1
La autoridad de los filósofos demuestra que la propiedad de la voz reside en la percusión del aire, de cualquier modo que se produzca el golpe. La dividieron, además, en cuatro especies: articulada, inarticulada, letrada e iletrada. Pero no hay duda de que dos de estas, combinadas, a saber, la articulada y la letrada, producen una voz principal y conveniente, es más, necesaria, porque se reconoce que solo ella es capaz de letras y de intelecto; las demás no son tan útiles, porque no pueden ser captadas simultáneamente por la naturaleza y el intelecto; en verdad, si alguien quisiera investigar, sin duda encontrará que, al unirse unas con otras, la voz las produce sin intelección; si, no obstante, se usan, carecen de letras, lo cual no sucede con las mencionadas anteriormente.
2.1
La letra es la parte mínima de la voz articulada, esto es, la que consta de la composición de letras: mínima, en cuanto a la comprensión total de la voz letrada. Pues voz es todo lo que hablamos, como, por ejemplo, si dices: "El orador vino y enseñó"; pues puede descomponerse: "El orador vino", y "enseñó" por palabras individuales; las palabras mismas en sílabas, o y ra, tor; las sílabas mismas en letras; la letra misma no puede dividirse en absoluto, de donde los filósofos la llaman átomo, es decir, indivisible. Escauro la definió así: "La letra es la forma de la voz que puede escribirse". El elemento es, en efecto, la fuerza mínima, es la materia indivisible de la voz articulada; y el inicio de cada cosa, del cual se toma el incremento y en el cual se resuelve, su figura se llama letra. Los antiguos también llamaron a las letras elementos, a semejanza de los elementos del mundo; por el hecho de que, así como aquellos, al unirse, completan todo cuerpo, así también estas, unidas, conservan el discurso y, separadas, lo disuelven. Esta es, pues, la diferencia entre elementos y letras: que los elementos se llaman propiamente las pronunciaciones mismas, es decir, la fuerza del sonido que se oye y se entiende; las figuras de ellos, en cambio, son las letras, de la a, y la b, y la c, y cualquier otra, el nombre es tanto de la pronunciación como de la figura; se lee el elemento, se entiende la letra, se escribe y se nombra.
2.2
La letra se dice así como" legitera", porque se lee y porque muestra el camino a los que leen, y por la" litura"( borradura) que sufre, y porque al leer se reitera. Por tanto, todas las letras que usan los latinos son veintitrés: de las cuales hay tres diferencias. La primera diferencia tiene dos cualidades, que son o latinas o griegas: las latinas son veintiuna; las griegas, dos, la vocal y, y la semivocal z, que entraron en su uso debido a los nombres griegos. Hay también otras cinco, que, tras la recepción de la fe dominical, aunque no se reciben en el orden del alfabeto, se contienen insertas en las páginas divinas: la h, por el nombre de Jesús; la Α y la Ω por la autoridad de la palabra divina," Yo soy alfa y omega", y por el nombre de CRISTO. La segunda diferencia en las letras tiene igualmente dos cualidades, que son o vocales o consonantes. Asimismo, la tercera diferencia es entre las consonantes, que algunas son semivocales, algunas mudas, algunas líquidas y algunas dobles. Sin embargo, hay cinco vocales, a saber: a, e, i, o, u; siete semivocales: l, m, n, r, s, x, z. Nueve mudas: b, c, d, f, g, k, p, q y t. Se llaman vocales como si fueran" sonantes", porque hacen voz por sí mismas y proporcionan voz a otras; consonantes, en cambio, porque" consuenan" con las vocales; y se llaman bien consonantes porque dos sonidos suenan al mismo tiempo. Se llaman semivocales porque no tienen voz plena, como se dice de los semihombres y semidioses, no porque sean medios, sino porque no son dioses plenos ni hombres plenos; si a estas les quitas la vocal, tienen, sin embargo, un sonido tenue y un cierto silbido; como si dices, quita de ahí la vocal e, suena, no obstante, un cierto silbido y un sonido tenue. Se llaman mudas, en cambio, no porque carezcan totalmente de voz, sino porque, en comparación con las que suenan bien, tienen una parte muy pequeña de voz; así como se llama mujer" informe", no la que carece de forma, sino la que está mal formada; y llamamos" frígido" a aquel que no está totalmente exento de calor, sino que usa muy poco de él. Los latinos tienen todas las vocales dicronas, es decir, que pueden abreviarse y alargarse, al igual que los griegos tres: α, ι y υ; la ε y la ο, en cambio, los griegos las tienen siempre breves, y la η y la ω siempre largas. Breves son las vocales, como: amor, erit, iter, operis, utique; largas: aera, erecta, ivit, omen, utile. De estas vocales, pues, la i y la u pasan a la potestad de consonantes; cuando o bien se geminan entre sí, como: Juno, vita; o se aplican a vocales, como: vates, velox, vox, i como iecur, iocus; estas también se llaman medias, puesto que en ciertas dicciones tienen un sonido medio, ni natural ni propio, sino que confunden sonidos alternos entre sí, como: vir optimus. Y la i, ciertamente, cuando se pone después de la consonante n que funciona como digamma eólica, es breve; al seguirle d, y m, y r, y t, y v, parece tener el sonido de la y griega, como: video, vim, virtus, vita, vix. La u, aunque contraída, tiene, sin embargo, el mismo sonido, esto es, y, puesta entre q, y e, y i, y el diptongo ae: atque, quis, quae; y también entre g y las mismas vocales, cuando se encuentran así en una sílaba, como: pingues, anguis, linguae. La i, en cambio, parece ser una consonante doble cuando está puesta entre dos vocales, y por ello hace siempre larga la sílaba anterior; como: maius, peius, eius, porque no puede pronunciarse de otro modo que si la primera i se profiriera con la sílaba anterior, y la otra con la siguiente; y por eso los antiguos escribían siempre dos ii en estas palabras. La v, puesta en lugar de consonante, tiene exactamente la misma fuerza en todo entre los latinos que el digamma entre los eolios, y de ese mismo digamma procede la voz" vau", por la cual César quiso que se escribiera esta figura, es decir, F. Pues el digamma se encuentra escrito a veces por una consonante simple, a veces por una doble entre los eolios, y así nuestra v parece tener el lugar de una consonante simple, como:" At Venus haud animo nequidquam exterrita mater"; y también de doble cuando en el pretérito perfecto y pluscuamperfecto de la tercera y cuarta conjugación, en los cuales la i puesta antes de la v consonante se alarga, y al ser sustraída se abrevia, como cupivi, cupii, cupiveram, cupieram; audivi, audii, audiveram, audieram. A veces, en cambio, los métricos usan este digamma, v e i puestas en lugar de consonante, por una vocal abreviada, como Horacio, que presentó" silvae" como trisílaba en este verso del épodo:" Nivesque deducunt Jovem Nunc mare, nunc silvae". Pues es un dímetro yámbico unido a un penthemímero heroico. Y Aurelio Prudencio en la Psicomaquia:" Egregia comitata viro: nam proximus Iob". Y debe saberse que los eolios asumían el digamma por causa de la aspiración, para evitar la aspereza del espíritu, y por causa de evitar el hiato. Nosotros, en cambio, los seguimos en muchas cosas, aunque no en todas, como cuando, evitando la aspiración, decimos: vespera, vis, vestis; el hiato, como: clauus, argiuus, pauo, ovum, ovis, bouis. De las consonantes, pues, la l y la r son líquidas, a las cuales algunos añaden m y n; estas, pospuestas a la f, semivocal, y a las seis mudas, es decir, b, c, d, g, p, t, a arbitrio del poeta, pierden frecuentemente en el metro la fuerza de consonante y hacen breve la sílaba; y por eso Prisciano enseñó que la f es más bien muda, la cual, si es muda, se antepone a las líquidas y obtiene entre nosotros el lugar de la letra griega φ, excepto que no debe pronunciarse con los labios fijos, como la φ; pues la k y la q, aunque por figura y nombre parezcan tener alguna diferencia con la c, contienen, sin embargo, la misma potestad tanto en el sonido de las voces como en el metro; y la k, ciertamente, es totalmente superflua, pues no parece haber razón por la cual deba escribirse antes de a: pues Cartago y cabeza, ya se escriban con k o con c, no hacen ninguna diferencia ni en el sonido ni en la potestad de la misma consonante; la q, en cambio, parece que no debe escribirse por otra razón sino para mostrar que la v siguiente, puesta antes de otra vocal en la misma sílaba, pierde la fuerza de letra en el metro. La h es nota de aspiración y no tiene nada de letra sino la figura, como dice Prisciano. Algunos gramáticos, sin embargo, dicen que es letra, porque, a la manera de una letra consonante, a menudo hace larga una sílaba breve en el metro. Esta, si se añade a la muda c, denota la χ griega; si se antepone a la p, significa φ. Asimismo, si se antepone a la t, se pone por θ. Si se ponen juntas ps, afirman que es la letra ψ griega, y esta en dicciones extranjeras, como Chimaera, philosophus, thelesfor, psalmigraphus. Por lo demás, la h nunca se pone bajo las vocales sino en la interjección" ah"," oh", que significan el afecto del que se perturba y se duele. La s también es de potestad singular, la cual pierde frecuentemente su fuerza en el metro. Esta, a veces, puesta al principio de una palabra ante otra consonante, alarga la última sílaba de la palabra precedente que termina en vocal breve, a veces la deja abreviada. Algunos dicen que esta, a veces puesta en medio de una palabra ante otra consonante, desaparece a la manera de las líquidas, como en aquel verso de Virgilio:" Hortatur Mnesteus, Nunc, nunc insurgite remis". La x se acepta a veces por cs, a veces por gs, como: apex, apicis, grex, gregis; transita, sin embargo, a veces a la v consonante, como: nix, nivis, y también a c, como: nox, noctis; se somete también en lugar de aspiración, como veho, vexi, traho, traxi; pero estas parecen declinarse contra la regla. La z se pone solamente en dicciones griegas; por esta, algunos de los antiguos dijeron la vocal i, otros solían escribir dos ss: de donde" jugum" se dijo como" zugon", y" Jupiter" como" zeuspater"; asimismo," Messentius", y" petissare", y" tablissare", y otras cosas de este tipo declaraban el uso antiguo. Aquello, además, debe sernos indicado: que la naturaleza de todas las letras consonantes es tal que todas las semivocales comiencen por e y terminen en sí mismas, excepto la x, que comienza por i; y todas las mudas comiencen por sí mismas y terminen en e, excepto k, g y h. Por último, debe notarse que a cada letra le ocurren tres cosas, es decir: el nombre, por el cual se nombra y pronuncia; la figura, por la cual, escrita, se mira y se nota; la potestad, por la cual, para su propiedad, se segrega de las restantes en la razón métrica y se entiende si es vocal, o consonante, o doble, o semivocal, o muda, o líquida. A las letras les ocurre también, según algunos autores, el orden, por el cual una precede y otra sigue, de tal modo que la a sea la primera, la siguiente la b, la tercera la c, y de ahí las demás letras en orden. La a, sin embargo, es la primera de las letras en todos los pueblos, por el hecho de que ella misma abre la voz a los que nacen.
3
La sílaba es propiamente una congregación o comprensión de letras, proferida bajo un solo acento y un solo espíritu; abusivamente, sin embargo, llamamos sílabas también a los sonidos de las vocales singulares: "sílaba" se dice en griego, en latín "concepción" o "complejidad". Pues sílaba se dice ἀπὸ τοῦ συλλαμβάνειν τὰ γράμματα, es decir, de la concepción de las letras; pues συλλαμβάνειν se dice concebir: de donde es verdaderamente sílaba aquella que nace de varias letras. Sin embargo, comenzando por letras individuales, la sílaba no puede proceder a más de seis letras en el discurso latino, como a, ab, est, mars, stans, stirps. Y debe saberse que ninguna sílaba tenga tres vocales: de donde la u y la i no se unen de otro modo a los diptongos, sino puestas en lugar de consonantes, como siluae, Troiae; la u solo puede unirse al diptongo cuando pierde la fuerza de letra, como quae, linquae; y a menudo una vocal larga se encuentra puesta en lugar de diptongo, como inquiro por quaero, includo por claudo, occido por caedo, illido por laedo, Nilus por Neilus, musa por moysa; y al contrario, por una vocal larga se hará un diptongo, como lavor, lautus; faveo, fautus; avis, auceps. Pero también debe notarse que si tres consonantes anteceden a una vocal, no pueden seguirle más que dos, como monstrans, scrobs. Ni tampoco, si le siguen, pueden anteceder más que dos, como stirps. Tres consonantes, sin embargo, no pueden unirse de otro modo al principio de la sílaba a menos que la primera sea s y la segunda, después de s, o c, o p, o t, y la tercera l o r: como sculptile, splendens, scriba, stratum, sprevit. Al final de la dicción, en cambio, encontramos lo contrario: la primera líquida, la siguiente muda, la última s, como urbs, stirps: esta es, pues, la razón de dos consonantes puestas juntas en una sílaba. Las semivocales se anteponen a otras semivocales en la misma sílaba, como Mnesteus, amnis, Smyrna, smaragdus; pues cometen un error quienes escriben zm; pues nunca una doble puede unirse con otra consonante al principio de la sílaba, lo cual muestra Lucano en el décimo: "Terga sedente crebro maculae distincta smaragdo"; pues si no hubiera s antes de m, no podría haberse sustraído en el metro en absoluto; pues la s a menudo pierde la fuerza de consonante en el metro, puesta ante otra consonante en la misma sílaba, mientras que la z no, a menos que le siga una vocal abreviada y otra le siga pronto. También al final de la sílaba todas las líquidas suelen ponerse antes de s, como puls, ars, hyems, pons. Similarmente antes de x, excepto m, como falx, lanx, arx. En muchas, sin embargo, se anteponen b y g, siguiendo d, como bdelyros, bdellium, género de piedra, mygdonides; la c, en cambio, y la p se anteponen siguiendo t, como lectus, aptus. Ninguna semivocal se antepone a las mudas al principio de la dicción, a menos que la s siga a b, y c, y q, y p, y t, como asbestus, scutum, squalens, sperat, stans. También todas las mudas se anteponen a casi todas las líquidas, como blandus, claret, abodlas (esto es un nombre bárbaro), glacies, tlemus, planus, flavus, abnuo, Cnidum, Ariadne, Gneus, Aetnam, contempnit, Brennus, creber, Drances, gratus, frater, pratum, tractus. Antes de m, sin embargo, se encuentran solo c, d, g, t, como Alcmenae, Admetus, dragma, rhythmos. Si, en cambio, la sílaba termina en dos consonantes, es necesario que la anterior sea líquida y la siguiente s y χ, como mostramos arriba, y c y t antecediendo n, como hinc, dicunt, amant, hunc; y también s antecede a t, como en la preposición "post", y en la conjunción "ast", y en el verbo anómalo, como sum, es, est. Pues también en lugar de la ψ griega se escribe bs y ps, por razón del genitivo, como Arabs, Arabis; Pelops, pelopis; caelebs, caelibis; princeps, principis. A algunos, sin embargo, como enseñamos arriba, no parece que la ψ griega deba escribirse de otro modo que ps; aunque la razón del genitivo exija la escritura mencionada, dicen, sin embargo, que la afinidad del sonido es más proclive a esto; esto, no obstante, debe saberse: que el principio de la sílaba debe tener de todas formas ps por χ, como psittacus, pseudulus, ipse. Nubo también hace nupsi, scribo hace scripsi, aunque la analogía obliga a escribir por b, pero la eufonía supera, la cual obliga también a decir y escribir "nupta", no "nubta", y "scriptum", no "scribtum", por p, no por b. Finalmente, todas las sílabas son o largas, o breves, o comunes. Se llaman largas las que son siempre largas; breves, las que son siempre breves; comunes, las que a veces son breves, a veces largas, según le haya placido al versificador. Pero las largas se hacen de dos modos: por naturaleza y por posición: por naturaleza, de dos maneras: o por la producción, a saber, de las vocales singulares, como navis, sedes, finis, omen, unus; o por la unión de dos, que llaman diptongo; los diptongos se llaman así porque comprenden dos "phthongos", esto es, voces: pues las vocales singulares tienen sus voces, como aevum, poena, augustus, eurus, ei, que es interjección del que se duele y teme, como Virgilio en la Eneida II: "Ei mihi, qualis erat, quantum mutatus ab illo"; y ae, cuando en el caso genitivo es proferido por los poetas mediante diéresis, según los griegos se escribe mediante a e i, ya sea en nombres propios, Aeneai, Anchisai, ya sea en apelativos, como pictai, aulai; pues ambas son largas: Virgilio en el III: "Aulai medio libabant pocula Bacchi", por aulae; y Cicerón: "Atque oculos urget pedibus pectusque nopai", por nopae, esto es, escorpión. Por posición, en cambio, las sílabas se hacen largas de tres modos: cuando una vocal abreviada o termina en dos consonantes, como ast, o termina en una doble, como dux, o termina en una consonante y es recibida por otra, como arca, o es recibida por la consonante doble x, como axis, o es recibida por i puesta en lugar de consonante, como Troja. Cuya posición a veces se divide en tres sílabas en los metros, como es aquel: "Arma virum tabulaeque et Troia gaza per undas"; o termina en consonante, o es recibida por u e i puestas en lugar de consonantes, como aduena, adiutor. Breves, en cambio, son las sílabas que no han tenido nada de esto. A cada sílaba le ocurre el tono, el espíritu, el tiempo, el número de letras. Tono agudo, y grave, y circunflejo, que en cada dicción debe ser cierto. Similarmente, espíritu áspero y suave. Tiempo uno y dos; o también (como a algunos les place) uno y medio y dos y medio, y tres y cuatro. Uno, si la vocal es breve por sí misma, y si una consonante simple le sigue, como caput. Uno y medio en las sílabas comunes, de las cuales hablaremos después, como lacrymae. En las largas por naturaleza y por posición hay dos tiempos, como da, ast; dos y medio, como cuando después de una vocal larga por naturaleza sigue una consonante, como sol; tres, cuando después de una vocal larga por naturaleza siguen dos consonantes, y una doble, como mons, rex; cuatro tiempos son, como por ejemplo si alguien pone al mismo tiempo en un verso "lex prima" y "lux clara", y "pax plena", y cosas similares. Pues la vocal es larga por naturaleza en "le" y "lu" y en "pa", y tiene dos tiempos, esta es recibida por la x doble, que tiene un tiempo, a la cual siguen muda y líquida, que también por sí mismas tienen un tiempo y completan. Estas, pues, todas juntas unidas hacen cuatro tiempos, sin embargo, en el metro es necesario que cada sílaba sea aceptada tanto de un tiempo como de dos. Los demás tiempos que ocurren son juzgados como superfluos por los métricos. El número de letras le ocurre a la sílaba porque, como dijimos arriba, no puede encontrarse una sílaba entre los latinos de menos de una ni de más de seis letras, y aquello debe indicarse: que toda sílaba comienza a tener razón desde la vocal, si es larga o breve. Después, también considerarse sobre las consonantes siguientes, no sobre las precedentes. Pues las consonantes precedentes no aprovechan a la que sigue, sino a la vocal anterior, por ejemplo, como si alguien dijera al mismo tiempo "gens", "stirps", pues n y las dos ss con t atribuyen su tiempo a la vocal anterior, esto es, e; y asimismo r, p, s se asocian a la i que les precede. Las sílabas comunes, sin embargo, se hacen de nueve modos, por los cuales o las naturalmente largas se transfieren por licencia poética a breves, o las naturalmente breves a largas. El primer modo, pues, es cuando una vocal abreviada en la misma palabra es recibida por dos consonantes, de las cuales la posterior sea líquida; pues es breve por naturaleza en esto: "mens tenebris obscura suis"; es larga por posición en esto: "mortisque tenebris". Y debe saberse que no solo ante l o r, sino también ante m o n puestas las mudas, hacen sílabas comunes entre los poetas antiguos, como Ovidio: "Pisconsamque Cnidon gravidamque Amathunta metallis". El segundo modo es cuando una vocal abreviada termina en consonante y es recibida por la letra h; pues es breve por naturaleza en esto: "Porcinum tenuere gregem, niger, hispidus, horrens"; larga en esto: "Vir humilis moesto dejectus lumine terram". El tercer modo de sílaba común es cuando alguna palabra que termina en vocal abreviada es recibida por dos consonantes, de las cuales la anterior sea s: pues es breve por naturaleza en esto de Fortunato: "Ordinibus variis alba smaragdus inest". Es larga por posición en esto de Sedulio: "Adveniat regnum jam jamque scilicet illud". Esta letra s también, antepuesta a otras dos consonantes, esto es, muda y líquida, al principio de la sílaba siguiente, se encuentra que hace una sílaba común, como Horacio, Sátiras, libro I: "Linquimus insani ridentes praemia scribae". Es, además, el cuarto modo de sílaba común cuando, después de cualquier pie, ha quedado una sílaba breve de la palabra, que o bien terminando en vocal es recibida por la consonante de la palabra siguiente, o terminando en consonante es recibida por otra vocal: pues es breve por naturaleza en esto: "Cujus onus leve est, cujus juga ferre suave est". Es larga en esto: "Frondea ficus erat, cujus in robore nullum". Asimismo, el quinto modo, cuando una parte de la oración termina en diptongo, siguiendo inmediatamente otra vocal; pues es larga en esto, como: "musae Aonides"; breve en esto: "Insulae Ionio in magno". Virgilio en el VII: "Stipitibus duris agitur sudibusve praeustis". Este modo, pues, al igual que el anterior, los poetas más recientes lo usan rarísimamente, sino que más bien hacen sinalefa en él, como Próspero: "Non nostrae hoc opis est, sed ab illo sumitur hic ros, Qui siccam rupem fundere jussit aquas". Y el sexto modo es cuando a una vocal larga le sigue otra vocal; pues es larga en esto: "O utinam in thalamos invisi Caesaris issem"; breve en esto: "Te Corydon, o Alexi, trahit sua quemque voluptas"; y asimismo Virgilio en el V: "Infindunt pariter sulcos, totumque dehiscit Convulsum". Modo que los versificadores modernos han acostumbrado a hacer más bien en la misma parte de la oración, como: "Eoi venere magi..." y: "Splendidus auctoris de vertice fulget Eous". El séptimo modo es cuando una vocal sigue inmediatamente a un pronombre terminado en letra c; pues es larga en esto de Sedulio: "Non quia qui summus Pater est, et Filius hic est; Sed quia quod summus Pater est et Filius hoc est". Breve en esto: "Hic vir, hic est, tibi quem promitti saepius audis". Pero también un adverbio terminado en letra c hace sílaba común; pues es larga en esto de Paulino: "Donec aspirante Deo conatibus aegris"; breve en esto de Próspero, como: "Morbo obsessis praestanda est cura medendi: Donec in aegroto corpore vita manet". El octavo modo es cuando a una vocal abreviada en la misma parte de la oración le sigue la consonante griega doble z. Pues es larga en esto de Juvenco: "Difficile est terris affixos divite gaza"; breve en esto del mismo: "Et gaza distabat rerum possessio fulgens". El noveno modo es por el cual toda sílaba última de un verso, en cualquier metro, es "adiaphoros", esto es, indiferente, y a voluntad de los poetas, tanto la breve se alarga como la larga se abrevia; cuyos ejemplos en todos los metros son muchísimos. Debe saberse, sin embargo, que dicen falsamente que la letra x puede hacer sílaba común en el metro, porque cuando en la misma parte de la oración sigue a una vocal, ya sea larga por naturaleza, ya sea breve por naturaleza, siempre la tiene larga, como pax, lux, vox, rex, lex; y asimismo fax, nex, nix, nox, nux. Cuando, en cambio, está al principio de una palabra, no puede alargar la vocal final de la palabra anterior, como: "Pontibus in stratis conduxit littora Xerxes". Todas las consonantes de la sílaba, ciertamente, como dice Varrón, unas son ásperas, como trux, crux; otras suaves, como luna, lana; otras "proceres" (largas), que tienen la vocal larga extrema o penúltima, como mansuetudo, facilitas; otras "retorridae" (secas), que tienen la muda extrema, como hic, hoc; otras bárbaras, como gaza, mammon; otras "graeculae" (griegas), como hymnos, zenon; otras duras, como ignotus, cognitus; otras blandas, como aedes, ludus; y por ello deben observar esto totalmente quienes quieren hacer versos fluidos y corrientes, que se esfuercen por evitar cualquier cosa que en los sonidos moleste a los oídos o haga entorpecer, y atribuyan la suma importancia a la eufonía en los poemas.
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Sobre las primeras sílabas.
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El estudio de las primeras sílabas en todas las partes de la oración es difícil, y, ciertamente, podrá distinguirlo mejor quien se preocupe por aprender con diligencia la naturaleza de los pies y la escansión de los versos en la métrica, porque, aunque hay muchas dicciones que terminan con la misma terminación según la cualidad de la analogía, no hay muchas que concuerden en sus inicios; pero como esto requiere una exposición laboriosa, baste con mencionar brevemente solo aquello que hemos encontrado seleccionado por los autores más fidedignos de las artes. Pues una sílaba o diptongo se reconoce como larga (que se escribe de cinco maneras, esto es: ae, oe, au, eu, ei: dondequiera que se encuentren, muestran siempre que la sílaba es larga por naturaleza) o por ejemplo: pues se busca en la escansión del metro y en el conocimiento de los pies si una sílaba es larga o breve; por ejemplo, el nombre apelativo Musa, si no sabes si mu es larga o breve, te vendrá a la mente aquel verso de Virgilio: Musa, mihi causas memora, quo numine laeso, y encontrarás que mu es larga, porque todo verso heroico necesariamente debe tener la primera sílaba larga, ya que un espondeo o un dáctilo siempre constituye el inicio de este metro. Asimismo, en el poema elegíaco hay ejemplos prontos para investigar las sílabas: pues el primer verso, hexámetro, contiene casi siempre un dáctilo en la quinta región, que tiene la primera sílaba larga y las dos posteriores breves; de igual modo, el verso siguiente, pentámetro, después de los dos primeros pies y el colofón, cierra siempre el verso con dos dáctilos y una sílaba sobrante, como Virgilio en el epitafio que se dice compuso para sí mismo antes de morir: Mantua me genuit, Calabri rapuere, tenet nunc Parthenope: cecini pascua, rura, duces. Lo cual se escande así: Mantua dáctilo, me genu dact., it Cala dact., bri rapu dact., ere te dact., net nunc espondeo. Partheno dact., pe: ceci dact., ni colofón, pascua dact., rura du dact., ces colofón. He aquí, como dijimos en el verso anterior, el dáctilo en la quinta región muestra e larga y re, y te, breves; y en el verso siguiente, pa larga y scu y a breves, e igualmente ru larga, ra y du breves, el mismo pie muestra lo mismo. Pues aunque el espondeo y el dáctilo ocupen alternativamente otros lugares en el verso, en estos, sin embargo, los ejemplos no fallan en absoluto. Fortunato, en el librito que compuso sobre la alabanza de la bienaventurada María, lo pone así: Rorarunt coeli nubes, justumque pluerunt: Quem Salvatorem germine Virgo dedit. Lo cual se escande así: Rora espon., runt cae espon., li nu espon., bes ju espon., stumque plu dact., erunt espon. Quem Sal espondeo, vato espon., rem colofón, germine dact., Virgo de dáctilo, dit colofón. Por tanto, así como en el ejemplo anterior ambos versos tuvieron un dáctilo en todos los lugares, excepto un espondeo; así ahora, en el siguiente, tienen un espondeo en todos los lugares, excepto en los tres lugares mencionados. Asimismo, a veces la primera sílaba se comprende por la composición de la figura, como si no supieras cómo es pius o probus, se conoce por la composición, que es impius o reprobus, aunque en algunas sílabas esto falle; pues cuando decimos nubere, nu es larga. Calpurnio en el X: Nubere vis Prisco, non miror, Paula, sapisti. Asimismo, cuando decimos pronuba, o innuba, o connubium, nu es breve en la composición. Virgilio en el VI de la Eneida: Et Bellona manet te pronuba nec face tantum. El mismo en el IV: Connubio jungam stabili, propriamque dicabo. Asimismo, en lux lucis, lu es larga; en la derivación lucerna, lu es breve. Asimismo, homo es breve en todas partes, humanus siempre larga. Itur in antiquam silvam, i larga; superumque ad lumen ituras, i breve: pero esto ocurre raramente. En verdad, si cualquier parte de la oración se compone con preposiciones, conocemos las primeras sílabas a partir de ellas, pues casi toda sílaba compuesta permanecerá tal como era la propia preposición, como: deceptus, eductus, abundans, reluctans, es decir, de y e largas, ab y re breves. Asimismo, a partir de las mismas preposiciones, ad, ob, in y sub se colocan de diversas maneras en los verbos. Pues se abrevian cuando al crecer producen un disílabo, como: adit, obit, init, subit. Son indiferentes cuando forman un trisílabo, como: adicit, obicit, inicit, subicit. Sin embargo, se alargan cuando producen tetrasílabos a partir de sí mismas, como: adicio, obicio, inicio, subicio. Asimismo, se alargan las que se escriben con prae y per en las primeras sílabas, como: praemium, praescivit, quaerens, quaesivit. En cambio, se abrevian pretium, precor, premo, prehendo, y queror, esto es, depongo la queja, y las que pueden formarse a partir de estas por derivación o composición, como: adprecor, preces, comprimo, apprehensus, conqueror, querela, y la conjunción que. Asimismo, se abrevian a partir de las mismas preposiciones en la composición, como: dehinc, profectus, profusus, professus, profatus, proavus, pronepos, etc. Hay también algunos verbos que cambian sus primeras sílabas por razón de los tiempos, los cuales, recogidos más abajo, se alargan en todo pretérito perfecto, o en todo pretérito pluscuamperfecto, o en un solo futuro del modo subjuntivo. En los demás modos y tiempos, sin embargo, se abrevian, como son estos de la primera conjugación: lavo, lavi, laveram, lavissem, laverim, cum lavero. Juvo, juvi, juveram, juvissem, juverim, cum juvero. Y estos de la segunda: Sedeo, sedi, sederam, sedissem, sederim, cum sedero. Faveo, favi, faveram, faverissem, cum faverim, favero. Moveo, movi, moveram, moverissem, moverim, cum movero. Foveo, fovi, foveram, fovissem, foverim, cum fovero. Voveo, vovi, voveram, vovissem, cum voverim, vovero. Paveo, pavi, paveram, pavissem, paverim, cum pavero. Caveo, cavi, caveram, cavissem, cum caverim, cavero. Video, vidi, videram, vidissem, cum viderim, videro. Neo, nevi, neveram, nevissem, cum neverim, nevero. Fleo, flevi, fleveram, flevissem, cum fleverim, flevero. Cieo, civi, o cii, civeram, civissem, cum civerim, civero. Los verbos de la tercera conjugación, en cambio, que siguen la misma regla, son estos: fugio, fugi, fugeram, fugissem, cum fugerim, fugero. Cudo, cudi, cuderam, cudissem, cum cuderim, cudero. Capio, cepi, ceperam, cepissem, cum ceperim, cepero. Lego, legi, legeram, legissem, cum legerim, legero. Facio, feci, feceram, fecissem, cum fecerim, fecero. Jacio, jeci, jeceram, jecissem, cum jecerim, jecero. Lino, levi, leveram, levissem, cum leverim, levero. Emo, emi, emeram, emissem, cum emerim, emero. Sero, sevi, severam, sevissem, cum severim, severo. De los cuales, aquellos que en el tiempo presente y en otros tiempos muestran por su posición que tienen la primera sílaba larga, pero que tienen la vocal breve por naturaleza, se someten a esta regla. Rumpo, rupi, ruperam, rupissem, cum ruperim, rupero. Cerno, crevi, creveram, crevissem, cum creverim, crevero. Sperno, sprevi, spreveram, sprevissem, cum spreverim, sprevero. Fundo, fudi, fuderam, fudissem, cum fuderim, fudero. Vinco, vici, viceram, vicissem, cum vicerim, vicero. Tero, trivi, triveram, trivissem, cum triverim, trivero. Frango, fregi, fregeram, fregissem, cum fregerim, fregero. Fodio, fodi, foderam, fodissem, cum foderim, fodero. Odio, odi, oderam, odissem, cum oderim, odero. De la cuarta conjugación, como: venio, veni, veneram, venissem, cum venerim, venero. Eo, ivi, o ii, ieram, iissem, cum ierim, iero. Queo, quivi, quiveram, quivissem, cum quiverim, quivero. Asimismo, se encuentran casos contrarios que en el tiempo presente son largas y en el pretérito se abrevian, como son estos: pono, posui; cogo, coegi; do, dedi; sto, steti: y los compuestos de este: praesto, asto, persto, resto. Asimismo, todos los verbos que aumentan antes en los pretéritos, se abrevian en las primeras sílabas, como son estos: pendeo, pependi; mordeo, momordi; spondeo, spopondi; tondeo, totondi, de la segunda conjugación. Del tercer orden también son estos: posco, poposci; curro, cucurri; disco, didici; cano, cecini; tango, tetigi; tendo, tetendi; pendo, pependi; pello, pepuli; tundo, tutudi; pungo, pupugi o punxi; parco, peperci; pedo, pepedi; fallo, fefelli; cado, cecidi; tollo, tetuli; pario, peperi; pango, pepigi, etc. Asimismo, en los verbos que se escriben con las mismas letras, debe notarse que liber, si significa libro o corteza, tiene li breve; si significa libre, larga. Pila, si significa vaso, tiene pi larga; si esfera, breve. Securus, se larga; securis, breve; domus, do breve; doma, esto es, techo, larga. Plaga, cuando significa clima, pla es breve; cuando castigo, larga. Palus, paludis, pa breve; palus, pali, larga. Populus, cuando significa pueblo, po es breve; cuando árbol, larga. Nitens, de nitore, ni es breve; de nisu, larga. Asimismo, educo, educis, du larga; educo, educas, esto es, nutro, breve. Concido, decido, incido, occido, si pertenecen a caída, tienen ci breve; si a corte, larga. Colo, colis, co breve; colo, colas, larga. Placeo, places, pla breve; placo, placas, larga. Pareo, pares, esto es, aparezco u obedezco, pa larga; paro, paras, esto es, preparo, y pario, paris, breve. Parentes, cuando significa los que aparecen, pa larga; cuando progenitores, breve, al igual que parientes. Incipio, incipi, inciperam, incipissem, cum inciperim, incipero. Satago, sategi, sategeram, sategerissem, cum sategerim, sategero, y su simple, como ago, egi, egeram, egissem, cum egerim, egero. Sino, sivi, siveram, sivissem, cum siverim, sivero. Dico, dicis, di larga: así también los compuestos de este se alargan, como: condico, praedico, contradico, interdico. Dicas de dico, di breve, de igual modo los compuestos de este se abrevian, como praedico, de donde praedicator; dedico, abdico. Idem, si es de género neutro, se abrevia; si masculino, se alarga en ambos números. Levitas, si designa inestabilidad de mente o pequeñez de peso, le es breve; si suavidad de tacto, de donde se dice que las maderas en un edificio están levigatas, es larga. Lego, legis, le breve; lego, legas, larga. Citum de cio, cis, de la cuarta conjugación, penúltima larga; de cieo, civi, de la segunda conjugación, penúltima breve. Ico tiene la penúltima breve en el presente, pero la alarga en el pretérito perfecto, como ici, de donde ictus. Ne, en cambio, como adverbio de prohibición o negación, es larga; cuando se coloca para interrogación o increpación, se abrevia. Labor, cuando es nombre, se abrevia; cuando es verbo deponente, se alarga, como: Labitur invalidae deformis gloria formae. Liquor, si es nombre, se abrevia; si es verbo, se alarga, como Virgilio en las Geórgicas: Liquitur, et Zephyro putris se gleba resolvit.
5.1
Sobre las sílabas medias.
5.1
Reconocemos las sílabas medias de tres maneras: por posición, por diptongos y por acento; pero sobre la posición y los diptongos ya hemos tratado suficientemente, según creo, más arriba; tratemos ahora sobre los acentos. El acento, en efecto, es, como algunos han pensado acertadamente, el vigor y el alma de la voz. Pues así como no hay voz sin vocal, tampoco la hay sin acento. Y el acento se llama así como si fuera un "ad-canto", porque está junto al canto, del mismo modo que el adverbio se llama así porque está junto al verbo. Este, sin embargo, se llama en griego prosodia, de donde los latinos le dieron su nombre; pues πρὸς en griego es "ad" en latín, y ὠδὴ en griego es "canto" en latín. Estos acentos de la voz son dos, necesarios para lo que tratamos: el correpto (breve) y el producto (largo); porque muestran a los métricos la cantidad de tiempo que deben tener en cada sílaba. Los demás sirven más bien a la pronunciación, o a la escritura, o a la grafía. El acento correpto está en aquellas sílabas que pronunciamos sin ninguna demora de la voz, como: macula, tabula. El producto está en aquellas que expresamos con alguna demora de la voz, como: majestas, libertas, porque cada sílaba larga ocupa el doble de tiempo que una breve. Sin embargo, los acentos de pronunciación demuestran las sílabas medias de tal manera que, en las palabras trisílabas, si la penúltima es correpta, y no es larga ni por naturaleza ni por posición, el acento se traslada a la antepenúltima y la penúltima se pronuncia más rápidamente, como: maenia, vincula. Si, por el contrario, la penúltima es larga, ya sea por naturaleza o por posición, ella misma mantendrá el acento, ya sea circunflejo o agudo, como: natura, potestas. Debe saberse, no obstante, que las sílabas que en los verbos se pronuncian con i breve, cuando llegan al medio y cambian la r por e, como: legis, lege, legere, se abrevian en todas partes, excepto cuando son seguidas por tres consonantes: b, m y t, como: legebam, legemus, legetur. Por lo demás, es necesario que investiguemos aquellas dicciones que son polisílabas mediante ejemplos, posición y figuras, así como mediante acentos; de modo que si preguntamos de qué sílabas consta truculentissimorum, aprendemos por el ejemplo que la primera y la segunda son breves, como: Domini truculentos persequor hostes; la tercera y la cuarta son largas por posición, y la quinta la hemos aprendido breve por el acento; porque cuando decimos truculentissimus, probamos que la penúltima es breve: la sexta, al pronunciarla con acento circunflejo, demostramos que es larga. Asimismo, si preguntamos de qué sílabas consta cornigerorum, encontramos que la primera es larga por posición, la segunda breve por el acento, como en corniger, con la penúltima correpta; la tercera la descubrimos breve por la composición de la figura, porque corniger es un nombre apelativo de figura, compuesto del nombre cornu y el verbo gero. En gero también, la sílaba ge es breve, y de igual modo se abrevia en la composición. Mostramos que la cuarta es larga por el acento; la cualidad de las últimas, en cambio, la mostraremos a través de las distintas partes de la oración en la exposición que sigue.
5.2
Reconocemos las sílabas medias de seis maneras: por diptongos, por posición de consonantes, por composición de partes, por regla, por ejemplos de autores y por acento. Pero ya hemos disertado sobre los diptongos y la posición de las letras cuando tratábamos de la sílaba; ahora hablaremos de lo demás. Por tanto, las sílabas medias se distinguen por la composición de las partes, porque casi todas las partes compuestas tienen sílabas de la misma potencia en la composición que las que tuvieron siendo simples, excepto cuando, o bien han sido abreviadas desde su estado anterior y, al suprimirse las vocales, se produce una aglutinación de consonantes, como parricida, a partir del nombre parente y el verbo caedere, y quadrigae por quadrijugae, bini por bis uni, deni por decies uni; o bien cuando concurren entre sí dos consonantes en la composición, es decir, la final de la palabra anterior y la inicial de la siguiente, y en este caso producen la sílaba breve del miembro anterior por posición, como paterfamilias, ejusmodi, satisfactio, uterque, lo cual sucede más a menudo con las preposiciones que terminan en consonante y son breves por naturaleza, como inter, subter, super, pero se producen por posición, como interfector, superstes, subterfugit. Pues, de otro modo, casi siempre observan el derecho mencionado arriba, como benevolus, malevolus, que, puesto que siendo simples eran breves en todas sus sílabas, lo son igualmente en la composición. Pues cualesquiera que estén compuestas a partir del verbo gero, o fero, o teneo, o possum, o facio, o gigno, todas se abrevian en sus sílabas medias, porque los verbos mismos mencionados arriba, en su figura simple, abrevian su primera parte, como corniger cornigeri, aliger aligeri, armiger armigeri, lauriger laurigeri, congero, degero, congerans, degerans. Asimismo astrifer astriferi, stellifer stelliferi, somnifer somniferi, vocifero, vociferans, auferens de aufero, confero conferens. Asimismo omnipotens, armipotens, almipotens, omnitenens, arcitenens, y contineo continens, detineo detinens. Asimismo pacificus, pacifico, pacificans; magnificus, magnifico, magnificans; mirifico, mirifice, mirificans; glorifico, glorifice, glorificans, y similares a estos. Asimismo, verbigena, terrigena, nubigena, trojugena, unigenitus, primogenitus. Y debe saberse que todas estas que tienen una i final en el miembro anterior, la abrevian. La regla de los autores también es tan copiosa en su relato, y está distinguida por tan múltiples variedades, y apoyada por testimonios tan idóneos, que apenas alguien podría encomendarla toda a la memoria o exponerla en un discurso breve. Pero como no es oportuno que nosotros guardemos silencio sobre esto, aunque no podamos exponerlo todo en este breve opúsculo nuestro, cuidemos al menos de tocar con nuestro estilo los lugares más insignes. Por tanto, Prisciano, al escribir sobre la razón del nombre, donde disputó sobre los denominativos, investigó sagazmente las penúltimas o antepenúltimas sílabas de cada terminación. Cuya autoridad hemos seguido nosotros también en este lugar; de tal modo, sin embargo, que lo que él compuso por separado sobre otras especies, nosotros lo insertemos mezclado por la brevedad de la obra y según la conveniencia de la terminación. Por tanto, en los denominativos que terminan en a, si tienen una i antes de la a, la abrevian siempre, como sapientia, acrimonia, y también los nombres de la segunda declinación que terminan en cus, a menos que sean nombres de regiones que se derivan de estos, abrevian la antepenúltima i al igual que la penúltima, como de amicus, amici, amicitia, inimicus, inimicitia, pudicus, pudicitia; así también otros nombres de la misma declinación disílabos, como laetus laeti, laetitia; durus duri, duritia; moestus moesti, moestitia; stultus stulti, stultitia. Similarmente también aquellos que en la tercera declinación tienen el genitivo igual al nominativo; pues los denominativos de estos se derivan del dativo, al igual que los anteriores del genitivo, como segnis segni, segnitia; tristis tristi, tristitia. Pero cuando precede una consonante en los denominativos o verbales que terminan en a, tienen tres formas: la, na, ra; la es larga cuando precede una e; cautus, cauti, cautela; tutus, tuti, tutela; custos, custodi, custodela; mandatum, mandati, mandatela; cliens, clienti, clientela. Y nota que todos los que convierten la vocal extrema del genitivo, si son de la segunda, o del dativo, si son de la tercera, en una e larga, asumen la, pero los que se hacen a partir de verbos de la segunda conjugación, eliminan la s de la segunda persona y asumen la: candeo candes, candela; suadeo suades, suadela. Los que terminan en na, en cambio, tienen la penúltima larga de todo modo, ya sea por naturaleza o por posición: officium, officina; medicus, medicina; rex regis, regina; leo leaena; doctrix, doctrina; piscis, piscina; cocus, cocina y culina; cantus, cantilena; far, farina; lux lucis, lucina; luceo, lucerna; lateo, laterna. Fiscina abrevia la penúltima, al igual que fuscina, mutina, pagina; y esto es porque no son derivativos, sino primitivos: así también sagana; pues sagana y saga significan lo mismo. Los que terminan en ra, en cambio, todos tienen una forma similar a los participios femeninos del tiempo futuro, de donde la penúltima u sin duda se produce, scriptura, censura, pictura, tonsura, usura, litura, natura, armatura. Y debe notarse que todas las formas mencionadas arriba, es decir, las que terminan en a, son propiamente de género femenino. Sin embargo, se encuentran pocos verbales de género masculino, o comunes, como hic scriba de scribo, i larga; de lego, le, collega; fugio, hic et haec perfuga; assequor, assecula; advenio advena; convenio, convena, con la penúltima abreviada en estos; en conviva, larga. Pues propheta, poeta, proreta son primitivos y producen la penúltima e. En los patronímicos de género femenino que terminan en ne, que son iadis, tienen la penúltima i larga, si el principal no hubiera tenido la misma vocal i, como Adrestos, adrestine; Nereus, nerine: si, en cambio, el principal hubiera tenido i, se encuentra una o producida antes de ne, como acrisios, acrisione. Los derivativos que terminan en e son neutros, como sedile, civile, monile, cubile, que tienen la penúltima larga; y porque la mayoría nacen de comunes de género neutro, que terminan en ilis en masculino y femenino, de sus reglas se conocen las penúltimas de estos. En o se encuentran pocos masculinos o comunes, como de cicere Cicero, de capite Capito, de labe, labeo, de latendo latro; de leniendo, en cambio, leno es larga por naturaleza, de catus Cato, de comedendo comedo, de epulando epulo, con la penúltima naturalmente breve; de palpando palpo es larga por posición; pues los femeninos son muchísimos, derivativos que terminan a veces en io, a veces en go, a veces en do; por tanto, los que terminan en io se hacen mayormente a partir de participios del tiempo pasado, cuyo genitivo, asumida la o y abreviada la i, hace nombres de este tipo; oratus, orati, oratio; accusatus, accusati, accusatio; status, stati, statio; datus, dati, datio; nexus, nexi, nexio; abolitus, aboliti, abolitio; lectus, lecti, lectio; munitus, muniti, munitio. Internectus, en cambio, internecti, hizo internecio por causa de eufonía, eliminada la t. También todos los diminutivos que tienen i antes de o, la abrevian, como dije, homuncio. Los que terminan en go, en cambio, ya sean derivativos, o primitivos o compuestos, tienen la penúltima larga por naturaleza o por posición: virago, compago, Carthago, sartago; caligo, uligo, rubigo, ferrugo, aerugo, virgo, margo; se exceptúa uno, ligo, cuya penúltima se abrevia; y no es de extrañar, siendo masculino y el único disílabo que tiene vocal antes de go. Los derivativos que terminan en do vienen tanto de nombres como de verbos o participios: estos también tienen a veces e larga o i, a veces tu antes de do: como acris, acredo; dulcis, dulcedo; intercapio, intercapedo; torpeo, torpedo; libet, libido; cupio, cupido; formido, formidas, formidinis, que hizo tal nombre verbal a partir del verbo primitivo porque la posición misma del verbo tenía tal forma. También en tudo, fortitudo, magnitudo, habitudo, amplitudo, firmitudo, celsitudo, suavitudo, con la antepenúltima i abreviada en todas partes; testa o testu, testudo, que es corporal. Asimismo todos los que terminan en do, aunque no sean derivativos, teniendo la penúltima u, la producen, por naturaleza o por posición, como hirundo, arundo, hirudo. En los denominativos que terminan en al, si sus primitivos tuvieron la penúltima larga por naturaleza o por posición, ellos también tienen la penúltima larga; cervix, cervicis, cervical; tribunus, tribunal; vectus, vectigal; lupercus, lupercal; si la tuvieron breve, ellos también la tienen abreviada: torus, toral; animus y anima, animal. Los derivativos que terminan en um, o también los compuestos, tienen diversas formas: algunos tienen la vocal e larga o i abreviada antes de um; e, como olivetum, coriletum, rosetum, dumetum, quercetum y scutetum, myrtetum; iu, como augurium, solarium, ponarium, solatium, suavium, basium, odium, remedium, concubium, palladium, officium, connubium, convivium, exsilium, consilium, judicium, meritorium, municipium, praesidium, domicilium. Los derivativos que tienen consonantes antes de um también tienen diversas formas; algunos terminan en bulum, cuya forma es similar a los diminutivos, y vienen de nombres o de verbos, como: cuna, cunabulum; vesta, o vestis, vestibulum; thus, thuris, thuribulum; voco, vocas, vocabulum; concilias, conciliabulum; stas, stabulum; pasco, pabulum; prosto, prostibulum; patior o patio, patibulum. Y debe atenderse que la penúltima se abrevia en todos, pero la antepenúltima, si tiene i, se abrevia, como vestibulum, patibulum. Si, en cambio, es a, se produce, como cunabulum, pabulum; se exceptúa stabulum, que abrevia la a; y no es de extrañar, cuando el verbo mismo stabulo, stabulas, abrevia la misma sílaba; y stabilis, y status, y cualesquiera que se hayan derivado del verbo sto, stas, excepto un solo verbo supino statum y el nombre stamen, y statura, que es tanto nombre como participio: staturus también y staturum se producen, aunque status, stata, statum se abrevien. Se encuentran también algunos que terminan en culum, que se derivan de la segunda persona, como devertis, deverticulum; verris, verriculum; vehis, vehiculum; perior periris, de donde peritus y compuesto de él imperitus, periculum; oras, oraculum; propugnas, propugnaculum; obstas, obstaculum; miraris, miraculum; perpendis, perpendiculum; specio, specis, speculum por speciculum por síncopa; fero, fers, ferculum. Y debe saberse que todos abrevian la penúltima u: similarmente también los diminutivos que terminan en culus, cula, culum, y ulus, ula, ulum, como igniculus, tantulus, regulus, navicula, tantula, corpusculum, capitulum, de los cuales cualesquiera que tengan i antes de la antepenúltima, la abrevian, como dulciculus, dulcicula, dulciculum, monticula, fidicula, corniculum, versiculus, anicula, geniculum. Se exceptúa cuticula, que produce la i en la antepenúltima. Juvenal: Conbibet aestivum contracta cuticula solem, y apicula. Los que, en cambio, tienen e antes de cula la producen, como vulpecula, nubecula, diecula. Otros de los verbales terminan en mentum, como: vestio, vestis, vestimentum; hortor, hortaris, hortamentum; orno, ornas, ornamentum; sacro, sacras, sacramentum; fundo, fundas, fundamentum; moneo, monitus, monimentum; alui, alitus, alimentum; munivi, munitus, munimentum. Y debe saberse que tienen la antepenúltima producida, o abreviada, según sean las penúltimas sílabas del tiempo pasado de aquellos verbos de los cuales se derivan. También se encuentran derivados en monium, con la i abreviada antes de mo o después, como: patrimonium, matrimonium, testimonium. En los derivativos que terminan en en, precediendo m, casi todos son verbales y neutros; y si son de la primera conjugación, tienen la penúltima a larga, como: solor, solaris, solamen; foro, foras, foramen; curvas, curvamen; oblectas, oblectamen; purgo, purgas, purgamen; irrito, irritas, irritamen; ligas, ligamen. Si son de la segunda o tercera, tienen la i abreviada, como: moneo, mones, monimen; rego, regis, regimen; tego, tegis, tegimen, y por concisión tegmen, de specis o specie specimen; o la a producida, si el verbo termina en uo; acuo, acumen; fluo, flumen; nuo, numen; pues numen es el asentimiento de Dios; de donde Virgilio: Meo sine numine venti. es decir, sin mi asentimiento; luo, lumen, por el cual todas las cosas se lavan, es decir, se purgan de las tinieblas. Los que vienen de verbos u de la cuarta tienen la i producida; munio, munimen; lenio, lenimen; molior, molimen. Se encuentran pocos derivativos en en de género masculino: de pectendo pecten, de filo filamen, que por síncopa decimos flamen; y los compuestos masculinos de canendo tienen la penúltima i abreviada: tubicen, cornicen, fidicen; se exceptúa uno, tibicen, que tuvo la penúltima i producida solo porque se hizo una sinéresis de dos ii breves en una larga. En los derivativos que terminan en ar, si tienen una consonante antes de ar, la penúltima sílaba se produce, como: caesus, caesar; lacus, lacunar; lupa, lupanar: si una vocal, se abrevia, como: laqueus, laquear. En er, la mayoría de los derivativos de nombres tienen s y t antes de r, como: equester, pedester, al igual que los diminutivos, como antester, parisitaster, antoniaster, catulaster. La mayoría de los verbales de verbos conservan la consonante abreviada, como: rubeo, ruber; pigro, piger; macero, macer. En or y en ur encuentro que se hacen de verbos por eliminación de o, como coloro, color; laboro, labor; honoro, honor; decoro, decor; adoro, ador; murmuro, murmur; auguro, augur; saturo, satur; cuyo femenino es satura, y neutro saturum. Otros asumen r al verbo, como: amo, amor; furo, furor. Otros cambian us por or de los participios, y conservan sus acentos, como senatus, senator; monitus, monitor. Y debe saberse que todos los comparativos que terminan en or tienen siempre la penúltima i abreviada, como: senior, doctior, fidelior, de género masculino y femenino, así también sus neutros, como doctius, fidelius. En los denominativos que terminan en as, si tienen la penúltima i o e, las abrevian, como probus, probi, probitas; bonus, boni, bonitas; timidus, timidi, timiditas; pius, pii, pietas; socius, socii, societas; capax, capaci, capacitas; felix, felici, felicitas; celer, celeri, celeritas; auctor, auctoritas: algunos, en efecto, producen la e, como pauper, paupertas; uber, ubertas; major, majestas. Hay, además, algunos comunes de estos, como primas, optimas, con la última circunfleja. Los denominativos y verbales que terminan en es la tienen abreviada, como eques, equitis; struo, strues; sepio, sepes. He encontrado verbales en es producida, como luxurio, luxuries; illuvio, illuvies. Se encuentran también patronímicos de esta forma, como Anchisiades. Sobre esta forma, pues, que usan los nuestros, debe hablarse más diligentemente, pues si el nominativo griego termina en ας, pero el genitivo en ου diptongo, se encuentra una penúltima breve antes de des en el patronímico, como Pelias, Peliades; Aeneas, Aeneades; Menoetius, Menoetiades; Lerchios, Lerchiades. Pues Virgilio, en el libro IX, puso Aeneides más contra la regla por autoridad poética, convirtiendo la e y la a abreviadas en una i producida: Sit satis, Aeneide, telis impune Numanum Oppetiisse tuis..... Hippotes, hippotades; butes, butades; Corinetes, Corinetides, con la penúltima i breve. Se exceptúan, sin embargo, estos, que contra la regla producen las vocales penúltimas, aeolides, demades, codrides, licoorgides, lagides, belides, everides, licomedides: estos tienen entre los griegos, contra la regla, un diptongo en la penúltima, por el cual nosotros ponemos una i larga. Los denominativos o verbales en is tienen muchas y diversas formas: algunos terminan en alis, otros en elis, otros en ilis, ulis, como curialis, fidelis, docilis, virilis, curulis; otros, en cambio, en ris, con la a larga precedente, como Apollinaris, scholaris; otros en ensis, como Atheniensis; otros tienen dos consonantes antes de is, como agrestis, muliebris, Samnis, insignis. Por tanto, los que terminan en alis o ale, si son de nombres de la primera declinación, asumen lis o le en el nominativo de los primitivos, y producen la penúltima a, como curia, curialis; memoria, memorialis; mensa, mensale; via, vialis: si son de la segunda, la i extrema del genitivo; si de la tercera, cambian is por a larga, y asumen lis, como Martius, Martii, martialis; fluvius, fluvii, fluvialis; liber, liberi, liberalis; theatrum, theatri, theatralis; caput, capitis, capitalis; virgo, virginis, virginalis; cardinis, cardinalis; hospitis, hospitalis; navis, navalis; dotis, dotalis; floris, floralis; corporis, corporalis; caelibis, caelibalis; juvenis, juvenalis, o juvenilis; princeps, principis, principalis; vox, vocis, vocalis: si se derivan de nombres de la cuarta declinación, eliminada la s; si de la quinta, es del nominativo, y asumen alis, como manus, manualis; census, censualis; species, specialis. También se encuentran verbales de la primera conjugación en alis, como penetro, penetralis. En elis encuentro pocos denominativos: fidus, fidi, fidelis; crudus, crudi, crudelis; patruus, patrui, patruelis; frater, fratris, fratruelis. Y nota que todos los que cambian la sílaba extrema del genitivo en e producida asumieron lis: frater, en cambio, fratris, convertida la is en u, asumió elis. Todos los que terminan en ilis que se derivan de nombres, y también los neutros en ile, tienen la i larga, como aedis, aedilis; senex, senilis; anus, anilis; puer, puerilis; vir, virilis; scurra, scurrilis; civis, civilis; servus, servilis; quintus, quintilis; sextus, sextilis; gens, gentilis; hostis, hostilis; subtel, subtilis: se exceptúa par, parilis. Exilis también agrem..... hecho, conservará la regla de los denominativos. Pues los verbales o participiales que terminan en ilis abrevian la misma penúltima i: fero, fertilis; utor, utilis; futtuo, futtilis; volo, volatilis; textus, textilis; altus o alitus, altilis; fictus, fictilis. Así también todos los que terminan en bilis abrevian la penúltima i, y si son de verbos de la primera conjugación, tienen la antepenúltima a larga, como amo, amas, amabilis; penetro, penetras, penetrabilis; paro, paras, parabilis; miror, miraris, mirabilis; excepto stabilis. Lucano en el libro V: Quam non e stabili tremulo sed culmine cuncta Despiceret. Los que, en cambio, nacen de verbos de la segunda o tercera, o cuarta conjugación, si tienen i en la antepenúltima, también la abrevian: doceo, docibilis; credo, credibilis; utor, utilis, utibilis; sensio, sensi, sensibilis; audio, audibilis. Debe saberse, sin embargo, que algunos se derivan del presente, algunos del pasado, algunos del futuro; del presente, como doceo, docibilis; del pasado, como plausi, plausibilis; del futuro, como flebo, flebilis, de donde tuvo la e producida antes de b. Los que terminan en aris se derivan de nombres, convertida la parte última del genitivo en a larga, y asumen ris, como populus, populi, popularis; singulus, singuli, singularis; Apollo, Apollinis, Apollinaris; schola, scholae, scholaris; peculium, peculii, peculiaris; mola molae, molaris; velum, veli, velare, neutro. Los que terminan en ensis, si son de nombres de la primera o segunda declinación, cambian la parte extrema del nominativo singular o plural en en, y asumen sis, como: circus, circensis; Sardinia, Sardiniensis; castrum, castrensis; Athenae, Atheniensis, que tuvo i por causa de eufonía. Si, en cambio, son de la tercera declinación, eliminan la s extrema del genitivo, y asumen ensis, como pistoris, pistoriensis; Carthaginis, Carthaginensis. Los que, en cambio, tienen dos consonantes antes de is, o se hacen a partir del nominativo de los primitivos, eliminada su letra extrema, y asumida bris, como salus, salubris; mulier, muliebris; o a partir del genitivo, cambiada su parte extrema en e, y asumida stis o stris, como ager, agri, agrestis; terra, terrae, terrestris. También los que terminan en tis tienen la penúltima larga, ya sea por naturaleza o por posición, como Samnitis por Samnis, al igual que tiburtis por tiburs, y ceretis o ceritis por Ceres, que tanto abrevia como produce la penúltima. Por tanto, los que terminan en us tienen diversas formas y variados sentidos, porque en esta terminación se encuentran posesivos, superlativos, diminutivos, derivativos, denominativos también y verbales, cuyas especies debemos exponer una por una. Pues llamamos posesivos no solo a los que significan posesión, sino también a los que tienen forma de posesivos. Pues hay algunos gentilicios que tienen una forma similar a los posesivos, como Romanus civis o ager; algunos, en cambio, propios y gentilicios, y posesivos, como Latirus filius Fauni, y Latinus civis, o ager. Otros, sin embargo, son solo propios, como: Quintilianus, Julianus; otros puestos en lugar de patronímicos, como Octavianus Caesar, Aemilianus Scipio; otros son agnombres, como Africanus, Persicus; otros derivados de materia, como ferreus, hecho de hierro, aureus, argenteus, marmoreus; otros de enfermedades, como cardiacus; otros de profesiones, como mechanicus, grammaticus; otros de disciplinas, como Aristotelicus, rhetoricus; otros similares a los primitivos, como Thracius por Thrax. Son, pues, las formas de los posesivos que recibimos de los griegos, estas: en cos, que cambiamos en cus, precediendo a breve o i o y, como Hebraicus, Cypriacus, Italicus, grammaticus, rhetoricus, Libycus, que es el único que tiene y antes de cus. También los posesivos terminan en us pura, tanto griegos como latinos, precediendo e abreviada y producida, o i abreviada, o o producida, o diptongo ae o ae, e breve, como Hectoreus, Agenoreus, Caesareus, Romuleus, aureus, argenteus, ferreus, ligneus, marmoreus, y casi todos los que pertenecen a la materia tienen la e breve antes de us. Se encuentran, sin embargo, pocos sin e, como quernus, colurnus, abiegnus; e, en cambio, larga, spondeus, phebeus, y cuando se pone por diptongo, como Achilleus por Achilleios, Alpheus por Alpheios, Pythagoreus por Pythagoreios, que sin embargo Virgilio abrevia en el nombre Tiphoeus en I: Nate patris summi, qui tela Tiphoea temnis; pero se dice tiphoeus y tiphos o tiphon. También los extranjeros tienen mayormente la e producida antes de us, Pharisaeus, Matthaeus, Judaeus, i, en cambio, breve, como martius, hereditarius; los romanos producen solo la i larga en pocos nombres según los griegos, como phtius dius, phtia dia, conius cius, argius, langius, lycius, Sperchius. Se encuentran, sin embargo, que la u, funcionando como digamma, produce la penúltima i, como argivus, nominativus, genitivus, imperativus, optativus y similares a estos; o producida, como herous, eous; diptongo ae, como Sabaeus, Cretaeus, Ptolomaeus, Timaeus; ae como cubaea. En los que terminan en nus, si tienen la penúltima a o e, se producen, como Romanus, Hispanus, fontanus, montanus; Dardanus también es propio y primitivo, y por eso tiene la a abreviada; terrenus, egenus, alienus, amenus: la i antes de nus a veces se produce, como camerinus, reginus, masculinus, vicinus, femininus, follinus, marinus, taurinus, porcinus; a veces, en cambio, se abrevia, es decir, en aquellos que se derivan de árboles, como oleaginus, faginus; y en aquellos que nacen de adverbios temporales, como cras, crastinus; horno, hornoctinus; diu, diutinus; también la u larga antes de nus, como tribunus; otros tienen posición y se derivan, como de heri, hesternus, de aetate aeternus, de die diurnus, de semper sempiternus. Los superlativos terminan en mus, y todos tienen la penúltima i breve, como infimus, optimus, doctissimus, humillimus, minimus, celeberrimus, maximus; exceptuando pocos que tienen la larga antes de mus y se derivan de adverbio o preposición, como de extra extremus, de supra supremus, de post posterior, postremus. Los diminutivos también tienen muchas formas y en tres géneros, como culus cula culum, ulus ula ulum, olus ola olum, con la penúltima siempre breve, como igniculus, anicula, corpusculum, tantulus, silvula, capitulum, sergiolus, unciola, lauriolum, y también homuncio, y aculeus, son breves en la penúltima; los demás, en cambio, o se producen solo por posición, como agellus, capella, novellum, pugillus, anguilla, o por naturaleza a la vez que por posición, como pauxillus pauxilla pauxillum, ullus ulla ullum. Sobre las antepenúltimas también de estos baste para esta brevedad lo que dijimos arriba. Por tanto, en la terminación de los denominativos y verbales se encuentran diversas formas, divididas en ius, en uus, en bus, en cus, en quus, en dus, en lus, en rus, en sus, en tus, en stus. Los que terminan en ius, como nuntius, Virgilius, Silvius, saucius, scius, nescius, Fabricius, todos abrevian la penúltima i; y si tienen i en la antepenúltima, también la abrevian, como tribunitius, advectitius, patricius. Si, en cambio, es a, la producen, como gallinacius, membranacius. Los que terminan en uus divididas abrevian la penúltima u, como annuus, patruus, ambiguus, vacuus, menstruus. En quus: obliquus, con la penúltima larga por naturaleza, y longinquus, por posición. En cus o bus, como parcus, superbus. Los que terminan en dus, o abrevian las penúltimas, como herbidus, turbidus, uvidus, rabidus, timidus, aridus, squalidus, frigidus; o producen por posición, como errabundus, moribundus, amandus. Los que terminan en lus, similarmente abrevian la penúltima, como credulus, pendulus, bibulus. En rus, en cambio, se encuentran pocos denominativos o verbales que producen la penúltima: honor, honorus; odor, odorus; decor, decorus; canor, canorus. Los que terminan en sus, si tienen la penúltima o, la producen, como curiosus, herbosus, spumosus, saxosus, scelerosus, odiosus. También los verbales que terminan en tus, si tienen i antes de tus, la abrevian, como sonitus, habitus; si, en cambio, son denominativos, debe saberse que si se derivan de nombres de la primera declinación, tienen la penúltima a producida, como: barbatus, stellatus, trabeatus, purpuratus; si de la segunda o tercera, en algunos a, en otros i producida, como pallium, palliatus; annulum, annulatus; gratus, avitus, maritus, cerritus, de grates, avo, mare, cerere. Los derivados de nombres de la cuarta declinación tienen la u producida antes de tus, cornutus, verutus, astutus, versutus; se exceptúa de manu manuleatus, que tiene la penúltima a larga. Pues los que terminan en stus, o xus, o ptus, o ctus, todos producen la penúltima por posición, como honestus, moestus, robustus, laxus, flexus, fluxus, acceptus, aptus, sanctus, amictus.
6.1
Sobre el nominativo singular.
6.1
El nominativo singular se distingue clarísimamente mediante esta regla a través de cada una de las terminaciones, según sea. Los nombres que terminan en a abreviada son griegos o latinos, masculinos o femeninos o neutros, como: hic poeta, scriba; haec musa, Roma; hoc toreuma, emblema; hic et haec auriga. Los que terminan en e abreviada son latinos neutros, como: hoc monile, mare. Los que terminan en e producida son griegos y femeninos, como haec Euterpe, Libye, schole, Andromache. Los que terminan en i producida se encuentran latinos o griegos y son neutros, o de todo género, e indeclinables, como hoc gummi, sinapi, hic et haec et hoc frugi, nihili, mancipi, hujusmodi, illiusmodi, ejusmodi, istiusmodi, y cordi, nauci también, que significa la cáscara de la nuez, y se toma por nada. Los que terminan en o abreviada, que sin embargo los poetas producen frecuentemente, son latinos o bastardos, masculinos o femeninos o comunes; hic Cicero, leo, haec virgo, Carthago, hic et haec homo, nemo neminis, que es un compuesto de non y homo. Por tanto, los que de estos retienen la o en los oblicuos, la tienen producida, como Cicero Ciceronis; los que, en cambio, la cambian por i, se pronuncian con la penúltima abreviada, como virgo virginis. Los que terminan en o producida son griegos femeninos, como Manto, Dido, Sapho, Erato; estos o se declinan en griego, como Manto Mantus, que es el genitivo. Virgilio en el libro X: Vatidicae Mantus et Tusci filius amnis; o hacen el genitivo añadiendo nis según los latinos, con la o producida, sin embargo, como Dido Didonis. Los que terminan en u son latinos de género neutro, como cornu, gelu, genu, o en los cuales, aunque a algunos escritores de artes les parezca que hay diferencia de tiempos (pues dicen que el nominativo, y el acusativo, y el vocativo se abrevian, pero los restantes se producen), se encuentran, sin embargo, en el uso que se producen igualmente en todos los casos estos nombres y no irracionalmente. Pues toda terminación en cualquier parte que termine en u se produce, como fluctu, Panthu, tu, diu. Ovidio en el libro VIII de las Metamorfosis: Dextroque a poplite laevum Pressa genu digitis inter se pectine junctis. He aquí que este acusativo es sin duda y se produce. También en Virgilio en el libro I: Nuda genu, nodoque sinus collecta fluentes. Pues como sinus collecta unió el acusativo con el nominativo, así también nuda genu. En c hay dos de género neutro, como halec, que es largo, como Marcial: Capparim et putrirepas halece natantes;
6.2
El halec es, por su parte, un género de pez; y lac, lactis, cuya declinación es dudosa. En- d hay dos neutros breves, como aliud y quid, y sus compuestos, como aliquid, siquid, nequid. En- al breve, tanto latinos como bárbaros, de género masculino o neutro, como hic Hannibal, hoc tribunal, cervical; pero los neutros alargan la a en los casos oblicuos. En- al largo, un monosílabo masculino, como hic sal, que, sin embargo, se abrevia en los casos oblicuos. En- el breve, neutros latinos, como hoc mel, fel. En- el largo, bárbaros, como hic Daniel, Michael, Gabriel. En- il breve, masculinos o comunes latinos, como hic pugil, hic et haec vigil, y nihil, indeclinable, que es un compuesto de non y hilum, el cual es sin duda un nombre, es decir, ullum. En- il largo, un único nombre etrusco femenino, como haec Tanaquil, es decir, la esposa de Tarquinio Prisco. En- ol, un masculino latino, como hic sol, que es largo. En- ul breve, masculinos o comunes latinos, como hic consul y hic et haec exsul. En- am breve, termina uno de todo género, indeclinable, como hic et haec et hoc nequam. En- um breve, latinos o griegos, que en griego terminan en- on, son neutros, como hoc templum, regnum, lignum, hoc pelium, hoc hostorium, que es la madera con la que se nivela el modio. Se encuentran, sin embargo, en los autores cómicos muchos nombres de mujeres de esta forma de neutros, a los cuales solían anteponer artículos de género femenino necesariamente por razón de la significación, como haec Dorcium, haec Glycerium, haec Sophronium: esto, no obstante, suele hacerse por adulación o por disminución de la edad. En- on, en- an, en- in, son griegos masculinos o femeninos, y todos se alargan, como hic Titan, Pean, Pan, hic delphin, haec trachin, hic Memnon, haec Sidon. Y debe saberse que todos los que terminan en- in también terminan en- is largo, como delphis, trachis, Eleusis. Los nombres que terminan en- on también conservan la regla del genitivo griego antes dicha, permaneciendo la penúltima larga o breve según los griegos, como Memnon Memnonos, Simon Simonos, Lacoon Lacoontos, es decir, Memnon Memnonis, Simon Simonis, breves; Lacoon Lacoontis, largo; y canon canonis. Los que terminan en- en breve son latinos de género masculino o neutro, como hic flamen, cornicen, fidicen, tubicen, tibicen, hoc numen, carmen. Los que terminan en- en largo son latinos de género masculino, como hic lien, rien, o ren renis, splen; y griegos, como hic Damen, nombre propio de un historiador; y Seben, nombre de un héroe aliado de Ulises, que habitó en Temesa, y haec siren, haec Trizen. En- ar breve, latinos, griegos y bárbaros de género masculino o neutro, como hic Caesar, hic bostar, hoc nectar, hoc calcar; pero los neutros, si son derivados, alargan la a en los casos oblicuos; de lupa, lupanar, lupanaris; de lacu, lacunar lacunaris; de laqueo, laquear laquearis; de calce, calcar calcaris. En- ar largo, latinos de género masculino, neutro o común, y son o monosílabos, o compuestos de monosílabos, como hic Nar, Naris, es decir, nombre de un río, que también conserva la a larga en los casos oblicuos; y hoc torcular, hoc pulvinar, hoc far farris, que se alarga por posición en los oblicuos; hic et haec et hoc par, dispar, impar, que abrevian la a en los oblicuos. Virgilio en la Bucólica: Numero Deus impare gaudet. Lucano en el libro VIII: Ergo pari voto et paribus se sustulit aris. Similarmente, lar laris. Plauto: Ego sum lar familiaris. Virgilio: Pergameumque larem, et canae penetralia Vestae. Debe notarse que en nar, si queremos significar la nariz, mejor proferiremos un nominativo similar al genitivo, como haec naris, hujus naris, como Ovidio en el libro VI de las Metamorfosis: Defluxere comae cum quis et naris et aures. Lucano en el libro XI profirió el genitivo: Hic aures, alius spiramina naris aduncae Amputat. En- er breve, femeninos, masculinos, neutros y comunes, griegos o latinos, como hic puer, hic pater, hic Alexander, Menander, haec mater, hoc tuber, hic et haec pauper. En- er largo, griegos masculinos y un latino, o más bien espurio, de género neutro, hic Hiber Hiberi, por hispano, y compuesto de él, Celtiber; sin embargo, decimos Hiber Hiberis cuando hablamos de aquel pueblo que está junto a los armenios; hic aer, aeris, hoc ver, veris. Virgilio también abrevia Aether en el libro VIII: Namque improviso vibratus ab aethere fulgor Cum sonitu venit, et ruere omnia vasa repente. aunque algunos otros gramáticos dicen que esto es largo. En- ir breve, son masculinos, como hic vir, levir, y los compuestos de vir, como duumvir, triumvir, etc.; y un gentilicio masculino como hic Trevir, y otro femenino, como haec Gaddir, Gaddiris, es decir, Tartessos, ciudad de Hispania, que ahora los tirios, cambiado el nombre, tienen como Gaddir; un neutro indeclinable, como hoc ir, que los griegos llaman θήναρ; algunos añaden hic abaddir, ὁ βετηλός, hujus abaddiris, es decir, nombre de la piedra que Saturno devoró en lugar de Júpiter, y fingieron que este era un dios. En- or breve, se encuentran masculinos, femeninos, neutros y comunes, tanto griegos como latinos, como hic Nestor, hic orator, haec uxor, hoc aequor, hic et haec et hoc auctor. Pero también debe notarse que en esta terminación, si son nombres latinos de género masculino, femenino o común, tienen la o larga en los casos oblicuos, como hic doctor, salinator, haec uxor, soror, hic et haec auctor, pallor, pudor, macor o marcor, es decir, la delgadez, hujus doctoris, uxoris, auctoris, marcoris. Los que, en cambio, convierten la o en i en la penúltima, se abrevian, como hic ordo, ordinis, exceptuando estos: hic et haec et hoc memor, immemor, hujus memoris, immemoris, que nacieron del verbo memoro y conservan su penúltima sílaba; y hic et haec indecor, indecoris. Virgilio en el libro XI: Non tamen indecorem tua te regina relinquit; cuyo simple, es decir, decor, decoris, se abrevia entre los antiguos cuando se toma por decorus, decora, decorum, los cuales, porque derivan o se componen de lo que es decus, decoris, conservan su declinación; así como los compuestos de corpus también conservan su declinación, como bicorpor, tricorpor, bicorporis, tricorporis. Virgilio en el libro VI: Delphines aspriaeque( Harpyiaeque) et forma tricorporis umbrae; también haec arbor, arboris, que derivado de robur, conservando su declinación, abrevió la penúltima del genitivo. Y los compuestos de puer se abrevian, como Puplipor, Marcipor, Pupliporis, Marciporis. Pues así, según el testimonio de Probo, decían los antiguos por Puplii puer y Marci puer. También los neutros y todos los griegos tienen la o breve en los casos oblicuos, como hoc marmor, aequor, marmoris, aequoris, hic Hector, Hectoris, actor, actoris, cuando es nombre propio griego. Virgilio: Actoris aurunci spolium quassatque trementem. Para resumir brevemente, pues, la regla antes dicha: los nombres que terminan en- or neutros y griegos, y cualesquiera que se deriven o compongan de primitivos que abrevian la penúltima, también abrevian la penúltima en los oblicuos. Los demás, en cambio, la alargan, exceptuando cor, que asume una d y se alarga por su posición en el genitivo; y aaor, cuyo derivado Virgilio alarga en el libro VII:.... Et adorea liba per herbam Subjiciunt epulis..... En- ur breve terminan los latinos masculinos, y los comunes y neutros, como hic satur, hic turtur, hic et haec augur, hoc tibur, así como también aquellos que tienen la u por o breve a través de los casos oblicuos, como hoc robur, roboris, ebur eboris, femur femoris, y jecur jecoris, o jecinoris, el genitivo parece venir del nominativo jocinus, que no está en uso. En- ur largo se encuentra uno común de dos géneros, hic et haec fur, hujus furis. En- as breve, griegos de género masculino o femenino, o neutro o común; hic Arcas, propio, hujus Arcadis; haec Pallas, Palladis; hoc Ceras, propio de lugar, hujus Ceradis; hic et haec arcas, gentilicio, hujus arcadis. En- as largo, griegos y latinos de género masculino, femenino, neutro o común, como hic Aeneas, hic Maecenas, haec civitas, hoc vas, vasis, hic vas, vadis( que se abrevia en los oblicuos), hic mas maris, y hoc fas, nefas, y hic et haec et hoc nugas( sic), indeclinables; hic et haec Capenas, Capenatis, primas primatis, optimas optimatis, Arpinas, Crotonas, Pontias, Larinas; los cuales tienen el acento circunflejo en la última porque sus perfectos entre los antiguos fueron hic et haec Arpinatis, primatis. En- es breve, latinos masculinos, femeninos o comunes de dos o tres géneros, estos se entienden como breves de dos maneras: cuando o bien cambiaron la e breve por i en el genitivo, como: hic miles, militis, trames tramitis, hic et haec sospes, sospitis, pedes peditis, eques equitis, y hic et haec superstes, superstitis, o bien tuvieron la e penúltima breve en el genitivo, como haec seges, segetis, haec teges, tegetis, hic et haec et hoc praepes, praepetis; y los que derivan de verbos, como de tero, teris, hic et haec et hoc teres, teretis; habeo habes, hic et haec et hoc hebes, hebetis; indigeo, hic et haec et hoc indiges, indigetis; impeto, impes impetis. Interpretor, interpres interpretis. En- es largo, tanto griegos como latinos de género masculino, femenino o común; hic Anchises, hic Ermogenes, hic Chremes, hic Verres; pero los latinos se encuentran alargados de cinco maneras, es decir, cuando o bien fueron nombres de la quinta declinación, como hic vel haec dies, diei; o cuando el genitivo tuvo tantas sílabas como el nominativo, como hic et haec proles, prolis, caedes caedis, haec strages; o cuando, creciendo en el genitivo, tuvieron la e larga en medio, como haec merces, mercedis, hic et haec haeres, haeredis: o cuando fueron nombres monosílabos, o derivados de monosílabos, como hic pes, semipes, bipes, quadrupes, cornipes; o cuando tuvieron i antes de es al final, como hic aries, haec paries, abies, quies: los cuales, sin embargo, todos, excepto quies, quietis, y su compuesto, como hic et haec et hoc inquies, inquietis, se abrevian en los oblicuos de manera similar, como pes pedis, y sus compuestos. Virgilio: Stat sonipes ac frena ferox spumantia mandit. Juvenal en el cuarto: Squalidus in magna fastidit compede fossor Item Virgilio en el tercero de las Bucólicas: Creditur ipse aries, et jam nunc vellera siccat. El mismo en el segundo libro de la Eneida: Custodes sufferre valent, labat ariete crebro. Item Virgilio en la Égloga VII: Populus in fluviis, abies in montibus altis. El mismo en el II de la Eneida: Aedificant, sectaque intexunt abiete costas. En- is breve, tanto griegos como latinos de género masculino, femenino o común, como hic Paris, Paridis, o Paris, hic collis, hujus collis, haec Thedis, Thetidis, haec cuspis, cuspidis, hic et haec utilis, hujus utilis. En- is largo, griegos y latinos, masculinos, femeninos o comunes; hic delphis, delphinis, hic Aris( propio), hujus Arinis, haec soteris, soterinis, hic Dis( es decir, propio de Plutón), hujus Ditis, y hic et haec dis( apelativo), hujus ditis, haec vis, hujus vis, hic glis, gliris, hic et haec Samnis, Samnitis, haec lis, litis. En- os breve, tanto griegos como latinos, masculinos, neutros o comunes, hic Delos, Delei: y todos los que terminan en- os griego se abrevian si tienen diptongo en el genitivo, hoc os, hujus ossis, que los antiguos también proferían como hoc ossum, hic et haec compos, compotis. Séneca en Fedra: compote voto; y es adonio. En- os largo, griegos y latinos de género masculino, femenino, común o neutro, hic heros, hujus herois, hic nepos, nepotis, haec dos, dotis, haec cos, cotis, hic lepos, leporis, mos moris, flos floris, ros roris, hic et haec bos, bovis( que abrevia la penúltima en el genitivo), hos os, oris, hic et haec custos, custodis, hic et haec sacerdos, sacerdotis, impos impotis. En- us breve, latinos de género masculino, femenino, neutro o común, de dos o tres géneros: hic lepus, hic pius, sanctus, justus, dignus, haec venus, haec manus, hoc tempus, nemus, munus, hic et haec Ligur, Liguris, hic et haec et hoc vetus, veteris. En- us largo, son griegos masculinos, que en griego terminan el genitivo en- dos, y en latín convierten- dos en- dis, como Οἰδίπους, τοῦ Οἰδίποδος, hic Oedipus, hujus Oedipodis; hic Melampus, hujus Melampodis. Los latinos, en cambio, que terminan en la sílaba antes dicha, es decir,- us largo, son sin duda femeninos y de la tercera declinación, los cuales también alargan la u penúltima en los oblicuos, como haec servitus, servitutis, senectus, senectutis, juventus, juventutis, tellus, telluris; pues ningún latino masculino, ni neutro, ni común, termina en- us largo, exceptuando estos: un epiceno, que cambió la y griega por u larga, como hic mus, muris( pues los griegos escriben μῦς), y estos neutros: hoc rus, ruris, crus cruris, jus juris, plus pluris, thus thuris; y estos comunes: hic et haec grus, y hic et haec sus, que, sin embargo, estos dos se abrevian en los oblicuos, y hujus gruis, hujus suis. Virgilio en el X de la Eneida: Strymoniae dant signa grues..... Y Horacio, Sermones, libro II:.... Discerpta ferentes Membra gruis sparsi sale multo non sine farre Palus también, paludis, se abrevia, como Virgilio:.... Sterilisque diu palus, aptaque remis. En- ys, griegos masculinos o femeninos: hic amphibrachys, hujus amphibrachys, hic capys, hujus capyis, haec erinnys, erinnyis. En el diptongo- aes, un masculino latino, hic praes, hujus praedis, hoc aes, hujus aeris, cuyos oblicuos plurales son de raro uso, como aera, aerarum, aeribus. En el diptongo- aus, dos latinos femeninos: haec laus, laudis; haec fraus, fraudis. Los que terminan en el diptongo- eus son griegos, que cambian- us por- i en el genitivo, como hic Titheus, Tithei; o el diptongo- eus se cambia por- es largo entre los latinos, como Ἀχιλλεὺς, Achilles, Περσεὺς Perses, Οὐλιξεὺς, Ulixes, cuyo genitivo en- ei profiere Ovidio en el libro XIV de las Metamorfosis: Neritus, Macareus comes experientis Ulixei; de lo cual aparece que los latinos también solían proferir estos nombres tanto en- eus como en- es. Los nombres que terminan en- ans, o en- ens, o en- ons, o en- uns, siempre se alargan en el nominativo por posición de consonantes, y por ello en los demás casos, ya sea la penúltima o la antepenúltima, siempre tienen la posición larga, y todos son latinos, de género masculino, femenino o común, como hic dodrans, quadrans; haec glans, glandis; hic et haec et hoc infans; hic ufens, haec mens, hic et haec parens, hic et haec et hoc prudens, sapiens, hic mons, haec frons, hic et haec et hoc insons, y sons sontis, hic arruns. Similarmente, los que terminan en- ars, o en- ers, o- ors, o en- urs, o en- uls, son largos por posición, y son latinos de género masculino, femenino o común, como hic Mars, haec ars, hic et haec et hoc iners, inertis, hic Mavors, haec cohors, haec sors, hic et haec et hoc concors, hic et haec et hoc Tiburs, Tiburtis, que, sin embargo, también es gentilicio; haec puls, hujus pultis. En- ems breve, un femenino, haec hiems. Virgilio en el I de las Geórgicas: Humida solstitia atque hiemes orate serenas En- abs breve, griegos y latinos masculinos y femeninos: hic Arabs, Arabis; haec trabs, trabis. Virg. en el II de las Geórgicas: Eoasque domos Arabum pictosque Gelonos. En- ebs breve, latinos de todo género: hic et haec et hoc caelebs, hujus caelibis. En- ebs largo, un femenino latino, haec plebs. En- obs breve, femeninos latinos, haec scobs, scobis, y scrobs, scrobis. Virg. en el II de las Geórgicas: Et scrobibus superavit terra repletis. En- ybs breve, un masculino: hic Chalybs, hujus Chalybis. Virg. en el I de las Geórgicas: At Chalybes nudi ferrum, virosaque Pontus Castoreum.... En- urbs, un femenino, que conserva su posición en los oblicuos, haec urbs, urbis. En- aps breve, un femenino, haec daps, hujus dapis. En- eps breve, masculinos y de todo género, hic manceps, mancipis; hic et haec et hoc particeps, participis; adeps o adipes, adipis, que se encuentra en ambos géneros. Varrón en el II de los Asuntos rústicos, adipes illa. En- ops largo, un latino femenino, haec Ops, hujus Opis, es decir, la madre de los dioses. Virgilio en las Geórgicas IV: Atque Ephyre, atque Opis, atque Asia Deiopeia. Y en- ops breve, un común, hic et haec et hoc ops, opis, que significa abundancia; de él se compone hic et haec et hoc inops, inopis. Se encuentran también en esta terminación griegos masculinos, como hic Pelops, Aethiops, hydrops, merops, hujus Pelopis, Aethiopis, hydropis, meropis. Lucano en el VI: Aut Pelopis latis Ephyren abrumpere regnis. Virg. en el II de las Geórgicas: Quid nemora Aethiopum molli canentia lana. El mismo en el III: Pinguibus ab stabulis meropesque aliaeque volucres. En- yps largo, griegos, como cinyps, cinyphis. Virg. en el III de las Geórgicas: Nec minus interea barbas incanaque menta Cinyphii tondent hirci, setasque comantes.
6.3
En- irps, un latino siempre largo por posición, hic et haec stirps, stirpis. En- t, un neutro breve, como hoc caput, capitis. En- ax breve, latinos y griegos, masculinos, femeninos o de todo género, hic Pheax, Pheacis, Ajax, Ajacis, haec pax, pacis, hic et haec et hoc audax, audacis; capax, pervicax, rapax, fallax, pellax, vorax, tenax, emax, sagax. En- ex breve, griegos y latinos, masculinos, femeninos y comunes de tres géneros: haec lelex, lelegis; hic grex, gregis; apex, apicis, haec ilex, ilicis, hic et haec et hoc artifex, artificis. En- ex largo, latinos masculinos y femeninos, o comunes de tres géneros: hic rex, hujus regis, haec lex, legis; hic et haec et hoc exlex, exlegis. En- ix breve, latinos masculinos o femeninos, como hic calix, calicis; hic fornix, fornicis; varix, varicis; haec pix, picis; nix, nivis; salix salicis. En- ix largo, griegos y latinos, masculinos o femeninos, o comunes de tres géneros: hic phoenix, phoenicis, haec cornix, cornicis, haec nutrix, nutricis, hic et haec et hoc pernix, pernicis, felix, felicis. Es necesario saber que los griegos quieren que la i y la y antes de x sean breves, aunque se alarguen en los oblicuos, como phoenix phoenicos, bombyx, bombycos; la a, en cambio, según el genitivo, dicen que también se alarga o se abrevia en el nominativo, como κόλαξ κόλακος. Los latinos, sin embargo, todas las vocales de dos tiempos, es decir, δισχρόνους, mirando al genitivo, dicen que las vocales puestas antes de x en el nominativo se alargan o se abrevian. En- ox breve, el femenino nox, noctis; y su compuesto común, hic et haec et hoc pernox: aunque estos siempre tengan posición, sin embargo, porque se dice que nox vino del verbo noceo, se entiende que tiene la vocal breve por naturaleza. En- ox largo, femenino o común: haec vox, vocis, hic et haec et hoc velox, velocis, ferox, ferocis, atrox, atrocis. En- ux breve, bárbaros o latinos masculinos o femeninos, como hic volux, volucis, haec nux, nucis, crux, crucis, hic et haec dux, ducis, trux, trucis. En- ux largo, masculino, hic Pollux Pollucis; femenino, lux lucis. En- yx breve, griegos tanto masculinos como femeninos: hic sandyx, sandycis, haec styx, stycis. Los que terminan en- aex, o en- aux, o en- alx, o en- anx, son latinos y femeninos, y siempre son largos, ya sea por diptongo o por posición: haec faex, faecis, haec faux, faucis, haec falx, falcis, haec lanx, lancis. En- unx, un común, hic et haec conjunx: que, sin embargo, se abrevia en los oblicuos, como hujus conjugis, huic conjugi, etc. En- arx, un femenino siempre largo por posición, haec arx, arcis. He dicho que ciertas terminaciones del nominativo son en parte breves y en parte largas, aunque siempre sean largas por posición, para que se manifestara la cualidad de su naturaleza y se aclararan en los oblicuos, donde están sin posición.
7
El genitivo singular de la primera, segunda, cuarta o quinta declinación se alarga en la última, como: hujus poetae, docti, fructus, speciei. El de la tercera declinación, en cambio, se abrevia, como hujus fortis, exceptuando un monosílabo, como haec vis, hujus vis. El dativo singular también tiene siempre la última sílaba larga, como huic poetae, docto, forti, fructui, speciei; donde debe notarse que los nombres de la quinta declinación, si tienen la penúltima i en el nominativo (como haec facies, dies), conservan la e larga en el genitivo o dativo, como hujus o huic diei, y hujus o huic faciei. Si, en cambio, tienen una consonante antes de -es, aunque hagan el diptongo -ei dividido de manera similar, abrevian, no obstante, la penúltima, tanto en el genitivo como en el dativo, como fides, fidei, spes, spei, plebes, plebei, res, rei: el acusativo, por tanto, es siempre breve, como hunc poetam, doctum, fortem, fructum, speciem. El vocativo singular es, ciertamente, similar en todas partes a su nominativo, excepto cuando en la segunda declinación -us se cambia por -e breve, como doctus, docte; o cuando los nombres propios de la misma declinación que tienen i antes de -us, al quitar -us en el nominativo, hacen el vocativo con la última larga, como hic Virgilius, o Virgili, hic Sallustius, o Sallusti; así como también un apelativo, que hace tanto -c breve como -i largo; hic filius, o filie, o o fili; donde también debe notarse que estos nombres propios, que terminan el vocativo en -i, aunque tengan la penúltima breve, mantienen, sin embargo, el acento en esa misma penúltima, porque los vocativos perfectos, que los más antiguos proferían en -e, como Virgilie, Mercurie, tenían el acento agudo en la antepenúltima, pero los más jóvenes, gozando de la brevedad, prefirieron por la abscisión de la letra extrema el acento en la penúltima. Horacio en el primer libro de las Odas: Mercuri, facunde nepos Atlantis. El mismo en el mismo: Multis ille bonis flebilis occidit; Nulli flebilior quam tibi, Virgili. El ablativo singular siempre se alarga, como ab hoc poeta, docto, fructu, specie, exceptuando la tercera declinación, a saber, en aquellos nombres que terminan el ablativo en -e; todos estos, sin embargo, se abrevian, como ab hoc patre, ab hoc matre, exceptuando uno que se alarga, ab hac fame. Virgilio en el sexto:.... Offam Objicit: ille, fame rabida tria guttura pandens. Lucano en el X:.... Mandante fame multas volucresque ferasque Aegypti posuere deos.... Y esta prolongación le ocurre a él porque los antiguos declinaban este nombre más según la quinta que según la tercera, como hujus y huic famei, no hujus famis, o huic fami. Por lo demás, cuantas veces la tercera declinación envía el ablativo en -i, siempre lo tiene largo. Juvenal en el quinto: Praeterea lateris vigili cum febre dolorem. Virg.: Stans celsa in puppi.... Estacio en el I de la Tebaida: Funditur et veteri spumavit Lerna veneno. Asimismo, el nominativo, el acusativo y el vocativo plural en el género masculino, femenino y común siempre se alargan, como hi y o poetae, hos poetas, hi y o magistri, hos magistros, hi y hos y o sapientes, hi y hos y o magistratus, hae y has y o res. En el neutro se abrevian, como haec y o mandata, haec y o capita, haec y o dogmata, haec y o cornua. Además, dos nombres del número dual, ambo y duo, cuando son, a saber, de género masculino, se alargan, como Virgilio en la égloga VII: Ambo florentes aetatibus, Arcades ambo; cuando son neutros, se abrevian. El genitivo plural termina siempre en -um breve, y para conocer su penúltima la razón es tan clara que indicamos de qué caso de los singulares se deriva, porque el genitivo plural de la primera, segunda o quinta declinación, cuando nace del ablativo singular largo de esas mismas declinaciones, conserva la misma prolongación también en su penúltima, como ab hoc poeta, horum poetarum: magistro, magistrorum; die, dierum. El genitivo que desciende del ablativo breve de la tercera declinación, si tiene la penúltima i, siempre la abrevia. En la cuarta declinación, en cambio, cuando el mismo caso se hace no del ablativo largo, como algunos estiman, sino del nominativo singular, quitada la s y asumida la um, tiene ambas u breves. Virg.: Accipe et haec, manuum tibi quae monimenta mearum Sint, puer.... Juvenal en el primero: Viscera magnarum domuum dominique futuri. El dativo y el ablativo plural, por tanto, si terminan en -is, son largos, como his y ab his poetis, magistris; si en -bus, se abrevian, como his y ab his patribus, fluctibus, rebus. Pero también debe notarse que si hay i o u antes de -bus en estos casos, la penúltima se abrevia. Virgilio en la égloga: Proetides implerunt falsis mugitibus agros. Y el mismo: O virgo infelix, tu nunc in montibus erras. Ovidio en el III de los Fastos: Praemia de lacubus proxima musta tuis. Si, en cambio, hay a o o antes de -bus, se alarga, como his y ab his natabus, filiabus, deabus, equabus, mulabus, libertabus, asinabus; y his o ab his ambobus, duobus. Además, la quinta declinación tiene siempre la penúltima e larga en estos casos, como his y ab his diebus, faciebus. Virgilio en el primero de las Geórgicas: Quippe etiam festis quaedam exercere diebus, Fas et jura sinunt. En los nombres griegos declinados a la griega, el genitivo singular es breve cuando tiene -dos o -ros al final, como archados, poematos. El dativo con i, como Palladi; el acusativo con a o on, como Thesea Delon. Virgilio en el III de las Geórgicas: Pelion hinnitu fugiens implevit acuto; de otro modo, el vocativo es largo cuando termina en -a: en los masculinos, sin embargo, es largo, como Aenea, pues en los femeninos se abrevia, como cathedra: el terminado en -e se alarga, como schole, synagoge, pentecoste, parasceve, Tydide, exceptuando aquellos cuyo nominativo termina en -os, como petros, petre, Phoebos, Phoebe. El terminado en -i se abrevia, como Nai, Alexi. Virgilio en las Bucólicas IX: Quo te, Moeri, pedes, an quo via ducit, in urbem? El terminado en -o es largo, como Dido, Sappho. El nominativo y el vocativo plural, cuando terminan en -a o -s, son breves, como poemata, rhetores. Rufino en el libelo sobre los pies: Spondaeo narrare solent tibi rhetores acta; de otro modo son largos, como ecclesiaste. El genitivo es largo, como philenon, laon, cedron; el terminado en -in se abrevia, como arcasin; de otro modo es largo, como lays. El acusativo, si termina en -as y viene del genitivo singular terminado en -os, se abrevia, como arcados, arcadas. Lucrecio: Lampades igniferas manibus retinentia dextris; de otro modo, en cambio, se alegra con la prolongación, como ecclesias.
8.1
Por tanto, el pronombre terminado en o, e, is, er o us en el nominativo singular se abrevia, como ego, ille, ipse, iste, is, meus, tuus, suus, noster, vester; el terminado en u también se produce, es decir, tu, y se pronuncia con acento circunflejo: el terminado en la letra e se considera común para los poetas, y en el verso a veces se abrevia y a veces se produce, porque entre muchos autores se le añadía la sílaba ce en todos los casos, como hicce, huncce, hocce, hisce, hosce, hasce; de donde, al desaparecer también la vocal siguiente por apócope, permaneciendo las dos ce, solían producirlo, como Virgilio en el libro XI de la Eneida: Hocce erat, alma parens, quod me per tela, per ignes, Eripis..... Pero la negligencia de los escribas omitió una c, como todavía atestiguan los libros más antiguos de los romanos, cuando ellos mismos mantenían escritas dos cc en este pronombre en todas partes. Hay también otros dos pronombres de género común: nostras, vestras, producidos, cuyos perfectos eran nostratis, vestratis; de donde, como se produjo una síncopa de la sílaba ti, permaneció el acento del perfecto en la a, y la última se circunfleja. Así, el neutro de ellos termina en e, nostrate, vestrate; de lo cual se muestra que sus nominativos también fueron pronunciados en tis según la analogía por los más antiguos. Nueve nombres móviles, que algunos colocaron entre los pronombres porque siguen la declinación de los pronombres, se abrevian todos en el nominativo singular y en todos los géneros, excepto uno que tiene diptongo en el género femenino, es decir, quae y qui, cuando se pone por infinito o interrogativo, es decir, por quis; quis y quid, en cambio, son breves: unus, una, unum; solus, sola, solum; totus, tota, totum; alius, alia, aliud; ullus, ulla, ullum; nullus, nulla, nullum; alter, altera, alterum; uter, utra, utrum; y el compuesto de este: neuter, neutra, neutrum. De manera similar se abrevian los femeninos de todos los pronombres que terminan en a, y los neutros que terminan en um o en ud en el nominativo, como illa, ipsa, ista; illud, istud, ipsum. El genitivo singular terminado en i o ae en los pronombres es largo, como mei, tui, sui; meae, tuae, suae; de otro modo es breve, como illius, nostratis; donde debe notarse que el genitivo que termina en ius, ya sea en pronombres o en nombres, tiene la penúltima i siempre larga por naturaleza, aunque los poetas la abrevien a menudo por la licencia que les es concedida; a excepción de alterius, que, porque solo superó a su nominativo propio por dos sílabas, abrevia siempre la penúltima i; alius también produce siempre la penúltima i en todo caso. El dativo singular siempre se produce, como nostro, illi, illae, excepto mihi, tibi, sibi, que se ponen indiferentemente. Que cui, huic y ei son monosílabos, Prisciano es testigo, y la mayoría de los poetas lo comprueban en sus metros, como Virgilio en el libro IV de la Eneida: Cuique loci leges dedimus, connubia nostra Reppulit.... El mismo en el libro I de las Geórgicas: Huic a stirpe pedes temo protentus in octo; y en todas partes observa esto. Se encuentran, sin embargo, aunque raramente, hechos bisílabos por diéresis, y especialmente ei, por causa de distinción, para que no se piense que es una interjección. Y debe saberse que cuando están divididos, abrevian la penúltima; que ei y eis están divididos por diéresis lo muestra Juvenal en el libro V: Implet et ad moechos dat eisdem ferre cinaedis. Estacio divide en la sílaba i de huic: Falsus huic pinnas et cornua sumere tetrae. En el mismo: Laetus huic dono videas dare jura nepotes. Terenciano sobre las letras abrevia también cui en ambas sílabas: Verum ut cuique est proximitas locis oriri; el mismo en el mismo: Ex ordine fulgens cui dat nomen Synopes, pues es un sotadeo de dos jónicos, a maiore y tres troqueos; lo cual se escande así: verum ut cui, jónico; quae est proximi, jónico; tas lo, troqueo; cis o, troqueo; riri, troqueo. Asimismo: ex ordine, jónico; fulgens cui, jónico; dat no, troqueo; men Sy, troqueo; nopes, troqueo. El acusativo singular siempre se abrevia, como illum, illa, illud, excepto cuando termina en la letra e y se produce por posición, como hunc y hanc, o cuando termina en e larga, como me, te, se. El vocativo sigue la regla de su nominativo, como tu, o tu. Aunque el vocativo de los pronombres o nombres que terminan en us termine en e, sin embargo, la tiene abreviada. Debe notarse que meus, cuando según la regla debía hacer el vocativo o mee, por causa de eufonía convirtió las dos e breves en i larga. Terencio en los Adelfos: O mi Aeschine, o mi germane; y no por ello debe estimarse que o es pronombre porque hace las veces de artículo para el nombre o pronombre en el caso vocativo, puesto que sin duda es un adverbio de llamar y desear: es también interjección de quien se duele, y no hay diferencia entre este o vocativo y heus; pues como decimos, heus juvenes; así, o juvenes. El ablativo singular siempre se produce, como a me, ab illo, excepto estos dos que siguen la tercera declinación, como ab hoc o hac o hoc nostrate, vestrate. El nominativo, el acusativo y el vocativo plural se abrevian solo cuando terminan en a, como illa, nostra. El genitivo plural siempre se abrevia, como nostrorum, vestrorum, illorum, nostrorum, a menos que termine en i, como nostri. El dativo y el ablativo, si terminan en is, son largos, como meis, tuis, illis, vobis; si en bus, son breves, como quibus, nostratibus, vestratibus, que también abrevian la penúltima, como Virgilio en la égloga VI: Quo cursu deserta petiverit, et quibus ante.
8.2
Aunque la regla de los verbos en cuanto a sus accidentes es múltiple y variada, me dispongo a escribirte ahora en este lugar, Lucilio, el más dulce de los muchachos, aquello que pertenece a la utilidad del arte métrico, tal como nos ha sido transmitido por los maestros o en la medida en que nosotros mismos hemos podido investigar según el alcance de nuestro pequeño ingenio: de modo que, con estilo fluido, nos ocupemos de intimar diligentemente no solo la razón de las sílabas finales, sino también la de las penúltimas y antepenúltimas, cuyo conocimiento es tan necesario para los poetas como el de los nombres( en la medida en que la brevedad del opúsculo nos lo permite). Por tanto, si eres de ingenio veloz, podrás conjeturar más fácilmente todo lo demás si te esfuerzas ahora en percibir esto con mayor atención. En todos los verbos, pues, se abrevian en las sílabas finales: o, como amo, doceo, pono, nutrio, amabo, docebo, lo cual, sin embargo, la autoridad puede variar; m, como amabam, docueram, ponam; r, como amor, docebar, ponerer, nutriar; t, como amat, docebat, posuerat, nutriret; us, como amamus, docemus; re, como amare; te, como docete; tis, como ponitis; stis, como amavistis; ris, como doceris, ponebaris; se, como nutrivisse. En cambio, se producen: a, como ama; e, cuando ocurre en el imperativo de la segunda conjugación, como doce; i, como nutri, amavi, amavisti, doceri; u, como amatu; c, como fac, dic; as, como amas, docebas, posueras; es, como doces, amares, posuisses; t, por su parte, cuando tiene delante l, n, s o r en la tercera persona del plural, hace la sílaba larga por posición, como amant, docebant, ponerent, nutrierint, y vult, fert, est. Finalmente, el conocimiento de las penúltimas y antepenúltimas se percibe mayormente a partir de las cuatro conjugaciones, porque todos los verbos que se declinan según la analogía tienen cuatro conjugaciones.
8.3
La primera conjugación, por tanto, es aquella que en el modo indicativo, número singular, tiempo presente, segunda persona, en verbo activo y neutro, termina en as producida. Según la declinación que esta tiene en presente, se declinan el pretérito imperfecto y el pluscuamperfecto de todas las conjugaciones en el indicativo, así como el futuro optativo y el presente subjuntivo de la segunda, tercera y cuarta conjugación, como amas, amat, amamus, amatis, amant; amabam, amabas, amabat, amabamus, amabatis, amabant; docebam, bas, bat, bamus, batis, bant; ponebam, bas, bat, bamus, batis, bant; nutriebam, bas, bat, bamus, batis, bant; amaveram, amaveras, amaverat, amaveramus, amaveratis, amaverant; docueram, ras, rat, ramus, ratis, rant; posueram, ras, rat, ramus, ratis, rant; nutriveram, ras, rat, ramus, ratis, rant; doceam, doceas, doceat, doceamus, doceatis, doceant; ponam, nas, nat, namus, natis, nant; nutriam, as, at, amus, atis, ant; y por ello todos estos producen la penúltima a en la primera y segunda del plural. De manera similar, en el verbo pasivo, estos mismos tiempos, a excepción del pretérito pluscuamperfecto, siguen la declinación del tiempo presente, como amaris, amatur, amamur, amamini, amantur; amabar, baris, batur, bamur, bamini, bantur; nutriebar, baris, batur, bamur, bamini, bantur; docebar, baris, batur, bamur, bamini, bantur; ponebar, baris, batur, bamur, bamini, bantur; docear, aris, atur, amur, amini, antur; ponar, ris, atur, amur, amini, antur; nutriar, aris, atur, amur, amini, antur: y por esto también tienen producida la penúltima de la segunda persona y de la tercera del singular, así como de la primera y tercera del plural, y producen la segunda persona del plural en la antepenúltima.
8.4
La segunda conjugación, por tanto, es la que en el modo indicativo, número singular, tiempo presente, segunda persona, género activo y neutro, tiene es al final producido. Esta declinación siguen en toda conjugación el presente y el pretérito imperfecto del modo optativo, así como el pretérito perfecto y el pretérito pluscuamperfecto, y el pretérito imperfecto y el pluscuamperfecto del subjuntivo, así como el futuro del optativo y el presente del subjuntivo en la primera conjugación, como doces, docet, docemus, docetis, docent; amarem, amares, amaret, amaremus, amaretis, amarent; docerem, res, ret, remus, retis, rent; nutrirem, res, ret, remus, retis, rent; amavissem, amavisses, amavisset, amavissemus, amavissetis, amavissent; docuissem, ses, set, semus, setis, sent; posuissem, ses, set, semus, setis, sent; nutrivissem, ses, set, semus, setis, sent; amem, ames, amet, amemus, ametis, ament. Esta también, de manera similar a las anteriores, produce la penúltima e de la primera y segunda persona del plural según la forma del tiempo presente. De manera similar, en el pasivo, estos mismos tiempos, a excepción del pretérito perfecto y el pluscuamperfecto del tiempo presente, imitan la declinación, como doceris, docetur, docemur, docemini, docentur; amarer, reris, retur, remur, remini, rentur; docerer, docereris, retur, remur, remini, rentur; ponerer, reris, retur, remur, remini, rentur; nutriter, reris, retur, remur, remini, rentur; amer, meris, ametur, amemur, amemini, amentur. Y estas, ciertamente, tienen la penúltima larga en la segunda y tercera persona del singular, y en la primera y tercera del plural, y la antepenúltima en la segunda del plural.
8.5
La tercera conjugación es aquella que, en la segunda persona del modo indicativo, tiempo presente, número singular, en significación activa y neutra, abrevia la' i' final. A semejanza de esta se declinan el futuro del indicativo de la primera y segunda conjugación, así como también la cuarta en aquellos verbos que en la primera persona del tiempo presente terminan en' eo'. Asimismo, el pretérito perfecto y el futuro del subjuntivo, como: pono, ponis, ponit, ponimus, ponitis, ponunt; amabo, bis, bit, bimus, bitis, bunt; docebo, bis, bit, bimus, bitis, bunt; ibo, ibis, ibit, ibimus, ibitis, ibunt; quibo, bis, bit, bimus, bitis, bunt; amaverim, ris, rit, rimus, ritis, rint; docuerim, ris, rit, rimus, ritis, rint; posuerim, ris, rit, rimus, ritis, rint; nutriverim, ris, rit, rimus, ritis, rint; amavero, ris, rit, et rel.; docuero, ris, rit, et rel.; posuero, ris, rit, et rel.; nutriero, ris, rit, et rel. Por eso, en aquellos lugares donde dijimos que los anteriores eran largos, estos se abrevian. Así también, en el pasivo, el futuro del indicativo en la primera o segunda conjugación se declina a semejanza del tiempo presente, como: ponor, poneris, ponitur, ponimur, ponimini, ponuntur; amabor, amaberis, amabitur, amabimur, amabimini, amabuntur; docebor, doceberis, docebitur, docebimur, docebimini, docebuntur: y todos estos se abrevian de modo similar, ya sea que la' i' breve haya permanecido, o que se haya transformado en una' e' breve.
8.6
La cuarta conjugación en el presente de indicativo, en la segunda persona del singular, tanto en voz activa como neutra, tiene una' i' larga antes de la' s'; en la voz pasiva, común y deponente, la tiene antes de la última sílaba, como en' nutrio, nutris, nutrit, nutrior, nutriris'. Esta se diferencia de la tercera en que conserva la' i' larga, que recibió de la segunda persona en el tiempo presente, manteniéndola siempre larga, como en el imperativo' nutri, nutrito, nutrire, nutritor', en el infinitivo' audire' o' audiri', y en otros casos similares. Debes recordar, por tanto, que así como el verbo neutro sigue la regla del verbo activo en toda conjugación, lo mismo ocurre con el pasivo, el común y el deponente, y en esto puedes investigar su naturaleza a través de las sílabas. Cabe notar que los verbos de la primera conjugación no solo alargan la' a' que toman para la forma del presente en los demás tiempos según la regla mencionada, sino también aquella que recibieron de la segunda persona del singular del presente de indicativo, ya sea que caiga en la penúltima, antepenúltima o cuarta sílaba antes del final, siempre la mantienen larga: concretamente en aquellos tiempos y modos cuyos verbos se anotan a continuación, como en el presente' donas, donamus, donatis'; imperfecto' donabam'; perfecto' donavi'; pluscuamperfecto' donaveram'; futuro' donabo'. En el modo imperativo presente' dona, donate'; futuro' donato, donatote, donanto'; optativo, imperfecto y subjuntivo' donarem'; pluscuamperfecto' donassem'; subjuntivo perfecto' donaverim'; futuro' donavero'; infinitivo presente' donare'; perfecto' donavisse'; y en el presente de indicativo en voz pasiva' donaris, donatur, donamur, donamini, donantur'; imperfecto' donabar, donabaris'; futuro' donabor, donaberis'; imperativo presente' donare'; futuro' donator'; optativo, pretérito imperfecto' donarer, donareris, donaretur, donaremur, donaremini, donarentur'. Infinitivo presente' donari'; así también todos los verbos de esta conjugación, excepto un monosílabo,' do, das', que contra la regla abrevia la penúltima en la mayoría de los casos, como en el pretérito imperfecto, futuro, infinitivo, participio y supino, a menos que se alargue por posición, y en el nombre verbal, como' damus, datis, daris, datur, dabam, dabo, darem, dare, datus, daturus, datum, datu, dator', y los que suelen derivar de estos, como' dabamini'; pues en todos estos se abrevia' da'. Virgilio en el libro I de la Eneida:' Vix e conspectu Siculae telluris in altum/ Vela dabant laeti'. En el mismo:' Adsit laetitiae Bacchus dator et bona Juno'. En el mismo:' O passi graviora, dabit Deus his quoque finem'. El mismo en el mismo:' Si datur Italiam sociis et rege recepto'. El mismo en el VI:' Cui datus haerebam custos, cursusque regebam'. El mismo en el III:' Et pater Anchises dare fatis vela jubebat'. Persio:' Quin damus id superis de magna quod dare lance,/ Non possit magni Messalae lippa propago'. Virgilio en el IV:' Ferte citi flammas, date tela, impellite remos'. Lucano en el IV:' Maxima sed fati ducibus momenta daturum'.
8.7
Y los verbos de la segunda conjugación, de manera similar aquellos que originalmente derivaron la' e' larga del presente de indicativo, segunda persona del singular, dondequiera que la tengan en los modos o tiempos, siempre la producen, como de' doces',' docemus',' docetis'; en el imperfecto,' docebam',' docebas', etc.; en el futuro,' docebo',' docebis', etc.; en el imperativo presente,' doce',' docete'; en el futuro,' doceto',' docetote',' docento'; en el optativo imperfecto,' docerem',' doceres', etc.; en el infinitivo presente,' docere'. Asimismo, en el indicativo presente de la voz pasiva,' doceris',' docetur',' docemur',' docemini',' docentur'; en el imperfecto,' docebar',' docebaris', etc.; en el futuro,' docebor',' doceberis', etc.; en el imperativo presente,' docere',' docemini'; en el futuro,' docetor',' docentor',' doceminor'; en el optativo o subjuntivo imperfecto,' docerer',' docereris', etc.; en el infinitivo presente,' doceri'. Aquellos que nacen de la primera persona del indicativo, abreviada, con' e', la mantienen siempre abreviada, como de' doceo', en el imperativo presente,' doceat',' doceant'; y en el optativo futuro o subjuntivo presente,' doceam',' doceas', etc., y en la pasiva, los mismos modos y tiempos, como' doceatur',' doceamur',' doceantur', y' docear',' docearis', etc. Y debe saberse que no solo esta conjugación abrevia la' e' ante' o' en la primera persona del indicativo, sino que también en las demás conjugaciones otras vocales ante' o' se abrevian de manera similar. En la primera conjugación,' e' o' o', como en' inchoo',' meo',' creo'; en la tercera,' i' o' u', como en' facio',' ruo',' induo'. En la cuarta también se abrevia de forma similar la' i', o la' e', como en' eo' y' audio'. Esto sucede no solo en estos, pues raramente encontrarás en las dicciones latinas una vocal penúltima ante otra vocal producida. Dijimos' raramente' porque en el verbo' fio' los autores producen la penúltima, como Virgilio en las Bucólicas:' Omnia vel medium fiant mare, vivite silvae'. Al principio[ quizás también en' ius'] la penúltima del genitivo que termina es ambivalente, como ya hemos conmemorado antes. En las dicciones griegas, sin embargo, esto se encuentra a menudo, como' Menelaus',' spondaeus',' diacamilla'. También en la tercera conjugación la persona singular del indicativo presente termina en' is' breve; debe notarse que todos los verbos de esta conjugación, si cambian la' i' breve al final del verbo o en medio por' e', la abrevian en todas partes, como' legis',' lege',' legere',' legerer', excepto cuando es interceptada por tres consonantes en medio del verbo,' b',' m' o' t', como' legebam',' legebar',' legemus',' legemur',' legetur'. Por lo demás, la' i' situada en medio del verbo la abrevian en todas partes, como' legimus',' legitis',' legite',' legito',' legitur',' legimur',' legimini', etc. Aquellos que en la cuarta conjugación nacen de la segunda persona del indicativo presente, como dijimos arriba, siempre tienen la' i' larga, como en el indicativo, de' audis',' audimus',' auditis'. Imperativo,' audi',' audite',' audito',' auditote'. Optativo,' audirem',' audires', etc. Infinitivo,' audire', y en la pasiva del presente de indicativo,' audiris',' auditur',' audimur',' audimini'; imperfecto,' audire',' auditor'; optativo o subjuntivo,' audirer',' audireris', etc. Infinitivo,' audiri'. Los que en cambio se generan de la primera persona siempre tienen la' i' breve, como en el presente de indicativo tercera persona plural,' audio',' audiunt', y en el futuro del mismo modo,' audiam',' audies', etc.; imperativo presente,' audiat',' audiamus',' audiatis',' audiant', y futuro,' audiunto' o' audiuntote'. Optativo o subjuntivo imperfecto,' audiam',' audias', etc. Y en la pasiva, en los mismos modos y tiempos, como' audiuntur',' audiar',' audieris', etc.,' audiatur',' audiamini',' audiantur',' audiuntur',' audiar',' audiaris', etc. Esto se muestra especialmente en estos verbos de la cuarta conjugación que terminan en' eo' en la primera persona del indicativo; porque los que nacen de la segunda persona tienen la' i' larga, como' is',' imus',' itis',' ibam',' ibas',' ivi',' iveram',' ibo',' ite', etc. Los que nacen de la primera, en cambio, se pronuncian con' e' abreviada, como' eo',' eunt',' eam',' eas', etc. Debe notarse, pues, que el pretérito imperfecto de la tercera o cuarta conjugación en el modo indicativo no viene de la segunda persona, como en la primera o segunda conjugación, como' amabam',' docebam', sino de la primera, convertida la' o' final en' e' larga, y añadida' bam', como' faciebam',' induebam',' legebam', y' audiebam',' serviebam',' muniebam'; sin embargo, la vocal, dondequiera que ocurra antes de' e', se abrevia. Si en la cuarta conjugación la' e' hubiera sido abstraída por síncopa, la' i' se produce, como' audibam',' venibam',' ibam'. El pretérito perfecto, por tanto, en la declinación del verbo activo, primera persona del indicativo, termina en' i' larga, la cual también tiene producida por naturaleza en ese mismo tiempo en la penúltima de la segunda singular y plural, como' amavisti',' amavistis'. En la tercera persona singular, al igual que en la primera plural, la abrevia, como' amavit',' amavimus'. En la tercera plural, en cambio, convierte la misma' i' producida en' e' larga en la penúltima, como' amaverunt' o' amavere',' docuerunt' o' docuere'. Y debe saberse que el pretérito pluscuamperfecto del modo indicativo, y el pretérito perfecto del modo subjuntivo, así como el futuro, nacen del tiempo mencionado arriba, convertida la' i' larga en' e' breve a través de todas las conjugaciones, y en todas las personas y ambos números, como' amavi',' amaveram',' amaverim',' amavero'. Asimismo, el pretérito pluscuamperfecto del optativo o subjuntivo, y el pretérito del infinitivo que viene de ellos, nacen del mismo tiempo, como' utinam' o' cum amavissem',' amavisse';' docuissem',' docuisse'; estos tienen la' i' larga tanto por naturaleza como por posición. Por tanto, no ayuda poco conocer cuáles son las sílabas penúltimas del tiempo mencionado arriba, es decir, del pretérito perfecto del modo indicativo de la primera persona singular, antes de la' i' final, especialmente cuando todos los pretéritos perfectos o pluscuamperfectos miran hacia el origen de los demás modos, y conservan su cualidad en estas sílabas que habían recibido incorruptas de él. Por tanto, en los que terminan la sílaba en' vi', toda penúltima es larga, ya sea por naturaleza o por posición, como' amavi',' lavi',' vovi',' movi',' cupivi',' munivi',' audivi'. En la tercera y cuarta conjugación, los verbos que terminan en' ivi', si la' v' consonante es interceptada, abrevian la' i' penúltima, como' cupivi',' cupii';' arcessivi';' sivi',' sii';' munivi',' munii';' audivi',' audii'. Se encuentran verbos de todas las conjugaciones que terminan en' ui' divididas: de la primera, como' tonui',' secui'; de la segunda, como' tenui',' habui'; de la tercera, como' annui',' posui'; de la cuarta, como' aperui',' prosilui'. Toda penúltima de esta forma, es decir, de los que terminan en' ui' divididas, se abrevia. Las penúltimas de los perfectos que terminan en' si' se producen, ya sea por naturaleza o por posición: por naturaleza, como' rideo',' risi';' suadeo',' suasi';' evado',' evasi';' haurio',' hausi'; por posición, como' maneo',' mansi';' repo',' repsi'. Y los pretéritos que terminan en' xi' siempre producen la penúltima, como' frigeo',' frixi';' pelliceo',' pellexi';' pergo',' perrexi';' diligo',' dilexi';' sancio',' sanxi';' vincio',' vinxi'.' Bibo' también,' bibi', verbo de la tercera conjugación, y los compuestos de él, como' ebibo', tanto en el presente como en el pretérito abrevian la penúltima. Pues' scindo' y' findo', aunque en el presente sean largos por posición, en el pretérito, sin embargo, abrevian la' i' penúltima, como' scidi',' fidi'. Así también' contingo',' contigi';' attingo',' attigi'. Dos monosílabos de la primera conjugación,' sto' y' do', abrevian las penúltimas en el pretérito, como' steti',' dedi'. Así también los compuestos de ellos, como' resto',' restiti';' reddo',' reddidi'. Algunos de la tercera repiten sílabas al principio, otros al final. Los que repiten al principio, si en el presente tienen la penúltima breve, en el pretérito también la abrevian, como' cado',' cecidi';' cano',' cecini';' pario',' peperi'. Si la penúltima es larga naturalmente en el presente, también se produce en el pretérito, como' caedo',' cecidi';' pedo',' pepedi'. Si la penúltima es larga por posición en el presente, a veces se conserva en el pretérito; cuando se desecha la consonante, se abrevia. Se conserva en estos:' posco',' poposci';' parco',' peperci';' fallo',' fefelli';' tendo',' tetendi';' pendo',' pependi';' curro',' cucurri': desechada la consonante, se abrevia en estos:' disco',' didici';' pello',' pepuli';' tango',' tetigi';' pango',' pepigi';' pungo',' pupugi';' tundo',' tutudi'. Los que repiten al final siempre abrevian la penúltima, como' credo',' credidi';' vendo',' vendidi';' perdo',' perdidi';' prodo',' prodidi';' condo',' condidi';' addo',' addidi';' abdo',' abdidi',' abscondo',' abscondidi'. Tres verbos de la cuarta clase compuestos de' pario', como' reperio',' comperio',' deperio', abrevian la penúltima en el pretérito, como' reperi',' comperi',' deperi', y además estos y todos los que parecen estar compuestos del mismo verbo, tienen siempre la sílaba' pe' breve por naturaleza, en cualquier lugar que esté, como' aperio',' aperui';' cooperio',' cooperui';' experior',' operior'. Lucano en el IV:' Tradimus Hesperias gentes, aperimus Eoas'.
9
En cuanto a los anómalos, expondremos ahora brevemente, en la medida de nuestras posibilidades, la razón de su producción o abreviación. Fero, verbo irregular de género activo, tiene la primera sílaba siempre breve en todos los modos y tiempos, excepto cuando se produce por posición. En la segunda persona del singular del presente de indicativo, en efecto, hace síncopa, es decir, abreviación, como fero, fers, y por esto todas las formas que nacen de la segunda persona conservan su abreviación, como fers, fert, fertis; fer, ferte, ferto, fertote, ferre. Y todas estas, excepto una, fer, del imperativo presente de singular, son largas por posición. En todos los demás modos, tiempos y personas, conserva la razón de la tercera conjugación, a saber, porque las formas que reciben la regla de la primera persona siguen la declinación recta, como fero, ferebam, feram. Pues tiene un pretérito perfecto abusivo, es decir, tuli, que es el perfecto de otro verbo, esto es, tollo, tollis, tuli, hace; sin embargo, este pretérito y todos los que nacen de él abrevian la primera sílaba, como tuli, tulisti; y tuleram, tuleras, tulissem, tulisses, tulerim, tuleris; o tulero, tuleris, tulisse. En el pasivo también se abrevia de manera similar, a menos que se produzca por posición y vuelva a la analogía, y se declina según la regla de la conjugación mencionada, salvo que en el pretérito y en las formas que nacen de este, cambia la grafía. Pues hace en el presente de indicativo: feror, fereris, fertur, ferimur, ferimini, feruntur; pretérito imperfecto: ferebar, ferebaris, etc.; pretérito perfecto: latus sum, es, est, etc. Así, todas se declinan según la analogía; no obstante, el participio de pretérito, del cual está compuesto, muestra que este pretérito debe producirse en las primeras sílabas. Lucano en el libro IV: Orant Cecropiae praelata fronde Minervae. Y en el mismo: Et post translatas exustae Phocidos arces. Debe notarse, en verdad, que aufero, affero, infero, suffero, confero, profero, praefero, transfero, circumfero, antefero, y todos los que parecen estar compuestos de este verbo, conservan su declinación en ambos géneros. Volo, también verbo neutro, ya sea que cambie las primeras sílabas en e, ya sea que las conserve con o, las abrevia siempre por naturaleza, como volo, volumus, volui, volueram, voluerim, voluero, etc., velim, velis, velit; etc. En los cuales, sin embargo, la e se produce por posición, como vellem, velles, etc. Pues la segunda persona del singular del indicativo en presente se produce por naturaleza, es decir, vis. Y en el futuro del optativo, o en el presente del subjuntivo, la sílaba final de la segunda persona del singular, y la penúltima de la primera y segunda del plural, las produce de modo similar por naturaleza: velis, velimus, velitis; en las demás del número plural, ya sea que la penúltima sea u, como volumus, o i, como voluerimus, son siempre breves: donde, sin embargo, la forma sea de la primera conjugación, como volebam, volueram, o de la segunda, como vellem, velles, voluissem, voluisses, siguen la regla de las conjugaciones cuya forma tienen. De este verbo, por tanto, están compuestos otros dos verbos, es decir, nolo y malo. Nolo, en verdad, proviene de non y volo, y por ello, junto a su simple, se produce siempre en la primera parte. Marcial en los Epigramas: Ut recitem tibi nostra epigrammata nolo, Non audire celer, sed recitare cupis. Y Albano en los Monásticos: Omnia quae dicunt homines, tu credere noli. Malo también está compuesto de magis y volo, pero con la ma producida. Virgilio en las Geórgicas III: Et quos aut pecori malint summittere habendo. Edo, ciertamente, verbo anómalo de género activo, corrompe la segunda persona, como es, pero con la e larga ante s, y en todas las personas o tiempos que suelen nacer de esta segunda persona, encontrarás la regla de la conjugación corrompida, conservando sin embargo en todas partes la es producida que recibieron de la segunda persona: es, est, este, esto, estote, essent, esse; no obstante, en el número plural del presente de indicativo conserva la regla de la tercera conjugación con la e abreviada en todas partes, como edimus, editis, edunt. Similarmente en el pretérito imperfecto y en el futuro, edebam, edam, y en todos los que suelen nacer de la primera persona, esto es, en la tercera persona del imperativo, como edat, y en el futuro del optativo, que es también presente de subjuntivo, edam, edas, edat, etc., con la primera sílaba abreviada, como Marcial sobre la paloma: Inguina torquenti tardant hebetantque palumbi, Non edat hanc volucrem, qui cupit esse salax. De este verbo, ciertamente, se derivan comedo, ambedo, abedo, circumedo, y conservan su declinación en ambos géneros. Debe saberse, sin embargo, que los antiguos no declinaban este verbo de forma corrompida, sino íntegramente según la tercera conjugación, como edo, edis, edit, con la primera sílaba abreviada, etc. Catón al hijo sobre el orador: Lepus multum somni affert, qui illum edit. Y Virgilio en las Geórgicas IV: Quis dubitet? nam saepe favos ignotus abedit Stillio. Y Marcial: Ipse suas nunquam barbarus edit aves: con la e larga en todas partes. Sum, por tanto, verbo sustantivo anómalo a través de todos los modos, números y personas, tiene las primeras sílabas breves por naturaleza, como sum, es, y sumus; en el imperfecto, eram, eras, etc.; en el perfecto, fui, fuisti, fuit, fuimus, etc.; en el pluscuamperfecto, fueram, fueras, etc.; en el futuro, ero, eris, erit, etc.; en el optativo, fuissem, fuisses, etc.; en el perfecto de subjuntivo, fuerim; en el pluscuamperfecto, fuissem; en el futuro, fuero; excepto solo un futuro del optativo o presente del subjuntivo, como sim, sis, sit, simus, sitis, sint, que produce el monosílabo en la segunda persona del singular, y la penúltima en la primera y segunda del plural. Se produce, sin embargo, también en este verbo en algunas personas la producción por posición, y en la tercera persona del presente de indicativo, como sunt; o en la segunda persona del plural, como estis, y en la segunda persona del futuro del imperativo, esto, estote; y en el presente del optativo, essem, esses, esset, etc.; en el infinitivo presente, esse. Similarmente, los compuestos de este se distinguen por su declinación, ya sea producida o abreviada, como possum, assum, praesum, desum, absum, intersum, prosum, supersum; lo cual puede probarse con muchísimos ejemplos. Marcial en los Epigramas: Et cantas belle, et saltas, Attice, belle: Bellus es arte lyrae, bellus es arte lyrae. El mismo en el mismo: Nunquid securus non potes arrigere. Virgilio en las Bucólicas: Huc ades, o Galatea, quis est nam ludus in undis? Y el mismo: Huc ades, insani feriant, sine, littora fluctus. El mismo en la misma: Non omnia possumus omnes. Y el mismo: Haec tibi semper erunt, et cum solemnia dona. Asimismo: Hic tamen hac mecum poteris requiescere nocte. Asimismo: Fortunate puer, tu nunc eris alter ab illo. Memini también y odi tienen en el indicativo, tanto del tiempo presente como del pretérito, la última producida. En los demás tiempos y modos, sin embargo, siguen la tercera conjugación. Pues el presente de novi hace nosco.
10
Los gerundios, o participios, o supinos, son cinco en voces de este tipo, como amandi, amando, amandum, amatum, amatu. Ya hemos hablado de sus últimas sílabas; ahora, sin embargo, debemos tratar sobre las penúltimas, porque no ayuda poco saberlas, dado que los participios de tiempo pretérito y futuro provienen de ahí, como amatu, amatus o amaturus, y los nombres verbales, como auditor, auditio. Pues una cierta regla de otras partes parece originarse de aquí, la cual es muy pronta para conocer las sílabas medias y es la norma más perspicaz de toda la razón, sobre lo cual hablaremos más manifiestamente en lo que sigue. Por tanto, los tres primeros supinos producen siempre las penúltimas por posición, aunque la naturaleza de la vocal sea breve o larga a través de todas las conjugaciones, como amandi, amando, amandum; monendi, monendo, monendum; gemendi, gemendo, gemendum; nutriendi, nutriendo, nutriendum. Los dos siguientes, en cambio, se expondrán a continuación. Todos los verbos de la primera conjugación que terminan el pretérito en vi, al convertir vi en tum, hacen los supinos con la penúltima larga: amavi, amatum; donavi, donatum; oravi, oratum; flavi, flatum; juvi, jutum, y de ahí adjuvi, adjutum, y también en las demás conjugaciones, cualesquiera que terminen en el pretérito en la sílaba arriba mencionada, es decir, vi o ii, todas producen la penúltima en el supino, como movi, motum; nevi, netum; favi, fautum; cupivi, cupitum; solvi, solutum; volui, volutum; calui, calutum; audivi o audii, auditum; munivi, munitum; exceptuando estos: livi, litum; sivi, situm; ivi, itum; quivi, quitum; civi, citum; sevi, satum; cognovi, cognitum; agnovi, agnitum, y los compuestos de ellos, obitum, aditum, praeteritum, nequitum. También de ambio el supino o participio produce la penúltima i. Ovidio en el libro I de las Metamorfosis: Jussit et ambitae circumdare littora terrae; cuando es nombre, la abrevia. Aquellos, en cambio, que terminan en ui divididas en el pretérito, si no se producen por posición en el supino, como secui, sectum; mico, micui, mictum; docui, doctum; tenui, tentum; rapui, raptum; aperui, apertum; o tienen u en la penúltima, como acui, acutum; indui, indutum; todos los demás se abrevian, como vetui, vetitum; crepui, crepitum; candui, canditum; studui, studitum; habui, habitum; monui, monitum; vomui, vomitum; gemui, gemitum; fremui, fremitum; tremui, tremitum; y uno que tiene la penúltima u breve, rui, rutum; y los compuestos de él, como obrui, obrutum; dirui, dirutum; erui, erutum. También los pretéritos que terminan en si o en xi producen siempre la penúltima del supino, ya sea por naturaleza o por posición, como risi, risum; indulsi, indultum, o indulsum; lusi, lusum; laesi, laesum; ussi, ustum; luxi, luctum; auxi, auctum; duxi, ductum; dixi, dictum; vinxi, vinctum; sanxi, sanctum; flexi, flexum; fluxi, fluxum. Steti, en cambio, debe hacer el supino statum, con la penúltima larga, de donde Lucano en el libro XI:.... Constatura fides superum, cuando datum y datus, como mostramos anteriormente, abrevia la penúltima a. Sin embargo, es de notar también en esto que los nombres derivados de él abrevian la penúltima o antepenúltima, como status, stata, statum, stabilis. Lucano en el X: Quorum stata tempora flatus. El mismo en el V: Quam non stabili tremulo sed culmine cuncta Despiceret. Los compuestos de él los antiguos los pronunciaron de diversas maneras: asto, astitum y astatum; praesto, praestitum y praestatum, con i breve y a larga. Y debe saberse que en ningún otro supino, participio o nombre participial se abrevia la penúltima, excepto en los dos arriba mencionados, es decir, datus y status, de un verbo deponente de la segunda conjugación, es decir, reor, ratus, y uno de la tercera conjugación, activo, sero, sevi, satum, satus. Pues difícilmente encontrarás que la e del verbo se convierta en a en el participio o supino, salvo en los mencionados. En la composición, sin embargo, de los supinos o participios arriba mencionados, se convierte en i breve: satus, insitus, obsitus. Virgilio en las Geórgicas II: Vertere in alterius, mutatamque insita mala Ferre pyrum. Los pretéritos que terminan en di o en sum terminan el supino y producen la penúltima por posición, como fodi, fossum; prandi, pransum; pandi, pansum; defendi, defensum; momordi, morsum; sedi, sessum; scidi, scissum; fidi, fissum; o en itum, con penúltima breve, y especialmente en aquellos verbos que hacen iteración de la última sílaba en el pretérito, como reddidi, redditum; credidi, creditum; perdidi, perditum; condidi, conditum; vendidi, venditum. Vidi también y sus compuestos providi e invidi producen la penúltima en el supino por naturaleza: visum, provisum, invisum; fudi, fusum, con u larga. Los verbos terminados en gi en el pretérito abrevian la i penúltima en el supino, como fugi, y los compuestos de él, confugi, perfugi, refugi, hacen fugitum, confugitum, perfugitum, refugitum; legi también hace lectum, egi, actum, fregi, fractum, y los compuestos de ellos como collegi, collectum. El pretérito terminado en bi abrevia la penúltima en el supino: bibi, bibitum; ebibi, ebibitum; compesco y deposco, y posco, y disco, hacen el supino desde el tiempo presente mediante la mutación de o en i breve y la adición de tum; posco, poscitum; compesco, compescitum, y deposco, deposcitum; disco, discitum. Peperci, en cambio, o parsi, hace parsum. Feci y jeci, factum y jactum; ici, ictum; reperi, en cambio, y comperi, y los demás de su mismo origen, producen la penúltima por posición en el supino, como compertum, repertum, expertum, opertum. También hay algunos deponentes o comunes que producen la penúltima por naturaleza en el supino, otros la abrevian por naturaleza, otros solo por posición, otros la tienen larga tanto por naturaleza como por posición, pero la posición es evidente. Por lo demás, expondremos cuáles producen o abrevian por naturaleza. Todos los deponentes o comunes que tienen la penúltima a en el supino la producen, como irascor, iratum; criminor, criminatum; excepto uno, que mencionamos arriba, reor, ratum. Los que tienen i breve en la penúltima son de la segunda o tercera conjugación, como vereor, veritum; intueor, intuitum; polliceor, pollicitum; adipiscor, adipiscitum; obliviscor también debió hacer obliviscitum, pero por sinéresis hace oblitum, con i larga. Pues los demás que producen i son de la cuarta conjugación, como mentior, mentitum; metior, metitum; largior, largitum. Los que son dudosos entre la tercera y la cuarta conjugación, a veces los autores los producen, a veces los abrevian, como potior, orior, morior. Virgilio en la Eneida III: Fas omne abrumpit, Polydorum obtruncat, et auro Vi potitur. El mismo en el II:.... Telis Nostrorum obruimur, oriturque miserrima caedes. Lucano en el IV: Non gratis moritur, jugulo qui provocat hostem. Nevio en la Ilíada II: Penetrat penitus, thalamoque potitur. Lucilio en el III: Conturbare animam potis est, quicunque adoritur. Ennio en los Anales XIV: Nunc est illa dies, cum gloria maxima sese Nobis ostendat, si vivimus, sive morimur. Sus supinos son ortum, potitum, moritum, con la penúltima i breve según la tercera conjugación, o larga según la cuarta. Por tanto, los que tienen la penúltima u en el supino la producen, como loquor, locutum; sequor, secutum; utor, usum; y los compuestos de ellos, como alloquor, allocutum; consequor, consecutum; abutor, abusum. Pues cualesquiera que hagan los supinos a partir de los anómalos, o los producen por posición, como tero, tersum; volo, vultum; o por naturaleza, como edo, esus, y los compuestos de él, como comedo, comesus; ambedo, ambesus; adedo, adesus. Virgilio XI:.... Et postibus haesit adesis. El mismo en el III: Ambesas subigat malis consumere mensas. Sin embargo, de este verbo se encuentra también otro supino, esitus, con i breve, que proviene de edo, edis, edit, con declinación íntegra. Debe saberse, no obstante, que el supino terminado en um, al recibir el verbo infinito que es ire, hace el infinitivo de futuro, como oratum ire, doctum ire, lectum ire, auditum ire; frecuentemente, sin embargo, los más antiguos añadían esse al participio neutro de futuro y significaban el infinitivo de futuro, diciendo oraturum esse en lugar de oratum ire, y facturum esse en lugar de factum ire.
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Es necesario, pues, examinar las formas de los adverbios según sus terminaciones individuales, de modo que distingamos con diligente cuidado cuáles son primitivos y cuáles derivados, para que de ahí resplandezca con mayor claridad la regla de su producción o corrección. Por tanto, los que terminan en A son o primitivos, como "ita" (así), que tiene la "a" breve, aunque algunos aceptan que "puta" también es adverbio, y por eso Persio lo habría abreviado, como en: "Hoc puta non justum est, illud male, rectius illud" (Considera esto no justo, aquello mal, aquello más rectamente). O compuestos, como "praeterea", "interea", "postea", "antea", que todos producen la "a" final, o son ablativos de nombres que se aceptan como adverbios, como "una", "qua", "nequa", "Roma", que nadie duda que tienen la "a" larga. En E breve, o son primitivos, como "pone", "pene", "prope", "nempe", "quippe", "saepe", "inde", y los compuestos de este, "deinde", "subinde", "exinde", "proinde", que todos tienen la antepenúltima aguda, ya sea porque tienen "de" por adición, como a algunos les parece, de donde frecuentemente encontramos "exin" y "dein". Virgilio en el VII: "Exin gorgoneis allecto infecta venenis"; o más bien porque las preposiciones separadas se gravan; pero para mostrar que están unidas, asumieron el acento agudo en ellas: como la conjunción "si" y el adverbio "ne", cuando se anteponen a "quando", como "siquando", "nequando". Pues "aliquando", por causa de diferencia con "aliquanto", que parecen tener un sonido similar, agudiza la antepenúltima. O son derivados de verbos, como "peragro", "peregre"; "punio", "impune"; "abundo", "abunde"; "rito", de donde "irrito", "rite". También encontramos nombres que terminan en E breve usados como adverbios, como "facile", "forte", "sublime", aunque "facile" y "sublime" sean acusativos, y "forte" sea ablativo: así también "sponte sua" y "mane primo" se muestran como nombres por la conjunción de otros casuales, como "domi suae"; pues "pote" nace de lo que es "potis", como "hic et haec potis" y "hoc pote". De donde Persio: "Qui pote vis dicam nugaris cum tibi, calve"; es decir, ¿cómo es posible? De lo que es "hic et haec potis" y "hoc pote", se hace el comparativo, "hic et haec potior" y "hoc potius", y el superlativo, como "potissimus"; de los cuales también son adverbios "potius" y "potissime", y de "pote" el adverbio compuesto "utpote". En E larga no encontré primitivos, sino derivados de nombres de la segunda declinación, cuyo dativo que termina en "o" se convierte en "e" larga y forma el adverbio, como de "huic claro", "clare"; "pigro", "pigre"; "pulchro", "pulchre"; de "valido", "valde" por síncopa, de "fabro", "affabre"; "sano", "sane"; "fero", "fere". Se exceptúan "bene" y "male", de "bono" y "malo", que terminan en "e" breve, los cuales se comparan de forma desigual, como "bene", "melius", "optime"; y los que faltan en la comparación, como "pie", "piissime"; "ulterius", "ultime", "novissime". Muchos de los nombres mencionados anteriormente se aceptan como adverbios por la misma terminación del dativo, como "falso", "consulto", "postremo", "sedulo", "auspicato", "augurato", "manifesto", "privato", "precario", "merito", y a menudo abrevian la "o" final cuando pasan a la significación de adverbio, como "cito", "sero", "modo". Juvenal en el III: "Et cito rapturus de nobilitate comesa / Quod superest". Virgilio en el IV de la Eneida: "Tu modo posce deos veniam sacrisque litatis". Estacio en la Tebaida I: "Sero memor thalami moeste solatia mortis / Phoebe paras". Se dice "necessario", y "necesse" requiere un verbo sustantivo. Los compuestos de nombres de la quinta declinación producen la "e", "pridie", "hodie", "postridie"; "meridie" también se acepta como adverbio, aunque sea nombre. También se encuentran adverbios que terminan en I larga, pero pocos primitivos, como "heri". Otros son nombres puestos en lugar de adverbio, la mayoría por el genitivo, como "domi", "Taurominii", "Lampsaci", "Tyri", "Ephesi", "belli"; por el dativo, como "vesperi", "sorti"; y también por el ablativo, como "qui" por "quomodo" o "inde". En I breve se encuentran dos, "ubi" e "ibi", y compuestos de ellos, como "sicubi", "inibi". En O, primitivos ciertamente, como "quando", temporal, y compuestos de él, "siquando", "nequando", "aliquando", que tienen la antepenúltima aguda, para que no se piense que las dos partes, como se dijo arriba, están divididas, o por causa de diferencia. Derivados ciertamente de "facto", "fatuito"; de "omni", "omnino"; de "fortuitus", "fortuito"; de "cis", "citro" y "citra"; de "in", "intro" e "intra", "infra". También hay compuestos, "praesto", "perfecto". Otros son nombres o pronombres expresados adverbialmente, como mostramos arriba, "falso", "merito", "solito", "sedulo", "cito", "sero", "vero", "utro", "utroque", "aliquo", "eo", "illo". Pero cuando se aceptan como adverbios, a veces se encuentran abreviando la "o", porque en el verbo y en el adverbio la "o" se considera indiferente. En U se encuentran pocos denominativos, como "diu", y el compuesto de él "interdiu", y de "nocte", "noctu", pues "astu" es un nombre indeclinable como "cornu". En el diptongo AE son nombres en caso genitivo puestos en lugar de adverbio, como "Romae", "cosae", "Capuae". En C se encuentran primitivos, "sic", "donec", que los antiguos también decían "donicion"; y derivados de pronombres, "illic", "istic", "huc", "illuc", "istuc", "hinc", "illinc", "istinc", "hac", "istac", "illac", y todos producen la sílaba extrema ya sea por naturaleza o por posición, excepto "donec", y al final se circunflejan si tienen una vocal larga por naturaleza; también se encuentran compuestos, como "adhuc", "abhinc", "dehinc". En L breve se encuentran pocos, como "semel", "pol", "aedepol", y la conjunción "vel" cuando se acepta por "valde". Pues todos los que terminan en M son adverbios breves, con cualquier vocal precedente, "utinam"; primitivos, "clam", "coram"; derivados o compuestos, "nequicquam", "nequaquam", con la penúltima producida; "praeterea", "quam", cuando es de similitud o comparación o elección, se acepta como adverbio. Virgilio en el XII: "Quam facile accipitur saxo sacer ales ab alto". Salustio: "Mare ponticum dulcius quam caetera maria". "Bifariam" también y "trifariam", y "omnifariam", son compuestos de "ferendo" y las dicciones preposicionadas. En EM, primitivos, "item", "tandem"; compuestos, como "idem", "ibidem", "indidem", "identidem". En IM se encuentran denominativos y verbales o participiales, como de "parte", "partim"; de "viro", "viritim"; de "vice", "vicissim"; de "ostio", "ostiatim"; de "statu", "statim"; de "raptu", "raptim"; de "saltu", "saltuatim"; de "cursu", "cursim"; de "stricto", "strictim"; de "sensu", "sensim"; de "singulis", "singillatim"; de "fatu", "affatim", o más bien del griego ἄφενος, es decir, abundantemente, de donde también se abrevia "fa"; de "privato", "privatim"; de "paulo", "paulatim"; de "singulto", "singultim"; de "tractu", "tractim"; de "carpto", "carptim"; de "ducto", "ductim", "praesertim", "confestim". En UM, los primitivos son pocos, "iterum", "sursum", "rursum" y "rursus", "prorsus" y "prorsum". Derivados o compuestos, "dextrorsum", "sinistrorsum", "deorsum", "orsum", "orientem versum", "occidentem versum", "deorsum": pues estos parecen ser compuestos, ya que se pronuncian bajo un solo acento; sin embargo, decimos mejor que inclinan hacia sí los nombres puestos arriba. Similarmente "actutum", derivado de "actu", es decir, de rapidez. Virgilio en el III: "Tam caetera reddet / Actutum pius Aeneas, atque integer Aeneas Carius". Nombres también de género neutro se encuentran en lugar de adverbios en la misma terminación, como "multum", "primum", "nimium", "parum" por "parvum". En N se encuentran dos producidos, como "non", "en"; en N breve los demás, como "forsan", "forsitan". Todos los que terminan en R son abreviados, primitivos, "cur" y "per" cuando se acepta por "valde". Los derivados de nombres o participios de la tercera declinación vienen terminando en "ter", pero si el nominativo termina en "ens", las "is" del genitivo se convierten en "r", como "sapiens", "sapientis", "sapienter"; "prudens", "prudentis", "prudenter". Otros asumen "ter" en el dativo, con la penúltima breve, como "fortis", "forti", "fortiter"; "utilis", "utili", "utiliter"; "audax", "audaci", "audaciter", o por síncopa, "audacter". Se exceptúa "facilis", que por "faciliter", "facile", tuvo en el uso lugar de adverbio, con "e" breve. "Difficilis" sin embargo hace "difficulter". A veces, los antiguos usaban nombres neutros en lugar de adverbios, como "sublime volans", por "sublimiter", y "utile", "acuile", por "utiliter", "acuiliter". Debe notarse, sin embargo, que en esta terminación aquellos adverbios que vienen de la segunda declinación, fuera de esta regla, terminan en "e" larga así como en "r" breve, como de "duro", "dure", "duriter"; de "largo", "large", "largiter"; de "humano", "humane" y "humaniter"; de "inhumano", "inhumane" y "inhumaniter"; de "firmo", "firme", "firmiter". Así también se encuentran otros, como "insane", "insaniter"; "severe", "severiter"; "benigne", "benegniter"; "aspere", "asperiter"; "proterve", "proterviter": que, sin embargo, el uso actual rechaza decir así. Además, de "tres" y "quattuor" nacen los adverbios "ter" y "quater"; también hay compuestos, como "obiter", "paulisper", "tantisper", "parumper". En AS larga, el primitivo "cras", y denominativos en esta terminación encuentro las extremas circunflejas, como "alias". En ES larga: "sodes", "Hercules", y los adverbios de números, es decir, los que nacen de números, a saber, desde cinco hasta mil, como "quinquies", "sexies", "decies", "vicies", "centies", "quingenties", "millies". En IS breve, "bis" y "nimis", que también decimos "nimium". "Satis", que también se acepta en lugar de nombre positivo, y que recibe comparativo, como "satius" por "melius". Juvenal en el III: "Hoc satius quam si dicas: Sub judice vidi". En US, uno largo, primitivo, "plus". En US breve, primitivos, como "penitus", "rursus", "prorsus", "secus"; derivados, como de "coelo", "coelitus"; de "stirpe", "stirpitus"; de "fundo", "funditus"; de "radice", "radicitus"; de "humano", "humanitus"; "divino", "divinitus"; se dice sin embargo también "divine", y "humane", y "humaniter". "Eminus" también y "cominus" son locales. "Adversus" también, que es también nominativo, como "nullus", por "minime", y todos los comparativos que son similares al género neutro de los nombres comparativos, como "doctius", "clarius", "prudentius", "ocius", "satius", "felicius", "sapientius", y también aquellos que, aunque no se deriven de nombres, tienen comparativos o diminutivos, como "saepe", "saepius", "saepissime"; "ultra", "ulterius", "ultime", "ulterior", "ultimus". Pues no nacen adverbios de este tipo de nombres, sino nombres de adverbios, "supra", "superius", "supreme", "superior", "supremus"; "citra", "citerius", "citime", "citerior", "citimus"; "extra", "exterius", "extreme", "exterior", "extremus"; "infra", "inferius", "infime", "inferior", "infimus"; "diu", "diutius", "diutissime", "diutior", "diutissimus"; "nuper", "nuperius", "nuperrime". Se encuentran adverbios largos por posición, en "rs" como "fors". Virgilio en el II: "Fors et vota facit, cumulatque altaria donis", que similarmente como "forsan", "forsitan", "forte", "fortasse", "fortassis", se deriva del nombre "forte", y "fors" ciertamente, y "forsan", y "forsitan", son de duda; "forte" sin embargo, de evento, por "fortuito"; "fortasse" sin embargo y "fortassis" por "temere". En "ns", como "totiens", "quotiens", "multotiens", "aliquotiens". En "x", como "vix", "mox", "pax", que es griego cuando significa solamente. En "nc", "nunc", "hinc", "illinc", "istinc". En "ps", "deinceps".
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Las sílabas finales de todos los participios siguen, por tanto, la regla de los nombres en todos los casos, es decir, los del tiempo pretérito y futuro siguen a los nombres móviles, como justus, justa, justum; amatus, amata, amatum; amaturus, amatura, amaturum; amandus, amanda, amandum; los de presente, en cambio, se declinan según los fijos, como infans, infantis; emens, ementis; amans, amantis; docens, docentis; legens, legens; audiens, audientis; y a partir de su lógica, los participios toman la regla de producir o abreviar las sílabas según los casos y géneros. Pues el conocimiento de las penúltimas y demás sílabas se percibe a partir de los verbos de los que derivan. El participio de tiempo presente se forma a partir del pretérito imperfecto del modo indicativo, mediante la mutación de la sílaba final, es decir, bam en ns, como amabam, amans; docebam, docens; legebam, legens; faciebam, faciens; muniebam, muniens, exceptuando los verbos de la cuarta conjugación que terminan en eo, los cuales, contra la regla de los demás, tienen una i ante bam, producida, como ibam, quibam, lo cual también suele ocurrir en otros verbos; como polibam por poliebam, insignibam por insigniebam; sin embargo, esto no impidió que los participios nacieran según la regla de los perfectos: pues decimos iens, audiens, quiens, poliens, insigniens. Estos mismos participios, sin embargo, que nacen de los verbos de la cuarta conjugación terminados en eo, tuvieron anómalamente ie eu a través de los casos oblicuos: iens, euntis; quiens, queuntis; y los compuestos de ellos, como prodiens, prodeuntis, nequiens, nequeuntis. Los participios de tiempo futuro, si provienen de verbos activos, neutros o deponentes, se forman a partir del final de los supinos, añadiendo rus: amatu, amaturus; doctu, docturus; lectu, lecturus; auditu, auditurus; statu, staturus; cursu, cursurus; molitu, moliturus; vertitu, vertiturus. Del verbo común también, que en tiempo futuro tiene dos participios, uno activo, rus, y otro pasivo en dus, aquel que termina en rus se forma según la regla ya dicha: criminatu, criminaturus; aquel, en cambio, que termina en dus, sigue el futuro del pasivo. Los participios pasivos del mismo tiempo se forman a partir del pretérito del participio de presente, convirtiendo la tis final en dus: amans, amantis, amandus; docens, docentis, docendus; legens, legentis, legendus; audiens, audientis, audiendus; transiens, transeuntis, transeundus; praeteriens, praetereuntis, praetereundus. Pues los participios de tiempo pretérito, que terminan en tus, sus o xus, se forman de manera similar a partir del final del supino, añadiendo s y abreviando la u. Nacen, además, de verbos pasivos, comunes, deponentes, neutro-pasivos y algunos neutros: de los pasivos, como amatu, amatus; domitu, domitus; doctu, doctus; deletu, deletus; mersu, mersus; pexu, pexus; auditu, auditus; de los comunes: criminatu, criminatus; osculatu, osculatus; de los deponentes: for, fatu, fatus; loquor, locutu, locutus. De los neutro-pasivos: gavisu, gavisus; factu, factus; de los neutros, en cambio, pocos pretéritos nacen: coenatu, coenatus; pransu, pransus; placitu, placitus; nuptu, nuptus. Se exceptúa mortuus de morior, que según la analogía debió formar moritu, moritus, y de aquí moriturus; pero el pretérito hace mortuus, no moritus; también potum por síncopa por potatum, y de ahí potus, participio. Virg. en las Buc.: Et potum pastas age, Tityre, et inter agendum. Y el mismo en las Georg.: Quoque modo potus gauderent intiba fibris. Lucano en el V: Strymona sic gelidum bruma pellente relinquunt Poturae te, Nile, grues. Lautus, lauturus, por lavatus, lavaturus, está en uso; ortu, ortus, y hace oriturus. En los anómalos también se observan las reglas arriba dichas: latu, latus, laturus; ferens, ferentis, ferendus; esu, esus, esurus, edens, edendus, y así también los compuestos de ellos. De sum también los antiguos proferían el participio ens, de donde se compone potens, pues futurus parece nacer más bien del verbo fio, cuyo pretérito es factus, y el presente fiens: puede, sin embargo, considerarse que proviene también de fui. Facio, factu, tiene el pretérito factus, y el futuro facturus, y faciens, el presente. Findo también hace findens, fissus, fissurus. Y debe saberse que si faltan los supinos, faltan también los participios tanto de tiempo futuro terminados en rus, como los de pretérito, que nacen de ellos: lo cual encuentras en todos los meditativos e incoativos, en los cuales faltan los dos supinos finales; faltando estos, faltan también los participios de los tiempos arriba dichos, como parturio, esurio, horresco, calesco; lo cual también ocurre mayormente en los verbos neutros de la segunda conjugación o de la tercera terminados en uo, como tepeo, egeo, caleo, ferveo, stupeo, lateo, candeo, niteo, aestuo, luo. Se encuentran, sin embargo, rarísimamente en algunos de este tipo supinos, o participios de tiempo futuro, como doleo, doliturus; vareo, cariturus, y también se encuentran otros muchos deficientes. En otras significaciones o géneros de verbos, tanto los supinos como los que nacen de ellos, como urgeo, spuo, metuo, timeo, medior, ambigo, scindo, vergo, arceo, mando, mandis: y en cualquier tiempo en que los verbos son defectivos, faltan también los participios. Ferior y vescor tampoco tienen tiempo pretérito, ni participios del mismo tiempo. Coepi no tiene presente ni futuro, ni participio, sino solo de tiempo pretérito, coeptus. De manera similar, odi, novi, osus, del cual perosus y exosus, notus, y memini, meminens, porque memini tiene fuerza tanto de presente como de pretérito, como odi, como ya dijimos antes: nosco hace noscens. De manera similar, los impersonales faltan en los supinos y en los participios que nacen de los supinos, como piget, pudet, toedet, poenitet, liquet, licet, libet, oportet; pero se encuentra el compuesto pertaesum, y poenitens, de donde poenitentia; y libens y licens, de donde licentia, licitus. Y debe saberse que si los verbos son compuestos, de ellos se derivan los participios compuestos, como efficio, efficiens. Pues si ellos mismos se componen por sí mismos, no pasan primero a la fuerza y significación de los nombres mediante verbos compuestos: así también si se comparan, como nocens, innocens; sapiens, insipiens. Estos, por tanto, aunque parezca que los compongo extraordinariamente, cuando mi propósito es escribir sobre la potestad de las sílabas, sin embargo, no inútilmente interpuse esto, porque la cualidad de las dicciones será más manifiesta si su origen se investiga antes con mayor diligencia. Debe notarse también que todos los participios de tiempo pretérito o futuro siguen en sus penúltimas o antepenúltimas la regla de los supinos de donde derivan, exceptuando pocos, como statum, statu, que produce la penúltima a partir del supino. En el participio también o nombre verbal la abrevia, como status, stata, stabilis, a menos que sea solo en el participio de futuro, como staturus, statura, staturum, que también es nombre. Como mostramos arriba escribiendo sobre los gerundios o sílabas medias, tampoco es necesario repetir esto, especialmente cuando nos apresuramos hacia otras cosas.
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Aunque podemos explicar brevemente las últimas sílabas de las conjunciones, creemos, sin embargo, que para que su potestad resplandezca más manifiestamente, es necesario indicar al mismo tiempo su producción o corrección junto con sus especies. Pues las especies de conjunciones son catorce, es decir, copulativa, continuativa, subcontinuativa, adjunctiva, causalis, effectiva, approbativa, disjunctiva, subdisjunctiva, dissertiva, o electiva, o praesumptiva, adversativa, abnegativa, collectiva o racionalis, completiva. La especie copulativa es la que copula tanto las palabras como el sentido, como et, que, ac, atque, quidem, quoque, cuando se pone por quod; at, ast, sed, autem, vero, cuando se acepta por autem; pues estas copulan el intelecto con confirmación, y todas se abrevian, exceptuando una, ast, que la posición produce. Las continuativas son las que significan el orden de la cosa precedente a la siguiente, como si stertit, dormit; de manera similar sive, sin, seu, de las cuales tres se producen, si, sin, seu; una se abrevia, sive. Las subcontinuativas, en cambio, muestran la causa de la continuación consecuente con la esencia de las cosas, como quo, quia, que, y son breves. Las adjunctivas son las que se adjuntan a los verbos subjuntivos, como cum, ut, dum, quatenus, todas breves. Y esta es la diferencia entre las adjunctivas y las propiamente causales, que aquellas se profieren con afirmación, estas con duda. Las causales son las que significan la causa de la cosa precedente, como si, etsi, etiamsi, siquidem, quando, quandoquidem, quin, quin etiam, nam, namque, ni, nisi, nisisi, si enim, etenim, sed, interea, quamobrem, praesertim, item, itemque, caeterum, alioquin, praeterea: las cuales todas se abrevian, exceptuando si, interea, y praeterea, y las que tienen i ante n en la última sílaba, como quin y alioquin. Las effectivae son casi las mismas que las causales, pero las effectivae muestran más plenamente en sí mismas un cierto efecto, como si dijera: movetur, ambulat enim; quiescit, sedet enim. Debe notarse también que las conjunciones causales, que otros pusieron en una sola especie, Apolonio, padre de Herodiano, las divide en cinco especies, que mostramos arriba, es decir, continuativas, subcontinuativas, adjunctivas, causales, effectivae, debido a una cierta distancia que parecen tener entre sí. Se encuentran, sin embargo, también nombres, o pronombres, o incluso adverbios, o preposiciones, que se aceptan en lugar de las conjunciones causales; nombres: qua causa, qua gratia, qua propter, quam ob rem, y quas ob res; pronombres: como ideo, eo; adverbios, como quando, etiam; preposiciones con pronombres, como praeterea, interea, que siguen la potestad de su origen en los tiempos. Las approbativae son las que aprueban una cosa. Virg. en el XII: Et quidem merui, nec deprecor, inquit. Terencio en el Phormio: Ita cognatam quidem, at nos. Y las causales por las approbativae. Virg. en el II de la Eneida: Di, si qua est coelo pietas quae talia curat. El mismo en el I: Si quid Usquam justitiae est. Y debe saberse que cuando son approbativae, se juntan al modo indicativo. Las disjunctivae son las que, aunque conjunten dicciones, disjuntan sin embargo el sentido, y significan que una cosa es, pero que la otra no es, como ve, vel, aut: en cuya especie se encuentran ciertas conjunciones dubitativas o interrogativas, como aut, an, ne, abreviada necne: y hay veces que se dicen indicativamente, hay veces que dubitativamente: indicativamente, como aut lux est, vel nox; dubitativamente, como: aut prodest, aut non prodest divitias quaerere. Las subjunctive son las que con la voz de las disjunctivae significan, sin embargo, que ambas son, o simultáneamente, como las copulativas, como es Alexander vel Paris, por Alexander que también es llamado Paris. De manera similar Mars, sive Mavors, Gradivus vel Maspiter; o discretamente simultáneamente, como, toto die vel legit iste, vel cogitat; pues significa tanto leer como pensar, pero no hacer ambas cosas simultáneamente, sino leer a otras horas, pensar a otras. Todas las conjunciones de los disjuntivos, por tanto, se abrevian, exceptuando aquellas que constan de diptongos, como aut, seu. Las disertivae o electivae son, cuando, propuestas diversas cosas, mostramos que elegimos algo de ellas, como: dives esse volo quam pauper. Es, además, quam tanto el acusativo del nombre infinito, como adverbio de similitud, como Terencio en el Phormio: Quam inique comparatum est! y se acepta como duplicativo por conjunción adversativa, como quanquam. Las adversativae son las que significan lo contrario de lo conveniente, como tamen, quanquam, quamvis, etsi, etiamsi, saltem; y son breves, exceptuando aquellas que terminan en vocales. Las abnegativae son, como ne, y neque, breves. Las collectivae o rationales son, ergo, igitur, itaque, quando; la penúltima se acentúa: quapropter, quin, alioquin, imo, utique, ita, quippe, atquin, scilicet; estas recogen por ilación lo dicho arriba, esto es, lo confirman por razón, y son conjunciones, aunque parezca que algunos adverbios están allí, abreviadas las últimas, excepto aquellas que tienen i ante n, lo cual mostramos arriba. Las completivae son, vero, autem, quidem, equidem, quoque, enim, nam, namque porro, porro autem, y casi cualesquiera conjunciones que se ponen por causa de ornato o de metro, sin ninguna necesidad de significación: todas son llamadas con este nombre, sin embargo, estas se encuentran entre otras especies, como si dijera: Aeneas vero et pius et fortis fuit, es completiva, porque si se quita vero, la significación permanece íntegra.
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Sobre las preposiciones.
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Las preposiciones del caso acusativo son estas, ad, apud, ante, adversus, cis, citra, erga, contra, extra, inter, intra, infra, juxta, per, prope, propter, ob, pone, secundum, post, trans, ultra, praeter, supra, usque, penes, en número de veintiocho. Las del ablativo, en cambio, son estas, a, ab, abs, e, ex, de, pro, prae, cum, clam, coram, palam, sine, absque, tenus, en número de quince. Pero las acusativas se distinguen de este modo en los tiempos de las sílabas; ad es breve; adversus tiene las dos primeras largas por posición, la última breve; apud, ambas breves; ante produce la primera sílaba por posición, la siguiente es breve; cis es larga; citra, ci es breve, tra es larga; supra, su es breve, pra es larga; circum, la anterior es larga por posición, la posterior es breve; circa, erga, contra, extra, intra, infra, juxta, pone, tienen todas las sílabas largas; inter produce la primera por posición, la segunda es breve; per es breve; prope ambas breves; propter, la anterior larga, la segunda breve; ob es breve; praeter, la anterior larga, la siguiente breve; usque, la anterior larga, la posterior breve; penes ambas breves. Las preposiciones del ablativo también son estas, a, ab, abs, cum, coram, clam, de, e, ex, pro, prae, palam, sine, absque, tenus; pero a, y abs, y de, y e, y ex, y prae, son siempre largas, ya sea que estén en aposición o en composición, excepto que de en composición se abrevia en dehinc; ab, y cum, y clam son siempre breves, a menos que la posición de la siguiente parte las produzca; pro a veces se abrevia en composición, a veces se produce: se abrevia, como proavus, pronepos, pero esto algunos lo confirman compuesto del adverbio procul, de donde también se abrevia y todas las que tienen pro abreviado de manera similar, como profatur, protervus, etc. Otros, en cambio, a imitación de los griegos, entre quienes la preposición pro se abrevia, dicen que los nuestros también hicieron esto en la composición de algunas. Coram, y palam, y absque tienen las primeras sílabas largas y las posteriores breves; sine y tenus, ambas breves. Pero aunque consideremos que se ha dicho suficiente sobre los tiempos de las preposiciones, place, sin embargo, porque su uso rara vez se describe perfectamente entre los autores, hacer un discurso más manifiesto sobre ellas.
15
Sobre la producción o corrección de los casos.
15
En la primera declinación el nominativo, y el acusativo, y el vocativo singular son breves. El genitivo, dativo, ablativo son largos, y todos en el número plural son largos, a menos que el genitivo, dativo y ablativo, si terminan en bus, sean breves por diferencia. En la segunda declinación el nominativo singular, y el vocativo, y el acusativo son breves. El genitivo, dativo y ablativo son largos, y todos los casos plurales en género masculino y femenino son largos, a menos que el genitivo. En el género neutro el nominativo, acusativo y vocativo singulares, breves; los otros tres largos, y todos los demás en el número plural breves, a menos que el dativo y ablativo. En la tercera declinación el nominativo y vocativo a veces breves, a veces largos; el genitivo siempre es breve, y el ablativo a menos que sea en i; y el acusativo, dativo singular es largo. Los plurales, nominativo, acusativo y vocativo largos, en género masculino y femenino, dativo y ablativo breves. El nominativo y acusativo y vocativo plurales en género neutro son breves. En la cuarta declinación el nominativo y vocativo singulares, y el acusativo en género masculino y femenino son breves. El genitivo, dativo y ablativo son largos. Los plurales nominativo, acusativo, vocativo son largos, genitivo, dativo, ablativo breves. En los neutros, nominativo, acusativo, vocativo son breves, los otros tres son largos. En el número plural todos son breves. En la quinta declinación todos los singulares son largos, a menos que el acusativo. Los plurales, nominativo, acusativo, y vocativo son largos; los otros tres breves.
16.1
Sobre la fuerza y la varia potestad de los metros.
16.1
Ciertamente, porque en el libro anterior sobre la potestad de las letras y sílabas y los varios sonidos de todas las partes, así como las reglas de los pies, en cuanto a lo que creí suficiente para la primera institución del arte métrico, según la calidad del ingenio, estimo haberte expuesto suficientemente, dulcísimo: resta que explique, en este libro siguiente, la fuerza misma del metro y su posición más sutil, y por qué causa, y por qué autores fue inventado o instituido, y por quiénes se encuentra cambiado o variado, según pueda. Y primero debe notarse que, como ha sido investigado por los más elocuentes y veraces escrutadores de las historias, el cuidado de los cantos fue más antiguo entre los hebreos que entre los gentiles; pues Moisés, quien compuso los cánticos del Éxodo y del Deuteronomio en verso amétrico (como escriben Josefo y Orígenes), es descubierto como más antiguo que todos los que los griegos consideran antiquísimos: es decir, Homero y Hesíodo, y la guerra de Troya, y mucho más arriba Hércules, Museo, Lino, Quirón, Zeto, Anfión, Perseo, Orfeo, Cástor, Pólux, Esculapio, Líber, Mercurio, Apolo, y los demás dioses de los gentiles, y los sagrados o vates, y las gestas del mismo Júpiter, a quien Grecia colocó en la cima de la divinidad. Si es que también Job, a quien muchos igualan a los tiempos de Moisés, siendo testigos los mismos escritores arriba recordados, transcurre todo en verso amétrico dactílico y espondaico; pero sobre esto hablaremos más plenamente en los siguientes, cuando hayamos escrito sobre las especies de metros. Tranquilo, pues, escritor de la historia antigua, refiere así sobre los poetas de los gentiles y sobre los poemas: «Cuando los hombres, despojados de su ferocidad, comenzaron a tener razón de vida, y a conocerse a sí mismos y a sus dioses, un culto moderado y un lenguaje necesario, idearon para sí la magnificencia de ambos y la religión de sus dioses. Por tanto, les hacían templos más hermosos que las casas, y simulacros más grandes que los cuerpos. Así, pensaron que debían ser honrados también con una elocuencia casi más augusta, y elevaron sus alabanzas tanto con palabras más ilustres como con números más jocundos. Ese género, porque se hace con una cierta forma, que se llama poética, fue llamado poema, y sus creadores poetas». La poética, por tanto, es la estructura métrica de una narración ficticia o verdadera, compuesta con ritmo y pie congruente, acomodada a la utilidad y al placer: llamada metro por eso, porque se termina con ciertas medidas y espacios de pies. Pues la medida en griego se dice μέτρον. Por tanto, un pie no es metro, ni un pie y medio, porque el metro se confunde con los pies; ni ciertamente pueden llamarse pies donde nunca hay dos. Por tanto, el metro es más que un pie. La poética dista del poema y de la poesía en que la poética se entiende como el arte mismo, el poema, en cambio, como una parte de la obra, como la tragedia; la poesía, el tejido y cuerpo de toda la obra realizada, como la Ilíada, la Odisea, la Eneida.
16.2
Los géneros de poemas son tres: o bien activo o imitativo, que los griegos llaman dramático o mimético; o enarrativo o enunciativo, que los griegos llaman exegético o apangéltico; o común o mixto, que los griegos llaman koenon o micton. El dramático o activo, en el que actúan solo las personas, sin interlocución de ningún poeta, como se comportan las fábulas trágicas y cómicas; en este género está escrita la primera Bucólica, y aquella cuyo inicio es: Quo te, Maeri, pedes. El exegético o enarrativo es en el que el poeta mismo habla sin interlocución de ninguna persona, como se comportan los tres libros de las Geórgicas, y la primera parte del cuarto. Asimismo los poemas de Lucrecio y otros similares a estos. El koenon o común es en el que el poeta mismo habla, y se introducen personas que hablan, como la Ilíada y la Odisea toda de Homero, y la Eneida de Virgilio, y otros similares a estos. Las especies del poema dramático o activo son cuatro entre los griegos; trágica, cómica, satírica, mímica; estas entre los romanos se llaman pretextata, tabernaria, atellana, planipes. Por tanto, en la trágica de los griegos está la comprensión de la fortuna heroica en las adversidades. La tragedia, como algunos quieren, fue dicha de trago y ode, porque antiguamente a los autores trágicos se les proponía como premio del canto un trago, es decir, un macho cabrío, porque se inmolaba más liberalmente en el día festivo por esto mismo, porque, como dice Varrón, pastan la vid. Y Horacio en el Arte poética: Carmine qui tragico vilem certavit ob hircum, Mox etiam agrestes satyros nudavit.... Virg. en las Georg. II: Non aliam ob culpam Baccho caper omnibus aris Caeditur. Otros, en cambio, piensan que la tragedia fue llamada así por la hez, que algunos de los griegos llaman tryga, mediante la mutación de las letras, convertida la y en a: porque antiguamente, no habiendo sido descubiertas aún las personas por Tespis, tales fábulas agitaban con los rostros untados de heces, como de nuevo es testigo Horacio así: Ignotum tragicae genus invenisse camoenae. Dicitur, et plaustris vexisse poemata Thespis, Quae canerent agerentque infecti faecibus ora. Otros pensaban que era por el vino, porque antiguamente se decía tryx, de donde trygetos es hoy día la vendimia, porque se daba más liberalmente entre los áticos en el día festivo del Padre Líber vino a los cantores, de cuya cosa es testigo Lucilio. La comedia es la comprensión de la fortuna privada y civil sin peligro de vida. La comedia es llamada ἀπὸ τῶν κωμῶν. Pues se llaman comae a los pueblos, es decir, las asambleas de los rústicos. Por tanto, la juventud ática, como dice Varrón, solía ir alrededor de los barrios y por causa de su ganancia pronunciaba este género de canto; o ciertamente por los juegos vecinales. Pues después de que se emigró de los campos a Atenas, y se instituyeron estos juegos, como en Roma los Compitalicios, salían a cantar y de la urbana las odas cómicas. Asimismo la comedia es llamada o porque en ella se comprenden las fortunas de los pueblecitos, es decir, de las casas humildes, no como en la tragedia de las públicas y reales; o ἀπὸ τοῦ κώμου, es decir, de la comensación, porque antiguamente en fábulas de este tipo se cantaban las comas de los jóvenes amantes. Por tanto, la comedia difiere de la tragedia, porque en la tragedia se introducen héroes, duques, reyes; en la comedia, humildes y privados: en aquella llantos, exilios, matanzas; en esta amores, raptos de vírgenes; luego porque en aquella frecuentemente y casi siempre hay finales tristes para las cosas alegres, y mutación de las fortunas anteriores a peor. Por lo cual han sido discretas con esta varia definición entre los griegos: pues una fue llamada ἀκίνδυνος, la otra τύχης περίστασις. Pues la tristeza es propia de la tragedia, y por eso Eurípides, pidiendo el rey Arquelao que escribiera una tragedia sobre él, se negó, y suplicó que no le sucediera a Arquelao algo de tragedia, mostrando que la tragedia no es otra cosa que la comprensión de las miserias. Los primeros poetas cómicos, Susarion, Bullus y Magnes: estos pronunciaban ciertas cosas jocosas de la vieja disciplina menos hábilmente y antiguamente. En la segunda edad estuvieron Aristófanes, Eupolis y Horacio, quienes también insectaron los vicios de los príncipes y compusieron comedias acérrimas. La tercera edad fue la de Menandro, Filo y Filemón, quienes mitigaron toda la acrimonia de la comedia, y siguieron argumentos múltiples con errores griegos: de estos los romanos trasladaron las fábulas, y consta que entre ellos escribió primero la comedia en lengua latina Livio Andrónico. Hay quienes quieren que Epicarmo, exiliado en la isla de Cos, frecuentara primero este canto, y así se diga comedia de Cos. Antes, por tanto, usaban galerías, no personas, para que la cualidad del color hiciera indicio de la edad, cuando eran o blancos, o negros, o rojos. Pero usar personas comenzó primero Roscio Galo, histrión principal, porque tenía los ojos vueltos, y no pronunciaba suficientemente decoroso en las personas al parásito. La sátira se llama canto, y no ciertamente entre los romanos malediciente, y compuesta con carácter de comedia para carpír los vicios de los hombres: cual escribieron Lucilio, y Horacio, y Persio, y antiguamente Carmem; y por eso porque constaba de varios poemas, se llamaba sátira, cual escribieron Pacuvio y Ennio. La sátira, además, es llamada, como otros quieren, o de los sátiros, porque de manera similar en este canto se dicen cosas ridículas y vergonzosas, que como por sátiros se profieren y se hacen. O la sátira es llamada de la lanza, que rellena de varias y muchas primicias se llevaba en los sagrados entre los antiguos; y por la copia y saturidad de la cosa se llamaba sátira, de cuyo género de lanzas también Virgilio hace memoria en las Geórgicas, cuando dice de este modo: Lancibus et pondis fumantia reddimus exta. Y el mismo: Lancesque et liba feremus; o de un cierto género de embutido relleno de polenta y núcleos de pino, y rociado con mulso. A esto otros añaden, y granos de la manzana púnica. Otros, en cambio, piensan que fue llamada de la ley Sátira, que en un solo ruego comprende muchas cosas, porque ciertamente también en el canto satírico se comprenden muchos poemas a la vez, de cuya sátira de la ley hace memoria Lucilio en el primero, hecho edil por sátira, quien disuelve las leyes. La cuarta especie de drama entre los griegos es la que se llama mímica, porque es imitadora de las cosas humanas; es, por tanto, imitación de cualquier discurso sin reverencia, o de hechos torpes con lascivia, porque ciertas fábulas eran compuestas por los poetas de los griegos de tal manera que fueran aptísimas al movimiento del cuerpo. Pues fábula es dicha por los griegos παρὰ τὸ δρᾷν, es decir, actuar, porque se mostraría más por actos y por algunos movimientos. Pues también se dice que la fábula es actuada, no referida por los actores, pero sin embargo en las fábulas latinas hay muchos cánticos que se cantan. Y por eso Horacio interpreta ambas estas significaciones, cuando dice así sobre la fábula: Aut agitur res in scenis, aut acta refertur.
16.3
Por tanto, los latinos llamaron a estas cuatro especies arriba dichas con sus propios nombres, como ya conmemoramos arriba, es decir, llamaron a la trágica pretextata, y a la cómica tabernaria, a la satírica también atellana, y a la mímica planipes. Pero así como nos preocupamos por disertar qué valían las apelaciones griegas según el sentido de los antiguos; así también no omitamos exponer las latinas, que son más nuestras. Es decir, la tragedia y la comedia al principio entre los latinos se llamaban togatae, porque todas se veían confundidas en el honor público, las cuales togatae después se dividían en pretextatae y tabernariae. Se llaman fábulas togatae las que están escritas según los ritos y hábitos de los hombres togados, es decir, los romanos: pues la toga es romana; así como Varrón dice que las fábulas griegas son llamadas palliatas por el hábito. Pero también debe notarse que togas, aunque sea un nombre general, sin embargo, especialmente por las tabernarias no solo el error común lo usurpa, porque llama a las fauni togatas, sino también los poetas, como Horacio, porque dice: Vel qui praetextas, vel qui docuere togatas.
16.4
Las especies de fábulas togatae son casi tantas como las palliatas. Pues las primeras especies de las togatae son las que se llaman pretextatae, en las cuales se actuaban los negocios de los emperadores y públicamente se introducen reyes romanos o duques, semejantes a las tragedias por la dignidad de las personas y la sublimidad de las personas. Se llaman pretextatae, además, porque en fábulas de este tipo se comprenden los actos casi de los reyes o magistrados, que usan la pretexta. La segunda especie es de las togatae, que se llaman tabernariae, y por la humildad de las personas, y por la similitud de los argumentos, iguales a las comedias. En las cuales no se introducen magistrados o reyes, sino hombres humildes y casas privadas, las cuales, como antiguamente se cubrían con tablas, se llamaban tabernariae. La tercera especie es de las fábulas latinas, que fueron llamadas atellanae por la ciudad de los oscos Atella, de donde comenzaron primero, semejantes en argumentos y dichos jocosos a las fábulas satíricas griegas. La cuarta especie es de la planipes, que en griego se llama μίμος; por eso, además, en latín se llamó planipes, porque los actores entraban al proscenio con los pies planos, es decir, desnudos; no como los actores trágicos, con coturnos; ni como los cómicos, con zuecos; o porque antiguamente no actuaban en el estrado de la escena, sino con instrumentos mímicos puestos en el plano de la orquesta. De cuya planipes el escritor de las actas de las togatae hace memoria así en la fábula edilicia: Datur in est Scaurus exsultat planipes; si sin embargo habían hecho algunas fábulas de zuecos, los palliati las pronunciaban. La togata difiere de la tragedia pretextata, porque en la tragedia se introducen héroes, como Pacuvio escribió tragedias con nombres heroicos, Orestes, Criseu, y similares a estos. En la pretextata, además, se inscriben nombres latinos, como Bruto o Decio. Asimismo Marcelo o Africano, y similares a estos. La togata tabernaria difiere de la comedia, porque en la comedia se introducen ritos griegos, y personas griegas, como Laques, Sóstrata, Geta, Demifón; en aquella, en cambio, latinas. Las togatae tabernariae las dieron a la escena principalmente dos, Afranio, y G. Quintio; pues Terencio y Celio escribieron comedias. La atellana latina difiere de la satírica griega, porque en la satírica se introducen casi personas de sátiros, o si hay algunas ridículas semejantes a los sátiros, como Olicus, Bosiridis. En la atellana, en cambio, personas oscas, como Maccus.
16.5
Las especies del poema exegemático, es decir, enarrativo, son tres, angelíticas, históricas, didascálicas. La angelítica es aquella con la que se escriben sentencias, como es el libro de Teognis, y la Monástica de Albino, cuya especie se encuentra puesta dispersamente en muchísimos poemas. Asimismo las crías se deputan a la misma. La histórica es aquella con la que se componen genealogías de narración, como es el metro sobre la generación del mundo, y la situación, y la cualidad de diversas gentes, y el libro de Alcimo, y similares a estos. La didascálica es aquella con la que se comprende la filosofía de Empédocles y Lucrecio. Asimismo la astrología, y los fenómenos de Arato y Cicerón, y las Geórgicas de Virgilio y similares a estos C.
16.6
Las especies del poema coeni o común son dos. De las cuales la anterior es heroica, como es la de la Ilíada y la Eneida; la otra es elíaca, que también se llama lírica, como es Arquíloco y Horacio.
16.7
COMIENZAN LAS GLOSAS DE LOS VERBOS EN EL DONATO MAYOR.
16.8
¿ Cuántas definiciones hay entre los gramáticos? Seis. La primera es sustancial: el nombre es una parte de la oración con caso. La segunda es del sonido, el nombre se dice como si fuera un notamen( marcador). La tercera es numeral; las partes de la oración son ocho. La cuarta, accidental: al nombre le ocurren seis cosas. La quinta, especial, el cuerpo o la cosa propiamente. La sexta es la etimología: hombre( homo) se dice por tierra( humo), tierra( humus) por humedad( humore). En verdad,[ esto designa por sí mismo] el cuerpo o la cosa. La cosa propia es, como dice Prisciano, el arte, que pertenece especialmente a cualquier autor, como es la Aritmética de Nicómaco, la Gramática de Aristarco. La cosa común, en cambio, es como disciplina, arte. Otros dicen que la cosa es propia, como son los nombres de los ángeles Miguel, Gabriel, etc.; la común, en cambio, los nombres de las virtudes, como piedad, prudencia, y rel. Algunos no dudan en afirmar esto de este modo. La cosa propia es Dios, la común, en cambio, el ángel. Hay cuatro especies: Publio es el praenomen; Cornelio, el propio; Escipión, el cognomen; Africano, el agnomen. Estas cuatro especies de nombres pertenecen a un solo hombre. Otros son de primera[ no toman su origen de otra parte], crece a menudo el número de sílabas; es decir, porque no siempre, pero a veces, como paulum, paululum, pauxillum, pauxillulum. Hay nombres totalmente de la declinación griega; estos son nombres propios entre los griegos, y entre nosotros están puestos entre las especies de los apelativos, porque sus interpretaciones son apelativas. Temisto, interpraesensibilis; Calipso, rationabilis. Pan, todo o total; los cuales son totalmente de la declinación griega, es decir, porque no deben ser declinados en latín por aquel que conozca ambas lenguas. Los cuales son llamados notha, es decir, en parte nobles. Pues los griegos dicen Achilleios, los latinos Achilles, los griegos Agamemnon, los latinos Agamemno, tal como sermo y los demás homónimos, es decir, uninomios o unívocos. Nepos, hijo del hijo; se dice lujurioso o pródigo. Sinónimos y poliónimos, es decir, plurinomios o multívocos. Aries es un animal, Aries es un signo en el cielo, Aries es un ingenio para destruir las fortificaciones de los muros. Acies se dice de los ojos, acies del hierro, acies del ejército. En aquellos que son griegos,[ observaremos más la regla griega] que la latina, porque cual es su terminación entre los griegos, la misma se observa también entre los latinos. Agamemnonicae, Micenas, es decir, porque Agamenón reinaba allí. Otras son de significación media, es decir, porque cuando digo grande, todavía queda pendiente; o por eso de significación media, porque se refieren al bien o al mal, como gran maestro y gran ladrón. Otras son patrias, es decir, patria es la ciudad en la que uno nace, o la tierra adyacente a la ciudad. El primero de muchos, es decir, porque tiene la especie de superlativo. El anterior de dos, es decir, y este la especie de comparativo, porque hace la comparación de dos. Comedo, es decir, voraz o polilla. Palpo, es decir, avecilla mariposa, o ciego, o ladrón. De la comparación[ hay tres géneros]: la comparación se dice colación de semejantes, que prefiere uno sobre otro por la colación del otro. A veces el comparativo, y[ ulterior y superior e inferior] los comparativos se derivan de los adverbios, ultra, supra e infra. Pues el positivo[ es perfecto] en sentido, y absoluto de caso: Mare Ponticum[ más dulce que los otros mares]; pues mayor sería la comparación si dijera dulce absolutamente, significa menos por eso porque lo amargo se compara con la amargura. Ya senior[ se toma por positivo]; he aquí que el comparativo se toma por positivo, pues Caronte no se hace comparación con ningún otro.
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Esta musa. Musa se interpreta como la que busca; pues se deriva del sonido, y es la diosa de los cantos. Los nueve nombres de las Musas son estos: Melpómene, Euterpe, Polimnia, Terpsícore, Urania, Clío, Calíope [Erato, Talía]. Es epiceno, es decir, supercomún, porque comprendemos a los animales de ambos géneros con un solo artículo. Otros dicen supercommixtum, no porque la naturaleza misma del sexo esté mezclada, sino nuestro intelecto; pues viendo algunos animales, ignoramos si es macho o hembra. Eunuchus comoedia, es decir, el libro de Terencio, y ese nombre es de género femenino. Similarmente Orestes y Centauro. Poema, es decir, obra del poeta; emblema, es decir, abundancia; porrum, es decir, verdura; cepe es de género neutro en número singular, y es nombre de verdura; forum, es decir, mercado o entablado de naves; stirps, es decir, arbustos, que nacen junto al árbol, o progenie; pampinus, es decir, hoja de vid: son de género incierto, es decir, masculino y neutro; pues se encuentra un doble nominativo, es decir, frenus y frenum; clypeus y clypeum. Vulgus, en cambio, y specus en una terminación son de género masculino y neutro. Femenino, [a menudo decimos los árboles mismos], porque a veces se encuentra de género masculino como oleaster. Scutum se dice por la redondez. La mujer que hace panes se dice pistrilla, o el vaso en el que se mezcla el agua con la harina, o el nombre diminutivo de la casa misma. Toreuma, es decir, torneadura, o burbuja que se hace en el agua, o (como dicen algunos) el sonido del tórax. Euterpe, es decir, nombre de musa. Gummi, es decir, género de resina apto para la medicina. Frugi, es decir, parco o modesto. Nihili es lo mismo que nada. Pumilio, pequeño hombrecillo.
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Número se dice por los números que se cuentan, o por una cierta diosa Numeria. Singular, es decir, certeza de cantidad. Plural, es decir, incierto, esto es, multiplicación de unidades. Existe el número dual. El número dual se dice porque no es de número singular, ni tanto de plural. Pues es ilícito decir, todos dos. Similarmente es inconveniente que se diga, todos dos o ambos, como se suele decir de los demás nombres de números. Pues decimos, todos tres, todos cuatro, etc. Pompeyo dice de este modo: Dual es el que significa solo dos; cuando digo dos, ni puedo significar uno, ni muchos. Sin embargo, Prisciano destruye totalmente esta razón. Hay también [nombres comunes en número], por el hecho de que tienen algunos casos en ambos números en una sola letra. Siempre plurales; manes se dicen de ahí los espíritus, porque siempre permanecen, o porque fluyen a través del aire, es decir, influyen en los nuevos cuerpos. Quirites es nombre de la plebe en la isla de Creta, tal como otros quirites fueron llamados romanos, por una cierta ciudad de los sabinos, es decir, por los carros. Cancelli es de número plural por eso, porque esta cosa no puede hacerse de una sola cosa, sino de muchas. Similarmente scopae, scalae, quadrigae, etc. Kalendae: en el encendido de la primera luna el sacerdote de los ídolos solía decir con voz repetida, calo, calo, es decir, llamo. De ahí las Kalendae se dicen vocaciones. Nundinae, esto es, compras. Pues en las solemnidades de los sacrificios se suelen hacer mercaderías, o de otro modo nundinae, es decir, nueve días desde los Idus hacia atrás hasta las Nonas. Feriae, es decir, vacaciones, dichas por fando (hablar), porque en las convenciones se pronuncian diversas cosas. Quadrigae, es decir, como cuatrijugas por cuatro caballos que tiran. Nuptiae, matrimonio, no se efectúa sino por dos. Pus a veces significa corrupción de sangre, a veces estanque de agua, a veces tumor en el cuerpo, a veces custodia. De ahí se dice corpus, como quieren algunos, como custodia del corazón, pero es mejor que corpus se diga de ahí porque puede corromperse. Ad mensuram, es decir, en los líquidos. O peso, es decir, en los áridos. Moenia, es decir, edificios, hechos para la defensa de la ciudad. Floralia, es decir, fiestas de la diosa Flora, que fue en tiempo de primavera, cuando inmolaban a la Tierra. Saturnalia, fiestas de Saturno. Compitalia, es decir, fiestas de Ceres, dichas por compita, es decir, muchas vías. Populus, es decir, lo que no puede consistir de uno. Concio, es decir, convocación, o el discurso mismo. Atenas, y lo demás, son ciudades de Grecia.
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Figura es la tercera de la cantidad. Potens, se deriva del verbo possum, o más bien del nombre potis, como dice Prisciano. Suburbanus; suburbano es cualquier cosa que pertenece especialmente al derecho de la ciudad. Muchos dicen que suburbano es el que habita bajo la ciudad, es decir, junto al muro por fuera: o, como otros, el que mora debajo de la ciudad, es decir, en edificios construidos bajo tierra. Efficax, es decir, agudo, como capaz de efectos. Municeps, es decir, el que toma cargos. Ineptus, es decir, el que no es apto. Insulsus, el que no es salado, esto es, necio. Pinnipotens, es decir, potente con alas, como el águila. Nugigerulus, es decir, portador de naderías. Inexpugnabilis; pugnabilis es el lugar que puede ser tomado; expugnabilis, es decir, muy pugnabilis; inexpugnabilis, el que de ninguna manera puede ser tomado. Otros dicen, pugnabilis y expugnabilis es lo mismo, lo cual prueba Pompeyo. Praetor, es decir, juez. Senatusconsultum, senatus es genitivo de la cuarta declinación; consultum en cambio es nominativo, es decir, consejo.
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Seis son ciertamente los casos: nominativo, por nominar; genitivo, por generar; dativo, por dar; acusativo, por acusar; vocativo, por llamar; ablativo, dicho por quitar; de los cuales dos son llamados rectos: pero esto sin embargo no ocurre en todos los nombres de la segunda declinación que significan cualidad o cantidad. Los restantes, en cambio, son oblicuos, es decir, retorcidos. Además, incluso un latín, es decir, porque fue inventado por los latinos, algunos lo llaman séptimo, porque ocupa el séptimo lugar. Monóptotos, es decir, los que funcionan con una terminación a través de todos los casos, como los nombres de números y letras. Aptotos, en cambio, son los que no tienen más que un caso, como sponte. Díptotos, es decir, de dos casuales, como pascha. Tríptotos, es decir, de tres casuales, como musa. Tetrápṭotos, es decir, de cuatro, como magister. Pentáptotos, es decir, de cinco casuales como doctus. Hexáptotos, es decir, de seis, que tienen seis mutaciones de casos, como unus. Frugi, es decir, abstinente, o parco, porque ahorra los frutos. Nihili, es decir, inútil, que no vale nada. Nequam, es decir, injusto o inicuo. Fas, es decir, lo que es digno de decirse. Nefas, es decir, lo que es nefario decir. Los números se declinan, es decir, los nombres de los números. Hunc laterem, es decir, se encuentran todos los casos de ese nombre, excepto el nominativo y el vocativo. Ditione, es decir, potestad. Sponte, es decir, voluntad. Tabo, es decir, peste. Natu, es decir, nacimiento. Ignarus belli, es decir, el que nunca ha experimentado la guerra. Securus amorum, es decir, el que no ama a nadie. Inimicus malis; más rectamente se dice, inimicus mihi est, que inimicus meus est. Congruus paribus, es decir, conveniente a los semejantes. Exosus bella, praescius futura. Aquello es figurado, esto es, no propiamente, pues cuando digo, exosus bella, praescius futura, retienen naturalmente el genitivo, es decir, praescius futurorum; o de otro modo es figurado, porque se ponen casi en lugar de participios, como, odiens o teniendo odio a las guerras. Pero esos, se sobreentiende, son solo los que no son aptotos. Si en cambio la e fuera larga, la letra e entonces se alarga, cuando se hace nombre de la quinta declinación. Pero esta regla [se considera que debe entenderse sobre el género femenino], porque todos los nombres de la quinta declinación son de género femenino, excepto dies, que sin embargo se encuentra de ambos; y meridies, que siempre es masculino. Por la diferencia, es decir, para que haya diferencia en el acusativo plural respecto al nominativo y vocativo plural, porque si fuera similar a ellos, nacería el error de la duda, o para que se hiciera diferencia entre el ablativo de esos nombres y aquellos que terminan ese ablativo en e, como ab hoc patre. Pues los nominativos singulares terminados en la sílaba is, que terminan el ablativo singular en i, pronuncian el acusativo plural más rectamente por is que por es; o de otro modo, para que un acusativo de este tipo hiciera diferencia entre aquellos nombres que hacen el genitivo plural de los nombres, pero en um. Por tanto, los que envían el genitivo plural en ium, pronuncian mejor el acusativo plural en is. Ab hac domo. Nosotros, sin embargo, tenemos en uso tres casos junto a la segunda declinación, el ablativo singular, el genitivo y el acusativo plural. Ab hoc jugero. Juger, tiene doscientos cuarenta pies en longitud, y ciento veinte en anchura. Pero recordemos. Verum se pone por sed. Euphoniam, es decir, buena sonoridad. Quam analogiam, es decir, colación de semejantes, como doctus, aptus, humus, domus. Lo cual se hace de ocho modos por seis accidentes del nombre, por la extremidad y la razón de los tiempos. Si por tanto faltara algo de esto al nombre, al cual se hiciera la colación, ya no se mantendrá la razón de la analogía, como es lupus y lepus; lupus hace lupa, lepus es fijo. Nequam, nihili. Estos nombres según Prisciano son monóptotos. Emblema, es decir, abundancia o figura natural en mármol; stemma, es decir, ornamento; poema, es decir, obra del poeta. En estas reglas, en cambio, es decir, del ablativo. Analogía, es decir, proporción. Trieterida, es decir, sacrificios de tres años.
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Sobre los verbos anómalos.
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Interrogación sobre qué hay entre los anómalos, y los desiguales, y los defectivos. Se llaman anomalías los que comienzan por las mismas letras, pero no en la misma forma, como volo, vis. Se llaman desiguales los que no comienzan por las mismas, como sum, es, y lo demás. Los defectivos son a veces en los modos, a veces en los tiempos, a veces en las personas, como cedo, cedite, y lo demás.
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Las sizigias son pies pentasílabos, y llamados entre los griegos sizigias, como ciertas declinaciones. Pero estos no son pies, sino que se llaman pentasílabos, hexasílabos, porque no proceden más allá de cinco y seis sílabas: de donde no conviene que en el verso estas sílabas excedan a cualquier nombre, como Carthaginensium, Hierosolymitanorum, y Constantinopolitanorum. A cada pie le ocurren arsis y tesis, es decir, elevación y posición de la voz; pues no podrán dirigir los pies entre la voz, a menos que se levanten por turno, como arma, ar es elevación, ma posición. En estos dos por división se recogen los pies legítimos. La división igual es cuantas veces la arsis y la tesis ceden por una división igual de tiempos; doble, cuantas veces uno de estos vence al otro por el doble. La séxtupla, en cambio, es cuantas veces uno supera al otro por seis veces. Pues en su parte simple se encuentra uno más, en la doble se tiene uno menos: pues el séxtuplo se dice la mitad. El triple es, cuando la parte mayor contiene tres veces el todo menor, es decir, tres y uno; epitrito es, cuando el menor es contenido por el mayor, y su tercera parte. Los miembros de los pies ceden o por igualdad, o por el doble, o por el séxtuplo, o por el triple, o por el epitrito. Partimos por tanto en iguales estos: espondeo, aestans; pirriquio, fuga, por división igual; yambo, parens, por el doble; troqueo, meta, por el doble.
28
Estos cuatro pies geminados, devuelven estos dieciséis.
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Espondeo con pirriquio, jónico mayor, como Junonius. Pirriquio unido con pirriquio, proceleusmático, es, como avicula. Pirriquio con espondeo es jónico menor, como Diomedes. Pirriquio con yambo es peón cuarto, como celeritas. Pirriquio con troqueo, peón tercero, como Menedemus. Espondeo con espondeo, dispondeo, como oratores. Espondeo con yambo, epitrito tercero, como Demosthenes. Espondeo con troqueo, epitrito cuarto, como Fecscennius. Yambo con pirriquio, peón segundo, como colonia. Yambo con espondeo, epitrito primero, como sacerdotes. Yambo con yambo, diyambo, como propinquitas. Yambo con troqueo, antispasto, como saloninus. Troqueo con pirriquio, peón primero, como legitimus. Troqueo con espondeo, epitrito segundo, como conditores. Troqueo con yambo, coriambo, como armipotens. Troqueo con troqueo, ditroqueo, como cantilena.
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Trisílabos puestos con trisílabos, de ahí se recogen 64.
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Estos pies, pues, que siguen aquí, unidos con los denominados arriba hacen ciento veinticuatro, pirriquio, espondeo, yambo, troqueo, tríbraco, moloso, anapesto, dáctilo, anfíbraco, anfímacro, baquio, antibaquio; de estos hay doce. Doce, pues, y dieciséis, y treinta y dos y sesenta y cuatro, completarán la suma escrita arriba: 12, 16, 32, 64, hacen. La mente tenebrosa se hincha con las oscuras tinieblas de la muerte. El varón humilde, triste, asciende al cielo desde la tierra. Cuyo amor permanezca, cuyo en el corazón por siempre. La ciencia es, oh joven, que tengas ardor de sabiduría. Sofía es alabanza del ánimo, siempre, hombre, aprende la sabiduría. Es este honor del alma la virtud, este también el orden impuesto. Guardad el tesoro en el cielo, vaciad los sacos de los tesoros: El aula tiene a Cristo si el aula del pecho es de Cristo.