De Anima
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Original / primary: Spanish Gemini
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¡ Feliz sacramento de nuestra agua, puesto que, lavados los delitos de nuestra ceguera primitiva, somos liberados para la vida eterna! Este tratado no será ocioso, pues instruye tanto a quienes están siendo formados en este momento, como a aquellos que, contentos con haber creído simplemente, sin haber explorado las razones de las tradiciones, llevan una fe probable pero no examinada por falta de pericia. Y, de hecho, recientemente, cierta mujer que anduvo por aquí, de la herejía de Gaio, una víbora de doctrina muy venenosa, arrebató a muchos, destruyendo principalmente el bautismo. Ciertamente, conforme a su naturaleza; pues, por lo general, las víboras, las áspides y las mismas serpientes basiliscos buscan lugares áridos y sin agua. Pero nosotros, pececillos, conforme a nuestro Ichtys, Jesucristo, nacemos en el agua y no nos salvamos de otra manera que permaneciendo en el agua. Por tanto, aquella mujer monstruosa, que ni siquiera tenía el derecho legítimo de enseñar, sabía muy bien cómo matar a los pececillos al apartarlos del agua.
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Pero, en verdad,¡ qué gran fuerza tiene la perversidad para debilitar la fe o para no recibirla en absoluto, al punto de impugnarla precisamente a partir de aquello en lo que consiste! Nada endurece tanto las mentes de los hombres como la simplicidad de las obras divinas, que se ve en el acto, y la magnificencia que se promete en el efecto; de modo que también aquí, puesto que con tanta simplicidad, sin pompa, sin aparato nuevo alguno y, en fin, sin gasto, el hombre es sumergido en el agua y, entre pocas palabras, es bautizado y resurge no mucho o nada más limpio, se considere increíble la obtención de la eternidad. Miento si no es al contrario: las solemnidades o los arcanos de los ídolos se construyen fe y autoridad a partir del despliegue, el aparato y el gasto.¡ Oh, miserable incredulidad, que niegas a Dios sus propiedades: la simplicidad y el poder!¿ Qué, pues?¿ Acaso no es admirable que la muerte sea lavada en el baño? Pues bien, con mayor razón debe creerse si, precisamente porque es admirable, por eso no se cree.¿ Cómo habrían de ser las obras divinas, sino por encima de toda admiración? Nosotros mismos también nos admiramos, pero porque creemos. En cambio, la incredulidad se admira, pero no cree. Pues se admira de las cosas simples como si fueran vanas, y de las magníficas como si fueran imposibles. Y sea ciertamente como piensas, la declaración divina se ha adelantado suficientemente a ambas cosas. Dios eligió lo necio del mundo para confundir su sabiduría, y lo que es muy difícil para los hombres es fácil para Dios. Pues si Dios es sabio y poderoso, lo cual incluso quienes lo ignoran no niegan, con razón instituyó las materias de su operación en los contrarios de la sabiduría y el poder, es decir, en la necedad y la imposibilidad; puesto que toda virtud recibe su causa de aquello por lo que es provocada.
3
Recordando esta declaración como una prescripción, tratamos, no obstante, cuán necio e imposible es ser reformado por el agua.¿ Qué mérito tuvo, en efecto, esta materia para recibir tal dignidad? A mi parecer, debe exigirse la autoridad del elemento líquido. Y, ciertamente, abunda en gran medida, y de hecho desde el principio. Pues es una de aquellas cosas que, antes de toda la estructura del mundo, descansaban ante Dios con una forma aún informe. En el principio, dice, creó Dios el cielo y la tierra. La tierra, empero, era invisible e informe, y las tinieblas estaban sobre el abismo, y el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas. Tienes, hombre, en primer lugar, que venerar la edad de las aguas, porque es una sustancia antigua; luego, su dignidad, porque es el asiento del espíritu divino, más grata, por cierto, que los demás elementos de entonces. Pues todas las tinieblas aún, sin el adorno de los astros, eran informes, y el abismo era triste, la tierra estaba sin preparar y el cielo era rudo; solo el líquido, materia siempre perfecta, alegre, simple, pura por sí misma, ofrecía un vehículo digno para Dios.¿ Qué decir de que, desde entonces, la disposición del mundo consistió para Dios, en cierto modo, en las aguas moduladoras? Pues para suspender el firmamento celeste en medio, lo hizo separando las aguas; para suspender la tierra árida, lo dispuso segregando las aguas. Ordenado luego el mundo a través de los elementos, cuando se les dieron habitantes, se ordenó a las primeras aguas producir almas. El primer líquido dio lo que vivía, para que no sea extraño que en el bautismo las aguas sepan dar vida.¿ Acaso no se completó también la obra de formar al hombre mismo asociando las aguas? La materia convenía de la tierra, pero no era hábil si no estaba húmeda y jugosa, la cual, ciertamente, las aguas segregadas antes del cuarto día habían templado con el limo, al quedar el humor en su lugar. Si prosiguiera desde entonces con todas o la mayoría de las cosas que podría conmemorar sobre la autoridad de este elemento, cuánta es su fuerza o su gracia, cuántos ingenios, cuántos oficios, cuánto instrumento aporta al mundo, temo parecer haber reunido alabanzas del agua más que razones del bautismo: aunque enseñaría más plenamente que no se debe dudar si la materia que Dios dispuso en todas sus cosas y obras, también la hizo obedecer en sus propios sacramentos, y si lo que gobierna la vida terrenal, también procura la celestial.
4
Pero será suficiente haber espigado estas cosas, en las cuales se reconoce también la razón del bautismo, primeramente aquella por la cual ya entonces, incluso con el mismo hábito, prefiguraban para la figura del bautismo al espíritu de Dios, que desde el principio se cernía sobre las aguas, que habría de morar sobre las aguas de los bautizados. Pues lo santo se cernía ciertamente sobre lo santo, y aquello que era portado tomaba la santidad de lo que se cernía sobre él, puesto que es necesario que toda materia sujeta tome la cualidad de aquello que se cierne desde arriba, especialmente lo corporal al penetrar y posarse fácilmente en lo espiritual por la sutileza de su sustancia. Así, la naturaleza de las aguas, santificada por lo santo, concibió ella misma el santificar. Que nadie diga:¿ acaso somos bautizados en las mismas aguas que estaban entonces en el principio? Ciertamente no en las mismas, a menos que sea en la parte en que, si bien el género es uno, las especies son muchas. Pero lo que se atribuye al género, redunda también en la especie. Y por ello no hay distinción entre si uno es lavado en el mar o en un estanque, en un río o en una fuente, en un lago o en un canal, ni importa nada entre aquellos a quienes Juan bautizó en el Jordán y a quienes Pedro bautizó en el Tíber. A menos que aquel eunuco, a quien Felipe bautizó en el camino con agua fortuita, haya obtenido más o menos salvación. Por tanto, todas las aguas, por la prerrogativa de su origen primitivo, obtienen el sacramento de la santificación una vez invocado Dios. Pues el espíritu desciende inmediatamente de los cielos y se posa sobre las aguas, santificándolas de sí mismo, y así, santificadas, absorben la fuerza de santificar. Aunque la semejanza sea adecuada para el acto simple, de modo que, puesto que nos manchamos con los delitos en lugar de la suciedad, seamos lavados con las aguas. Pero los delitos, así como no aparecen en la carne, porque nadie lleva sobre la piel la mancha de la idolatría, del estupro o del fraude, así también los de este tipo ensucian en el espíritu, que es el autor del delito. Pues el espíritu domina, la carne sirve. Sin embargo, ambos comparten entre sí la culpa, el espíritu por el mando, la carne por el ministerio. Por tanto, al estar las aguas medicadas de algún modo por la intervención del ángel, el espíritu es lavado corporalmente en las aguas y la carne es purificada espiritualmente en las mismas.
5
Pero, en verdad, las naciones extranjeras, ajenas a todo entendimiento de las potestades espirituales, atribuyen la misma eficacia a sus ídolos. Pero se engañan a sí mismas con aguas vacías. Pues también son iniciados en ciertos ritos mediante un baño, de alguna Isis o de Mitra; incluso a sus propios dioses los sacan a pasear con lavatorios. Por lo demás, purifican por todas partes villas, casas, templos y ciudades enteras con la aspersión de agua llevada alrededor. Ciertamente, en los juegos Apolinares y Eleusinos son bautizados, y presumen de hacer esto para la regeneración y la impunidad de sus perjurios. Asimismo, entre los antiguos, quien se hubiera manchado con un homicidio, buscaba aguas purificadoras. Por tanto, si se halagan con los auspicios de la purificación basándose solo en la naturaleza del agua, porque es la materia propia para lavar,¿ cuánto más verdaderamente lo proporcionarán las aguas por la autoridad de Dios, de quien fue constituida toda su naturaleza? Si piensan que el agua se medica por la religión,¿ qué religión es más poderosa que la del Dios vivo? Al reconocer esto, reconocemos también aquí el afán del diablo, que emula las cosas de Dios, cuando él mismo ejerce el bautismo en los suyos.¿ Qué hay de semejante? El inmundo limpia, el destructor libera, el condenado absuelve. Evidentemente, destruirá su propia obra al lavar los delitos que él mismo inspira. Estas cosas, ciertamente, han sido puestas como testimonio para quienes rechazan la fe, si es que no creen en absoluto en las cosas de Dios, cuyas afectaciones creen en el rival de Dios.¿ Acaso no se posan también los espíritus inmundos en las aguas sin sacramento alguno, afectando aquella gestación del espíritu divino en el principio? Conocen todas las fuentes sombrías y todos los arroyos apartados, y las piscinas en los baños y los canales en las casas, o las cisternas y los pozos, que se dice que arrebatan, ciertamente por la fuerza de un espíritu nocivo. Pues llaman también epilépticos, linfáticos e hidrófobos a aquellos a quienes las aguas han matado o han ejercitado con demencia o miedo.¿ A qué viene que hayamos referido esto? Para que nadie crea con demasiada dureza que el ángel santo de Dios está presente para templar las aguas para la salvación del hombre, cuando el ángel malo frecuenta el comercio profano del mismo elemento para la perdición del hombre. Si parece nuevo que un ángel intervenga en las aguas, un ejemplo de lo futuro se ha adelantado. Un ángel que intervenía movía la piscina de Betsaida. Observaban quienes buscaban la salud. Pues si alguien se había adelantado a descender allí, dejaba de quejarse después del baño. Aquello cantaba la medicina espiritual como figura de la medicina corporal, bajo esa forma en que las cosas carnales siempre preceden como figura de las espirituales. Por tanto, al progresar la gracia de Dios en los hombres, se añadió más a las aguas y al ángel. Los que remediaban los vicios del cuerpo, ahora curan el espíritu; los que obraban una salud temporal, ahora reforman la eterna; los que liberaban a uno una vez al año, ahora conservan a los pueblos diariamente, habiendo sido borrada la muerte mediante la ablución de los delitos. Al ser quitada la culpa, se quita también la pena. Así, el hombre será restituido a Dios a semejanza de aquel que antes había estado a imagen de Dios. La imagen se considera en la figura, la semejanza en la eternidad. Pues recibe aquel espíritu de Dios que entonces había recibido de su soplo, pero que después había perdido por el delito.
6
No es que obtengamos el Espíritu Santo en las aguas, sino que, purificados en el agua bajo el ángel, somos preparados para el Espíritu Santo. También aquí precedió una figura; pues así Juan fue el precursor del Señor, preparando sus caminos. Así también el ángel, árbitro del bautismo, dirige los caminos para el Espíritu Santo que ha de venir mediante la ablución de los delitos, la cual la fe obtiene sellada en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pues si toda palabra se mantendrá en tres testigos, cuánto más, mientras tenemos por la bendición a los mismos árbitros de la fe que también son los garantes de la salvación,¿ es suficiente para la confianza de nuestra esperanza incluso el número de los nombres divinos? Pero cuando bajo los tres se pignoran tanto el testimonio de la fe como la garantía de la salvación, necesariamente se añade la mención de la Iglesia, puesto que donde están los tres, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, allí está la Iglesia, que es el cuerpo de los tres.
7
Luego, al salir del baño, somos ungidos con la unción bendita, según la disciplina antigua por la cual solían ser ungidos con aceite del cuerno en el sacerdocio; desde que Aarón fue ungido por Moisés, de donde Cristo es llamado así por el crisma, que es la unción, la cual acomodó el nombre al Señor, hecha espiritual, porque fue ungido con el espíritu por Dios Padre, como en los Hechos: pues se reunieron verdaderamente en esta ciudad contra tu santo hijo, a quien ungiste. Así también en nosotros la unción corre carnalmente, pero aprovecha espiritualmente; como también el acto carnal del bautismo mismo, el que somos sumergidos en el agua, tiene un efecto espiritual, el que somos liberados de los delitos.
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Después se impone la mano mediante la bendición, invocando e invitando al Espíritu Santo. Ciertamente, será lícito al ingenio humano atraer al espíritu al agua y animar la concorporación de ellos con otro espíritu de tanta claridad mediante las manos puestas encima,¿ pero no será lícito a Dios, en su órgano, modular la sublimidad espiritual mediante manos santas? Pero esto también es del antiguo sacramento, por el cual Jacob, habiendo impuesto sus manos sobre las cabezas de sus nietos de José, Efraín y Manasés, y habiéndolas intercambiado, los bendijo, y de hecho así, cruzadas oblicuamente entre sí, de modo que, prefigurando a Cristo, ya entonces presagiaban la bendición que habría de ser en Cristo. Entonces aquel Espíritu santísimo desciende gustoso del Padre sobre los cuerpos purificados y bendecidos, y reconoce sobre las aguas del bautismo su asiento primitivo y descansa, habiendo descendido en figura de paloma sobre el Señor, para que la naturaleza del Espíritu Santo fuera declarada mediante un animal de simplicidad e inocencia, el cual, la paloma, incluso corporalmente carece de hiel. Y por ello, dice, sed simples como palomas; ni siquiera esto sin el argumento de la figura precedente. Pues así como después de las aguas del diluvio, con las cuales la iniquidad antigua fue purgada, después del bautismo, por así decirlo, del mundo, la paloma, pregonera de la ira celestial, anunció la paz a las tierras enviada desde el arca y regresó con un olivo, que es un signo que también entre las naciones se presenta para la paz, con la misma disposición el efecto espiritual vuela hacia nuestra tierra, es decir, nuestra carne, que emerge del baño después de los antiguos delitos, la paloma del Espíritu Santo, trayendo la paz de Dios, enviada desde los cielos, donde la Iglesia es el arca figurada. Pero el mundo pecó de nuevo; por lo cual el bautismo se compara mal con el diluvio. Por tanto, está destinado al fuego, así como también el hombre que restaura los delitos después del bautismo, para que esto también deba ser tomado como signo de nuestra advertencia.
9
¿ Cuántos patrocinios de la naturaleza, cuántos privilegios de la gracia, cuántas solemnidades de la disciplina, figuras, preconstrucciones y oraciones han ordenado la religión del agua? Primero, ciertamente, cuando el pueblo, libre y expedito de Egipto, escapó al cruzar el agua la fuerza del rey de Egipto, el agua extinguió al rey mismo con todas sus tropas.¿ Qué figura más manifiesta en el sacramento del bautismo? Las naciones son liberadas del siglo mediante el agua, ciertamente, y abandonan al diablo, el dominador primitivo, oprimido en el agua. Asimismo, el agua es remediada del vicio de la amargura para el uso de una suavidad conveniente mediante el leño de Moisés. Aquel leño era Cristo, que remediaba por sí mismo las venas de la naturaleza antes venenosa y amarga hacia las aguas más saludables, es decir, las del bautismo. Esta es el agua que fluía para el pueblo de la roca acompañante. Pues si la roca es Cristo, sin duda vemos que el agua es bendecida en Cristo para el bautismo.¡ Cuánta gracia del agua hay ante Dios y su Cristo para la confirmación del bautismo! Nunca Cristo sin agua: puesto que él mismo es bautizado con agua, llamado a las bodas inaugura los primeros rudimentos de su poder con agua, cuando pronuncia un sermón, invita a los sedientos a su agua eterna, cuando enseña sobre el ágape, aprueba el cáliz de agua ofrecido al pobre entre las obras de caridad, junto al pozo recobra fuerzas, camina sobre el agua, cruza gustosamente el mar, sirve agua a los que aprenden. El testimonio del bautismo persevera hasta la pasión: cuando es entregado a la cruz, el agua interviene; lo saben las manos de Pilato: cuando es herido, el agua brota de su costado; lo sabe la lanza del soldado.
10
Hemos dicho, en la medida en que nuestra mediocridad lo permitió, sobre todas las cosas que construyen la religión del bautismo; ahora procederé al resto de su estado, igualmente como pueda, sobre ciertas pequeñas cuestiones. El bautismo anunciado por Juan tuvo ya entonces una cuestión, propuesta por el mismo Señor a los fariseos:¿ era aquel bautismo celestial o verdaderamente terrenal? Sobre lo cual ellos no pudieron responder con firmeza, como quienes no entendían, porque tampoco creían. Nosotros, por el contrario, con la poca fe que tenemos, podemos estimar con igual entendimiento que fue, ciertamente, un bautismo divino, pero por mandato, no por potestad, puesto que leemos que también Juan fue enviado por el Señor para este oficio, pero humano por su condición. Pues no otorgaba nada celestial, sino que preministraba a las cosas celestiales, encargado, ciertamente, de la penitencia, que está en el poder del hombre. En fin, los doctores de la ley y los fariseos, que no quisieron creer, tampoco hicieron penitencia. Pero si la penitencia es humana, es necesario que el bautismo mismo sea de la misma condición, o bien daría tanto el Espíritu Santo como la remisión de los delitos, si hubiera sido celestial. Pero ni perdona el pecado ni otorga el espíritu sino solo Dios. Incluso el mismo Señor, a menos que él mismo ascendiera primero al Padre, negó que el espíritu descendería de otro modo. Lo que el Señor aún no confería, el siervo ciertamente no habría podido otorgarlo. Tanto es así que después encontramos en los Hechos de los Apóstoles que quienes tenían el bautismo de Juan no habían recibido el Espíritu Santo, a quien ni siquiera conocían de oídas. Por tanto, no era celestial lo que no exhibía las cosas celestiales, cuando lo mismo que había sido celestial en Juan, el espíritu de profecía, después de la traslación de todo el espíritu al Señor, decayó hasta tal punto que, a quien había predicado, a quien había señalado como venidero, después envió a preguntar si era él mismo. Se realizaba, pues, el bautismo de penitencia como un candidato de la remisión y la santificación que habrían de seguir en Cristo. Pues lo que predicaba, el bautismo de penitencia para la remisión de los delitos, fue anunciado para una remisión futura: puesto que la penitencia precede, la remisión sigue, y esto es preparar el camino; pero quien prepara, no realiza él mismo lo mismo, sino que procura que otro lo realice. Él mismo confiesa que sus cosas no son celestiales, sino de Cristo, al decir: el que es de la tierra, de la tierra habla; el que viene de lo alto, está sobre todos: asimismo, que él solo bautizaba con penitencia, que pronto vendría quien bautizaría en espíritu y fuego. Ciertamente porque la fe verdadera y estable es bautizada en agua para la salvación, pero la simulada y débil es bautizada en fuego para el juicio.
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Pero he aquí, dicen, viene el Señor y no bautizó. Pues leemos: y sin embargo él no bautizaba, sino sus discípulos. Como si Juan hubiera predicado que él mismo bautizaría con sus propias manos. No debe entenderse así, ciertamente, sino dicho simplemente según la costumbre común, como es, por ejemplo: el emperador propuso un edicto o el prefecto azotó con varas:¿ acaso propone él mismo o acaso azota él mismo? Siempre se dice que hace aquello quien lo hace realizar. Así debe entenderse: él os bautizará, en lugar de: por él seréis bautizados o en él. Pero que no mueva a algunos el hecho de que él mismo no bautizaba. Pues,¿ en quién bautizaría?¿ En la penitencia?¿ Para qué entonces un precursor?¿ En la remisión de los pecados, que daba con la palabra?¿ En sí mismo, a quien ocultaba con la humildad?¿ En el Espíritu Santo, que aún no había ascendido al Padre?¿ En la Iglesia, que los apóstoles aún no habían construido? Por tanto, sus discípulos bautizaban como ministros, como Juan el precursor, con el mismo bautismo de Juan, para que nadie piense en otro, porque no existe otro sino después el de Cristo, que entonces ciertamente no podía ser dado por los discípulos, puesto que aún no se había cumplido la gloria del Señor, ni se había instruido la eficacia del baño mediante la pasión y la resurrección, porque ni nuestra muerte podría ser disuelta sino por la pasión del Señor, ni la vida restituida sin su resurrección.
12
Cuando, en verdad, se prescribe que a nadie le corresponde la salvación sin el bautismo, a partir de aquella declaración máxima del Señor que dice: si alguien no nacerá del agua, no tiene vida, surgen los escrupulosos, o mejor dicho, los temerarios retractos de algunos, sobre cómo le corresponde la salvación a los apóstoles a partir de esa prescripción, a quienes no encontramos bautizados en el Señor, excepto a Pablo. Es más, cuando Pablo solo de ellos vistió el bautismo de Cristo, o bien se ha prejuzgado sobre el peligro de los demás que carecen del agua de Cristo, para que la prescripción esté a salvo, o bien se rescinde la prescripción si se ha establecido la salvación incluso para los no bautizados. He oído, con el Señor por testigo, tales cosas, para que nadie me considere tan perdido como para inventar voluntariamente, por capricho de estilo, lo que pueda causar escrúpulo a otros. Y ahora responderé a ellos, como pueda, a quienes niegan que los apóstoles fueron bautizados. Pues si habían entrado en el bautismo humano de Juan y deseaban el del Señor, en la medida en que el mismo Señor había definido un solo bautismo diciendo a Pedro, que quería ser bañado: el que una vez se lavó, no tiene necesidad de nuevo, lo cual ciertamente no habría dicho en absoluto a quien no estaba bautizado, y esta es la prueba manifiesta contra aquellos que quitan a los apóstoles incluso el bautismo de Juan, para destruir el sacramento del agua.¿ Acaso puede parecer creíble que en estas personas no estuviera entonces preparado el camino del Señor, es decir, el bautismo de Juan, que estaban destinados a abrir el camino del Señor por todo el orbe? El mismo Señor, deudor de ninguna penitencia, fue bautizado:¿ no era necesario para los pecadores?¿ Qué, pues, que otros no fueron bautizados, no obstante compañeros de Cristo, sino rivales de la fe, los doctores de la ley y los fariseos? De donde también se sugiere que, cuando los adversarios del Señor no quisieron ser bautizados, aquellos que seguían al Señor fueron bautizados y no pensaron como sus rivales, especialmente cuando el Señor, a quien se adherían, había ensalzado a Juan con testimonio, diciendo: nadie mayor entre los nacidos de mujer que Juan el Bautista. Otros, ciertamente, de manera bastante forzada, introducen que entonces los apóstoles cumplieron el turno del bautismo cuando fueron salpicados y cubiertos por las olas en la barca; el mismo Pedro, al entrar por el mar, suficientemente sumergido. Pero, en mi opinión, una cosa es ser salpicado o interceptado por la violencia del mar, y otra ser bautizado por la disciplina de la religión. Por lo demás, aquella barca presentaba la figura de la Iglesia, que en el mar, es decir, en el siglo, es inquietada por las olas, es decir, por las persecuciones y tentaciones, mientras el Señor duerme, por así decirlo, por la paciencia, hasta que, despertado en los últimos tiempos por las oraciones de los santos, calma el siglo y devuelve la tranquilidad a los suyos. Ahora bien, si fueron bautizados de algún modo o si perseveraron sin lavar, de modo que incluso aquel dicho del Señor sobre el único baño bajo la persona de Pedro nos mire solo a nosotros, sobre la salvación de los apóstoles es bastante temerario estimar, porque a ellos la prerrogativa de la primera elección y desde entonces de la inseparable familiaridad podría conferirles el compendio del bautismo, cuando ellos, en mi opinión, seguían a aquel que prometía la salvación a todo el que creyera. Tu fe te ha salvado, decía, y, te serán perdonados tus pecados, al que creía, ciertamente, y sin embargo no bautizado. Si eso faltó a los apóstoles, no sé por qué fe uno, suscitado por una sola palabra del Señor, abandonó el telonio, dejó al padre, la nave y el oficio con el que sustentaba la vida, despreció las exequias del padre, cumplió aquel precepto supremo del Señor, quien prefiera al padre o a la madre a mí, no es digno de mí, antes de haberlo oído.
13
Aquí, pues, aquellos malvados provocan cuestiones. Dicen, pues: el bautismo no es necesario para quienes la fe es suficiente; pues también Abraham agradó a Dios sin sacramento alguno de agua, sino solo de fe. Pero en todas las cosas lo posterior concluye y lo siguiente prevalece sobre lo antecedente. Habrá sido la salvación antiguamente mediante la fe desnuda antes de la pasión y resurrección del Señor; pero cuando la fe aumentó al creer en su nacimiento, pasión y resurrección, se añadió la ampliación al sacramento, el sello del bautismo, el vestido, en cierto modo, de la fe, que antes estaba desnuda, ni puede ya estar sin su ley. Pues se impuso la ley de bautizar y se prescribió la forma. Id, dice, enseñad a las naciones bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. A esta ley se añadió aquella definición: si alguien no naciere del agua y del espíritu, no entrará en el reino de los cielos, lo cual obligó a la fe a la necesidad del bautismo. Por tanto, todos los que creían desde entonces eran bautizados. Entonces también Pablo, cuando creyó, fue bautizado. Y esto es lo que también el Señor había ordenado en aquella plaga de ceguera, diciendo: levántate y entra en Damasco, allí se te demostrará lo que debes hacer, es decir, ser bautizado, que era lo único que le faltaba. Por lo demás, había aprendido y creído suficientemente que el Nazareno era el Señor, el hijo de Dios.
14
Pero sobre el mismo apóstol vuelven a decir: que dijo: pues Cristo no me envió a bautizar. Como si con este argumento se quitara el bautismo. Pues,¿ por qué bautizó a Gayo, a Crispo y a la casa de Estéfanas? Aunque, incluso si Cristo no lo hubiera enviado a bautizar, sin embargo, había ordenado a los otros apóstoles bautizar. Pero estas cosas fueron escritas a los Corintios según la condición de aquel tiempo, puesto que se movían cismas y disensiones entre ellos, mientras uno se atribuía a Pablo, otro a Apolo. Por lo cual el apóstol pacífico, para no parecer que defendía todo para sí, dice que no fue enviado a bautizar, sino a predicar. Pues también es primero predicar, después bautizar. Y primero fue predicado. Pero creo que le fue lícito también bautizar a quien le fue lícito predicar.
15
No sé si se ventila algo más sobre la controversia del bautismo. Ciertamente, retomaré lo que omití arriba, para no parecer que interrumpo los sentidos inminentes. Un solo bautismo hay para nosotros, tanto por el evangelio del Señor como por las cartas del apóstol, puesto que un solo Dios y un solo bautismo y una sola Iglesia en los cielos. Pero sobre los herejes, ciertamente, qué se debe guardar, alguien podría retractarlo dignamente. Pues fue editado para nosotros. Los herejes, empero, no tienen consorcio alguno de nuestra disciplina, a quienes la misma privación de la comunicación testifica que son extranjeros. No debo reconocer en ellos lo que me ha sido ordenado, porque no es el mismo Dios para nosotros y para ellos, ni un solo Cristo, es decir, el mismo, y por tanto tampoco un solo bautismo, porque no es el mismo; el cual, como no lo tienen legítimamente, sin duda no lo tienen, ni puede contarse lo que no se tiene; así tampoco pueden recibir, porque no tienen. Pero sobre esto ya hemos tratado más plenamente en griego. Una sola vez, pues, entramos en el baño, una sola vez se lavan los delitos, porque no conviene que se repitan. Por lo demás, el israelita judío se lava diariamente, porque diariamente se ensucia. Para que esto no se hiciera también en nosotros, por eso se definió sobre un solo baño. Feliz agua, que lava una sola vez, que no es objeto de burla para los pecadores, que no está infectada por la asiduidad de las suciedades y que no ensucia de nuevo a quienes lava.
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Existe, ciertamente, para nosotros también un segundo baño, uno y el mismo, el de la sangre, ciertamente, sobre el cual el Señor dice: tengo un bautismo con el que ser bautizado, cuando ya había sido bautizado. Pues había venido por agua y sangre, como escribió Juan, para ser bautizado con agua y glorificado con sangre, para hacernos a nosotros, llamados por el agua, elegidos por la sangre. Estos dos bautismos los emitió de la herida de su costado traspasado, de modo que quienes creyeran en su sangre fueran lavados con agua, y quienes hubieran sido lavados con agua, llevaran también la sangre. Este es el bautismo que representa el baño no recibido y devuelve el perdido.
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Resta, para concluir la pequeña materia, recordar también sobre la observancia de dar y recibir el bautismo. De dar, ciertamente, tiene el derecho el sumo sacerdote, que es el obispo; luego los presbíteros y los diáconos, no obstante, no sin la autoridad del obispo, por el honor de la Iglesia, con el cual a salvo, la paz está a salvo. De lo contrario, también los laicos tienen el derecho. Pues lo que se recibe por igual, puede darse por igual. A menos que los obispos, o los presbíteros o los diáconos, sean llamados discípulos. El sermón del Señor no debe ser escondido por nadie. Igualmente el bautismo, que es también censo de Dios, puede ser ejercido por todos. Pero cuánto más incumbe a los laicos la disciplina de la vergüenza y la modestia, cuando estas cosas corresponden a los mayores, para que no se atribuyan el oficio dedicado a los obispos. La emulación del obispado es madre de los cismas. El santísimo apóstol dijo que todo es lícito, pero no todo conviene. Que baste, ciertamente, en las necesidades, para que lo uses, si la condición del lugar, del tiempo o de la persona te obliga. Entonces, pues, se acepta la constancia de quien socorre, cuando urge la circunstancia de quien está en peligro, puesto que será reo del hombre perdido si se abstiene de prestar lo que pudo libremente. La petulancia, empero, de la mujer, que usurpó enseñar, ciertamente no se procurará también el derecho de bautizar, a menos que surja alguna nueva bestia semejante a la primitiva, para que, del mismo modo que aquella arrebataba el bautismo, así alguna lo confiera por sí misma. Pero si algunos defienden el ejemplo de Tecla, escrito erróneamente por Pablo, para la licencia de las mujeres de enseñar y bautizar, sepan que en Asia el presbítero que construyó aquel escrito, acumulando de lo suyo como bajo el título de Pablo, convicto y confeso de haberlo hecho por amor a Pablo, dejó su lugar. Pues,¿ qué parecería más próximo a la fe, que aquel diera a la mujer la potestad de enseñar y bautizar, quien ni siquiera permitió a la mujer aprender con firmeza? Que callen, dice, y consulten a sus maridos en casa.
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Por lo demás, saben aquellos cuyo oficio es que no se debe creer el bautismo temerariamente. A todo el que te pida, da, tiene su título, perteneciente igualmente a la limosna. Es más, debe considerarse más bien aquello: no deis lo santo a los perros ni arrojéis vuestras perlas a los cerdos, y: no impongas las manos fácilmente, para no participar en los delitos ajenos. Si Felipe bautizó tan fácilmente al eunuco, recapacitemos que intervino la manifiesta y clara dignidad del Señor. El espíritu había ordenado a Felipe dirigirse a aquel camino; el eunuco también fue encontrado no ocioso, ni alguien que deseara ser bautizado repentinamente, sino que, habiendo ido al templo por causa de la oración, impresionado por la escritura divina, así debía ser sorprendido, a quien Dios había enviado voluntariamente al apóstol, a quien de nuevo el espíritu ordenó que se uniera al carro del eunuco: la escritura sale al encuentro de su fe en el tiempo, es exhortado, es asumido, el Señor es mostrado, la fe no se demora, el agua no se espera, el apóstol es arrebatado una vez terminado el negocio. Pero también Pablo, en verdad, fue bautizado rápidamente. Pues rápidamente había conocido Simón, el huésped, que él era un vaso de elección constituido. La dignidad de Dios envía por delante sus prerrogativas; toda petición puede engañar y ser engañada. Por tanto, según la condición y disposición de cada persona, incluso la edad, la dilación del bautismo es más útil, especialmente, sin embargo, respecto a los niños. Pues,¿ qué necesidad hay, si no es tan necesario, de que también los padrinos sean arrojados al peligro, quienes ellos mismos pueden faltar a sus promesas por la mortalidad y ser engañados por el surgimiento de una mala índole? Dice, ciertamente, el Señor: no les prohibáis venir a mí. Vengan, pues, mientras crecen; vengan, mientras aprenden, mientras se les enseña a dónde vienen; háganse cristianos cuando hayan podido conocer a Cristo.¿ Por qué se apresura la edad inocente a la remisión de los pecados?¿ Se actuará con más cautela en las cosas seculares, de modo que a quien no se le confía la sustancia terrenal, se le confíe la divina? Que sepan pedir la salud, para que parezca que has dado al que pide. No por menor causa deben ser postergados también los solteros, en quienes la tentación está preparada, tanto para las vírgenes por la madurez como para las viudas por la ociosidad, hasta que se casen o se fortalezcan en la continencia. Si algunos entienden el peso del bautismo, temerán más la obtención que la dilación; la fe íntegra está segura de la salvación.
19
La Pascua ofrece un día más solemne para el bautismo, puesto que en ella se cumplió la pasión del Señor, en la cual somos sumergidos. No es incongruente interpretar como una figura el hecho de que, cuando el Señor estaba por celebrar la última Pascua, al enviar a sus discípulos a preparar, dijo:« Encontraréis a un hombre que lleva agua», señalando el lugar para celebrar la Pascua mediante el signo del agua. Desde entonces, Pentecostés es el espacio más alegre para administrar los bautismos, tiempo en el cual la resurrección del Señor fue celebrada entre los discípulos, se dedicó la gracia del Espíritu Santo y se prefiguró la esperanza del advenimiento del Señor, pues entonces, al ser él recuperado en los cielos, los ángeles dijeron a los apóstoles que vendría de la misma manera en que ascendió a los cielos, es decir, en Pentecostés. Pero, en efecto, cuando Jeremías dice:« Y los reuniré desde los confines de la tierra en el día de la fiesta», significa el día de la Pascua y el de Pentecostés, que es propiamente un día festivo. Por lo demás, todo día es del Señor, toda hora, todo tiempo es apto para el bautismo: si bien hay diferencia en cuanto a la solemnidad, en cuanto a la gracia nada importa.
20
Quienes van a entrar en el bautismo deben orar con frecuentes oraciones, ayunos, genuflexiones y vigilias, y con la confesión de todos sus pecados pasados, para que den cuenta también del bautismo de Juan.« Eran bautizados», dice,« confesando sus pecados». Debemos felicitarnos si ahora confesamos públicamente nuestras iniquidades o torpezas. Pues, al mismo tiempo, satisfacemos por las pasadas mediante la aflicción de la carne y del espíritu, y preparamos defensas contra las tentaciones que han de seguir.« Velad y orad», dice,« para no caer en tentación». Y por eso, creo, fueron tentados, porque se durmieron, de modo que abandonaron al Señor cuando fue apresado, y aquel que había permanecido con él y usado la espada, lo negó incluso tres veces; pues también se había dicho de antemano que nadie alcanzaría el reino de los cielos sin haber sido tentado. Al propio Señor, después del baño, lo rodearon las tentaciones inmediatamente, tras haber cumplido cuarenta días de ayuno. Por tanto, dirá alguien, también nosotros debemos ayunar más bien después del baño.¿ Y quién lo prohíbe, salvo la necesidad del gozo y la gratulación por la salvación? Pero el Señor, según estimo, devolvió sobre el propio Israel el reproche por su figura. Pues el pueblo, habiendo cruzado el mar y trasladado al desierto, donde fue alimentado durante cuarenta años con provisiones divinas, no obstante, se acordaba más del vientre y de la gula que de Dios. Luego el Señor, después del agua, retirado al desierto y habiendo cumplido cuarenta días de ayuno, mostró que el hombre no vive de pan, sino de la palabra de Dios, y que las tentaciones dirigidas a la plenitud y a la inmoderación del vientre son eliminadas por la abstinencia. Por tanto, benditos, a quienes espera la gracia de Dios, cuando ascendáis de aquel santísimo baño del nuevo nacimiento y abráis vuestras manos por primera vez junto a vuestros hermanos en la casa de la madre, pedid al Padre, pedid al Señor, que os conceda los dones de la gracia y las distribuciones de los carismas.« Pedid y recibiréis», dice. Pues habéis buscado y habéis encontrado; habéis llamado y se os ha abierto. Solo os ruego que, cuando pidáis, os acordéis también de Tertuliano, el pecador.