', dice,' ama al Hijo y todas las cosas entregó en su mano; el que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que no cree en el Hijo de Dios no verá a Dios, sino que la ira de Dios permanecerá sobre él'.¿ A quién, pues, mostró a la samaritana? Si al Mesías, que es llamado Cristo, ciertamente se demostró a sí mismo como Hijo, no como Padre, quien también en otra parte es llamado Cristo, Hijo de Dios, no Padre. Desde entonces a los discípulos:' mío es', dice,' hacer la voluntad de aquel que me envió, para que consuma su obra'. Y a los judíos sobre la sanidad del paralítico:' mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo'. El Padre y yo, el Hijo, dice. En fin, por esto los judíos querían matarlo más, no tanto porque violaba el sábado, sino porque decía que Dios era su Padre, igualándose a Dios. Entonces, pues, les decía:' el Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que vea hacer al Padre; pues las cosas que él hace, las mismas hace también el Hijo. Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que él hace, y le mostrará obras mayores que estas, para que vosotros os maravilléis. Pues como el Padre resucita a los muertos y vivifica, así también el Hijo vivifica a los que quiere. Pues ni el Padre juzga, sino que todo juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre, que envió al Hijo. Amén, amén os digo. Que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a juicio, sino que pasa de la muerte a la vida. Amén os digo, que vendrá la hora en que los muertos escucharán la voz del Hijo de Dios, y cuando escuchen, vivirán. Pues como el Padre tiene vida eterna en sí mismo, así también dio al Hijo tener vida eterna en sí mismo, y le dio juicio para hacer en potestad, porque es Hijo del hombre, por la carne ciertamente, así como Hijo de Dios por su espíritu'. Todavía añade:' yo, sin embargo, tengo un testimonio mayor que el de Juan; pues las obras que el Padre me dio para consumar, esas mismas dan testimonio de mí, que el Padre me envió; y el Padre que me envió, él mismo dio testimonio de mí'. Añadiendo, sin embargo:' ni su voz habéis escuchado jamás ni su forma habéis visto', confirma que atrás no era el Padre, sino el Hijo quien era visto y escuchado. En fin, dice:' yo vine en nombre de mi Padre, y no me recibisteis'. Hasta tal punto siempre el Hijo estaba en nombre de Dios y del Rey y del Señor omnipotente y del Altísimo. A los que preguntaban qué debían hacer, respondió:' que creáis en aquel que Dios envió'. También se afirma a sí mismo como el pan que el Padre prestaba desde el cielo; por tanto, todo lo que el Padre le diera, venir a él, y que él no lo rechazaría, porque había descendido del cielo, no para hacer su voluntad, sino la del Padre; la voluntad, sin embargo, del Padre es que el que vea al Hijo y crea en él, obtenga vida y resurrección: por lo demás, que nadie puede venir a él, a menos que el Padre lo traiga; todo, sin embargo, el que hubiera escuchado y aprendido del Padre, venir a él, no como si alguien hubiera visto al Padre, añadiendo también aquí, para mostrar que era el Verbo del Padre por quien se hacen doctos. Pero cuando se apartan de él muchos y ofrece a sus apóstoles, si quieren apartarse ellos también,¿ qué respondió Simón Pedro?'¿ a dónde nos vamos? tienes palabras de vida, y nosotros creemos que tú eres el Cristo'.¿ Que él es el Padre o el del Padre?
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Pero¿ de quién dice que es la doctrina por la que se maravillaban?¿ La suya o la del Padre? Igualmente, dudando entre ellos si él mismo era el Cristo, ciertamente no el Padre, sino el Hijo:' y me conocéis', dice,' de dónde soy; y no vine por mí mismo, sino que es verdadero aquel que me envió, a quien vosotros no conocéis; yo lo conozco, porque estoy junto a él'. No dijo' porque yo mismo soy' y' yo mismo me envié', sino' él me envió'. Asimismo, cuando los fariseos habían enviado a prenderlo:' un poco de tiempo todavía', dice,' estoy con vosotros y voy a aquel que me envió'. Pero cuando niega estar solo—' sino yo', dice,' y el Padre que me envió'—¿ no demuestra a dos, tan dos como inseparables? Es más, todo esto era lo que enseñaba: que los dos son inseparables. Puesto que también proponiendo la ley que confirma el testimonio de dos hombres, añade:' yo doy testimonio de mí mismo, y da testimonio de mí el Padre que me envió'. Pero si fuera uno, siendo el mismo Hijo y Padre, no usaría el patrocinio de la ley que impone fe no por el testimonio de uno, sino de dos. Asimismo, preguntado dónde estaba el Padre, respondiendo que ni él ni el Padre eran conocidos por ellos, dijo que dos eran desconocidos, porque, si conocieran a él, conocerían al Padre, no ciertamente como si él mismo fuera Padre e Hijo, sino porque por la indivisibilidad ni puede ser reconocido ni ignorado uno sin el otro. Interpretando la Escritura desde fuera que ellos no habían conocido lo que había dicho sobre el Padre—' quien me envió', dice,' es veraz, y yo las cosas que escuché de él, esas también hablo al mundo'— cuando ciertamente debían haber conocido que los sermones del Padre estaban en el Hijo, leyendo en Jeremías:' y me dijo el Señor: he aquí que puse mis sermones en tu boca' y en Isaías:' el Señor me da lengua de disciplina para conocer cuándo conviene decir el sermón', así como él mismo de nuevo:' entonces', dice,' conoceréis que yo soy y que no hablo nada por mí mismo, sino como me enseñó el Padre, así también hablo, porque también el que me envió está conmigo', y esto para testimonio de dos indivisibles. Asimismo, en la altercación de los judíos, reprochando que querían matarlo:' yo', dice,' hablo las cosas que vi junto a mi Padre, y vosotros hacéis lo que visteis junto a vuestro padre', y:' ahora queréis matar a un hombre que os ha dicho la verdad, que escuchó de Dios', y:' si Dios fuera vuestro Padre, me habríais amado; pues yo salí de Dios y vine'. Y, sin embargo, no separamos, aunque haya dicho que salió, como algunos aprovechan la ocasión de este dicho; pues salió del Padre como el rayo del sol, como el arroyo de la fuente, como el brote de la semilla— y:' yo no tengo demonio, sino que honro a mi Padre', y:' si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no es nada; hay quien me glorifique, el Padre, a quien vosotros decís que es vuestro Dios y no lo conocéis; pero yo lo conozco. Y si dijera: no lo conozco, seré mentiroso como vosotros; pero lo conozco y guardo su sermón'. Y cuando añade:' Abraham vio mi día y se alegró', ciertamente demuestra al Hijo de Abraham visto atrás, no al Padre. Asimismo, sobre aquel ciego, dice que debe hacer las obras del Padre, a quien después de la restitución de las luces:'¿ tú', dice,' crees en el Hijo de Dios?'. Y al que preguntaba quién era ese, demostrándose a sí mismo, ciertamente demostró al Hijo, de quien había dicho que se debía creer. De ahí se profesa conocido por el Padre y el Padre por él y por eso amado por el Padre, porque pone su alma, porque había recibido este precepto del Padre. Y preguntado por los judíos si él mismo era el Cristo— ciertamente de Dios, pues hasta el día de hoy los judíos esperan al Cristo de Dios, no al mismo Padre, porque nunca se escribió que el Padre vendría—:' os hablo', dice,' y no creéis; las obras que yo hago en nombre del Padre, ellas mismas dan testimonio de mí'.¿ Qué testimonio? Ciertamente ser él mismo de quien preguntaban, es decir, el Cristo de Dios. También sobre sus ovejas, que nadie las arrebataría de su mano,' pues el Padre', dice,' lo que me dio es mayor que todo, y yo y el Padre somos uno'. Aquí, pues, ya quieren fijar el paso los necios, es más, los ciegos, que no vean primero que' yo y el Padre' es significación de dos, después en lo último' somos' no es de la persona de uno, lo cual se dijo pluralmente, entonces, que' somos uno', no' somos uno'[ singular] dice. Pues si hubiera dicho:' somos uno'[ singular], podría haber ayudado a su opinión; pues uno parece ser significación del número singular. Además, cuando dice' uno' de dos del género masculino con un verbo neutro, lo cual no pertenece a la singularidad, sino a la unidad, a la semejanza, a la conjunción, al amor del Padre, que ama al Hijo, y a la obediencia del Hijo, que obedece a la voluntad del Padre, diciendo' somos uno', yo y el Padre, muestra que son dos, a quienes iguala y une. Hasta tal punto añade también que mostró muchas obras del Padre, de las cuales ninguna merecía ser apedreado, y para que no pensaran que por eso debían apedrearlo, como si hubiera querido que se entendiera que él mismo era Dios, es decir, el Padre, porque había dicho:' yo y el Padre somos uno', mostrándose como Hijo de Dios, Dios. No como el mismo Dios, si en la ley, dice, está escrito:' yo dije, vosotros sois dioses', y no puede ser disuelta la Escritura,¿ a aquel a quien el Padre santificó y envió al mundo vosotros decís que blasfema, porque dijo: soy Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no creáis; si, sin embargo, las hago y no queréis creer en mí, creed al menos por las obras; y sabed que yo estoy en el Padre y el Padre en mí'. Por las obras, pues, estará el Padre en el Hijo, y el Hijo en el Padre; y así por las obras entendemos que el Padre y el Hijo son uno. Hasta tal punto perseveraba en introducir todo esto, para que, sin embargo, se creyera en dos en una virtud. Porque de otra manera no se podría creer en el Hijo, a menos que se creyera en dos.
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Después de esto, sin embargo, Marta, confesándolo como Hijo de Dios, no erró más que Pedro y Natanael; aunque, incluso si hubiera errado, habría aprendido inmediatamente. Pues he aquí que, para resucitar a su hermano de entre los muertos, el Señor, mirando al cielo y al Padre:' Padre', dice— ciertamente el Hijo—,' te doy gracias porque siempre me escuchas: por estas turbas que rodean dije, para que crean que tú me enviaste'. Pero también en la conturbación del alma:'¿ y qué diré? Padre', dice,' sálvame de esta hora: y, sin embargo, por esto vine a esta hora; pero, Padre, glorifica tu nombre', en el cual estaba el Hijo:' yo', dice,' vine en nombre del Padre'. De ahí— ciertamente había bastado la voz del Hijo al Padre— he aquí que desde la abundancia responde el Padre desde el cielo: al Hijo atestigua:' este es mi Hijo amado, en quien me complací, escuchadlo'. Así también esto:' glorifiqué y glorificaré de nuevo'.¿ Cuántas personas te parecen, perversísimo Praxeas, sino cuántas y voces? Tienes al Hijo en la tierra, tienes al Padre en los cielos. No es separación esa, sino disposición divina. Por lo demás, sabemos que Dios está incluso dentro de los abismos y consiste en todas partes, pero por fuerza y potestad, y al Hijo, como indivisible, con él en todas partes. Sin embargo, en la misma economía el Padre quiso que el Hijo fuera tenido en la tierra, él, sin embargo, en los cielos, hacia donde también el mismo Hijo mirando oraba y pedía al Padre, hacia donde también nos enseñaba a orar erguidos:' Padre nuestro, que estás en los cielos'. Aunque está en todas partes, el Padre quiso esta sede suya:' mi trono'. Minoró al Hijo un poco por debajo de los ángeles, enviándolo a la tierra, para coronarlo, sin embargo, con gloria y honor, resumiéndolo en los cielos. Esto ya se lo preparaba diciendo:' y glorifiqué y glorificaré'. Pide el Hijo desde las tierras, promete el Padre desde los cielos.¿ Por qué haces mentiroso tanto al Padre como al Hijo? Si o el Padre hablaba desde los cielos al Hijo, cuando él mismo era el Hijo junto a las tierras, o el Hijo oraba al Padre, cuando él mismo era el Padre junto a los cielos,¿ qué es que el Hijo pidiera a sí mismo pidiendo al Padre, si el Hijo era el Padre, o de nuevo el Padre se prometiera a sí mismo prometiendo al Hijo, si el Padre era el Hijo? Para que así dijéramos que dos están divididos, como alardeáis, era más tolerable decir que dos están divididos que predicar a un Dios versátil. Por tanto, a estos entonces el Señor pronunció:' no por mí vino esta voz, sino por vosotros, para que crean también estos tanto al Padre como al Hijo en sus nombres y personas y lugares cada uno'. Pero todavía exclama Jesús y dice:' el que cree en mí, no cree en mí, sino que cree en aquel que me envió'— porque por el Hijo se cree en el Padre y la autoridad de creer en el Hijo es el Padre—' y quien me contempla, contempla a aquel que me envió'.¿ Cómo? Porque ciertamente no hablé por mí mismo, sino que el Padre que me envió, él mismo me dio mandato, qué diga y qué hable;— pues el Señor me da lengua de disciplina para conocer cuándo conviene decir el sermón— las cosas que yo hablo, como me dijo el Padre, así también hablo. Cómo se dijeron estas cosas, el evangelista y ciertamente tan querido discípulo Juan lo sabía más que Praxeas, y por eso él mismo sobre su sentido:' antes, sin embargo, de la solemnidad de la pascua', dice,' sabiendo Jesús que todas las cosas le habían sido entregadas por el Padre y que salió de Dios y va a Dios'. Pero Praxeas quiere que el mismo Padre haya salido de sí mismo y se haya ido a sí mismo, para que el diablo haya metido en el corazón de Judas no la traición del Hijo, sino del mismo Padre. Ni al diablo ni al hereje le va bien, porque ni en el Hijo bueno suyo el diablo obró la traición. Pues el Hijo de Dios fue traicionado, quien estaba en el Hijo del hombre, así como la Escritura añade:' ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido glorificado en él'.¿ Qué Dios? Ciertamente no el Padre, sino el Verbo del Padre, que estaba en el Hijo del hombre, es decir, en la carne. En la cual, incluso si glorificado ya— por la virtud y el Verbo— y antes Jesús, y Dios, dice, lo glorificará en sí mismo, es decir, el Padre al Hijo, a quien teniendo en sí mismo, aunque extendido a la tierra, pronto iba a glorificar por la resurrección vencida la muerte.
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Había ciertamente quienes incluso entonces no entendían, puesto que también Tomás estuvo incrédulo durante algún tiempo.' Señor', dice,' no sabemos a dónde vas.¿ Y cómo conocemos el camino?'. Y Jesús:' yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie viene al Padre sino por mí; si me hubierais conocido, habríais conocido también al Padre; pero desde ahora lo conocéis y lo habéis visto'. Y llegamos ya a Felipe, quien excitado por la esperanza de ver al Padre, y no entendiendo cómo había escuchado que el Padre había sido visto:' muéstranos', dice,' al Padre, y nos basta'. Y el Señor:'¿ oh Felipe, tanto tiempo estoy con vosotros y no me habéis conocido?'.¿ A quién dice que debía ser conocido por ellos— pues esto solo debe discutirse— como al Padre, o como al Hijo? Si como al Padre, que enseñe Praxeas que Cristo, habiendo convivido con ellos tanto tiempo, pudo ser, no digo entendido, sino siquiera estimado como el Padre. A nosotros todas las Escrituras, tanto las antiguas como las nuevas, nos definen a Cristo como Hijo de Dios. Esto también se predicaba atrás, esto también era pronunciado por el mismo Cristo, es más, ya también por el mismo Padre, profesando al Hijo delante desde los cielos y glorificando al Hijo:' este es mi Hijo', y:' glorifiqué y glorificaré', esto también era creído por los discípulos, esto también no era creído por los judíos. Queriendo que se creyera esto de él por ellos, a toda hora nombraba al Padre y prefería al Padre y honraba al Padre. Si es así, por tanto, no habían ignorado al Padre que había convivido con ellos tanto tiempo, sino al Hijo; y el Señor, reprochando que él mismo era ignorado, a quien habían ignorado, ciertamente quería que fuera reconocido aquel a quien había reprochado que no era reconocido durante tanto tiempo, es decir, el Hijo. Y puede aparecer ya cómo se dijo:' quien me ve, ve también al Padre', ciertamente como también arriba:' yo y el Padre somos uno';—¿ por qué?—' porque yo salí de Dios y vine'— y:' yo soy el camino, nadie viene al Padre sino por mí'; y:' nadie viene a mí a menos que el Padre lo haya traído'; y:' todas las cosas me entregó el Padre'; y:' como el Padre vivifica, así también el Hijo'; y:' si me habéis conocido, también habéis conocido al Padre'. Pues según estas cosas se había mostrado como vicario del Padre, por quien el Padre era visto en los hechos y escuchado en las palabras y conocido en el Hijo que administraba los hechos y palabras del Padre, porque el Padre es invisible, lo cual también Felipe había aprendido en la ley y debía haber recordado:' nadie verá a Dios y vivirá'. Y por eso es reprendido deseando ver al Padre como visible y es instruido que él se hace visible en el Hijo por las virtudes, no por la representación de la persona. En fin, si quisiera que se entendiera que el mismo Hijo es el Padre diciendo:' quien me ve, ve al Padre',¿ cómo añade:'¿ no crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?'? Pues debería haber añadido:'¿ no crees que yo soy el Padre?'.¿ O qué exageró, si no manifestó aquello que había querido que se entendiera, es decir, que él mismo era el Hijo? Por lo demás, diciendo:'¿ no crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?', por eso más bien exageró, para que, porque había dicho:' quien me vio, vio también al Padre', no fuera considerado el Padre, lo cual nunca quiso que se considerara, quien siempre se profesaba Hijo y que había venido del Padre. Por tanto, también hizo manifiesta la conjunción de las dos personas, para que el Padre no fuera deseado aparte como visible a la vista, y para que el Hijo fuera tenido como representante del Padre, y no obstante interpretó también esto, cómo el Padre estaba en el Hijo y el Hijo en el Padre:' las palabras', dice,' que yo hablo a vosotros, no son mías'— ciertamente porque son del Padre—' el Padre, sin embargo, permaneciendo en mí, hace las obras'. Por las obras, pues, de las virtudes y las palabras de la doctrina, el Padre, permaneciendo en el Hijo, es visto por ellas, por las cuales permanece, y por él, en quien permanece, apareciendo desde esto mismo la propiedad de cada persona, mientras dice:' yo estoy en el Padre, y el Padre en mí'. Y así:' creed', dice.¿ Qué?¿ Que yo soy el Padre? No creo que esté escrito, sino:' que yo estoy en el Padre y el Padre en mí, si no, creed al menos por las obras', esas obras ciertamente, por las cuales el Padre en el Hijo no era visto por la vista, sino por el sentido.
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Después de Felipe y de toda la sustancia de esta cuestión, que persiste hasta el final del evangelio, en el mismo género de discurso en el que el Padre y el Hijo se distinguen en su propiedad, promete también que pedirá al Padre el Paráclito, una vez que haya ascendido al Padre, y que lo enviará, y ciertamente a' otro'. Pero ya hemos expuesto cómo es' otro'. Por lo demás, dice:' Tomará de lo mío', así como él mismo tomó de lo del Padre. Así, la conexión del Padre en el Hijo y del Hijo en el Paráclito hace que tres estén unidos, uno derivado del otro. Estos tres son uno, no uno solo, tal como se dijo:' Yo y el Padre somos uno', refiriéndose a la unidad de sustancia, no a la singularidad numérica. Recorre aún más y encontrarás que aquel a quien crees Padre es llamado vid del Padre y el Padre labrador, para que aquel a quien tú piensas que estuvo en la tierra, sea reconocido de nuevo en los cielos por el Hijo, cuando, mirando hacia allá, entrega sus discípulos al Padre. Pero incluso si en este evangelio no se ha revelado:' Dios mío,¿ por qué me has abandonado?' y:' Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu', sin embargo, después de la resurrección y de la gloria de la muerte vencida, expuesta la necesidad de toda humildad, cuando ya podía mostrarse como Padre a una mujer tan fiel, que por afecto, no por curiosidad ni por incredulidad, se acercó a tocarlo, dijo:' No me toques, pues aún no he ascendido a mi Padre. Ve, empero, a mis hermanos'— a quienes también en esto se muestra como Hijo; pues los habría llamado hijos si hubiera sido el Padre—' y diles: Asciendo a mi Padre y Padre vuestro, y Dios mío y Dios vuestro'.¿ Padre al Padre y Dios al Dios?¿ O el Hijo al Padre y el Verbo al Dios?¿ Por qué, además, la propia conclusión del evangelio sella estos escritos, sino para que, como dice,' creáis que Jesús Cristo es el Hijo de Dios'? Por tanto, cualesquiera de estas cosas que pienses que pueden servirte para la demostración del mismo Padre y del Hijo, te esfuerzas contra la sentencia definitiva del evangelio. Pues no fueron escritas para que creas que Jesús Cristo es el Padre, sino para que creas que es el Hijo.
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Parece que hemos recorrido el evangelio de Juan a causa de una sola frase de Felipe y la respuesta del Señor a él, para que un solo dicho no subvierta tantas cosas pronunciadas manifiestamente antes y después, debiendo interpretarse más bien de acuerdo con todo que contra todo, incluso contra sus propios sentidos. Por lo demás, para interponer ahora otros evangelios que confirman la fe sobre la natividad del Señor, basta que aquel que había de nacer de la virgen fuera determinado como Hijo de Dios por el mismo ángel que lo anunció:' El Espíritu de Dios vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso lo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios'. Ciertamente querrán argumentar también aquí, pero la verdad prevalecerá.' Ciertamente', dicen,' el Hijo de Dios es Dios, y la virtud del Altísimo es el Altísimo', y no les da vergüenza añadir lo que, si fuera así, habría sido escrito.¿ A quién temía para no pronunciar abiertamente:' Dios vendrá sobre ti' y' el Altísimo te cubrirá con su sombra'? Al decir, sin embargo,' Espíritu de Dios', aunque sea el Espíritu de Dios, al no nombrar directamente a Dios, quiso que se entendiera una porción del todo, que iba a ceder en el nombre del Hijo. Este Espíritu de Dios será el mismo Verbo. Pues así como, al decir Juan:' El Verbo se hizo carne', entendemos también el Espíritu en la mención del Verbo, así también aquí reconocemos el Verbo en el nombre del Espíritu. Pues el Espíritu es la sustancia del Verbo, y el Verbo es la operación del Espíritu, y los dos son uno. Por lo demás, Juan profesará a uno hecho carne, el ángel a otro que iba a ser carne, si el Espíritu no es el Verbo y el Verbo el Espíritu. Por tanto, así como el Verbo de Dios no es aquel de quien es, tampoco lo es el Espíritu, y aunque se diga de Dios, no es, sin embargo, aquel de quien se dice que es. Ninguna cosa es el mismo ser de alguien de quien es. Claramente, cuando algo es de él y así es suyo, mientras sea de él, puede ser tal cosa como él mismo, de quien es y de quien proviene. Y por eso el Espíritu es Dios y el Verbo es Dios, porque son de Dios, pero no son aquel de quien provienen. Que si el Dios de Dios, como cosa sustancial, no será el mismo Dios, sino Dios en tanto que es de la sustancia del mismo Dios y como una porción del todo, mucho más la virtud del Altísimo no será el mismo Altísimo, porque ni siquiera es una cosa sustancial, que es lo que es el Espíritu, así como tampoco la sabiduría ni la providencia. Pues ni siquiera estas son sustancias, sino accidentes de cada sustancia, y la virtud le sucede al Espíritu y ella misma no será el Espíritu. Por tanto, al haberse reunido estas cosas, cualesquiera que sean, el Espíritu de Dios, el Verbo y la virtud, en la virgen, lo que nace de ella es el Hijo de Dios. Esto mismo testifica él también en estos evangelios desde niño:'¿ No sabéis', dice,' que debo estar en las cosas de mi Padre?'. Esto también lo sabe Satanás en las tentaciones:' Si eres Hijo de Dios'. Esto también lo confiesan los demonios desde entonces:' Sabemos quién eres, el Hijo de Dios'. Él mismo también adora al Padre. No niega que Pedro lo haya reconocido como el Cristo de Dios. Exultando en el Espíritu hacia el Padre, dice:' Te confieso, Padre, que has ocultado estas cosas a los sabios'. Aquí también afirma que el Padre no es conocido por nadie sino por el Hijo. Y al confesar que el Hijo del Padre confesará a sus confesores y negará a sus negadores ante el Padre, introduciendo la parábola del hijo, no del Padre, enviado a la viña después de algunos siervos y asesinado por los malvados labradores y defendido por el Padre, ignorando él mismo el día y la hora última, conocida solo por el Padre. Disponiendo el reino para los discípulos, como dice que le fue dispuesto a él por el Padre, teniendo el poder de pedir legiones de ángeles para su auxilio al Padre si quisiera, exclamando que Dios lo había abandonado, poniendo su espíritu en las manos del Padre, y después de la resurrección prometiendo que enviaría a los discípulos la promesa del Padre, y finalmente mandando que bautizaran en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, no en uno solo. Pues no una vez, sino tres, somos bautizados en cada uno de los nombres hacia las personas singulares.
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¿ Y por qué me detendré en cosas tan manifiestas, cuando debería enfrentarme a aquellas sobre las cuales buscan oscurecer lo manifiesto? Pues, rodeados por todas partes por la distinción entre el Padre y el Hijo, que disponemos permaneciendo la unión, como la del sol y el rayo, y la fuente y el río, mediante el número indivisible de dos y tres, intentan interpretarla de otro modo para su propia opinión, de modo que distinguen a ambos en una sola persona, al Padre y al Hijo, diciendo que el Hijo es la carne, es decir, el hombre, es decir, Jesús, y que el Padre es el Espíritu, es decir, Dios, es decir, Cristo. Y los que sostienen que el Padre y el Hijo son uno y el mismo, ya comienzan a dividirlos más que a unirlos. Pues si uno es Jesús y otro es Cristo, otro será el Hijo y otro el Padre, porque el Hijo es Jesús y el Padre es Cristo. Tal monarquía quizás la aprendieron de Valentín. Pero también esta inyección suya, de hacer dos a Jesús y a Cristo, ya ha sido rechazada por lo tratado anteriormente, porque el Verbo de Dios o el Espíritu de Dios y la virtud del Altísimo son llamados aquel a quien hacen Padre. Pues no son él mismo, de quien se dicen, sino que son de él y suyos. Y, sin embargo, serán refutados de otro modo en este capítulo.' He aquí', dicen,' fue anunciado por el ángel: por eso lo que nacerá santo será llamado Hijo de Dios. La carne, por tanto, ha nacido: la carne, por tanto, será el Hijo de Dios'. Más bien, se dijo acerca del Espíritu de Dios. Pues ciertamente de Espíritu Santo concibió la virgen y lo que concibió, eso dio a luz; eso, por tanto, había de nacer, lo que había sido concebido, es decir, el Espíritu, cuyo nombre también será llamado Emmanuel, que se interpreta:' Dios con nosotros'. La carne, empero, no es Dios, para que se diga de ella:' será llamado santo Hijo de Dios', sino aquel que nació en ella, Dios, de quien también dice el salmo:' Porque Dios hombre nació en ella y la edificó por voluntad del Padre'.¿ Qué Dios nació en ella? El Verbo y el Espíritu, que con el Verbo nació por voluntad del Padre. Por tanto, mientras el Verbo está en la carne, también hay que investigar sobre esto, cómo el Verbo se hizo carne, si como transfigurado en carne o revestido de carne. Más bien, revestido. Por lo demás, es necesario creer que Dios es inmutable e informable, como eterno. La transfiguración, empero, es la destrucción de lo anterior. Pues todo lo que se transfigura en otra cosa deja de ser lo que era y comienza a ser lo que no era. Dios, empero, ni deja de ser ni puede ser otra cosa. El Verbo, empero, es Dios, y el Verbo del Señor permanece para siempre, perseverando ciertamente en su forma. Si a este no le cabe ser transfigurado, es consecuente que se entienda que se hizo carne de tal modo que se hace en la carne, se manifiesta, se ve y se toca a través de la carne, porque también las demás cosas exigen ser aceptadas así. Pues si el Verbo se hizo carne por transfiguración y mutación de sustancia, Jesús será ya una sola sustancia de dos, de carne y espíritu, una mezcla, como el electro de oro y plata, y comienza a no ser ni oro, es decir, espíritu, ni plata, es decir, carne, mientras uno se cambia por el otro y se hace una tercera cosa. Por tanto, Jesús no será Dios— pues el Verbo dejó de ser lo que se hizo carne— ni hombre— pues la carne no es propiamente lo que fue el Verbo—. Así, de ambos no es ninguno, es una tercera cosa muy distinta de ambos. Pero encontramos que él es expuesto directamente como Dios y hombre. Sugiriéndolo este mismo salmo:' Porque Dios hombre nació en ella y la edificó por voluntad del Padre'; ciertamente en todas partes Hijo de Dios e Hijo del hombre, sin duda según ambas sustancias que distan en su propiedad, porque ni el Verbo es otra cosa que Dios ni la carne otra cosa que el hombre. Así también el apóstol enseña sobre ambas sustancias suyas:' Que fue hecho', dice,' del linaje de David': este será hombre e Hijo del hombre,' que fue definido como Hijo de Dios según el Espíritu': este será Dios y el Verbo, Hijo de Dios. Vemos un doble estado, no confundido, sino unido, en una sola persona, Dios y hombre Jesús— pues sobre Cristo difiero— y de tal modo está a salvo la propiedad de cada sustancia, que tanto el Espíritu realizó sus cosas en él, es decir, virtudes, obras y señales, como la carne cumplió sus pasiones. Hambriento bajo el diablo, sediento bajo la samaritana, llorando a Lázaro, angustiado hasta la muerte, finalmente también murió. Pero si fuera una tercera cosa, confundida de ambos, como el electro, no produciría documentos tan distintos de cada sustancia, sino que el Espíritu habría realizado las cosas carnales y la carne las espirituales por traslación. O ni carnales ni espirituales, sino de alguna tercera forma por confusión. Más bien, o el Verbo habría muerto o la carne no habría muerto, si el Verbo se hubiera convertido en carne; pues o la carne habría sido inmortal o el Verbo mortal. Pero porque ambas sustancias actuaban cada una distintamente en su estado, por eso les ocurrieron tanto sus obras como sus desenlaces. Aprende, pues, con Nicodemo que lo que ha nacido en la carne es carne y lo que ha nacido del Espíritu es espíritu. Ni la carne se hace espíritu ni el espíritu carne. Claramente pueden estar en uno. De estos consta Jesús. De carne hombre, de espíritu Dios. A quien entonces el ángel, por la parte en que era espíritu, lo pronunció Hijo de Dios, reservando que a la carne se le llame Hijo del hombre. Así también el apóstol, llamándolo mediador de Dios y de los hombres, confirmó ambas sustancias. Finalmente: tú que interpretas que el Hijo de Dios es carne, muestra quién es el Hijo del hombre.¿ O acaso será espíritu? Pero quieres que el Espíritu sea tenido por el mismo Padre, porque Dios es Espíritu, como si no fuera también Espíritu de Dios, así como el Verbo es Dios y Verbo de Dios.
28
Ahora sobre Cristo. Haces al Padre. Estupidísimamente, tú que ni siquiera miras la fuerza de este nombre, si es que Cristo es un nombre y no más bien una apelación; pues se significa' ungido'. Ungido, empero, no es más nombre que vestido, que calzado. Por tanto, Cristo es una cosa accidental al nombre.¿ Acaso tú, si por algún argumento Jesús también fuera llamado vestido, como Cristo por el sacramento de la unción, dirías igualmente que es Hijo de Dios, pero creerías que el vestido es el Padre? Si el Padre es Cristo, el Padre es ungido, y ciertamente por otro. O si por sí mismo, pruébalo. Pero no enseñan así los Hechos de los Apóstoles en aquella exclamación de la iglesia a Dios:' Pues se reunieron todos en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Pilato con las naciones'. Así también testificaron que es Hijo de Dios y el Hijo ungido por el Padre. Por tanto, Jesús será el mismo Cristo, que fue ungido por el Padre, no el Padre, que ungió al Hijo. Así también Pedro:' Conozca, pues, firmísimamente toda la casa de Israel, que Dios hizo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Señor y Cristo, es decir, ungido'. Juan, empero, incluso señala como mentiroso a aquel que niega que Jesús es el Cristo, contra todo el que ha creído que Jesús es el Cristo, nacido de Dios. Por lo cual también exhorta a que creamos en el nombre de su Hijo Jesús Cristo, para que, ciertamente, haya comunión nuestra con el Padre y su Hijo Jesús Cristo. Así también Pablo en todas partes pone a Dios Padre y a nuestro Señor Jesús Cristo. Cuando escribe a los Romanos, da gracias a Dios por nuestro Señor Jesús Cristo; cuando a los Gálatas, se presenta apóstol no por hombres ni por hombre, sino por Jesús Cristo y Dios Padre. Y tienes por todo su instrumento los que se pronuncian de este modo y proponen a dos, Dios Padre y nuestro Señor Jesús Cristo, Hijo del Padre, y que el mismo Jesús es Cristo, y en el otro nombre también Hijo de Dios. Pues desde entonces, con el derecho por el cual ambos nombres son de uno, es decir, del Hijo de Dios, también el otro sin el otro es del mismo. Y ya sea que se haya puesto solo Jesús, se entiende también Cristo, porque Jesús es ungido, ya sea solo Cristo, el mismo es también Jesús, porque Jesús es ungido. De cuyos nombres uno es propio, que fue impuesto por el ángel, el otro accidental, que conviene por la unción, mientras que, sin embargo, Cristo sea el Hijo, no el Padre. Finalmente:¡ cuán ciego es quien ni siquiera en el nombre de Cristo entiende que se señala a otro Dios, si atribuye el nombre de Cristo al Padre! Pues si Cristo es el Padre Dios, quien dice:' Asciende a mi Padre y Padre vuestro y Dios mío y Dios vuestro', ciertamente muestra a otro Padre sobre sí y Dios. Si, asimismo, el Padre es Cristo, otro es quien consolida el trueno y crea el espíritu y anuncia a los hombres a su Cristo. Y si' se levantaron los reyes de la tierra y los arcontes se reunieron en uno contra el Señor y contra su Cristo', otro será el Señor, contra cuyo Cristo se reunieron los reyes y arcontes. Y si esto dice el Señor a mi Señor Cristo, otro será el Señor que habla al Padre Cristo. Y cuando el apóstol escribe:' Que el Dios de nuestro Señor Jesús Cristo os dé espíritu de sabiduría y de conocimiento', otro será el Dios de Cristo Jesús, dador de los carismas espirituales. Ciertamente, para no divagar por todo, quien resucitó a Cristo resucitará también nuestros cuerpos mortales, como si otro fuera el resucitador que el Padre, muerto y resucitado el Padre, si Cristo, que murió, es el Padre.
29
Enmudezca, enmudezca esa blasfemia. Baste que se diga que Cristo, Hijo de Dios, murió, y esto, porque así está escrito. Pues también el apóstol, no pronunciando sin carga que Cristo murió, añadió' según las Escrituras', para suavizar la dureza de la pronunciación con la autoridad de las Escrituras y apartar el escándalo del oyente. Aunque, cuando se consideran dos sustancias en Cristo Jesús, la divina y la humana, y consta, empero, que la divina es inmortal, mientras que la humana es mortal, aparece hasta qué punto dice que murió, es decir, en cuanto carne y hombre e Hijo del hombre, no en cuanto espíritu y Verbo e Hijo de Dios. Finalmente, al decir:' Cristo murió', es decir, el ungido, muestra que lo que fue ungido murió, es decir, la carne.' Por tanto', dices,' también nosotros, diciendo por la misma razón que el Padre murió, como vosotros al Hijo, no blasfemamos contra el Señor Dios; pues no decimos que murió por la sustancia divina, sino por la humana'. Pero, sin embargo, blasfemáis, no solo porque decís que el Padre murió, sino también porque fue crucificado; pues la maldición del crucificado, que por la ley compete al Hijo— porque Cristo se hizo maldición por nosotros, no el Padre—, convirtiendo a Cristo en el Padre, blasfemáis contra el Padre. Nosotros, empero, al decir que Cristo fue crucificado, no lo maldecimos a él, sino que referimos la maldición de la ley, porque ni siquiera el apóstol, diciendo esto, blasfemó. Pero así como aquello de lo que cabe decir algo sin blasfemia se dice, así de lo que no cabe, es blasfemia si se dice. Por tanto, tampoco el Padre se compadeció del Hijo. Ciertamente, temiendo una blasfemia directa contra el Padre, esperan disminuirla de este modo— concediendo ya que el Padre y el Hijo son dos— si el Hijo ciertamente padece, pero el Padre se compadece. Necios también en esto. Pues,¿ qué es compadecerse sino padecer con otro? Además, si el Padre es impasible, ciertamente también es incompasible; o si es compasible, ciertamente es pasible. Nada le otorgas ni con tu temor. Temes decir pasible a quien llamas compasible. Pero el Padre es tan incompasible como también el Hijo es impasible por la condición por la que es Dios. Pero,¿ cómo, si el Hijo padeció, no se compadeció también el Padre? Se separa del Hijo, no de Dios. Pues también si un río se contamina por alguna turbulencia, aunque una sola sustancia corra de la fuente y no se separe de la fuente, sin embargo, la injuria del río no pertenecerá a la fuente; y aunque sea el agua de la fuente la que padezca en el río, mientras no padece en la fuente, sino en el río, no padece la fuente, sino el río, que es de la fuente. Así también el Espíritu de Dios, para que pudiera padecer en el Hijo, porque no padecería en el Padre, sino en el Hijo, el Padre no parecería haber padecido. Pero basta que el Espíritu de Dios no haya padecido nada en su nombre, porque, si padeció algo en el Hijo, ciertamente era para que el Padre padeciera con el Hijo en la carne. Y porque esto es retractado. Y nadie lo negará, cuando ni siquiera nosotros podemos padecer por Dios, a menos que el Espíritu de Dios esté en nosotros, que también habla de nosotros lo que es de confesión, no padeciendo él mismo, sin embargo, sino otorgando poder padecer.
30
Por lo demás, si vas más allá, podré responderte más duramente y enfrentarte con la propia pronunciación del Señor, de modo que diga:'¿ Qué buscas de esto? Tienes al mismo exclamando en la pasión:' Dios mío, Dios mío,¿ por qué me has abandonado?'. Por tanto, o el Hijo padecía abandonado por el Padre, y el Padre no padeció, quien abandonó al Hijo; o si era el Padre quien padecía,¿ a qué Dios exclamaba? Pero esta voz de la carne y del alma, es decir, del hombre, no del Verbo ni del Espíritu, es decir, no de Dios, fue emitida para mostrar al Dios impasible, que así dejó al Hijo, mientras entregó a su hombre a la muerte. Esto también sintió el apóstol al escribir:' Si el Padre no perdonó al Hijo'. Esto también Isaías pronunció antes:' Y el Señor lo entregó por nuestros delitos'. Así lo dejó, mientras no perdona; así lo dejó, mientras lo entrega. Por lo demás, el Padre no dejó al Hijo, en cuyas manos el Hijo puso su espíritu. Finalmente, lo puso e inmediatamente murió; pues permaneciendo el espíritu en la carne, la carne no puede morir en absoluto. Así, ser dejado por el Padre fue morir para el Hijo. El Hijo, por tanto, tanto muere como es resucitado por el Padre según las Escrituras, el Hijo asciende a las alturas de los cielos, quien también descendió a las profundidades de la tierra. Este se sienta a la diestra del Padre, no el Padre a la suya. A este vio Esteban, cuando era apedreado, todavía de pie a la diestra de Dios, para que desde allí se sentara, hasta que el Padre ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. Este también ha de venir de nuevo sobre las nubes del cielo, tal como ascendió. Este, entretanto, derramó el don recibido del Padre, el Espíritu Santo, tercer nombre de la divinidad y tercer grado de la majestad, predicador de la única monarquía, pero también intérprete de la economía, si alguien admite los discursos de su nueva profecía, y conductor de toda verdad, que está en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo según el sacramento cristiano.
31
Por lo demás, esta es una cuestión de la fe judaica, creer en un solo Dios de tal modo que no quieras añadirle al Hijo y después del Hijo al Espíritu. Pues,¿ qué habrá entre nosotros y ellos sino esa diferencia?¿ Qué obra del evangelio, qué sustancia del Nuevo Testamento que establece la ley y los profetas hasta Juan, si desde entonces el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, creídos como tres, no constituyen un solo Dios?¿ Así Dios quiso renovar el sacramento, para que de nuevo se creyera en uno solo a través del Hijo y el Espíritu, para que ante la presencia ya se conociera a Dios en sus propios nombres y personas, quien también antes, predicado a través del Hijo y el Espíritu, no se entendía? Vean, pues, los actos de Cristo, los que niegan al Padre y al Hijo. Pues niegan al Padre, mientras dicen que es el mismo Hijo, y niegan al Hijo, mientras creen que es el mismo Padre, dándoles lo que no son, quitando lo que son. Quien, empero, haya confesado a Cristo Hijo de Dios, no Padre, Dios permanece en él y él en Dios. Nosotros creemos en el testimonio de Dios, con el cual testificó sobre su Hijo:' Quien no tiene al Hijo, tampoco tiene la vida'. No tiene, empero, al Hijo quien lo cree otro que el Hijo.

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