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De ieiunio adversus psychicos
TertullianPsyc 1 · spanish-geminiMore by Tertullian
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Me asombraría de estos psíquicos si solo se dejaran llevar por la lujuria, con la que se casan tan a menudo, si no fueran también desgarrados por la glotonería, con la que odian los ayunos. Se consideraría, ciertamente, un monstruo la libido sin gula, puesto que estas dos cosas están tan unidas y concretas que, si hubieran podido separarse del todo, las partes vergonzosas no se adherirían primero al vientre. Observa el cuerpo: es una sola región. En fin, según la disposición de los miembros es el orden de los vicios. Primero el vientre, y de inmediato, sobre el resto de la gordura, se construye la lascivia; la salacidad pasa a través de la voracidad. Reconozco, pues, una fe animal por el estudio de la carne, en la que toda consiste, inclinada tanto a la multivoracidad como a la multinupcialidad, de modo que, con razón, acusa a la disciplina espiritual, rival por su sustancia, también en esta especie de continencia, inculcando los frenos de la gula mediante ayunos a veces nulos, tardíos o secos, del mismo modo que a la libido mediante nupcias únicas. Ya me cansa tratar con tales personas, y me avergüenza incluso discutir sobre aquellos cuya defensa ni siquiera es pudorosa. Pues¿ cómo protegeré la castidad y la sobriedad sin la censura de los adversarios? Quiénes sean estos, los nombraré una sola vez: los embutidos exteriores e interiores de los psíquicos. Estos crean controversia contra el Paráclito; por esto se rechazan las nuevas profecías; no porque Montano, Priscila y Maximila prediquen a otro Dios, ni porque disuelvan a Jesucristo, ni porque derriben alguna regla de fe o de esperanza, sino porque enseñan claramente que hay que ayunar más a menudo que casarse. Sobre el modo de casarse ya hemos publicado la defensa de la monogamia. Ahora, sobre la castigación del sustento, es la segunda, o más bien la primera, batalla de la continencia. Nos acusan de que guardamos ayunos propios, de que prolongamos las estaciones a menudo hasta la tarde, de que observamos incluso xerofagias, secando el alimento de toda carne, de todo caldo y de todas las frutas más jugosas, y de que no comemos ni bebemos nada que tenga vino; también la abstinencia del baño, congruente con el sustento seco. Objetan, pues, una novedad, sobre cuya ilicitud prescriben que debe juzgarse como herejía, si es presunción humana, o como pseudoprofecía, si es una indicación espiritual, mientras escuchamos el anatema por cada parte, nosotros que anunciamos de otra manera.
2
Pues, en lo que respecta a los ayunos, oponen ciertos días constituidos por Dios, como cuando en el Levítico el Señor ordena a Moisés el décimo día del séptimo mes, el día de la expiación: será para vosotros, dice, un día santo, y afligiréis vuestras almas, y toda alma que no haya sido afligida en ese día será exterminada de su pueblo. Ciertamente, en el Evangelio piensan que aquellos días están determinados para los ayunos, en los cuales el esposo fue arrebatado, y que estos son ya los únicos legítimos de los ayunos cristianos, una vez abolidas las vetusteces legales y proféticas. Pues donde quieren, reconocen lo que sentía la ley y los profetas hasta Juan. Por tanto, de ahí en adelante, se debe ayunar indiferentemente por arbitrio, no por imperio de una nueva disciplina, según los tiempos y causas de cada uno; así también habrían observado los apóstoles, no imponiendo ningún otro yugo de ayunos ciertos y que deban ser cumplidos por todos en común, y por consiguiente tampoco de las estaciones, que, aunque tengan sus propios días, el cuarto y el sexto, corren sin embargo de forma pasiva, ni bajo la ley de un precepto ni más allá de la hora suprema del día, cuando también las oraciones casi concluyen a la hora nona, según el ejemplo de Pedro que se refiere en los Hechos. Las xerofagias, en verdad, son un nombre nuevo de un oficio afectado y próximo a la superstición étnica, tales como las castimonias que purifican a Apis, Isis y la Gran Madre mediante la excepción de ciertos alimentos, cuando la fe libre en Cristo no debería ni siquiera a la ley judaica la abstinencia de ciertos alimentos, admitida de una vez por todas por el apóstol en todo el mercado, detestador de aquellos que, así como prohíben casarse, así ordenan abstenerse de los alimentos creados por Dios. Y por eso nosotros fuimos señalados ya entonces como aquellos que en los últimos tiempos se apartarían de la fe, atendiendo a espíritus seductores del mundo, a doctrinas de mentirosos que tienen la conciencia cauterizada.¿ Con qué fuegos, te pregunto?¿ Creo que con aquellos con los que a menudo celebramos nupcias y cocinamos cenas diariamente? Así también, dicen que nosotros, junto con los gálatas, somos golpeados como observadores de días, meses y años. Lanzan mientras tanto que también Isaías pronunció: no es tal el ayuno que el Señor eligió, es decir, no la abstinencia de alimento, sino las obras de justicia que subraya; y que el mismo Señor en el Evangelio respondió con brevedad a toda escrupulosidad sobre el sustento, que el hombre no se contamina por lo que entra en la boca, sino por lo que sale de la boca, cuando él mismo comía y bebía hasta la nota:¡ he aquí un hombre glotón y bebedor! Así también el apóstol enseña que el alimento no nos recomienda a Dios, ni abundamos si comemos, ni carecemos si no comemos. Con estos y otros sentidos similares, se dirigen ya sutilmente a que cada uno, más inclinado al vientre, pueda considerar superfluos y no tan necesarios los oficios del alimento suprimido, disminuido o demorado, anteponiendo, claro está, a Dios las obras de justicia e inocencia. Y sabemos cuáles son las persuasiones de las comodidades carnales, cuán fácil es decir: es necesario que crea con todas mis entrañas, que ame a Dios y al prójimo como a mí mismo. Pues en estos dos preceptos pende toda la ley y los profetas, no en la inanidad de mis pulmones e intestinos.
3
Por tanto, nosotros debemos afirmar primero esto que corre peligro de ser socavado ocultamente, cuánto vale ante Dios esta inanidad, y ante todo, de dónde procedió la razón misma de merecer de Dios de este modo. Pues entonces se reconocerá la necesidad de la observación, cuando haya brillado la autoridad de la razón que debe ser revisada desde el principio. Adán había recibido de Dios la ley de no gustar del árbol del conocimiento del bien y del mal, bajo pena de morir si gustaba. Pero incluso él mismo, vuelto entonces a ser psíquico después del éxtasis espiritual, en el cual había profetizado aquel gran sacramento sobre Cristo y la Iglesia, y ya no captando lo que era del espíritu, cedió más fácilmente al vientre que a Dios, asintió al alimento más que al precepto, vendió la salvación por la gula. Comió, en fin, y pereció, habiéndose salvado de otro modo si hubiera preferido ayunar de un solo arbolito; para que ya desde aquí la fe animal reconozca su semilla, deduciendo de ahí la apetición de las cosas carnales y la recusación de las espirituales. Mantengo, pues, desde el principio que la gula homicida debe ser castigada con tormentos y suplicios de inanición, aunque Dios no hubiera prescrito ayuno alguno. Mostrando, sin embargo, de dónde fue asesinado Adán, me había dejado entender los remedios de la ofensa, quien había demostrado la ofensa. Voluntariamente consideraría el alimento, por los modos y tiempos que pudiera, como veneno y tomaría el hambre como antídoto, por el cual purgaría la causa de la muerte desde el principio, trasladada también en mí junto con el género mismo, seguro de que esto quería Dios, cuyo contrario no quiso, y confiando suficientemente en que le agradaría el cuidado de la continencia, de quien había descubierto que estaba condenada la culpa de la incontinencia. Además, cuando él mismo ordena el ayuno y llama sacrificio al alma quebrantada propiamente por las estrecheces del alimento,¿ quién dudará ya de que esta ha sido la razón de todas las maceraciones respecto al sustento, por la cual, de nuevo, mediante el alimento prohibido y el precepto observado, se expiaría el delito primordial, para que el hombre satisfaga a Dios por la misma materia de la causa por la que había ofendido, es decir, por la interdicción del alimento, y así reavivara la salvación de modo rival mediante la inanición, tal como la había extinguido con la gordura, despreciando por un único ilícito muchas cosas lícitas?
4
Esta razón se guardaba ante la providencia de Dios, que modula todas las cosas según los tiempos, para que nadie, por el contrario, para derribar nuestra proposición, diga:¿ por qué, pues, Dios no constituyó de inmediato alguna castigación del sustento, sino que incluso aumentó la permisión? Pues en el principio, ciertamente, había adjudicado al hombre solo el alimento herbáceo y arbóreo: he aquí que os he dado toda hierba que da semilla que está sobre la tierra, y todo árbol que tiene en sí mismo el fruto de la semilla que da semilla, os será para alimento. Después, en verdad, a Noé, enumerada la sujeción de todas las bestias de la tierra, de los volátiles del cielo, de los que se mueven en la tierra, de los peces del mar y de toda serpiente, dijo: serán para vosotros para alimento: como las hierbas de la hierba os he dado todas las cosas, pero no comeréis carne en la sangre de su alma. Pues incluso por esto mismo, que excluye de la comida solo aquella carne cuya alma no se derrama por la sangre, es manifiesto que concedió el uso de toda la carne restante. A esto respondemos que no correspondía cargar al hombre con alguna ley de abstinencia todavía, quien ni siquiera pudo tolerar la interdicción tan leve de un solo fruto; por tanto, aquel que fue remitido debía ser fortalecido por la libertad misma. Igualmente, después del diluvio, en la reforma del género humano, bastó por el momento una sola ley de abstenerse de la sangre, permitido el uso de las demás cosas. Pues ya el Señor había mostrado el juicio mediante el diluvio, y todavía incluso había amenazado mediante la exquisición de la sangre de la mano del hermano y de la mano de toda bestia. Por tanto, preministrando la justicia del juicio, emitió la materia de la libertad, preparando la disciplina mediante el perdón, permitiendo todas las cosas para quitar algunas, para exigir más si hubiera cometido más, para ordenar la abstinencia cuando había precedido la indulgencia, para que, como dijimos, el delito primordial fuera expiado por la operación de una mayor abstinencia en la ocasión de una mayor licencia.
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En fin, cuando ya el pueblo familiar comenzó a ser allegado a Dios y la restitución del hombre pudo ser imbuida, entonces se impusieron todas las leyes y disciplinas, incluso las que recortaban el sustento, quitadas algunas como inmundas, para que el hombre tolerara más fácilmente en algún momento los ayunos, usando una abstinencia perpetua en ciertas cosas. Pues también el primer pueblo había vuelto a esculpir el crimen del primer hombre, sorprendido más inclinado al vientre que a Dios, cuando, arrebatado de la dureza de la servidumbre egipcia por la mano poderosa de Dios y por brazo sublime, fue visto el Señor de él, destinado a la tierra que mana leche y miel, pero de inmediato, escandalizado por la visión de la soledad sin recursos, suspirando por los detrimentos de la hartura egipcia, murmuró contra Moisés y Aarón: ojalá hubiéramos muerto golpeados por el Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos sobre las ollas de carne y comíamos panes hasta la plenitud.¿ Cómo nos has sacado a estos desiertos para matar a esta sinagoga de hambre? Con la misma preferencia del vientre iba a deplorar a sus mismos líderes y árbitros de Dios, a quienes exacerbaba por el deseo de la carne y el recuerdo de las provisiones egipcias.¿ Quién nos alimentará con carne? Vinieron a nuestra mente los peces que comíamos en Egipto gratis, y los pepinos y los melones y los puerros y las cebollas y los ajos. Pero ahora nuestra alma está seca, nuestros ojos no ven nada más que maná. Así también, para ellos, las xerofagias del pan angélico desagradaban, preferían que el ajo y la cebolla olieran peor que el cielo. Y por eso, a tan ingratos, se les quitaron las cosas más gratas y comestibles, por causa de castigar a la vez la gula y de ejercitar la continencia, para que aquella fuera condenada y esta fuera instruida.
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Ahora, si temerariamente hemos revocado a los experimentos de los principios las razones del sustento castigado por Dios y que debe ser castigado por nosotros por causa de Dios, consultemos la conciencia común. La naturaleza misma anunciará qué clase de personas nos ha acostumbrado a mostrar antes del alimento y la bebida, cuando la saliva aún es virgen, en las cosas que deben hacerse con sentido, por el cual se tratan las cosas divinas, si con una mente mucho más potente, si con un corazón mucho más vivaz, que cuando todo aquel domicilio del hombre interior, atestado de comidas, inundado de vinos, hirviendo por las heces que ya deben ser cocidas, se convierte en un premonitorio de letrinas, en el cual, claramente, nada sobra tan cerca como saber a lascivia. El pueblo comió y bebió, y se levantaron a jugar. Entiende la pudorosa vergüenza de la Sagrada Escritura: no habría denotado el juego si no fuera impúdico. Por lo demás,¿ cuántos recordarán la religión cuando los lugares de la memoria están ocupados y los miembros de la sabiduría impedidos? Nadie recordará a Dios como es debido, como es justo, como es útil, en aquel tiempo en el que es solemne que el hombre mismo se olvide de sí. Toda disciplina del sustento o mata o hiere. Miento si el Señor mismo, reprochando a Israel el olvido de sí, no atribuye la causa a la plenitud. El amado se ha engordado, se ha engrasado y se ha dilatado, y abandonó a Dios que lo hizo, y se apartó del Señor su salvador. En fin, en el mismo Deuteronomio, ordenando que se prevenga la misma causa, dice: no sea que, cuando hayas comido y bebido y hayas edificado casas óptimas, multiplicadas tus ovejas y bueyes y tu plata y oro, se exalte tu corazón y te olvides del Señor tu Dios. Antepuso a la corrupción de las riquezas la enormidad de la voracidad, que las mismas riquezas procuran. Por ella, ciertamente, el corazón del pueblo se había engordado, para que no viera con los ojos y oyera con los oídos y comprendiera con el corazón, obstruido por las grasas, las cuales quitó nominalmente de la comida, desenseñando al hombre a estudiar la gordura. Por lo demás,¿ quién se encontraba con el corazón más erguido que engordado, quien durante cuarenta días y otras tantas noches, por encima de la facultad de la naturaleza humana, perennizó el ayuno, suministrando la virtud la fe espiritual, y vio con los ojos la gloria de Dios y oyó con los oídos la voz de Dios y comprendió con el corazón la ley de Dios, que ya entonces enseñaba que el hombre no vive solo de pan, sino de toda palabra de Dios, cuando, ciertamente, el pueblo más gordo no podía contemplar constantemente ni al mismo Moisés alimentado por Dios y su inanición engordada en su nombre? Con razón, pues, también en la carne el Señor se mostró a él, colega de sus ayunos, no menos que a Elías. Pues también Elías, esto primero, que había suplicado el hambre, ya se había consagrado suficientemente a los ayunos. Vive, dice, el Señor, a quien asisto en su presencia, si habrá rocío estos años y lluvia. Después, huyendo de la amenazante Jezabel, después del único alimento y bebida que había encontrado al despertar por el ángel, también él, con el vientre vacío y la boca seca, llegó al monte Horeb, donde, al retirarse a la cueva,¡ qué familiar encuentro con Dios recibió!¿ Qué haces tú aquí, Elías? Mucho más amistosa es esta voz que la de Adán:¿ dónde estás? Aquella, pues, amenazaba al hombre alimentado, esta halagaba al ayunante. Tan grande es la prerrogativa del sustento circunscrito, que hace a Dios contubernal del hombre, igual a igual, en verdad. Pues si el Dios eterno no tendrá hambre, como atestigua por Isaías, este será el tiempo en el que el hombre se iguale a Dios, cuando vive sin alimento.
7
Hemos procedido, pues, ya a los ejemplos, para que revisemos la eficacia de la utilidad de las potestades de este oficio, que incluso reconcilia al Dios airado con el hombre. Israel había delinquido en la aspersión en Mizpa, congregado por Samuel, pero diluyó el delito tan inmediatamente con el ayuno, que huyó a la vez del peligro de la batalla. Cuando Samuel ofrecía el holocausto( en nada oímos que la clemencia de Dios sea más procurada que en la abstinencia del pueblo) y los filisteos movían la batalla, allí mismo el Señor tronó con gran voz sobre los filisteos, y fueron confundidos y cayeron en presencia de Israel, y los hombres de Israel procedieron desde Mizpa y persiguieron a los filisteos y cayeron hasta Bet- Horón, los ayunantes a los alimentados, los desarmados a los armados. Estas serán las fuerzas de los que ayunan a Dios. El cielo lucha por tales personas. Tienes la forma de protección necesaria incluso para las guerras espirituales. Del mismo modo, cuando el rey de los asirios, Senaquerib, capturadas ya muchas ciudades, intentaba blasfemias y amenazas contra Israel por el Rabsaces, nada más lo apartó de su propósito hacia las Etiopías. Después,¿ qué otra cosa consumió a ciento ochenta y cuatro mil de su ejército por el ángel que la humillación del rey Ezequías? Si es que, anunciada la dureza del enemigo, rasgó su vestidura, se vistió de saco y con el mismo hábito ordenó a los ancianos de los sacerdotes que se acercaran a Dios por Isaías, ciertamente siguiendo las oraciones con el ayuno. Pues ni el tiempo de alimento está en el peligro ni el culto de la hartura en el saco. La inanición es siempre la secuela del dolor, así como la alegría es el acceso de la gordura. Por esta secuela del dolor y la inanición, también aquella ciudad pecadora, Nínive, es liberada del exterminio predicho. Pues la penitencia de los crímenes había recomendado suficientemente el ayuno, cumplido en tres días, incluso con las bestias muertas, con las cuales Dios no estaba airado. Sodoma y Gomorra también se habrían salvado si hubieran ayunado. Este remedio reconoce también Acab. Cuando, después de la transgresión y la idolatría y la muerte de Nabot por la viña, muerto por Jezabel, Elías le había reprochado: cómo has matado y has poseído la herencia: en el lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot, lamerán también la tuya, se despojó a sí mismo y puso saco sobre su carne y ayunó y durmió en saco. Y entonces la palabra del Señor a Elías:¿ has visto cómo se ha avergonzado Acab ante mi presencia? Por el hecho de que se ha avergonzado, no traeré la lesión en sus días, sino que en los días de su hijo la traeré, quien no iba a ayunar. Así, el ayuno es una obra de reverencia hacia Dios, por el cual también Ana, deseando, esposa de Elcana, estéril anteriormente, obtuvo fácilmente de Dios llenar el vientre vacío de alimento con un hijo, y ciertamente profeta. Pero no solo la mutación de la naturaleza o la aversión de los peligros o la obliteración de los delitos, sino también el reconocimiento de los sacramentos merecerán los ayunos de Dios. Mira el ejemplo de Daniel. Ante el sueño del rey de Babilonia, todos los sofistas se turban, niegan que se pueda conocer más allá de la excelencia humana. Solo Daniel, confiando en Dios y sabiendo qué hacer para merecer la gracia de Dios, pide un espacio de tres días, ayuna con su fraternidad, y así, recomendadas las oraciones, es instruido en el orden y la significación del sueño por todas partes, se perdona a los sofistas del tirano, Dios es glorificado, Daniel es honrado, no menor gracia de Dios habiendo de recibir también después, en el primer año del rey Darío, cuando, por el recuerdo de los tiempos predicados por Jeremías, dio su rostro a Dios en ayunos y saco y ceniza. Pues también el ángel enviado a él profesó de inmediato esta causa de la dignación divina: vine, dice, a demostrarte, cuán miserable eres, ayunando ciertamente. Si miserable para Dios, para los leones en el lago había sido horrible, donde, ciertamente, el ángel le procuró el almuerzo mientras ayunaba durante seis días.
8
Devolvemos también el resto. Pues ahora nos apresuramos a nuevos documentos. En el umbral del Evangelio, Ana la profetisa, hija de Fanuel, que reconoció al niño Señor y predicó mucho sobre él a los que esperaban la redención de Israel, después del egregio título de la viudez antigua y de un solo marido, es aumentada también por el testimonio de los ayunos, mostrando en qué oficios debe sentarse la Iglesia, y que Cristo no es entendido por nadie más que por los que se han casado una vez y ayunado a menudo. El mismo Señor dedicó su bautismo, y en el suyo el de todos, con ayunos, teniendo que hacer panes de piedras, incluso que el Jordán manara vino tal vez, si hubiera sido tal glotón y bebedor. Más bien, iniciaba al hombre nuevo en la humillación del viejo con la virtud de despreciar el alimento, para mostrarlo más fuerte por el hambre a aquel que buscaba tentarlo de nuevo por el alimento mediante el diablo. Estableció desde entonces la ley de que los ayunos se pasen sin tristeza. Pues¿ por qué es triste lo que es saludable? Enseñó también que se debe luchar contra los demonios más duros con ayunos. Pues¿ qué extraño es si con la misma operación se expulsa al espíritu inicuo, con la que se induce al santo? En fin, para que la dignación del Espíritu Santo con el carisma además de la profecía no se hubiera apresurado hacia el centurión Cornelio, aún no bautizado, leemos que sus ayunos fueron escuchados. Pienso, además, que también el apóstol en la segunda de los Corintios, entre sus trabajos y peligros e incomodidades, después del hambre y la sed, enumera también ayunos muy numerosos.
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Esta especie principal en la castigación del sustento puede ya prejuzgar también sobre las operaciones de abstinencia inferiores, para que también ellas sean útiles o necesarias según el modo. Pues la excepción de ciertos alimentos es un ayuno proporcional. Inspeccionemos, pues, también la novedad o vanidad de las xerofagias, si no es que también en ellas hay una operación de religión tan antiquísima como eficacísima. Vuelvo a Daniel y a sus hermanos, prefiriendo el alimento de legumbres y la bebida de agua a los platos y enóforos reales y, desde entonces, más hermosos, para que nadie tema también por la especie del cuerpecito. Por lo demás, cultivados además por el espíritu. Pues Dios dio a los adolescentes ciencia e inteligencia en toda literatura, y a Daniel en toda palabra y en sueños y en toda sabiduría, por la cual supiera también esto mismo, por qué modos se obtendría de Dios el conocimiento de los sacramentos. En fin, en el tercer año del rey de los persas, Ciro, cuando había caído en el recuerdo de la visión, previó otra forma de humillación. En aquellos días, dice, yo, Daniel, estaba de duelo durante tres semanas, no comí pan suave, la carne y el vino no entraron en mi boca, no fui ungido con aceite, hasta que se consumaran las tres semanas, transcurridas las cuales el ángel fue enviado, hablando de tal manera: Daniel, eres un hombre miserable, no temas, puesto que desde el primer día en que diste tu alma al recuerdo y a la humillación ante Dios, tu palabra fue escuchada, y yo entré por tu palabra. Así, la miseración y la humillación de las xerofagias expulsan el miedo y atraen los oídos de Dios y hacen partícipes de los ocultos. Vuelvo también a Elías. Cuando los cuervos se habían acostumbrado a saciarlo con pan y carne,¿ por qué después, junto a Berseba de Judea, al despertar de su sueño, aquel ángel sin duda le ofreció solo pan y agua?¿ Habían faltado los cuervos que lo alimentaran más liberalmente, o era difícil para el ángel arrebatar a alguien de alguna parte del banquete del rey, un ministro con el plato más instruido, y trasladarlo a Elías, como a Daniel en el lago de los leones, hambriento, se le presentó el almuerzo de los segadores? Pero era necesario constituir un ejemplo que enseñara que en tiempo de presión y persecución y de cualquier circunstancia se debe vivir con xerofagias. Con tal sustento, David expresó su exomologesis, comiendo ceniza como pan, es decir, pan como ceniza seca y sucia, mezclando, en verdad, la bebida con llanto, ciertamente en lugar de vino. Pues también la abstinencia de vino tiene sus títulos, que también había consagrado a Samuel a Dios y a Aarón. Pues sobre Samuel, la madre dice: y no beberá vino ni embriagante; pues tal oraba ella misma a Dios. Y el Señor a Aarón: no beberéis vino ni sidra, tú y tu hijo después de ti, si alguna vez entrareis en el tabernáculo o subiereis al altar, y no moriréis. Hasta tal punto morirán los que no hayan ministrado sobrios en la Iglesia. Así también a Israel, próximo, le reprocha también la bebida: dabais vino a mis santificados. Y esta estrechez de bebida es también una porción de la xerofagia. Aunque donde la abstinencia de vino es exigida por Dios o votada por el hombre, allí se entienda también la presión del alimento, preconstruyendo la forma para la bebida. Pues cual es el consumo, tal es también la bebida. No es verosímil que alguien inmole a Dios la mitad de la gula, sobrio con aguas y ebrio con comidas. Pero si también el apóstol conoce las xerofagias, quien había celebrado cosas mayores, la sed y el hambre y muchos ayunos, quien había recusado las embriagueces y comilonas, o del discípulo Timoteo hay argumento suficiente, a quien, aconsejándole usar un poco de vino por el estómago y las asiduas debilidades, de lo cual él se abstenía no por institución, sino por devoción( por lo demás, la costumbre aprovecharía más al estómago), por esto mismo persuadió la abstinencia de vino digna de Dios, la cual disuadió por necesidad.
10
Igualmente, acusan de novedad nuestras estaciones como indicadas, algunas, en verdad, constituidas hasta la tarde, diciendo que este deber también debe ser cumplido por arbitrio y no detenido más allá de la nona, según su costumbre, claro está. Pero en lo que respecta a la cuestión de la indicación, responderé una vez por todas las causas. Ahora, al artículo propio de esta especie, hablo sobre el modo del tiempo, primero se debe reclamar a ellos mismos, de dónde prescriben esta forma de la nona para dirimir las estaciones. Si, como se lee que Pedro y los que estaban con él entraron en el templo a la hora nona de la oración,¿ quién me probará que ellos cumplieron la estación ese día, para que interprete la hora nona como clausura y expunción de la estación? Y sin embargo, encontrarías más fácilmente que Pedro, por causa de tomar alimento a la hora sexta, había subido antes a las partes superiores para orar, por lo cual más bien la sexta del día podría terminar este oficio, que parecía que iba a absolver aquello después de la oración. Además, cuando en el mismo comentario de Lucas se demuestra también la hora tercera de la oración, bajo la cual, iniciados por el Espíritu Santo, eran tenidos por ebrios, y la sexta, por la cual Pedro subió a las partes superiores, y la nona, por la cual entraron en el templo,¿ por qué no entendemos que, salva claramente la indiferencia de orar siempre y en todas partes y en todo tiempo, sin embargo, estas tres horas, como más insignes en las cosas humanas, que distribuyen el día, que distinguen los negocios, que resuenan públicamente, así también fueron más solemnes en las oraciones divinas? Lo cual también persuade el argumento de Daniel, que oraba tres veces al día, ciertamente mediante la excepción de algunas horas, no de otras, sin embargo, que las más insignes, de ahí las apostólicas, la tercera, la sexta, la nona. De aquí, pues, diré también que Pedro observó la nona más bien por uso antiguo, orando por tercera vez con el deber de la oración suprema. Esto, sin embargo, por aquellos que piensan que actúan según la forma de Pedro, la cual ignoran; no como si rechazáramos la nona, que cumplimos muchísimo tanto el cuarto día de la semana como el sexto, sino porque debemos aportar una razón tanto más digna de aquellas cosas que se observan por tradición, cuanto carecen de la autoridad de las Escrituras, hasta que sean confirmadas o corregidas por algún carisma celestial. Y si algo, dice, ignoráis, el Señor os lo revelará. Por tanto, dejado de lado el Paráclito, confirmador de todas estas cosas, guía de toda la verdad, busca si se aporta entre nosotros una razón más digna de observar la nona, para que también a Pedro se le deba atribuir esa razón, si entonces cumplió la estación. Pues viene de la salida del Señor, la cual, aunque siempre debe ser conmemorada sin diferencia de horas, sin embargo, entonces nos dedicamos a ella más impresionantemente según el mismo vocablo de la estación. Pues también los soldados, nunca olvidados del sacramento, obedecen más a las estaciones. Por tanto, hasta esa hora debe celebrarse la presión, en la que, desde la sexta, el orbe oscurecido hizo un oficio lúgubre por el Señor muerto, para que entonces también nosotros volvamos a la alegría, cuando también el mundo recibió la claridad. Si esto sabe más a la religión cristiana, mientras celebra más la gloria de Cristo, puedo igualmente fijar el estado de la estación tardía desde el mismo orden de la cosa, para que ayunemos hasta la tarde esperando el tiempo de la sepultura dominical, cuando José llevó el cuerpo pedido y lo sepultó. De ahí que también es irreligioso que la carne de los siervos se refresque antes que la del Señor. Pero hasta aquí he cometido estas conjeturas a conjeturas por la provocación de las argumentaciones y, sin embargo, pienso que golpeando con las más fieles. Veamos si algo tal nos patrocina también sobre las vetusteces. En el Éxodo, aquel hábito de Moisés luchando con oraciones contra Amalec, perseverando hasta el ocaso,¿ no fue una estación tardía?¿ Pensamos que Josué, hijo de Nun, combatiendo a los amorreos, almorzó aquel día en que ordenó la estación a los mismos elementos? El sol se detuvo en Gabaón y la luna en Aialón, el sol y la luna se detuvieron en la estación, hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos, y el sol se detuvo en medio del cielo. Pero como se acercaba al ocaso y al fin de un día, no hubo día tal antes ni después, ciertamente tan prolijo, para que, dice, Dios escuchara al hombre, igual al sol, insistiendo tanto tiempo en el oficio, una estación incluso más larga que la tardía. Ciertamente, Saúl, también él, constituido en batalla, manifestó este deber: maldito el hombre que coma pan hasta la tarde, hasta que me vengue de mi enemigo, y todo su pueblo no gustó, y toda la tierra almorzaba. Pero Dios prestó tanta autoridad al edicto de aquella estación, que Jonatán, hijo de Saúl, aunque ignorante de la ayunación definida hasta la tarde, había admitido el gusto de miel, y por casualidad fue denunciado pronto por el delito y apenas eximido del peligro por la oración del pueblo. Pues había sido reo de gula, aunque simple. Pero también Daniel, en el primer año del rey Darío, cuando hacía exomologesis a Dios ayunando en saco y ceniza, y todavía, dice, mientras yo hablaba en oración, he aquí el hombre que había visto en sueños al principio, volando velozmente, se acercó a mí casi a la hora del sacrificio vespertino. Esta será la estación tardía que, ayunando hasta la tarde, inmola a Dios una oración más gorda.
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Creo, sin embargo, que todas estas cosas son desconocidas para aquellos que se perturban ante nuestras prácticas, o que quizás solo las conocen por lectura y no por intención, de acuerdo con la mayor parte de los ignorantes entre la gloriosísima multitud de los psíquicos. Por ello, hemos expuesto detalladamente las especies de ayunos, xerofagias y estaciones, para que, al repasar según la preparación de ambos testamentos cuánto aprovechan los oficios de alimento rechazado, recortado o retrasado, podamos refutar a quienes los invalidan como si fueran vacíos; asimismo, al mostrar al mismo tiempo en qué orden han estado siempre en la religión, podamos convencer a quienes los acusan de ser nuevos; pues no es nuevo lo que siempre ha existido, ni vacío lo que es útil. Pero también está en medio el hecho de que algunos de estos oficios, ordenados por Dios al hombre, han constituido una ley, mientras que otros, ofrecidos por el hombre a Dios, han cumplido un voto. Sin embargo, incluso el voto, cuando es aceptado por Dios, se convierte en ley para el futuro por la autoridad de quien lo acepta; pues desde entonces mandó que se hiciera quien aprobó lo hecho. Por tanto, también desde aquí se presenta en otra especie la disputa de la parte contraria, cuando dicen:¡ o es pseudoprofecía, si una voz espiritual constituyó estos ritos solemnes, o es herejía, si una presunción humana los inventó! Pues al criticar la forma por la que también corrieron los antiguos, y al retorcer desde ella lo que incluso los adversarios de los antiguos podrán retractar contra ellos, o bien deberán rechazar también aquellos o aceptar estos que se exponen; necesariamente, sobre todo cuando también estos, sea cual sea su institutor, espiritual o solo fiel, corren hacia el mismo Dios al que corren los antiguos. Pues, sin duda, tanto la herejía como la pseudoprofecía serán juzgadas por la diversidad de la divinidad ante todos nosotros, los ministros del único Dios creador y de su Cristo, y por eso defiendo indiferentemente esta parte, ofreciéndoles el terreno en el que quieran fijar su posición. Es espíritu del diablo, dices, oh psíquico.¿ Y cómo ordena los oficios de nuestro Dios y no los ofrece a otro que no sea nuestro Dios? O sostén que el diablo actúa con nuestro Dios, o que Satanás sea tenido por Paráclito. Pero afirmas que es un hombre anticristo; pues así son llamados los herejes por nombre según Juan.¿ Y cómo, quienquiera que sea, dispuso estos oficios hacia nuestro Señor en nuestro Cristo, cuando también los del anticristo procedieron hacia Dios, contra nuestro Cristo?¿ Por qué, pues, crees que el espíritu está confirmado entre nosotros, cuando ordena o cuando aprueba lo que nuestro Dios siempre ha ordenado y aprobado? Pero de nuevo fijáis postes terminales a Dios, tanto sobre la gracia como sobre la disciplina, tanto sobre los carismas como sobre los ritos solemnes, para que los oficios hayan cesado de igual modo que sus beneficios, y así neguéis que él impone deberes hasta ahora, porque también aquí la ley y los profetas llegan hasta Juan. Resta que lo quitéis todo, en la medida que depende de vosotros, como algo ocioso.
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Pues ya en esta especie, enriquecidos y saciados, reináis, sin incurrir en delitos que deban ser eliminados por ayunos, ni necesitando el conocimiento de revelaciones que deban ser arrancadas por xerofagias, ni temiendo guerras propias que deban ser disipadas por estaciones. Como si el Paráclito hubiera enmudecido desde Juan, y nosotros mismos hubiéramos surgido como profetas para esta causa principalmente, ya no digo para implorar la ira de Dios ni para obtener su protección o gracia, sino para prevenir por nosotros mismos la condición de los últimos tiempos, introduciendo toda humildad, cuando el encarcelamiento debe ser aprendido, el hambre y la sed deben ser ejercitadas, y la tolerancia tanto de la inanición como de la dieta angustiosa debe ser practicada, para que tal cristiano entre en la cárcel como habría salido de ella, no para sufrir allí un castigo, sino una disciplina, y no los tormentos del siglo, sino sus propios oficios, y así, más confiado, proceda al combate desde la custodia, sin tener nada de carne, de modo que los tormentos no tengan materia, al estar acorazado solo con una piel seca, y córneo contra los garfios, habiendo sido ya eliminado el jugo de la sangre como impedimento del alma, apresurándose ya ella misma, que, ayunando a menudo, conoce la muerte de cerca. Claramente es propio de vosotros exhibir tabernas en las cárceles a los mártires inciertos, para que no busquen la costumbre, para que no se cansen de la vida, para que no se escandalicen por la nueva disciplina de abstinencia, que ni siquiera aquel vuestro mártir anterior, no cristiano, había tocado, a quien, habiendo sido cebado durante algún tiempo por la facilidad de una custodia libre, con todos los baños mejores que el bautismo, con todos los retiros de lujo más secretos que la iglesia y con todos los halagos de esta vida más dignos que la eternidad, creo que estaba obligado a morir, y finalmente, el mismo día del tribunal, lo debilitasteis tanto con vino puro a plena luz como si fuera un antídoto, que, cosquilleado por unos pocos garfios( pues esto sentía la embriaguez), no pudo responder más al prefecto que le preguntaba a qué señor confesaba, y así, ya extorsionado de esto, cuando solo tenía hipo y eructos, partió en la misma negación. Por eso, los que predican la disciplina de la sobriedad son pseudoprofetas, por eso son herejes los que la observan.¿ Por qué, pues, dejáis de creer en el Paráclito, a quien negáis en Montano, en Apicio?
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Prescribís que los ritos solemnes han sido establecidos para esta fe por las escrituras o la tradición de los mayores y que no debe añadirse ninguna observación más debido a lo ilícito de la innovación. Manteneos en ese grado, si podéis. Pues he aquí que os encuentro ayunando también fuera de la Pascua, más allá de aquellos días en los que el esposo fue arrebatado, e interponiendo semiayunos de estaciones, y viviendo a veces de pan y agua, según le parece a cada uno. Finalmente, respondéis que estas cosas deben hacerse por arbitrio, no por mandato. Habéis movido, pues, el grado al exceder la tradición, cuando realizáis lo que no está establecido.¿ Qué clase de cosa es, sin embargo, que permitas a tu arbitrio lo que no das al mandato de Dios?¿ Tendrá más derecho la voluntad humana que la potestad divina? Recuerdo que soy libre para el siglo, no para Dios. Así, es mi deber hacer el oficio voluntariamente al Señor, así es suyo ordenarlo. No solo debo obedecerle, sino también adularle; pues lo primero lo presto por su mandato, lo segundo por mi arbitrio. Pero es bueno que también los obispos suelan mandar ayunos a todo el pueblo, no digo por el interés de recaudar dinero, como es vuestra captura, sino a veces también por alguna causa de solicitud eclesiástica. Por tanto, si también por edicto del hombre y en uno todos agitáis la humildad,¿ cómo denotáis en nosotros la unidad misma de los ayunos, de las xerofagias y de las estaciones? A menos que quizás delinquirnos contra los senadoconsultos y los mandatos de los príncipes opuestos a las reuniones. El Espíritu Santo, cuando predicaba en las tierras que quería y a través de quienes quería, por la providencia de las tentaciones inminentes, ya sean eclesiásticas o plagas mundiales, por lo cual el Paráclito, es decir, el abogado, es llamado para implorar al juez, mandaba remedios de oficios de este tipo, por ejemplo, ahora para ejercitar la disciplina de la sobriedad y la abstinencia; a quien recibimos, necesariamente observamos también lo que entonces estableció. Mira los fastos judaicos y encontrarás nada nuevo, si toda la posteridad guarda después, con religión hereditaria, lo que fue prescrito a los padres. Se celebran además por las Grecias aquellos concilios en lugares determinados de todas las iglesias, por los cuales se tratan en común también las cosas más elevadas, y la representación misma de todo el nombre cristiano se celebra con gran veneración.¡ Y esto qué digno de la fe que auspicia congregarse de todas partes hacia Cristo!¡ Mira qué bueno y qué agradable es que los hermanos habiten en unidad! Esto no sabes salmodiarlo fácilmente, a menos que sea en el tiempo en que cenas con muchos. Aquellas reuniones, sin embargo, habiendo trabajado antes con estaciones y ayunos, saben dolerse con los que se duelen y así finalmente alegrarse con los que se alegran. Si también nosotros cumplimos en diversas provincias estos ritos solemnes, que entonces el discurso presente patrocinó, representados mutuamente en espíritu, es ley del sacramento.
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Por tanto,¿ al observar los tiempos de estos y los días y los meses y los años, nos galatizamos? Claramente, si somos observadores de las ceremonias judaicas, si de los ritos solemnes legales; pues el apóstol desenseña aquellas, reprimiendo la perseverancia del antiguo testamento sepultado en Cristo y estableciendo la del nuevo. Pero si hay una nueva condición en Cristo, nuevos deberán ser también los ritos solemnes: o si el apóstol borró toda devoción de tiempos y días y meses y años,¿ por qué celebramos la Pascua en círculo anual en el primer mes?¿ Por qué corremos durante cincuenta días desde entonces en toda exultación?¿ Por qué llamamos al cuarto y sexto día de la semana estaciones y al viernes ayunos? Aunque vosotros también continuáis el sábado, si alguna vez, nunca se debe ayunar sino en Pascua según la razón dada en otro lugar. Para nosotros, ciertamente, todo día se celebra incluso con la consagración vulgar. Por tanto, no hay razón de diferencia ante el apóstol, que distingue lo nuevo y lo viejo. Pero también aquí vuestra desigualdad será objeto de burla, cuando nos reprocháis la forma de las antigüedades en aquello en lo que acusáis la causa de la novedad.
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Reprueba también a aquellos que mandan abstenerse de alimentos, pero por la providencia del Espíritu Santo, condenando ya a los herejes que prescribirían una abstinencia perpetua para destruir y despreciar las obras del creador, tales como los que encuentro en Marción, en Taciano, en Júpiter, el hereje de hoy de Pitágoras, no en el Paráclito. Pues,¿ cuán pequeña es entre nosotros la interdicción de alimentos? Ofrecemos a Dios dos semanas de xerofagias al año, y ni siquiera completas, exceptuando, claro, los sábados y domingos, absteniéndonos de aquellas cosas que no rechazamos, sino que diferimos. Y sin embargo, escribiendo a los Romanos, os pincha ahora a vosotros, detractores de este oficio. No, por causa del alimento, dice, disolváis la obra de Dios.¿ Qué obra? De la cual dice: es bueno no comer carne y no beber vino. Pues quien sirve en estas cosas es agradable y propiciable a nuestro Dios. Uno cree que todo debe ser comido, otro, sin embargo, débil, come legumbres; quien come, que no anule al que no come.¿ Quién eres tú, que juzgas al siervo ajeno? Y quien come y quien no come, da gracias a Dios. Pero cuando prohíbe por arbitrio humano que se haga controversia,¿ cuánto más por el divino? Así sabía que algunos castigadores e interdictores de la dieta acusaban, los que se abstenían por fastidio, no los que por oficio, pero aprobaba a los que se abstenían en honor, no en insulto del creador. Y si te entregó las llaves de la carnicería permitiéndote comer todo para establecer la excepción de los sacrificios a los ídolos, no obstante, no incluyó el reino de Dios en la carnicería. Pues no es, dice, el reino de Dios comida o bebida, y la comida no nos recomienda a Dios, no para que pienses que se dijo sobre la seca, sino más bien sobre la untuosa y refinada, puesto que añadiendo: ni si hubiéramos comido abundaremos, ni si no hubiéramos comido desfalleceremos, te suena más a ti, que piensas que abundas si comes, y que desfalleces si no comes, y por eso detractas estas cosas.¡ Cuán indignamente interpretas también al Señor para tu lascivia, comiendo y bebiendo por todas partes, pero creo que también ayunó, quien proclamó bienaventurados no a los saciados, sino a los hambrientos y sedientos, quien profesaba que la comida no era la que los discípulos habían pensado, sino la perfección de la obra paterna, enseñando a trabajar por la comida que permanece para la vida eterna, mandando en la oración ordinaria pedir el pan, no también las riquezas atálicas! Así también Isaías no negó que Dios hubiera elegido el ayuno, sino que enumeró cuál no eligió. Pues en los días, dice, de vuestros ayunos se encuentran vuestras voluntades, y a todos los que están sujetos a vosotros los oprimís o ayunáis para insultos y disputas y golpeáis con los puños. No tal ayuno elegí yo, sino el que añadió, y al añadir no quitó, sino confirmó.
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Pues incluso si prefiere las obras de justicia, no obstante, no sin sacrificio, que es el alma afligida por los ayunos. Ciertamente, aquel Dios a quien no agradó el pueblo incontinente de gula, ni el sacerdote ni el profeta. Permanecen aún los monumentos de la concupiscencia, donde fue sepultado el pueblo ávido de carne hasta el cólera al comer codornices. Es eliminado ante las puertas del templo el anciano Elí, sus hijos caen en la batalla, la nuera expira en el parto. Pues esta plaga había merecido de Dios la casa impúdica, defraudadora de los sacrificios carnales. Sameas, hombre de Dios, cuando hubo profetizado el fin de la idolatría introducida por el rey Jeroboam, después de que la mano de aquel rey se secó y fue inmediatamente restaurada, después de que el altar fue hendido, invitado por el rey a la satisfacción por estos signos, claramente se excusó( pues había sido prohibido por Dios) tocar allí alimento en absoluto; pero habiendo sido engañado poco después por otro anciano, el profeta, habiendo comido temerariamente, no fue sepultado en los sepulcros paternos según la palabra de Dios hecha allí sobre la mesa. Pues postrado por el encuentro de un león en el camino y enterrado entre extranjeros, pagó el castigo del ayuno abandonado. Estos serán ejemplos tanto para el pueblo como para los obispos, incluso para los espirituales, si admitieren alguna incontinencia de gula. Pero tampoco cesó la advertencia entre los infiernos, donde en el rico epulón ciertamente los banquetes son atormentados, en el pobre, sin embargo, los ayunos son recreados, teniendo como preceptores a Moisés y a los profetas. Pues también Joel exclamó: santificad el ayuno y predicad la curación, previendo ya entonces que también otros apóstoles y profetas santificarían el ayuno y predicarían los oficios que curan a Dios. De donde también los que adulan a los dioses en el cuidado de los ídolos y en adornarlos en este asunto y en saludarlos a cada hora, se dice que hacen la curación. Pero también los étnicos reconocen toda humildad. Cuando el cielo se estremece y el año se seca, se denuncian procesiones descalzas, los magistrados dejan las púrpuras, vuelven atrás los haces, piden la oración, instauran la víctima. En algunas colonias, además, por rito anual, cubiertos con sacos y rociados con ceniza, ofrecen a sus ídolos una inanición suplicante, los baños y las tabernas se cierran hasta la hora novena. Un solo fuego en público ante los altares, ni siquiera agua en las bandejas. Creo que es el cese de trabajo ninivita. Ciertamente, el ayuno judaico se celebra en todas partes, cuando, omitidos los templos, por toda la orilla, dondequiera que sea en campo abierto, envían ya alguna vez la oración al cielo. Y aunque infamen el deber con el culto y el adorno del duelo, sin embargo, afectan la fe de la abstinencia y suspiran por la autoridad de la estrella que se demora. Pero es bueno que tú, lanzando blasfemias contra nuestras xerofagias, las igualas a las castas de Isis y Cibeles. Admito la comparación testimonial. De aquí constará la divina, que el diablo, emulador de las cosas divinas, imita. De la verdad se construye la mentira, de la religión se compone la superstición. De aquí tú eres tanto más irreligioso cuanto el étnico es más preparado. Aquel, finalmente, sacrifica su gula al ídolo, tú no quieres a Dios. Pues Dios para ti es el vientre y el pulmón el templo y el vientre el altar y el sacerdote el cocinero y el Espíritu Santo el aroma y los condimentos los carismas y el eructo la profecía.
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Eres viejo, si queremos decir la verdad, tú que tanto te entregas a la gula, y merecidamente te jactas de ser anterior; siempre reconozco que sabes a Esaú, cazador de fieras; así te esfuerzas por indagar tordos por todas partes, así vienes del campo de tu disciplina más laxa, así desfalleces en espíritu. Si te ofreciera una lenteja rociada con mosto, inmediatamente venderías todas tus primacías; ante ti el ágape hierve en las ollas, la fe calienta en las pajas, la esperanza yace en los platos. Pero el ágape es de mayor importancia, porque a través de él tus adolescentes duermen con sus hermanas. Apéndices, claro, de la gula, la lascivia y los lujos. Sociedad que también el apóstol, conociéndola, después de haber antepuesto no en embriagueces ni en comilonas, añadió ni en lechos y lascivias. Al elogio de tu gula pertenece que el doble honor se asigne entre vosotros a los que presiden en dos partes, cuando el apóstol dio doble honor para que tanto a los hermanos como a los que presiden.¿ Quién es más santo entre vosotros, si no el más frecuente en banquetes, si no el más capaz de proveer comida, si no el más equipado con copas? Merecidamente, hombres de solo alma y carne, rechazáis las cosas espirituales. Si a tales les agradaran los profetas, no eran míos.¿ Por qué, pues, no predicáis constantemente: comamos y bebamos, pues mañana moriremos? Así como nosotros no dudamos en mandar abiertamente: ayunemos hermanos y hermanas, no sea que quizás mañana muramos. Defendamos abiertamente nuestras disciplinas. Nosotros estamos seguros de que los que están en la carne no pueden agradar a Dios, no ciertamente en la sustancia de la carne, sino en el cuidado, sino en el afecto, sino en la operación, sino en la voluntad. La delgadez no nos desagrada; pues ni Dios atribuye la carne al peso, así como tampoco el espíritu a la medida. Más fácilmente, si acaso, entrará por la estrecha puerta de la salvación una carne más delgada; más pronto será resucitada una carne más ligera, más durará en la sepultura una carne más seca. Que se ceben los púgiles y los atletas olímpicos. A ellos les conviene la ambición del cuerpo, a quienes también son necesarias las fuerzas, y sin embargo, ellos también se fortalecen con xerofagias. Pero nuestras otras fuerzas y otras energías, así como otros combates, en los cuales no hay lucha contra la carne y la sangre, sino contra las potestades del mundo, contra los espíritus de maldad. Contra estos no hay que asistir con carne y sangre, sino con fe y espíritu robusto. Por lo demás, un cristiano más cebado será quizás más necesario para los osos y los leones que para Dios, a no ser porque también contra las bestias tendrá que ejercitar la delgadez.

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