De Oratione
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Original / primary: Spanish Gemini
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El espíritu de Dios, la palabra de Dios y la razón de Dios, palabra de la razón y razón de la palabra y espíritu de ambos, Jesucristo nuestro Señor, determinó para los nuevos discípulos del nuevo testamento una nueva forma de oración. Pues era necesario que también en este aspecto el vino nuevo se guardara en odres nuevos y que el paño nuevo se cosiera al vestido nuevo. Por lo demás, todo lo que había quedado atrás, o fue transformado, como la circuncisión, o completado, como el resto de la ley, o cumplido, como la profecía, o perfeccionado, como la fe misma. La nueva gracia de Dios renovó todas las cosas, de carnales a espirituales, al sobreañadir el evangelio, extirpador de toda la antigüedad pasada, en el cual fue aprobado nuestro Señor Jesucristo, espíritu por el que prevaleció, palabra por la que enseñó, razón por la que vino. Así, pues, la oración establecida por Cristo se constituyó de tres elementos: de la palabra, por la que se enuncia; del espíritu, por el que tiene tanto poder; de la razón, por la que se enseña. También Juan había enseñado a sus discípulos a orar; pero todas las cosas de Juan estaban preparadas para Cristo, hasta que, al crecer él mismo, tal como el mismo Juan predecía que él debía crecer y él mismo disminuir, todo el ministerio de la obra pasara con el mismo espíritu al Señor. Por eso ni siquiera existe constancia de en qué palabras enseñó Juan a orar, puesto que las cosas terrenales cedieron ante las celestiales. El que es de la tierra, dice, habla de las cosas terrenales, y el que viene de los cielos, habla de lo que ha visto.¿ Y qué es lo que no es celestial de lo que pertenece al Señor Cristo, como esta disciplina de orar? Consideremos, pues, benditos, su sabiduría celestial, primeramente sobre el precepto de orar en secreto, con el cual exigía también la fe del hombre, para que confiara en que el Dios omnipotente está presente incluso bajo techo y en lo oculto, tanto para ver como para oír, y deseaba la modestia de la fe, para que ofreciera su religión solo a aquel a quien confiaba que podía oírlo y verlo en todas partes. La siguiente sabiduría, en el precepto siguiente, pertenezca igualmente a la fe y a la modestia de la fe, si pensamos que no debemos acercarnos al Señor con un tropel de palabras, pues estamos seguros de que él se anticipa a proveer para los suyos. Y, sin embargo, esa brevedad, en lo que respecta al tercer grado de sabiduría, está apoyada por la sustancia de una interpretación grande y bienaventurada, y tanto como se restringe en palabras, tanto se difunde en sentidos; pues no solo abarca los deberes propios de la oración, la veneración de Dios o la petición del hombre, sino casi todo el discurso del Señor, toda la conmemoración de la disciplina, de modo que, en verdad, en la oración breve se comprende todo el evangelio.
2
Comienza con el testimonio de Dios y el mérito de la fe, cuando decimos: PADRE QUE ESTÁS EN LOS CIELOS. Pues oramos a Dios y encomendamos la fe, cuyo mérito es esta apelación. Está escrito: a los que creyeron en él, les dio poder para ser llamados hijos de Dios. Aunque el Señor nos ha proclamado frecuentemente a Dios como padre, es más, incluso nos ha ordenado que no llamemos padre a nadie en la tierra, sino a aquel que tenemos en los cielos. Por tanto, orando así, cumplimos también el precepto. Felices los que reconocen al padre. Esto es lo que se le reprocha a Israel, lo que el espíritu atestigua contra el cielo y la tierra, diciendo: hijos engendré, y ellos no me reconocieron. Al decir padre, sin embargo, también nombramos a Dios. Esa apelación es tanto de piedad como de poder. Asimismo, en el padre se invoca al hijo. Pues yo, dice, y el padre somos uno. Ni siquiera la madre iglesia es pasada por alto. Puesto que en el hijo y en el padre se reconoce a la madre, de la cual consta el nombre tanto del padre como del hijo. Por tanto, con un solo género o vocablo honramos a Dios con los suyos, recordamos el precepto y denunciamos a los que olvidan al padre.
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El nombre de Dios padre no había sido revelado a nadie. Incluso Moisés, que había preguntado por él, había oído otro nombre. A nosotros nos ha sido revelado en el hijo. Pues,¿ quién es ya el hijo? Es el nombre nuevo del padre. He venido, dice, en nombre del padre, y de nuevo: padre, glorifica tu nombre, y más claramente: he manifestado tu nombre a los hombres. Por tanto, pedimos que este sea santificado. No porque convenga a los hombres desear el bien a Dios, como si hubiera otro de quien se le pueda desear o se esforzara si no lo deseamos. Ciertamente, es apropiado que Dios sea bendecido en todo lugar y tiempo por todo hombre debido a la memoria siempre debida de sus beneficios. Pero esto también cumple la función de una bendición. Por lo demás,¿ cuándo no es santo y santificado por sí mismo el nombre de Dios, cuando santifica a los demás a partir de sí mismo? A quien esa circunstancia de los ángeles no cesa de decir: santo, santo, santo. Por consiguiente, pues, también nosotros, candidatos de los ángeles si lo merecemos, aprendemos ya desde ahora esa voz celestial hacia Dios y el oficio de la futura claridad. Esto en cuanto a la gloria de Dios. Por lo demás, en cuanto a nuestra petición, cuando decimos: SANTIFICADO SEA TU NOMBRE, pedimos que sea santificado en nosotros, que estamos en él, y al mismo tiempo en los demás, a quienes la gracia de Dios aún espera, para que también obedezcamos a este precepto orando por todos, incluso por nuestros enemigos. Y por eso, con una enunciación suspendida, al no decir santificado sea en nosotros, decimos en todos.
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Siguiendo esta forma añadimos: HÁGASE TU VOLUNTAD EN EL CIELO Y EN LA TIERRA, no porque alguien se oponga a que se haga la voluntad de Dios y oremos por el éxito de su voluntad, sino que pedimos que su voluntad se haga en todas las cosas. Pues, por la interpretación figurada de la carne y el espíritu, nosotros somos el cielo y la tierra. Aunque, incluso si debe entenderse simplemente, el sentido de la petición es el mismo: que la voluntad de Dios se haga en nosotros en la tierra, para que, ciertamente, pueda hacerse también en los cielos.¿ Y qué quiere Dios sino que caminemos según su disciplina? Pedimos, pues, que nos suministre la sustancia y la facultad de su voluntad, para que seamos salvos tanto en el cielo como en la tierra, porque la suma de su voluntad es la salvación de aquellos a quienes adoptó. Existe también aquella voluntad de Dios que el Señor administró predicando, obrando y soportando. Pues si él mismo proclamó que no hacía su voluntad, sino la del padre, sin duda, lo que hacía era la voluntad del padre, a lo cual ahora somos provocados como a ejemplos, para que prediquemos, obremos y soportemos hasta la muerte. Para que podamos cumplir esto, es necesaria la voluntad de Dios. Asimismo, al decir hágase tu voluntad, también deseamos nuestro bien, porque no hay nada malo en la voluntad de Dios, incluso si algo se impone de otro modo según los méritos de cada uno. Ya con esto nos preparamos para la paciencia. También el Señor, cuando ante la inminencia de la pasión quiso demostrar la debilidad de la carne en su propia carne, dijo: padre, aparta este cáliz, y recordando, no se haga mi voluntad, sino la tuya. Él mismo era la voluntad y el poder del padre y, sin embargo, se entregó a la voluntad del padre para demostración de la paciencia debida.
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Pero también VENGA TU REINO se refiere a aquello por lo que también se hace tu voluntad, es decir, en nosotros. Pues,¿ cuándo no reina Dios, en cuya mano está el corazón de todos los reyes? Pero todo lo que deseamos para nosotros, lo auguramos para él, y le atribuimos lo que esperamos de él. Por tanto, si la representación del reino del Señor se refiere a la voluntad de Dios y a nuestra espera,¿ cómo es que algunos piden un retraso en el siglo, cuando el reino de Dios, que oramos para que venga, tiende a la consumación del siglo? Deseamos reinar más pronto y no servir por más tiempo. Aunque no estuviera predefinido en la oración pedir la venida del reino, habríamos proferido esa voz espontáneamente, apresurándonos hacia el abrazo de nuestra esperanza. Las almas de los mártires claman al Señor bajo el altar con envidia:¿ hasta cuándo, Señor, no vengas nuestra sangre de los habitantes de la tierra? Pues, ciertamente, su venganza se dirige desde el fin del siglo. Es más, que venga pronto tu reino, Señor, voto de los cristianos, confusión de las naciones, exultación de los ángeles, por lo cual luchamos, o más bien, por lo cual oramos.
6
Pero¡ qué elegantemente la sabiduría divina ordenó el orden de la oración, para que después de las cosas celestiales, es decir, después del nombre de Dios, la voluntad de Dios y el reino de Dios, diera lugar a la petición también para las necesidades terrenales! Pues el Señor también había proclamado: buscad primero el reino, y entonces también se os añadirán estas cosas. Aunque entendamos el PAN NUESTRO DE CADA DÍA DÁNOSLO HOY más bien espiritualmente. Pues Cristo es nuestro pan, porque Cristo es vida y pan de vida. Yo soy, dice, el pan de vida, y un poco antes: el pan es la palabra de Dios vivo, que descendió de los cielos, y luego porque su cuerpo también se considera en el pan: esto es mi cuerpo. Por tanto, al pedir el pan de cada día, pedimos la perpetuidad en Cristo y la indivisibilidad de su cuerpo. Pero también, porque esa voz se admite carnalmente, no puede hacerse sin religión y disciplina espiritual. Pues manda pedir el pan, que es lo único necesario para los fieles; pues las demás cosas las buscan las naciones. Así también lo inculca con ejemplos y lo trata con parábolas, cuando dice:¿ acaso el padre quita el pan a los hijos y lo entrega a los perros? Asimismo:¿ acaso entrega una piedra al hijo que pide pan? Pues muestra lo que los hijos deben esperar del padre. Pero también aquel que llamaba de noche pedía pan. Con razón, pues, añadió: dánoslo hoy, como quien había dicho antes: no os preocupéis por el mañana sobre qué comeréis. Para lo cual también acomodó la parábola de aquel hombre que, al tener abundancia de frutos, pensó en la ampliación de los graneros y en espacios de larga seguridad, y muere esa misma noche.
7
Era consecuente que, observada la liberalidad de Dios, también suplicáramos su clemencia. Pues,¿ de qué servirán los alimentos si somos considerados ante él verdaderamente como un toro para el sacrificio? El Señor sabía que solo él estaba sin pecado. Por tanto, enseña que pidamos PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS. La exomologesis es la petición de perdón, porque quien pide perdón confiesa el pecado. Así también la penitencia se demuestra aceptable a Dios, porque él quiere esta más que la muerte del pecador. La deuda, sin embargo, en las escrituras es figura del pecado, porque es debida igualmente al juicio y es exigida por él, y no escapa a la justicia de la exacción, a menos que se perdone la exacción; tal como el Señor perdonó la deuda a aquel siervo. Pues a esto apunta el ejemplo de toda la parábola. Pues también el hecho de que el mismo siervo, liberado por el Señor, no perdona igualmente a su deudor y, por ello, denunciado ante el Señor, es entregado al torturador para pagar hasta el último cuadrante, es decir, hasta el pecado más pequeño, corresponde a que también nosotros profesamos perdonar a nuestros deudores. Ya en otro lugar, a partir de este aspecto de la oración: perdonad, dice, y se os perdonará. Y cuando Pedro preguntó si se debía perdonar siete veces al hermano, al contrario, dijo, setenta veces siete; para reformar la ley hacia lo mejor, ya que en el Génesis la venganza se computaba siete veces para Caín, pero setenta veces siete para Lamec.
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Añadió a la plenitud de una oración tan expedita que suplicáramos no solo sobre el perdón, sino también sobre apartar totalmente los pecados: NO NOS INDUZCAS EN TENTACIÓN, es decir, no permitas que seamos inducidos, ciertamente por aquel que tienta. Por lo demás, lejos de que el Señor parezca tentar, como si ignorara la fe de cada uno o deseara derribarla. La debilidad y la malicia son del diablo. Pues incluso a Abraham no le había ordenado sacrificar a su hijo por causa de tentar su fe, sino de probarla, para que a través de él hiciera un ejemplo para su precepto, que pronto iba a ordenar, para que nadie tuviera prendas más queridas que a Dios. Él mismo, tentado por el diablo, demostró quién es el presidente y artífice de la tentación. Confirma este lugar con los posteriores, diciendo: orad para no ser tentados. Hasta tal punto fueron tentados al abandonar al Señor, porque se habían entregado más al sueño que a la oración. Por tanto, la cláusula responde, interpretando qué es no nos induzcas en tentación. Pues esto es: SINO LÍBRANOS DEL MAL.
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¡ Con qué compendios de pocas palabras se alcanzan tantos edictos de profetas, evangelios, apóstoles, discursos del Señor, parábolas, ejemplos, preceptos!¡ Cuántos deberes se cumplen al mismo tiempo! El honor de Dios en el padre, el testimonio de la fe en el nombre, la ofrenda de obsequio en la voluntad, la conmemoración de la esperanza en el reino, la petición de vida en el pan, la exomologesis de las deudas en la deprecación, la solicitud de las tentaciones en la postulación de tutela.¿ Qué tiene de extraño? Dios solo pudo enseñar cómo quería ser orado. Por tanto, la religión de la oración ordenada por él mismo y animada por su espíritu, ya desde entonces cuando salía de la boca divina, asciende con su privilegio al cielo, encomendando al padre lo que el hijo enseñó.
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Puesto que, sin embargo, el Señor, escrutador de las necesidades humanas, después de la disciplina de orar entregada, dijo: pedid y recibiréis, y hay cosas que se piden según la circunstancia de cada uno, siendo la oración legítima y ordinaria el fundamento, es derecho de los que se acercan añadir peticiones extrínsecas, con la memoria, sin embargo, de los preceptos.
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Para que no estemos tan lejos de los oídos de Dios como de los preceptos, la memoria de los preceptos allana el camino a las oraciones hacia el cielo; cuyo principal es no subir al altar de Dios antes de resolver, si hemos contraído alguna discordia u ofensa con los hermanos. Pues,¿ qué es acercarse a la paz de Dios sin paz?¿ A la remisión de las deudas con retención?¿ Cómo aplacará al padre quien está airado con el hermano, cuando toda ira nos ha sido prohibida desde el principio? Pues incluso José, despidiendo a sus hermanos para traer a su padre, dijo: no os irritéis en el camino. Nos advirtió, ciertamente— pues de otro modo nuestra disciplina es llamada camino—, que no caminemos hacia el padre estando en el camino de la oración con ira. Desde entonces, el Señor, ampliando abiertamente la ley, pone la ira contra el hermano por encima del homicidio. Ni siquiera permite que se borre con una palabra mala: incluso si hay que airarse, no más allá de la puesta del sol, como advierte el apóstol.¿ Pero qué temerario es pasar el día sin oración mientras dejas de satisfacer al hermano, o perder la oración con una ira perseverante?
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Y no solo de la ira, sino de toda confusión de ánimo debe estar libre la intención de la oración emitida de tal espíritu, cual es el espíritu al que se envía. Pues no podrá ser reconocido por el espíritu santo un espíritu manchado, ni un espíritu triste por uno alegre, ni uno impedido por uno libre. Nadie recibe a un adversario, nadie admite a otro que no sea su igual.
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Por lo demás,¿ qué razón hay para emprender la oración con las manos lavadas, pero con el espíritu sucio, cuando también para las mismas manos son necesarias las limpiezas espirituales, para que sean levantadas puras de falsedad, de asesinato, de crueldad, de venenos, de idolatría y de las demás manchas que, concebidas en el espíritu, se realizan con las obras de las manos? Estas son las verdaderas limpiezas, no las que muchos cuidan supersticiosamente, tomando agua para toda oración, incluso cuando vienen del lavado de todo el cuerpo. Cuando preguntaba esto con más escrúpulo y buscaba la razón, descubrí que es una conmemoración de que Pilato se lavó las manos en la entrega del Señor. Nosotros adoramos al Señor, no lo entregamos, es más, debemos oponernos al ejemplo del entregador y no por ello lavarnos las manos. A menos que nos lavemos por causa de la conciencia debido a alguna mancha de la conversación humana, por lo demás, las manos están suficientemente limpias, las cuales lavamos una vez con todo el cuerpo en Cristo.
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Aunque Israel se lave diariamente con todos sus miembros, nunca está limpio. Ciertamente, sus manos están siempre inmundas, incrustadas eternamente con la sangre de los profetas y del mismo Señor; y por ello, culpables de la conciencia hereditaria de los padres, ni siquiera se atreven a levantarlas al Señor, no sea que alguien exclame como Isaías, no sea que Cristo se horrorice. Nosotros, en cambio, no solo las levantamos, sino que también las extendemos, y modulando la pasión del Señor y orando, confesamos a Cristo.
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Pero puesto que hemos tocado una observación vacía, no pesará señalar también las demás, a las cuales merece ser reprochada la vanidad, si es que se hacen sin la autoridad de ningún precepto, ni del Señor ni de los apóstoles. Pues las de este tipo no se atribuyen a la religión, sino a la superstición, afectadas y forzadas y más de un oficio curioso que racional, ciertamente deben ser reprimidas al menos por el hecho de que igualan a los gentiles. Como es la costumbre de algunos de hacer la oración con los mantos extendidos; pues así se acercan a los ídolos las naciones. Lo cual, ciertamente, si debiera hacerse, los apóstoles, que enseñan sobre el hábito de orar, lo habrían comprendido; a menos que alguien piense que Pablo dejó su manto en la oración junto a Carpo. Dios, ciertamente, no oiría a los que llevan mantos, él que escuchó a los tres santos orando en el horno del rey de Babilonia con sus turbantes y tiaras.
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Asimismo, sobre la costumbre de algunos de sentarse al terminar la oración, no percibo la razón, a menos que sea la que quieren los niños. Pues,¿ qué pasaría si aquel Hermas, cuya escritura se inscribe casi' pastor', no se hubiera sentado sobre el lecho al terminar la oración, sino que hubiera hecho otra cosa,¿ reivindicaríamos eso también para la observación? Ciertamente no. Pues simplemente se puso también ahora, cuando hube adorado y me hube sentado sobre el lecho, para el orden de la narración, no para ejemplo de disciplina. De lo contrario, no habrá que adorar en ninguna parte, sino donde haya un lecho. Es más, obraría contra la escritura si alguien se sentara en una cátedra o banco. Además, como las naciones hacen lo mismo sentándose al adorar sus figurillas, incluso por eso merece ser reprendido entre nosotros, porque se celebra ante los ídolos. A ello se añade el crimen de irreverencia, que incluso las mismas naciones, si supieran algo, deberían entender. Si, ciertamente, es irreverente sentarse bajo la mirada y contra la mirada de aquel a quien más reverencias y veneras,¿ cuánto más es este hecho irreligiosísimo bajo la mirada del Dios vivo, estando presente aún el ángel de la oración? A menos que le reprochemos a Dios que la oración nos ha fatigado.
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Sin embargo, adorando con modestia y humildad, recomendaremos más nuestras oraciones a Dios, no con las manos levantadas demasiado alto, sino levantadas templada y correctamente, ni siquiera con el rostro erguido con audacia. Pues también aquel publicano, que oraba no solo con la oración, sino también con el rostro humillado y abatido, se fue más justificado que el fariseo procacísimo. Los sonidos de la voz también deben ser moderados,¿ o cuántas arterias son necesarias si fuéramos oídos por el sonido? Dios, sin embargo, es auditor no de la voz, sino del corazón, así como es escrutador. El demonio del oráculo pitio dice: entiendo al mudo y escucho al que no habla.¿ Los oídos de Dios esperan sonido?¿ Cómo, pues, la oración de Jonás pudo escapar desde el fondo del vientre de la ballena, a través de las entrañas de tan gran bestia, desde los mismos abismos, a través de tanta masa de mar, hasta el cielo?¿ Qué más aportarán estos que adoran más fuerte, sino que molestan a los vecinos? Es más, al divulgar sus peticiones,¿ qué hacen menos que si oraran en público?
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Ya ha prevalecido otra costumbre. Los que ayunan, al terminar la oración con los hermanos, retiran el beso de la paz, que es el sello de la oración.¿ Cuándo, sin embargo, debe compartirse más la paz con los hermanos, sino cuando la oración del que trabaja asciende más recomendable, para que ellos participen de nuestra operación, con la cual se habrán humedecido al transmitir su paz al hermano?¿ Qué oración es íntegra con el divorcio del beso santo?¿ A quién impide la paz el que cumple el deber para con el Señor?¿ Qué clase de sacrificio es aquel del que se parte sin paz? Sea cual sea la oración, no será más importante que la observación del precepto, por el cual se nos ordena ocultar nuestros ayunos. Pues ya por la abstinencia del beso somos reconocidos como ayunantes. Pero incluso si hay alguna razón, para no ser culpable ante este precepto, puedes, si acaso, diferir la paz en casa, entre aquellos con quienes no se da ocultar el ayuno en absoluto. Dondequiera que puedas ocultar tu operación en otro lugar, debes recordar el precepto; así satisfarás tanto a la disciplina fuera como a la costumbre en casa. Así también en el día de Pascua, en el que la religión del ayuno es común y casi pública, con razón deponemos el beso, sin preocuparnos por ocultar lo que hacemos con todos.
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Del mismo modo, sobre los días de las estaciones, muchos no piensan que se deba intervenir en las oraciones de los sacrificios, porque la estación debe disolverse al recibir el cuerpo del Señor. Por tanto,¿ la eucaristía disuelve el obsequio devoto a Dios o más bien obliga a Dios?¿ No será más solemne tu estación si también te has parado ante el altar de Dios? Al recibir el cuerpo del Señor y reservarlo, ambos están a salvo, tanto la participación del sacrificio como la ejecución del oficio. Si la estación recibió su nombre del ejemplo militar( pues también somos milicia de Dios), ciertamente ninguna alegría o tristeza que sobrevenga a los campamentos rescinde las estaciones de los soldados. Pues la alegría administrará la disciplina más voluntariamente, la tristeza más solícitamente.
20
Sobre el hábito, sin embargo, al menos de las mujeres, la variedad de observación ha hecho que, después del santísimo apóstol, nosotros, hombres de ningún lugar, retractemos impudentemente, a menos que no sea impudentemente si retractamos según el apóstol. Sobre la modestia del culto y el adorno, hay una prescripción abierta incluso de Pedro, que cohíbe con la misma boca, porque con el mismo espíritu que Pablo, tanto la gloria de los vestidos como la soberbia del oro y la laboriosidad de los cabellos de alcahueta.
21
Pero lo que se observa promiscuamente por las iglesias como incierto, eso debe ser retractado, si las vírgenes deben velarse o no. Pues los que conceden a las vírgenes la inmunidad de la cabeza parecen apoyarse en que el apóstol no designó a las vírgenes nominalmente, sino a las mujeres como las que deben ser veladas, y no el sexo, para decir hembras, sino el grado del sexo, al decir mujeres. Pues si hubiera nombrado el sexo, al decir hembras, habría definido absolutamente sobre toda mujer, pero cuando nombra un grado del sexo, al callar el otro, lo separa. Pues pudo, dicen, o nombrar también a las vírgenes especialmente o en compendio generalmente a las hembras.
22
Los que conceden así deben reflexionar sobre el estado del vocablo mismo.¿ Qué es mujer desde las primeras letras de los comentarios santos? Ya encuentran que es nombre de sexo, no grado de sexo; puesto que a Eva, que aún no había experimentado varón, Dios la llamó mujer y hembra, hembra, por la cual el sexo generalmente, mujer, por la cual el grado del sexo especialmente. Así, puesto que entonces Eva, aún no casada, fue llamada con el vocablo de mujer, ese vocablo común se hizo también para la virgen. Ni es extraño si el apóstol, movido ciertamente por el mismo espíritu con el que se redactó toda la escritura divina y también aquella del Génesis, usó la misma voz al poner mujer, que por el ejemplo de Eva no casada compete también a la virgen. Por lo demás, todo concuerda. Pues incluso por esto mismo, que no nombró a las vírgenes, como en otro lugar donde enseña sobre casarse, predica suficientemente que se dijo sobre toda mujer y sobre todo el sexo, y que no se distingue entre mujer y virgen, a quien no nombra en absoluto. Pues quien en otro lugar recuerda distinguir, donde ciertamente la diferencia lo exige( y distingue designando cada especie con sus vocablos), donde no distingue, al no nombrar a ninguna, quiere que no se entienda ninguna diferencia.¿ Qué? Que en el idioma griego, en el que el apóstol hizo las letras, es de uso llamar mujeres más que hembras, es decir, γυναῖκας más que θηλεiας. Por tanto, si se frecuenta ese vocablo en lugar del nombre de sexo, que es en la interpretación por lo que es hembra, nombró el sexo al decir γυναῖκα. En el sexo, sin embargo, también se incluye la virgen. Pero también la pronunciación es manifiesta: toda, dice, mujer que ora y profetiza con la cabeza descubierta deshonra su cabeza.¿ Qué es toda mujer, sino de toda edad, de todo orden, de toda condición? No exceptúa nada de mujer al decir toda, así como tampoco de varón ni de velarse; pues dice igualmente todo varón. Así pues, como en el sexo masculino bajo el nombre de varón también se prohíbe velarse al impúber, así también en el femenino bajo el nombre de mujer se ordena velarse también a la virgen. Igualmente en ambos sexos la edad menor siga la disciplina de la mayor, o que se velen también los vírgenes varones, si no se velan también las vírgenes hembras, porque ni estos son tenidos nominalmente; otra cosa sea varón e impúber, si otra cosa es mujer y virgen. Ciertamente, dice que deben velarse por causa de los ángeles, porque los ángeles se apartaron de Dios por causa de las hijas de los hombres.¿ Quién, pues, contendría que solo las mujeres, es decir, las ya casadas y que han terminado con la virginidad, son de concupiscencia, a menos que no sea lícito también a las vírgenes destacar en apariencia y encontrar amantes? Es más, veamos si no codiciaron solo a las vírgenes, cuando la escritura dice hijas de los hombres, porque pudo haber nombrado esposas de los hombres o hembras indiferentemente. Incluso lo que dice: y tomaron para sí por esposas, hace a que se toman por esposas las que están libres, ciertamente. Sobre las no libres habría enunciado de otro modo. Por tanto, están libres tanto por viudez como por virginidad. Hasta tal punto, al nombrar el sexo generalmente como hijas, mezcló también las especies en el género. Asimismo, cuando dice que la naturaleza misma enseña que las hembras deben velarse, la cual asignó el cabello por tegumento y adorno a las mujeres,¿ no es el mismo tegumento y el mismo honor de la cabeza adscrito también a las vírgenes? Si a la mujer le es vergonzoso raparse, también a la virgen igualmente. En quienes, pues, se computa una sola condición de la cabeza, se exige una sola disciplina de la cabeza, incluso a aquellas vírgenes a quienes defiende la niñez; pues desde el principio fue llamada hembra. Así, finalmente, también Israel observa. Pero si no observara, nuestra ley ampliada y completada defendería para sí la adición. Que se excuse también a las vírgenes al iniciar el velo. Ahora, que la edad, que ignora su sexo, mantenga el privilegio de la simplicidad. Pues también Eva y Adán, cuando les tocó saber, cubrieron inmediatamente lo que habían reconocido. Ciertamente, en quienes ya la niñez ha cambiado, la edad debe ser munífica tanto con la naturaleza como con la disciplina. Pues también se resignan a las mujeres con miembros y oficios. Ninguna virgen lo es desde que puede casarse, puesto que la edad ya se casó en ella con su varón, es decir, con el tiempo. Pero alguna se consagró a Dios. Sin embargo, también desde entonces transfigura el cabello y convierte todo el hábito al de mujer. Por tanto, que asegure todo y que preste todo lo de virgen: lo que esconde por causa de Dios, que lo cubra plenamente. Nos interesa, para que la gracia de Dios se ejerza, encomendarlo a la conciencia de solo Dios, para que no compensemos con el hombre lo que esperamos de Dios.¿ Por qué desnudas ante Dios lo que cubres ante los hombres?¿ Serás más vergonzosa en público que en la iglesia? Si es gracia de Dios, y recibiste,¿ por qué te glorías, dice, como si no hubieras recibido?¿ Por qué juzgas a otras por la ostentación de ti misma?¿ O invitas a otras a tu gloria para el bien? Pero también tú misma te arriesgas a perder si te glorías, y obligas a otras a los mismos peligros. Se elude fácilmente lo que se asume por afecto de gloria. Vélate, virgen, si eres virgen; pues debes sonrojarte. Si eres virgen, no sufras más ojos. Que nadie se maraville de tu rostro; que nadie sienta tu mentira. Mientes bien que eres casada si te velas la cabeza. Es más, no pareces mentir; pues te casaste con Cristo. A él entregaste tu carne, actúa según la disciplina de tu marido. Si ordena velarse a las casadas ajenas, a las suyas ciertamente mucho más. Pero no creo que deba conmoverse la institución de cada predecesor. Muchos adjudican su prudencia y su constancia a la costumbre ajena. Para que no sean obligadas a velarse, ciertamente no se debe prohibir a las voluntarias; las que ni siquiera pueden negarse a sí mismas vírgenes, concedo que abusen en su fama de la seguridad de la conciencia ante Dios. De aquellas, sin embargo, que se dicen prometidas, puedo pronunciar y atestiguar constantemente sobre mi medida que deben ser veladas desde aquel día en que temblaron ante el primer cuerpo del varón con un beso y la diestra. Pues todas las cosas en ellas se casaron antes, y la edad por la madurez, y la carne por la edad, y el espíritu por la conciencia, y el pudor por la experiencia del beso, y la esperanza por la expectación, y la mente por la voluntad. Y nos es suficiente como ejemplo Rebeca, que, mostrado el esposo, solo se veló al casarse con su conocimiento.
23
Sobre el arrodillarse también, la oración sufre variedad de observación por unos pocos que se abstienen de las rodillas el sábado. Cuya disensión, puesto que defiende su causa especialmente ante las iglesias, el Señor dará su gracia, para que o cedan o usen su opinión sin escándalo de los demás. Nosotros, sin embargo, tal como hemos recibido, solo el día de la resurrección del Señor debemos evitar no solo de ese, sino de todo hábito y oficio de ansiedad, difiriendo incluso los negocios, para no dar lugar al diablo. Otro tanto en el espacio de Pentecostés, que se dispunge con la misma solemnidad de exultación. Por lo demás,¿ quién dudaría de postrarse ante Dios todo día, o al menos en la primera oración con la que entramos en la luz? Con ayunos y estaciones, sin embargo, ninguna oración debe celebrarse sin rodilla y el resto de la costumbre de humildad. Pues no solo oramos, sino que también deprecamos y satisfacemos a Dios nuestro Señor. Sobre los tiempos de la oración no se ha prescrito nada en absoluto, a menos que, ciertamente, orar en todo tiempo y lugar.
24
Pero,¿ cómo en todo lugar, cuando se nos prohíbe en público? En todo, dice, lugar, que la oportunidad o incluso la necesidad haya traído. Pues no se considera contra el precepto lo hecho por los apóstoles, que oraban y cantaban a Dios en la cárcel escuchando los guardias, o por Pablo, que hizo la eucaristía en la nave ante todos.
25
Sobre el tiempo, sin embargo, no será ociosa la observación extrínseca también de ciertas horas, digo de esas comunes que marcan los intervalos del día, tercera, sexta, nona; las cuales es posible encontrar más solemnes en las escrituras. El espíritu santo fue infundido por primera vez a los discípulos reunidos a la hora tercera. Pedro, el día en que experimentó la visión de la comunidad de todos en aquel vaso, había subido a las partes superiores a la hora sexta por causa de orar. El mismo iba con Juan a la hora nona al templo, donde reformó al paralítico para la salud. Las cuales, aunque se tienen simplemente sin precepto de ninguna observación, sea bueno, sin embargo, constituir alguna presunción, que constriña la advertencia de orar y, como por ley, extorsione tal deber de los negocios a veces, para que, lo que leemos que fue observado también por Daniel, ciertamente de la disciplina de Israel, no adoremos menos de tres veces al día al menos, deudores de los tres, Padre e Hijo y Espíritu Santo; exceptuando ciertamente las oraciones legítimas, que se deben sin ninguna advertencia al ingreso de la luz y de la noche. Pero también conviene a los fieles no tomar alimento antes y no acercarse al lavado antes de que se haya interpuesto la oración. Pues deben tenerse por anteriores los refrigerios y alimentos del espíritu que los de la carne, porque son anteriores las cosas celestiales que las terrenales.
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No dejes partir sin oración al hermano que ha entrado en tu casa( pues, como se dice, si viste al hermano, viste a tu Señor), especialmente si es un forastero, no sea que por ventura sea un ángel. Pero tampoco él, al ser acogido por los hermanos, debe anteponer los refrigerios terrenales a los celestiales. Pues tu fe será juzgada de inmediato.¿ O cómo dirás, según el precepto,« la paz sea en esta casa», si no devuelves también la paz mutua a quienes están en ella?
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Los más diligentes en la oración suelen añadir al final de sus oraciones el Aleluya y salmos de este género, a cuyas cláusulas responden los que están presentes. Y es, sin duda, una excelente costumbre todo lo que contribuye a anteponer y honrar a Dios, ofreciendo una oración colmada como si fuera una víctima selecta.
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Esta es, en efecto, la víctima espiritual que ha abolido los sacrificios antiguos.¿ Para qué me sirve, dice, la multitud de vuestros sacrificios? Estoy harto de holocaustos de carneros, y no quiero la grasa de los corderos ni la sangre de toros y machos cabríos.¿ Quién ha pedido esto de vuestras manos? El Evangelio enseña, pues, lo que Dios ha pedido. Llegará la hora, dice, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque Dios es espíritu, y por tanto busca tales adoradores. Nosotros somos los verdaderos adoradores y los verdaderos sacerdotes, que orando en espíritu, sacrificamos en espíritu la oración, víctima propia y aceptable para Dios, la que él mismo buscó y previó para sí. Esta, consagrada de todo corazón, alimentada por la fe, preservada por la verdad, íntegra por la inocencia, pura por la castidad y coronada por el amor, debemos llevarla al altar de Dios entre salmos e himnos, con el esplendor de las buenas obras, para obtener de Dios todo lo que necesitamos.
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¿ Qué le negará Dios a la oración que proviene del espíritu y de la verdad, si él mismo la exige?¡ Leemos, oímos y vemos cuántas pruebas de su eficacia existen! La oración antigua, ciertamente, libraba de las llamas, de las fieras y del hambre, y sin embargo, no había recibido su forma de Cristo. Pero¡ cuánto más obra la oración cristiana! No detiene al ángel del rocío en medio de las llamas, ni obstruye las fauces de los leones, ni traslada el almuerzo de los campesinos a los hambrientos; no aparta ningún sentido del sufrimiento mediante una gracia delegada, sino que instruye a los que padecen, sienten y sufren en la paciencia, y aumenta la gracia con la virtud, para que la fe sepa qué obtiene del Señor, comprendiendo lo que padece por el nombre de Dios. Pero también, en el pasado, la oración infligía plagas, dispersaba ejércitos enemigos y prohibía la utilidad de las lluvias. Ahora, en cambio, la oración de la justicia aparta toda la ira de Dios, vela por los enemigos y suplica por los perseguidores.¿ Es de extrañar que sepa arrancar las aguas celestiales, si pudo también obtener fuego? La oración es lo único que vence a Dios; pero Cristo no quiso que obrara ningún mal. Le confirió toda virtud para el bien. Por tanto, no conoce otra cosa que devolver las almas de los difuntos del mismo camino de la muerte, restaurar a los débiles, sanar a los enfermos, purificar a los endemoniados, abrir las puertas de la cárcel y soltar las cadenas de los inocentes. Ella misma lava los delitos, repele las tentaciones, extingue las persecuciones, consuela a los pusilánimes, deleita a los magnánimos, guía a los viajeros, calma las olas, pasma a los ladrones, alimenta a los pobres, dirige a los ricos, levanta a los caídos, sostiene a los que tropiezan y mantiene a los que están en pie. La oración es el muro de la fe, nuestras armas y dardos contra el enemigo que nos acecha por todas partes. Por tanto, no marchemos nunca desarmados. Recordemos el día de la estación y la noche de la vigilia. Bajo las armas de la oración, guardemos la señal de nuestro emperador y esperemos orando la trompeta del ángel. También oran todos los ángeles, ora toda la creación, oran las bestias y las fieras, doblan las rodillas y, al salir de sus establos y guaridas, miran al cielo no con boca ociosa, vibrando el espíritu a su manera. Incluso las aves, al levantarse por la mañana, se elevan hacia el cielo y extienden la cruz de sus alas en lugar de manos, diciendo algo que parece una oración.¿ Qué más decir, pues, sobre el oficio de la oración? Incluso el mismo Señor oró, a quien sea el honor y la virtud por los siglos de los siglos.