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Adversus Valentinianos
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Los valentinianos, un colegio ciertamente muy numeroso entre los herejes, dado que, al estar compuestos en su mayor parte por apóstatas de la verdad, son propensos a las fábulas y no se sienten intimidados por la disciplina, no se preocupan por nada tanto como por ocultar lo que predican; si es que, en efecto, predican quienes ocultan. El deber de la custodia es el deber de la conciencia. Se proclama la confusión mientras se asegura la religión. Pues incluso aquellos misterios eleusinos, que son en sí mismos una herejía de la superstición ática, son un pudor por lo que callan. Por eso atormentan a los iniciados antes de sellarlos, instruyéndolos durante mucho tiempo, y los instituyen como epoptas solo después de cinco años, para construir una opinión mediante la suspensión del conocimiento y parecer así que exhiben una majestad tan grande como la avidez que han preconstruido. Sigue entonces el deber del silencio. Se custodia atentamente lo que se encuentra tardíamente. Por lo demás, toda la divinidad está en los adyta, todos los suspiros de los epoptas, todo el sello de la lengua es la revelación de la imagen del miembro viril. Pero la disposición alegórica, al pretender el nombre venerable de la naturaleza, oscurece el sacrilegio bajo el patrocinio de una figura forzada y excusa el oprobio con falsos simulacros. Por consiguiente, aquellos a quienes ahora destinamos como herejes, configurando sus vanísimos y torpísimos inventos con nombres santos, títulos y argumentos de la verdadera religión— con una claridad fácil gracias a la ocasión de la abundancia divina, puesto que es fácil recortar muchas cosas de muchas—, han hecho de los misterios eleusinos unos misterios valentinianos: santos por el lenocinio, grandes por el silencio, celestiales solo por la taciturnidad. Si preguntas de buena fe, con rostro concreto y ceja suspendida, dicen:« es profundo». Si intentas sutilmente, afirman la fe común mediante ambigüedades bilingües. Si te muestras como alguien que sabe, niegan todo lo que reconocen; si luchas de cerca, dispersan su propia derrota con fatua simplicidad. Ni siquiera confían nada a sus propios discípulos antes de haberlos hecho suyos. Tienen el artificio de persuadir antes de enseñar. La verdad, en cambio, persuade enseñando, no enseña persuadiendo.
2
Y por eso se nos tacha de simples ante ellos, para que seamos solo eso y no también sabios; como si la sabiduría estuviera obligada a faltar inmediatamente a la simplicidad, cuando el Señor une ambas: sed prudentes como serpientes y simples como palomas. O si nosotros somos insensatos por ser simples,¿ acaso ellos no son simples por ser sabios? Pero los más nocivos son los que no son simples, así como los más necios son los que no son sabios. Y, sin embargo, preferiría que mi parte fuera tomada por el vicio mejor, si acaso: es mejor saber menos que saber peor, errar que engañar. Además, el rostro de Dios se contempla en la simplicidad de la búsqueda, como enseña la propia Sofía, no la de Valentín, sino la de Salomón. Luego, los niños dieron testimonio de Cristo con su sangre.¿ Acaso los niños que claman la cruz no eran niños ni infantes, es decir, no eran simples? El apóstol, al ordenarnos volver a ser niños según el Señor, para que seamos infantes en malicia y así, finalmente, sabios en el sentido, dio el orden de la sabiduría que mana de la simplicidad. En resumen: la paloma solía demostrar a Cristo, la serpiente, en cambio, tentar; aquella es desde el principio la pregonera de la paz divina, esta, desde el principio, la ladrona de la imagen divina. Así, la simplicidad sola podrá reconocer y mostrar a Dios más fácilmente que la prudencia sola.
3
Que la serpiente se esconda, pues, tanto como pueda, y que retuerza toda su prudencia en los meandros de sus escondrijos; que habite en lo alto, que empuje su serie a través de anfractuosidades; que se desenrolle, que proceda tortuosamente y no toda de una vez, bestia que huye de la luz. La casa de nuestra paloma es también simple, siempre en lugares elevados, abiertos y a la luz. La figura del Espíritu Santo ama el oriente, la figura de Cristo. La verdad no se sonroja de nada, excepto de ser escondida; porque a nadie le dará vergüenza prestarle oídos, reconocer a aquel Dios a quien la naturaleza ya le ha encomendado, a quien siente diariamente en todas sus obras, menos conocido solo por esto: porque no pensó que fuera único, porque lo nombró en número, porque lo adoró en otros. Por lo demás, persuadir de otra multitud de ellos, trasladar desde el principado doméstico a uno desconocido, retorcer desde lo manifiesto a lo oculto, es ofender la fe desde el umbral. Ahora bien, si uno es iniciado en toda la fábula,¿ no recordará haber escuchado algo parecido en su infancia entre las dificultades de los sueños, las torres de Lamia y los peines del Sol? Pero quien venga de alguna conciencia de fe, si encuentra de repente tantos nombres de Eones, tantas conjunciones, tantos engendros, tantos desenlaces, tantos eventos, felicidades e infelicidades de una divinidad dispersa y despedazada,¿ dudará acaso en pronunciar allí mismo que estas son fábulas y genealogías indeterminadas, que el espíritu de los apóstoles, estando ya entonces brotando estas semillas heréticas, se adelantó a condenar? Con razón, pues, no son simples, con razón son solo prudentes, quienes no producen tales cosas fácilmente ni las defienden abiertamente, pero ni siquiera enseñan todo lo que enseñan a todos; astutamente, sin duda, como si fueran cosas vergonzosas; por lo demás, inhumanamente, si fueran honestas. Y, sin embargo, nosotros, los simples, lo sabemos todo. Finalmente, armaremos esta primera cuña de combate como detectora y designadora de toda su conciencia, y auguramos esta primera victoria, porque lo que se esconde con tanto gasto, incluso el solo hecho de demostrarlo es destruirlo.
4
Conocemos, digo, perfectamente también su origen y sabemos por qué los llamamos valentinianos, aunque parezca que no lo son. Se apartaron, en efecto, del fundador, pero el origen no se borra en absoluto, aunque por casualidad se transforme; la propia mutación es el testimonio. Valentín había esperado el episcopado, porque podía tanto por ingenio como por elocuencia, pero, indignado de que otro hubiera obtenido el lugar por la prerrogativa del martirio, se separó de la iglesia de la regla auténtica, como suelen encenderse los ánimos excitados por la primacía con la presunción de la venganza. Convertido a la conquista de la verdad y habiendo encontrado la semilla de una antigua opinión, delineó el camino para su serpiente. Ptolomeo entró después en él, distinguiendo los nombres y números de los Eones en sustancias personales, pero determinadas fuera de Dios, las cuales Valentín había incluido en la misma suma de la divinidad como sentidos, afectos y movimientos. Heracleón dedujo de allí ciertos senderos, y Segundo, y el mago Marcos. Teotimo trabajó mucho en torno a las imágenes de la ley. Así, Valentín ya no está en ninguna parte, y sin embargo, los valentinianos, que lo son a través de Valentín. Solo Axiónico, en Antioquía, consuela hasta el día de hoy la memoria de Valentín con la íntegra custodia de sus reglas. Por lo demás, solo se permite a esta herejía persuadir tanto como es costumbre que la loba prepare diariamente su forma.¿ Cómo no, cuando enumeran así su semilla espiritual en cada uno? Si construyen algo nuevo, llaman inmediatamente revelación a la presunción y carisma al ingenio, y no unidad, sino diversidad. Y por eso prevemos que, apartados de su solemne disimulación, la mayoría se divide sobre ciertos artículos, incluso diciendo de buena fe:« esto no es así», y« esto lo entiendo de otra manera», y« esto no lo reconozco». Pues la variedad innovada de las reglas tiene también los colores de las ignorancias.
5
A mí, sin embargo, me tocará el límite con los arquetipos de los maestros principales, no con los líderes afectados de discípulos pasivos. Y, por supuesto, no se dirá que nosotros mismos hemos inventado las materias que tantos hombres insignes por su santidad y excelencia, no solo nuestros antecesores sino contemporáneos de los mismos heresiarcas, han revelado y refutado en volúmenes muy instruidos, como Justino, filósofo y mártir, como Milcíades, sofista de las iglesias, como Ireneo, explorador curiosísimo de todas las doctrinas, como nuestro Próculo, dignidad de la vejez virgen y de la elocuencia cristiana, a quienes, en toda obra de fe, como en esta, hubiera deseado seguir. O si las herejías no existen en absoluto, de modo que quienes las rechazan sean creídos como inventores, mentirá el apóstol, predicador de ellas. Además, si existen, no serán otras que las que se retractan. Nadie es considerado tan ocioso como para inventar materias teniendo pluma.
6
Por tanto, en este librito, en el que solo estamos anteponiendo la demostración de aquel arcano, para que la oscuridad no inunde a nadie por los nombres tan peregrinos, forzados, compactos y ambiguos, expondré primero cómo vamos a usarlos. Pues de algunos no ocurre la interpretación del griego para una forma de nombre expedita, de otros ni siquiera los géneros coinciden con el sexo, de otros el conocimiento es más usual en griego. Por tanto, pondremos mayormente los griegos; las significaciones estarán presentes a lo largo de los márgenes de las páginas, y no faltarán los griegos ni siquiera a los latinos, sino que se anotarán en las líneas de arriba, para que esto sea una señal de los nombres personales debido a sus ambigüedades, que comparten con otra significación. Aunque he diferido el combate, profesando por ahora solo la narración, si en algún lugar la indignidad mereciera ser fustigada, la conquista no será superficial para la degustación. Considera, lector, el juego del combate antes de la lucha; mostraré las heridas, pero no las imprimiré. Si también se ríe en algún lugar, se satisfará a las materias mismas. Muchas cosas son dignas de ser refutadas así, para no ser cargadas con gravedad. La festividad cede propiamente a la vanidad. También conviene a la verdad reír, porque, alegrándose de sus rivales, juega porque está segura. Hay que cuidar, ciertamente, que no se ría de su risa si fuera indigna; por lo demás, dondequiera que la risa sea digna, es un deber. Finalmente, comenzaré de esta manera.
7
El primero de todos, el poeta romano Ennio, pronunció simplemente« cenáculos máximos», por el nombre de una situación elevada o porque había leído en Homero a Júpiter banqueteando allí. Pero es maravilloso cuántas superioridades de superioridades y cuántas sublimidades de sublimidades han suspendido, exaltado y expandido los herejes en el habitáculo de su dios. Incluso los cenáculos ennianos han sido dispuestos para nuestro Creador en forma de edículos. Con unas y otras pérgolas superpuestas y distribuidas para cada dios por tantas escaleras como herejías ha habido, el mundo se ha convertido en una casa de alquiler. Creerías que el mundo es la ínsula Felícula con tantos pisos de cielos. No sé dónde habita allí también el dios de los valentinianos hasta las tejas más altas. A este lo llaman sustancialmente Eón Perfecto, pero personalmente Propátor y Proarquén, incluso Bythos, lo cual no convenía en absoluto a quien habita en las alturas. Lo definen como innato, inmenso, infinito, invisible y eterno, como si probaran inmediatamente que es, si lo definen tal como sabemos que debe ser. Así también, exijo que no se diga que fue antes de todas las cosas, sino que sea, y no denoto nada más en este tipo de cosas que el hecho de que se encuentran después de todas las cosas aquellos que se dice que fueron antes de todas las cosas, y ciertamente no las suyas. Siéntese, pues, este Bythos durante infinitos siglos atrás en la máxima y altísima quietud, en el ocio más pleno de una divinidad plácida y, por así decirlo, estupefacta, tal como la ordenó Epicuro. Y, sin embargo, a quien quieren que sea el único, le dan una segunda persona en él y con él, Ennoia, a la que llaman además Caris y Sige. Y por casualidad se le ocurre en esa quietud tan encomendada advertirle sobre proferir finalmente el inicio de las cosas desde sí mismo. Esto lo coloca en su Sige como en los lugares genitales de la vulva a modo de semilla. Ella lo recibe inmediatamente, queda embarazada y pare, ciertamente en silencio, Sige.¿ Y a quién pare? A Nus, muy semejante al padre e igual en todo. Finalmente, solo este es suficiente para abarcar esa inmensa e incomprensible magnitud del padre. Así, también se le llama padre a él mismo y principio de todas las cosas y propiamente Monógenes. Y, sin embargo, no propiamente, si es que no es reconocido como el único. Pues con él procedió también la hembra, a la que Veritas( es el nombre).[ Monógenes, porque es el primero engendrado,¡ cuánto más congruentemente se llamaría Protógenes!] Por tanto, Bythos y Sige, Nus y Veritas, se defiende la primera cuadriga de la facción valentiniana, matriz y origen de todos. Pues allí mismo, Nus, tan pronto como recibió el deber de su proferencia, emite también desde sí mismo a Sermo y a Vita. Lo cual, si no estaba atrás, ciertamente tampoco en Bythos.¿ Y qué clase de cosa es que en Dios no haya habido vida? Pero también esta prole, emitida para el inicio de la universalidad y la formación de todo el Pleroma, hace fruto: engendra a Homo y a Ecclesia. Tienes la ogdóada, la tétrada doble, a partir de las conjunciones de machos y hembras, celdas, por así decirlo, de los Eones primordiales, conubios fraternos de los dioses valentinianos, todos los censos de la santidad y majestad herética. No sé si una multitud de crímenes o de númenes, ciertamente la fuente de la fecundidad restante.
8
He aquí, pues, la segunda tétrada, Sermo y Vita, Homo y Ecclesia, que había fructificado para gloria del padre en este número, deseando ellos mismos ofrecer al padre algo tal de lo suyo, ebullen otros fetos, igualmente conyugales mediante la cópula de ambas naturalezas. Por un lado, Sermo y Vita funden a la vez una decuria de Eones; por otro, Homo y Ecclesia, dos más, equiparándose a los padres, porque ellos mismos, dos con aquellos diez, hacen tantos como ellos mismos procrearon. Devuelvo ahora los nombres, a los que llamé decuria: Bythios y Mixis, Ageratos y Honosis, Autophyes y Hedone, Acinetos y Syncrasis, Monogenes y Macaria. Por el contrario, el número duodenario serán estos: Paracletus y Pistis, Patricos y Elpis, Metricos y Agape, Aeinus y Synesis, Ecclesiasticus y Macariotes, Theletus y Sophia. Me veo obligado aquí a proponer, de un ejemplo par, qué es lo que desean estos nombres. En las escuelas de Cartago hubo un retórico latino muy frío, de nombre Fósforo. Al declamar sobre un hombre valiente, dijo:« Vengo a vosotros, optimísimos ciudadanos, de la batalla con mi victoria, con vuestra felicidad, ampliado, glorioso, afortunado, máximo, triunfal». Y los escolásticos de la familia de Fósforo aclaman inmediatamente:«¡ Feu!». Has escuchado a Fortunata, a Hedone, a Acineto y a Theleto: aclamad a la familia de Ptolomeo. Esto será ese Pleroma arcano, la plenitud de la divinidad tricenaria. Veamos cuáles son los privilegios de estos números, del cuaternario, del octonario, del denario y del duodenario. Mientras tanto, en el tricenario toda la fecundidad desfallece— ha sido castrada la fuerza, la potestad y la libido genital de los Eones— como si no quedaran todavía tantos coágulos de números y ningún otro nombre del pedagogio.¿ Por qué, pues, no se procrean también cincuenta y cien?¿ Por qué no se nombran también Sterceiae y Syntrophi?
9
Pero también esto es una excepción de personas, que solo aquel Nus, de entre todos, disfruta del conocimiento del inmenso padre, gozando y exultando, mientras aquellos, ciertamente, se lamentan. Claramente Nus, en cuanto estuvo en él, había querido y tentado comunicar también a los demás lo que sabía, cuán grande y cuán incomprensible es el padre. Pero intervino la madre Sige, aquella, ciertamente, que prescribe callar incluso a sus propios herejes, aunque dicen que se hizo por un gesto del padre, que quería que todos se encendieran en el deseo de él. Por tanto, mientras se maceran dentro de sí mismos, mientras se queman con el deseo tácito de conocer al padre, casi se cometió un crimen. Pues de aquellos doce Eones, que Homo y Ecclesia habían engendrado, la Eón más joven— verá el solecismo, pues Sofía es un nombre—, por incontinencia de sí misma, sin la sociedad de su cónyuge Theleto, irrumpe a investigar al padre y contrae el género de vicio que había comenzado en aquellos otros que estaban en torno a Nus, pero que se había derivado hacia esta, es decir, hacia Sofía, como suelen los vicios nacidos en otra parte del cuerpo exhalar su perdición hacia otro miembro. Pero, en efecto, bajo el pretexto de dilección hacia el padre, la emulación superaba en Nus, que solo gozaba del padre. Pero como Sofía, intentando cosas imposibles, estaba en vano y es vencida por la dificultad y extendida por el afecto, estuvo a poco de ser devorada por la fuerza de la dulzura y del trabajo y disuelta en la sustancia restante; y no habría cesado de otro modo que pereciendo, si por buen destino no hubiera incurrido en Horos— cierta fuerza tiene también este: es el fundamento de la universalidad y el custodio externo de aquella—, al que también llaman Cruz, Lytrotes y Carpistes. Así Sofía, exenta del peligro y persuadida tardíamente de la investigación declinada del padre, se aquietó y expuso toda la animación( enthymesin) con la pasión que además había ocurrido.
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Pero algunos soñaron de otra manera el desenlace de Sofía y su restitución: después de los intentos vanos y la deyección de la esperanza, deformada. Por la palidez, creo, y la macilencia y el descuido. Propiamente, ciertamente, lamentaba al padre no menos negado que perdido. De ahí que en aquel lamento, por sí misma sola, sin ninguna obra de conyugio, concibe y pare una hembra.¿ Te maravillas de esto? También la gallina ha obtenido de sí misma parir; pero también dicen que los buitres son solo hembras y, sin embargo, madres sin macho. Y... temer finalmente que el fin también insistiera; preocuparse por la razón del caso, cuidar de la ocultación. Remedios en ninguna parte.¿ Dónde estaban ya las tragedias y comedias, de las cuales se tomaría la forma de exponer lo que había nacido sin pudor? Mientras la cosa está en males, mira hacia arriba, se convierte al padre. Pero habiendo intentado en vano, como las fuerzas la abandonaban, cae en ruegos. Toda la parentela también suplica por ella, sobre todo Nus.¿ Cómo no?¡ Causa de tanto mal! Ningún desenlace de Sofía, sin embargo, estuvo vacío. Todas sus tribulaciones obran en el origen de la materia, si es que de aquel conflicto entonces se hacen sustancias de ignorancia, pavor y lamento. Allí finalmente el padre, movido alguna vez, al que dijimos arriba que Horos, a través de Monógenes Nus, emite hacia estas cosas en su imagen, hembra y macho, porque también varían así sobre el sexo del padre. Añaden, además, que a Horos también se le llama Metagogeo( circunductor) y Horotetes. De este predican las obras: tanto la Sofía reprimida de lo ilícito y purgada de los males y después confirmada y restituida al conyugio; y ella misma, ciertamente, permaneció en el censo del Pleroma, pero su enthymesin y aquella pasión apéndice fueron relegadas por Horos y crucificadas y hechas fuera de él.¡ El mal, dicen, fuera! Sin embargo, aquella sustancia espiritual, como cierto ímpetu natural de la Eón, pero informe e inespeciada, en cuanto que no había aprehendido nada, y por eso fruto infirme y hembra pronunciada.
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Por tanto, después de la Enthymesis desterrada y su madre Sofía devuelta al cónyuge, de nuevo aquel Monógenes, aquel Nus, ocioso ciertamente de la cura y prospecto del padre, consolidando las cosas y fortificando el Pleroma y ya fijándolo, para que ninguna conmoción de tal tipo volviera a ocurrir, excluye una nueva copulación: a Cristo y al Espíritu Santo, una turpísima, creo, de dos machos.¿ O será hembra el Espíritu Santo, y el macho es herido por una hembra? Pues se les da a estos un solo deber: procurar la conciliación de los Eones, y de la sociedad de ese oficio, dos escuelas inmediatamente, dos cátedras, una inauguración de la doctrina de Valentín que debía dividirse. De Cristo era inducir a los Eones la naturaleza de los conyugios— ves qué cosa ciertamente— y la conjetura de lo innato y hacerlos idóneos para regenerar en sí el reconocimiento del padre, que no es posible captarlo ni comprenderlo, ni finalmente verlo, ni obtenerlo por el oído, sino a través de Monógenes. Y, sin embargo, toleraré que aprendan así a conocer al padre, para que nosotros no, y denotaré más la perversidad de la doctrina, porque se les enseñaba que lo incomprensible del padre era la causa de la perpetuidad de ellos, pero que lo comprensible era la razón de su generación y formación. Pues con esta disposición se insinúa, creo, que conviene que Dios no sea aprehendido, si es que lo inaprehensible suyo es causa de perpetuidad, pero lo aprehensible no de perpetuidad, sino de natividad y formación, de los necesitados de perpetuidad. Al hijo, sin embargo, lo constituyen como el aprehensible del padre; cómo, sin embargo, se aprehenda, lo enseñó entonces Cristo proferido. La provincia del Espíritu Santo, en cambio, era que, por el estudio de la doctrina, todos supieran igualar la acción de gracias y fueran introducidos a la verdadera quietud.
12
Por tanto, todos son igualados tanto en forma como en ciencia, hechos todos lo que cada uno; nadie otra cosa, porque todos son los otros. Todos se refundan en Nus, en Hombres, en Theletos, igualmente las hembras en Sigas, en Zoas, en Ecclesias, en Fortunatas, como si Ovidio hubiera borrado sus Metamorfosis si hubiera conocido hoy a los mayores. Desde entonces fueron rehechos y estabilizados, y compuestos en el reposo a partir de la verdad, con gran fruto de gozo cantan himnos al padre. Se difundía él mismo también de alegría, ciertamente con los hijos y nietos cantando bien.¿ Cómo no se difundiría, liberado el Pleroma de toda jocundidad?¿ Qué patrón de barco no se alegra incluso con deshonor? Vemos diariamente las lascivias de los gozos de los marineros. Por tanto, como los marineros exultan siempre por la contribución, algo tal también los Eones: siendo ya todos uno incluso en forma, no digamos en sentencia, conviniendo ellos mismos también los nuevos hermanos y maestros Cristo y el Espíritu Santo, lo que cada uno florecía como óptimo y bellísimo lo confieren en medio. En vano, creo. Pues si todos eran uno por la igualación dicha arriba, la razón de la contribución, que casi consiste por la gracia de la variedad, estaba vacía... Todos conferían un solo bien, que eran todos. Quizás la razón fuera sobre el modo o sobre la forma de la igualación misma. Por tanto, del dinero recaudado, como dicen, en honor y gloria del padre, componen el bellísimo astro y fruto perfecto del Pleroma, a Jesús. Lo sobrenombran Soter y Cristo y Sermo de los padres, y ya Todo, como construido de la defloración de todos: la corneja de Esopo, la Pandora de Hesíodo, la Patina de Accio, el Coceto de Néstor, la Miscelánea de Ptolomeo. Cuánto más cerca estuvo de ser llamado por autores de nombres tan ociosos, de algunos bufones de Oscia, Pancapipannirapia. Pero como habían adornado tanto el sigilario también desde fuera, proponen a los ángeles como satélites, género par; si entre sí, puede ser, si en cambio son consustanciales al Soter— pues encontré que estaba puesto ambiguamente—,¿ cuál será su eminencia entre los satélites coiguales?
13
Contiene este orden primero, pues, la profesión a la vez de los Eones que nacen, se casan y engendran, el peligrosísimo caso de Sofía por el deseo del padre, el oportunísimo auxilio de Horos, el expiado de la Enthymesis y la Pasión conjunta. El pedagogado de Cristo y del Espíritu Santo, el reformado tutelar de los Eones, el adorno pavonino del Soter, el antistato comparativo de los ángeles. Lo que resta, dices,¡ vosotros valed y aplaudid! Más bien, lo que resta, digo,¡ vosotros escuchad y explotad! Por lo demás, se dice que estas cosas han transcurrido dentro del grupo del Pleroma, la primera escena de la tragedia, la otra, en cambio, es la coturnación detrás del telón, digo fuera del Pleroma. Y, sin embargo, este desenlace bajo el seno del padre dentro del ámbito del custodio Horos:¿ cuál ya fuera en lo libre, donde Dios no estaba?
14
Pues la Enthymesis, o ya Achamoth, nombre que escribiré de aquí en adelante solo con este nombre ininterpretable, como cuando fue explotada con el vicio de la Pasión indivisible en lugares ajenos a la luz, lo cual es cosa del Pleroma, en aquel vacío y nada de Epicuro, es miserable también por el lugar. Ciertamente ni forma ni faz alguna, de la genitura, ciertamente, vejada y abortiva. Mientras la cosa tiene así las cosas, Cristo es inclinado por los superiores— es conducido a través de Horos— para que informe aquel aborto de sus fuerzas, forma de sola sustancia, no también de ciencia. Y, sin embargo, es dejada con algún peculio, eso era el« olor de la incorruptibilidad», con el cual, dueña de su caso, se equiparara al deseo de los mejores. Habiendo cumplido esta misericordia, no sin la sociedad del Espíritu Santo, Cristo recurre al Pleroma. Se usó que los nombres accedieran también de las liberalidades de las cosas: Enthymesis fue por el acto, Achamoth de dónde, todavía se busca, Sofía mana de la madre, el Espíritu Santo del ángel. Recibe el deseo de Cristo, de quien se había sentido abandonada inmediatamente. Por tanto, saltó ella misma también a buscar su luz. Si no lo conocía en absoluto, como obrado invisiblemente,¿ cómo buscaba con él su luz desconocida? Sin embargo, lo tentó y quizás lo habría aprehendido si no fuera porque el mismo Horos, que había venido tan prósperamente a su madre, ahora hubiera ocurrido tan importunamente a la hija, que incluso le gritó:«¡ Iao!».¡ Como si fuera«¡ Porro Quirites!» o«¡ Fides Caesaris!»! De ahí se encuentra Iao en las escrituras. Así, rechazada de seguir, y no teniendo para sobrevolar la Cruz, es decir, a Horos, porque no habría sido ejercitada en ningún Laureolo de Catulo, como destituida, como intrincada en aquella pasión suya múltiple y perpleja, comenzó a ser afligida por todo género de ella: por lamento, porque no había perpetrado lo intentado, por miedo, no fuera que, como de la luz, también fuera privada de la vida, a esto por consternación, luego por ignorancia, y no como su madre— aquella, en efecto, era Eón—( sino) por condición peor, insurgiendo todavía también otro flujo, el de la conversión, ciertamente, a Cristo, por quien había sido vivificada y templada a esta misma conversión.
15
Ea ahora, aprendan los pitagóricos, reconozcan los estoicos, el mismo Platón, de dónde la materia, que quieren que sea innata, trajo tanto el origen como la sustancia a toda esta estructura del mundo; lo que ni aquel Mercurio Trismegisto, maestro de todos los físicos, pensó. Has escuchado la conversión, otro género de pasión: de esta se dice que ha consistido toda alma de este mundo, incluso la del mismo Demiurgo, es decir, nuestro Dios; has escuchado el lamento y el temor: de estos fueron iniciadas las demás cosas. Pues de sus lágrimas manó toda la naturaleza de las aguas. De aquí hay que estimar qué desenlace llevó, con cuántos géneros de lágrimas inundó. Tuvo también saladas, tuvo también amargas y dulces, y gotas cálidas y frígidas, y bituminosas y ferruginosas, y sulfurosas ciertamente y envenenadas, de modo que de allí sudó Nonacris, que mató a Alejandro, y de allí fluyó la de los Lincestas, que hace ebrios, y de allí se soltó Salmacis, que hace blandos a los machos. Achamoth goteó también lluvias celestiales, y nosotros nos preocupamos de guardar en cisternas ajenos lutos y lágrimas. Por consiguiente, de la consternación y el pavor fueron conducidos los elementos corporales. Y, sin embargo, en tanta circunstancia de soledad, en tanto circunspecto de destitución, reía a veces, recordando al Cristo visto;¡ de esa risa de gozo brotó la luz, de quién es esto!¡ De la providencia!¡ Qué beneficio!¡ La obligaba a reír para que no moráramos siempre en las tinieblas! Ni te asombres:¿ acaso su alegría irradió un elemento tan espléndido al mundo, cuando su tristeza también derramó un instrumento tan necesario al siglo?¡ Oh risa iluminadora!¡ Oh llanto regador! Y, sin embargo, podía actuar ya con remedio ante el horror de aquel lugar. Pues habría disipado toda su oscuridad, cuantas veces hubiera querido reír, o para no ser obligada a suplicar a sus desertores.
16
Se convierte, en efecto, a los ruegos ella misma también a modo materno. Pero Cristo, a quien ya le pesaba partir fuera del Pleroma, envía a ella al vicario del prefecto, el Paráclito Soter— este será Jesús, habiéndole otorgado el padre de todos los Eones la suma potestad para someter a todos ellos, para que en él, según el apóstol, todas las cosas fueran fundadas— con el oficio y el acompañamiento de los ángeles coetáneos, creerías que también con doce haces. Allí finalmente, conmovida por su llegada pomposa, Achamoth se cubrió inmediatamente un velo por el oficio primero de veneración y vergüenza; luego lo contempla y el sugesto fructífero. Con las fuerzas con las que había concebido de allí, le ocurre diciendo:« xcipcE XiXlps», creo. Él confirma y conforma a la recibida ya con el reconocimiento y la purifica de todas las injurias de la Pasión, no con la misma negligencia discretas en el exterminio, como había ocurrido en los casos de la madre. Pero, en efecto, confundió los vicios ejercitados y viciosos por el uso y así, solidificados en masa, los fijó aparte, cambiando en la preparación corporal de la materia a partir de la pasión incorporal, puesta la habilidad y naturaleza, por la cual pudieran llegar pronto a las emulaciones rivales de las corpulencias, para que se ordenara la doble condición de las sustancias, de los vicios la peor, de la conversión la pasional. Esta será la materia que nos comprometió con Hermógenes y los demás, que presumen que Dios operó todas las cosas de la materia, no de la nada.
17
De aquí en adelante Achamoth, expedita finalmente de todos los males, he aquí que ya progresa y fructifica en obras mayores. Pues por el gozo de tanto éxito a partir de la infelicidad, calentada y a la vez, por la contemplación misma de las luces angélicas, por así decirlo, subfermentada— da vergüenza, pero no hay otra forma de expresarlo—, de algún modo fermentó dentro ella misma también hacia aquellos y, por el concepto, se hinchó inmediatamente con la imagen misma espiritual, que había embebido por la fuerza de la intención que se alegraba y que picaba por la alegría, y se la había intimado. Finalmente parió, y se hizo desde entonces la trinidad de géneros a partir de la trinidad de causas: uno material, que es de la pasión; otro animal, que es de la conversión; el tercero espiritual, que es de la imaginación.
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Con esta autoridad de los tres hijos, ciertamente, hecha más ejercitada en las cosas que debían hacerse, decidió formar los géneros singulares. Pero lo espiritual, ciertamente, no pudo tocarlo de tal modo que ella misma fuera espiritual. Pues la sociedad de la naturaleza negó que cosas casi iguales y consustanciales valieran la una hacia la otra. Con ese ánimo se convirtió ella misma hacia lo animal, proferidas las disciplinas del Soter. Y primero, lo que con gran horror de blasfemia debe ser pronunciado, leído y escuchado, finge a este Dios nuestro y de todos excepto de los herejes, Padre y Demiurgo y Rey de todas las cosas que están después de él. Pues de él; si es que de él, y no más bien de la misma Achamoth, de la cual, oculto, no sintiendo nada de él, y como por un conductor externo de sigilario, era movido hacia toda operación. Finalmente, de esta ambigüedad de personas en las obras, mezclaron para él el nombre de Metropátor, distinguidas las demás apelaciones según los estados y situaciones de las obras, de modo que a las sustancias animales, que encomiendan a la derecha, las llamen Padre, a las materiales, en cambio, que delegan a la izquierda, las nombren Demiurgo, y Rey, en cambio, comúnmente hacia la universalidad.
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Pero ni la propiedad de los nombres coincide con la propiedad de las obras, de las cuales son los nombres, cuando debería ser llamada todas estas cosas aquella de la que se hacían las cosas; a no ser que ya ni de ella. Pues cuando dicen que Achamoth, en honor de los Eones, imaginó las imágenes, de nuevo esto lo desvían hacia el autor Soter, quien habría obrado a través de ella, para que diera, ciertamente, la imagen misma del Padre invisible e incognoscible, aunque incognoscible e invisible para el Demiurgo, pero que fingiera al mismo Demiurgo como hijo de Nus, y que los Arcángeles, obra del Demiurgo, expresaran a los restantes Eones. Cuando escucho imágenes tan grandes de aquellos tres, la hembra Achamoth imagen del padre, y el Demiurgo ignorante de la madre, mucho más del padre, imagen de Nus que no ignora al padre, y los ángeles siervos simulacros de los señores, pregunto:¿ no quieres ahora que me ría de las imágenes del pintor más perverso? Esto es pintar una mula de un asno y describir a Ptolomeo de Valentín.
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Por tanto, el Demiurgo, constituido fuera de los límites del Pleroma, fundó en la ignominiosa vastedad del exilio eterno una nueva provincia, este mundo, tras haber purgado la confusión y distinguido la diversidad de aquella doble sustancia, la animal y la material, que había sido expulsada. De lo incorporal edifica cuerpos: pesados y ligeros, ascendentes y descendentes, celestiales y terrenales. Luego, delimita la misma escena septuplicada de los cielos desde su trono superior. De ahí que sea llamado Sabbat por la semana de su sede, al igual que la Ogdóada, madre Achamoth, por el argumento de la ogdóada primigenia. Sin embargo, consideran a los cielos como una' voapοό' y a veces los hacen ángeles, al igual que al propio Demiurgo, y al Paraíso como un cuarto Arcángel, puesto que también lo sitúan por encima del tercer cielo, de cuya virtud habría tomado algo Adán, al habitar allí entre nubecillas y arbolillos. Ptolomeo recordaba bien las fábulas infantiles, que en el mar nacen manzanas y en los árboles peces; así también supuso la existencia de nogales en los cielos. El Demiurgo obra ignorante y, por tanto, quizás no sabe que los árboles deben ser instituidos solo en la tierra. Ciertamente, la madre lo sabía.¿ Por qué no se lo sugería, ella que también administraba su propio efecto? Pero, construyendo tal altura para su hijo mediante aquellas obras que lo atestiguan como padre, dios y rey incluso antes de los ingenios de los valentinianos, preguntaré más tarde por qué no quiso darse a conocer a él.
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Entretanto, debe retenerse que a Sophia se la apoda Tierra, Madre y, lo que es más risible, incluso Espíritu Santo, como si fuera varón. Así, le han conferido a la hembra todo el honor del macho, creo que hasta la barba, por no decir el resto. Por lo demás, el Demiurgo no era tan dueño de las cosas— al ser, por supuesto, de una condición animal incapaz de acceder a lo espiritual— como para proclamar, creyéndose solo:' Yo soy Dios y fuera de mí no hay otro'. Sin embargo, ciertamente sabía que no había existido desde siempre. Por tanto, comprendía que había sido hecho y que debía haber un hacedor de lo hecho.¿ Cómo, pues, se consideraba solo, si no estaba seguro, al menos sospechando de algún hacedor?
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La infamia es más tolerable entre ellos respecto al diablo, o porque su origen se considera más sórdido. Pues se le atribuye a la maldad de aquel pesar, del cual señalan los linajes de los ángeles, los demonios y todas las malicias espirituales. Y, sin embargo, afirman que también el diablo es obra del Demiurgo, lo llaman' Señor del Mundo' y lo defienden como más conocedor de las cosas superiores, como de naturaleza espiritual, a diferencia del Demiurgo, que es animal. Merece de ellos la preferencia, pues para él se procuran todas las herejías.
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Colocan las fortalezas de las potestades singulares en estos límites: en las cumbres más altas preside el Pleroma de treinta, con Horos señalando la línea extrema. Más abajo, Achamoth mide la mitad, pisando al hijo. Pues el Demiurgo subyace en su Hébdada. El diablo, en cambio, concuerda más con nosotros en este mundo, coelementado y concorporificado, como se ha expuesto arriba. De los utilísimos infortunios de Sophia, que ni siquiera tendría aire— espacio para el espíritu que se retrae, tierno vestido de todos los cuerpos, índice de todos los colores, órgano de los tiempos— si la tristeza de Sophia no lo hubiera destilado, al igual que el miedo destiló a los animales, y su conversión al propio Demiurgo. De todos estos elementos y cuerpos se ha avivado el fuego. Puesto que aún no han publicado la pasión original de Sophia, yo, por mi parte, argumentaré que fue sacudido por sus pequeñas agitaciones. Pues podrías creer que ella, en tales vejaciones, incluso tuvo fiebre.
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Cuando tales ficciones sobre Dios o sobre los dioses,¿ qué sobre el hombre? Pues el Demiurgo, habiendo forjado el mundo, pone manos a la obra con el hombre y toma su sustancia no de esta tierra árida, dicen, que nosotros conocemos como única— como si, aunque árida después, no hubiera estado todavía húmeda entonces, al haberse segregado las aguas y persistir el limo—, sino del cuerpo invisible de la materia, es decir, de aquella filosófica, de su parte fluida y fusible, la cual me atrevo a estimar de dónde vino, porque no está en ninguna parte. Pues si lo fusible y fluido es una cualidad del líquido, y todo líquido fluyó de los llantos de Sophia, se sigue que debemos creer que el limo consistió en las pituitas y legañas de Sophia, que son, por tanto, las heces de las lágrimas, así como el limo es lo que se asienta de las aguas. Así pues, el Demiurgo modela al hombre y lo anima con su soplo. Así será tanto' cóico' como animal, hecho a imagen y semejanza, una cosa cuádruple, de modo que la imagen se considere el cóico— es decir, material, aunque no de materia del Demiurgo— y la semejanza el animal; pues esto es también el Demiurgo. Tienes dos por ahora. Dicen que la superficie carnal fue después sobretejida al cóico, y que esta es la túnica de piel sujeta a la sensación.
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Había, sin embargo, en Achamoth, de la sustancia de su madre Sophia, un peculio de semilla espiritual, tal como la propia Achamoth había secuestrado en el hijo Demiurgo, sin que este lo supiera. Acepta la industria de esta providencia clandestina. Pues para esto lo había depositado y ocultado: para que, cuando el Demiurgo comunicara el alma poco después de su propio soplo a Adán, al mismo tiempo aquella semilla espiritual se derivara hacia el cóico como a través de un canal, y así, fecundado en el cuerpo material como en un útero y crecido allí, se encontrara idóneo para recibir en algún momento el discurso perfecto. Por tanto, mientras el Demiurgo confía el trasvase de su alma a Adán, el hombre espiritual permaneció oculto, insertado en su soplo e introducido al mismo tiempo en el cuerpo, porque el Demiurgo no conocía más la semilla de la madre que a ella misma. A esta semilla llaman Iglesia, espejo de la Iglesia superior y censo del hombre espiritual, considerándolo por tanto proveniente de Achamoth, del mismo modo que el animal del Demiurgo, y el cóico de la sustancia material. Tienes un nuevo, es decir, un cuádruple Gerión.
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Así también dividen el destino de cada uno: al material, es decir, al carnal, al que llaman izquierdo, le asignan una perdición indudable; al animal, al que llaman derecho, un resultado dudoso, puesto que oscila entre el material y el espiritual, y le es debido aquello hacia lo que más se haya inclinado. Por lo demás, el espiritual es enviado en comparación con el animal, para que pueda ser instruido con él y ejercitado en las conversaciones. Pues el animal habría necesitado también de disciplinas sensibles. En esto se previó la preparación del mundo, en esto se representó al Salvador en el mundo,[ para la salvación del animal, por supuesto], otra composición monstruosa. Quieren que él haya asumido las primicias de aquellas sustancias cuya suma iba a reducir a la salvación, de modo que, ciertamente, hubiera recibido lo espiritual de Achamoth, lo animal del Demiurgo, al cual pronto revistió Cristo; por lo demás, que haya llevado lo corporal, construido de sustancia animal pero con un ingenio de razón maravilloso e inenarrable, por causa de la administración, para estar sujeto al encuentro, a la vista, al contacto y a la muerte, cosas ingratas; pero que no hubiera nada material en él, por ser ajeno a la salvación. Como si fuera necesario para otro que no fuera el que necesita salvación. Y todo esto, para que, alienando el hábito de nuestra carne de Cristo, nos expulsen también de la esperanza de la salvación.
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Ahora rindo cuentas sobre Cristo, en quien algunos insertan tanta licencia de leyes, cuanta introducen la semilla espiritual con el soplo en el animal, inventando no sé qué rellenos de hombres y de sus dioses: que también el Demiurgo tiene su propio Cristo, hijo natural y el mismo animal, proferido por él mismo, promulgado por los profetas, puesto en las cuestiones de las preposiciones, es decir, a través de la virgen, no nacido de la virgen, porque, llevado a la virgen, procedió de manera más bien de tránsito que de generación, a través de ella, no de ella, no sufriendo que ella fuera madre, sino camino. Sobre este Cristo, pues, habría volado entonces Jesús en el sacramento del bautismo mediante la efigie de una paloma. Habría habido también en Cristo un condimento de la semilla espiritual de Achamoth, para que no se marchitara, por supuesto, el resto del relleno. Pues, a figura de la tétrada principal, lo componen con cuatro sustancias: la espiritual achamothiana, la animal demiúrgica, la corporal inenarrable y aquella sotérica, es decir, la palomina. Y el Salvador, ciertamente, permaneció en Cristo impasible, inlesible, inabarcable. Finalmente, cuando se llega a las aprehensiones, se apartó de él, en el conocimiento de Pilato. Por tanto, tampoco la semilla de la madre admitió injurias, igualmente insubordinada y ni siquiera conocida por el propio Demiurgo. Pero el Cristo animal y carneo sufre en delineación del Cristo superior, quien, al formar a Achamoth con forma sustancial, no cognoscitiva, se había apoyado en la Cruz, es decir, en Horos. Así, todo lo fuerzan hacia imágenes; ciertamente, ellos mismos son cristianos imaginarios.
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Entretanto, el Demiurgo, ignorante aún de todo, o si él mismo proclamaba algo a través de los profetas, sin entender siquiera esta obra suya— pues dividen también el patrocinio profético en Achamoth, en la semilla y en el Demiurgo—, cuando recibió el advenimiento del Salvador, corre presuroso y exultante con todas sus fuerzas— el centurión del evangelio— y, iluminado por él sobre todas las cosas, aprende también su esperanza, que ha de suceder en el lugar de la madre. Así, desde entonces, seguro, sigue la dispensación de este mundo, sobre todo en nombre de la protección de la iglesia, durante el tiempo que sea necesario.
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Recopilaré ahora de lo disperso, para concluir, lo que discurren sobre la disposición de todo el género humano. Habiendo profesado una naturaleza triforme desde el principio y, sin embargo, unida en Adán, desde allí ya la dividen por las propiedades singulares de los géneros, habiendo hallado ocasión de tal distinción en la posteridad del mismo Adán. Tripartita también por diferencias morales, Caín, Abel y Seth. Derivan de alguna manera las fuentes del género humano en otros tantos argumentos de naturaleza y sentencia: al cóico, degenerado para la salvación, lo reducen a Caín; al animal, deliberado para una esperanza media, lo componen en Abel; al espiritual, prejuzgado para una salvación segura, lo esconden en Seth. Así también distinguen las almas mismas por doble propiedad, buenas y malas, según el estado cóico de Caín y el animal de Abel. Al espiritual de Seth lo sobreañaden por benevolencia, ya no como naturaleza sino como indulgencia, como lo que Achamoth derrama desde las alturas sobre las almas buenas, es decir, las inscritas en el censo animal. Pues el género cóico, es decir, las almas malas, nunca puede captar lo saludable; pues han pronunciado que la naturaleza de la naturaleza es inmutable e irreformable. Ese grano de semilla espiritual, pues, se arroja pequeño y diminuto, pero, instruido por este, como dijimos arriba, aumenta y se promueve por la fe, y las almas, por esto mismo, habían aventajado tanto a las demás que el Demiurgo, entonces ignorante, las tuvo en gran estima. Pues de su lista solía elegir tanto a reyes como a sacerdotes. Las cuales ahora también, si aprehendieran la plena y perfecta noticia de estas naderías, obtendrán, por el parentesco de la condición espiritual ya naturificada, una salvación segura, es decir, debida de todas formas.
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Y por eso no consideran necesarias las operaciones ni observan ningún deber de disciplina, eludiendo también la necesidad del martirio con la interpretación que quieren. Pues esta regla está preestablecida para la semilla animal, para que la salvación, que no poseemos por privilegio de estado, la elaboremos por el sufragio de los actos. Pues para nosotros, en la escritura de esta semilla, que somos de esencia imperfecta, porque conocemos a Theletus, y ciertamente somos considerados como un aborto, lo que es la madre de ellos. Pero¡ ay de nosotros si excediéramos en algo el yugo de la disciplina, si nos entorpeciéramos en las obras de santidad y justicia, si hubiéramos preferido confesar en otro lugar, no sé dónde, y no bajo las potestades de este siglo ante los tribunales de los presidentes! Ellos, en cambio, reivindiquen su nobleza por la pasividad de la vida y la diligencia de los delitos, halagando Achamoth a los suyos. Puesto que ella misma progresó delinquiendo. Pues también, por gracia de los matrimonios superiores que deben ser honrados, se edicta entre ellos que debe meditarse y celebrarse siempre el sacramento de adherirse al' compañero', es decir, a la hembra; de lo contrario, es degenerado y no legítimo de la verdad quien, habiendo habitado en el mundo, no amó a una mujer ni se unió a ella.¿ Y qué harán los eunucos, a quienes vemos entre ellos?
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Resta hablar de la consumación y la dispensación de la recompensa. Cuando Achamoth haya presionado toda la masa de su semilla, luego haya comenzado a recogerla en el granero, y entonces, llevada a los molinos y desharinada, la haya escondido en la alutacia de la mezcla, hasta que todo se congregue, entonces urgirá la consumación. Por tanto, en primer lugar, la propia Achamoth será trasladada de la región de la mitad, del segundo piso, a lo más alto. Restituida al Pleroma, la recibe inmediatamente aquel Salvador compacto, es decir, el esposo, y ambos serán un nuevo matrimonio— esto será en las escrituras el esposo y la esposa— y el Pleroma nupcial. Pues podrías creer que, cuando se transmigra de un lugar a otro, intervienen también las leyes Julias. Así, desde la escena, el Demiurgo también cambiará entonces de la Hébdada celestial a las alturas, al comedor ya vacío de la madre, sabiendo ya, y no viéndola. Pues si así era, siempre habría preferido ignorar.
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El género humano, en cambio, irá a este destino: el de nota cóica y material, a la perdición total, porque toda carne es heno. Y el alma es mortal entre ellos, a menos que haya encontrado la salvación por la fe. Las almas de los justos, es decir, las nuestras, serán transmitidas al Demiurgo en los receptáculos de la mitad— damos gracias, estaremos contentos con ser contados con nuestro Dios—, ya que, por el censo animal, nada es admitido en el palacio del Pleroma, excepto el examen espiritual de Valentín. Allí, pues, primero serán despojados los hombres mismos, es decir, los interiores— despojarse, sin embargo, es deponer las almas con las que parecían estar vestidos— y las devolverán a su Demiurgo, las cuales habían apartado de él; ellos mismos, en cambio, se volverán totalmente espíritus intelectuales, no sujetos a detención ni a vista, y así serán recibidos invisiblemente en el Pleroma. A hurtadillas, si es así.¿ Qué después? Serán distribuidos a los ángeles, satélites del Salvador.¿ En hijos, piensas? No uno.¿ Sino en servidores? Ni siquiera eso.¿ Sino en imágenes?¡ Ojalá fuera al menos eso!¿ En qué, pues, si no da vergüenza decirlo? En esposas. Entonces ellos jugarán entre sí a las sabinas raptadas sobre los matrimonios. Esta será la recompensa de los espirituales, este el premio de creer. Fábulas tales, útiles como Marco o Cayo, en esta carne barbudo y en esta alma severo marido, padre, abuelo, bisabuelo, ciertamente, lo que basta, macho, en el ninfón del Pleroma por un ángel— ya lo dije callando, y quizás engendre algún Eón Onésimo. Para conducir rectamente estas nupcias, en lugar de antorcha y velo nupcial, entonces, creo, aquel fuego arcano irrumpirá y, habiendo despoblado toda la sustancia, él mismo también, cenizadas todas las cosas, terminará en la nada, y ya no habrá fábula. Pero no sea yo temerario, que he revelado tal sacramento incluso burlándome. Debo temer que Achamoth, que no quiso ser reconocida ni siquiera por su hijo, se enfurezca, que Theletus se irrite, que Fortunata se amargue. Y, sin embargo, soy hombre del Demiurgo: allí tengo que dirigirme después de la salida, donde no se casa en absoluto, donde tengo que ser sobrevestido más bien que despojado, donde, aunque sea despojado, soy contado según mi sexo, no ángel para los ángeles, no ángela. Nadie me hará nada, a quien encontrarán entonces también macho.
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Produciré finalmente, como un epicitarisma después de tanta fábula, también aquellas cosas que, para no obstruir el orden y dispersar la intención del lector con una interjección, preferí diferir a este lugar, recomendadas de una y otra manera por los enmendadores de Ptolomeo. Pues surgieron de su escuela discípulos superiores al maestro, que añadían un doble matrimonio a su Bythos: Cogitación y Voluntad. Pues una sola Cogitación no era suficiente, con la cual no habría podido producir nada. De las dos, muy fácilmente, fue proferido el segundo matrimonio, Monógenes y Verdad, a imagen de la Cogitación la hembra Verdad, a imagen de la Voluntad el macho Monógenes. Pues la fuerza de la voluntad, como la que presta efecto a la cogitación, obtiene el censo de virilidad.
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Otros más pudorosos, recordando el honor de la divinidad, para arrancar de él incluso el deshonor de un solo cónyuge, prefirieron no atribuir ningún sexo a Bythos, y quizás pronuncian' este dios' en género neutro, no' este dios' en masculino. Otros, por el contrario, dicen que es más bien macho y hembra, para que el comentarista de anales Fenestella no piense que el hermafrodita existe solo entre los lunenses.
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Hay quienes no defienden el principado para Bythos, sino un postumado, anteponiendo la ogdóada antes que todas las cosas, derivada ciertamente de la tétrada pero con otros nombres. Pues primero constituyen a Proarche, segundo a Anennoetos, tercero a Arrheton, cuarto a Aoraton. De Proarche, pues, habría procedido en primer y quinto lugar Arche, de Anennoetos en segundo y sexto lugar Acatalepton, de Arrheton en tercero y séptimo lugar Anonomaston, de lo Invisible en cuarto y octavo lugar Agenneton. Qué razón dispone esto, para que cada uno nazca en dos lugares y, ciertamente, tan entrecortados, prefiero ignorarlo que aprenderlo. Pues¿ qué tienen de recto las cosas que se proponen tan perversamente?
36
Cuánto mejores son los que, habiendo eliminado todo este tedio de en medio, no quisieron ningún otro Eón derivado de otro por grados verdaderamente' gemonios', sino que, como dicen, lanzada la red una vez, esta ogdóada fue acuñada del Propatore y su Ennoea. Finalmente, los nombres los llevan del mismo movimiento de las cosas.' Cuando', dicen,' pensó en proferir, este fue llamado Padre; cuando profirió, esta fue llamada Verdad. Cuando quiso probarse a sí mismo, este fue pronunciado Hombre. A los que preconcibió cuando los profirió, entonces fue llamada Iglesia'. El Hombre hizo sonar el Sermón— y este es el hijo primogénito— y al Sermón se añadió la Vida, y la primera ogdóada fue concluida. Pero este tedio es pequeño.
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Acepta otros ingenios, ya de alma amansada, de un maestro más distinguido entre ellos, quien por su autoridad pontifical opinó de este modo:' Existe', dice,' antes que todas las cosas Proarche, inescrutable e inenarrable e innombrable, al que yo nombro Monoteta. Con esta había otra virtud, a la que yo mismo llamo Henoteta. Monotes y Henotes, es decir, Solidad y Unidad, cuando eran uno, profirieron, sin proferir, el inicio de todas las cosas intelectual, innascible, invisible, al que el Sermón llamó Mónada. A este le asiste una virtud consustancial, a la que llama Unión. Estas, pues, son las virtudes: Solidad, Unidad, Singularidad, Unión, que propagaron las demás prolaciones de los Eones'.¡ Oh, diferencia! Cámbiese Unión y Unidad y Singularidad y Solidad, como quieras designarlo: es uno.
38
Más humano ya Secundus, por ser más breve, dividiendo la ogdóada en dos tétradas, en derecha e izquierda, en luz y tinieblas, solo que no quiere que aquella virtud saltarina y defectora sea derivada de alguno de los Eones, sino que vengan de los frutos y de la sustancia.
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¡ Sobre el mismo señor Jesús, cuánta diversidad se escinde! Unos lo construyen de las florecillas de todos los Eones; otros sostienen que consistió solo de diez, los que el Sermón y la Vida profirieron, de donde también concurrieron en él los títulos del Sermón y la Vida; otros, más bien de doce, del fruto del Hombre y la Iglesia, y por eso pronunciado antiguamente Hijo del Hombre; otros, de Cristo y el Espíritu Santo, previstos para estabilizar la universalidad, confabulado y de ahí heredero de la apelación paterna. Hay quienes no concibieron que el Hijo del Hombre debiera decirse de otra parte, sino porque presumieron que el mismo Padre, por un gran sacramento del nombre, se llamó a sí mismo Hombre.¿ Y qué más puedes esperar de la fe de aquel dios, con cuyo nombre te igualas? Tales ingenios sobreabundan entre ellos por la redundancia de la semilla materna. Y así, las doctrinas de los valentinianos, al crecer, ya han degenerado en los bosques de los gnósticos.

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