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De Pudicitia
TertullianPudi 1 · spanish-geminiMore by Tertullian
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Original / primary: Spanish Gemini
1
La pudicia, flor de las costumbres, honor de los cuerpos, decoro de los sexos, integridad de la sangre, fidelidad del linaje, fundamento de la santidad, prejuicio de toda buena mente, aunque rara, no fácilmente perfecta y apenas perpetua, sin embargo, morará de algún modo en el siglo si la naturaleza la ha preparado, si la disciplina la ha persuadido, si la censura la ha reprimido, puesto que todo bien del alma o nace, o se educa, o se fuerza. Pero así como los males vencen más, lo cual es la razón de los últimos tiempos, ya no se permite que los bienes nazcan, tan corrompidas están las semillas, ni que se eduquen, tan abandonados están los estudios, ni que se fuercen, tan desarmadas están las leyes. En fin, aquello de lo que empezamos ha decaído hasta tal punto que la pudicia se cree no la renuncia, sino la moderación de las pasiones, y se considera suficientemente casto a quien no ha sido menos casto. Pero que la pudicia del siglo se las vea con el siglo mismo, con su ingenio si nacía, con su estudio si se educaba, con su servicio si se forzaba; a no ser que sea aún más infeliz si se hubiera mantenido como infructuosa, la cual no habría actuado ante Dios. Preferiría ningún bien a uno vano.¿ Qué aprovecha ser lo que no aprovecha? El estado de nuestros bienes ya se hunde, la razón de la pudicia cristiana se estremece, la cual todo lo atrae del cielo: la naturaleza mediante el lavatorio de la regeneración, la disciplina mediante el instrumento de la predicación, y la censura mediante los juicios de ambos testamentos, forzados más constantemente por el miedo y el voto del fuego eterno y del reino. Contra esto,¿ no podría yo haber disimulado? Oigo incluso que se ha propuesto un edicto, y ciertamente perentorio. El pontífice máximo, es decir, el obispo de obispos, edicta: Yo perdono los delitos de adulterio y fornicación a quienes han cumplido la penitencia.¡ Oh edicto al cual no se le podrá adscribir BUENA ACCIÓN!¿ Y dónde se propondrá esa liberalidad? Allí mismo, supongo, en las mismas puertas de las pasiones, bajo los mismos títulos de las pasiones. Allí debe promulgarse tal penitencia, donde se hallará la delincuencia misma. Allí debe leerse el perdón, adonde se entrará con la esperanza de él. Pero esto se lee en la iglesia, y en la iglesia se pronuncia, y es virgen.¡ Lejos, lejos de la esposa de Cristo tal pregón! Aquella que es verdadera, que es púdica, que es santa, carecerá incluso de la mancha de los oídos. No tiene a quién prometerle esto, y si lo tuviera, no lo promete, porque el templo terreno de Dios pudo ser llamado cueva de ladrones por el Señor más pronto que de adúlteros y fornicarios. Habrá, pues, también aquí un título contra los psíquicos, contra la sociedad de mi propia sentencia atrás entre ellos, por lo cual más me objetan esto como nota de ligereza. Nunca el repudio de la sociedad es prejuicio del delito. Como si no fuera más fácil errar con muchos, cuando la verdad se ama con pocos. Pero a mí no me deshonrará más una ligereza útil de lo que me ha adornado una nociva. No me sonrojo por el error del que carecí, porque me deleito de haber carecido, porque me reconozco mejor y más púdico. Nadie que progresa se avergüenza. También la ciencia en Cristo tiene sus edades, por las cuales ha pasado el apóstol. Cuando era niño, dice, hablaba como niño, pensaba como niño; pero cuando me hice hombre, dejé lo que era de niño. Así se apartó de las sentencias antiguas y no por ello delinquió, porque se hizo emulador no de las tradiciones paternas, sino de las cristianas, deseando incluso que fueran cortados los que persuadían que la circuncisión debía retenerse. Y ojalá también estos, que truncan la mera y verdadera integridad de la carne amputando no la suma superficie, sino la íntima efigie de la pudicia misma, cuando prometen perdón a los adúlteros y fornicarios contra la disciplina principal del nombre cristiano, la cual el siglo mismo también testifica hasta tal punto que, si alguna vez, se esfuerza en castigarla en nuestras mujeres más con inmundicias de la carne que con tormentos, queriendo arrebatar lo que anteponen a la vida. Pero ya esta gloria se extingue, y ciertamente por aquellos a quienes con tanta más constancia hubiera correspondido no suscribir ninguna indulgencia a tales manchas, cuanto que por ello, cuantas veces quieren, se casan, para no ser forzados a sucumbir al adulterio y la fornicación, porque es mejor casarse que quemarse. Sin duda, por la continencia es necesaria la incontinencia, el incendio se extinguirá con fuegos.¿ Por qué, pues, también perdonan después los crímenes en nombre de la penitencia, cuyos remedios preestablecen por derecho de multinupcialidad? Pues también los remedios vacarán cuando los crímenes se perdonan, y los crímenes permanecerán si los remedios vacarán. Así que en ambos casos juegan con la solicitud y la negligencia, precaviendo vanísimamente a quienes perdonan y perdonando ineptísimamente a quienes precaven, cuando o no se debe precaver donde se perdona, o no se debe perdonar donde se precaver. Pues precaven, como si no quisieran que se admita tal cosa, pero perdonan, como si quisieran que se admita; cuando si no quieren que se admita, no deberían perdonar, si quieren perdonar, no deberían precaver. Pues ni el adulterio ni la fornicación se computarán entre los delitos módicos y medios, para que ambos convengan, tanto la solicitud que precaver como la seguridad que perdona. Pero siendo estos los que ocupan la cumbre de los crímenes, no cabe que sean perdonados como módicos y precavidos como máximos. A nosotros, sin embargo, los máximos o sumos se precaven así también, mientras ni siquiera se permite conocer segundas nupcias después de la fe, distintas por tablas nupciales y dotales, si acaso, de la obra del adulterio y la fornicación, y por eso, infamándonos durísimamente, colocamos fuera a los bígamos por la enormidad de la disciplina del Paráclito. Fijamos el mismo límite del umbral también a los adúlteros y fornicarios que van a derramar las lágrimas ayunas de la paz y que no van a reportar de la iglesia más que la publicación del deshonor.
2
Por lo demás, dicen, Dios es bueno y óptimo y misericordioso y compasivo y de mucha misericordia, a la cual antepone a todo sacrificio, no estimando tanto la muerte del pecador como la penitencia, salvador de todos los hombres y mayormente de los fieles. Por tanto, también será necesario que los hijos de Dios sean misericordiosos y pacíficos, perdonándose mutuamente como también Cristo nos perdonó, no juzgando, para no ser juzgados. Pues para su Señor está en pie o cae:¿ quién eres tú para juzgar al siervo ajeno? Perdona, y se te perdonará. Tales y tan grandes son sus futilidades, con las cuales adulan a Dios y se halagan a sí mismos, afeminando más que vigorizando la disciplina,¿ con cuántas cosas podemos nosotros y los contrarios replicar, que tanto tientan la severidad de Dios como provocan nuestra constancia? Porque aunque Dios es bueno por naturaleza, sin embargo, también es justo. Pues por causa, así como sabe sanar, así también sabe herir, haciendo la paz, pero también creando males, prefiriendo la penitencia, pero también mandando a Jeremías que no intercediera por el pueblo pecador. El cual, dice, aunque ayunen, no escucharé su súplica. Y de nuevo: Y tú no ores por el pueblo y no pidas por ellos en ruego y oración, puesto que no escucharé en el tiempo en que me invocaren, en el tiempo de su aflicción. Y aún más arriba, el mismo prelado de la misericordia que del sacrificio: Y tú no ores por este pueblo y no pidas que consigan misericordia y no te acerques por ellos a mí, puesto que no escucharé a los que piden misericordia, ciertamente a los que lloran por penitencia y ayunan y ofrecen su aflicción a Dios. Pues Dios es celoso, y no se le burla con la nariz, ciertamente a la bondad de los que adulan, y quien, aunque paciente, sin embargo, amenaza por Isaías el fin de la paciencia: He callado,¿ acaso callaré siempre y soportaré? He estado quieto como la que da a luz, me levantaré y haré secar. Pues el fuego procederá ante su rostro, y quemará a sus enemigos, matando no solo el cuerpo, sino también las almas en el infierno. Por lo demás, cómo el Señor amenaza a los que juzgan, él mismo lo demuestra: pues con el juicio con que juzguéis, se juzgará de vosotros. Así no prohibió juzgar, sino que enseñó. De donde también el apóstol juzga, y ciertamente en causa de fornicación, entregando a tal hombre a Satanás para la destrucción de la carne, reprendiendo incluso que los hermanos no fueran juzgados ante los santos. Pues añadiendo, dice:¿ qué me importa juzgar a los que están fuera? Pero perdonas, para que se te perdone por Dios. Los delitos se limpian, los que uno haya cometido contra el hermano, no contra Dios. En fin, profesamos en la oración que perdonaremos a los deudores, pero no conviene estirar más allá el hilo contencioso de la autoridad de las Escrituras con alterno tirón hacia diversos lados, de modo que esto parezca restringir las riendas de la disciplina, aquello relajarlas, como si fuera incierto y aquello postrara el subsidio de la penitencia mediante la lenidad, esto lo negara mediante la austeridad. Además, la autoridad de la Escritura se mantendrá en sus términos sin oposición de una u otra parte. Y el subsidio de la penitencia se determina por sus condiciones sin concesión pasiva, y las causas mismas de ella se distinguen primero sin proposición confusa. Condicionamos los delitos como causas de la penitencia. Dividimos estos en dos salidas. Unos serán remisibles, otros irremisibles. Según lo cual para nadie es duda que unos merecen castigo, otros condenación. Todo delito o lo borra el perdón o la pena, el perdón por el castigo, la pena por la condenación. Sobre esta diferencia ya hemos anticipado también ciertas altercaciones de las Escrituras que por un lado retienen y por otro perdonan los delitos. Pero también Juan enseñará: si alguien sabe que su hermano delinque un delito no para muerte, pedirá y se le dará vida; porque no delinque para muerte, esto será remisible. Hay delito para muerte; no digo por él que alguien pida, esto será irremisible. Así, donde hay razón de petición, allí también de remisión; donde ni de petición, allí igualmente ni de remisión. Según esta diferencia de los delitos, también la condición de la penitencia se discrimina. Una será la que pueda conseguir perdón, ciertamente en el delito remisible, otra la que de ningún modo pueda conseguirlo, ciertamente en el delito irremisible. Y resta examinar especialmente sobre el estado del adulterio y la fornicación, en qué parte de los delitos deben ser reducidos.
3
Pero primero decidiré la respuesta que intercede desde el lado opuesto a esa especie de penitencia que, como definimos al máximo, carece de perdón. Pues si, dicen, alguna penitencia carece de perdón, ya ni siquiera debe ser realizada por ti en absoluto. Pues nada debe hacerse en vano. Además, en vano se realizará la penitencia si carece de perdón. Pero toda penitencia debe realizarse. Por tanto, toda consiga el perdón, para que no se realice en vano, porque no existirá si se realiza en vano. Además, se realiza en vano si carecerá de perdón. Con razón, pues, oponen que también el fruto de esta penitencia, es decir, el perdón, lo han usurpado en su potestad. Pues en cuanto a aquellos de quienes consigue la paz humana, se realiza en vano. Pero en cuanto a nosotros, que recordamos que solo el Señor concede los delitos, y ciertamente los mortales, no se realizará en vano. Pues remitida al Señor y postrada desde entonces ante él, esto mismo obrará más el perdón, porque lo implora solo de Dios, porque no cree que la paz humana baste para su delito, porque prefiere avergonzarse ante la iglesia que comunicarse. Pues asiste ante sus puertas y advierte a los otros con el ejemplo de su nota y llama también a sí las lágrimas de los hermanos y vuelve habiendo negociado más, ciertamente compasión que comunicación. Y si no cosecha la paz aquí, siembra ante el Señor. Ni pierde, sino que prepara el fruto. No vacará de emolumento si no ha vacado de oficio. Así, ni la penitencia de este tipo es vana ni la disciplina de este tipo es dura. Ambas honran a Dios. Aquella, no halagándose nada a sí misma, conseguirá más fácilmente; esta, no asumiendo nada para sí, ayudará más plenamente.
4
Podemos, pues, terminada la distinción de la penitencia, regresar ya al censo de los delitos mismos, si son aquellos que puedan conseguir perdón de los hombres. En primer lugar, lo que llamamos adulterio y fornicación, el uso lo exige. También la fe tiene la familiaridad de ciertos nombres. Así, en todo opúsculo guardamos el uso. Por lo demás, si dijere adulterio y si dijere estupro, será un solo elogio de carne contaminada. Pues no importa si alguien incurre en una casada ajena o en una viuda, mientras no sea su propia mujer; así como tampoco importa en los lugares, si la pudicia es trucidada en los dormitorios o en las torres. Todo homicidio es latrocinio fuera del bosque. Así también, dondequiera o en quienquiera se adultera y estupra a sí mismo quien usa de otro modo que no sea en nupcias. Por eso, entre nosotros, también las uniones ocultas, es decir, no profesadas antes ante la iglesia, corren peligro de ser juzgadas junto al adulterio y la fornicación. Ni las nupcias concertadas desde entonces eludan el crimen con el pretexto de matrimonio. Pero las restantes furias impías de las pasiones, tanto en los cuerpos como en los sexos más allá de los derechos de la naturaleza, las removemos no solo del umbral, sino de todo techo de la iglesia, porque no son delitos, sino monstruos.
5
Por tanto, el adulterio, que también es asunto de fornicación, según la obra del crimen, cuán estimable sea de maldad, la primera ley de Dios está presente. Puesto que después de la superstición prohibida de dioses ajenos y la fabricación de los ídolos mismos, después de la veneración del sábado encomendada, después de la segunda religión mandada por Dios hacia los padres, no construyó ningún otro precepto en tales títulos firmados y fortificados que no adulterarás. Pues después de la castidad espiritual y la santidad, seguía la integridad corporal. Y esta, pues, fortificó prohibiendo inmediatamente su enemigo, el adulterio. Entiende ya qué clase de delito es, cuya cohibición ordenó después de la idolatría. Nada según la distancia se aleja del primero. Nada tan próximo al primero como el segundo. Lo que se hace del primero, otro es de algún modo primero. Por tanto, el adulterio es afín a la idolatría. Pues también la idolatría, a menudo reprochada al pueblo bajo nombre de adulterio y fornicación, se unirá también por suerte a él, así como por serie; también se adherirá a él por condenación, así como por disposición. Más aún, anteponiendo no adulterarás, añade no matarás. Honró, pues, el adulterio, al que antepone al homicidio, en la primera frente de la ley santísima, en los primeros títulos del edicto celestial, señalado ciertamente por la proscripción de los delitos principales. Del lugar distingas el modo, del orden el estado, del confín el mérito de cada uno. Hay también dignidad del mal, que se coloca en la cima o en medio de los peores. Veo una cierta pompa y estrado del adulterio, de aquí el ducado de la idolatría que antecede, de aquí el séquito del homicidio que sigue. Entre dos ápices eminentes de crímenes, sin duda, digna se sentó, y por medio de ellos, como lugar vacante, completó con igual autoridad de crimen.¿ Quién, encerrada por tales lados, circundada por tales costillas, la arrancará del cuerpo de los que se adhieren, del nexo de los crímenes vecinos, del complejo de los crímenes próximos, para separarla sola para el fruto de la penitencia?¿ No detendrán de aquí la idolatría, de allá el homicidio y, si alguna voz hubiere, reclamarán: este es nuestro cuño, nuestra compago? De la idolatría somos iniciados, por ella que distingue somos unidos, a ella que resplandece desde el medio nos unimos; la Escritura divina nos ha incorporado, las letras mismas son nuestros pegamentos, ya ni ella misma puede sin nosotros. Yo, ciertamente, la idolatría, muy a menudo suministro la ocasión del adulterio. Saben mis luces y mis montes, y las aguas vivas y los mismos templos en las ciudades cuánto procuro la destrucción de la pudicia. Yo también, el homicidio, a veces elaboro el adulterio. Por omitir tragedias, saben hoy los envenenadores, saben los magos, cuántos adulterios vengo, cuántas rivalidades defiendo, cuántos custodios, cuántos delatores, cuántos cómplices elimino. Saben también las parteras cuántos conceptos adúlteros son trucidados. También entre los cristianos no hay adulterio sin nosotros. Allí están las idolatrías, donde es cosa de espíritus inmundos; allí está también el homicidio, donde el hombre, cuando es contaminado, es matado. Por tanto, o ni a ellos ni a nosotros convendrán los subsidios de la penitencia. O la detenemos, o la seguimos. Estas mismas cosas hablan. Si las cosas faltan de voz, asiste el idólatra, asiste el homicida, en medio de ellos asiste también el adúltero. Igualmente, se sientan sobre el oficio de la penitencia, se horrorizan en saco y ceniza, gimen con el mismo llanto, ambicionan con las mismas preces, exoran con las mismas rodillas, invocan a la misma madre.¿ Qué haces, disciplina blandísima y humanísima? O deberás ser esto para todos ellos, pues bienaventurados los pacíficos, o, si no para todos, ser nuestra.¿ Al idólatra y al homicida condenas de una vez, pero al adúltero lo exceptúas del medio?¿ Sucesor del idólatra, antecesor del homicida, colega de ambos? Es acepción de personas: has dejado penitencias más miserables.
6
Claramente, si muestras de qué patrocinios de ejemplos y preceptos celestiales expandes la puerta de la penitencia solo al adulterio y en él también a la fornicación, a esta línea ya combatirá nuestra lucha. Sin embargo, es necesario que te prescriba la forma, para que no extiendas la mano a las cosas viejas, para que no mires hacia atrás. Pues las cosas viejas pasaron según Isaías, y ya se ha renovado la renovación según Jeremías, y olvidados de las posteriores nos extendemos a las anteriores según el apóstol, y la ley y los profetas hasta Juan según el Señor. Pues también si empezamos al máximo desde la ley demostrando el adulterio, merecidamente desde ese estado de la ley, que Cristo no disolvió, sino que cumplió. Pues las cargas de la ley hasta Juan, no los remedios. Los yugos de las obras fueron rechazados, no los de las disciplinas. La libertad en Cristo no hizo injuria a la inocencia. Permanece la ley toda de piedad, santidad, humanidad, verdad, castidad, justicia, misericordia, benevolencia, pudicia. En cuya ley bienaventurado el varón que meditará día y noche. De la cual el mismo David de nuevo: la ley del Señor es irreprensible, convirtiendo las almas; los derechos del Señor son rectos, deleitando los corazones; el precepto del Señor brilla lejos, iluminando los ojos. Así también el apóstol: por tanto, la ley ciertamente es santa, y el precepto santo y óptimo; ciertamente: no adulterarás. Pero también arriba:¿ luego anulamos la ley por la fe? Lejos, sino que establecemos la ley, ciertamente en aquellas cosas que también ahora en el nuevo testamento son prohibidas por precepto incluso más acumulado. Por' no adulterarás',' quien haya mirado para codiciar, ya adulteró en su corazón', y por' no matarás',' quien haya dicho a su hermano Raca, será reo del infierno'. Busca si está a salvo la ley de no adulterar, a la cual se añadió ni codiciar. Por lo demás, si algunos ejemplos os aplauden en el seno, no se opondrán a esta disciplina que defendemos. Pues en vano se ha sobreestructurado la ley, condenando los orígenes también de los delitos, es decir, las concupiscencias y voluntades no menos que los hechos, si por ello hoy se concederá perdón al adulterio, porque también alguna vez fue concedido.¿ Para qué emolumento hoy se coacciona la disciplina más plena, sino para que sea perdonado por tu mayor halago quizás? Darás, pues, también perdón al idólatra y a todo apóstata, porque también al pueblo mismo tantas veces reo de estos tantas veces encontramos atrás restituido. Comunicarás también al homicida, porque también Acab borró la sangre de Nabot con la deprecación y David purgó con confesión la matanza de Urías con su causa, el adulterio. Ya también donarás los incestos por causa de Lot y las fornicaciones con incesto por causa de Judá y las torpes nupcias de prostitución por causa de Oseas, y no solo frecuentadas, sino también varias veces, por causa de nuestros padres. Ciertamente es digno que se equipare ahora también la gracia respecto a todo lo atrás indultado, si de algún ejemplo antiguo se vindica el perdón del adulterio. Tenemos ciertamente también nosotros ejemplos de la misma antigüedad para nuestra sentencia, no solo no indultado, sino también representado el juicio de la fornicación. Y ciertamente basta. Sabe que tal número de 24 mil del pueblo fornicante con las hijas de Madián cayó en una plaga. Pero prefiero deducir la disciplina de Cristo para la gloria de Cristo. Hayan tenido los tiempos antiguos toda impudicia, si quieren los psíquicos, incluso potestad. Haya jugado la carne antes de Cristo, más aún, haya perecido antes de que fuera requerida por su Señor: aún no era digna del don de la salud, aún no apta para el oficio de la santidad. Aún se computaba en Adán con su vicio, codiciando fácilmente lo que había visto especioso y mirando hacia las cosas inferiores y reteniendo la picazón de las hojas de higuera. Se adhería por todas partes el virus de la libido y las suertes hechas no teniendo, idóneas porque ni ellas mismas aún las aguas habían lavado. Pero cuando el sermón de Dios descendió a la carne no resignada ni siquiera a nupcias y el sermón se hizo carne no resignada a nupcias, que accediera al leño no de incontinencia, sino de tolerancia, que gustara de allí no algo dulce, sino algo amargo, que perteneciera no a los infiernos, sino al cielo, que se ciñera no con hojas de lascivia, sino con flores de santimonia, que entregara sus mundicias a las aguas, desde entonces la carne cualquiera que en Cristo soltó las restantes suciedades antiguas, ya es otra cosa, emerge nueva, ya no del limo de la semilla, no del estiércol de la concupiscencia, sino del agua pura y espíritu mundo.¿ Por qué, pues, la excusas de lo antiguo? No era llamada cuerpo de Cristo, no miembros de Cristo, no templo de Dios, cuando conseguía el perdón del adulterio. Por tanto, si desde entonces, desde que cambió el estado, y bautizada en Cristo se vistió de Cristo y fue redimida con gran precio, ciertamente con la sangre del Señor, y tienes algún ejemplo o precepto o forma o sentencia de fornicación y adulterio indultada o que deba ser indultada, tienes también la definición del tiempo por nosotros, desde cuándo se computa la edad de la cuestión.
7
Podrás empezar por las parábolas, donde está la oveja perdida requerida por el Señor y devuelta sobre sus hombros. Procedan las mismas pinturas de vuestros cálices, si al menos en ellas resplandecerá la interpretación de aquella res, si se inclinará a la restitución de un pecador cristiano o étnico. Prescribimos, pues, por la disciplina de la naturaleza, por la ley del oído y de la lengua, por la salud de la mente, que siempre se respondan aquellas cosas que son provocadas, es decir, a aquellas cosas que provocan. Provocaba, según creo, que los fariseos murmuraban indignados porque el Señor admitía a los publicanos y pecadores étnicos y comunicaba con ellos sobre el sustento. A esto, cuando el Señor hubo figurado la restitución de la res perdida,¿ a quién otro debe creerse que la configuró sino al étnico perdido, de quien se trataba, no del cristiano, que aún nadie?¿ O qué clase de cosa es que el Señor, como un cavilador de la respuesta, omitida la especie presente, que debería replicar, se preocupe de la futura? Pero la oveja es propiamente el cristiano y el rebaño del Señor el pueblo de la iglesia y el pastor bueno Cristo y por eso el cristiano debe entenderse en la oveja, que se haya extraviado del rebaño de la iglesia. Por tanto,¿ no quieres que el Señor haya respondido a la murmuración de los fariseos, sino a tu presunción? Y sin embargo, así deberás vindicarla, que niegues que competa al étnico, lo que piensas que conviene al cristiano. Dime,¿ no es todo el género de los hombres un solo rebaño de Dios?¿ No es de todas las gentes el mismo Dios y Señor y pastor?¿ Quién perece más de Dios que el étnico, mientras yerra?¿ Quién es más requerido por Dios que el étnico, cuando es revocado por Cristo? En fin, este orden antecede en los étnicos; puesto que no de otro modo los cristianos se hacen de los étnicos sino primero perdidos y requeridos por Dios y reportados por Cristo. Así también este orden debe guardarse, que interpretemos tal cosa en aquellos en quienes primero. Pero tú, según creo, querrías esto, que no hiciera a la oveja perdida del rebaño, sino del arca o armario. Así, aunque dice que el número restante de los étnicos es justo, no por ello muestra que sean cristianos, tratando con los judíos y golpeándolos al máximo, porque se indignaban de la esperanza de los étnicos, sino para expresar contra la envidia de los fariseos su gracia y benevolencia también hacia un solo étnico, antepuso la salud de un solo pecador por penitencia que la de ellos por justicia.¿ O acaso no eran justos los judíos, y a quienes no había necesidad de penitencia teniendo los timones de la disciplina y los instrumentos del temor, la ley y los profetas? Puso, pues, a aquellos en la parábola, aunque no cuales eran, sino cuales debían haber sido, para que más se sonrojaran, oyendo la penitencia necesaria para otros y no para sí. Igualmente la parábola de la dracma, como provocada por la misma materia, igualmente la interpretamos en el étnico, aunque perdida en la casa, como en la iglesia, aunque hallada a la luz de la lámpara, como a la palabra de Dios. Pero todo este mundo es una sola casa de todos, en el cual la gracia de Dios resplandece más al étnico, que se encuentra en las tinieblas, que al cristiano, que ya está en la luz de Dios. En fin, tanto a la oveja como a la dracma se adscribe un solo error. Pues si ya se fingieran en el pecador cristiano después de la fe perdida, y se tratara de la iterada pérdida de ellos y restitución. Me apartaré ahora un poco de este grado, para que más lo recomiende incluso apartándome, cuando así también haya cubierto la presunción de la parte diversa. Condiciono que el cristiano ya pecador es significado en ambas parábolas, no obstante, no por ello debe afirmarse que él, que por el crimen de adulterio y fornicación pueda ser restituido por la penitencia. Pues aunque se diga que ha perecido, habrá también que retractar sobre el género de perdición, porque también la oveja no muriendo, sino errando, y la dracma no pereciendo, sino escondiéndose, perecieron. Así, aunque se diga que ha perecido, lo que está a salvo. Perece, pues, también el fiel que se deslizó en el espectáculo del furor del auriga y del cruor del gladiador y de la fealdad escénica y de la vanidad xística, en los juegos, en los convites de la solemnidad secular, si en el oficio, en el ministerio de ajena idolatría aplicó algunas artes o más incuriosamente se precipitó en la palabra de ambigua negación o blasfemia. Por tal cosa fue dado fuera del rebaño o incluso él mismo quizás por ira, tumor, emulación, lo que en fin a menudo sucede, por dedignación del castigo se rompió. Debe ser requerido y revocado. Lo que puede recuperarse, no perece, a no ser que haya perseverado fuera. Bien interpretarás la parábola revocando al pecador que aún vive. Pero al adúltero y al fornicario,¿ quién no lo pronunció muerto inmediatamente al admitirlo?¿ Con qué boca restituirás al muerto al rebaño por la autoridad de su parábola, que no revoca al ganado muerto? En fin, si recuerdas a los profetas, cuando los pastores son reprendidos, creo que es voz de Ezequiel: pastores, he aquí que devoráis la leche y os vestís de lanas; lo que es fuerte habéis matado, lo que es débil no habéis curado, lo que está roto no habéis ligado, lo que ha sido expulsado no habéis convertido, lo que pereció no habéis requerido.¿ Acaso también reprocha sobre el muerto, que no se hayan preocupado de rehacer también aquello en el rebaño? Claramente insiste en que hicieron perecer a las ovejas y ser comidas por las bestias del campo— ni pueden perecer en muerte ni ser comidas, si se dejan— no, para que las perdidas en muerte y comidas sean resumidas. Según el ejemplo de la dracma también dentro de la casa de Dios, la iglesia, es lícito que haya algunos delitos mediocres según el módulo y peso de la dracma misma, que escondiéndose allí mismo, pronto allí mismo y hallados, inmediatamente allí mismo con gozo de enmienda sean transigidos. Pero del adulterio y la fornicación no es dracma, sino talento, para cuya búsqueda no hay necesidad de la espícula de la lámpara, sino de la lanza de todo el sol. Apenas apareció, inmediatamente el hombre es expulsado de la iglesia ni permanece allí ni confiere gozo a la iglesia que lo halla, sino luto, ni llama a congratulación de las vecinas, sino contristación de las hermandades próximas. Comisadas, pues, también esta nuestra con la interpretación de ellos, tanto más mirarán al étnico los argumentos de la oveja y la dracma, cuanto que ni en el cristiano de tal delito pueden competir, por lo cual son forzados en el cristiano desde la parte diversa.
8
En efecto, a muchos intérpretes de las parábolas los engaña el mismo resultado que ocurre con muchísima frecuencia al teñir de púrpura las vestiduras: cuando crees haber conciliado correctamente los matices de los colores y crees haber unido sus comparaciones entre sí con erudición, en cuanto se destacan ambos cuerpos y las luces, la diversidad trasladada revela todo el error. Por tanto, en la misma oscuridad, respecto a la parábola de los dos hijos, algunos, al colorear figuras que por el momento coinciden, se desvían de la verdadera luz de aquella comparación que la materia de la parábola ha trazado. Pues sitúan a dos pueblos en los dos hijos: el judío como el mayor, el cristiano como el menor. Y es que no pueden disponer al cristiano pecador en el hijo menor para que obtenga el perdón, a menos que hayan expresado al judío en el mayor. Además, si demuestro que el judío no encaja en la comparación del hijo mayor, consecuentemente tampoco se admitirá al cristiano en la configuración del hijo menor. Pues aunque el hijo sea llamado judío y mayor, por ser el primero en la adopción, y aunque envidie al cristiano la reconciliación del Dios Padre— lo cual es precisamente lo que la parte contraria critica—, no será del judío la frase dirigida al padre:« He aquí que hace tantos años que te sirvo y nunca he transgredido tu precepto».¿ Cuándo no ha sido el judío un transgresor de la ley, oyendo con los oídos y no oyendo, odiando al que le reprende en las puertas y despreciando la palabra santa? Así tampoco será la voz del padre hacia el judío:« Tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo». Pues los judíos son declarados hijos apóstatas, engendrados ciertamente y elevados a lo alto, pero que no han tenido en cuenta a Dios, que han abandonado al Señor y han provocado a ira al Santo de Israel. Diremos que al judío se le concedió todo, a quien incluso se le arrebató una condición más grata de la gula, por no hablar de la misma tierra de la promesa paterna. Y así, el judío, no menos hoy que el hijo menor, habiendo malgastado la sustancia de Dios, mendiga en una región ajena, sirviendo hasta ahora a sus príncipes, es decir, a los de este siglo. Busquen, pues, los cristianos a otro hermano suyo; pues la parábola no admite al judío. Mucho más apropiadamente habrían equiparado al cristiano con el hijo mayor y al judío con el menor según la comparación de la fe, si el orden de ambos pueblos, designado desde el vientre de Rebeca, permitiera el cambio. A no ser que también la conclusión se opusiera. Pues convendrá que el cristiano se alegre de la restitución del judío y no que se duela, ya que toda nuestra esperanza está unida con la restante expectativa de Israel. Así, aunque hagan algunas cosas, al oponerse otros que saben, se destruye la equiparación de los ejemplos. Aunque, incluso si todo pudiera responder como en un espejo, existe un peligro principal en las interpretaciones: que la facilidad de las comparaciones no se dirija a otro lugar que al que la materia de cada parábola ha mandado. Pues recordamos que también los actores, cuando adaptan gestos alegóricos a los cantos, expresan cosas muy distintas de la fábula, la escena y la persona presentes, y sin embargo, de manera muy congruente. Pero que se ocupe de ello el ingenio extraordinario. Pues nada tiene que ver con Andrómaca. Así también los herejes atribuyen las mismas parábolas a donde quieren, no a donde deben, excluyendo lo más apropiado.¿ Por qué lo más apropiado? Porque desde el principio, según las ocasiones de las parábolas, han fraguado las materias mismas de sus doctrinas. Les resultó fácil, ciertamente, al estar libres de la regla de la verdad, buscar y componer aquello de lo que parecen tratar las parábolas.
9
Nosotros, en cambio, puesto que no inventamos materias a partir de las parábolas, sino que interpretamos las parábolas a partir de las materias, no nos esforzamos mucho en retorcerlo todo en la exposición, mientras evitemos cualquier contradicción.¿ Por qué cien ovejas?¿ Y por qué precisamente diez dracmas?¿ Y qué son esas escobas? Era necesario que quien quería expresar que la salvación de un solo pecador es gratísima a Dios, nombrara alguna cantidad numérica, de la cual describiera que una sola se había perdido; era necesario que el comportamiento de quien busca la dracma en la casa se adaptara con el auxilio tanto de las escobas como de la lámpara. Pues tales curiosidades hacen sospechosas algunas cosas y, por la sutileza de las exposiciones forzadas, a menudo alejan de la verdad. Pero hay cosas que se han puesto simplemente para construir, disponer y cubrir la parábola, para que se conduzcan a aquello para lo que se procura el ejemplo. Y los dos hijos, ciertamente, mirarán hacia donde miran la dracma y la oveja. Pues aquellos con quienes se relacionan tienen la misma causa y, ciertamente, la misma murmuración de los fariseos respecto al trato del Señor con los gentiles. O si alguien duda de que los publicanos fueran gentiles en Judea, usurpada ya desde hace tiempo por la mano de Pompeyo y Lúculo, que lea el Deuteronomio:« No habrá recaudador de impuestos entre los hijos de Israel». Ni el nombre de los publicanos sería tan execrable ante el Señor si no fueran extranjeros, vendedores de los tránsitos del cielo, la tierra y el mar mismos. Pero cuando añade pecadores a los publicanos, no muestra inmediatamente a los judíos, aunque algunos pudieron serlo. Sino que distinguió un género de gentiles poniendo juntos a otros pecadores por oficio, es decir, los publicanos, y a otros por naturaleza, es decir, los no publicanos. Por lo demás, no se le señalaría comunicando el sustento con los judíos, sino con los gentiles, cuya mesa la disciplina judía rechaza. Ahora, sobre el hijo pródigo, hay que considerar primero lo que es más útil. Pues no se admitirá la equiparación de los ejemplos, aunque sea muy congruente en la forma, si fuera muy nociva para la salvación. Pero vemos que todo el estado de la salvación, constituido en el tenor de la disciplina, se subvierte con esa interpretación que se busca desde el lado opuesto. Pues si el cristiano es quien, habiendo recibido del Dios Padre la sustancia— ciertamente del bautismo, ciertamente del Espíritu Santo y, desde entonces, de la esperanza eterna—, habiéndose alejado lejos del Padre, la malgasta viviendo como un gentil; si, despojado de los bienes de la mente, entregó también su servicio al príncipe del siglo(¿ a quién otro que al diablo?) y, puesto por él a apacentar cerdos, es decir, a cuidar espíritus inmundos, volvió en sí para regresar al Padre, entonces ya no los adúlteros y fornicarios, sino los idólatras, blasfemos, renegados y todo género de apóstatas satisfarán al Padre con esta parábola, y se ha destruido verdaderamente, de este modo de imagen, toda la sustancia del sacramento. Pues¿ quién temerá malgastar lo que tendrá que recuperar después?¿ Quién se preocupará de conservar perpetuamente lo que no podrá perder perpetuamente? La seguridad del delito es también su lascivia. Recuperará, pues, también el apóstata la vestidura anterior, el ropaje del Espíritu Santo, y el anillo de nuevo, el sello del lavatorio, y de nuevo se le sacrificará Cristo, y se reclinará en ese lecho del cual los vestidos indignamente suelen ser tomados por los verdugos y arrojados a las tinieblas, por no hablar de los despojados. Es más, por tanto, si ni siquiera es conveniente que el orden del hijo pródigo encaje en el cristiano. Pero si la imagen del hijo tampoco coincide íntegramente con el judío, la interpretación se gobernará simplemente según el propósito del Señor. El Señor había venido, ciertamente, para salvar lo que se había perdido, médico necesario más para los enfermos que para los sanos. Esto figuraba también en las parábolas y lo predicaba en sus sentencias.¿ Quién de los hombres perece, quién flaquea en su salud, sino el que no conoce a Dios?¿ Quién está salvo y sano, sino el que conoce a Dios? Esta parábola también señalará estas dos especies fraternas del género humano. Mira si el gentil tiene sustancia en Dios Padre, de censo, de sabiduría y de reconocimiento natural hacia Dios, por la cual también el Apóstol nota que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios a través de la sabiduría, la cual, ciertamente, había recibido de Dios. Esta, pues, la malgastó lejos del Señor, arrojado por sus costumbres entre los errores, los halagos y las lascivias del siglo, donde, compelido por el hambre de la verdad, se entregó al príncipe de este siglo. Aquel lo puso al frente de los cerdos( para que apacentara ese ganado familiar de los demonios), donde ni él era dueño del alimento vital, y al mismo tiempo veía a otros abundar en la obra divina con el pan celestial. Se acuerda de Dios Padre, habiendo satisfecho, regresa, recibe la vestidura pristina, es decir, aquel estado que Adán, al transgredir, había perdido. Recibió también el anillo entonces por primera vez, con el cual sella el pacto de la fe al ser interrogado, y así, desde entonces, se alimenta de la opulencia del cuerpo del Señor, es decir, la Eucaristía. Este será el hijo pródigo, que nunca fue sensato, que fue pródigo desde el principio, porque no fue cristiano desde el principio. A este, que regresaba del siglo a los abrazos del Padre, los fariseos lo lamentaban en los publicanos y pecadores. Y por eso, solo para esto se adaptó el rencor del hermano mayor, no porque los judíos fueran inocentes y obedientes a Dios, sino porque envidiaban la salvación de las naciones, precisamente a quienes siempre debieron estar junto al Padre. Y, ciertamente, el judío gime ante la primera llamada del cristiano, no ante la segunda restitución. Pues aquella resplandece incluso para los gentiles, pero esta, que se realiza en las iglesias, no es conocida ni siquiera por los judíos. Creo haber dado interpretaciones más adecuadas tanto a la materia de las parábolas como a la congruencia de las cosas y a la tutela de las disciplinas. Por lo demás, si en esto se empeña la parte contraria en configurar la oveja, la dracma y la lujuria del hijo con el cristiano pecador, para conceder el adulterio y la fornicación mediante la penitencia, o bien habrá que conceder también los demás delitos igualmente capitales, o bien habrá que mantener también sus pares, el adulterio y la fornicación, como inconcedibles. Pero es más, que no está permitido argumentar nada más fuera de aquello de lo que se trataba. Finalmente, si se permitiera trasladar las parábolas a otro lugar, dirigiríamos su esperanza más bien al martirio, que es lo único que podrá restituir al hijo habiendo malgastado toda su sustancia, y predicará con alegría la dracma encontrada entre todas las cosas, aunque sea en el estiércol, y traerá al redil sobre los hombros del Señor mismo a la oveja fugitiva a través de todos los asperezas y precipicios. Pero preferimos saber menos en las Escrituras, si acaso, que en contra. Por tanto, debemos guardar el sentido del Señor y su precepto. No es más leve la transgresión en la interpretación que en la conducta.
10
Una vez sacudido, pues, el yugo de discutir estas parábolas sobre el gentil y, una vez vista o aceptada la necesidad de no interpretar de otra manera que como es la materia del propósito, sostienen ahora que tampoco corresponde a los gentiles la denuncia de la penitencia, cuyos delitos no sean responsables ante él, es decir, imputables a la ignorancia, la cual solo la naturaleza hace culpable ante Dios. Además, tampoco conocen los remedios aquellos para quienes no son conocidos los peligros mismos; allí, en cambio, consiste la razón de la penitencia donde se delinque con conciencia y voluntad, donde se conoce tanto la culpa como la gracia, que llore aquel, que se revuelque aquel, que sepa tanto lo que ha perdido como lo que va a recuperar si ha inmolado la penitencia a Dios, que ciertamente la ofrece más a los hijos que a los extraños.¿ Acaso, pues, Jonás no pensaba por eso que la penitencia era necesaria para los gentiles ninivitas, cuando se quejaba en el oficio de la predicación, o más bien, previendo la misericordia de Dios profusa incluso hacia los extraños, temía como si fuera a destruir su anuncio?¿ Y así, por causa de una ciudad profana, aún no poseedora de Dios, que todavía delinquía por ignorancia, casi pereció el profeta? A no ser que sufrió el ejemplo de la pasión del Señor, que iba a redimir también a los gentiles penitentes. Es bueno que también Juan, allanando los caminos del Señor, fuera pregonero de la penitencia no menos para los soldados y publicanos que para los hijos de Abraham. El Señor mismo presumió la penitencia para los sidonios y tirios, si hubieran visto las pruebas de sus virtudes. Y sin embargo, yo sostendré que aquella corresponde más a los pecadores naturales que a los voluntarios. Pues merecerá más su fruto quien aún no lo ha usado que quien ya ha abusado de él, y conocerá más los remedios primeros que los caducos. Sin duda, el Señor es más benigno con los ingratos que con los ignorantes, y más misericordioso con los reprobados rápidamente que con los aún no probados, para que no se irrite más por las contumelias de su clemencia que se halague, y no la imparta más gustosamente a los extraños que la perdió en los hijos, cuando adoptó así a las naciones, mientras los judíos juegan con la paciencia. Pero esto es lo que quieren los psíquicos, que Dios, juez del justo, prefiera la penitencia del pecador a su muerte, quien prefirió la muerte a la penitencia. Pero si es así, pecando nos lo merecemos. Anda tú, funámbulo de la pudicia, de la castidad y de toda santidad respecto al sexo, que caminas por el hilo más fino de la disciplina de este tipo, con el pie pendiente por caminos intransitables, equilibrando la carne con el espíritu, moderando el alma con la fe, templando el ojo con el temor.¿ Qué haces, pues, en el grado? Sigue adelante, ciertamente, si puedes, si quieres, mientras estás tan seguro y como en terreno firme. Pues si alguna vacilación de la carne, distracción del ánimo, extravío del ojo te ha hecho caer del tenor, Dios es bueno. A los suyos, no a los gentiles, les ofrece su seno; la segunda penitencia te recibirá; serás de nuevo cristiano tras ser adúltero. Esto me dices tú, benignísimo intérprete de Dios. Pero te cedería, si la escritura del Pastor, que es la única que ama a los adúlteros, hubiera merecido ser inscrita en el instrumento divino, si no fuera juzgada por todo el concilio de las iglesias, incluso las vuestras, entre los apócrifos y falsos, adúltera ella misma y, por tanto, patrona de sus socios, de la cual también eres iniciado en otras cosas, a la cual, si acaso, patrocinará aquel pastor a quien pintas en el cáliz, prostituidor él mismo del sacramento cristiano, merecidamente ídolo de la embriaguez y asilo de la adulteración que seguirá tras el cáliz, del cual no beberías nada más gustosamente que la oveja de la segunda penitencia. Pero yo bebo la escritura de aquel pastor que no puede ser quebrantada. Esta me ofrece inmediatamente Juan con el lavatorio y el oficio de la penitencia, diciendo:« Haced frutos dignos de penitencia, y no digáis: tenemos por padre a Abraham»( para que, ciertamente, no vuelvan a retomar halagos de delincuencia de la gracia de los padres):« pues puede Dios de estas piedras suscitar hijos a Abraham». Así también nos sigue, para que aquellos que hasta ahora delinquen, hagan frutos dignos de penitencia. Pues¿ qué madura de la penitencia sino el efecto de la enmienda? Pero incluso si el perdón es más bien el fruto de la penitencia, este tampoco puede consistir sin el cese del delito. Así, el cese del delito es la raíz del perdón, de modo que el perdón sea el fruto de la penitencia.
11
Desde entonces, en lo que respecta al Evangelio, la cuestión de las parábolas ya ha sido discutida. Si, en verdad, el Señor también realizó algo semejante por los pecadores, como cuando permite a la mujer pecadora el contacto de su cuerpo, lavando sus pies con lágrimas y secándolos con sus cabellos e inaugurando su sepultura con ungüento, como cuando a la samaritana, en su sexto matrimonio, no adúltera sino prostituta, le mostró quién era, lo cual no es fácil para nadie, nada de esto se confiere a los adversarios, incluso si ya hubiera otorgado el perdón de los delitos a los cristianos. Pues ahora decimos: solo al Señor le está permitido esto, hoy opera la potestad de su indulgencia. Sin embargo, respecto a aquellos tiempos en los que actuó en la tierra, definimos que esto no prejuzga nada en contra nuestra, si se confería el perdón a los pecadores, incluso a los judíos. Pues la disciplina cristiana se cuenta a partir de la renovación del testamento y, como hemos anticipado, a partir de la redención de la carne, es decir, la pasión del Señor. Nadie es perfecto antes de que se encuentre el orden de la fe, nadie es cristiano antes de que Cristo sea llevado al cielo, nadie es santo antes de que el Espíritu Santo sea representado desde el cielo como el determinador de la disciplina misma.
12
Por tanto, estos que recibieron otro Paráclito en los apóstoles y a través de los apóstoles, a quien ya no poseen reconocido ni en los profetas propios ni en los apóstoles, que enseñen ahora, al menos a partir del instrumento apostólico, que las manchas de la carne salpicadas después del bautismo pueden ser lavadas con la penitencia. No sea que también en los apóstoles se haya disuelto la forma de la antigua ley respecto a la demostración de cuán grande es la adulteración, no sea que se considere más leve en la novedad de las disciplinas que en la antigüedad. Cuando por primera vez tronó el Evangelio y sacudió las cosas antiguas, para que se discutiera sobre la necesidad de retener la ley, los apóstoles emiten esta primera regla, por autoridad del Espíritu Santo, a aquellos que ya habían comenzado a ser elegidos de entre las naciones.« Ha parecido», dicen,« al Espíritu Santo y a nosotros no añadirles más peso que el de aquellas cosas de las cuales es necesario abstenerse: de los sacrificios, de las fornicaciones y de la sangre. Observando estas cosas, haréis bien, prohibiéndolo el Espíritu Santo». Basta también aquí que se haya guardado el lugar de su honor a la adulteración y a la fornicación entre la idolatría y el homicidio. Pues entenderemos que la prohibición de la sangre es mucho más la humana. Además,¿ cuáles quieren parecer los apóstoles que son los crímenes que solo ellos extraen en la observación de la ley pristina, los cuales solo prescriben que deben ser evitados necesariamente? No porque permitan otros, sino porque anteponen solo estos, ciertamente como no remisibles, ellos que hicieron remisibles las demás cargas de la ley por causa de los gentiles.¿ Por qué, pues, excusan nuestra cerviz de un yugo tan grande, sino para imponerles siempre a ellos esos compendios de disciplina?¿ Por qué conceden todo a la gula, sino para constreñir perpetuamente a lo más necesario? Liberaron de muchas cosas para que estuviéramos obligados a observar las más nocivas. El asunto se hizo por compensación. Ganamos muchas cosas para prestar algunas. Pero la compensación no es revocable, a menos que finalmente sea revocada por la iteración de la adulteración, ciertamente, y de la sangre y de la idolatría. Pues ya se tomará toda la ley si se disuelve la condición del perdón. Pero el Espíritu Santo no pactó ligeramente con nosotros, incluso pactó voluntariamente, por lo cual debe ser más honrado. Nadie disolverá su promesa sino el ingrato. Ya no recibirá lo que dejó pasar ni dejará pasar lo que retuvo. El estado del testamento más reciente es siempre inmutable, y ciertamente la recitación del decreto y aquel consejo cesarán con el siglo. Bastante denegó el perdón de aquellos cuya custodia eligió, vindicará lo que no concedió de la misma manera. De aquí es que ni a la idolatría ni a la sangre se les devuelve la paz por parte de las iglesias. Creo que no está permitido creer que los apóstoles hayan caído de esta definición suya; o si algunos pueden creerlo, deberán probarlo.
13
Conocemos ciertamente también aquí sus sospechas. Pues en verdad sospechan que el apóstol Pablo, en la segunda carta a los Corintios, dio perdón al mismo fornicario a quien en la primera había declarado que debía ser entregado a Satanás para la destrucción de la carne, el heredero impío del matrimonio del padre, como si él mismo hubiera cambiado después el estilo, escribiendo:« Si alguien, pues, ha entristecido, no me ha entristecido a mí, sino en parte, para no cargaros a todos. Basta tal increpación que se hace por muchos; de modo que, al contrario, queráis más bien perdonar y consolar, no sea que tal persona sea devorada por una tristeza excesiva. Por lo cual os ruego que constituyáis en él la caridad. Pues por esto también escribí, para conocer vuestra prueba, que en todo me obedecéis. A quien, pues, perdonéis, también yo. Pues también yo, si he perdonado algo, lo he perdonado en la persona de Cristo, para que no seamos defraudados por Satanás, puesto que no ignoramos sus inyecciones».¿ Qué se entiende aquí sobre el fornicario, qué sobre el contaminador del lecho paterno, qué sobre el cristiano que superó la impudicia de los gentiles, cuando ciertamente había absuelto con un perdón especial a quien había condenado con una ira especial? Se compadece más oscuramente de lo que se indigna. Es más abierto en la austeridad que en la lenidad. Y sin embargo, la ira es más fácil que la indulgencia oblicua. Las cosas más tristes se demoran más que las más alegres. Se trataba, ciertamente, de una indulgencia moderada; la cual, si acaso, se estimara ahora, cuando las cosas más grandes no suelen ser perdonadas ni siquiera sin predicación, tanto más lejos está de serlo sin significación.¿ Y tú, ciertamente, introduciendo la penitencia del adúltero en la iglesia para implorar a la fraternidad, lo postras en medio, conciliado y ceniciento, compuesto con deshonor y horror, ante las viudas, ante los presbíteros, invadiendo los vestidos de todos, lamiendo las huellas de todos, deteniendo las rodillas de todos, y ante ese final del hombre, con cuántos halagos de misericordia puedes, buen pastor y bendito papa, predicas y en la parábola de la oveja buscas a tus cabras?¿ Tu oveja, para que no vuelva a salir del rebaño( como si no fuera lícito desde entonces lo que ni una vez fue lícito), llenas también a las demás de miedo cuando más indulges?¿ El Apóstol, en verdad, habría perdonado tan proyectadamente la malvada lascivia de la fornicación cargada de incesto, que ni siquiera le exigió este hábito legítimo de penitencia, que deberías haber aprendido de él?¿ No amenazó nada sobre el futuro, no habló nada sobre el resto? Más aún, incluso ruega más allá, que constituyeran en él la caridad, como satisfaciendo, no como perdonando. Y sin embargo, oigo caridad, no comunicación. Lo que también a los Tesalonicenses:« Si alguien, pues, no obedece a nuestra palabra por carta, a este notadlo y no os mezcléis con él, para que se avergüence, no considerándolo como enemigo, sino reprendiéndolo como hermano». Así, podría haber dicho también al fornicario que solo se le concedía la caridad, no también la comunicación, pero al incestuoso ni siquiera la caridad, a quien, ciertamente, había mandado quitar de en medio de ellos, mucho más, ciertamente, de su ánimo. Pero temía que fueran defraudados por Satanás respecto a la pérdida de la persona de aquel a quien él mismo había arrojado a Satanás, o que fuera devorado por la abundancia de tristeza aquel a quien había entregado a la destrucción de la carne. Aquí ya interpretan la destrucción de la carne como un oficio de penitencia, porque parece que, exterminando la carne con ayunos, suciedades y todo descuido y mala tratación deliberada, satisface a Dios, para argumentar desde esto que aquel fornicario, más bien aquel incestuoso, no fue entregado por el Apóstol a la perdición de Satanás, sino a la enmienda, como si después fuera a obtener el perdón por la destrucción, es decir, la aflicción de la carne, por tanto, y que lo obtuvo. Ciertamente, el mismo Apóstol entregó a Himeneo y a Alejandro a Satanás, para que fueran enmendados de no blasfemar, como escribe a su Timoteo. Pero también él mismo dice que se le dio un aguijón, un ángel de Satanás, por el cual era abofeteado, para que no se exaltara. Si también tocan esto, para que entendamos que fueron entregados a Satanás por él para la enmienda, no para la perdición,¿ qué tienen de parecido la blasfemia y el incesto y el alma íntegra de estos, más aún, no elevada de otra parte que de la suma santidad y de toda inocencia, la cual en el Apóstol era contenida, si acaso, por bofetadas, por el dolor, como dicen, de la oreja o de la cabeza? El incesto, en verdad, y la blasfemia merecieron entregar a hombres enteros en posesión de Satanás mismo, no de su ángel. Y de esto también importa, más aún, importa mucho para esto, que leemos que aquellos fueron entregados por el Apóstol a Satanás, pero al Apóstol se le dio un ángel de Satanás. Finalmente, cuando Pablo ruega al Señor,¿ qué oye?« Bástate mi gracia, pues la virtud se perfecciona en la debilidad». Esto no pueden oír los que son entregados a Satanás. Pero el crimen de Himeneo y Alejandro, si es irremisible en este y en el futuro siglo, es decir, la blasfemia, ciertamente el Apóstol no habría entregado a Satanás, bajo esperanza de perdón, a quienes ya estaban sumergidos de la fe en la blasfemia, contra el término del Señor. De donde también los declaró náufragos respecto a la fe, no teniendo ya el solaz de la nave de la iglesia. Pues a aquellos se les niega el perdón, que han caído de la fe en la blasfemia. Por lo demás, los gentiles y los herejes emergen diariamente de la blasfemia. Pero incluso si dijo:« Los entregué a Satanás, para que recibieran la disciplina de no blasfemar», dijo sobre los demás, que al ser entregados ellos a Satanás, es decir, arrojados fuera de la iglesia, habrían de ser instruidos de que no se debe blasfemar. Así, pues, también entregó al fornicario incestuoso a Satanás, no para la enmienda, sino para la perdición, a quien ya había pasado al delinquir sobre el gentil, para que aprendieran que no se debe fornicar. Finalmente, dice, para la destrucción de la carne, no para el tormento, condenando la sustancia misma por la cual había caído, la cual desde entonces ya había perecido al perderse el bautismo, para que, dice, el espíritu sea salvo en el día del Señor. Y sobre esto también se busque, si el espíritu del hombre mismo será salvo.¿ Luego será salvo el espíritu contaminado por tanto crimen, por haber perdido la carne?¿ Que sea salvo en la pena?¿ Luego la interpretación contraria juzgará la pena sin carne? Así perdemos la resurrección de la carne. Queda, pues, que haya dicho aquel espíritu que se cuenta en la iglesia, que debe ser presentado salvo, es decir, íntegro, en el día del Señor, al ser expulsado el fornicario incestuoso del contagio de las inmundicias. Ya que añade:«¿ No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa?». Y sin embargo, la fornicación incestuosa no era un poco de levadura, sino una gran levadura.
14
Discutido esto, pues, lo que había mediado, regreso a la segunda epístola a los Corintios para probar también aquel dicho del apóstol: que baste a tal hombre esta reprensión que viene de muchos, no conviene a la persona del fornicario. Pues si había pronunciado que debía ser entregado a Satanás para la destrucción de la carne, ciertamente lo había condenado más que reprendido. Otro era, pues, aquel a quien quiso que bastara la reprensión; puesto que el fornicario no había recibido de su sentencia una reprensión, sino una condenación. Pues también te ofrezco para que consideres esto mismo: si en la primera epístola hubo otros que entristecieron al apóstol actuando desordenadamente y fueron entristecidos por él al recibir una reprensión según el sentido de la segunda epístola, de entre los cuales alguno pudo haber obtenido perdón en ella. Observemos, sin embargo, toda la primera epístola, escrita, por así decirlo, no con tinta, sino con hiel, hinchada, indignada, desdeñosa, amenazante, envidiosa y figurada en cada una de las causas contra ciertos supuestos patronos de ellas. Pues así lo habían exigido los cismas, las rivalidades, las disensiones, las presunciones, las arrogancias y las contiendas, de modo que fueran cargados con envidia, refrenados con corrección, limados con soberbia y disuadidos con austeridad.¿ Y qué envidia es el aguijón de la humildad? Doy gracias a Dios porque no bauticé a ninguno de vosotros, sino a Crispo y a Gayo, para que nadie diga que bauticé en mi nombre. Pues no juzgué saber nada entre vosotros sino a Jesucristo y a este crucificado. Y creo que Dios nos eligió a nosotros, los apóstoles, como últimos, como condenados a las fieras, puesto que hemos sido hechos espectáculo para este mundo, para los ángeles y para los hombres, y hemos sido hechos basura de este mundo, desecho de todos, y:¿ no soy libre, no soy apóstol, no he visto a Cristo Jesús, nuestro Señor?¿ Contra qué altivez se vio obligado a pronunciarse?: Para mí es poco ser juzgado por vosotros o por un día humano; pues ni siquiera yo mismo me juzgo, y: nadie vaciará mi gloria.¿ No sabéis que vamos a juzgar a los ángeles? Por lo demás,¡ qué abierta libertad de reprensión, qué desenvainado filo de la espada espiritual!: Ya estáis saciados, ya estáis enriquecidos, ya reináis, y: si alguien cree saber algo,¡ aún no sabe cómo debe saber!¿ No es acaso cuando golpea en la cara a alguien, pues dice:¿ quién te distingue?¿ Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste,¿ por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?¿ No golpea también a aquellos en la boca? Algunos, sin embargo, en su conciencia, hasta ahora comen como si fuera algo sacrificado a los ídolos. Así, al delinquir, golpeando las conciencias débiles de los hermanos, delinquen contra Cristo. Y ya, nominalmente:¿ o no tenemos potestad de comer y beber y llevar con nosotros mujeres, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas? Y: si otros participan de vuestra potestad,¿ no más nosotros? Igualmente, a aquellos los fija con un estilo singular: por tanto, el que cree estar firme, mire que no caiga, y: si alguien parece contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre ni la iglesia de Dios. Con tal cláusula, desatada por una maldición, si alguien no ama al Señor Jesús, sea anatema maranatha, ciertamente golpeó a alguien. Pero me detendré más allí donde el apóstol arde más, donde el mismo fornicario causó problemas también a otros. Como si no fuera a ir a vosotros, algunos se han hinchado. Pero iré pronto, si el Señor lo permite, y conoceré no el discurso de los que están hinchados, sino el poder. Pues el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.¿ Y qué queréis?¿ Iré a vosotros con vara o con espíritu de mansedumbre?¿ Qué había debajo? Se oye entre vosotros fornicación en general, y tal fornicación, cual ni siquiera entre los gentiles, que uno tenga la mujer de su padre.¿ Y vosotros estáis hinchados y no habéis llorado más bien, para que sea quitado de en medio de vosotros el que cometió tal crimen?¿ Por quién habrían de llorar? Ciertamente por un muerto.¿ Ante quién habrían de llorar? Ciertamente ante el Señor, para que de algún modo sea quitado de en medio de ellos, no ciertamente para que sea dado fuera de la iglesia. Pues esto no se pediría a Dios, lo cual estaba en el oficio del presidente, sino para que, mediante esta muerte, tanto común como propia de su misma carne, que ya sería un cadáver corruptible y podrido por una inmundicia irrecuperable, debiera ser quitado más plenamente de la iglesia. Y por eso, de cualquier modo que pudo ser quitado mientras tanto, juzgó que tal hombre debía ser entregado a Satanás para la destrucción de la carne. Pues la maldición seguía a aquella que era arrojada al diablo, para que fuera despojada del sacramento de la bendición, sin volver nunca al campamento de la iglesia. Vemos, pues, en este lugar dividida la severidad del apóstol contra un cierto hinchado y contra un cierto incestuoso, armado contra uno con la vara, contra el otro con la sentencia. La vara, con la que amenazaba; la sentencia, con la que ejecutaba; aquella aún centelleando, esta fulminando al instante, con la cual reprendía, con la cual condenaba. Y es cierto que desde entonces el reprendido, bajo la amenaza de la vara, tembló, pero el condenado, bajo la representación del castigo, pereció. Aquel, temiendo el golpe, se apartó; este, pagando el castigo, se fue. Cuando se repiten las cartas del mismo apóstol a los Corintios, se hace perdón, ciertamente, pero es incierto a quién, porque no se prescribe ni la persona ni la causa. Compararé el asunto con los sentidos. Si se opone el incestuoso, allí mismo estará también el hinchado. Ciertamente, la razón del asunto se tiene suficientemente: cuando el hinchado fue reprendido, el incestuoso, en cambio, fue condenado. Al hinchado se le perdona, pero al reprendido; al incestuoso no parece habérsele perdonado, como al condenado. Si se le perdonaba a aquel de quien se temía que fuera devorado por una tristeza excesiva, el reprendido corría aún el peligro de ser devorado, desfalleciendo por la conminación y entristeciéndose por la reprensión; el condenado, en cambio, tanto por la culpa como por la sentencia, ya era considerado devorado, quien no tendría que entristecerse, sino sufrir lo que antes de la pasión podría haber lamentado. Si por eso se le perdonaba, para no ser defraudados por Satanás, en él ciertamente se prevenía el detrimento de lo que aún no había perecido. Nada se previene sobre lo pasado, sino sobre lo que aún está a salvo. El condenado, en cambio, y ciertamente en posesión de Satanás, ya entonces había perecido para la iglesia cuando cometió tal crimen, y mucho más cuando fue expulsado por ella misma.¿ Cómo temería sufrir el fraude de aquel a quien ya había perdido al ser arrebatado y a quien no había podido tener como condenado? Por último,¿ qué juez convendrá indultar, lo que decidió por pronunciamiento o lo que suspendió por interlocución, y ciertamente a aquel juez que no suele reedificar lo que destruyó, para no ser tenido por transgresor? Vamos ahora, si la primera epístola no hubiera entristecido a tantas personas, si no hubiera reprendido a nadie, no hubiera aterrorizado a nadie, si solo hubiera golpeado al incestuoso, si no hubiera puesto a nadie en temor por su causa, no hubiera consternado al hinchado,¿ no sospecharías mejor y argumentarías más fielmente que alguien, más bien, muy distinto, estaba entonces entre los Corintios en la misma causa, para que, reprendido y aterrorizado y herido por la tristeza, obtuviera después el perdón permitiéndolo la medida del delito, que interpretarlo como referido al incestuoso fornicario? Pues esto deberías haber leído, aunque no en la epístola, sino en la misma secta del apóstol, impresa más claramente por el pudor que por su estilo, para no manchar, ciertamente, a Pablo, apóstol de Cristo, doctor de las naciones en la fe y la verdad, vaso de elección, fundador de iglesias, censor de disciplinas, con tanta ligereza, que o bien condenó temerariamente a quien pronto iba a absolver, o absolvió temerariamente a quien no había condenado temerariamente, aunque solo fuera por la fornicación de una simple impudicia, y mucho menos por nupcias incestuosas y lujuria impía y libido parricida, que ni siquiera había comparado con las naciones, para que no se atribuyera a la costumbre, a la cual había juzgado ausente, para que el reo no ganara tiempo, a la cual había condenado invocando también el poder del Señor, para que no pareciera una sentencia humana. Se burló, pues, tanto de su espíritu como del ángel de la iglesia y del poder del Señor, si lo que había pronunciado por consejo de ellos, lo rescindió.
15
Si extiendes también lo que sigue de aquella epístola a la amenaza del apóstol, ni siquiera eso se comparará con la obliteración del incesto, para que tampoco aquí el apóstol se vea confundido por la incongruencia de los sentidos posteriores.¿ Qué clase de cosa es que, habiendo otorgado al incestuoso fornicario el derecho de retorno a la paz eclesiástica, haya añadido inmediatamente sobre la aversión a las inmundicias, sobre la amputación de las manchas, sobre la exhortación a la santidad, como si no hubiera decretado nada contrario poco antes? Compara, finalmente, si es de él decir: por tanto, teniendo este ministerio, según hemos alcanzado misericordia, no desfallecemos, sino que renunciamos a lo oculto de la vergüenza, quien ha condenado lo manifiesto no solo de la vergüenza, sino también del crimen: si es del mismo excusar alguna impudicia quien, entre los títulos de sus trabajos, después de angustias y presiones, después de ayunos y vigilias, predicó también la castidad: si es del mismo recibir en comunión a cualesquiera réprobos quien escribe:¿ qué sociedad hay entre la justicia y la iniquidad?¿ O qué comunicación entre la luz y las tinieblas?¿ Qué consonancia entre Cristo y Belial?¿ O qué parte del fiel con el infiel?¿ O qué consenso entre el templo de Dios y los ídolos?¿ No deberá oír constantemente: y cómo distingues lo que uniste arriba sobre la restitución del incestuoso? Pues al ser incorporado aquel de nuevo a la iglesia, la justicia se asocia con la iniquidad, las tinieblas se comunican con la luz, Belial consuena con Cristo y el infiel participa de los sacramentos con el fiel. Y que se vean los ídolos, el mismo profanador del templo de Dios se reúne en el templo de Dios. Pues también aquí dice: pues vosotros sois el templo del Dios vivo. Pues dice: porque habitaré en vosotros, y caminaré, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, separaos y no toquéis lo inmundo. Esto también lo despliegas, oh apóstol, cuando entregas tu mano a tal torrente de inmundicias, es más, añades todavía: teniendo, pues, esta promesa, amados, limpiémonos de toda contaminación de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Te ruego,¿ quien fija tales cosas en nuestras mentes, había revocado a algún fornicario a la iglesia?¿ O escribe esto para que no parezca que ahora has revocado? Estas cosas, así como deberán prescribir a lo pasado, así también deberán prejuzgar a lo siguiente. Pues diciendo al final de la epístola: no sea que, cuando vuelva, me humille Dios, y llore a muchos de los que antes pecaron y no se arrepintieron de la inmundicia que cometieron, fornicación y vileza, no estableció ciertamente que debían ser recibidos si se hubieran arrepentido, a quienes iba a encontrar en la iglesia, sino que debían ser llorados y, sin duda, expulsados, para que perdieran el arrepentimiento. Y, por lo demás, no le corresponde haber mostrado aquí algo sobre la comunión, quien arriba la había negado a la luz y a las tinieblas, a la justicia y a la iniquidad. Pero todos estos ignoran al apóstol, quienes entienden algo contra la naturaleza y el propósito del mismo hombre, contra la forma y la regla de sus doctrinas, de modo que presumen que él, maestro de toda santidad incluso por sí mismo, execrador y expiador de toda impureza, y en todas partes, devolvió la iglesia más pronto a un incestuoso que a cualquier otro reo más humano.
16
Es necesario, pues, que el apóstol sea mostrado tal como yo lo defenderé también en la segunda epístola a los Corintios, tal como lo conozco en todas sus cartas. Quien también en la primera, el primero de todos, dedicó el templo de Dios:¿ no sabéis que sois templo de Dios y que el Señor habita en vosotros? Quien también, para santificar y purificar el templo, escribió la ley del sacristán: si alguien profana el templo de Dios, Dios lo profanará a él; pues el templo de Dios es santo, el cual sois vosotros. Vamos ahora,¿ quién ha reintegrado en absoluto lo que fue profanado por Dios, es decir, entregado a Satanás para la destrucción de la carne, cuando por eso mismo añadió: nadie se engañe a sí mismo, es decir, nadie presuma que lo que fue profanado por Dios puede ser reintegrado de nuevo? Así como, de nuevo, entre otras cosas, es más, antes que otras cosas, negando que los adúlteros y fornicarios y afeminados y los que se acuestan con varones alcanzarán el reino de Dios, antepuso: no os engañéis, es decir, si creéis que los alcanzarán. A quienes se les quita el reino, ciertamente tampoco se les permite la vida que está en el reino. Incluso añadiendo: pero esto fuisteis, pero habéis sido lavados, pero habéis sido santificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el espíritu de nuestro Dios, cuanto más hace que estos delitos sean anteriores al bautismo recibido, tanto más los constituye imperdonables después del bautismo, puesto que no es lícito ser lavado de nuevo. Reconoce también en lo siguiente a Pablo, columna inamovible de las disciplinas: los alimentos para el vientre, y el vientre para los alimentos, Dios destruirá a este y a aquellos; pero el cuerpo no para la fornicación, sino para Dios. Pues hagamos al hombre, dice Dios, a nuestra imagen y semejanza, y Dios hizo al hombre, a imagen y semejanza de Dios lo hizo. El Señor es para el cuerpo; pues también el Verbo se hizo carne. Dios, además, resucitó al Señor y nos resucitará a nosotros mediante su poder, por el vínculo del cuerpo, ciertamente, con él. Y por eso:¿ no sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Porque también Cristo es el templo de Dios. Derribad este templo, y yo lo resucitaré en tres días.¿ Quitando los miembros de Cristo los haré miembros de una fornicaria?¿ No sabéis que el que se une a una fornicaria, se hace un solo cuerpo? Pues serán dos en una sola carne. El que se une al Señor, en cambio, es un solo espíritu. Huid de la fornicación. Si es revocable con el perdón,¿ cómo huiré si voy a ser adúltero de nuevo? Nada habré logrado si huyo de ella; seré un solo cuerpo, al cual, comunicándome, me uniré. Todo delito que cometa el hombre está fuera del cuerpo; el que fornica, en cambio, peca contra su propio cuerpo. Y para que no invadieras este dicho en licencia de fornicación, como si fueras a delinquir en tu asunto, no en el del Señor, te quita de ti mismo y te añade a Cristo, como había dispuesto, y no sois vuestros, oponiendo inmediatamente: pues habéis sido comprados por precio, ciertamente por la sangre del Señor; glorificad y llevad al Señor en vuestro cuerpo. Quien ordena esto, mira si perdonó al que deshonró a Dios y al que lo arrojó de su cuerpo, y ciertamente mediante el incesto. Si quieres beber todo el conocimiento del apóstol, para que entiendas con cuánta seguridad la censura corta y erradica y arranca todo el bosque de las libidines, para no permitir que nada brote de lo que ha vuelto a crecer, míralo deseando que las almas ayunen del justo fruto de la naturaleza, digo, del pomo del matrimonio. Sobre lo que escribisteis, es bueno para el hombre no tocar mujer; pero por causa de la fornicación, cada uno tenga su propia mujer; el marido dé a la mujer y la mujer al marido el débito.¿ Quién ignora que él relajó la hebilla de este bien contra su voluntad, para salir al paso de la fornicación? La cual, si a alguien se la perdonó o se la perdona, ciertamente rompió el consejo de su remedio y se verá obligado a frenar los matrimonios de continencia, si la fornicación, por la cual se permiten, no será temida. Pues no será temida la que será perdonada. Y, sin embargo, profesa haber perdonado el uso del matrimonio, no haberlo ordenado. Pues quiere que todos sean iguales a él.¿ Cuándo, pues, se perdonan las cosas lícitas, qué esperan los que hacen las ilícitas? A los no casados y a las viudas también dice que es bueno perseverar según su ejemplo, si, en cambio, desfallecieran, casarse; porque es mejor casarse que quemarse.¿ Con qué fuegos, pregunto, es peor quemarse, con los de la concupiscencia o con los del castigo? Pero si la fornicación tiene perdón, su concupiscencia no se quema. Pero es más propio del apóstol proveer a los fuegos del castigo. Pero si el castigo es lo que quema, entonces la fornicación no tiene perdón, a la cual espera el castigo. Mientras tanto, prohibiendo también el divorcio, procura por ello o la perseverancia de la viudez o la reconciliación de la paz por precepto del Señor contra el adulterio, porque el que despide a su mujer fuera de causa de adulterio, la hace adulterar, y el que toma a la despedida por su marido, adultera.¡ Cuántos remedios instaura el Espíritu Santo, para que no se admita de nuevo lo que no quiere que se perdone de nuevo! Ya si en todas partes dice que es óptimo para el hombre estar así: estás unido a una mujer, no busques la solución, para no dar lugar al adulterio: estás libre de mujer, no busques mujer, para guardarte la oportunidad: lo cual, incluso si te casas, y si una virgen se casa, no peca, sin embargo, tendrán presión de la carne los tales— y aquí, perdonando, permite. Por lo demás, establece el tiempo en lo recogido, para que también los que tienen mujeres estén como si no las tuvieran. Pues pasa la apariencia de este mundo, ya ciertamente no deseando: creced y multiplicaos. Así quiere que vivamos sin solicitud, porque los no casados se preocupan de las cosas del Señor, cómo agradar a Dios, los casados, en cambio, piensan en las cosas del mundo, cómo agradar al cónyuge. Así declara que hace mejor el conservador de la virgen que el que la entrega. Así también distingue que es más bienaventurada aquella que, perdido el marido, habiendo entrado en la fe, amó la ocasión de la viudez. Así recomienda todos estos consejos de continencia como divinos; creo, dice, que yo también tengo el Espíritu de Dios.¿ Quién es este asertor audacísimo de toda impudicia, el abogado más fiel, ciertamente, de adúlteros y fornicarios e incestuosos, para honrar a quienes emprendió esta causa contra el Espíritu Santo, para que recite falso testimonio sobre su apóstol? Pablo no perdonó nada de tal cosa, quien intenta obliterar toda la necesidad de la carne incluso de los títulos probos. Indulta, ciertamente, no los adulterios, sino las nupcias. Perdona, ciertamente, los matrimonios, no los estupros.¿ Intenta no perdonar ni siquiera a la naturaleza, para no halagar a la culpa? Se esfuerza por reprimir el coito de la bendición, para que no se excuse el de la maldición. Esto le quedaba, limpiar la carne al menos de las suciedades; pues de las manchas no puede. Pero esto es solemne para los perversos e idiotas herejes, ya también para todos los psíquicos, armarse con la ocasión de algún capítulo ambiguo contra el ejército de sentencias de todo el instrumento.
17
Provoca al ejército apostólico, mira sus epístolas, todas se presentan a favor de la pudicia, a favor de la castidad, a favor de la santidad, todas disparan contra los negocios de la lujuria y la lascivia y la libido.¿ Qué escribe, finalmente, también a los Tesalonicenses? Pues nuestra exhortación no es de seducción ni de inmundicia, y: esta es la voluntad de Dios, vuestra santidad, que os abstengáis de la fornicación, que cada uno sepa poseer su vaso en santidad y honor, no en libido de concupiscencia, como las naciones, que ignoran a Dios.¿ Qué leen los Gálatas? Manifiestas son las obras de la carne.¿ Cuáles son estas? En primer lugar puso la fornicación, la inmundicia, la lascivia, las cuales os predico, como predije, que los que hacen tales cosas, no alcanzarán el reino de Dios en herencia. Los Romanos, en cambio,¿ qué aprenden más que no abandonar al Señor después de la fe?¿ Qué decimos, pues?¿ Perseveramos en la delincuencia, para que sobreabunde la gracia? De ninguna manera. Los que hemos muerto a la delincuencia,¿ cómo viviremos aún en ella?¿ O ignoráis que los que hemos sido bautizados en Cristo, hemos sido bautizados en su muerte? Hemos sido, pues, sepultados juntamente con él por el bautismo en la muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos, así también nosotros caminemos en novedad de vida. Pues si hemos sido sepultados juntamente con la semejanza de su muerte, también lo seremos de la resurrección, sabiendo esto, que nuestro viejo hombre ha sido crucificado con él. Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere, la muerte ya no se enseñorea de él. Pues lo que murió a la delincuencia, murió una vez. Lo que vive, en cambio, vive para Dios. Así también reputaos a vosotros mismos muertos, ciertamente, a la delincuencia, pero viviendo para Dios por Cristo Jesús. Por tanto, habiendo muerto Cristo una vez, nadie puede, quien después de Cristo murió a la delincuencia, y especialmente a tanta, revivir. O si puede admitirse de nuevo la fornicación y el adulterio, podrá también Cristo morir de nuevo. Pero el apóstol insiste prohibiendo que la delincuencia reine en nuestro cuerpo mortal, cuya debilidad de la carne conocía. Pues así como habéis presentado vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así también ahora presentadlos como siervos de la justicia para la santidad. Pues aunque negó que el bien habite en su carne, pero según la ley de la letra, en la que estuvo, según la ley del espíritu, en cambio, a la que nos une, libera de la debilidad de la carne. Pues la ley, dice, del espíritu de vida te ha liberado de la ley de la delincuencia y de la muerte. Pues aunque parezca disputar en parte desde el judaísmo, pero dirige hacia nosotros la integridad y la plenitud de las disciplinas, por quienes, trabajando en la ley, envió Dios a su Hijo mediante la carne en semejanza de la carne de delincuencia, y por la delincuencia condenó la delincuencia en la carne, para que el derecho de la ley, dice, se cumpliera en nosotros, que no caminamos según la carne, sino según el espíritu. Pues los que caminan según la carne, piensan en las cosas de la carne, y los que según el espíritu, en las cosas que son del espíritu. Pero afirmó que el sentido de la carne es muerte, luego también enemistad contra Dios, y que los que están en la carne, es decir, en el sentido de la carne, no pueden agradar a Dios, y, si vivís según la carne, dice, sucederá que moriréis.¿ Qué entendemos, pues, por sentido de la carne y vida de la carne sino lo que sea que da vergüenza pronunciar? Pues lo demás de la carne también lo habría nombrado el apóstol. Por consiguiente, también a los Efesios, reputando lo pasado, advierte sobre lo futuro: en los cuales también nosotros hemos vivido haciendo las concupiscencias y los placeres de la carne. Notando, finalmente, a aquellos que se habían negado a sí mismos, es decir, a los cristianos, por el hecho de que se habían entregado a la operación de toda inmundicia, vosotros, en cambio, dice, no habéis aprendido así a Cristo. Y de nuevo dice así: el que robaba, no robe más. Pero también el que adulteraba hasta ahora, no adultere, y el que fornicaba hasta ahora, no fornicue. Pues habría añadido también esto, si hubiera acostumbrado a ofrecer perdón a tales o hubiera querido que se ofreciera en absoluto, quien, no queriendo ser contaminado ni siquiera por palabra, dice: ninguna palabra torpe proceda de vuestra boca. Asimismo: la fornicación y toda inmundicia ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a los santos, tanto falta para que se excuse, sabiendo esto, que todo fornicario o inmundo no tiene el reino de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas. Por esto viene la ira de Dios sobre los hijos de la incredulidad.¿ Quién engaña con palabras vanas, sino quien predica que el adulterio es remisible? No viendo también sus fundamentos excavados por el apóstol, cuando reprime las embriagueces y las comilonas, como también aquí: y no os embriaguéis con vino, en el cual hay lujuria. Demuestra también a los Colosenses qué miembros mortifiquen sobre la tierra: la fornicación, la inmundicia, la libido, la concupiscencia mala y el hablar torpe. Concede ya a tantas y tales sentencias ese único punto que sostienes. Las pocas cosas se sombrean por las muchas, las dudosas por las ciertas, las oscuras por las manifiestas. Incluso si el apóstol hubiera perdonado con certeza la fornicación a aquel Corintio, sería otra cosa, que una vez hiciera contra su institución por razón del tiempo. Circuncidó a Timoteo solo y, sin embargo, abolió la circuncisión.
18
Pero esto, dice, pertenecerá a la interdicción de toda impudicia y a la indicación de toda pudicia, a salvo, sin embargo, el lugar del perdón, que no se deniega inmediatamente, si los delitos se condenan, cuando el tiempo del perdón concurre con la condenación, la cual excluye. Seguía también esto que los psíquicos supieran, y por eso reservamos para este lugar lo que abiertamente se ha guardado también desde la antigüedad contra la comunión eclesiástica en causas de tal clase. Pues también en los proverbios de Salomón, que llamamos παροιμίας, especialmente sobre el adúltero nunca expiable, el adúltero, dice, por indigencia de sentidos adquiere la perdición de su alma, sostiene dolores y deshonras. Su ignominia, además, no será abolida para siempre. Pues la indignación llena de celo no perdonará al hombre en el día del juicio. Si crees que esto se dijo sobre un étnico, ciertamente ya has oído sobre los fieles mediante Isaías: salid de en medio de ellos y separaos y no toquéis lo inmundo. Tienes inmediatamente en los salmos al hombre bienaventurado, que no ha ido en el consejo de los impíos ni ha estado en el camino de los pecadores y no se ha sentado en la cátedra de la peste. De quien es también después la voz: no me senté con el consejo de la vanidad y con los que obran inicuamente no entraré, odié la iglesia de los malignos y con los impíos no me sentaré, y: lavaré mis manos con los inocentes y rodearé tu altar, Señor, para que solo más, puesto que ciertamente con el santo serás santo, y con el hombre inocente serás inocente, y con el elegido serás elegido, y con el perverso serás perverso. Y en otro lugar: al pecador, en cambio, dice el Señor,¿ por qué expones mis justificaciones y tomas mi testamento por tu boca? Si veías a un ladrón, corrías con él y ponías tu porción con los adúlteros. Informado, pues, de aquí también el apóstol, dice: os escribí en la epístola, no mezclarse con los fornicarios, no ciertamente con los fornicarios de este mundo, y lo demás. Por lo demás, debíais salir del mundo. Ahora, en cambio, os escribo, si alguien es llamado hermano entre vosotros, fornicario o idólatra(¿ qué hay tan unido?) o idólatra(¿ qué hay tan cercano?) y lo demás, con tales ni siquiera tomar alimento, y mucho menos la eucaristía; puesto que, ciertamente, un poco de levadura corrompe toda la masa. Asimismo a Timoteo: no impongas manos a nadie rápidamente ni participes de delitos ajenos. Asimismo a los Efesios: no seáis, pues, partícipes de ellos; pues fuisteis alguna vez tinieblas. Y aún más apretadamente: no participéis de las obras infructuosas de las tinieblas, es más, reprobadlas. Pues lo que en oculto es hecho por ellos, es torpe decirlo.¿ Qué hay más torpe que las impudicias? Pero si también se denuncia a los Tesalonicenses apartarse del hermano que camina ociosamente,¿ cuánto más del fornicario? Pues estas cosas han sido consultadas por el que ama a la iglesia de Cristo, quien se entregó por ella, para que la santifique limpiándola con el lavacro de agua en la palabra y se presente a sí mismo una iglesia gloriosa que no tenga mancha ni arruga, ciertamente después del lavacro, sino que sea santa y sin oprobio, desde entonces, ciertamente, sin arruga de vejez como virgen, sin mancha de fornicación como esposa, sin oprobio de vileza como limpiada.¿ Qué, si también aquí concibes responder, que se quita ciertamente a los pecadores, o más bien a los contaminados por la carne, la comunión, pero para el presente, para ser restituida, ciertamente, desde el ámbito del arrepentimiento, según aquella clemencia de Dios, que prefiere el arrepentimiento del pecador a su muerte? Pues este fundamento de vuestra opinión debe ser golpeado en todas partes. Decimos, pues, si a la clemencia divina le hubiera correspondido la demostración de sí misma incluso para los que cayeron después de la fe, así diría el apóstol: no participéis de las obras de las tinieblas, a menos que se arrepientan, y, con tales ni siquiera tomar alimento, a menos que después de haber rodado las botas de los hermanos las hayan limpiado, y, el que profanó el templo de Dios, Dios lo profanará, a menos que haya sacudido de su cabeza las cenizas de todos los hogares en la iglesia. Pues debería haber determinado lo que había condenado, hasta dónde y bajo qué condición lo había condenado, si lo hubiera condenado con severidad temporal y condicional y no perpetua. Además, cuando en todas las epístolas y después de la fe prohíbe que tal sea admitido y al admitido lo expulsa de la comunión, sin esperanza de condición alguna o de tiempo, se apoya más en nuestra sentencia, mostrando que el Señor prefiere aquel arrepentimiento que antes de la fe, que antes del bautismo, se tiene por preferible a la muerte del pecador, una vez lavado por la gracia de Cristo, una vez muerto por nuestros pecados. Pues esto también lo estableció el apóstol en su propia persona. Pues afirmando que Cristo vino para esto, para salvar a los pecadores, de los cuales él mismo había sido el primero,¿ qué añade? Y he alcanzado misericordia, porque lo hice ignorando en la incredulidad. Así, aquella clemencia de Dios que prefiere el arrepentimiento del pecador a su muerte mira a los que aún ignoran y aún son incrédulos, por cuya causa de ser liberados vino Cristo, no los que ya conocen a Dios y han aprendido el sacramento de la fe. Pero si la clemencia de Dios corresponde a los que aún ignoran y son infieles, ciertamente también el arrepentimiento invita a sí la clemencia, a salvo aquella especie de arrepentimiento después de la fe, que o bien podrá obtener perdón del obispo por delitos más leves o, por los mayores e imperdonables, de Dios solo.
19
¿ Pero hasta dónde llegaremos con Pablo, cuando incluso Juan parece aplaudir a la parte contraria? Como si en el Apocalipsis hubiera puesto manifiestamente el auxilio de la penitencia para la fornicación, donde el Espíritu ordena al ángel de los tiatirenos que tiene algo contra él, porque toleraba a la mujer Jezabel, que se dice profetisa y enseña, y seduce a mis siervos a fornicar y a comer de lo sacrificado a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí que la arrojaré en un lecho y a sus adúlteros con ella en una gran tribulación, a menos que se arrepientan de sus obras. Es bueno, sin embargo, que esto concuerde con los apóstoles, con la fe y con las reglas de la disciplina. Pues, dice, ya sea yo o ellos, así predicamos. Por tanto, es de interés de todo el sacramento no creer que Juan concedió nada que Pablo haya denegado. Quien observe esta igualdad del Espíritu Santo será conducido por él mismo a su sentido. Pues introducía ocultamente en la iglesia a una mujer herética, que había aceptado enseñar lo que había aprendido de los nicolaítas, y con razón la urgía a la penitencia. Pues,¿ a quién le cabe duda de que el hereje, engañado por la institución, una vez conocido el error y expiado por la penitencia, obtiene el perdón y es readmitido en la iglesia? De donde también entre nosotros, como igual al pagano, es más, incluso por encima del pagano, el hereje es admitido, purificado por ambos nombres mediante el bautismo de la verdad. O si estás seguro de que aquella mujer, después de una fe viva, expiró después en la herejía, de modo que no la reivindiques como a una hereje, sino como a una fiel pecadora a quien otorgas el perdón mediante la penitencia, ciertamente que haga penitencia, pero hasta el fin del adulterio, sin que por ello alcance la restitución. Pues esta será la penitencia que reconocemos que se debe, ciertamente, mucho más, pero reservamos el perdón a Dios. Finalmente, aquel Apocalipsis, en sus partes posteriores, decretó que los impúdicos y fornicarios, al igual que los tímidos, los incrédulos, los homicidas, los envenenadores y los idólatras que hubieran sido tales en la fe, fueran arrojados al lago de fuego sin ninguna condena condicional. Pues no parecerá referirse a los paganos, cuando pronunció sobre los fieles: los que venzan tendrán esta herencia, y yo seré para ellos Dios, y ellos para mí hijos, y así añadió: pero a los tímidos, incrédulos, impúdicos, fornicarios, homicidas, envenenadores e idólatras, su parte en el lago de fuego y azufre, que es la segunda muerte. Así también de nuevo: bienaventurados los que actúan según los preceptos, para que tengan potestad sobre el árbol de la vida y entren por las puertas en la ciudad santa. Los perros, envenenadores, fornicarios, homicidas, fuera, es decir, los que no actúan según los preceptos. Pues de ellos es ser echados fuera, los que estuvieron dentro. Por lo demás,¿ qué me importa juzgar a los que están fuera? Había precedido. También critican inmediatamente la epístola de Juan. Se ha dicho: la sangre de su Hijo nos limpia de todo pecado.¿ Pecaremos entonces siempre y de todas formas, si él nos limpia siempre y de todo pecado? O si no siempre, tampoco después de la fe, y si no del pecado, tampoco de la fornicación.¿ Pero por dónde empezó? Había predicho que Dios es luz y que no hay tinieblas en él, y que mentimos si decimos que tenemos comunión con él y caminamos en tinieblas. Pero si caminamos en la luz, dice, tendremos comunión con él, y la sangre de Jesucristo nuestro Señor nos limpia de todo pecado.¿ Entonces pecamos caminando en la luz y seremos limpiados pecando en la luz? De ninguna manera. Pues quien peca no está en la luz, sino en las tinieblas. De donde también muestra cómo seremos limpiados del pecado caminando en la luz, en la cual no se puede cometer pecado. Dice que somos limpiados así por Dios, no como si pecáramos, sino porque no pecamos. Pues caminando en la luz, y no comunicando con las tinieblas, actuaremos limpios, no por haber depuesto el pecado, sino por no haberlo admitido. Pues esta es la fuerza de la sangre del Señor: que a quienes ya ha limpiado del pecado y desde entonces ha constituido en la luz, los mantenga limpios desde entonces, si perseveran en caminar en la luz. Pero añades, dices, si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonárnoslos y limpiarnos de toda injusticia.¿ Acaso de la inmundicia? Pero si es así, entonces también de la idolatría. Pero hay otro sentido. Pues he aquí que de nuevo, dice, si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Más aún, hijitos, os he escrito esto para que no pequéis, y si alguno peca, tenemos un abogado ante Dios Padre, a Jesucristo el justo, y él es la propiciación por nuestros pecados. Según esto, dices, constará que pecamos y que tenemos perdón.¿ Qué sucederá entonces, cuando al avanzar encuentro otra cosa? Pues niega que pequemos en absoluto, y en esto trata mucho, para no conceder nada semejante, proponiendo que los pecados fueron borrados una vez por Cristo, sin tener perdón después, en lo cual el sentido nos remite a la advertencia de la castidad. Todo el que tiene esta esperanza, dice, se purifica a sí mismo, porque también él es puro. Todo el que comete pecado, comete también iniquidad, y el pecado es iniquidad. Y sabéis que él fue manifestado para quitar los pecados, es decir, los que hasta aquí debían admitirse. Puesto que añade: todo el que permanece en él, no peca. Todo el que peca, ni lo vio ni lo conoció. Hijitos, que nadie os engañe. Todo el que hace justicia es justo, como también él es justo. El que comete pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Pues para esto fue manifestado el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Pues también las deshace liberando al hombre mediante el lavacro, habiéndole donado el quirógrafo de la muerte. Y por eso todo el que nace de Dios no comete pecado, porque la semilla de Dios permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto son manifiestos los hijos de Dios y los hijos del diablo.¿ En qué, sino en que aquellos no pecando, puesto que han nacido de Dios, estos pecando, porque son del diablo, como si nunca hubieran nacido de Dios? Pero si dice que el que no es justo no es de Dios, el que no es casto,¿ cómo volverá a ser de Dios quien ya dejó de serlo? Es, pues, cercano decir que Juan se contradice, negando en la primera epístola que estemos sin pecado, y ahora prescribiendo que no se peque en absoluto, y allí halagando algo sobre el perdón, y aquí negando estrictamente que los hijos de Dios pequen. Pero lejos de nosotros. Pues ni nosotros nos apartamos de la distinción de pecados de la que partimos. Pues también aquí Juan recomendó que hay ciertos pecados de incursión cotidiana, a los cuales todos estamos expuestos. Pues,¿ a quién no le sucederá enfadarse injustamente y más allá de la puesta del sol, o meter la mano, o maldecir fácilmente, o jurar temerariamente, o destruir la fe de un pacto, o mentir por vergüenza o necesidad? En los negocios, en los oficios, en la ganancia, en el sustento, en la vista, en el oído,¿ cuánto somos tentados? De modo que, si no hubiera perdón para esto, a nadie le correspondería la salvación. De estos, pues, será el perdón mediante Cristo, el intercesor del Padre. Pero hay otros contrarios a estos, como más graves y destructivos, que no reciben perdón: el homicidio, la idolatría, el fraude, la negación, la blasfemia, y ciertamente también el adulterio y la fornicación, y cualquier otra violación del templo de Dios. Para estos, Cristo ya no será intercesor; no los admitirá en absoluto quien haya nacido de Dios, no siendo futuro hijo de Dios si los admite. Así constará la razón de Juan sobre la diversidad, disponiendo la distinción de los pecados, cuando admite que los hijos de Dios pecan y cuando lo niega. Pues preveía la conclusión de sus cartas, y preparaba para ellos estos sentidos, diciendo al final más manifiestamente: si alguien sabe que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pedirá, y el Señor le dará vida, al que no peca de muerte. Pues hay pecado de muerte; no digo que se pida por él. Recordaba también él mismo que Jeremías fue prohibido por Dios de interceder por el pueblo que pecaba mortalmente. Toda injusticia es pecado, y hay pecado de muerte. Sabemos, sin embargo, que todo el que ha nacido de Dios no peca, es decir, el pecado que es de muerte. Así, ya no queda nada más que o negar que el adulterio y la fornicación sean pecados mortales, o confesar que son irremisibles, por los cuales ni siquiera se permite interceder.
20
La disciplina de los apóstoles, por tanto, instruye y determina propiamente, de manera principal, la santidad de todo aquel que está ante el templo de Dios, y erradica de la iglesia en todas partes todo sacrilegio de impudicia sin ninguna mención de restitución. Quiero, sin embargo, por redundancia, añadir también el testimonio de algún compañero de los apóstoles, idóneo para confirmar la disciplina de los maestros a partir de un derecho próximo. Pues existe también el título de Bernabé a los hebreos, hombre suficientemente acreditado por Dios, como aquel a quien Pablo constituyó junto a sí en el tenor de la abstinencia:¿ o acaso solo yo y Bernabé no tenemos potestad de trabajar? Y ciertamente es más aceptada en las iglesias la epístola de Bernabé que aquel apócrifo Pastor de los adúlteros. Amonestando, pues, a los discípulos a dejar todos los principios y tender más bien a la perfección, y no volver a poner los fundamentos de la penitencia de las obras de los muertos, pues es imposible, dice, que los que una vez fueron iluminados y gustaron el don celestial y participaron del Espíritu Santo y gustaron la dulce palabra de Dios, habiendo ya declinado el siglo, sean renovados de nuevo a la penitencia, crucificando de nuevo en sí mismos al Hijo de Dios y deshonrándolo. Pues la tierra que bebe a menudo el humor que viene sobre ella y ha producido hierba apta para aquellos por quienes es cultivada, obtiene la bendición de Dios; pero la que produce espinas es reprobada y cercana a la maldición, cuyo fin es la quema. Quien aprendió esto de los apóstoles y enseñó con los apóstoles, nunca supo que se hubiera prometido una segunda penitencia a los adúlteros y fornicarios por parte de los apóstoles. Pues interpretaba excelentemente la ley y guardaba sus figuras ya en la misma verdad. A esta especie de disciplina se refiere lo que se dispuso sobre el leproso: si la variedad floreciera en la piel y cubriera toda la piel desde la cabeza hasta los pies ante toda la vista, y el sacerdote, cuando lo vea, lo limpiará, puesto que se convirtió en blanco, es limpio. Pero el día que se vea en él color vivo, está contaminado. Pues quiso que se entendiera que el hombre convertido del antiguo hábito de la carne al candor de la fe, que se estima vicio y mancha en el siglo, y totalmente renovado, es limpio, que ya no sea variado, que no esté salpicado de lo antiguo y lo nuevo. Pero si después de la abolición, hacia la vejez, algo de aquello reviviera, de nuevo en su carne lo que se consideraba muerto por el pecado es juzgado inmundo y ya no es expiado por el sacerdote. Así, el adulterio, recaído de lo antiguo y mancillando la unidad del nuevo color del que había sido excluido, es un vicio inlimpiable. Asimismo sobre la casa: si algunas manchas y cavidades hubieran sido anunciadas al sacerdote en las paredes, antes de que entrara a inspeccionarla, ordena quitar de la casa todo, para que no sean inmundas las cosas que fueran de la casa. Luego, habiendo entrado el sacerdote, si hubiera encontrado cavidades verdosas o rojizas, y el aspecto de ellas más bajo que la forma de la pared, saldría a la puerta y separaría aquella casa siete días. Luego, el séptimo día, habiendo regresado, si hubiera advertido que aquel contacto se había difundido en las paredes, ordenaría exterminar aquellas piedras en las que hubiera estado el contacto de la lepra y arrojarlas fuera de la ciudad a un lugar inmundo, y tomar otras piedras pulidas y sólidas y reponerlas en lugar de las antiguas, y cubrir la casa con otro polvo. Pues es necesario, cuando se llega al sumo sacerdote del Padre, Cristo, que de la casa de nuestro hombre se quiten primero todos los impedimentos en el tiempo de la semana, para que esté limpia la casa que permanece, la carne y el alma, y donde haya entrado la palabra de Dios y haya encontrado manchas de verdor y rubor, extraer inmediatamente y arrojar fuera los sentidos mortíferos y sangrientos( pues también el Apocalipsis puso la muerte sobre el caballo verde, y al guerrero sobre el rojo), y en lugar de ellos sustituir piedras pulidas, aptas para la unión y firmes, tales como las que se hacen en los hijos de Abraham, para que así el hombre sea hábil para Dios. Pero si después de la recuperación y reforma el sacerdote advirtiera de nuevo en la misma casa algo de las antiguas cavidades y manchas, la declaró inmunda y ordenó deponer los materiales y las piedras y toda su estructura y arrojarlas a un lugar inmundo. Este será el hombre, carne y alma, que después del bautismo y la entrada de los sacerdotes, reformado, reasume de nuevo las asperezas y manchas de la carne, y es arrojado fuera de la ciudad a un lugar inmundo, entregado ciertamente a Satanás para la destrucción de la carne, y no es reconstruido más en la iglesia después de la ruina. Así también sobre el concubinato de la esclava, que hubiera estado reservada para un hombre, aún no redimida, aún no liberada. Se mirará, dice, y no morirá, porque aún no ha sido manumitida, para quien se reservaba. Pues aún no siendo la carne manumitida por Cristo, para quien se reservaba, se contaminaba impunemente; así, ya manumitida, no tiene perdón.
21
Si los apóstoles sabían esto mejor, ciertamente lo cuidaban más. Pero también descenderé a este grado, discerniendo entre la doctrina de los apóstoles y la potestad. La disciplina gobierna al hombre, la potestad lo asigna. Pero, de nuevo,¿ qué es la potestad? El Espíritu, y el Espíritu es Dios.¿ Pero qué enseñaba? Que no se debe comunicar con las obras de las tinieblas. Observa lo que ordena.¿ Pero quién podía perdonar los pecados? Esto es solo de él mismo. Pues,¿ quién perdona los pecados, sino solo Dios? Y ciertamente los mortales, que hubieran sido admitidos contra él y contra su templo. Pues para ti, los que tengan reato en ti, se te ordena perdonar incluso setenta veces siete en la persona de Pedro. Por tanto, si constara que los mismos bienatos apóstoles hubieran perdonado algo semejante, cuyo perdón correspondiera a Dios, no al hombre, no lo habrían hecho por disciplina, sino por potestad. Pues también resucitaron muertos, lo cual solo Dios, y reintegraron a los débiles, lo cual nadie sino Cristo, es más, también infligieron plagas, lo cual Cristo no quiso. Pues no convenía que él fuera cruel, quien había venido a padecer. Ananías y Elimas fueron golpeados, Ananías con la muerte, Elimas con la ceguera, para que por esto mismo se probara que Cristo también podía hacer esto. Así también los profetas habían perdonado la muerte y con ella el adulterio a los penitentes, porque también hicieron documentos de severidad. Exhibe, pues, también ahora ante mí, apostólico, ejemplos proféticos, para que reconozca la divinidad, y reivindica para ti la potestad de perdonar pecados de este tipo. Pero si has obtenido solo los oficios de la disciplina, y no presidir con imperio, sino con ministerio,¿ quién o qué eres tú para perdonar, que no exhibiendo ni profeta ni apóstol, careces de esa virtud de la cual es perdonar? Pero tiene, dices, la iglesia potestad de perdonar pecados. Esto yo más bien lo reconozco y dispongo, que tengo al mismo Paráclito en los nuevos profetas diciendo: la iglesia puede perdonar el pecado, pero no lo haré, para que no pequen otros.¿ Qué, si el espíritu pseudoprofético lo pronunció? Pero más bien habría sido del engañador tanto recomendarse a sí mismo por la clemencia como tentar a los demás a la delincuencia. O si también esto quiso afectarlo según el espíritu de la verdad, entonces el espíritu de la verdad puede ciertamente conceder perdón a los fornicarios, pero con daño de muchos no quiere. Sobre tu sentencia ahora pregunto, de dónde usurpas este derecho de la iglesia. Si porque el Señor dijo a Pedro: sobre esta piedra edificaré mi iglesia, te he dado las llaves del reino celestial, o, todo lo que atares o desatares en la tierra, será atado o desatado en los cielos,¿ por eso presumes que también a ti se ha derivado la potestad de desatar y atar, es decir, a toda la iglesia cercana a Pedro?¿ Quién eres tú, que trastornas y cambias la manifiesta intención del Señor que confiere esto personalmente a Pedro? Sobre ti, dice, edificaré mi iglesia, y, te daré las llaves, no a la iglesia, y, todo lo que desatares o atares, no lo que desataren o ataren. Así también lo enseña el resultado. En él mismo fue construida la iglesia, es decir, por él mismo; él mismo estrenó la llave, mira cuál: varones israelitas, escuchad con los oídos lo que digo: a Jesús Nazareno, varón destinado por Dios para vosotros, y lo demás. Él finalmente, el primero en el bautismo de Cristo, abrió el acceso del reino celestial, por el cual se desatan los pecados atados atrás y se atan los que no hubieran sido desatados, según la verdadera salvación, y ató a Ananías con el vínculo de la muerte y desató al débil de pies del vicio de la salud. Pero también en aquella disputa sobre si se debía guardar o no la ley, Pedro, el primero de todos, instigado por el Espíritu y habiendo prefaciado sobre la vocación de las naciones, dijo: y ahora,¿ por qué tentáis al Señor sobre imponer un yugo a los hermanos, que ni nosotros ni nuestros padres pudimos soportar? Pero por la gracia de Jesús creemos que obtendremos la salvación, así como ellos. Esta sentencia desató lo que se omitió de la ley y ató lo que se reservó. Hasta tal punto la potestad de desatar y atar no fue emancipada a Pedro para los pecados capitales de los fieles. A quien si el Señor le había ordenado perdonar incluso al hermano que pecara setenta veces siete contra él, ciertamente no habría mandado después atar, es decir, retener nada, a menos que tal vez aquellas cosas que alguien hubiera admitido contra el Señor, no contra el hermano. Pues se prejuzga que no deben perdonarse los pecados contra Dios, cuando se perdonan los admitidos contra el hombre.¿ Qué ahora también a la iglesia y ciertamente a la tuya, psíquico? Pues según la persona de Pedro, esta potestad convendrá a los espirituales, o al apóstol o al profeta. Pues la misma iglesia es propia y principalmente el mismo Espíritu, en el cual está la Trinidad de la única divinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aquella iglesia congrega la que el Señor puso en tres. Y así, desde entonces, también todo número que haya conspirado en esta fe es considerado iglesia por el autor y consagrador. Y por eso la iglesia ciertamente perdonará los pecados, pero la iglesia del Espíritu mediante el hombre espiritual, no la iglesia como número de obispos. Pues del Señor, no del siervo, es el derecho y el arbitrio; de Dios mismo, no del sacerdote.
22
Pero tú ya derramas esta potestad incluso sobre tus mártires. Tan pronto como cada uno, por la confesión, se pone cadenas aún blandas en el nuevo nombre de custodia, inmediatamente los adúlteros lo rodean, inmediatamente se acercan los fornicarios, ya resuenan las oraciones, ya rodean las lágrimas de cada manchado, y nadie redime más el acceso a la cárcel que los que perdieron la iglesia. Son violados hombres y mujeres. En las tinieblas, claramente, conocidas por el uso de las libidinosas, y piden la paz a aquellos que están en peligro por su propia causa. Otros huyen a las minas y de allí regresan como comunicantes, donde ya es necesario otro martirio por los nuevos pecados después del martirio. Pues,¿ quién en la tierra y en la carne está sin culpa?¿ Qué mártir es habitante del siglo, suplicante de denarios, obnoxio al médico y al prestamista? Supón ahora bajo la espada ya dirigida a la cabeza, supón en el patíbulo ya con el cuerpo extendido, supón en el poste ya concedido al león, supón en el eje ya preparado para el incendio, en la misma, digo, seguridad y posesión del martirio,¿ quién permite al hombre perdonar lo que debe reservarse a Dios, por quien han sido condenadas sin excusa, lo cual ni los apóstoles, que yo sepa, juzgaron que los mártires mismos pudieran perdonar? Finalmente, Pablo ya había luchado contra las bestias en Éfeso cuando decreta la muerte para el incestuoso. Que baste al mártir haber purgado sus propios pecados. Es de ingratos o soberbios esparcir también sobre otros lo que se obtuvo como algo grande.¿ Quién resuelve la muerte ajena con la suya, sino solo el Hijo de Dios? Pues también en la misma pasión liberó al ladrón. Pues para esto había venido, para que él mismo, puro de pecado y santo en todo, muriera por los pecadores. Por lo tanto, tú que lo emulas perdonando pecados, si tú mismo no has pecado nada, ciertamente padece por mí. Pero si eres pecador,¿ cómo podrá el aceite de tu lámpara ser suficiente para ti y para mí? Tengo incluso ahora con qué probar a Cristo. Si Cristo está en el mártir para que el mártir absuelva a adúlteros y fornicarios, que declare los secretos del corazón, para que así conceda los pecados, y es Cristo. Pues así el Señor Jesucristo mostró su potestad:¿ por qué pensáis mal en vuestros corazones? Pues,¿ qué es más fácil decir al paralítico, tus pecados te son perdonados, o, levántate y anda? Por tanto, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad de perdonar pecados en la tierra, a ti te digo, paralítico, levántate y anda. Si el Señor se preocupó tanto por la prueba de su potestad, para traducir los pensamientos y así ordenar la salud, para que no se creyera que no podía perdonar pecados, no me es lícito creer la misma potestad en alguien sin las mismas pruebas. Aunque, sin embargo, cuando reclamas perdón al mártir para adúlteros y fornicarios, tú mismo confiesas que tales crímenes no deben diluirse sino con el propio martirio, tú que presumes del ajeno. Pero si esto es así, ya también el martirio será otro bautismo. Pues tengo, dice, también otro bautismo. De donde también del costado del Señor manó agua y sangre, preparación de ambos lavacros. Debo, pues, también liberar a otro con el primer lavacro, si puedo con el segundo. Es necesario que lo introduzca hasta el seno: cualquier autoridad, cualquier razón que devuelva la paz eclesiástica al adúltero y fornicario, la misma deberá socorrer también a los homicidas e idólatras penitentes, ciertamente al negador, y ciertamente a aquel a quien, habiendo luchado en la batalla de la confesión con tormentos, la crueldad derribó. Por lo demás, es indigno de Dios y de su misericordia, que antepone la penitencia del pecador a la muerte, que regresen más fácilmente a la iglesia los que cayeron retozando que los que cayeron luchando. La indignidad nos urge a decir:¿ reclamarás cuerpos contaminados más bien que ensangrentados?¿ Qué penitencia es más miserable, la que postra a la carne excitada o la que postra a la carne desgarrada?¿ Qué perdón es más justo en todas las causas, el que implora el pecador voluntario o el involuntario? Nadie es obligado a negar queriendo, nadie fornica sin querer. No hay fuerza para la libido, sino ella misma; no sabe ser obligada por quien quiere. Además,¿ cuántos ingenios de verdugo y géneros de penas obligan a la negación?¿ Quién negó más, el que perdió a Cristo molestado o el que lo perdió deleitado?¿ El que se dolió al perderlo o el que jugó al perderlo? Y sin embargo, aquellas cicatrices esculpidas en la batalla cristiana y ciertamente envidiables ante Cristo, porque desearon vencer, y así también gloriosas, porque no cedieron al vencer, en las cuales todavía el mismo diablo suspira, con su infelicidad, pero casta, con penitencia que llora, pero que no se avergüenza ante el Señor, de nuevo será enviado al perdón a aquellos que negaron piacularmente. Solo para ellos la carne es débil. Y sin embargo, ninguna carne es tan fuerte como la que elimina el espíritu.

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